Capítulo 21
Nueva York
Año 2018
Reneé POV
La casa estaba en total silencio.
Encendí la cafetera, calenté lo poco que había sobrado del día anterior.
Mi celular comenzó a sonar.
Dubitativa lo revisé.
¿Quién rayos me llamaba a las seis de la mañana?
NÚMERO DESCONOCIDO
–¿Quién habla? –respondí con curiosidad.
–¿Reneé?
–¿Quién es? –era la voz de una mujer, pero no la reconocía.
–Yo… lo siento, Reneé, sé que no esperas oír mi voz.
Tragué saliva, era mi madre, Chelsea.
–Ayer falleció tu padre, oh, pobre de Afton –murmuró –quédate tranquila que me aseguraron en el asilo, que no sufrió, fue un ataque cardíaco.
¿En el asilo?
Pensé en colgar.
–¿Me has oído?
–S–s–sí –afirmé con la voz temblorosa.
Se me aceleró el corazón.
–Hoy por la tarde le daré sepultura. Si quieres despedirte de él, puedes hacerlo.
Hacía años que no le veía.
–Sé que han tenido problemas, lo he visto en las noticias. Lamento profundamente lo que le sucedió a Isabella, su reputación fue manchada, la vida es muy injusta –hizo una pausa –espero que económicamente no hayan tenido grandes pérdidas. Y, Reneé, tuviste suerte de que no pasara algo así bajo tu mando.
¿Tuve suerte?
Deseaba colgarle.
¿Por qué no le colgaba?
¿Por qué?
–Se me hace imposible viajar hoy. Tengo muchos asuntos que resolver. Agradezco tu llamado –mantuve la compostura midiendo mis palabras.
–Ch, ch, pero…
Ya tenía un "pero" bajo la manga.
–Pero tu padre hubiese querido que lo despidieras a pesar de la crisis que sufres.
–Lo sé, pero no me será posible.
Al colgar, una horrible sensación de angustia me invadió.
–No cederé, no cederé –me repetí.
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New Hampshire
Año 1971
–¿Estás más gorda? –Chelsea cuestionó quitándome con rapidez un sándwich de la boca.
–¿Eh?
–Estás comiendo mucho pan, niña, las harinas te hacen daño, te lo he dicho mil veces –tiró el resto del sándwich a la basura.
–¡No!
–No debes consumir tantas harinas, Reneé, o serás una bola de grasa. Y nadie quiere a las bolas de grasa.
–¿Por qué eres tan cruel? –las lágrimas inundaban mi rostro.
–Ay, Reneé, por favor, deja de ser tan dramática –negó dándome un pañuelo –seca esas lágrimas de una vez, odio que lloriquees.
–¿Por qué me odias tanto?
–Eres una exagerada, solo intento cuidar tu figura.
–¡Me odias, me doy cuenta! –repetí acongojada.
–Yo no te odio, solo quiero lo mejor para ti –acarició mi barbilla –por eso soy dura contigo, porque quiero que seas tú mejor versión.
–¡Mentira! ¡Me odias porque no soy tu hija! –grité encerrándome en mi habitación –¡Afton te obligó a tenerme! ¡Tú no me querías aquí!
Me observé al espejo, odiaba lo que veía, era gorda, asquerosa.
–Me odio –susurré.
Le di una patada al espejo, se quebró a la mitad.
–¿Qué haces ahí dentro? ¡Abre la puerta, ya!
–¡Te odio! ¡Te odio con todo mí ser! –me tiré al suelo.
–¡Eres una desagradecida Reneé! ¡Ábreme la puerta!
–¡No te abriré!
–¡Te salvé de una vida miserable, deberías agradecérmelo! ¡Si no fuera por mí, seguirías en ese orfanato! –chilló forzando la perilla de la puerta.
–¡Déjame en paz!
Me vivía recordando que no era su hija, y que debía agradecerle por adoptarme.
–¡Abre ya!
–Pero ¿qué ocurre aquí? –oí la voz de mi padre.
–¡Se encerró en la habitación, otra vez!
–¿Qué pasó ahora?
–Se vive victimizando, Afton, cuando le pongo un límite se enfada conmigo, y me dice cosas horribles, esa niña es incontrolable.
Siempre intentaba pintar la situación a su favor.
–¡Tú eres la que dice cosas horribles! –abrí la puerta furiosa.
–Ya, ya, hija –él se acercó a mí, e intentó tranquilizarme frotándome la espalda –Vete, Chelsea, por favor, déjame hablar con ella.
–¡Siempre la apañas!
Se fue refunfuñando.
–Mira Reneé –nos sentamos en el borde de la cama –tú madre es una persona difícil, tiene un carácter especial –intentó justificarla como de costumbre –y comprendo totalmente que te enfades con ella, y reacciones ante sus exigencias, estás en una etapa pre adolescente, y todo te parece terrible, yo también fui joven una vez y desafié a mis padres.
¿Estaba diciendo que exageraba?
–Ella me odia, me odia porque no soy su hija, siempre me lo recuerda.
–Sí eres nuestra hija, no digas eso.
–No, mis verdaderos padres me abandonaron –dije con la respiración agitada.
El saber que ni mis padres biológicos me amaron, era desgarrador.
–Ellos no podían cuidar de ti, Reneé, eran adictos, no quisieron abandonarte.
Recordaba a mi padre biológico drogado hasta la médula, sus manos sobre mí, sacudiéndome con furia, gritándome "¡DEJA DE LLORAR!"
Él se odiaba a sí mismo, odiaba a mi madre, y me odiaba a mí.
–Te adoptamos cuando tenías cinco añitos, ¿recuerdas? –le temblaron los labios –viniste hacia mí y dijiste "¿tú me vas a cuidar?"
Asentí.
–Chelsea te ama tanto como yo, cariño, te lo aseguro. Cuando perdimos ese bebé, tú viniste a alegrarnos la vida.
–No es cierto, ella no se alegra por tenerme, puedo notarlo.
–Es poco afectuosa, y le cuesta demostrar sus sentimientos, lo admito, pero ella en verdad te ama, siempre quiso ser madre, y tú le diste esa oportunidad.
–Dice cosas horribles cuando se enfada, es fría y distante. Hay momentos en los que le tengo miedo –confesé.
–Oh, Reneé –me abrazó con fuerza.
–No quiero estar a su lado, no quiero vivir con ella, es malvada.
–Sh, sh –palmeó mi espalda –hablaré con ella, le pediré que no sea tan dura contigo, ¿te parece?
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Nueva York
Año 2018
Automáticamente al subirme al coche se encendió la radio.
–Las malas lenguas dicen que la familia Swan está maldita –indicó uno de los periodistas riendo a carcajadas.
–¿Otra vez hablando de nosotros? –gruñí cambiando de estación.
–Y la noticia del día está relacionada con la familia Swan, los líderes de la empresa de electrodomésticos internacional, C.S. Electronics
–¿Otro más? ¿Y ahora qué mentira van a contar, asquerosos periodistas?
–Charlie Swan y su esposa Reneé Swan están divorciándose, según una fuente muy confiable, hoy será la audiencia por la tenencia de su hija menor.
–Hijos de puta –me enfurecía que hablaran de nosotros como si fuésemos unos famosos mediáticos.
Aunque sabía que esa información en algún punto se filtraría, ya nada era privado, no podía evitar enfurecerme al oírlos hablar de mi vida.
–¿Es cierto que la hija, Isabella Swan, está esperando un hijo del estafador, Jacob Black? ¡Su vida es un escándalo sin fin!
Frené de golpe.
¡Joder!
Era obvio que todos asumirían que el niño, debía ser hijo de Black.
Isabella era una ingenua, yo se lo había advertido.
–Eso se rumorea.
–¡Hey! –gritó un hombre desde su coche –¡Avanza, maldita estúpida! –tocó la bocina repetidas veces.
Aceleré.
–Yo oí que Isabella Swan está en pareja con Edward Masen, el Director de Exportación de la empresa, ¿será cierto?
–No –negó otro interrumpiéndolo –Edward Masen está en pareja con una modelo, su nombre es Charlotte, es el nuevo rostro de la empresa C.S. Electronics
–Era de esperarse –murmuré.
Con el discurso de Charlotte en la fiesta, era obvio que se filtraría en la prensa esa información.
Aparqué en el subsuelo del edificio.
–Señora Swan –el guardia me saludó enderezándose.
–Señora Dwyer –aclaré frunciendo el ceño.
–Oh, lo siento, señora Dwyer –agachó la mirada.
Subí al elevador, Jessica corrió sosteniendo la puerta con su pierna derecha.
–Con permiso –ingresó tambaleándose con dos carpetas repletas de papeles –¿Puedo hacerle una pregunta señora Dwyer?, con todo respeto.
–Ya me la está haciendo, Stanley –inhalé.
–Es que en este momento todo recae sobre la señora Masen, y estamos, me incluyo –se auto señaló –repletas de trabajo, debo confesarle que nos hemos atrasado con el papeleo diario desde que asumió como CEO, y creí que usted –me observó de reojo –pues, que ocuparía prontamente el puesto de Directora de Operaciones para equilibrar la jefatura.
–No sabía que Victoria estaba sobrepasada. Hablaré con ella, si necesita ayuda, se la brindaré con gusto. No tengo en mis planes volver a ser cabeza de la compañía, ni mucho menos dejar Recursos Humanos, pero veremos.
–Pues se lo agradezco, conoce a la señora Masen, y ella jamás se rebajaría a pedir ayuda, por ese motivo le pido el último favor –suplicó –no le mencione que yo…
–No lo haré, Stanley, seré discreta.
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Después de una seria conversación con Victoria, sobre las responsabilidades que tenía sobre su hombro, y ofrecerle mi ayuda, me dirigí a la oficina de Esme, ya que necesitaba pedirle un informe de la productividad de su sector.
Camino a la oficina, me detuve en la sala común para servirme un café.
–Dicen que se divorció de ella porque es una frígida en la cama, pobre tipo, tantos años con esa mujer, que pesadilla –oí a una de las empleadas cuchicheando detrás de la nevera.
–¡Tantos años y tres hijos, imagínate!
¿Acaso estaban hablando de mí?
–Y la verdad es que él puede aspirar a algo mejor, alguien más joven, más sensual.
La otra empleada se encorvó riendo a carcajadas.
–¿Te le vas a ofrecer?
–Ahora está soltero, y yo también. No es pecado, querida.
–Pero tiene una hija adolescente, piénsalo, tendrás que fumártela.
–¡Es uno de los dueños, me importa un bledo su caprichosa hija! ¡Tendría todo lo que siempre quise, imagínate! Además su bigote me parece sexy –ronroneó como un gato.
Sí, estaban hablando de mí y de Charlie, era más que obvio.
–¿Ustedes no trabajan? –pregunté mirándolas fijamente, mientras clavaba mi tacón con intensidad en la madera del suelo.
–¡Señora Dwyer! –exclamaron asustadas.
–¡A trabajar, se les terminó el descanso! –grité rabiosa.
Me daban unas tremendas ganas de abofetearlas, pero no podía hacerlo, tenía que mantener la compostura.
Me las iban a pagar, esto no iba a quedar así.
Esas empleadas habían firmado la sentencia de su contrato, una vez que decidieron calumniarme.
–¿Estás disponible? –toqué la puerta de Esme luego de tranquilizarme.
–Sí, Reneé, pasa por favor –se levantó de la silla para saludarme.
–¿Tienes el informe?
–Oh, sí, está por aquí –revisó los papeles sobre su escritorio.
–Hablé con tu hermana, está bastante sobrepasada de trabajo, ahora ocupa dos puestos –comenté mientras tanto.
–¿Victoria?
–Sí.
–Sí, lo imaginaba, pero creí que le sería fácil, es una frenética del trabajo, más que tú.
–Creo que necesita ayuda extra, la vi muy estresada, me ofrecí a darle una mano.
–Bien, me ofreceré también para que la empresa no flaquee. De igual forma creo que Bella debería volver a su puesto, la policía perdió rastros de Black, es un caso perdido, y todos sabemos muy bien que ella no fue una cómplice de todo esto.
–Pues claro que Isabella no fue cómplice, eso está clarísimo, no hay dudas.
–Victoria lo puso en duda en la junta, ¿recuerdas?, tú votaste a su favor.
–El problema era la prensa que dudaba de ella, y los inversionistas desconfiaban, habíamos perdido credibilidad.
–Sí, pero por suerte la prensa ya le ha dado respiro a este asunto.
–¿Respiro? ¿No oíste la radio hoy?
–¿Qué dijeron esta vez?
–Hablaron de su posible embarazo, y de la paternidad dudosa.
–¿Paternidad dudosa? ¡Edward es el padre, Alice me lo ha confirmado!
–Esme, por favor, no seas tan ingenua.
–¿Crees que es de Jacob? –se sorprendió.
–Es obvio –afirmé.
–Pues me sorprende lo que me dices, no lo había pensado –se quedó en silencio unos segundos.
–Le sugerí a Bella que se deshiciera del error, pero no quiso.
–¡Reneé!
–¿Qué?
–¿Cómo pudiste decirle eso a Bella? –frotó su frente con incomodidad –Que horror, me recuerdas a Chelsea, tú madre adoptiva, cuando te suplicó que te deshicieras del embarazo que dio como fruto la vida de Emmett.
De repente, el universo me llevaba a recordar anécdotas desagradables con Chelsea.
–¿O lo has bloqueado de tu mente? –me sacudió, estaba volando en mis pensamientos repletos de caos.
–¡Esto es diferente, va a tener el hijo de un delincuente! –reaccioné.
–No estás segura de ello. Además Edward se hará cargo, y formarán una familia, hay que apoyarlos.
Esme siempre veía el lado positivo de las situaciones, no nos parecíamos en nada.
–¿Ese cuadro es nuevo? –observé una nueva pintura en la pared del costado izquierdo, me descolocó por completo.
–Sí, es una pintura del Lago Winnipesaukee, la compré hace unos días en una muestra de arte.
–Es… es… una bella pintura –tosí aclarando mi voz.
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New Hampshire
Año 1974
Bajé las escaleras a trompicones, para escaparme de sus garras –¡No quiero verte nunca más!
–¿A dónde huirás?
Evité responderle, tomé mi morral y salí despavorida.
–¡No tienes a nadie, no tienes a dónde ir, tendrás que soportarme hasta que seas adulta, asúmelo!
–¡Vete al demonio! –exclamé deseando que la tierra me tragase.
–¡Ven aquí, Reneé!
Caminé hasta el Lago Winnipesaukee, el agua se veía calma, me daba paz.
Froté mis ojos humedecidos.
Recibí un golpe en la cabeza que me hizo perder el equilibrio.
–¡Ay!
–¡Oh, lo siento! –un muchacho con el rostro de un muñequito de porcelana, cabello rubio, ojos dorados y sonrisa hipnotizante, me sostuvo de ambos brazos –¿Estás bien?
–Ummm… sí, eso creo.
Su belleza me había dejado atónita.
–No quise lastimarte, fue un accidente, lo juro niña.
–Sí, sí –asentí riendo.
–¿De qué te ríes? –lamió la comisura de sus labios.
–¿Niña? –dije con sarcasmo.
Lanzó una carcajada –¿Cuál es tu nombre?
–Reneé –estiré mi mano hacia él –Reneé Dwyer.
–Carlisle Cullen –se presentó estrechándomela.
Me dio un apretón firme.
–Encantada, Carlisle –me coloqué el cabello detrás de las orejas.
–¿Sabes jugar vóleibol?
Negué.
–Ven, te enseñaré –me sujetó de la mano y me arrastró hasta donde se encontraba su amigo.
Una hora más tarde, mi madre se apareció en el coche.
–¡Reneé, entra ya mismo al coche! –gritó bajando la ventanilla.
–¡No! –respondí desafiante.
–¡No me hagas bajar!
La ignoré.
–¿Y quién es esa? –preguntó Carlisle encogiéndose de hombros.
–Mi madre –aclaré.
–Parece enfadada…
–Sí, pero me importa un bledo.
–¡Te dije que subieras al coche! –chilló en mi oído, apareciéndose por detrás –¡Estuve buscándote, me hiciste perder todo el maldito día!
–Me quedaré aquí con mis nuevos amigos…
–¿Nuevos amigos? –replicó con ironía –¡Sube al puto coche, Reneé!
–Señora, por favor cálmese –Carlisle se interpuso entre ambas.
–¡Tú no te metas, niñato!
–¡Oiga, señora! –un hombre corrió hacia nosotros con apuro –Aléjese de los niños, no les moleste. Ellos solo están jugando vóleibol, no se meten con nadie.
–¿Quién se cree usted para meterse en este asunto?
–Soy el padre del "niñato"
–Ah, ¿sí? ¡Pues ésta es mi hija! –me tomó de la chaqueta.
–La niña quiere quedarse, si me da su dirección puedo llevarla a su hogar más tarde –ofreció el hombre con calma –con mi familia hemos venido a disfrutar de este bello día –observó el cielo despejado –su hija parece tener la misma intención, déjela jugar con los muchachos, por favor acompáñenos –señaló el muelle –mi esposa ha preparado una deliciosa torta de naranja.
–Por dios, odio las tortas –rechazó de forma grosera la invitación – vuelve cuando te plazca Reneé –bufó repugnándome.
Me hice a un lado temblorosa.
–Te llevaremos con mis padres a tu casa antes de que anochezca, no te preocupes –Carlisle rozó mi mejilla.
–Les agradezco –me sonrojé.
–Por cierto, soy Anthony –indicó sonriéndome –Y por allá –señaló a una señora sentada en una silla en el muelle –está mi esposa, Marie.
–Hey, tu madre está algo loquita, ¿no? –consultó Vasilii, mientras giraba las manos sobre su cabeza.
–¡No tienes filtro, compadre! –Carlisle le lanzó el balón a la entrepierna.
–¡Ouch!
–Vasilii tiene razón, mi madre está loca, siempre hace escenas como esta. Es típico de ella.
–Uf, lo siento Reneé –parecía sentir lástima por mí.
–No sientas lástima por mí, odio eso.
–Oh, no, yo no siento lástima por ti, siento lástima por ella.
–¿Por ella?
–Se nota que es una mujer infeliz.
–Pues sí, yo pienso igual. Es una infeliz, que solo disfruta de hacerle la vida miserable a los demás –confesé desahogándome.
–Ustedes no son unidas por lo que veo.
–No, no lo somos.
–Y tu padre, ¿cómo es él?
–Él es…
–¿Igual que ella?
–No, no es malvado, para nada, es un buen hombre, me trata bien, sé que me quiere, pero a veces, siento que es un imbécil –analicé en profundidad.
–¿Por qué?
–Es que apaña actitudes de mi madre que son terribles. Actitudes de mierda que me –decidí auto corregirme –que nos lastiman.
–¿También lo trata mal a él?
–Sí, casi todo el tiempo.
–¿Crees que la perdone por amor?
–Si eso hace el amor, entonces prefiero no enamorarme.
–El amor te vuelve vulnerable, y ciego, ¿no crees?
–¿Tú te has enamorado alguna vez?
–No, pero he leído muchos libros de amor, mi madre es maestra de literatura.
–¿De verdad?
–Sí, pero no se lo digas a Vasilii, se burlará de mí, los muchachos no debemos leer esos libros.
–El amor vuelve a las personas tontas –opiné.
–¿Leíste alguna vez Romeo y Julieta*?
–Sí, lo he leído.
–Esos dos sí que estaban tontos de amor, murieron sin lograr nada.
–¡Diuj, el amor apesta! –lancé una carcajada.
–No quisiera ser Romeo.
–Ni yo Julieta –adherí –no moriría por nadie, que horror.
Al atardecer, como prometieron, me dejaron en la puerta de mi casa.
–Agradezco que tú padre, y tú intervinieran, se nota que son buena gente, pero seguramente no nos volveremos a ver después de hoy –lo despedí al bajarme del coche.
–¿Por qué dices eso?
–Mi madre no se olvidará de lo que sucedió en el lago, la humillé al no respetar sus órdenes.
–¡Oye! –me codeó –nos veremos a escondidas, ¿eh? –elevo su dedo meñique.
Reí.
–Eso me agradaría –enredé mi meñique con el suyo.
–¿El viernes por la tarde en el lago?
–El viernes por la tarde en el lago.
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Año 1976
Cambridge, Massachusetts
–Vas a pasar la prueba, tranquila –Carlisle frotó mis brazos –eres una genio, Reneé, nadie puede arrebatarte esta oportunidad.
Estaba aterrada, tenía mucho miedo de perder la oportunidad de obtener una beca.
Era la única forma de alejarme de mi madre, y tener un futuro digno.
Harvard era la mejor universidad a la que podía aspirar, en cuanto a Ciencias Empresariales.
Si era aceptada allí, compartiría con Carlisle los años universitarios, y tendría acceso a sitios y comodidades que jamás tendría si no estuviese a su lado. Mi clase social rozaba la media baja, en cambio, él y su familia estaban en lo más alto.
Ingresé temblorosa al aula donde me tomaría la evaluación para determinar si era apta.
En total éramos más de cien aspirantes, para tan solo tres becas disponibles.
Tenía que ganar.
Tenía que obtener una de esas becas.
Esa beca significaba mucho, lo significaba TODO.
A los dos días, me comunicaron por teléfono que había entrado en la lista de los diez mejores. Aún quedaba la última instancia, demostrar que me merecía la beca, que era una muchacha aplicada y que el estudio me importaba.
Mi último año en la escuela debía ser impecable, no podía tener errores.
La presión que tenía sobre mis hombros era inmensa.
–¡Dame dinero, Afton! –mi madre gritaba sin cesar.
–¡Estoy intentando estudiar! –chillé desde mi habitación.
–Basta, Chelsea, por favor, detente –mi padre le suplicaba que se detuviera –Los vecinos llamarán a la policía, otra vez.
Hace un par de meses, la policía había visitado nuestro hogar, por una disputa doméstica, los vecinos nos habían denunciado.
–¡Dame dinero!
–¡Te lo jugarás y lo perderás!
–¡Tengo buena racha, no lo perderé, lo duplicaré!
–Por favor, ya basta…
–¡No puedes prohibirme usar el dinero, también es mío, joder!
Intentaba concentrarme, pero era imposible, sus gritos me ensordecían.
–¡Ya para de gritar, mujer! –bajé las escaleras, hecha un fuego.
–¡Tú no te metas chiquilla tonta!
–Oh, Reneé, ve a tu habitación, no te metas en esto –mi padre me empujó hacia arriba.
–Tengo una evaluación difícil en un par de días, necesito concentrarme, por el amor de Dios, tengan respeto por mí –sollocé zapateando.
–Yo lo solucionaré –insistió.
Mientras tanto se oyó la puerta principal cerrarse.
–¡Chelsea, vuelve aquí! –corrió tras ella desesperado, le observé por la ventana.
Ella aceleró con el coche, llevándose puesto el buzón del vecino.
–Está loca –murmuré despreciándola.
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Estaba bebiendo un café bien caliente, cuando mi madre irrumpió en la cocina.
–¿Te dignaste a aparecer? –reí con ironía.
No respondió.
–Papá ha estado como loco buscándote, desapareciste dos días, no tienes respeto por esta familia, eres una desalmada.
–Me duele la cabeza, no molestes niña –le dio un sorbo a la botella de jugo de la nevera, lo dejó sobre la mesada, y se metió en el baño.
–¡Podrías guardar el jugo de vuelta en la nevera! –bufé golpeando la puerta.
–¡No molestes! –repitió.
Decidí ir a casa de Carlisle para evitar oírlos pelear, cuando mi padre llegara del trabajo, sería un caos, estaba harta.
–¿Ella volvió como si nada, no te dio ninguna explicación? ¿Dónde estuvo dos días?
Me encogí de hombros –Ya sabes cómo es, le importamos un bledo.
–¿Quieres quedarte esta noche aquí?
Asentí.
Me abrazó, y besó mi frente.
–Pronto iremos a la universidad, y no tendrás que vivir esta mierda día tras día…
–Lo sé, ansío ese día –deseaba alejarme de ella lo antes posible.
Marie preparó la habitación de huéspedes para que pasase la noche.
–Tus padres saben que estás aquí, ¿verdad?
–Sí, claro que sí –Carlisle mintió con rapidez.
Mordí mi labio inferior.
–Gracias por dejarme pasar la noche aquí, son muy amables.
–Siempre es una alegría tenerte aquí, cariño.
Tirada en la cama, no podía conciliar el sueño, pensaba en como hubiese sido mi vida, si mis padre biológicos me hubiesen criado.
¿Hubiese sido peor?
¿Más miserable?
–¿Por qué le doy vuelta a algo sin sentido? –me pregunté a mi misma golpeándome la frente.
Fui hasta la habitación de Carlisle, abrí la puerta y me metí dentro.
Le observé mientras dormía.
Se veía tan… tan… pacífico.
Sus labios entreabiertos, respirando con suavidad.
Me tembló el cuerpo.
–¿Reneé? –preguntó abriendo los ojos.
–L–lo–si–sient–siento –tartamudeé incómoda.
–¿No puedes dormir?
–Ummm… no.
–Ven –se hizo a un lado.
¿Meterme en su cama?
–Anda, te contaré anécdotas aburridas para que te duermas.
–¡Eres un bobo! –reí metiéndome en su cama.
–Te contaré cuando Vasilii hizo "lo segundo" en la piscina, en una fiesta de cumpleaños.
–¡Diuj, no quiero oír esa anécdota!
–Bueno, entonces te contaré cuando mi padre construyó la casa del árbol, si con eso no te duermes, pfff…
–Esa si me interesaría oírla.
Rocé su mano sin querer.
–¡Ups!
–¿Qué?
–Nada, yo solo… no quise.
–¿Puedes creer que hizo la casa en una semana? ¡Se la pasó construyendo, literalmente!
–¿Enserio?
–Sí, hizo una apuesta con su hermano, ojo –advirtió –es una historia bien, bien larga.
–Te oigo atenta –observé las estrellas luminosas adhesivas en el techo, eran hipnóticas.
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A la mañana siguiente
Entré por la puerta trasera en puntas de pie, no quería llamar la atención de mis padres, solo deseaba buscar lo necesario para la escuela e irme.
–Anoche no querías hablar, y te respeté, Chelsea, pero necesito una explicación, soy tu esposo –mi padre se impuso por primera vez.
Me quedé oyendo, quería oír la rebelión de mi padre.
–Más vale que gane esa beca…
–No comprendo a qué te refieres.
–Reneé –me metió en medio.
–¿Qué quieres decir?
–Me gasté el dinero, Afton, lo siento.
–¿Qué dinero? ¿De qué estás hablando?
–Del fondo de ahorro.
–¿Tomaste el dinero de Reneé? ¿El que ahorramos para su futuro?
¿Qué?
¿De qué diablos estaban hablando?
¿Era una broma?
No, no, no, no.
–¡Tú no querías darme dinero! ¡No tuve otra opción!
–Lo perdiste…
–Sí –admitió.
–¿Cómo pudiste hacerle esto a tú hija?
–¡ERES UNA PORQUERÍA! –grité abalanzándomele.
–¡Quítamela de encima, Afton, quítamela!
–¡Madre mía, Reneé! –me sujetó con fuerza –¡Por favor, se harán daño!
–¡Ella siempre arruina todo! –dije ahogándome en llanto –Arruinaste mi vida, arruinaste mi futuro.
–¡Gana la beca y estarás salvada! –dijo con arrogancia.
–¡Vete a la mierda! –la repugné.
–¡Ganarás la beca, tú misma lo dijiste, y no necesitarás el dinero del fondo!
–¡Eres una maldita egoísta! –apreté los puños con tanta fuerza, que las uñas se me encarnaron en la piel –¿Por qué me odias tanto?
–¡Es tu culpa, Afton!
–¿Mi culpa? –se auto señaló angustiado.
–¡Te pedí dinero, y no quisiste dármelo!
–¿Por eso gastaste el dinero de mi fondo? ¡Mí fondo, madre! ¡Mí fondo!
–Ese fondo se creó en parte con dinero mío, querida, tengo derecho a cada centavo de esa cuenta.
–¿Cuánto te gastaste? ¡Dímelo! –la presioné.
–Casi todo.
–¿Casi todo?
–Iba perdiendo, creí que si sacaba más, podría recuperar todo…
–Y se te fue de las manos –continuó mi padre.
–Sí, quizás.
–¿Quizás? –la sujeté del cabello, furibunda.
–¡Ahhhhhhhh!
–¡Reneé, suelta a tu madre, suéltala!
.
Volví a casa de Carlisle, dejé la bicicleta en la puerta, toqué timbre repetidas veces hasta que respondió.
–¿Volviste? –frunció el ceño –creí que irías a buscar tus cosas para la escuela. Yo estoy por irme –señaló su uniforme.
–Necesito… necesito…
–¿Qué pasó?
Lloré en sus brazos.
Trastabillándome con las palabras, le conté lo que había sucedido.
–Lamento lo que te ha hecho, Reneé, realmente estoy atónito –Carlisle secó mis lágrimas.
–¿Por qué tiene que pasarme esto?
–Me gustaría darte una respuesta, pero no lo sé.
–¿Por qué a mí? ¿Por qué?
–¿Qué sucede niños? –Marie, madre de Carlisle, con preocupación se arrodilló a mi lado–¿Por qué lloras Reneé?
–Mi madre, señora Cullen, mi madre me odia.
–Oh, niña, ¡no! –negó acariciándome el cabello –¿Cómo puedes creer algo así?
–Ella le ha hecho algo horrible, mamá –interfirió Carlisle.
–¿Qué te ha hecho? ¿Quieres contármelo?
No emitió ni una palabra mientras me desahogaba.
Cuando acabé, me sentí mejor, su presencia era sanadora.
–Todo se resolverá, cariño –me abrazó con dulzura –Sabes que aquí siempre tendrás apoyo, cuando necesites hablar, un abrazo, o compañía.
Sus palabras siempre parecían ser las indicadas.
–¿Por qué no vamos al lago a pasar el día?
–¿Qué hay de la escuela? –Carlisle dudó.
–Pueden faltar un día –indicó sonriendo –no le hará mal a nadie.
Reí.
.
Sentía la cabeza quemada, como si todos los conocimientos se hubiesen escondido en un cesto de basura.
Presentía que desaprobaría el parcial.
Eso me volvía loca.
Al cabo de un par de horas, el profesor entregó los resultados.
–Reprobé, reprobé –sentía que me faltaba el aire.
D–
Hice pedazos la evaluación, y la lancé por el inodoro.
–¿No eres tan genio después de todo, o sí nerdita? –una de las muchachas del grupito que me molestaba constantemente, susurró en mi oído con malicia.
Volteé, clavé mis ojos en los suyos.
–Fuck you –elevé mi dedo medio.
–¿Eh?
–¡Métete en tus asuntos, perra!
–¿A quién le dices perra? –chilló empujándome.
Eso terminó mal, muy mal, sobre todo para mí.
–¿Por qué le pegaste, Reneé? ¡Tú no eres así!
–¿Qué hay del dinero del fondo? ¡Dime papá!
–No cambies de tema…
–¡Mamá hace como si nada! ¡Ella se robó mi futuro!
–Es adicta al juego. No lo hace a propósito.
Otra vez estaba justificándola.
–No puedo creerlo, estás mal de la cabeza, eres un tonto…
–¿Un qué? –preguntó elevando la voz.
Resoplé.
–¡Estás castigada, Reneé! ¡No saldrás de la casa en un mes, está decidido!
–¿Castigada? ¿Por qué? ¿Por defenderme de esa imbécil? ¿Por decirte la verdad? ¿Por estar enfadada con mi madre? ¿Por sacar un D–? ¿Por no ser tu hija biológica?
–¡A tu habitación!
–¡Los odio, los odio a ambos!
Nueva York
Año 2018
Ingresé al juzgado de familia, Didyme estaba esperándome.
–Charles Evenson nos está aguardando en la sala, Charlie aún no ha llegado, pero su abogado sí.
Evenson era un experto en temas de familia, según Didyme, con él ganaría la tutela de Bree.
–¿Sabes quién es su nuevo abogado?
–Sí, Liam Irish.
–¿Y lo conoces? –insistí con curiosidad.
–¿Conocerlo como persona, como profesional…?
–Ajam
–No, lo he visto alguna que otra vez en convenciones de abogacía, pero jamás crucé palabra.
–Pregúntale a Evenson si le conoce.
–¿Para qué?
–Quiero saber que tan bueno es, me preocupa.
–No te hagas la cabeza, Reneé, es en vano –murmuró.
–Buenas tardes –saludé a Evenson estrechando su mano.
–¿Relajada?
–Sí, claro –respondí frunciendo el ceño.
–Oye, tranquila, en el noventa por ciento de los casos la madre obtiene la tutela.
–Hay un diez por cierto que no la obtiene.
–La mayoría son drogadictas, o delincuentes, señora Dwyer.
–Entiendo.
–Tome asiento, por favor –señaló la silla a su lado.
A los pocos minutos, Charlie se hizo presente.
–Hola –saludó mientras se acomodaba la corbata.
Desvié la mirada.
En los asientos de atrás de todo, se encontraba Emmet, parecía incómodo y algo nervioso, movía su pierna derecha con insistencia.
–Tu hijo nos será de mucha ayuda –comentó Evenson mientras hacía unas anotaciones en su libreta.
Asentí.
Una vez comenzada la audiencia, ambos abogados presentaron sus intenciones ante el juez.
Comencé declarando yo, mi abogado me llamó al estrado para dar mi punto de vista.
–¿Jura decir la verdad?
–Sí, juro –apoyé mi mano izquierda sobre la biblia.
–Estamos aquí porque usted desea la tutela de su hija menor de edad, Bree Swan, ¿cierto?
–Sí, así es.
–Se acaba de divorciar de su esposo, Charlie Swan, ¿cierto?
–Sí.
–¿Puede señalármelo?
Lo señalé.
–¿Él no está a favor de que usted tenga la tutela?
–Así es.
–¿Por qué?
–Pues, no lo sé. Soy una buena madre –aclaré enderezándome.
–Tengo entendido que su hija, Bree, nació prematura –comentó Evenson.
–Sí, ella nació un tiempo antes de lo previsto.
–¿Dejó su trabajo para cuidar de ella, no es cierto?
–Sí, decidí dejar el trabajo durante dos años, para concentrarme en su salud y recuperación, era un bebé muy débil, los primeros meses fueron difíciles.
–Eso demuestra que la ama.
–Claro que la amo, es mi hija, una parte de mí.
–¿Y qué hay de sus otros hijos?
–Emmett e Isabella –expresé.
–¿Tiene buena relación con ellos?
Titubeé.
–Umm… sí.
–Su hijo Emmett, está hoy aquí para prestar testimonio de lo buena madre que es, y ha sido siempre.
–Sí, él se ofreció a venir.
–¿Qué hay de Isabella? ¿Por qué no está aquí?
–Ella está atravesando un embarazo de riesgo y no puede pasar por situaciones estresantes, preferí no exponerla –tenía que ser convincente.
–Entiendo –se inclinó hacia mí –¿Emmett es el mayor?
–Sí, él es mi primer hijo –lo observé con los ojos llenos de lágrimas –con él aprendí a ser madre.
–¿Lo apoya en todo?
–Claro que sí.
–¿Igual que a sus hijas, cierto?
Asentí.
–Si me permite, quisiera saber, ¿por qué Emmett perdió un año universitario?
–El año en que él debía comenzar la universidad, nació Bree, y lamentablemente mi suegro, Geoffrey, falleció de un paro cardíaco a sus setenta años… fue un año muy difícil para nuestra familia.
–Pero aun así, se mantuvieron juntos hasta ahora.
–Sí.
–¿Apoyó a su esposo?
–¿Cuándo mi suegro falleció?
–¿Usted acompañó a su esposo, lo consoló y apoyó durante el duelo? –reformuló la pregunta.
–¡Por supuesto que sí!
–¡Objeción! –gritó Irish levantándose de la silla –Estaban casados, y mi cliente había sufrido una pérdida, su esposa solo hizo lo lógico, no es una acción a destacar.
–Denegada –respondió el juez.
–Usted le ha dado todo a su esposo, a sus hijos, pero aun así, estamos aquí, peleando por la tutela de Bree.
–Así es.
–¿Siente que su ex esposo está siendo cruel al querer alejarla de su hija?
–Sí, eso siento.
–¿Qué esta situación no es justa?
–¡Objeción! –repitió furioso –¿A dónde pretende llegar el abogado?
–Al punto, abogado –el juez le clavó la mirada.
–Lo que intento decir es… su esposo quiere alejar a su hija menor, de un día para otro. ¿Por qué? –hizo una pregunta retórica –quizás quiere alejarla de su hija para castigarla por acabar el matrimonio.
–¡Objeción! ¡Está desvariando!
–¡Abogado, no acabe con mi paciencia! –el juez gruñó.
–Lo siento, juez –Evenson se disculpó.
Revisó su libreta.
–Su hijo mayor eligió estudiar Marketing, y actualmente trabaja en la empresa que usted y su ex esposo fundaron, ¿verdad?
–Sí, él decidió estudiar Marketing y lo apoyé con gusto.
–Si el juez me lo permite, me gustaría llamar a Emmett Swan al estrado para su declaración.
El abogado le hizo preguntas simples y beneficiarias para mi persona.
Cuando acabó, Irish decidió interrogarlo.
–¿Usted está al tanto de la denuncia que realizó su madre contra Diego Weber? –cuestionó.
–Sí.
–¿Qué opina al respecto?
–Estoy a favor de mi madre –aclaró su voz.
–Para dejar en claro, la señora Dwyer denunció a Diego Weber, empleado de C.S Electronics, por estupro. Alegó que el jovencito habría tenido sexo con su hija Bree, aún menor de edad –le entregó un papel al juez –denuncia, que fue desestimada a los pocos días.
–Diego es mayor, no debería estar con Bree.
–Su madre parece empeñarse en arruinar la vida amorosa de sus hijos.
–¡Usted no sabe nada!
–Sé que usted se peleó con su novia a causa de su madre.
No respondió.
–También sucedió con Isabella, su hermana acabó una relación a causa de su madre.
–¡Objeción! ¡Estas acusaciones son ridículas!
–¡A lugar! –dictaminó el juez.
–Bien, Emmett, ¿cómo es su madre con Bree?
–Es buena.
–¿Buena?
–Sí, siempre busca hacer lo mejor para ella.
–¿También hace o hizo lo mejor para Isabella?
–La relación de mi madre con Isabella es diferente.
–Diferente, ¿cómo?
–Ellas tienen muchas diferencias, a veces no concuerdan, y ambas tienen carácter fuerte.
–¿En qué tipo de cosas no concuerdan?
–En varias cosas…
–¿Por qué no es específico, señorito Swan?
–No sé qué espera que diga –se encogió de hombros.
–La verdad, Emmett, solo la verdad.
–Pues… mi madre e Isabella se llevan mal, sí, pero eso no significa nada, esto se trata de Bree.
–¿Su madre obligó a Isabella a ser la CEO de la empresa?
–No lo creo.
–¿No, o no lo crees?
–Isabella es feliz con su puesto.
–Puesto que actualmente está suspendido, ¿no es así?
–Sí, mi hermana tuvo que dejar el puesto provisoriamente.
–¿Entonces, su madre jamás presionó a su hermana a asumir un puesto en la empresa?
–Quizás un poco…
–Le repetiré la pregunta…
–¡No hace falta! –rebatió ofendido –no necesito que me la repita. Entendí su pregunta, es solo qué…
–¿Qué…?
–Sí, mi madre la presionó –agachó la mirada.
Se me erizó la piel.
–¿Entonces admite que su madre les impone cosas?
–No, yo no dije eso.
–Pero acabas de admitir que presionó a Isabella.
–Pero conmigo y con Bree no es así, solo con Isabella. Quizás lo hace porque se identifica con ella, no lo sé. Jamás me detuve a analizarlo.
–Eso es todo, señor juez.
Dejaron bajar a Emmett, pasó a mi lado con la cabeza gacha.
De sopetón, Irish me anunció.
–¿Señora Dwyer, puede subir al estrado?
–¿No lo hará subir a él? –pregunté a Didyme dudosa.
Evenson me susurró al oído –Tranquila, responde con calma, intentará confundirte y alterarte.
–Señora Dwyer, ya que sacamos el tema de su hija Isabella, me gustaría proseguir con ello.
–¿Para qué?
Sonrió con perversión –Pues, para entender la relación que tiene con sus hijos.
–Bien.
–Según su hijo mayor, usted presionó a Isabella a estudiar una carrera universitaria que no deseaba.
–No la presioné, solo la guie.
–¿Qué deseaba estudiar, antes de que usted la "guiara"?
–Arte –indiqué.
–¿Arte?
–Sí.
–¿Cree que estudiar Arte es algo malo?
–No hay futuro con eso.
–¿No?
–Ella tenía demasiado potencial, como para estudiar algo tan básico.
Didyme me hizo señas para que dejara de hablar.
–¿Usted obligó a su hija a hacer una pasantía aún siendo menor de edad?
–¿Disculpe?
–Según mi cliente, y testigos, Isabella trabajó en la empresa de su familia cuando tenía dieciséis años, era una ayudante suya.
¿Según su cliente?
¡Charlie eres un grandísimo hijo de puta!
Inhalé.
–Ella venía a la empresa a verme trabajar, y quería aprender, no era un trabajo formal, ¡yo no exploto a mis hijos, si eso es lo que intenta insinuar!
–Oh, no, señora Dwyer, no intento insinuar eso… discúlpeme.
Volteó para ver a Charlie, me dio la espalda.
–¿Sus hijos tenían niñeras?
–¿Cómo? –creí oír mal la pregunta.
–Le repetiré la pregunta, ¿sus hijos tenían niñeras?
–¿Eso en qué es relevante? –observé a Evenson, confundida.
–Responde –susurró.
–Sí, los tres han tenido niñera, la última dejó de trabajar con nosotros hace tres años. Bree ya no necesitaba que la supervisaran.
–Trabaja muchas horas al día, ¿verdad?
–Sí, mi ex esposo también.
–¿Pasa poco tiempo con sus hijos?
–Cada uno tiene su vida, ahora viven solos, son independientes. Bree es la única que vive con nosotros.
–Permítame corregirla, su hija Bree actualmente vive con el padre, Charlie Swan.
–Él se la llevó de nuestro hogar, viven de prestado en el apartamento de Isabella.
–Entonces su hija Isabella, no la apoya a usted.
Tenía la vista clavada en ningún punto en particular.
–¿Señora Dwyer?
–Ella apoya a su padre, sí.
–Esas niñeras de las que hablábamos, ¿cómo eran con sus hijos?
–Buenas niñeras.
–¿Despidió alguna vez a una niñera?
–Claro que sí, algunas no fueron exactamente lo que buscaba.
–¿Y eso por qué?
–A veces no hacían su trabajo correctamente.
–¿Podría decirme que tipos de cosas hacían, que a usted le molestaban?
–Por ejemplo, llegar tarde, o no respetar las comidas establecidas, dejar faltar a los niños a clases, o a sus actividades extracurriculares. Malos modales, vocabulario vulgar, vestimenta vulgar. Esas actitudes eran las que me molestaban.
–¿Y cuantas niñeras contrató en todos estos años? –hizo una pausa –Digamos en treinta años, desde que su hijo mayor era un pequeño.
–No tengo un número exacto –respondí resoplando.
–¿Más de diez?
–Sí.
–¿Más de veinte?
Verdaderamente era quisquillosa, lo admitía en mi interior, pero se trataba de mis hijos, no podía dejar que cualquiera los cuidara.
–¿Más de veinte? –repitió.
–Sí.
–¿Más de treinta?
–No.
–Entre veinte y treinta niñeras, ¿no cree que es un número muy elevado?
–Yo solo buscaba a alguien realmente capacitado para cuidar de mis hijos mientras estaba trabajando.
–¿Su ex esposo no tenía voz o voto en esa decisión?
–Él no opinaba en esas decisiones.
–¿Esas niñeras la ayudaron o hacían todo por usted?
–¡Objeción, es una pregunta capciosa!
–¡¿Cómo insinúa que dejé la crianza de mis hijos en manos de un par de niñeras?!
–¡Ha lugar! –el juez golpeó su martillo –Y cálmese señora Dwyer.
–Las niñeras cuidaban de mis hijos cuando yo o mi esposo no estábamos en casa. Es ocasiones los buscaban o los llevaban a la escuela, pero jamás dejé en manos de empleados la crianza de mis hijos.
–Entiendo –Irish asintió repetidas veces.
Comenzó a sonar el teléfono celular de Evenson, desesperado lo sacó de su bolsillo para apagarlo.
Reconocía esa música, era el estribillo de una canción de los años '70.
.
New Hampshire
Año 1977
–Me gusta esta música –Vasilii me hizo girar –¡Anda baila, Reneé!
Carcajeé.
–¿Qué es esto? –hice una mueca.
–Chic* –respondió moviendo sus manos en el aire.
–¿Chic?
–¿No conoces su música? ¿En qué planeta vives?
–Soy un extraterrestre, ¡raaawwww!
–¡Sí, lo eres! ¡Deja un poco los libros!
–¿Tú conoces "chic"? –indagué a Carlisle que estaba tirado en el sofá con los ojos cerrados.
–Sí, pero no es mi estilo.
–¡Anda, bailen, malditos nerds aburridos! –Vasilii se subió a la mesa.
–¡Bájate de ahí, desquiciado! –le lancé un almohadón.
Alguien tocó el timbre, interrumpiéndonos.
–¡Baja la música, Vasilii!
Atendí, era el cartero.
–Tengo un sobre para Reneé Dwyer, está certificado, tiene que firmar.
¡Joder, era el resultado de la beca!
–¿Quién era?
–¡Es de Harvard!
–¡Ábrelo de una vez! –Carlisle corrió hacia mí, entusiasta.
Rompí el sobre –Reneé Dwyer, lamentamos informarle que…
Dejé de leer.
–Oh –Vasilii apagó la música.
–Yo, yo, yo –mis piernas se hicieron gelatina –no gané la beca, no la gané, fui una ilusa.
–¡Nadie lo merecía más que tú, es injusto! –Carlisle me sujetó de los brazos.
–Perdí la beca, y mi madre se gastó el dinero del fondo, perdí todo, no iré a la universidad –tironeé de mi cabello –¡Nooooo! ¡Noooo!
–¡Tranquila, tranquila! –Carlisle me envolvió en sus brazos –lo resolveremos, encontraremos una forma, no te preocupes, yo me haré cargo, te lo juro Reneé, iremos a la universidad juntos, tal y como lo planeamos.
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Días previos a la graduación
–Nosotros becaremos a Reneé –manifestó Anthony, padre de Carlisle.
–¿Qué? –mi padre se quedó boquiabierto.
–Sí, la niña merece una oportunidad, no puede perder el año. No sería justo –Marie me sujetó de la mano.
–Ustedes no puede hacer esto… es… es…
–Chelsea, por favor, déjanos darle una alegría a esta niña, mira su rostro en este momento, es feliz.
–No podremos devolverles el dinero –advirtió ella bufando.
–No pretendemos una devolución –aclaró Anthony sonriente –el dinero no es importante, lo que importa son las buenas acciones y el amor por el prójimo –apoyó su mano en el hombro de Afton.
–No sé cómo agradecerles –lo abrazó –la vida no me alcanzará para devolverles este enorme favor.
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Universidad de Harvard
Cambridge, Massachusetts
El campus era increíble, me deslumbraba tal belleza.
–¿Entusiasmados? –Marie dio unos saltitos.
–¡Muy! –exclamamos al mismo tiempo con Carlisle.
–Cuídate, hija, y estudia mucho, esfuérzate –mi padre me apretujó, lo sentí temblar.
Sus ojos denotaban orgullo.
Retiró la maleta del baúl –Recuerda, si necesitas algo, llámanos.
¿Llamarlos?
Sí, claro.
Tenerlos lejos me haría bien.
Ya no podía ni siguiera oír la voz de Chelsea, me repugnaba.
Y Aflton… bueno, él, él era decepcionante, tenía tanto potencial como padre, pero al lado de esa bruja, se había convertido en un débil manipulado que vivía para justificarla.
–Ajam
Mentirle ya no se me hacía tan difícil, estaba volviéndome buena en ello.
Chelsea se acercó a mi oído –Y no dejes escapar al niñato rico, es buen partido, Reneé –hincó sus uñas en mi brazo.
¿Qué?
¿Acaso estaba insinuando que debía conquistar a Carlisle?
.
Nueva York
Año 2018
–¡Apague su teléfono, abogado, es una falta de respeto! –exclamó el juez.
Los recuerdos invadían mi mente.
–¿Cómo definiría la crianza de Bree, señora Dwyer?
–Tuvo siempre una vida privilegiada.
–¿A qué le llamaría privilegiada?
–Siempre tuvo todo lo que quiso, nunca se la privó de nada.
–¿Usted declara que no privó a su hija de nada?
–Así es.
–¿Nunca le prohibió hacer algo o ver a alguien?
–Depende.
–¿De qué?
¿Cómo "de qué"?
–Esperamos su respuesta –persistió.
–No voy a dejar que mi hija consuma drogas, se perfore o manche su piel con tatuajes, como los presidiarios.
–¿Sabía que Bree desea estudiar canto?
–Ajam
–¿Está de acuerdo con esa elección?
–Cuando crezca se dará cuenta que eso no la llevará a ningún lado.
–¿Qué significa eso?
–El canto no es una profesión.
–¿Preferiría que estudiase algo relacionado con la empresa?
–Pues sí –acepté sin mentir.
–Cómo sucedió con Isabella, ¿verdad? –frotó sus manos –Ella deseaba estudiar Arte, pero usted creyó que eso no era "lo mejor", por ende, estudió lo que usted quiso, y ahora ocupa un puesto importantísimo en la empresa de su familia.
–¿Otra vez?
Su insistencia me enfurecía.
–Quizás intenta hacer lo mismo con Bree…
–¡Objeción, está conjeturando!
–¡Ha lugar!
–Bien, bien, lamento haberme expresado mal, señor juez.
¿Expresarse mal?
Sabía muy bien lo que decía.
¡Intentaba destrozarme!
–¿Podría aclararnos la situación con Diego Weber?
–¿Qué quiere que le aclare?
–Usted lo denunció.
–Así es.
–¿Por?
–Ese muchacho tiene veinte años, es un descarado, abusó de mi hija, Bree.
–¡Mi clienta lo que quiso decir, fue que Weber intentó abusar de la niña! –gritó Evenson elevando la mano –quiero que la palabra "abusó" se elimine del testimonio.
–¡Siéntese abogado! –el juez se enfureció.
–Le repito, igual que a su hijo Emmett, la denuncia fue desestimada, se comprobó ginecológicamente que su hija no había sido abusada. Además, no hay pruebas, ni fotografías, ni testimonios que verifiquen su versión.
–¡Él no es para ella!
–¿Por qué no? ¿Por qué no es de clase alta? ¿Por qué es un secretario?
–¡Él no es para ella, punto!
–¿Usted denunció al muchacho para perjudicarlo?
–Lo denuncié por involucrarse con una menor. Su accionar es ilegal.
–¿Ilegal? ¿En qué sentido?
–¡Usted sabe a qué me refiero!
–¿Su hija intentó quitarse la vida por su accionar?
Se me detuvo el corazón.
–¡No!
–¿No?
–Ella no hizo semejante cosa –refuté enervada –¡Usted es un pedante!
Tenía ganas de abofetearlo, ¿quién se creía?
–¿Yo? –lanzó una carcajada –¿Su esposo y su hija Isabella, acaso no la encontraron con una navaja a punto de cortarse las venas?
–¡En todo caso, eso fue culpa de Diego! ¡Arruinó la mente de mi hija, la ha perturbado!
–¿Usted no admite el daño que le provocó a su hija?
–¡Nooo!
–Entonces, ¿por qué su hija se fue con su ex esposo de la casa?
–¡Él la quiere alejar de mí!
–¿Entonces mi cliente también perturbó la mente de la niña? ¿O la forzó a irse con él?
–Él es demasiado permisivo, y hace el papel de "bueno" –encomillé.
–¿Usted tiene el papel de la "mala"?
–Yo solo quiero lo mejor para mis hijos, les pongo límites, los protejo.
–¿Los protege? No habría sido mejor hablar con su hija, escucharla, contenerla, en vez de denunciar a su amigo, Diego Weber, ante la policía, ¿como si fuese un pederasta?
–¡Usted no sabe nada! ¡Ni siquiera debe tener hijos!
–Pues se equivoca, señora Dwyer, si tengo hijos.
–¿Por qué repite la historia?
¿A qué se refería con repetir la historia?
¿Acaso estaba comparándome con Chelsea?
¡Yo no era como ella!
¡No era una basura!
–¿Qué tiene que ver mi niñez en esto? –cuestioné golpeando el estrado.
–¿Su niñez? Yo pretendía comparar a Bree con Isabella, ya que ha quedado claro que usted tomó decisiones por ella, en lo sentimental inclusive.
Tragué saliva.
–¿Su niñez le recuerda a esto?
–¡Eso no le incumbe!
–¿No me incumbe? Estamos aquí para llegar a un acuerdo, para que Bree no sufra, usted inició esta demanda.
–¡Es mi hija! ¡Debe estar conmigo!
–Y con su padre… ¿porqué desea alejarla de él?
–¡Yo soy más capaz!
–Usted ha mencionado su niñez… ¿qué es lo que se repite de su niñez?
–¡Objeción, la niñez de mi cliente es irrelevante!
–No ha lugar –el juez permitió a Irish proseguir.
–Puede decirnos, señora Dwyer, ¿qué le disparó esa reacción?
–Creí que me comparaba con mi madre –me temblaban las manos.
–¿Con su madre? ¿Por qué?
–N–no–lo–lo–s–sé –tartamudeé.
–¿Hablar de su niñez la pone nerviosa?
–¿Cuál es el punto de hablar de mi niñez? –lo enfrenté.
–Dígame la verdad, sea sincera –se acercó –¿Por qué se empeña en controlar la vida de sus hijas?
Bufé.
–Mejor dicho, en arruinárselas.
¿Arruinarles la vida?
¡Él no sabía lo que era arruinarle la vida a un hijo!
–¡Objeción, no puede juzgar a mi cliente!
–¡Abogado!
–¡Gracias a mis decisiones, ellos hoy en día tienen una vida exitosa! ¡Yo los hice! ¡Yo los volví exitosos! ¡Isabella es la mujer más joven del país en ser CEO de una empresa internacional! ¡Emmett es director de Marketing! ¡No hay quienes no los respeten o admiren! –chillé –¡Bree también será exitosa, será una mujer envidiada! ¡Yo la ayudaré a lograrlo!
–No tengo más preguntas –suspiró Irish sentándose al lado de Charlie.
Evenson se quedó inmóvil.
–¡Un receso, señor juez! –Didyme se puso de pie.
–Diez minutos –asintió el juez.
Didyme me escoltó fuera –¡Reneé, tienes que ser más cuidadosa con tus palabras, ya lo habíamos hablado!
–¡Ese hombre es un pedante!
–Te soy sincero, estamos en el lodo, Dwyer –Evenson gruñó.
–Reneé –esa voz se me hacía familiar.
–¿Qué haces aquí? –era Elizabeth, no me esperaba verla allí.
–Vine a ver como avanzaba esto. Quería apoyarlos, a ambos –me dio un abrazo –Tienes que acabar con esto, solo empeorará las cosas.
–Oh, Liz, no empieces, por favor.
–Quiero ayudarlos, tus hijos sufren con todo esto.
–Charlie me quitó a mi hija, no me permite verla… ¡y aún así estás de su lado!
–¿De su lado? ¡No, Reneé! ¡No hay lados!
–Pero quieres que ceda –me crucé de brazos.
–Además, Bree se fue con él de forma voluntaria, lo sabes, no puedes negar eso. Tienes que aceptar que la niña está enfadada, ya se le pasará, dale tiempo. No hay que empeorar todo.
–¡Ella tiene que respetarme, soy su madre y no puede ignorarme, Elizabeth!
–Cuando Edward supo la verdad de su padre, también me odió, y también me ignoró y me despreció por meses, ¡tú lo viste!
–Esto es diferente –me negué a su lógica.
–Ambos deben ceder, por sus hijos, para no herirlos, acaben con esto, si alguna vez se amaron, por favor. Detén esta situación –rogó.
–Debo decirte algo… mi padre murió –confesé desahogando la mierda que inundaba mi pecho.
–¡Oh, Dios! ¿Cuándo?
–Ayer, falleció en un asilo. Esta mañana llamó Chelsea, me sorprendió oír su voz, dijo que lo enterrarían esta tarde –observé mi reloj –en este momento deben estar en el cementerio.
–¿Por qué no cancelaste la audiencia?
–No quiero verla, no cederé y mucho menos la "apoyaré" en su farsa de buena esposa, y buena madre. Además, Afton ya murió, no hay vuelta atrás.
–Pero hace años que no lo veías, ¿acaso no quieres despedir su cuerpo? –cuestionó con duda –Charlie te hubiese entendido, lo sabes.
–Primero que nada, me despedí de él hace mucho tiempo, Liz. Y segundo, Charlie hubiese aprovechado esto para perjudicarme.
–No seas ridícula, Reneé, ¿cómo puedes pensar eso? ¡Estás ciega!
–¿Ciega?
–Charlie te apoyaría en esto, como siempre te apoyó en todo.
–Ahora Charlie es mi enemigo, no puedo confiar en él.
–Que tristeza me da verlos así –declaró frotándose el cuello.
–Sí, a mí también me da tristeza vernos así.
–¿Entonces?
–¿Entonces qué?
–¿Por qué no aflojas?
–¡Por favor, Elizabeth, ya basta de insistir! –su insistencia me volvía loca.
–Es que tienes que acabar con todo este calvario. Solo traerá desgracia a sus vidas.
–¿Por qué debo acabarlo yo?
–Porque eres la que lo comenzó.
–Yo jamás cedo, no lo haré, no voy a perder.
–Sí, Reneé, vas a perder –me sacudió –perderás a tu familia, a tus hijos, su confianza, su respeto.
–Emmett está de mi lado, ¿acaso no oíste su declaración?
–Reza porque Charlie no le cuente a Emmett lo que sucedió cuando descubriste que estabas embarazada.
Me paralicé.
–Porque Charlie se cansará y dejará de protegerte. Y en ese momento, lo perderás todo.
–Dijiste que Charlie no era mi enemigo, ¡ahora te contradices!
–No será tu enemigo hasta que tenga que serlo. Es pasivo, pero no estúpido. Si le quitas a Bree, no sabes de qué podría ser capaz. No lo provoques.
–Si quiere destapar las ollas con mis errores, ¡adelante, que lo haga! ¡Estoy lista para la guerra!
–No, la guerra solo empeorará todo, es hora de cambiar, Reneé.
.
Cambridge, Massachusetts
Universidad de Harvard
Año 1978
La música de los Bee Gees* sonaba a todo volumen.
–¡Esta parranda está groovy*! –una jovencita de cabello castaño, con delicadas mechas doradas, me rodeó con sus brazos.
–¿Disculpa? –me sentí invadida.
–¿No crees que es una parranda espectacular?
–Pues, sí –reí.
–Lo siento, me presentaré, que tonta soy –estiró su mano –Elizabeth Masen, estudio economía, estoy aquí en Harvard hace cuatro años y medio, ¿qué hay de ti?
–Reneé Dwyer, primer año de ciencias empresariales.
–Interesante, Dwyer.
–¿Viniste sola?
–No, vine con unos compañeros de fraternidad –señaló hacia atrás –¿tú con quién viniste?
–Con un amigo –le indiqué a Carlisle que estaba formando fila para obtener bebidas.
–¿Es tu novio?
–No –me sonrojé.
–¿Y cómo va el primer año?
–¿Qué? ¡La música está muy alta, lo siento, casi no te oigo! –exclamé acercándomele.
–¿Cómo va tu primer año?
–Difícil adaptarse a un nuevo sitio, pero en general bien.
–Sí, totalmente, el primer año es el más duro, recuerdo cuando llegué aquí, sola, no conocía a nadie y estaba asustadísima.
–Sí, nos cuesta –me interrumpí a mí misma –bueno en realidad a mí me cuesta conocer personas, y hacer amigos, Carlisle es bastante extrovertido y hace amigos con mayor facilidad. Yo solo lo tengo a él…
Sonaba deprimente.
–Si quieres podemos ser amigas –sonrió dándole lugar a sus perfectos y enormes dientes.
–¿Es broma?
–No –se encogió de hombros –me encanta hacer amigos.
–Eres rara –expuse frunciendo el ceño.
–¡Ja! ¡Ya me lo habían dicho!
–Seguro que sí.
–¡Hey, CharChar! –llamó a uno de sus amigos.
El muchacho tenía un aspecto descontracturado, cabello negro algo desarreglado, ojos marrones, cejas pobladas y una barba que debía tener al menos una semana de crecimiento.
–Él es Charlie Swan, el otro que dijo que era "rara"
–Oh, hola.
–¿Qué hay? –contestó dándome un beso en la mejilla.
–Ella es Reneé Dwyer, es nueva en Harvard, y le cuesta hacer amigos.
–A mí también me cuesta hacer amigos, Reneé, no sientas vergüenza –dijo ofreciéndome de su bebida.
–No, gracias, mi amigo me traerá una.
–¡Entonces tienes un amigo!
–Sí, el único –mordí mi labio inferior.
–¿Podemos conocerlo?
–Es el rubio de allá –Elizabeth se lo señaló –se llama Carlos.
–Carlisle –la corregí.
–Ah, Carlisle.
–¡Hey, Carlisle! –Charlie llamó su atención.
–¡Hey! –respondió él elevando su mano.
Lancé una carcajada.
Carlisle corrió hacia nosotros, con dos vasos en mano.
–Ten –me entregó mi trago.
–Gracias, Carlisle –me enganché de su brazo.
–La nueva amiga de Reneé, Elizabeth –elevó la barbilla.
–¿Nueva amiga? Te dejo dos segundos ¿y ya estás haciendo nuevos amigos? ¿Desde cuándo?
–Desde ahora –interrumpió ella.
–¿Y tú? –picó el hombro de Charlie.
–Este robot es CharChar –Elizabeth parecía sufrir de verborragia, no podía parar de hablar.
–¿Puedo presentarme yo mismo? –Charlie bufó.
–Ven, Reneé, dejemos a los muchachotes, te presentaré a los demás –me arrastró hacia su grupo –la mayoría de estos ridículos son de mi fraternidad, otros son infiltrados.
–¿Charlie es de la fraternidad?
–No, él es un infiltrado. Nos conocimos en la biblioteca, hace como un año, es una rata de la informática, tiene un cerebro privilegiado.
–¿Y qué estudia?
–Ingeniería informática –respondió.
–Eso suena difícil…
–¡Sí, ni me lo digas!
Elizabeth parecía agradable, su forma de expresarse, y liviandad me hacían sentir realmente cómoda.
No estaba acostumbrada a hacer amigos.
Todo lo que estaba sucediendo me parecía irreal.
.
Rhode Island
Año 1979
Carlisle aparcó frente a una agradable construcción pintada de celeste, con estilo cottage*.
–¿Seguro es aquí? –Vasilii se bajó para corroborar la dirección.
–Sí, es aquí –Charlie sacó su bolso del baúl –¡anden, bájense!
–¿Cómo estás tan seguro? Creí que no conocías su casa –cuestionó Vasilii colocando sus ojos en blanco.
–Nunca vine, blondito, pero conozco a su padre, y es aquel hombre, por ende, estamos en su casa –un hombre con la barba tupida y descuidada estaba podando el césped en el terreno.
–Su padre parece un linyera –dije con sinceridad.
–Desde que murió la madrastra de Liz, su padre se vino abajo –explicó.
–¿Señor Masen, se encuentra Elizabeth? –me acerqué a él lentamente.
–¿Son sus amigos? ¿Los que pasarán el verano aquí?
–Sí, así es –Carlisle estiró su mano hacia él –Encantado, señor Masen.
–Pasen, las niñas están dentro viendo la televisión.
Toqué la puerta unas cuatro veces, como nadie respondía, Vasilii decidió meterse.
–¡Espera Vasilii!
–¿Alguien en casa? –exclamó adentrándose.
De repente alguien lo atacó con un bate.
–¡Ahhhh, rayos!
–¿Reneé? ¡Oh, recórcholis, lo siento, debes ser Vasilii, el amigo de Carlisle! –Liz lanzó una carcajada, estaba roja como un tomate –¡Qué vergüenza!
–Ouch, eres de temer, Elizabeth –susurró él, quejándose.
–¿Qué ha pasado? –Charlie se asomó por detrás de mí.
–Liz molió a golpes a Vasilii –me encorvé de la risa.
–¡Buenas, buenas! –Carlisle cargaba un par de maletas.
–¡Espera, te ayudo! –corrí para ayudarle.
–¡Esme, deja de paspar moscas! –Liz lanzó un almohadón hacia el sofá.
–¡Ay!
–¡Saluda a mis amigos! –ordenó furibunda.
–Umm, hola –una muchacha de unos quince o dieciséis años se puso de pie, y caminó hacia nosotros con elegancia.
Tenía el rostro más angelical que haya visto, y mejillas regordetas delicadamente rosadas.
–Un gusto conocerlos –su voz era suave.
–Eres la hermana menor de Liz, ¿verdad?
–Técnicamente la del medio, Esme Masen –expuso abrazándome con confianza.
–Oh
Su confianza me recordaba a Elizabeth.
¿Por qué ambas eran tan confiadas con desconocidos?
–Aquel pelmazo es mi hermana menor, Victoria –señaló Liz a una pequeña de ojos verdes, y cabello rojizo rizado, estaba dentro de un corral para bebés.
–¿La niña es hija de la última esposa de tu padre?
–Sí, Heidi era su madre –aclaró Esme alzándola en brazos.
–¿Dónde quieres que pongamos las maletas? –Charlie se impacientó.
–Los muchachos dormirán en el ático, mi padre preparó unos colchones con mantas, en cuanto a Reneé, dormirá con nosotras –puso los puntos sobre las íes.
–Entonces subiremos todo esto –Carlisle refunfuñó.
–Sí, suban todo ustedes, que Vasilii está lisiado, y debemos encargarnos de su bienestar –Liz fue hasta la cocina por un botiquín.
–Me gustan las mujeres líderes –Vasilii se babeó.
Lo codeé.
–¿Quieren beber algo? –Esme parecía tener una actitud muy servicial.
–Sí, algo fresco –acepté su oferta.
Conversamos un poco antes de ser interrumpidas por los muchachos y sus planes descabellados.
–¿Por qué no vamos a dar una vuelta? –propuso Charlie.
–¿Te quedas con Victoria? –Liz preguntó a Esme, intentando desligarse del cuidado de la niña.
–Sí, yo me quedaré, vayan a disfrutar.
Carlisle condujo hasta la playa Misquamicut State Beach, durante el camino, disfrutamos del maravilloso paisaje que nos rodeaba.
Al llegar a la playa, notamos que había un par de parejas, y familias con niños sentados en la arena, bajo sus sombrillas, parecía ser una playa tranquila.
Me descalcé y corrí hacia el agua, Charlie corrió a mi lado.
El agua estaba limpia y se sentía refrescante.
Salpiqué a Charlie con picardía.
–¡Hey, no es justo! –intentó derribarme.
Reí.
Elizabeth se tiró en la arena a disfrutar del sol, mientras Vasilii parecía estar caminando sin sentido.
–¿Qué buscas? –investigué con curiosidad.
–Lo que sea –ya tenía un par de piedras y conchas de mar en sus bolsillos.
–¿Para qué las usarás?
Carlisle me alzó en brazos y corrió hacia el agua.
–¡Ni se te ocurra, Cullen! ¡Ni se te ocurra!
–¡Sí, ya se me ha ocurrido! –respondió lanzándome.
–¡Me las pagarás! –estaba completamente empapada.
Charlie al verme se tiró al suelo entre carcajadas.
Ridículamente, Vasilii comenzó a colocar sus "tesoros" alrededor de Elizabeth.
–¿Qué está haciendo? –pregunté desconcertada por su extraña actitud.
–Creo que intenta coquetear con ella…
–Su forma de coquetear es algo patética –musitó Charlie.
–Me da vergüenza ajena –dije tapándome los ojos.
–L'amour*, compadres, l'amour –Carlisle con su acento francés me hizo vibrar.
–¿A ti te gustan esas cosas? –suspiré apoyando mi cabeza en su hombro.
–¿A mí? ¿De qué rayos hablas, Reneé? ¡Eso no es para mí, diuj!
–Pues a mí la bobería que está haciendo Vasilii, no me agrada, pero si otro tipo de coqueteo –interfirió Charlie dirigiendo su miranda a mí.
.
A pesar de que éramos amigas hacía un año, cuantos más días pasaba en casa de Elizabeth, más conocía su historia familiar.
Su madre había fallecido de cáncer de seno a los treinta y un años, su padre era un infiel patológico, y la madre de Victoria se había suicidado luego de tener a la niña.
Pasábamos días enteros pegados como manada de lobos.
La hermana de Elizabeth, Esme se unió a nosotros a los pocos días, junto con su mejor amiga de la infancia, Didyme, nos seguían a todos lados sin importar qué.
Entre Carlisle y Esme sucedía algo, no era ciega.
Podía verlos, observándose a cada minuto, riéndose a escondidas, rozando sus manos con insistencia.
Verlos me volvía loca.
Estaba colérica de celos.
¿Desde cuando el amor era algo que le interesase?
¿No era acaso la historia de Romeo y Julieta una ridiculez?
¿Por qué ella?
¿Por qué se interesaba en una adolescente de dieciséis años?
¿Tenía que gustarle justamente la hermana de Elizabeth?
¿No podía elegir a otra?
.
Anochecía en la playa, una suave brisa despeinaba mi cabello.
Carlisle rozaba la mejilla de Esme con insistencia.
¿Acaso iba a besarla?
¡No, Carlisle! ¡No lo hagas!
Vasilii me lanzó un balón, golpeando mi vientre.
–¡Ouch!
–¡Ven a jugar Reneé, no seas antipática!
Negué.
Volví mi miranda a la parejita de enamorados, ya no estaban allí.
¿A dónde se habían metido?
Desesperada comencé a buscarlos.
Necesitaba mantenerlos bajo mi visión, necesitaba saber.
Oí sus voces detrás de la torre de socorristas.
¿Qué diablos hacían?
¡Oh, no!
Estaban besándose.
Carlisle se veía feliz, la observaba deslumbrado.
–Te anhelo y te quiero para mí, toda la vida Esme –jadeó.
Hui con la cabeza gacha, sintiéndome sumamente frustrada y miserable.
Después de todo, tenía que admitir que sentía algo por él, le quería desde el primer día que nos habíamos conocido.
Me senté lejos del grupo, admiré el horizonte.
–¿Qué te sucede, Reneé? –Charlie me descubrió.
–Nada –sequé mis lágrimas.
–¿Y entonces, por qué lloras?
–Nada…
Jugueteé con la arena.
–Puedes contar conmigo, desahógate, te escucharé en silencio.
–¿Crees que soy bonita?
–¿Eh?
¿Acaso no había comprendido la pregunta o no sabía como decirme que era espantosa?
–¿Soy bonita? –repetí exhalando.
–¡Claro que sí! ¡Eres preciosa! –atestiguó sorprendiéndome.
–¿Enserio lo crees? –sentía que estaba burlándose de mí.
–Sí, Reneé, eres muy bonita, por dentro –apoyó su mano en mi pecho, me hizo estremecerme –y por fuera –pellizcó mi barbilla.
Sus ojos se clavaron en mis labios.
Avancé hacia él, lo besé impulsivamente.
.
New Hampshire
Año 1983
Soy un reloj, soy un maldito reloj.
Jamás había tenido un atraso.
¿Y si estaba embarazada?
¿Cómo iba a decírselo a Charlie?
¿Qué iba a hacer con la universidad?
No estaba segura de querer tener hijos.
La ansiedad me mataba hacía días.
En la farmacia donde compré el antiácido de Charlie, había varias opciones de test de embarazo.
–¿Algo más? –preguntó el vendedor.
–Sí, uno de esos –señalé con mi tembloroso dedo índice.
Caminé de vuelta hasta el motel donde nos hospedábamos.
–¿Conseguiste el antiácido? –preguntó Charlie en cuanto crucé la puerta –el ardor está matándome, no debí comer esas papas fritas.
–Sí –se lo lancé sobre la cama –iré al baño, me urge.
–Sí, ve tranquila.
Revisé el instructivo de uso del test para no arruinarlo.
Debía orinar en un pequeño cuenco, y luego introducir el test hasta donde indicara la marca.
–¿Oye amor? –golpeó la puerta con insistencia.
Salté del susto.
¿Había puesto el seguro?
–¡¿QUÉ?! –sostuve la puerta temerosa.
–¿Debemos llevar algo? No quiero parecer irrespetuoso –ni siquiera intentó abrir la puerta.
–No, no, no hace falta.
–¿Segura? ¿Algún budín o pastel de postre para la cena?
–¡No, Charlie! –chillé nerviosa.
–Que yo no pueda comerlo, no significa que tus padres no apreciarán el gesto.
–¡No hace falta! –repliqué.
–¿Puedo saber qué estás haciendo ahí dentro? –preguntó intranquilo –Te oigo nerviosa, me preocupas.
–¡Déjame hacer mis necesidades en paz, por favor, hombre!
–Bien, bien.
Al cabo de dos minutos –¿Será que te hicieron mal las papas fritas?
–¿Eh?
–Las papas fritas del mediodía fueron una bomba.
–Sí, creo que me hicieron mal –mentí para que dejara de hacerme preguntas.
¿Cuanto más debía aguardar?
¡Joder, maldito test, ya dímelo!
¿Negativo o positivo?
–¿Positivo? –una segunda línea estaba dibujándose en el visor –No, no, no, no, no puede pasarme esto, no, no, no.
–¿Prefieres cancelar la cena?
No respondí.
–Quizás sea mejor cancelarlo, llamaré a tu padre.
–¡No, aguarda! –tiré el test a la basura y salí disparada –No canceles, hagámoslo de una vez.
–¿Estás nerviosa porque conoceré a tus padres?
Lo que quería decirle, no me salía. Era como si la boca se me hubiese adormecido.
¿Cómo iba a decirle que estaba embarazada?
¡Joder!
–¿Reneé?
–Yo… ummm…
–Todo saldrá bien, tu madre no me intimidará, te lo prometo.
–Mi madre es un infierno.
–Sí, Carlisle ya me advirtió, pero me importa un bledo.
–¿Tú me amas?
–¿Por qué preguntas eso? –me rodeó con sus brazos.
–Es solo que…
–Sí, te amo, Reneé Dwyer, con todo mi corazón.
.
La cena fue silenciosa e incómoda.
–¿La comida sabía mal? –preguntó mi padre rascándose la frente –la cociné yo mismo, pero veo que no ha sido de su agrado.
–¡No, por favor! Estaba delicioso señor, una exquisita carne asada –Charlie le guiñó un ojo.
–Pero comieron poco…
–Tuvimos algunos problemas estomacales –rozó su barriga y la mía.
Me sobresalté.
–Iré a la cocina a preparar un poco de té –interrumpí levantando los platillos.
–Te acompaño –Chelsea fue tras de mí.
Herví agua en una tetera, mientras ella se encargaba de buscar las tazas.
–¿Por qué traes a este muchacho a la casa, Reneé?
–¿Qué quieres decir?
–¡Ja, sabes a qué me refiero!
–No, no comprendo tu punto, Chelsea.
–He notado que no me dices "mamá"
Coloqué las hierbas en un colador.
–¿Aún estás resentida por lo que sucedió con el dinero del fondo?
–Ve a la mesa, yo llevaré las tazas –intenté ignorar sus provocaciones.
–¿Lo trajiste pensando que estaría feliz por ti? ¿Qué estaría orgullosa de la bella vida que tienes? –no había el menor atisbo de broma en su rostro.
–No sé para qué rayos vine –me odiaba a mí misma por haber creído que las cosas serían diferentes.
–Perdiste a Carlisle, lo perdiste en manos de una niña boba –murmuró iracunda –¿Cómo era su nombre? ¿Ella, Emma, Eva?
¡Esme! ¡Ese era su nombre!
Sus palabras me herían como un cuchillo afilado.
–Eres una persona desagradable –respondí mirándola fijamente.
–Soy sincera, Reneé. Este muchacho no es como Carlisle, no tiene nada que ver, ni se compara.
–Lo amo.
–¿Lo amas? ¿O te conformaste con las sobras?
–¿Por qué no te vas al demonio? –tiré las tazas de té al suelo, se hicieron añicos.
–¿¡Cómo te atreves a romper las costosas tazas de porcelana de la colección de mi abuela!?
–Estoy embarazada –confesé apretujando los dientes de rabia.
–Abórtalo, Reneé, arruinarás tu vida, aún no te recibes, y embarazada todo te será imposible –alertó generándome dudas –además este muchacho no te conviene. Tienes que pelear por Carlisle, sé más inteligente ¡por el amor de Dios!
–¡Vámonos, Charlie! –grité desde la cocina.
–¿Qué sucede? –Afton caminó hacia mí.
–¡Vámonos! –tomé a Charlie de la mano –Se acabó, es todo, no aguanto más.
–¿Qué pasó, Reneé? ¿Por qué se van?
–Pregúntale a tu querida esposa. Es una porquería, y estoy harta de pretender que mañana será diferente. No cambiará jamás, es pura porquería, y siempre lo será.
–¡Maldita desagradecida! –Chelsea me abofeteó.
–¡Nooo! –Afton se interpuso entre ambas.
–Adiós papá.
.
Cambridge, Massachusetts
Pasaron los días, y en mi mente aún daban vueltas los dichos de mi madre, sus exigencias, sus miedos, mis miedos…
¿Por qué sus palabras me influenciaban tanto?
¡Me odiaba por ser tan débil!
Pero tenía dudas, muchas dudas, incluso antes de confesárselo.
¿Acaso deseaba llevar a cabo el embarazo?
¿Y compartir con Charlie el resto de mi vida?
¿Cómo haría con la universidad?
¿Qué me depararía el futuro con un hijo a cargo?
¿Podría ser una buena madre?
Los modelos de madre que había conocido, no eran los ideales.
Ni mi madre biológica, ni mi madre adoptiva habían sido ejemplos positivos.
Por el contrario, Marie Cullen, que tomó el rol de madre durante una gran etapa de mi vida, era magnífica, tan magnífica, que rozaba lo irreal, como si hubiese salido de un cuento de hadas.
Y la realidad era que me parecía más a Chelsea, que a Marie.
Eso me asustaba.
Pero, ¿abortar era una solución?
¿Desechar a mi hijo, tal y como lo hicieron conmigo mis padres biológicos?
No, lo que ellos me hicieron fue peor, decidieron tenerme y luego abandonarme, desecharme como basura.
Ante la duda, ¿qué era mejor? ¿proseguir o desistir?
¿Cuánto tiempo tenía para tomar esta decisión?
¿El aborto era una práctica segura?
¿Debía atravesar esto sola?
¿Debía charlarlo con Charlie? ¿Qué postura tomaría él?
El miedo y la incertidumbre me colmaban.
¿Por qué siento que soy una mala persona?
Sollocé.
¿Por qué me tenía que suceder esto a mí? Justo ahora cuando todo parecía encaminarse.
.
Guardé el secreto lo más que pude.
Seguí en mi vida universitaria como si nada estuviese sucediendo.
Mientras tanto, busqué información sobre el aborto en los libros de la biblioteca, me informé lo mejor posible ya que había tomado la decisión de hacerlo.
No quería tenerlo, estaba segura.
Tenía al menos seis semanas de embarazo.
Mi mayor problema en este momento era el dinero, ¿cómo pagaría el procedimiento?
Sin dinero, no podría hacerlo.
Y no podía pedirle a mi padre, y mucho menos a los Cullen, eran extremadamente religiosos, y no apoyarían tal decisión.
Recurrí a Vasilii, sabía que él me entendería, era más liberal.
–Necesito mil dólares –le supliqué por ayuda.
–¿Y por qué no se lo pides a Carlisle o a Charlie?
–Debo hacerme un procedimiento médico y solo puedo recurrir a ti.
–¡Uf, mierda! ¿Estás embarazada?
–¡No se lo digas a nadie! ¡No estoy lista para esta mierda, y necesito el dinero lo antes posible!
–Bueno, bueno, a ver… le pediré dinero a mi padre, le inventaré una excusa.
–Llámame en cuanto lo obtengas, por favor Vasilii, estoy desesperada, no puedo esperar mucho. ¿Me comprendes?
–Sí, Reneé.
–Y no le digas nada a Carlisle –imploré mordisqueándome las uñas.
–¡No lo haré, lo juro!
.
Una vez que Vasilii me envió por encomienda el dinero, decidí faltar a las clases del jueves para dirigirme a la clínica en dónde me harían un par de estudios.
Después de un viaje de tres horas, allí chequearon cuán avanzado estaba mi embarazo.
Transitaba la octava semana.
Debía esperar los resultados de mis análisis de sangre, y luego de eso podría acabar con todo.
Esperé el llamado dónde me confirmaría si aprobarían mi solicitud. Todo dependía de cuán bien resultaran los análisis.
Había entregado el número de teléfono del campus y el interno del edificio donde vivía.
–¿Dwyer? –una de las muchachas encargadas de la administración golpeó la puerta de mi habitación.
–¿Sí?
–Tienes un llamado importante.
Corrí atropellada, llevándome puesta a un par de personas.
–¿Hola? Soy Reneé Dwyer.
–Le asignamos un turno el lunes a las once de la mañana para buscar la medicina, señorita Dwyer.
–Entendido, ahí estaré.
Elizabeth sospechaba algo, hacía muchas preguntas y me perseguía como un perro faldero.
Cuando logré escabullirme de ella, fui hasta la clínica para que me entregasen la medicina que debía ingerir para provocar el aborto.
Si todo salía bien, entonces tendría "la regla" pero con la diferencia de un abundante sangrado y cólicos fuertes.
La primera píldora que debía ingerir era mifepristona.
Al día siguiente me encerré en mi habitación con la excusa de estar descompuesta.
–¿No quieres que me quede aquí para hacerte compañía? –Charlie insistió, besándome la frente.
–Sabes que no pueden ingresar hombres a nuestras habitaciones, travieso –pellizqué su nariz.
–Me preocupa dejarte así, ¿porqué no vienes al apartamento, conmigo?
Charlie había acabado sus estudios hacía un par de meses, y vivía solo en un edificio en el centro de Cambridge.
–Estaré bien, son solo unos cólicos menstruales, nada grave –mentí descaradamente.
–En mi apartamento estarás más cómoda, ¿segura que prefieres quedarte aquí?
–Sí, estoy segura.
–Bien, si te sientes mejor, el fin de semana podemos viajar a Nueva York para ver el apartamento que mi padre compró.
–Eso, pues –inhalé profundamente –me gustaría mucho.
–Ya no veo la hora de que te recibas y nos mudemos a Nueva York juntos.
¿Mudarnos juntos?
Jamás lo había dicho.
–¿Y eso?
–¿Qué? –se sonrojó.
–¿Mudarnos juntos?
–¿Te gustaría vivir conmigo en Nueva York, cuando finalices tus estudios?
–Oh, Charlie… yo…
–Piénsalo tranquila, Reneé, no te presionaré.
¿Deseaba un futuro conmigo?
¿Por qué me amaba?
¿Qué veía de positivo en mí?
Por momentos sentía que no era lo suficientemente buena para Charlie.
Él era un muchacho magnífico, y merecía a alguien mejor.
Merecía a alguien que no le mintiese.
A las pocas horas de ingerir la primera píldora, tomé la segunda, misoprostol.
Sufrí de un fuerte dolor abdominal, pero jamás sangré.
Esperé al menos veinte horas, la doctora me había asegurado que el sangrado sucedería a los pocos minutos de ingerirla y que duraría un par de días.
La efectividad era de noventa y seis sobre cien casos.
¿Por qué no funcionaba?
¿Qué sucedía?
¿Acaso era una especie de señal?
Durante la noche no pude pegar un ojo, el tiempo parecía eterno.
Fui hasta la fraternidad donde se encontraba Elizabeth, no aguantaba la presión, le confesé lo que había intentado hacer.
–¿No deseas tenerlo?
–No quiero arruinar mi vida… ni la suya…
–¿La de Charlie?
–La del bebé –mis ojos se llenaron de lágrimas.
–¿Por qué crees eso?
–Aún no termino la universidad, Liz, me faltan seis materias por acabar, no podré hacerlo, estoy perdida, ¿cómo lograré algo en la vida si no acabo esto?
–¿Puedes verme?
–Sí, estoy mirándote –no comprendía a dónde quería llegar.
–Debí terminar mis estudios hace dos años, y aquí me tienes… aún sigo resolviéndolo, complicándome. Pero no me arrepiento, si me tardo un año más o un año menos, da igual. Tú puedes acabar tus estudios embarazada, o una vez que el niño crezca. Estoy segura que Charlie te apoyará en todo lo que emprendas.
–No seré buena madre, lo sé, lo presiento.
–¿Lo dices porque tu madre adoptiva es una basura?
–Lo siento en mi interior.
–Le has ocultado esto a Charlie, ¿verdad?
–No he podido decírselo, temo que me juzgue.
–Decidas lo que decidas, él te entenderá, no le mientas.
–No lo merezco…
–¿Vasilii lo sabe?
–¡¿Él te dijo algo?!
¿Acaso había traicionado mi confianza?
–No, pero hablamos por teléfono el otro día, y sonaba raro, tenía la misma actitud que tú… como si escondiera algo grave.
–¿Estabas persiguiéndome como perro faldero para descubrirlo?
–No soy tonta, te conozco –frunció el ceño.
–Lamento habértelo ocultado –me arrepentí por no habérselo dicho antes.
–Mañana deberías ir a la clínica, yo misma te acompañaré, si aún no has sangrado para mañana, entonces van a tener que revisarte.
–Si el procedimiento inicial no funcionaba, me darían una tercera píldora, eso me explicaron cuando fui.
–¿Y qué harás?
Estaba dudando.
–¿Crees que esto sea una señal?
–Pues, no lo sé, no soy tan creyente, pero si le preguntas a Esme, te dirá que sí, que es una señal del destino que intenta hacerte cambiar de opinión.
–Tengo miedo de equivocarme –me acurruqué en sus brazos.
–Ay, Reneé –frotó mi espalda.
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Nueva York
Año 2018
Aún tenía esperanzas de que el juez se inclinara a mi favor.
La psicóloga de Bree, la Dra. Senna, había testificado y no había sido para nada imparcial, era evidente que estaba del lado de Charlie y quería beneficiarlo.
Por último, Charlie subió al estrado y decidió dar a conocer su versión de la situación donde, según él, Bree intentó lastimarse a causa de mi accionar contra Diego.
Finalizando la audiencia, el juez citó a ambos abogados para hablar en privado.
La paciencia se me estaba acabando, ¿por qué tardaban tanto en volver?
Everson se apareció, me hizo una seña para que me acercara a él.
–¿Y?
–Su hija tuvo una audiencia privada con el juez, y un asistente social.
–¿Qué? ¿Cómo se permitió tal cosa?
–Su hija tiene más de quince años, por lo que está capacitada para articular una razón lógica por la que no debería vivir con usted.
–¿Y ahora?
–Tenemos todo en contra, señora Dwyer, no veo un buen resultado para usted lamentablemente.
Al cabo de unos minutos, el juez se hizo presente.
–La custodia legal de Bree Swan será designada al padre, Charlie Swan –proclamó martillando dos veces –Reneé Dwyer tendrá visitar supervisadas. La audiencia finaliza de esta forma. Buenas tardes –el juez se levantó de la silla.
¿Había perdido?
–No, eso es… es…
–Lo siento mucho, Reneé –Didyme intentó consolarme.
–¡No puedes quitarme a mi hija, Charlie! –chillé desaforada.
–No estoy quitándotela, Reneé, en cuanto ganes su confianza, y aceptes sus elecciones, tendrás derecho a estar con ella el tiempo que desees, mientras tanto, debo protegerla de ti, de tus imposiciones –murmuró alejándose.
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*Romeo y Julieta, es una tragedia y melodrama del dramaturgo inglés William Shakespeare. Cuenta la historia de dos jóvenes enamorados que, a pesar de la oposición de sus familias, rivales entre sí, deciden casarse de forma clandestina y vivir juntos; sin embargo, la presión de esa rivalidad y una serie de fatalidades conducen a que la pareja elija el suicidio antes que vivir separados.
*Chic es un grupo musical estadounidense formado en 1976 por el guitarrista Nile Rodgers, el baterista Tony Thompson y el bajista Bernard Edwards .
*Bee Gees fue un grupo musical británico de rock/pop formado por los hermanos de origen británico, Barry, Robin y Maurice Gibb en 1958.
*Groovy es una palabra popular en la década de 1970 y no tiene traducción literal, pero podría equivaler a estupendo o genial.
*El estilo cottage, es una combinación de estilo inglés con lo que nosotros conocemos como estilo campestre o rústico. El resultado son ambientes acogedores con toques rurales y guiños a la época victoriana.
*L'amour, en francés significa "el amor".
