Capítulo 22

Nueva York

Victoria POV

–Seguí a James, como me pediste –indicó Laurent escarbándose la nariz.

Golpeé su mano asqueada –¿Acaso eres un niñito de cinco años?

Se encogió de hombros.

–¿Y? –me sentía impaciente, necesitaba saber si estaba teniendo una aventura con Alice, si era así, no podría soportarlo –¡Habla de una vez!

Estaba hasta la médula con James, me tenía a sus pies.

–No tengo buenas noticias…

–Se la está follando, ¿verdad?

–¿Follandose a tu sobrinita?

Asentí rabiosa.

–¡No!

–¿No? –estaba atónita.

¿Entonces?

–Es peor, Victoria, él te está usando, es un hijo de puta, un vendido.

–¿De qué rayos hablas?

–Tu sobrinita al parecer no es tan santa.

–¡Explícate mejor, maldito seas!

Lanzó una carcajada, burlón.

–¡Laurent!

–El otro día seguí a James, se encontró con Alice en un bar, le tomé un par de fotografías –me entregó un sobre, lo abrí apresurada.

En una de las fotografías, James sujetaba la mano de Alice.

–Esto… es…

–Mira la siguiente –insistió regocijante.

–¿Nomadic? –no comprendía nada, me sentía extremadamente confundida.

–Sí, Garrett Nomadic, tú amoroso líder de seguridad informática.

–¿Y qué hacía con ellos?

–Ahí está el problemita… fui a su apartamento a dar un vistazo, tuve un mal presentimiento y lo que encontré fue ¡increíble!

–¡Odio tu maldito suspenso! ¡Dímelo de una vez!

–La perra de Alice ha estado investigándote, tiene un convenio con James, él te ha estado usando, ¡entiéndelo! –exclamó –ha estado sacándote información.

–¿Qué? –me hervía la sangre.

¿Cómo era posible?

¿James estaba usándome?

¿Alice estaba orquestando una investigación en mi contra?

–¿Es por la estafa, cierto? –intenté serenarme –desconfían de mí… pero, ¿por qué?

–Te tienen entre ceja y ceja.

Me temblaban las manos de tanta rabia que sentía.

–¡Hijos de puta! –chillé histérica, no podía con mi genio.

–Tu sobrino preferido también está metido.

–¿Edward? –me decepcionaba por completo su accionar.

Culpaba a Isabella por ello, de seguro lo influía en mi contra.

¡Perra!

Me arrebató mi mayor sueño, y ahora me arrebata a mi familia.

¿Cómo se atreve?

Bufé.

–¿Hace cuanto que me investigan?

–Ch, ch, ch –me silenció –Black les dijo que tú lo ayudaste, ¿puedes creerlo?

–Eso es imposible, Laurent, Jacob huyó hace mucho, desapareció del mapa.

–La joven Swan, Jasper Withlock y Edward fueron a Canadá a buscarlo. Al parecer lo encontraron, confesó y se fugó.

–No, eso no es posible, no, no, no –no podía ser.

Edward había viajado para resolver asuntos de la empresa hacía unos meses, mientras al mismo tiempo, Isabella se hospedaba en un retiro espiritual con Leah Clearwater.

¿O había sido todo una fachada?

–¿Estás seguro de lo que dices?

–¿Quieres ver la evidencia? –preguntó entregándome su teléfono celular –le saqué fotografía a todo, ahí lo tienes.

Era cierto.

Me habían engañado a la perfección.

–Pero tranquila, la confesión de Black solo es de palabra, y no hay nada grabado, no pueden comprobar nada de lo que ha dicho, es como un tonto rumor.

–¿Cómo puede ser que no supiéramos esto? ¿Cómo se nos escapó?

–Supongo que nos confiamos, cometimos un error, la estafa no fue tan simple como parecía.

–¿Cuánto tienen en mi contra?

–Detalles, nada que te comprometa completamente, te lo he dicho, debes estar tranquila.

–¿Seguro?

–Estoy seguro, revisé cada archivo.

–¿Hay forma de eliminar todo lo que tienen en mi contra? –quería asegurarme –por si acaso, ya sabes.

–Psss, con lo que tienen no pueden armar un caso en tu contra, es mínimo.

–Eso es un alivio –resoné mi cuello.

–No terminé, Victoria…

–¿Hay más?

–Tyler Crowley me reconoció la noche que entré en la empresa para borrar evidencias de ti en el ordenador de Black, no sé como sucedió, pero me ha señalado. Con él me tienen de las pelotas, Whitlock grabó una confesión.

–¿Quién diablos es Tyler Crowley?

–Un guardia de seguridad que trabaja en tú empresa, Victoria, ¿acaso no conoces a la gente que labura allí?

–Trabajan miles de personas en la empresa, mira si voy a reconocer el nombre de un simple seguridad –dije gruñona.

–Tienes razón.

–Elimínalo –ordené con liviandad.

–Eso hice esta mañana, querida –indicó con la mirada fija en sus manos –no soy estúpido, no dejo cabos sueltos.

Suspiré, con Crowley muerto, y sin evidencias claras en mi contra o de Laurent, estábamos a salvo.

–¿Seguro que Nomadic no sabrá que ingresaste a su apartamento?

–Estoy seguro, fui muy cuidadoso –se puso de pie –me conoces bien.

–¿Y la cinta con la declaración?

De su morral sacó una pequeña grabadora –sin la cinta –comenzó a destrozar el casete –estoy a salvo, nena.

–En algún momento descubrirán que no la tienen –analicé.

–Sí, pero hasta que lo hagan, tenemos la ventaja, mientras tanto, finge con James, y no cometas ni un solo error. Estamos en la cuerda floja.

¿Fingir que todo está bien?

Si le veía el rostro a James una vez más, lo mataría.

Estaba colérica.

.

Al cabo de un par de días

Alice POV

–¿Por qué me citaste, James?

–Quería hablar contigo –murmuró sonriente.

–¿Me citaste para hablar de qué?

–¿Tu esposo está de vuelta en casa?

Sí, había vuelto, ¿pero a él que rayos le importaba?

–¿A ti qué te importa? –me crucé de brazos molesta.

–Solo por chismoso…

–¿Entonces?

–¿Entonces qué?

–¿Qué querías decirme?

–Ah, sí –se movió a los lados –Victoria sigue actuando raro conmigo, algo le sucede, puedo sentirlo. Hace días que declina mis llamadas.

–Debe estar con mucho trabajo, no te preocupes.

–Ella jamás declina mis llamados.

–¡Oh, lo siento, señor importante!

–¡Es enserio, Alice!

–Pues no lo sé, mañana en la oficina fingiré que debo hablarle de trabajo para ver si descubro que le sucede, ¿okey?

–Sí –acarició mi cabello y lo deslizó detrás de mis orejas.

–¿Qué rayos haces, imbécil? –lo empujé, estaba sintiéndome muy incómoda.

–Nada, preciosura.

–No te desubiques, te lo pido por favor.

La última vez que nos habíamos visto, rozó mi mano al menos quince veces con intenciones sucias, lo conocía muy bien.

–Tu marido no lo sabrá, será solo una vez… ¿eh? ¿Una vez al menos? –lamió su labio inferior e intentó meterme dentro de su taller.

–¿Estás loco? ¡No! ¡Te lo he dicho en otras ocasiones, y lo repetiré, no engañaré a mi esposo, lo amo! –chillé rabiosa –Contigo siempre es lo mismo… me hiciste venir por nada, lo sabía –comencé a alejarme.

–¡Anda Alice, sé que me deseas aún! –exclamó mientras cruzaba la calle –¡Ya me diste un beso! –elevó su dedo índice –podrías darme otro.

Abrí la puerta de mi coche, James se dispuso a cruzar.

–¡Muérete, James!

–Nadie lo sabrá, Al –declaró antes de que un coche a alta velocidad lo levantara por el aire.

–¡JAMES! –grité desesperada.

El ruido del impacto fue horripilante, se oyeron sus huesos destrozándose.

–¡Oh por Dios, oh! –corrí hacia él, yacía en el suelo, le salía sangre por la nariz, y tenía un brazo torcido –¡Ayúdenme, por favor! –el coche había seguido como si nada hubiese sucedido –¿James? ¿James? ¡Mírame, abre tus ojos!

.

Mientras tanto en la sala de espera del hospital todo me daba vueltas, sentía que iba a vomitar.

¿James iba a morir?

Le había deseado la muerte segundos antes de que ese coche lo embistiera.

Sollocé.

–¿Por qué tuve que decirle eso? –me dije a mí misma, deseando cambiar ese momento.

¿Por qué el conductor no se detuvo?

¿Acaso fue algo adrede? ¿Querían herirlo?

Intentaba recordar su patente, pero mi mente estaba nubosa, estaba muy confundida.

–¡Alice! –la voz de Jasper me trajo tranquilidad.

–¡Oh, Jasp! –me desplomé en sus brazos.

–¿Estás bien?

Negué.

–¿Hablaste con los médicos? ¿Alguien te dijo algo?

–No, nadie me ha dicho nada –susurré con la voz quebradiza –¿Y si muere?

–Tranquila, estoy aquí contigo…

–Pero… si muere, lo último que le dije fue horrible…

–¿Por qué?

–Discutimos –expliqué sintiéndome culpable.

–¿Sobre qué?

–La verdad es que nos besamos hace unos meses –admití.

Jasper abrió los ojos como una lechuza.

–¡Al! –Bella se abalanzó sobre mí –¿Qué pasó? ¿Tú estás bien?

Se apareció en el peor momento posible.

–Sí, yo… yo…

–¿Cómo sucedió esto? ¿Detuvieron al conductor? –Edward me atosigaba con sus preguntas.

–Iré a ver si averiguo algo –Jasper se retiró con rapidez.

–Le dije que lo besé –estaba atónita por la forma en que estaba dándose todo, parecía un sueño, un horrible sueño.

–¿Qué? ¿Se lo dijiste ahora? ¿Justo ahora? –Bella me sacudió –¿En qué rayos pensabas?

–¿De qué están hablando? –Edward frunció el ceño sin comprender qué sucedía.

Me encorvé de repente y vomité todo lo que había almorzado.

Pasaban las horas, y no había noticias de James, nadie nos decía nada, los médicos nos ignoraban, sentía que algo andaba mal.

Estaba sumamente nerviosa, no podía pegar un ojo.

Bella estaba recostada en un sofá frente a mí, tenía la cabeza sobre las piernas de Edward.

–¿Qué pasa entre tú y Jasper? –Edward no se aguantó e hizo lo que esperaba que hiciera, indagar.

–Cometí un error.

–¿El error lo involucra a James?

–S–sí –tartamudeé sintiéndome una tonta.

–Joder, Al…

–No estás ayudando, Ed.

–Lo siento.

–¿Sabes si él sigue afuera?

–Estaba sentado en la puerta fumando hace como media hora. Calculo que seguirá allí –se encogió de hombros –deberías ir a hablar con él.

–Siento que me odia –confesé.

–Ve y pregúntaselo.

–¿Ahora?

–Ve y soluciona la mierda con tu esposo, Alice, sé adulta –refunfuñó.

Me puse de pie.

–Sí –me planté.

Salí fuera, Jasper estaba apoyado en una valla con un cigarro en mano.

–¿Cuántos fumaste? –observé en el suelo al menos cinco colillas.

–Necesito pasar el tiempo –indicó evitando mirarme.

Me temblaron los labios.

–Te lo oculté porque creí que me odiarías.

–Jamás te podría odiar, baby

–Te juro, te lo juro… no significó nada –deseaba que me mirase.

Asintió –dejemos esto así, Al, no es el mejor momento para hablarlo, cuando esta situación se estabilice, hablaremos en casa.

¿Hablarlo en casa?

No, Edward tenía razón, teníamos que resolverlo como adultos, y ahora era el momento de aclarar esta mierda.

La ansiedad me mataba.

–Ese beso no significó nada, él quería algo más, pero lo rechacé, lo rechacé muchas veces –expliqué –por eso discutíamos cuando el incidente sucedió… yo no quiero nada de él, no te cambiaría por nada, ni nadie Jasper Withlock.

Exhibió su sonrisa, lanzó a un lado el cigarro que fumaba.

–¿Me crees? –sujeté con fuerza sus manos.

–Sí.

–¿Me perdonarás?

Inhaló.

–Siempre, baby

–¡Pch, pch, muchachos! –un coche frenó a nuestro lado, eran Garrett y su esposa Kate –¿Hay noticias de James?

–Aún nada, no sabemos que sucede, pero lo ingresaron al quirófano hace cuatro horas.

–¿Cuatro horas? –Kate se sorprendió.

–Estaciónate por allá, hay un hueco –Jasper le señaló un sitio.

–Entonces –me dolió tragar saliva, tenía la garganta cerrada –nosotros, ¿estamos bien? –deseaba abrazarle.

–Sí –pellizcó mi mejilla.

Apoyé mi rostro en su mano.

–Debiste decírmelo antes –murmuró.

Tenía razón, fue un error ocultárselo en primer lugar.

–Lo sé, fui una tonta.

–Eres una hermosa tonta –dijo risueño.

–¡Vengan adentro! –Edward corrió hacia nosotros –¡James salió del quirófano!

Garrett y Kate apresuraron el paso para alcanzarnos.

Tomé al médico de la bata y lo zamarreé –¿Él está fuera de peligro?

–Por ahora está estable, veremos mañana como avanza.

–¿Por ahora?

–Tiene dos costillas fracturadas, eso le generó un colapso pulmonar, el brazo derecho tiene una fractura en el codo, y agreguémosle una fisura en el cráneo.

Tapé mi boca.

–¿Saben quién le hizo esto?

–No –negué –el conductor del coche siguió, no se detuvo a asistirlo, y la verdad es que no recuerdo la patente, estaba en shock cuando todo sucedió.

–Tengo entendido que usted es policía –apoyó su mano en el hombro de Jasper.

–Sí, así es, me encargaré personalmente de que esto se resuelva. Ya he alertado a la seccional correspondiente, ellos abrirán un caso. Si me permite, le sacaré fotografías a James de las heridas para presentar como evidencia.

–Claro, el señor Coven está en cuidado intensivos, acompáñeme –indicó.

–¿Cómo alguien puede chocar a otra persona y huir así? –Kate estaba indignada –la gente cada día es más cruel.

–Hay que tener cuidado con Victoria –interrumpió Garrett.

–¿Victoria? –Edward se sobresaltó.

–Si sabe que James está hospitalizado, querrá verlo… y si nos ve aquí, podría sospechar algo.

–Tienes razón –Bella asintió.

–Yo no me iré, no puedo dejarlo, tengo que esperar a que despierte –me sentía con la responsabilidad de hacerme cargo de él.

–No puedes quedarte con él, está en cuidados intensivos, no permiten acompañantes –Edward frotó mis brazos –tienes que ir a casa, descansar, y pensar positivo. Cuando despierte, nos avisarán.

Esa misma noche, Jasper me llevó a la estación de policía para declarar lo que recordaba del incidente.

–Recuerdo el color, era rojo, rojo como el vino.

–¿No vio al conductor?

–No, vi la parte trasera del coche, no tuve tiempo a ver a través del vidrio.

–¿Recuerda alguna letra o número de la patente?

–No –froté mi frente.

–¿Modelo del coche en cuestión?

–No soy buena reconociendo los modelos, pero se parecía al coche de Edward –le expliqué a Jasper.

–¿Un Bentley?

–Eso creo…

–¿El señor Coven dijo algo antes de perder el conocimiento?

–No, estuvo siempre inconsciente, jamás dijo una palabra.

–¿Tiene enemigos?

–No lo sé, no conozco en profundidad sus asuntos personales.

–Comprendo, hablaremos con los empleados del taller, quizás algún cliente insatisfecho quiso vengarse, hay que barajar todas las posibilidades.

Jasper asintió.

Antes de irnos, presentó las fotografías de las heridas de James, de reojo les eché un vistazo, me hicieron temblar.

Se veían mucho peor de lo que parecían al principio del incidente.

–¿Volveremos al hospital?

–No, vamos a casa, mañana a primera hora te llevaré a verlo.

–¿Podemos al menos dar una vuelta antes de ir a casa, para ver si despertó?

–Si hubiese despertado, nos habrían avisado.

–Necesito verificar que sigue estable, por favor.

–Bien, si lo necesitas, iremos –condujo de vuelta al hospital –aparcaré, tú ve a averiguar cómo se encuentra –me dejó en la puerta.

Estaba por ingresar, cuando observé con el rabillo del ojo un coche idéntico al que había atropellado a James.

–No puede ser.

Aceleró a toda velocidad cuando le clavé la mirada.

Corrí hacia Jasper –¡Jasp, ese coche, ese coche lo hizo!

–¿Qué hizo?

–¡Ese era el coche que lastimó a James!

–¿Segura?

–Cuando clavé mis ojos en él, aceleró a gran velocidad para alejarse de aquí…

–Vamos –apoyó su mano en mi cintura y fue empujándome hasta ingresar al establecimiento.

–Pero –persistí –¿Qué hay del coche?

–Si ese era quién lastimó a James por algo vino aquí, Al.

Detuve a una enfermera que cruzaba por el pasillo –¡Oiga, necesito saber si James Coven está bien!

–¿Quién?

–Está en cuidados intensivos, su nombre es James Coven, lo atropellaron esta mañana.

–Oh, lo lamento, no poseo información de ese sector.

Avancé, pero me detuvo.

–Señorita, es muy tarde, ahora no puede ingresar al sector, deberá hacerlo mañana por la mañana, el horario de visitas o consultas finalizó.

–Soy policía –Jasper sacó su placa –necesito verificar que el señor Coven esté a salvo.

–Entiendo, adelante.

Una vez allí, atosigué a una de las enfermeras que estaba de guardia.

–¡Necesitamos ver a James Coven!

–Señorita, cálmese, por el amor de Dios –la mujer estaba sumamente agitada.

–Alice, cálmate.

–¿Quién los dejó ingresar?

–Soy policía –repitió con la placa en mano –¿Alguien estuvo aquí visitándolo en las últimas tres horas?

–Un hombre vino a preguntar hace rato –dijo pensativa.

–¿Qué hombre?

–Dijo que era un amigo, y que quería ver como se encontraba el Sr. Coven, me pareció extraño, insistió en verlo, me ofreció dinero, pero lo rechacé y le pedí que se retirara.

–¿Cómo era el hombre? ¿Puede describirlo?

–Llevaba lentes de sol y gorra.

–¿Lente de sol por la noche?

–Sí, tenía un aspecto muy sospechoso.

–¿Dijo su nombre?

–No, no, solo dijo que era un amigo del Sr. Coven.

–Tendré que pedir custodia para James, esto se puso raro.

–Ah, el hombre era negro –aseguró luego.

Jasper se comunicó con la central para pedir custodia, el asunto se había vuelto dudoso.

Esperamos casi una hora a que la policía se presentara, una vez que dos oficiales se pararon frente a la puerta de James, nos quedamos más tranquilos y decidimos ir a casa a descansar.

¿Quién podría querer herirlo?; pensé.

.

Por la mañana

Al presentarme en el hospital, descubrí que, para mayor seguridad, la policía decidió pasar a James a una habitación exclusiva.

Me dejaron ingresar para hacerle compañía, pero aún no había despertado.

Tenía sueño, si había dormido una hora durante toda la noche, era alardear.

Apoyé mi cabeza en la camilla, al lado del brazo de James, cerré los ojos para descansarlos.

–¡Madre mía! –salté del susto cuando movió su mano –¡Despertaste! ¡Oh Dios, que alivio!

–Vic–c–to–Victor–

–¿Qué?

–Victoria –bisbiseó.

–Tranquilo, estás a salvo, estás en el hospital, los médicos te ayudarán, James, estarás bien, lo prometo.

–Ella—lo–hi–hi–hizo –sus ojos se entrecerraban.

–Un coche te chocó, estás en el hospital –traté de ubicarlo, parecía confundido.

–Yo la vi –insistió.

–¿Ella manejaba el coche? ¿Eso quieres decirme?

–S–sí.

–Oh fuck

.

Veinte horas antes

Laurent POV

Alguien tocaba el timbre con insistencia.

–¡Ya voy, joder!

Bajé las escaleras refunfuñando.

–¡Ábreme la puerta, Laurent! –era la voz de Victoria, sonaba enfadada.

Me apresuré para abrirle.

–¡Anda, déjame pasar de una vez! –se veía fatal.

–¿Qué diablos te sucedió?

–Hice lo contrario a lo que me dijiste que hiciese.

–¿De qué rayos hablas?

–No me aguanté y seguí a James, renté un coche.

–¿Lo seguiste y qué más…?

–¡Estoy furiosa con él, me traicionó, tienes que entenderme!

–¡¿Qué hiciste?! –la estampé contra la pared.

–Lo embestí con el coche –expuso agachando la cabeza.

–¿Lo mataste?

–No lo sé, no estoy segura –frotó sus ojos.

–¿Alguien te vio?

–Alice estaba allí, no creo que me haya visto, pero puede que haya ojeado la patente.

–¡Joder, tendré que resolver tu mierda otra vez, Victoria!

–¡No pude contenerme!

–¡Sí, me doy cuenta!

–James me miró a los ojos cuando le abalancé el coche.

–Si está vivo, te va a denunciar, ¡vas a ir presa por intento de homicidio!

–¡No!

–¿No? –reí –¡Sí, irás presa! ¡Declarará en una puta corte, y estarás frita!

–Si está vivo, lo silenciarás…

–¿Silenciarlo? –me auto señalé –Oh, no, cariño, yo no mataré a James, no cruzaré esa línea.

–¿No cruzarás esa línea? ¿Es broma?

–¡Te dije que no hicieras nada estúpido!

Inclinó su cabeza hacia mi pecho.

–Me encargaré de desaparecer el registro del coche alquilado –intenté tranquilizarla –y tendré que tantear la situación de James, si está vivo –esperaba que así fuera, no le deseaba el mal, habíamos sido grandes amigos –intentaré convencerlo de no hablar, quizás haga falta ofrecerle dinero, no lo sé.

–¡Si quiere dinero, se lo daré, pero que no abra la puta boca!

–Dame las llaves del coche, y ve a asearte a tu apartamento, luego dirígete a la empresa para fingir que todo está bien –ordené acompañándola fuera.

.

Veinte horas después

Jasper POV

LLAMADA ENTRANTE – DESCONOCIDO

–¿Hola? –respondí dudoso.

–¿Señor Whitlock?

–¿Quién habla?

–Soy la esposa de Tyler Crowley, él desapareció hace cinco días, lo reporté a la policía, pero ellos no han hecho nada, necesito que me ayude, sé que él estaba metido en algo con usted, los oí hablando hace unos meses.

¿Crowley había desaparecido?

–Recién encuentro su tarjeta con el número, ya que el teléfono de mi esposo desapareció con él. No tenía idea de cómo contactarlo… por favor, ayúdeme.

–Cuénteme que sucedió…

–Hace cinco días volví a casa por la tarde, y él ya no estaba, esa noche creí que habría salido con sus amigos a beber, pero a la mañana cuando no lo vi, me pareció extraño. Llamé a su mejor amigo, y no sabía nada de él, fui con la policía, pero me dijeron que era un hombre adulto y que debía esperar cuarenta y ocho horas.

–¿Y luego?

–Esperé, y volví a denunciar su desaparición, pero se burlaron de mí, me han dicho que él me abandonó, que debo dejar de buscarlo, ya que se contactaron con la empresa donde trabaja, y les dijeron que él había renunciado.

–¿Renunciado?

–Sí, tienen un e–mail que lo comprueba, pero no puedo creerlo.

¿Acaso Crowley se había fugado? ¿Pero, por qué lo haría?

–Lamente mi intromisión, pero, ¿su esposo tenía alguna aventura?

–¡No! ¡Él no era así!

–¿Y cree que alguien le hizo daño?

–¿En qué metió a mi esposo? –parecía estar acusándome de algo.

–¿Disculpe?

–Desde que habló con usted, lo noté temeroso. Sé que se metió en algo complicado, dígame que es, por favor.

–No puedo decirle, si a él le hicieron daño por lo que vio, usted tiene que mantenerse al margen.

–¿Qué es lo que vio mi esposo? ¡Dígamelo! –exclamó.

–No puedo decírselo, e insisto, no hurgue en el asunto. Yo haré lo posible para investigar esto, si se fugó, lo encontraré.

–¿Y si le han matado?

–Si le han matado, llevaré el caso ante la justicia –prometí.

Lloriqueó con tristeza.

–Por favor, ayúdeme a encontrar a mi esposo.

.

Garrett POV

Luego de colgar con Jasper, comencé a tener dudas.

¿Un hombre de tez morena, sin identificar, fue a visitar a James?

¿Acaso se trataba de Laurent? Por la descripción de Jasper al ver la cámara de seguridad, podía tratarse de él.

Si lo pensaba de forma benévola, quizás quería saber como estaba su compinche de la adolescencia, pero si lo sobre analizaba, había algo sospechoso en él.

¿Estaría de alguna forma vinculado al coche que lo atropello?

Según Alice, el coche que lo había embestido estaba esa noche ahí, y cuando ella le reconoció, se dio a la fuga nuevamente.

Las cámaras no captaron el vehículo, ya que se había aparcado fuera de la zona de visión.

La situación olía a podrido.

Tyler había desaparecido al mismo tiempo que James había sufrido el "incidente" con el coche a alta velocidad, ¿coincidencia?

–¿Kate, no notaste que la cerradura funciona mal?

–Sí, ahora que lo dices, hace unos días que mi llave se atora al entrar.

–¡Mierda! –le di una patada al cubo de basura.

Era obvio, alguien había forzado la cerradura.

¿Cómo no lo había notado antes?

–¿Qué pasa?

–¡Alguien estuvo aquí! –fui hasta mi oficina, di vuelta la habitación por completo, la grabadora con la confesión de Tyler Crowley había desaparecido –¡Hurgaron en mis cosas, lo presentía! ¡Victoria lo sabe, sabe que la estábamos investigando, Laurent estuvo aquí, se robó la declaración!

–¿Estás seguro?

–Sí, fue él, estoy seguro –encendí mi ordenador, revisé en mi sistema las entradas, tenía clave, pero sabía que Laurent era demasiado bueno y que, si deseaba hurgar en mis asuntos, lo lograría –Que hijo de puta…

–¿Qué harás ahora?

–Debo advertirles, todos corremos peligro.

–Lo de James no fue casualidad, ¿verdad?

–No.

–¡Oh, carajo!

.

Horas más tarde

–James no quiere declarar, tiene miedo –Alice caminó en círculos –cuando le dije a la policía que él había visto a quién lo había dañado, se hizo el bobo, y se negó a hablar, ella se saldrá con la suya como siempre… ¡intentó matarlo, joder!

–Intentó matarlo porque se sintió traicionada, creía en él, en sus halagos –Jasper se tiró sobre el sofá –analícenlo, hace días que lo sabe, pero no pudo aguantar la bronca, rentó un coche y siguió a James para controlarlo –prosiguió –cuando te vio con él, debió perder la cabeza.

–Estoy seguro que Laurent se encargó de Crowley –moví mis cejas hacia arriba –y debemos velar por James, ya sabemos que fue a verle también, ¿qué intenciones tendrá?

–¿Quieres decir que podrían intentar matar a James? –Edward se petrificó.

–Sí, eso creo, vio a Victoria, sabe que ella intentó matarlo, podría declarar en su contra, y ella estaría frita.

–La policía le pidió que declarara que vio, y mintió, dijo que no logró ver a quién conducía –contó Alice en detalle.

–Quizás eso lo salve –interrumpió Bella.

–Miren, no creo que les haga daño a ustedes, son sus sobrinos –señalé a Edward y Alice –pero los demás estamos en peligro –aclaré mi punto de vista.

Bella frotó su vientre.

–Quizás Jasper tenga más inmunidad por ser policía, pero Isabella, Kate, Jenks, James y yo, sabemos demasiado, nos metimos hasta la médula.

–Acabemos con esto –Edward se enderezó –no voy a dejar que les hagan daño.

–¡No podemos dejar que se salga con la suya, Edward! ¡Intentó matar a James, está loca! ¡Y solo Dios sabe que le sucedió a Crowley! ¡Esto solo comprueba que es culpable, que si participó de la estafa! –Alice estaba furiosa, su rostro estaba rojo, parecía que explotaría en cualquier momento.

–Shhhh, Al –Jasper tironeó de su brazo –estás a punto de explotar, tranquilízate.

–Es cierto, esto comprueba que es culpable, Ed –Bella asintió a las palabras de Alice.

–Si fue capaz de hacerle daño a James, que parecía quererle, imagínate lo que haría con Bella, o con Garrett –Edward se dirigió a su prima –Esto se acabó, elimina todo lo que tengas –me calvó la mirada –y hazte a un lado. Tomate unos días libres, váyanse con Kate de vacaciones, aléjense un poco de todo esto.

.

Bella POV

–¿Demetri? ¿Enserio? –fruncí el ceño.

–Sí, renunciará al puesto en la empresa, trabajará para nosotros, le pagaré un mejor sueldo –dijo mientras se acomodaba la corbata.

–¡Es una ridiculez, Edward!

–Confío en él, siempre ha sido impecable, y tiene un currículo impresionante, Jasper lo ha verificado.

–¿Hiciste que Jasper lo investigara, es enserio?

–Sé qué hará un gran trabajo, y que te protegerá.

–¡Es ridículo! –repetí –¡No necesito un guardaespaldas!

–Bajo las circunstancias que vivimos, sí, lo necesitas.

–Puedo cuidarme sola, además no le temo a Victoria.

–¿Quieres ir a darle un vistazo a James? –dijo con ironía.

–Ed…

–Si te pasara algo a ti, o al bebé, jamás me lo perdonaría. Esta es la única forma que encuentro para protegerte… déjame hacerlo. Demetri será silencioso, te dará tu espacio, y no interferirá en tus planes, solo estará mientras yo no esté, te hará compañía cuando lo necesites, y cuando no, se convertirá en estatua.

–¿En estatua, eh?

–Sí, ni lo notarás.

–No puedo creerlo –cerré mis ojos y bufé –está bien, aceptaré esto –lo hice para que sintiera que me protegía.

–Será hasta que todo este asunto se disipe –me dio un beso en el cuello.

Sonó el timbre –debe ser mi padre –murmuré.

Edward tomó su maletín –todo listo, vamos.

–Buenos días –exclamó Bree desde el coche.

–Hey –Edward la saludó chocando puños.

–Ten un buen día de trabajo –dije abrazándolo por detrás.

–Te amo –respondió.

Subí al coche de mi padre –¿Mamá ya sacó todas sus cosas de la casa?

–Aún no –aclaró Bree.

–¿Sabes a dónde se mudó?

–A un apartamento que es de su propiedad, en el centro, frente a la plaza Grand Army.

En cuanto Bree se colocó los auriculares, aproveché.

–¿Hablaron? –pregunté en voz baja.

–No, no ha respondido mis llamados. Pero hablé con Elizabeth, y me comentó que falleció tu abuelo.

–¿Afton?

–Sí, murió el día de la audiencia.

–¿Cómo no dijo nada?

–Ya la conoces, Bella.

–¿Fue a su funeral al menos?

–No, no se ha movido de Nueva York.

–¿Crees que sería prudente ir a dejarle flores?

–¿Tú quieres ir a dejarle flores?

–Pues… me da disgusto pensar que no volvimos a verle jamás, y que ahora ha muerto.

–Eras personas complicadas, Bella, además tenían una relación muy compleja con tu madre, a mí se me hizo imposible tratar con ellos.

–Recuerdo que Afton era amable, y que nos regalaba dulces a escondidas –reí sintiéndome nostálgica.

–Tenías cinco la última vez que lo viste.

–¿Enserio? –me asombró saberlo, en mi mente creí que era mayor.

–Marie, la madre de Carlisle le dejaba ir a su casa a visitarlos. Cuando tu madre se enteró, fue un escándalo.

–¿Mamá no quería que lo viéramos?

¿Qué había en el pasado de Reneé, que era tan terrible?

¿Qué ocultaba?

Siempre que se mencionaba algo de su pasado, se enfurecía.

–Tenía miedo de que ustedes quisieran tener contacto con Chelsea si la relación seguía. Por desgracia, Afton siguió con su esposa y jamás priorizó a Reneé o sus nietos.

¿Por desgracia?

–¿Cómo era Chelsea? –siempre me había intrigado saber por qué Reneé la odiaba tanto, y jamás había tenido la oportunidad de preguntarlo con la posibilidad de recibir una respuesta.

Tragó saliva, se aclaró la voz con incomodidad.

–Pues, la verdad es que era una mujer difícil, egocéntrica y egoísta –confesó –pero tu abuelo era una buena persona, era un buen hombre que no supo cómo resolver las disputas familiares.

Eso me remitía al matrimonio de mis padres, eran como un reflejo.

–Chelsea era –antes de proseguir lo interrumpí.

–¿Cómo es mamá?

–Pues ahora tu madre se parece a ella, sí –lanzó una carcajada, para luego denotar unos ojos llenos de tristeza.

–Papá –sujeté su mano.

–Prométeme que no serás como ella, Bella, que serás diferente, que vivirás al máximo tu vida.

–Lo prometo, papá –me temblaron los labios –¿Qué hacemos en mi apartamento? Creí que iríamos a la casa, que los ayudaría a ordenar.

–Tengo que buscar unas cosas que dejé –excusó.

–Oh, bien, te esperaremos en el coche.

–No, quiero bajar –Bree golpeteó mi hombro.

–Uf –bajé sin ganas.

–¿Entonces cuando nazca el bebé vendrán a vivir aquí? –consultó Bree cuando nos subimos al elevador.

–Sí, es la idea, mi apartamento es más grande.

–Tengo unas cajas en la habitación de huéspedes –señaló mi padre.

–No puedo cargar nada pesado, lo siento –me excusé rozándome la barriga.

Estaba a punto de sentarme en una de las sillas del comedor, cuando Bree lanzó un grito.

–¡Bree! –corrí a la habitación.

–¡Sorpresa! –exclamaron ambos en cuanto crucé la puerta.

–¡Ay! –me estremecí algo asustada.

Observé a mi alrededor, la habitación de huéspedes ahora se había convertido en la habitación de un bebé.

–¿Y–y es–es–esto? –dije con la voz temblorosa.

–Es para tu bebé –declaró mi padre.

–¿Ustedes hicieron esto?

–Con la ayuda de Emm, Ed y Leah –explicó Bree entregándome un osito de peluche –imagínate lo que fue ver a Emmett armar esa cuna.

¿Edward lo sabía?

¡Qué bien me lo había ocultado!

–¿Hiciste que Emmett ensamblara la cuna? –reí mirando a mi padre.

–No, Leah lo obligó.

–No tengo palabras para describir lo que siento en este momento, estoy –estaba a punto de llorar –feliz.

–Completarás la habitación con los regalos del Baby Shower –Bree dio unos saltitos entusiasmada.

–Gracias –les di un abrazo a ambos, me sentía bendecida al tenerlos.

Después de disfrutar un riquísimo desayuno, dejamos a Bree en la escuela.

–¿Quieres que te lleve a algún sitio? –consultó antes de acelerar.

–¿Tienes que ir a la empresa?

–Sí, pero te llevo a dónde necesites hija.

–Veré si Leah está disponible, y si es así, me dejas en su apartamento.

Para evitar quedarme sola, hasta que Demetri comenzara a trabajar como mi guardaespaldas, debía mantenerme acompañada.

Pasé todo el día en casa de Leah, comiendo chatarra, mirando películas románticas de los años noventa, y haciéndonos tratamientos faciales.

–Hay algo que no te dije –necesitaba confesarle lo que estaba sucediendo.

–¿Es algo grave? –se atajó.

–Victoria sabe que la hemos investigado.

–¡¿Lo sabe?!

–No sabía cómo decirte esto, pero… ella casi mata a James.

–¡¿Qué?! –chilló.

–Descubrió que él nos daba información en su contra, se volvió loca y lo atropelló, Alice estaba ahí con él.

–¿Él está bien?

–Ahora está estable, pero si lo vieras, te impresionarías, quedó muy golpeado.

–Oh, Dios mío.

–Tendré guardaespaldas –expulsé luego –Edward insistió, tiene miedo de que Victoria quiera hacerme daño.

–¿Por qué mierda no me lo dijiste antes?

–Yo solo quiero pasar tiempo sin pensar en toda esa porquería… quiero ser normal un día de mi puta vida.

Asintió.

–¿Podré ir a ver a James?

–Sí, claro que puedes ir a verlo, podemos ir juntas si quieres –ofrecí.

–Me gustaría visitarlo, darle mi apoyo.

.

Cuando anocheció, Edward vino por mí, llovía torrencialmente, el cielo estaba negro, parecía que iba a caerse.

–No puedo creer que me engañaras así, Masen –achiné los ojos.

–Logré escabullirme sin que te dieras cuenta… ¿eh?

–La habitación es perfecta –sonreí.

–Tu hermana y Leah se encargaron de elegir todo, yo solo ayudé a ensamblar los muebles. La decoración no es lo mío y quedó claro mientras organizábamos la habitación, mis ideas eran las peores.

Le di un beso en la mejilla –Aun así, te amo.

Se aparcó a un lado, me observa de reojo con perversión mientras apoyo mi mano sobre su pierna –¿Qué es lo que deseas?

–A ti –me sujetó de la nuca, se contrajeron los músculos de su brazo.

Desabroché su bragueta de forma juguetona.

Se acercó lentamente a mis labios, sentí su respiración agitada, me besó desaforado, eso me excitaba.

Suavemente deslizó sus manos bajo mi falda.

–Quiero besar cada pulgada de tu cuerpo, Bells –jadeó.

Deslicé mi boca hacia su erecta polla, le di una lamida al glande*.

–Mmmm –se estremeció.

La introduje en mi boca mientras frotaba sus testículos.

Mi lengua se deleitaba con el sabor de su lujuria.

¡Oh, que delicioso!

–¡Quiero follarte, quiero hacértelo, aquí y ahora!

–Con esta barriga no podré –lancé una carcajada –tendrás que aguantarte hasta llegar a casa, pervertido.

Bufó.

Una vez que llegamos, aparcó frente al apartamento.

–El coche quedó torcido –señalé desabotonando mi blusa, para dejar entrever mi sostén.

–¿Vas a seguir provocándome?

–Tal vez.

–¿Por qué?

–Porque quiero.

Al cruzar la puerta, me alzó en brazos, ambos estábamos empapados.

–Ahhhhh –chillé pataleando.

Me recostó sobre el sofá con cuidado.

Se quitó la camisa de un tirón, los botones saltaron por doquier.

Reí.

Con su boca deslizó mis bragas hacia abajo.

Mi coño se contrajo, estaba húmeda, muy húmeda.

Sin preservativo, introdujo su polla en mí.

–¡Sí, Edward, oh, sí!

–¿Dime cómo quieres que te lo haga, pequeño cisne? –echó a cabeza hacia atrás.

–Duro, bien duro –exigí acalorada.

Sus manos bajaron por mi trasero, apretándome con fuerza.

Sus ojos me transmitían un apetito voraz.

Me embistió una y otra vez, penetrándome con dureza y constancia.

Dentro, fuera, dentro, fuera…

¡Que placentero!

Dejé escapar un grito estrangulado de puro placer.

Le clavé las uñas en los hombros, mientras sentía sus fluidos derramándose en mi interior.

Extendió su mano sobre mi pecho –Una delicia –suspiró profundamente.

Acaricie su rostro, mis dedos bajaron hasta su barbilla –Te está creciendo la barba.

–¿No te agrada?

–Sí, me agrada –confesé mordiéndome el labio inferior.

¡Estaba tan guapo!

Le sonreí tímidamente.

–Hermosa, grrrrr –me pellizcó los pezones entre gruñidos.

–¡Ouch, los tengo sensibles! –golpeteé sus dedos para alejarlos.

–Por eso te los pellizco –dijo sádicamente.

–¡Hey, tontuelo!

–Iré por un poco de agua, ¿quieres algo?

–Uf, sí, últimamente siempre tengo hambre, tráeme algún snack.

–Es culpa de ese niño travieso –con su dedo índice golpeteó mi vientre, luego apoyó con curiosidad su oído sobre él –¿me oyes, pequeñín?

–Sí, claro que te oye…

–Ansío conocerte, mi pequeño campeón.

Sentí unas leves pataditas al costado de mi barriga.

–¡Se ha movido!

–¡Sí!

.

Al mismo tiempo

Charlie POV

–¿Bree, estás en casa? –detrás de mí, ingresó Emmett, dejó el paraguas apoyado a un lado, fuera llovía torrencialmente.

–¿Y esas cajas?

–Deben ser de tu madre –respondí encogiéndome de hombros.

–¿Bree no está? –dudó metiéndose en la cocina.

Sobre el sofá estaba la mochila que había llevado a la escuela.

–Sí, debe estar en su habitación –me dirigí por el pasillo, golpeé la puerta –¿Hija, estás?

–Pa –abrió sigilosamente.

–¿Qué pasa?

–Mamá estuvo aquí hace minutos, se llevó unas cosas, dijo que volvería por el resto luego, me encerré en mi habitación para que no me molestara, comenzó a ponerse pesada.

Froté mi cuello, estaba sumamente tensionado.

–Uf, bien.

–¿Por qué estás ahí atrincherada? –Emmett le abrió la puerta de un sopetón.

–Que delicado eres, Emm –dijo ella bufando –mamá estuvo aquí, vino por unas cosas.

–Ah

–¿Para qué viniste?

–Para cenar –gesticuló con sus manos como si comiera –¿acaso me seguirás reclamando por la audiencia?

–Te pusiste del lado de mamá…

–Yo solo intento que todo esté en calma, Bree.

–Por favor, no quiero peleas –supliqué harto.

–Ayudé con la habitación del bebé de Bella, creí que eso sería suficiente.

–¿Suficiente para qué? ¿Para pedir perdón? –Bree no se detenía –me dijiste cosas horribles, juzgaste a Diego sin conocerle realmente, y encima de eso, apoyas la actitud de mamá… te has vuelto un tonto.

–De seguro estás en tu período, te dejaré sola –manifestó volteando.

Bree le lanzó su chinela*.

–¡No!

–Ay, creo que tu chinela de conejo me ha quebrado la espalda, que dolor –murmuró Emmett sarcásticamente.

–¡Son hermanos, aún somos una familia! ¡Tienen que respetarse! ¡Ambos deben pedirse perdón por haberse lastimado! ¡Sean maduros, y háganlo de una vez!

–¿Quién eres? –cuestionó Bree confundida por cómo reaccioné.

–Estoy cansado, es todo…

Emmett frunció los labios –me gusta como hablas, el divorcio te sentó bien.

¿Acaso estaba elogiándome?

Se oyó la puerta del frente, de seguro Reneé estaba en la casa.

–Quédense aquí y charlen, pero sin arrojar objetos –amenacé clavándoles la mirada.

Desde el pasillo hasta la puerta de entrada, el camino se me hizo eterno.

–¿Te ayudo? –me acerqué por detrás.

–No toques mis cosas, Charlie, ya suficiente con haberme quitado a mi hija –reprochó evitando mirarme.

–¿Quitarte a tu hija?

–Ajam

–Yo no te quité nada, Reneé, tu hija está mal, siente que su madre no la quiere, no la valora, y arruina su futuro.

–¿Arruinar su futuro? ¡Quiero lo mejor para ella! –volteó rabiosa.

–Entonces déjala vivir, Reneé, déjala vivir en paz, déjala elegir.

–¿La has dejado ver a Diego?

–¿Qué?

–Me entendiste muy bien –apretujó sus dientes.

–Ella no ve a Diego desde el escándalo que tú armaste…

–Escandalo, escandalo –repitió –tú, y esa psicóloga que me señalaron como la villana de la historia.

–Tarde o temprano te darás cuenta de tus errores, Reneé, lo que espero –dije con total sinceridad –que lo descubras a tiempo para lograr recuperar la confianza de tus hijas.

–¡Le confesaste a tu abogado temas privados que expuso en la corte! ¿Cómo pudiste, Charlie? ¡Te haces el inocente, y solo quieres verme hundida!

–¿Verte hundida? Jamás te desearía el mal, Reneé, yo te amé… siempre te amé –me aguanté las ganas de llorar, debía mostrarme fuerte.

–Si pudiera volver el tiempo atrás, cambiaría todo…

¿Volver el tiempo atrás?

–¿Ah, sí? ¿Qué harías? –analicé las probabilidades –¿Besarías a Carlisle antes que Esme? ¿Lo convencerías de que eres un mejor partido? ¿Eso harías?

Me hallaba colérico.

–Fuiste muy lenta, Reneé, dejaste que tu perfecto amor se escapara con una niña de preparatoria –ratifiqué –Esme te arrebató lo que más deseabas, el amor de Carlisle y su dinero.

–¡No seas cínico!

–¿Volverías para rechazarme? ¿Para eso volverías? –la presioné –tú madre tenía razón, te quedaste con las sobras, te conformaste.

Yo era la sobra con la que se había conformado.

Eso me destrozaba por dentro.

Sentía que todo lo nuestro había sido una mentira.

Que mi amor no había valido nada.

–¡Vete al carajo, Charlie!

–¿Por qué no vuelves al momento en que intentaste aborta a nuestro hijo y terminas el trabajo? ¡Así no tendrías que sentirte atada a mí!

Quizás si no hubiese quedado embarazada, lo nuestro con el tiempo se hubiese desvanecido.

–Debí haberlo abortado, sí.

Estaba sin aliento, sentía como si se me parara el corazón.

–¿De qué mierda están hablando? –Emmett estaba escuchándonos de cerca, paralizado, mirándonos con la boca abierta.

–No quise decir eso –Reneé se cubrió la boca, horrorizada.

–¿Ibas a abortarme?

–Yo era muy joven, y tenía miedo, pensé que –intentó explicarse.

–¿Pensaste en abortarme o intentaste hacerlo?

Ella negó.

–¡Contéstame!

–Lo hice, pero no funcionó, las pastillas no surtieron efecto.

Confesó la verdad.

–Okey, okey –se repitió a si mismo cerrando los ojos.

–Emmett –lo sujeté del brazo para tranquilizarlo, podía ver la decepción en sus ojos.

–Era joven, Emm, compréndeme, no me sentía preparada para tener un hijo, por eso lo hice.

Emmett POV

–No te juzgo por la decisión de aquel momento.

¿Cómo podría juzgarla?

Yo la comprendía, era joven, estaba estudiando, tenía una carrera universitaria en sus hombros, tenía sueños, metas, y seguramente todo tambaleó, cuando supo de mi existencia.

Pero decir que ¿"hubiese preferido no tenerme"?

–Yo te juzgo por lo que expresas ahora, madre, haz dicho que te arrepientes de haberme tenido, que debiste abortarme, preferirías que no existiera, eso es fuerte.

–Yo no quise lastimarte, estaba discutiendo con Charlie, y–y–y– tartamudeó –yo solo quería herirlo a él, pero lo que dije, no es cierto, no cambiaría la vida que tuve con ustedes –una lágrima recorrió su mejilla.

¿Por qué siempre quería herir a mi padre?

¿Era tan infeliz a su lado?

Quizás por ellos y su relación disfuncional, yo tenía tantas inseguridades a la hora de pensar en el matrimonio.

–Lo juro, eres mi niño mimado –se acercó.

–¡Eres una mentirosa, una manipuladora, eres una persona espantosa! –vociferé.

–¡Hijo, espera, está diluviando fuera! –me persiguió perturbada.

Toqué el botón del elevador con insistencia, deseaba irme, deseaba desaparecer.

–¡Hijo!

–¡No! –volteé –siempre nos lastimas, con tus palabras, con tus acciones. He intentado protegerte de todo, de todos, hasta de ti misma, pero estoy exhausto, estoy harto, no puedo justificarte más, tienes que frenar.

–Yo no quería herirte, cariño.

–Pero admitiste que querías herir a papá…

De su boca no salió ni una palabra, no sabía cómo justificarse.

–¿Carlisle Cullen? ¿Enserio? –elevé mis cejas –No me lo esperaba, te lo tenías guardadito, ¿eh?

Hurgue en su herida, como un puñal.

.

Conduje sin rumbo, me sentía agobiado.

Necesitaba desahogarme, necesitaba sentirme sostenido.

Mi mente rápidamente pensó en Alec, pero no podía ir con él, no después de ignorar lo que sucedió entre nosotros.

Llamé sin titubear a Edward, pero no respondió.

Insistí.

Le dejé un mensaje en su contestadora –Por favor cuando oigas esto, llámame, tengo un problema.

Esperé uno minutos en el coche, apoyé mi frente sobre el volante.

La lluvia no cesaba.

–A la mierda –murmuré dirigiéndome al apartamento de Alec, tenía que enfrentarlo, no podíamos seguir fingiendo que el beso jamás había sucedido.

Chinatown

–¿Emmett? –se sorprendió al verme desde la ventana.

–¿Puedo pasar?

–Umm, sí.

BIP BIP BIP

Empujé la puerta, subí por las escaleras hasta su piso.

–Lamento molestarte, pero necesitaba hablar con alguien, y estoy muy solo –admití al verle en la puerta de su apartamento, con una blusa vieja y rasgada.

–No me molestas –mordió su labio inferior, mientras frotaba sus manos con intranquilidad.

–Sé que tú… bueno… que tú estás, pues –no sabía cómo decirle que comprendía y aceptaba que él estuviese interesado en mí, de forma romántica.

Hacía tiempo debí aclararlo, pero no sabía cómo hacerlo, tenía miedo de enfrentar sus sentimientos, y los míos.

–Tranquilo, Emm, no tenemos por qué hablar de ello, todo este tiempo pudimos evitarlo –afirmó con la mirada baja –yo me equivoqué al besarte –se hizo a un lado para que entrase.

Su tapete estaba inundado de agua, mi ropa goteaba sin parar.

Me sacudí antes de entrar, y colgué mi chaqueta en la manija de la puerta.

–Quiero aclararlo, porque no puedo seguir fingiendo que jamás sucedió.

–Bien.

–No puedo corresponderte, lo siento Alec, de verdad.

–No tienes que disculparte por eso, por favor.

–¡Fuck! –su gato me espantó al saltar desde un estante, hacia mi pecho.

–¡Gatsby! –tomó al gato y lo colocó en el suelo –lo siento, él solo intenta reconocerte.

–Creí que iba a arañarme…

–Nah, Gatsby es un santo.

–Mira, la verdad es que, si me gustaran los hombres, me interesaría en ti, eres un muchacho increíble –confesé, parecía complacido con mis palabras –pero, me atraen las mujeres, y no puedo verte de esa forma.

–Lo sé, lo sé.

–No quisiera perder tu amistad, eres importante para mí.

–No me perderás, Emmett, tranquilo.

–Y perdóname por huir del tema, fui un tonto.

–¡Ja! –lanzó una carcajada –no quería presionarte a hablar, porque te conozco y sé que te cuesta hablar de los sentimientos ajenos y propios.

–Me conoces muy bien.

–¿Una toalla? –tardé en darme cuenta de que aún estaba mojándole todo el suelo.

–Me vendría bien, sí.

Hurgó en su armario, me lanzó una toalla, olía a fresias.

–¿Con qué lo lavas?

–Jabón –se sentó en una banqueta de la cocina –¿quieres sentarte?

Negué.

–He tenido una tarde muy mala, y la primera persona en quién pensé para sentirme a salvo, consolado, fuiste tú, ¿crees que eso es extraño?

–No, claro que no.

Me alegraba que aún fuéramos amigos.

–¿Y qué hizo que tu tarde fuera tan mala?

–Mi madre intentó abortarme cuando adolescente, pero al parecer las pastillas que ingirió no surtieron efecto.

–Oh, ¿y cómo supiste eso?

–Oí discutir a mis padres, salieron muchos trapos sucios a la luz, entre ellos, el aborto que salió mal.

–Bueno, saber eso es fuerte, pero debes pensar que ella te ama, Emmett, eres su niño mimado ahora.

–Eso es lo que ella dijo –reí con ironía –pero oí demasiadas cosas, Alec, cosas que jamás imaginé que oiría.

–Ya los has oído pelear antes, no deberías sorprenderte.

–Sí, pero esto –coloqué mis manos como si hiciese una plegaria –esto es lo peor que he oído.

–¿Qué es lo que oíste que te molestó tanto?

–Mi madre estaba enamorada de Carlisle, ¿puedes creerlo?

–¿Cullen?

–Ajá.

Se quedó sin palabras.

–Es muy loco, digo –hice una pausa –por un momento pensé, ¿debería quedarme a oír esto? Pero no podía dejar de oírlos, lo que mi padre decía era una locura, ¿comprendes?

–Sí, entiendo, como un chisme nuevo.

–¡Eso, como un chisme nuevo! –exclamé –mi padre diciéndole que debió quedarse con Carlisle, fue como ¿QUÉ?

–Eso debió ser fuerte de ver y oír, pero ¿eso es lo que te molestó? –recalcó –¿Qué tu madre estuviera enamorada de Cullen?

–No, lo peor fue cuando admitió que se arrepentía de haberme tenido.

–¿Tu madre dijo eso?

–Sí, así es –saqué de su refrigerador una lata de cerveza bien fría.

–Estás mojado, podrías quedarte pegado al refrigerador.

–Sí, lo sé, lo siento –hice una mueca con mis labios.

–Entonces, retomando el tema, ¿eso te lo dijo a ti?

–Se lo dijo a mi padre, confesó que volvería el tiempo atrás para cambiar todo.

–¿Pero dijo específicamente que se arrepentía de tenerte?

–¡Sí, lo dijo, Alec, literalmente expresó que debió haberme abortado!

Recordé sus palabras.

–En el enfado, las personas a veces dicen cosas que no sienten.

–Ella dice muchas cosas, Alec, muchas cosas hirientes, y estoy harto de dejárselas pasar.

–Si no quieres dejárselo pasar, está bien, pero tienes que comprender que…

–Sí, lo sé, que las personas cuando están enojadas dicen cosas que no sienten –le imité.

–¡Ja, te haces el gracioso!

–El asunto es que mi padre comenzó a escupir una catarata de mierda increíble, y válgame Dios, no sé en qué terminará esto. Estoy seguro que es la primera vez que discuten por el pasado de esa forma. Tendrías que haberlo visto, explotó y no se guardó nada, en algún punto estaba orgulloso de él.

–Parece una telenovela melodramática –Alec tenía razón, no podía ser más absurdo.

–Sí, y es vergonzoso –le di un sorbo a la cerveza.

–Mejor sin alcohol –me arrebató la lata.

–¿Por?

–Ya sabes cómo acabó la vez anterior –se sonrojó.

–El problema es cuando tú estás borracho, no yo –me auto señalé.

–No quisiera tener la tentación de aprovecharme de ti.

Reí.

.

.

Año 1984

New Hampshire

Reneé POV

–Vamos a invertir en su proyecto –afirmó Anthony, padre de Carlisle –les daremos el dinero que necesiten.

¿Nos iban a auspiciar?

¿Era cierto?

–¿De verdad? –Elizabeth apretujó mi mano –Será real, al fin nuestra idea se hará.

–Gracias papá, no los decepcionaremos –Carlisle lo rodeó con sus brazos.

–Han tenido una gran idea, y creo que tienen las capacidades para afrontar un negocio juntos –comentó Marie.

Todavía nos faltaba convencer a los padres de Charlie para invirtieran en la empresa que planeábamos fundar, pero me ablandé al saber que con el dinero que los Cullen nos dieran, al menos podríamos comenzar.

–¿Reneé? –Carlisle me miró atónito.

–¿Por qué me miras así?

–¿Te has orinado?

Miré hacia abajo, había roto bolsa.

¿Cómo no me había dado cuenta?

–Ay, ay –me desesperé.

–Tranquila, tranquila –Marie se levantó de la silla cuidadosamente –iremos al hospital, con calma, y el pequeño nacerá en perfecto estado.

–Sí, sí, uf, uf

–¡A moverse, todos arriba! ¡Charlie, ve por tu coche! –ordenó tomando el liderazgo del asunto.

–¿Va a nacer, ahora?

–¡Sí, ahora va a nacer! –respondió Elizabeth sacudiéndolo –¡Apresúrate!

–Mi médico está en Nueva York –interferí.

–Pues, te atenderá otro médico, mi cielo –Marie me acompañó hasta el coche –inhala 1,2,3… exhala 1,2,3…

–¿Vienes conmigo?

–Si así lo deseas, claro.

–Sí, por favor –me aferré a su mano.

.

El parto fue largo y doloroso, estaba segura de que no volvería a pasar por lo mismo dos veces.

Ni en sueños pensaría en tener otro niño.

Ya era suficiente con tener a Emmett, suficiente y hasta demasiado, diría con franqueza.

No sentía que fuera a ser una gran madre.

En cambio, Charlie, se veía feliz, dichoso, él si sería un increíble papá.

Verlo con el bebé me hizo replantearme muchas cosas.

Aunque, olvidar a Carlisle me era imposible, sabía que al lado de Charlie podría sentirme plena, él era una gran persona, me amaba y amaba a nuestro hijo, ¿qué más podía desear?

–Estoy orgulloso de ti –murmuró besándome la frente.

Me rodeó con sus brazos, podía sentir como intentaba acunarme, frotando mi espalda con la yema de sus dedos.

Cerré mis ojos y me relajé.

Soñé con un prado, un hermoso prado florecido.

Allí estaba una pequeña niña jugando, correteando.

–¿Quién eres? –pregunté intentando ver su rostro, que estaba difuso.

–¿Quieres jugar?

–¿Yo?

–Sí, tú.

–Pues…

–¡Anda!

–Bueno –corrí detrás de ella, la brisa rozaba mi rostro, me sentía liviana, como si flotase.

Denoté que mis pies no tocaban el suelo.

–¿Estoy volando?

–¡Estamos volando! –exclamó ella a mi lado, sujetándome la mano.

–¿Quién eres? –necesitaba saber, quería saber –por favor, dímelo, ¿cómo es tu nombre?

–Isabella –murmuraron sus labios con dulzura.

Los alaridos de Chelsea me hicieron saltar del susto.

–¡Ay mujer!

–¿Dónde está el bebé? ¡Quiero verlo, quiero verlo! –insistió fastidiándome con su voz chillona.

–Ahí –señalé la pequeña cuna a un lado de mi cama.

–¡Oh, mira que pequeñito! –mi padre lloraba a mares.

–Bueno, tan pequeñito no es… seguro debió dolerte, Reneé –detuvo Chelsea.

–Sí, fue doloroso –respondí.

–Reneé, Reneé, Reneé –apoyó su mano sobre mi hombro, el estrés que me proporcionaba esta mujer, era increíblemente alto.

Evité mirarla a los ojos.

–Afton, ve a buscar a Charlie, quiero felicitarle –indicó sonriente.

Esa sonrisa era más falsa que el beso de Judas.

En cuanto mi padre cruzó la puerta, de su boca salió una víbora venenosa.

–Si hubieses tenido un bebé con Carlisle, el niño hubiese salido rubio y de ojos claros –expuso.

–Pero no tuve un bebé con Carlisle, tuve un bebé con Charlie –respondí mientras alzaba en brazos a Emmett que lloriqueaba.

–Fuiste una tonta al dejarlo ir… ¿cómo se te pudo escapar?

Insistía una y otra vez con lo mismo, estaba harta de sus planteos.

–Lo positivo de Charlie es que su familia también tiene dinero, al menos no te morirás de hambre con un pulgoso.

–Lo positivo –reflexioné –es que me ama, y ama a nuestro hijo –la furia comenzaba a apoderarse de mí.

–¿Al final decidieron ponerle Emmett? –leyó la cinta que le colgaba del pie.

–Sí, así es.

–¿Por qué no eligieron el nombre que sugerí?

–Porque no nos apetecía el nombre que sugeriste.

–El que sugerí era mejor que "Emmett"–encomilló sacando la lengua –ese nombre es ridículo, ¿de dónde lo sacaron?

–Lo leí en un libro.

–En un libro para tontos, de seguro.

–Por favor, te pido que me respetes, que respetes el momento que estoy viviendo.

–Reneé, siempre victimizándote… Yo solo quiero lo mejor para ti, por eso soy sincera, para ayudarte a mejorar.

¿Lo mejor para mí?

¡Sí, claro!

–Todo lo que sale de tu boca es mierda, así que, te pido que dejes de hablar –supliqué respirando hondo mientras Charlie cruzaba la puerta.

–Aquí está el papá orgulloso –Afton palmeó su espalda.

–Veo que conocieron al señorito Emmett Swan –musitó él.

–La verdad es que no es tan bonito como creí que sería –manifestó Chelsea con total malicia.

–¿Qué acabas de decir? –sus palabras me daban asco.

–Lo–lo sien–siento –Afton se sintió avergonzado por sus dichos.

Apoyé cuidadosamente a Emmett en la cuna.

–Lo siento, pero es cierto, soy sincera.

–¿Sincera? ¡Ve a sincerarte a otro sitio! ¡Vete! ¡Vete de aquí! ¡Y no quiero verte jamás! ¡No quiero que te aparezcas en mi vida, ni en la de mi hijo! ¡Eres una persona espantosa! –chillé lanzándole la jarra con agua.

–¿No quieres verme más? –retrucó cruzándose de brazos.

–¡Vete de aquí y no vuelvas a aparecerte en mi vida!

Charlie estaba inmóvil, pasmado.

–¡Reneé, cálmate! –mi padre me sujetó de ambas manos –ya conoces a tu madre, sabes como es, tienes que ignorar sus comentarios.

¿Ignorar sus comentarios?

–¡Tú siempre la justificas, te odio!

–Hija, por favor, disfrutemos de este milagro –observó al bebé.

–¡Vete, estoy harta de ti, de tu sumisión, me das asco! ¡Váyanse ambos!

Ya no aguantaba más.

Anhelaba el día en que mi padre se rebelara contra Chelsea, pero eso parecía ser imposible, después de tantos años de abuso, ya tendría que haber despertado.

¿Por qué la amaba tan ciegamente?

Debía dejarlos ir a ambos.

Si le permitía a él estar en mi vida, ella se metería constantemente, lo sabía porque era lo que había sucedido todos estos años.

Afton agachó la cabeza y se fue en silencio.

En cambio, mi madre elevó su barbilla con una actitud altanera.

–Ya verás, al final, todas nos convertimos en nuestra madre, Reneé, y aunque te pese, yo soy tu madre, te crie.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo.

–Te pareces más a mí de lo que crees –agregó luego.

.

.

.

*Chinela, calzado sin talón, de suela plana y delgada, generalmente ligera y abierta por la punta, que se usa por lo común dentro de casa.

*Glande, o la cabeza del pene, tiene significativamente más nervios que el resto del miembro.