Capítulo 23
Bella POV
–Permítame, no debería hacer esfuerzo –Demetri me arrebató una caja de las manos.
–¡Hey, no está tan pesada, son solo unos cuantos globos desinflados!
–De igual forma, déjeme hacerlo a mí, señora Swan.
Reí al darme cuenta que me había dicho ¡SEÑORA!
–Podrías seguir diciéndome, ¿señorita? –coloqué mis manos como si hiciese una plegaria –no me digas "señora", me hace sentir una anciana.
–¡Ups!
–Y hasta podrías tutearme…
Ya habíamos compartido dos semanas juntos, pasaba más horas con él que con cualquier otra persona, estaba siempre a mi sombra. Al principio creí que me incomodaría su presencia, pero fue todo lo contrario.
No me costó acostumbrarme a él, Edward tenía razón, era sigiloso y se mantenía al margen cuando debía.
–¿Tutearla? –dudó –usted es mi jefa, no debería.
–Edward es tu jefe –clarifiqué.
–Bueno, sí, en teoría.
–Mira, llámame como a ti te sea más cómodo –no deseaba presionarlo, todo debía darse de forma natural –pero "señora", ¡no!
Leah tocó bocina desde la vereda de enfrente.
–¿Necesitas ayuda cumpleañera?
Reí.
–Solo nos falta buscar el pastel, ¿quieres ir a retirarlo?
–¡Sí, voy a retirarlo, te encuentro en el salón en poco! –me guiñó un ojo.
Una vez en el coche, noté que Demetri actuaba extraño.
–¿Hay algo mal? –se metió por un callejón –¿Demetri? –comencé a asustarme.
–Alguien nos estaba siguiendo.
–¿Seguro?
–Sí, estoy seguro.
–¿Lo perdiste?
–Eso creo –volvió a adentrarse en una calle principal.
Al llegar nos encontramos con Bree y Ángela que ya casi habían acabado de decorar.
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–Oigan, traje unas cosas, pero por lo que veo, no necesitaban mi ayuda con esto…
–¿Qué trajiste? –Bree revisó las cajas que Demetri dejó a un lado –¡Uy, sí, esto me gusta! ¿Me ayudas a colgar las guirnaldas, fortachón?
–¿Me has llamado fortachón?
Hizo una mueca con sus labios –¡Ja, sí!
–No, su empleo no es colgar guirnaldas, Bree, déjalo tranquilo, ya tiene suficiente –frené a Demetri.
–No me molesta ayudar, señorita –aclaró ofreciéndose.
–Estás abusando de su amabilidad –clavé la mirada en Bree.
–Es el único hombre, hay que aprovecharlo…
–¿Y Edward? –Ángela frotó su barbilla.
–Había un problema con un inversor, tuvo que ir a la oficina, Victoria lo llamó esta mañana e insistió en una rápida resolución, no pudo decir que no.
–Con razón Kate me avisó que llegaría tarde a la fiesta, debe estar resolviendo eso.
–Kate llegará a tiempo, hace como quince minutos, Ed me envió un mensaje diciéndome que ya habían acabado, aunque se tardará un poco más, ya que debe pasar a buscar a Marie y Anthony Cullen.
–¿Cómo te has sentido estos días?
–Muy bien, estoy tranquila –acaricié mi vientre.
–Por cierto, Diego agradece tu invitación, pero no vendrá.
–Sí, imaginé que no vendría.
–Es que vendrá tu madre, y pues… ya sabes…
–Lo sé, lo sé, no tienes que explicármelo.
–No quiere problemas, lo que vivió fue horrible, y no quiere que se repita.
–Lo entiendo completamente, Ángela.
–Bree me da mucha lástima –tragó saliva adolorida –cuando llegué vi sus ojos iluminados, estaba desesperada buscándolo detrás de mí, esperando verlo, me rompió el corazón.
–Bueno, la realidad es que ambos necesitan tiempo paras sanar sus heridas.
–Sí, es cierto.
–¡Feliz cumpleaños, hija! –mi padre se apareció –traje un regalo para ti, y otro para mi nietito.
–No debiste, papá, ya hiciste suficiente.
–Chs –chistó –son solo unas boberías –me entregó dos paquetes.
Sonreí.
–Bien, bien.
–¿Invitaste a tu madre? –cuestionó algo incómodo.
–Sí, pero no respondió la invitación, seguramente no vendrá. Además, no he sabido nada de ella.
–¡Bella! –Alice chilló al verme –¡Que los cumplas feliz, feliz, feliz! ¡Que los cumplas feliz, feliz, feliz! ¡Tus treinta años están aquí! –cantó.
Me avergoncé.
–¡Al, ya basta! –puse mi mano sobre su boca.
–¿Qué? ¡Cumples treinta, debes gritarlo, nena!
–¡Qué vestidito! –la hice girar, llevaba un vestido rojo con escote corazón, y falda tubo por debajo de las rodillas.
–Es nuevo, lo compré porque aumenté de peso, nada me entra –susurró en mi oído.
–Deben ser los nervios, Al, por todo lo que sucedió con James.
–Sí, me doy atracones de comida, no puedo evitarlo.
Alice había sufrido bulimia* en la etapa de la adolescencia, debía tener mucho cuidado con sus hábitos alimenticios.
–Ahora que veo a Demetri, no sé si ya lo sabes…
–¿Saber qué?
¿Debía preocuparme?
¿Jasper había descubierto algo malo?
–Está saliendo con Jane –me codeó.
–¿Jane Vulturi, tu asistente?
–Sí, se delataron hace tres días. Tuve que quedarme hasta tarde, tenía mucho trabajo atrasado, y Jane obviamente me ayudó. Cuando salimos, me ofrecí a llevarla a casa, pero ya había alguien esperándola fuera.
–Demetri, ¿ha que sí?
–Él estaba con la ventanilla baja, lo reconocí al instante.
–¿Pero los viste besándose? ¿O solo viste que ella se subió a su coche?
–¡Los vi besuqueándose!
–¡Mira, que loquillos, no me los imaginaba!
–¡Ni yo… fue toda una sorpresa!
–Me alegro por ellos, ojalá les vaya bien.
–¡Ah! –algo vino a su mente de golpe –mi madre nos invitó a cenar a su hogar la otra noche, y fuimos encantados, ¿adivina quién estaba allí cuando llegamos?
–¿Victoria?
–Victoria –realizó una arcada.
–Ouch, mierda.
–Sí, tuve que fingir, pero por dentro estaba rabiosa, la noche se me hizo eterna, fue un calvario.
–¿Tú madre no se dio cuenta?
–Mi madre preguntó por James, creyó que Victoria iría con él a la cena, cuando sacó el tema supe que sería para problema.
–¡¿Qué?!
–Y adivina qué respondió Victoria…
–¿Qué respondió?
–"James sufrió un terrible accidente, salió ayer del hospital, estuvo grave, a punto de morir, no sabes lo mal que lo he pasado" –imitó su voz.
–¿Lo mal que lo ha pasado? –repliqué sarcásticamente –¡Qué falsa!
–En ese momento tuve que levantarme de la mesa y dirigirme al baño para evitar matarla.
–Umm, Jasper te está haciendo señas –carcajeé señalándolo.
–¿Un trago? –murmuró con los labios.
–Sí, uno –elevó su dedo índice –Yo me supongo que tú no la invitaste aquí, ¿cierto?
–Claro que no la invité.
–¡Uf, que alivio!
–¡Con permiso, traigo el pastel de la revelación! –finalmente llegó Leah –¡Y yo ya sé si es niño o niña!
–¡Hey, eso no se hace! –la reté.
–La intriga me mataba, tenía que preguntárselo al pastelero.
–¡Eso no es justo! –Alice bufó cruzándose de brazos.
–Tú vas a tener que esperar, Cullen –sacó su lengua burlona.
–¡Bellísima! –oí la voz de Esme detrás de mí.
Volteé.
–¡Esa barriga está hermosa! –apoyó sus manos en mi vientre.
Reí –¿No crees que estoy muy gorda?
–¿Gorda? ¡Cariño, estás perfecta!
–Lo dices porque me quieres –seguramente lo decía para hacerme sentir bien.
–¡Ja! ¡Gorda estaba yo cuando me embaracé, era una ballena! ¿Acaso nunca viste fotografías?
Me quedé pensando –A decir verdad, creo que no.
–Felicidades, Isabella –Carlisle chocó puños con mi padre, luego de saludarme.
–Alice me dijo que no tenías carriola, decidí comprarte una unisex, espero que sea de tu agrado –Esme señaló un enorme paquete al lado del elevador –ya quiero saber si será niña o niño –tembló con ansiedad.
–¡Gracias! ¡Que atenta, Esme!
–¡Isabella! –Marie se acercó agarrada del brazo de Edward –que felicidad verte con esa barriguita, cariño.
–Gracias por venir –sujeté sus manos.
–Tengo algo para ambos, algo que guardé durante muchos años –hurgó en su chaqueta.
–¿Qué tienes ahí, nana?
Deslizó en mi mano una pequeña caja de terciopelo azul.
–¿Y esto?
–Ábrelo, por favor.
Al abrirlo, me encontré un delicado anillo largo y ovalado, con pequeñas piedras redondas alrededor. La banda era de oro, delineaba una frágil red alrededor de los diamantes.
–Nana –quedé boquiabierta al verlo, no tenía palabras para describir lo que sentía.
–Quiero que lo uses cuando decidan casarse –murmuró uniendo mis manos a las de Edward –perteneció a mi madre, se lo regaló mi padre cuando yo nací.
–No puedo aceptarlo, es demasiado –dije devolviéndoselo.
–¡Niña, por favor, acéptalo!
–Deberías dárselo a Alice –después de todo, ella era su nieta.
–Alice tiene mi anillo de compromiso, yo misma se lo obsequié a Jasper cuando pidió su mano.
–Pues, de igual forma, es demasiado…
–Los quiero a ambos como si fueran mis nietos, por favor, acepten este regalo para el día que decidan unirse en sagrado matrimonio.
Edward clavó su mirada en la mía.
Mis ojos se llenaron de lágrimas.
–Lo aceptaremos, nana, gracias –Edward guardó la pequeña caja en su bolsillo.
–Lo único que les pido, no se tarden, ya estoy mayor.
–¡Nana!
–Es cierto, cada año estoy más vieja, y más débil.
–Lo haremos pronto, muy pronto –declaró Edward haciéndome sonrojar.
.
Durante la comida, decidí dar un simple discurso de agradecimiento.
–Esto es gracias a mi pequeña hermana, Bree, y Ángela Weber, una increíble amiga y persona –alcé la voz –ambas se encargaron de organizar todo.
–Fue un placer –Ángela se cubrió el rostro.
–Me alegra que ustedes estén presentes en este festejo –observé a cada uno de mis invitados –son mi familia, y por eso los elegí para estar hoy aquí, compartiendo mi felicidad.
Mi padre alzó su copa –¡Felices treinta años, Isabella!
Cuando todos acabaron de comer, el musicalizador elevó el volumen lentamente, era hora de bailar un poco.
Edward me acompañó hasta la pista de baile.
–No me digas que has superado tu recelo contra el baile.
–Bailar contigo es diferente –se inclinó para besarme.
Su lengua se entrelazó con la mía, mientras apartaba mi cabello del rostro y lo colocaba detrás de la oreja, deslizó su otra mano hacia mi trasero.
Observé su pícara sonrisa, elevaba mi temperatura.
Mi rostro se tiñó de rojo intenso.
Volvió a presionar mis labios contra los suyos.
Cerca de su oído murmuré –¿Con que me lo propondrás pronto?
Repetí sus dichos con respecto a una pronta boda.
–¿Quieres saber la verdad?
–Claro que sí.
–Te lo propondría ahora mismo, pero sé que odias las demostraciones excesivas –garantizó.
Admiré cada detalle de su rostro.
–Me conoces bien, muy bien –le miré con complicidad.
Identifiqué a mi padre solo, sentado en un rincón, llevaba una expresión triste, con los labios caídos, y la mirada al suelo.
Tuve una sensación agridulce al verlo así.
Lo sujeté del brazo cuando descubrí que intentaba irse a escondidas –Espera, espera.
–Dime, hija.
–¿Cómo ha avanzado todo con mamá? –intenté mantenerlo allí –te noté algo incómodo cuando preguntaste si vendría.
–La verdad es que ha avanzado mal, Bella.
Maldición, era de no acabar.
–Pero no te preocupes, hoy es un día para disfrutar.
–Puedes desahogarte conmigo –deseaba que confiase en mí.
–Tuvimos una discusión fuerte y desde ese día solo la he cruzado en la oficina, nos hemos evitado mutuamente.
–¿Discutieron por Bree?
–No, fue por algo del pasado –explicó ajustándose la corbata.
–No te vayas a ir, ¿eh?
–¿Irme?
–Tienes toda la intención de huir de aquí a escondidas.
Dándome un susto, Rose me rodeó con sus brazos.
–¿Te asusté? –lanzó una carcajada.
–¡Ay, sí!
–Lamento la tardanza, la audiencia que teníamos se alargó.
–No hay problema, tranquila –saludé a su acompañante.
Mientras tanto, Charlie fue acaparado por Leah.
–Alistair –el joven se presentó estirando su mano hacia mí.
–Un gusto –la estreché.
–Gracias por la invitación.
Emmett nos interrumpió descaradamente.
–Yo soy Emmett Swan –elevó la voz con actitud arrogante.
–Mi hermano –indiqué disgustada por su accionar.
–Sí, he oído sobre ti –admitió Alistair resoplando.
–Vamos a bailar –Rose lo arrastró a la pista de baile, evitando saludar a Emmett.
–¿Qué necesitas, Emm?
–¿Rose sale con él? –les clavó la mirada.
Me encogí de hombros.
–¿Tú lo invitaste?
–Me preguntó si podía venir con alguien, y le dije que sí, Emm…
–Ah, perfecto –dijo ofendido.
–Tú y ella ya no son pareja, y fuiste tú quién arruinó todo, no te hagas el ofendido, por favor.
–¡Lo sé, no tienes que recordármelo!
Bufé.
–No seas chiquilín, si quieres volver con ella, deberás re conquistarla, esfuérzate un poco más, ten huevos.
–Escucha a tu hermana, Emmett, ella te está dando un muy buen consejo –comentó Carlisle palmeando su espalda.
–Hace días que pienso en ir a tu oficina a hablar –farfulló Emmett volteándose de mala gana –pero nunca logro hacerlo, aprovecharé esta oportunidad y te lo diré de una.
–¿De qué querías hablar conmigo?
–¿Tú y mi madre follaron? ¿O follan?
Me atraganté con un bocadillo.
–¿De qué estás hablando, Emmett? –Carlisle abrió los ojos como una lechuza –Eso es una locura, ¡por dios!
–En el pasado, cuando eran amigos, ¿no lo hacían?
¿El pasado?
¿Acaso esto estaba vinculado a la tristeza de mi padre?
–¡No, Emmett, jamás! ¡No sé de donde sacaste eso!
Arrugó la frente, al parecer no eran las palabras que esperaba.
–¿Qué rayos, Emm? –estaba atónita.
–Mi padre en una discusión muy infernal, le recriminó a mi madre, el amor que ella jamás dejó de sentir por ti.
Carlisle se aferró al silencio.
–¿Vas a desmentirlo?
–Eso pasó hace mucho tiempo, Emmett, éramos unos niños… tu madre creía que estaba enamorada de mí, pero se equivocó, lo nuestro, era amor fraternal, no más que eso.
–¿Fraternal? –lanzó una carcajada –Mi padre no hablaba de amor fraternal, te lo aseguro.
–Tú madre y yo, jamás tuvimos nada, te lo juro –apoyó la mano en el pecho, arriba de su corazón –lo juro –repitió.
–Pues, ella al parecer no te olvidó, y eso a mi padre le duele, a mí me duele –sus labios temblaron –me dolió verlo con el corazón destrozado, me quebró en dos saberlo.
No podía creer lo que oía.
Parpadeé con nerviosismo.
–Solo quería aclararlo, y no podía hacerlo, tenía miedo de tu respuesta.
–¿Creíste que sería capaz de lastimar a tu padre?
–No sabía que pensar –admitió.
–Tu padre es un hermano para mí, jamás haría algo para herirlo, o para herirlos a ustedes –nos miró a ambos –creí que el pasado estaba pisado, y que todo estaba aclarado.
–Pues parece que no, lamento decírtelo.
–Cuando conocí a Esme, y sus padres se pusieron de novios, todo parecía encajar a la perfección. Todos éramos felices.
–Mi madre se quedó con mi padre por mí, porque quedó embarazada y no logró abortarme, no era feliz.
–¡Oh, Emmett, no! –negó con pena –ellos estuvieron mucho tiempo juntos antes de tenerte, se amaban, yo veía el amor que se tenían, era real, eran felices.
–Ella se arrepiente de haberme tenido, sin mí, ella hubiera sido más feliz.
–¡Emmett! ¿De dónde sacas esa mierda? –lo sujeté de ambos brazos.
–Se lo confesó a papá, lo dijo explícitamente.
Tapé mi boca.
–De seguro estaba enfadada, y dijo algo que no sentía –excusó Carlisle –ella te ama, los ama a los tres.
–Ya la conoces, siempre busca herir con sus palabras, no siempre siente lo que dice –intenté consolarlo con la verdad.
–Es su peor defecto –prosiguió Carlisle.
–Lo peor es que buscaba herir a mi padre, no a mí.
–Creo que debería hablar con tu padre de esto, no lo mencionó.
Emmett asintió –Seguramente no lo mencionó por vergüenza.
–¿Por qué no me lo contaste? –no comprendía como no me lo había dicho antes.
–No quería cargarte con esta mierda, Bella.
–¡Oye, hermana! –Bree me abrazó por detrás –¿Y si cortan el pastel? ¡Todos quieren saber si será niño o niña!
Fingí que todo estaba perfecto.
–Sí, reúne a todos, ya voy.
–¿Es niño o niña? –Emmett mi miró de reojo.
–Espera a ver el interior del pastel, ansioso –pellizqué su mejilla.
Edward estaba en la esquina de la gran mesa con un cuchillo en mano.
–¿Lo cortamos?
La música se detuvo, todos se reunieron alrededor de la mesa.
–¡3…2…1! –contaron.
Deslizamos el cuchillo dentro del pastel, al retirar un trozo, del centro brotaron cientos de confites azules.
–¡Un niño! –exclamó Alice aplaudiendo.
.
.
Respiré hondo, el olor a lavanda de las velas me relajaban, el agua estaba tibia, y la espuma era abundante.
Estiré mis pies, apoyé mi cuello en una toalla húmeda.
Oí mi teléfono sonar, le ignoré, era mi momento de relajación.
A los pocos segundos, volvió a sonar.
–No puedo ahora –susurré por lo bajo.
Podía sentir al bebé moverse dentro de mí, me generaba cosquillas.
Insistentemente, el teléfono volvió a sonar.
Salí de la tina, me envolví en una toalla.
3 LLAMADAS PERDIDAS – EMMETT SWAN
¿Y ahora qué?
Volví al baño, con mi teléfono en mano, lo coloqué a un lado de la tina por si volvía a llamarme.
Deslicé la toalla, metí un pie en el agua cuando volvió a sonar.
LLAMADA ENTRANTE – EMMETT SWAN
–Estoy dándome un baño –atendí.
–¡Bella! –gritó asustándome.
–¿Por qué gritas?
–La prensa acaba de filtrar fotografías del baby shower
–¿Qué?
–¡Pon la televisión!
Cogí la tolla, me envolví y fui hasta la sala para encender la televisión.
Demetri saltó del susto –¿Señorita, sucede algo? –estaba algo dormido en el sofá.
¿Cómo habían obtenido las fotografías?
¡PRIMICIA!
Se confirma el embarazo de la empresaria Isabella Swan
–Yo sabía que iba a suceder –murmuré.
En algún momento tendrían que confirmarlo.
¿Cuánto más iba a poder ocultarlo?
Tenía un embarazo de siete meses, era extremadamente notorio.
–El fotógrafo debió filtrarlas, no hay otra forma, Bella –dijo furioso.
Froté mi frente.
–Estamos fuera del apartamento de Isabella Swan, fuentes cercanas nos han confirmado que ella volvió a vivir aquí con su actual pareja, Edward Masen –comentó el periodista fuera de mi edificio.
–Malditos buitres, ya comenzaron a acosarnos.
–¿Entonces se ha confirmado que Masen es el padre del bebé? –preguntó la conductora del programa.
–No, el bebé es de Jacob Black, el prometido de Swan, que estafó a C.S. Electronics, y aún sigue prófugo.
Se me paralizó el corazón.
¿Cómo podían confirmarlo, así como así?
¡No tenían vergüenza!
–¿Bella? ¿Bella? –Emmett del otro lado insistía llamándome.
–Ajam
–¿Estás bien?
–Sí.
–No salgas de la casa, están fuera del edificio.
–Lo sé –colgué la llamada, estaba frenética, toda la buena energía que sentía, se había ido al demonio.
–¿De cuántos meses está? ¡Se nota que ha aumentado mucho de peso! –indicó la conductora riendo.
–No oiga estas cosas, señorita Swan –Demetri intentó quitarme el control remoto, para apagar la televisión.
–¡No, déjalo, quiero oír!
Era una tonta masoquista.
–Al parecer está cursando su séptimo mes. Por esa razón podemos confirmar que el hijo no es de Masen, sino de Black.
–Hay algo que no comprendo –interrumpió uno de los reporteros –¿Masen no estaba en una relación con la bellísima modelo Charlotte, que actualmente es el rostro de C.S. Electronics?
Apretujé mis manos, rabiosa.
–Apaga esta mierda –Edward se apareció detrás de mí.
Solté el control remoto.
–Umm, buenas tardes, señor Masen –Demetri se fue a la cocina para darnos privacidad.
–Los vi cuando ingresé con mi coche, la seguridad del edificio tuvo que alejarlos de la puerta, intentaban meterse.
–No nos dejarán en paz, debimos quedarnos en tu apartamento, era más tranquilo.
–Allí no cabíamos con el pequeñín, lo sabes, Bells –frotó mi mejilla –y no te preocupes, no podrán arruinarnos, somos felices, y nada nos quitará esto que tenemos. Solo debemos ignorarlos.
–Han dicho que el bebé es de Jacob, también hablan de ti y Charlotte.
–Que se pudran…
.
Al cabo de unos días
Elizabeth POV
–¡Ya salgan de aquí! –detuve mi coche frente a los periodistas que se amontonaban en la puerta de la empresa.
–¿Qué opina del embarazo de Swan? –preguntó un periodista metiendo su micrófono por la ventanilla.
–¡Dejen a Isabella y a mi hijo en paz! ¡Ya han hecho suficiente daño!
–¿Por qué Edward se hace cargo de un hijo que no le pertenece?
Gruñí acelerando.
Conduje hasta el apartamento de Isabella, allí también había periodistas molestando.
Llamé por teléfono a Edward para que bajase a recibirme.
Una vez que bajé de mi coche, me reconocieron.
Se me abalanzaron como lobos hambrientos.
–¿Qué puede decirnos de su hijo e Isabella Swan?
No les respondí.
–¿Su hijo tiene una aventura con Charlotte?
¿Charlotte? ¡Dios me valga!
El hombre de seguridad del edificio tuvo que escoltarme hasta dentro.
–Le agradezco la ayuda –reconocí su actitud.
Observé mi cabello en el gran espejo de la entrada, parecía que tenía un nido de pajarracos allí arriba, me habían zamarreado con brutalidad para que respondiese sus estúpidas preguntas.
–¡Madre! –Edward bajó del elevador.
–¡Hijo, que locura la prensa!
–¡Son unos imbéciles, no nos dejan en paz!
–El hombre tuvo que ayudarme, parecía que me comerían viva.
–¿Te lastimaron?
–No, solo alborotaron mi cabellera.
Subimos al elevador.
–¿Bella cómo ha estado?
–Pues, nerviosa.
–Deberían irse unos días a otro sitio –sugerí –¿qué tal si van a la casa de los Cullen? Podrían pedirle a tu padrino el velero.
Arqueó sus cejas.
–¡No lo había pensado, en realidad es una gran idea!
–Soy buena consejera.
–Sí, lo eres –prosiguió haciéndome pasar al apartamento.
–Quisiera ver la habitación del bebé, estoy muy ansiosa, ¡muy ansiosa!
Señaló el pasillo.
–¿Bella está durmiendo?
–Se recostó hace como una hora, le diré que llegaste.
–¡Por favor no la despiertes por mí!
–Esta semana la prensa nos ha vuelto locos, tuvimos que anular el timbre, lo tocaban con insistencia.
–¿Tocaban timbre para qué?
–Para que les diéramos una nota, ¿puedes creerlo?
¡Esos malditos estaban completamente locos!
No poseían ni un gramo de compasión por el prójimo.
–Ayer fuimos a un chequeo médico, porque Bella estaba con unas molestias, y se abalanzaban sobre el coche, pegaban sus cámaras a los vidrios desesperados.
–Oh, hijo.
–Demetri logró perderlos en el tráfico, pero cuando llegamos al hospital, nos encontramos con el maldito periodista que filtró las imágenes del baby shower
–¿Cómo supo a dónde iban? ¿De dónde sacan toda la información?
–Pues es simple, alguien les ha dado información certera.
–¿Saben quién fue?
–De seguro fue Victoria –indicó furioso.
–¿Mi hermana? ¿Por qué crees que ella haría algo así?
–Un presentimiento.
¿Un presentimiento? ¿Qué ocultaba?
–Pero ella jamás haría algo para herirte, es tu tía, y te ama como a un hijo.
–Umm, claro –dijo resoplando.
–¿Sucedió algo con Victoria, algo que no me has dicho?
–Cambiemos de tema, ¿sí?
–Creí que ella no había asistido a la fiesta voluntariamente, ¿pero, acaso no la invitaron?
–Ya sabes todo lo que le ha hecho pasar a Bells –desvió su mirada.
–Las imágenes de la fiesta las vendió el fotógrafo, Alice dijo que lo presionó, y que él confesó haberlas vendido.
–Sí, confesó habérselas vendido a alguien, no a la prensa –interrumpió –pero preferiría no profundizar en ello.
–¿Qué me ocultas, Ed? –deslicé su cabello hacia atrás.
–Nada, madre, nada.
–Te conozco, hijo.
–Querías ver la habitación, ¡anda, échale un vistazo! –abrió la puerta y se hizo a un lado.
–¡Ay que belleza!
Hurgué en el armario, la ropa para el bebé era diminuta.
–Oh, recuerdo cuando tú eras así de pequeño, Edward.
Sentí nostalgia.
–¿Las molestias que dijiste que tenía Bella, han cesado?
–Sí, el médico ha dicho que todo es producto del estrés que está sintiendo con esta situación.
–Pobre niña, tener que vivir esto, que injusto. Después de todo lo que ha pasado, ya deberían dejarla en paz.
–Tuvimos que pedirle a la instructora de yoga que viniera aquí, porque el día que intentó ir al gimnasio a su clase, fue im–po–si–ble– deletreó –¿Un café? –preguntó luego dirigiéndose a la cocina.
–Sí, me gustaría.
–¿Cómo fue tu embarazo?
–¿Qué? –su interrogante me descolocó.
–Tú embarazo, bueno… mi existencia dentro de ti –lanzó una carcajada –¡Puaj, eso suena raro!
Reí.
–Fue bonito, tuve antojos algo extravagantes, pero jamás me descompuse, ni sentí dolor.
–¿Cuándo él se fue…? –la taza que sujetaba se tambaleó, sus manos sudaban exageradamente.
–Edward –envolví sus manos con las mías, intentando consolarlo.
Hacía años que no hablábamos de su padre.
El tema había quedado enterrado.
–Cuando se fue, ¿me odiaste?
–¡Edward! –chillé.
–El hijo que tendré con Isabella, no es mío –admitió con los ojos humedecidos.
Su confesión no me sorprendía.
–Ya lo sé.
–¿Lo sabes?
–Los conozco, y sé que volvieron a estar juntos después de tu viaje "de negocios" que coincidió con un "retiro espiritual" de Bella. Y eso no fue hace siete meses, cariño.
–Jacob se fugó, y ella… ella… Yo no quiero que lo haga sola, no quiero que pase lo que tú pasaste.
–Eres tan bueno, tan bueno –las lágrimas inundaron mi rostro –siempre fuiste un jovencito especial, diferente. Sientes demasiado el dolor ajeno, y no hay nadie con más empatía que tú. Me siento orgullosa de ti, me siento orgullosa de ser tu madre.
–Joder, madre –sopló aguantándose el llanto.
–Isabella tiene mucha suerte de tenerte, eres un gran hombre. Y serás el mejor papá del mundo.
–Quieres hacerme llorar, ¿verdad?
Frotó su húmeda nariz.
–Espero que el bebé los deje dormir, porque tú a mí, me volviste loca los primeros meses, ¡uf, fueron eternos!
–¿Ah, sí? ¿Te volví loca?
–Siempre querías comer, no podía dormir ni dos horas seguidas, me despertabas con tu llanto, es que eras un bebé obeso –dije chistosa.
–¿Obeso? ¡No te pases, era un bebé cachetón, es todo!
–¿Cachetón?
–¡Sí, cachetón!
–Cachetón y obeso, Edward, cachetón y obeso.
–¡Eso no es cierto!
–Sí, lo es –Bella se asomó por la puerta, bostezó mientras aclaraba su garganta –vi fotos, muchas fotos de ti, y eras un bebé obeso.
–¡Oigan, están complotándose en mi contra!
.
Año 1986
Nueva York
Sonó el timbre, apoyé el test de embarazo sobre el lavabo.
Estaba segura que sería solo un susto.
Me asomé por la ventana, Esme estaba abajo con un manojo de bolsas.
–¿Qué haces aquí? –pregunté confundida.
–¿Puedo pasar? Será solo un minuto –suplicó.
Bajé a abrirle.
–¿Te sucedió algo?
–No, es que estaba por la zona haciendo unas compras –me entregó una de las bolsas.
–¿Para mí?
–¡Sí, para que lo estrenes en la inauguración de la empresa!
–Ow –me derretí de ternura.
Subimos por las escaleras, ya que el elevador no funcionaba hacía meses.
–¿Vasilii está aquí?
–No, va a venir el viernes –aclaré.
–¡Vamos, abre la bolsa! –insistió sacudiéndome.
–A ver… a ver…
Un increíble vestido largo, gris, con cientos de lentejuelas bordadas a mano, me dejó sin aliento –¡Jolín! ¿Tú elegiste esto?
–Creí que se te vería sexy –se sonrojó.
–¡Está espectacular, Little sister!
Con rapidez me quité la camiseta que llevaba puesta.
Necesitaba vérmelo puesto.
–Lamento si te interrumpí, es que además de querer darte el vestido, necesitaba hacer pis –se adentró en el baño –ya sabes que no puedo hacer en baños públicos, me da mucho asco.
–¿Qué dijiste? –erguí la cabeza como un depredador.
–Que no puedo hacer en baños públicos porque…
–¡No entres al baño, espera! –me metí tras ella.
–¿Y esto? –tenía el test en mano.
–Yo… es qué estoy atrasada, pero no te preocupes, solo quería bajar la ansiedad, tomo anticonceptivos hace tiempo y no estoy…
–Sí, si estás –interrumpió mirándome fijamente.
–¿Qué?
–Es positivo, Liz.
–¿Positivo?
–Sí –me lo entregó con cuidado.
–¡Dios! –exclamé al ver las dos líneas positivas.
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Asistí a un médico para verificar el estado de mi embarazo, necesitaba confirmarlo antes de decírselo a Vasilii, si el test había sido un falso positivo, debía saberlo ¡ya!
Esme sujetaba mi mano, dándome su apoyo, mientras me realizaban la ecografía. Estaba nerviosa, muy nerviosa.
–Si, está embarazada, señorita Masen –validó el resultado del test.
–¿Puedo saber cuánto tiempo tiene mi bebé?
–Alrededor de siete semanas –calculó –¿Quiere oír el latido? –encendió un pequeño parlante.
TUC, TUC, TUC, TUC.
Su corazón latía con fuerza.
Después de una charla profunda con la ginecóloga, me aconsejó tomar el embarazo con calma, ya que, al ser primeriza, tenía la posibilidad de perderlo en los primeros meses.
Por ese motivo, decidí mantener en secreto mi embarazo, salvo para Vasilii, claro, a él no podía ocultárselo, debía saberlo, era el padre. .
Esme prometió ocultar la noticia, hasta que decidiera que era hora de anunciarlo, al menos iba a esperar a pasar el tercer mes, o hasta que no pudiera disimular el vientre.
Viernes por la mañana
Aguardé en el coche a que Vasilii saliera del aeropuerto, por la hora, su vuelo ya debía haber aterrizado.
Salté del susto cuando alguien golpeteó la ventanilla a mi lado.
–Hey, hermosa –era Vasilii, estaba feliz de verme.
Me aferré al volante, estaba nerviosa.
Abrió la puerta, y lanzó su bolso en el asiento trasero.
–¿Hace mucho que esperas? –consultó dándome un beso en la mejilla.
–Emm… no, llegué hace unos minutos –observé mi reloj, mis manos temblaban.
–¿Estás bien? –sujetó mis manos con fuerza y las frotó –estás fría.
–Debo decirte algo…
Frunció el ceño, en sus ojos vi el pánico.
–Estoy embarazada –confesé con un suspiro, me quitaba un gran peso de encima al decírselo, la ansiedad de los días pasados se disipaba lentamente.
–¿Enserio?
–Sí –asentí.
–¡Wow! –sonrió algo desorientado.
–Un par de veces lo hicimos sin preservativo, creo que las pastillas no fueron suficiente protección.
–Pues sí, eso parece.
–¿Qué sientes?
–¿Qué siento? –repitió la pregunta rascándose la nuca.
–Sí, quiero que seas sincero.
–Pues… pues…
Apoyé mi mano en su pierna.
–Bueno, es una noticia inesperada, ¿sabes? –lanzó una risilla tonta –jamás imaginé como sería ser padre, pero, pues me alegra hacerlo contigo, muñeca –reveló acariciándome los labios.
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La noche de la inauguración
–Quiero presentarme con ustedes como Reneé Dwyer Swan, seré la CEO de este hermoso proyecto que, junto a mis amigos y familia, creamos con tanto esfuerzo.
La aplaudí entusiasmada.
–Agradezco a la familia Swan y a la familia Cullen por su colaboración económica, gracias a ellos, esto es posible.
–¿Nerviosa por comenzar? –preguntó Vasilii en mi oído.
Asentí.
–Nerviosísima –confesé llena de inseguridades.
–Ahora por favor, disfruten de la comida, los tragos y la música –le hizo señas al director de la orquesta en vivo, para que comenzaran a tocar.
–¿Bailamos? –su cadera se unió a la mía.
Rodeé su cuello con mis brazos, hundí mi rostro en su pecho.
–Te amo, Vasilii –murmuré afectuosamente.
–Te amo, Liz –respondió besando mi frente.
Tironeó de mí, arrastrándome hacia los baños.
–Nos van a ver –lo detuve avergonzada.
–Shhhh
–Vasilii –me subió un calor por el cuello hasta las mejillas.
–Ven, muñeca.
Nos metimos en el baño para discapacitados.
Trabó la puerta con el cerrojo.
Deslizó mi vestido hacia arriba, se arrodilló y besuqueó mis muslos.
–Ah –me retorcí.
Lo sujeté de la camisa, lo obligué a levantarse.
Lamí sus labios excitada.
Me alzó en brazos, lo rodeé con mis piernas.
Frotó su erección contra mi pelvis con insistencia.
–Te quiero dentro de mí –jadeé abriendo su bragueta.
Introdujo su polla en mi interior, el placentero ardor me lleno por completo.
–Ah, ah, sí, sí –gemí moviendo mis caderas de adelante hacia atrás, sintiendo la dureza de su miembro rozando las paredes de mi coño.
–¡Oh, Liz, que delicia! –mordió su labio inferior.
Alguien nos interrumpió al tocar la puerta.
–¡Ocupado! –elevé la voz.
–Mi–mie–erda –dijo en un mascullo.
–No te vengas, no te vengas –gemí exasperada.
Siguió dándome estocadas sin parar.
–Ahhhhhh
–Oh, oh, oh –respiraba con agitación en mi cuello, era una sensación embriagadora.
Tensando su mandíbula, se corrió a un lado en silencio.
–Ahora que estoy embarazada, ya no tienes que hacerlo a un lado –me derrumbé sobre su pecho, abrumada.
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Didyme me ofreció un trago –Es un delicioso Screwdriver
–¿Es un qué?
–Lo que se le llama coloquialmente a una bebida "destornillador", a base de vodka y jugo de naranja.
–Umm… no, gracias.
–¿Vas a rechazar una bebida con vodka?
–Esta noche no quiero pasar vergüenza, no puedo emborracharme, debo dar una buena imagen –metí una excusa –bébetelo tú.
–No puedo, estoy lactando –balanceó sus enormes senos.
Había dado a luz hacía un año, a una preciosa niña llamada Rosalie.
–¡Cierto! –golpeé mi frente con torpeza.
–¿Puedo? –su esposo, Royce, se bebió el trago con rapidez.
Él era mucho mayor que ella, le llevaba diecisiete años.
Su relación era algo inapropiada.
Lo conocía desde pequeña, ya que su padre era parte del estudio jurídico que poseía la familia de Hale, en el centro de Nueva York.
Cuando ella cumplió diecisiete años, comenzaron a follar.
Y al cumplir los diecinueve, él le propuso casamiento y ella aceptó encantada.
–¿Por qué no bebes? ¿Acaso estás esperando? –Royce
¿Hablaba en serio? ¿O estaba bromeando conmigo?
Reí intentando ocultar mi situación.
–No lo estás, ¿cierto? –Didyme me dio un leve empujón.
Odiaba que me conociera tan bien.
–Sí, lo estás –afirmó clavando su mirada en mi vientre.
–No digas ni una palabra de esto –tuve que admitirlo.
–¡Ohhhh!
–Shhh –le cubrí la boca.
–¿Es de Vasilii?
–No, es de John Travolta –dije sarcásticamente.
–Bueno, lo siento… debía preguntar.
–No le digas a nadie, quiero esperar a pasar los primeros meses, cuando se me comience a notar, le diré a todos.
–¿Esme lo sabe?
–Sí, lo sabe.
–¿Vasilii?
–También.
–¿Tu padre?
–¿Es un interrogatorio? –gruñí molesta.
–Bueno, ya, ya.
–¿Bailamos, damiselas? –Reneé se nos abalanzó –es la primera fiesta a la que asisto después de tener a Emmett, necesito desesperadamente bailar.
–¿Y Charlie?
–Está escondiéndose de mí, odia bailar.
Sonaba Papa Don't Preach de la exitosísima Madonna
Antes de dirigirme a la pista, tironeé del brazo a Didyme –Ni se te ocurra ventilar esto –amenacé.
–No diré nada, seré una tumba.
¿Una tumba?
¡Sí, claro!
No había nadie más chismoso que ella.
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Algún tiempo después
Estaba cursando el sexto mes de embarazo, había aumentado casi diez kilos, me sentía una ballena.
Ya todos sabían de mi condición, hasta mi padre.
Cuando se lo confesé, se alegró por mí. No esperaba una reacción tan buena de su parte, ya que, desde la muerte de Heidi, se hundió en depresión y todo le era indiferente.
–Estoy redonda –me observé al espejo con desagrado –y aún me faltan tres meses más.
–Estás loca, Liz, literalmente solo te ha crecido la barriga, el resto de tu cuerpo sigue intacto –Reneé se cruzó de brazos –además, es normal que aumentes, ya verás que cuando Edward nazca, bajarás de peso es un santiamén.
–Mmm –dudé.
–Yo subí casi veinte kilos, y a los pocos días de tener a Emm, bajé quince, solo me quedaron unos kilitos de más –frotó su barriga –kilitos que aún arrastro, pero solo se notan cuando estoy desnuda.
–Vasilii ya no me toca como antes, creo que le desagrada mi peso.
–No es eso, Liz, te lo aseguro, con Charlie también lo pasé –explicó –él sentía que golpearía al bebé con su miembro, ¿puedes creerlo? ¡Los hombres son unos tontos!
Reí a carcajadas –¿Me lo dices enserio?
–¡Sí!
–De igual forma se ha comportado extraño, creo que tiene miedo de ser padre, la otra noche lo vi llorando en el balcón, estaba escondiéndose de mí.
–¿Le dijiste que lo viste?
–No, creí que se avergonzaría.
–Deberías preguntarle que le sucede, para apoyarlo, consolarlo.
–Le pregunté, pero dice que todo está bien, finge.
–Yo también lloraba, Liz, estaba asustada, no me sentía preparada para ser madre, pero cuando Emmett nació todo fue diferente.
–Sí, lo recuerdo.
–Dale tiempo, cuando nazca Edward serán muy felices.
Al volver al apartamento, me encontré con una nota sobre la mesa.
Iré a visitar a mi padre. Nos vemos en unos días. Te amo, muñeca –Vasilii
¿Por qué se había ido tan repentinamente?
¿Acaso había sucedido algo con su padre?
Llamé a Carlisle para consultarle, ya que eran mejores amigos, quizás sabía algo que yo desconocía.
–¿Sabes si sucedió algo grave?
–No, ni idea, pero si quieres puedo pedirle a mi padre que vaya a darles un vistazo.
–Sí, por favor, Carlisle, pídele a Anthony que averigüe si sucedió algo, me he quedado mal con el asunto.
A la hora, me devolvió el llamado.
–Oye, mi padre me ha dicho que todo está bien, al parecer Vasilii solo irá de visita.
–Pero –hice una pausa –¿por qué no me lo dijo antes? ¿Por qué se fue así tan de prisa?
–¿Pelearon?
–¡No!
–Quizás sí sucedió algo y no le ha querido decir a mi padre la verdad… espera a que Vasilii llegue, y comunícate con él. Seguramente te lo explicará.
Mordisqueé mis uñas.
Me quedé pegada al teléfono esperando que Vasilii llamara.
Había anochecido, y aún no tenía noticias de él.
Llamé a casa de su padre, no podía aguantar más.
–Hola –atendió su padre.
–Oh, hola, soy Elizabeth, quería saber si Vasilii había llegado bien, estoy preocupada por él.
–Sí, él está aquí.
–Liz –oír su voz me tranquilizó.
–¿Por qué te fuiste así de sopetón?
–Tenía que resolver algo, lo siento.
–¿Algo grave?
–Estaba por ir a dormir, estoy cansado, y tú también deberías ir a la cama, es tarde.
Había algo extraño en su voz.
–¿Vasilii?
–Buenas noches –colgó sin más palabras.
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En los próximos días se me hizo imposible contactarme con Vasilii o su padre.
Por esa causa, no lograba concentrarme en el trabajo de la empresa, y cometía errores imperdonables a la hora de sacar las cuentas.
Era la responsable financiera, no podía cometer dichos errores, si yo no procuraba hacer bien mi trabajo, entonces desestabilizaría a los demás sectores y eso nos podría llevar a la ruina.
–Algo sucedió, lo sé, lo presiento –le dije a Carlisle.
–¿No habrán ido a navegar?
–¿Navegar durante cuatro días seguidos?
–Puedo volver a pedirle a mi padre que se de una vuelta por su casa, si eso te deja más tranquila.
–Si no es mucha molestia, sí, por favor pídeselo.
Estaba subiéndome a mi coche, cuando Carlisle exclamó mi nombre.
–¿Alguna novedad? –caminé hasta él.
–Mi padre me ha dicho que nadie respondió cuando fue a la casa. Y que condujo hasta el muelle para verificar si el bote de ellos estaba anclado.
–¿Y?
–Estaba allí anclado, al parecer no lo han usado estos últimos días.
–Hay algo malo, Carlisle, te lo dije.
–¿Quieres que vayamos a New Hampshire?
–¿Esta noche?
–No, esta noche no, mañana debemos trabajar. Mejor hagámoslo el sábado, iremos en mi coche, el viaje es de tan solo cuatro horas.
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New Hampshire
–Vamos, te acompaño –Carlisle me abrió la puerta del coche.
–Los esperamos aquí –Char–Char estiró sus piernas hacia delante.
Tocamos timbre en la casa, nadie respondía.
–Mi padre tenía razón, pareciera que no hay nadie, ¿a dónde habrán ido? –Carlisle acercó su rostro a una de las ventanas –¡aguarda! me pareció ver a alguien dentro.
–¡Vasilii! ¡Abre la puerta!
–¿Hola? –Carlisle intentó forzar la puerta.
–¿Qué haces? ¿Estás loco? –lo detuve.
–¿Y si les sucedió algo malo?
Se me paralizó el corazón.
–Oh, Dios, no, no –temblé.
Repentinamente la puerta se abrió.
Salté del susto.
El padre de Vasilii nos contempló en silencio.
–¿Podría llamar a Vasilii, señor?
–Él se fue –expuso manteniendo la cabeza gacha.
–¿Se fue? ¿A dónde se fue? –encogí mis hombros.
–Esta mañana se fue a España…
–¿España?
Reí creyendo que todo era una broma.
–Oiga, por favor, dígale que salga ya –moví mis manos en el aire.
–Él no volverá.
Dirigí la mirada hacia Carlisle –¿D–de qu–e habl–a?
–Lo siento, Elizabeth, pero él no estaba listo, le ayudé a irse porque soy su padre, y haría lo que fuera por su bienestar.
–¿Bienestar? –Carlisle lo estampó contra la pared.
–¡Él no estaba listo, Carlisle!
–Entonces decidió abandonar a Liz, ¿verdad? ¿Así de fácil?
–¿Abandonarme?
No podía creer lo que oía.
–¿Él se fue? ¿Me dejó? ¿Dejó a su hijo? –sollocé tirándome al suelo.
–¡Elizabeth! –Esme gritó mi nombre desde el coche.
Carlisle intentó levantarme.
–Quiero irme, quiero irme –repetí en estado de shock.
–¿Qué sucedió? ¿Liz? –Esme se tiró al suelo confundida por la situación –¡Háblame!
Mantuve una expresión indiferente.
Carlisle escupió el pórtico –Váyase a la mierda, usted es un imbécil, debió aconsejar a Vasilii para mejor.
–¿Qué está pasando? ¿Y Vasilii?
–Vámonos, Esme, debemos llevarnos a tu hermana de aquí.
–¿Pero…?
–¡Vámonos!
Carlisle me alzó, caminó hasta el coche, y con la ayuda de Char–Char me metieron detrás.
Emmett lloraba sin cesar, Reneé lo mecía y le cantaba una canción de cuna, esperando que eso lo calmara.
Mientras los tres hablaban fuera del coche, mi mente no paraba de pensar y analizar todo lo que había sucedido este último mes, la forma en que Vasilii actuaba, las conversaciones que habíamos tenido, todo de repente parecía relevante.
Cuando Emmett se calmó, Reneé frotó mi brazo –¿Qué fue todo eso?
–Vasilii se fue, me abandonó –me dolía hablar, sentía como si tuviese un trozo de vidrio atorado en la garganta.
–Madre mía –se tapó la boca estupefacta.
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Año 1987
Nueva York
Dos días después del nacimiento de Edward, recibí un llamado de un número privado.
Atendí pensando que sería de un asunto de trabajo, pero no fue así.
–Elizabeth –era la voz de Vasilii.
–¿Qué quieres? –me temblaban las manos, estaba aterrada, oír su voz me perturbaba más de lo que creí.
–Lamento lo que te hice, lo que le hice a Edward.
Me asqueaba que dijese su nombre con tal liviandad.
Nos había abandonado.
–¿Dónde estás?
–España –declaró.
–¿Volverás?
–No puedo hacerlo, lo siento, lo siento tanto…
–Mentiste todas esas veces que dijiste que me amabas.
–No, yo no mentí.
–¡Sí, mentiste! ¡Me destrozaste, destrozaste lo que teníamos!
–Dile a mi hijo que lo lamento, por favor.
–Me decepcionaste, Vasilii, creí que eras mejor que esto.
Su respiración se aceleró.
–Perdóname –susurró antes de colgar.
Lloré a lágrima viva.
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Año 2018
Florianópolis, Brasil
Jacob POV
Riley estaba fuera con uno de sus hombres, me observaba de reojo y se reían de mí.
Hijos de puta, los odiaba, me mantenía; por orden de Tanya; encerrado contra mi voluntad.
Estaba aburrido, todos los días eran iguales.
Mi vida no tenía sentido.
Encendí la televisión, no había nada interesante para ver.
–¿Aburrido, Black? –preguntó uno de los guardias burlándose de mí.
–¿Por qué no me besas el trasero?
–Puaj, bésamelo tú a mí.
Se paró frente al televisor.
–No me dejas ver… ¡hazte a un lado!
–Oh, ¿querías ver la televisión, chiquitín?
–¡Hazte a un lado! –lo escupí.
–¡Oye! –sacudió su chaqueta.
–¡HAZTE A UN LADO! –vociferé.
–Mugroso desdichado –me dio una patada.
Cuando se hizo a un lado, logré leer el titular de una noticia.
LA EMPRESARIA ESTARÍA ESPERANDO UN HIJO DE SU EX PAREJA
La pantalla era ocupada por una fotografía de Isabella embarazada.
–¿Qué rayos? –quedé atónito.
Por el tamaño de su vientre, no era un embarazo de pocos meses.
¿El hijo que esperaba, acaso era mío?
Si fuera así, ¿por qué me lo había ocultado?
Cuando fue a buscarme a Canadá pudo confesármelo, pero se lo guardó.
Tenía un millón de preguntas, y ninguna respuesta.
Todo comenzó a darme vueltas.
Salí fuera, di una bocanada de aire.
–¿Qué haces? –Riley se acercó desconfiado.
–Necesito hablar con Tanya por teléfono –exigí.
–Si ella quiere hablar contigo, llamará.
–¡No! ¡Necesito hablarle, ahora!
–¿Para qué? ¿Qué quieres decirle?
–¡Llámala ahora, joder!
–A mí no me das ordenes, Black –apretujó los dientes.
–Si quieres que te suplique, lo haré, pero llámala.
Estaba desesperado, necesitaba una respuesta, necesitaba confirmar lo que había oído.
–Amorcito –Tanya jadeó como un animal en celo –me gustaría hacer una video llamada, hot, hot, hot, ¿qué dices?
–¿Viste las noticias?
–¿Qué?
–¡Las noticias, Tanya!
–No veo las putas noticias, no me interesan.
–¡En un canal internacional han dicho que Isabella está embarazada, y que es mi hijo! ¡Mi hijo!
No respondió.
El silencio nos azotó.
–¡Tanya, respóndeme!
–¿Qué quieres que te digo, Jake? –el tono de su voz se volvió frío.
–¿Es cierto?
–¡No, claro que no! ¡Ella está con Edward Masen, el hijo debe ser de él, no seas tonto!
–¿Lo sabías y no me lo dijiste?
–Yo no tenía que decirte nada, porque el niño no es tuyo.
–La prensa dice que sí, que lo es… ¡dicen que tiene siete meses de embarazo! ¡Hace siete meses, estaba conmigo!
–Debía acostarse con Masen, y no lo sabías.
–¡Ella no me engañaba!
–¿No? ¿Cómo puedes estar tan seguro?
–¡Ella no es así!
–¡¿Y cómo es ella?! –gritó envenenada.
Le colgué.
–Si el niño fuese tuyo, no importaría de todos modos, no podrías ni siquiera conocerlo –Riley metió su bocadillo.
–Vete a la mierda –respondí lanzándole el celular.
LLAMADA ENTRANTE – TANYA
Odiaba que le colgasen.
–¡Tanya está llamando, atiéndela!
–No, no la atenderé, atiéndela tú, fúmatela tú.
–Se pondrá furiosa –advirtió.
–Que se joda.
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Con el pasar de los días, mis dudas se volvían certezas.
Estaba seguro que ese bebé era mío.
Tenía que contactar a Bella, debía saber la verdad de su boca.
Necesitaba conseguir un teléfono.
Analicé mil formas de obtener uno, pero en todas me arriesgaba a ser descubierto.
En la alacena descubrí una lata con veneno para ratas.
¿Y si le colocaba un poco en la bebida de uno de los guardias?
Con una pizca sería suficiente para que mientras vomitara, pudiera realizar el llamado.
Elegí al más débil, esperé a que Riley se fuera a la cama.
Preparé una botella con tequila, comencé a beber del pico mientras deambulaba como si estuviera borracho, necesitaba que el guardia cayera en mi trampa.
–¡Hey, Black!
Deslicé dos pastillas de veneno dentro de la botella.
–¿Qué estás bebiendo?
–Tequila –respondí tirándome sobre el sofá.
–¿Tequila? –me arrebató la botella con osadía.
Le dio un sorbo.
Salió fuera con la botella en mano.
Esperé con tranquilidad a que el veneno surtiera efecto.
Media hora más tarde corrió dentro apretujándose el vientre.
Lo seguí hasta el baño, donde se encorvó para vomitar.
–Buaaaaaac –se aferró al retrete desesperado.
Con cuidado le quité el teléfono celular del bolsillo de la chaqueta.
Me metí en mi habitación y trabé la puerta con una silla.
Marqué el número de Bella, caminé en círculos nervioso.
No respondió.
–¡Joder, respóndeme, Bella, respóndeme!
Insistí.
Declinó mi llamado.
Froté mi frente.
Redacté un mensaje de texto.
Soy Jake, por favor, respóndeme.
Esperé para darle tiempo a que lo leyera.
Oí la voz de Riley en el pasillo.
Marqué nuevamente el número de Bella.
Cerré mis ojos anhelando oí su voz.
–Ja–ke –contestó con la voz temblorosa.
–Debo saberlo, debo saber si ese niño que llevas en tu vientre es mío –fui al grano sin preámbulos.
–No, no es tuyo –dijo con firmeza.
–¿Por qué mientes?
–No miento…
–Eres una mentirosa, Isabella.
–¡Tú eres el mentiroso! Huiste, nos engañaste, creí que estabas muerto, no te perdonaré por todo lo que me hiciste.
–¿Te engañé? –reí con ironía –Jasper asesinó a Rachel, la torturó para que confesara el plan de escape, ¿cómo pudiste permitírselo?
–¿Jasper? ¿De qué rayos hablas? ¡Nosotros no le hicimos nada a Rachel! ¡Los malditos Denali la mataron! –exclamó.
¿Los Denali?
¿Qué?
–No, no, ustedes…
–¿Quién te dijo que fue Jasper?
Tanya me lo había dicho.
–¿Tanya Denali te dijo eso? –indagó –Ella te ayudó a huir, ¿verdad?
¿Tanya había asesinado a Rachel?
Estaba absorto.
–¿Jacob? –Riley giró la perilla, como le costó abrir la puerta, comenzó a empujarla –¿Qué haces ahí dentro? ¡Ábreme la puta puerta!
–¿Es mi hijo? –repetí con insistencia.
–¡Basta! ¡No tienes ningún derecho!
–Entonces sí, sí es mi hijo –sentía que estaba confirmándomelo.
–Espero que jamás volvamos a vernos, Jake. Ten una buena vida –colgó.
Lancé el teléfono por la ventana.
Riley le dio una patada a la puerta.
–¿Qué mierda estabas haciendo? ¿Por qué trabaste la puerta, eh? –me sujetó de la blusa, estaba frenético.
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Durante el almuerzo, Riley colocó su celular frente a mí.
–Tanya quiere hablarte –dijo retirándose.
Era una video llamada.
–¿Qué planeabas hacer anoche, bebé morenito?
–No sé de qué estás hablando –mentí.
–Riley me ha dicho que sucedieron algunas cosas extrañas.
–Anoche me emborraché con tequila, es todo.
–¿Te emborrachaste? ¿Y por qué?
–Pensaba en Rachel –la rabia me consumía.
–¿Por qué aún piensas en ella? ¡Déjala ir!
¿Dejarla ir?
Inhalé.
–¿Quién la mató?
–Ya te conté lo que sucedió…
–Cuéntamelo otra vez –necesitaba oír su mentira una vez más.
–Whitlock la torturó para que le dijera dónde te escondías, y cuando habló, la mataron a sangre fría, esa es toda la historia.
–¿Whitlock lo hizo?
–Sí, él lo hizo –su mentira persistía.
–Sé que él no lo hizo, sé que lo hiciste tú, Tanya –la enfrenté.
–¿De qué hablas?
–¡Tú lo hiciste!
–¿Yo? ¿Cómo me crees capaz de hacer algo así?
–¡Eres capaz de eso y de mucho más!
Golpeó la mesa rabiosa.
–¿Cómo te atreves? ¡Yo te salvé el pellejo! ¡Deberías estar agradecido conmigo, deberías venerarme!
¿Venerarla?
Estaba completamente loca.
–¿Por qué no me dices la verdad? ¿A qué le temes? ¿A mi odio? ¡Pues ya te odio! ¡Te aborrezco! –chillé lanzando el teléfono a un lado.
Estaba decidido, iba a huir, iba a volver a Estados Unidos, e iba a vengar la muerte de Rachel, los Denali pagarían por todo lo que me habían hecho pasar, y reclamaría a mi hijo, Isabella no podía quitarme la oportunidad de ser padre, era mi derecho.
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*Bulimia o bulimia nerviosa es un trastorno alimenticio y psicológico caracterizado por la adopción de conductas en las cuales el individuo se aleja de las formas de alimentación saludables, consumiendo comida en exceso en períodos de tiempo muy cortos, seguido de un período de arrepentimiento, el cual puede llevar al individuo a expulsar el exceso de alimento a través de vómitos o laxantes.
