Drabble: La dama del agua
–Eso es mentira –bufó Rose.
–¡No, no es mentira, es verdad, Rose! –insistí –La dama del agua existe, y vive en la noche, afuera… acechando, esperando una nueva presa. Cuando huele a su nueva presa, sale del agua y ¡ataca!
–¡Basta, estás asustándonos! –Bella me empujó.
–¡Ya déjalas, Emmett! –Edward negó.
–La dama busca alimentarse de jóvenes bellas, como ustedes –acaricié la mejilla de Rose.
–Pfff –Rose se cruzó de brazos –¿Por qué no molestas a Jasper? –señaló a su hermano.
–¿Por qué a mí?
–¡Porque ya no lo soportamos, sopórtalo tú! –gruñó Bella alejándose.
–Si te alejas, Bella, la dama te comerá –reí.
Me hizo fuck you con su dedo medio.
–Ya basta, Emmett, enserio, no da gracia –Edward fue tras ella.
–Es solo una bromita –codeé a Rose.
–¡Me tienes harta con tus bromitas!
De repente se cortó la electricidad en la cabaña.
–¡Ahhhhhh! –Rose gritó desesperada.
–¡Cálmate, Rose! –exclamó Jasper levantándose del sofá, con la linterna de su celular encendida.
–¡Tengo miedo!
–La dama del agua viene por ti, Rose, ya viene, ya viene –rocé su espalda con la yema de mis dedos –¡Buuuuuu!
–¡Basta, Emm! –me dio una bofetada.
–Auch –me vibró la mandíbula.
–Ahhhhhh ¡ayuda! –se oyeron los gritos de Bella en el piso de arriba.
–¿Y eso? –Rose se me prendió del brazo.
–Están jugándonos una broma –negué riendo.
Edward cayó por las escaleras.
–¡Oye, Ed! –Jasper corrió a él.
–¿Él está bien? –Rose entrecerró los ojos –¡No quiero ver! ¡Tengo miedo!
Me acerqué lentamente, tenía el cuello roto.
–¡Oh mierda! –me tapé la boca.
–¿Bella? –Jasper alumbró la escalera –¿Bella? ¡Respóndeme!
Se sintieron unos pasos.
–¿Bella, eres tú?
–Claro que no es Bella –musité alejándome.
–¿Qué sucede? –tembló.
–Alguien entró a la casa –respondí agarrándola del brazo –¡Hay que irnos! ¡Vamos, Jasper!
–¿Y Edward?
–Estaba muerto –susurré.
–¿Quéeeeeee? –Rose se puso frenética.
–¡Vámonos! –me dirigí a la puerta trasera.
–Ahhhhhhhhhhhhh –oí gritar a Jasper.
Volteé –¡Rose! ¡Rose! –no podía dejarla.
–¡Emmett! ¡Ayúdame!
–¡No es cierto! –grité al ver a la dama del agua sobre Rose.
–Ahhhhhhhhhhh –chilló ella pataleando.
–¡Suéltala, maldita! –agarré una lámpara e intenté golpearla.
Giró el rostro, me observó fijamente con sus ojos negros.
–¡No! –gruñó.
Rose parecía estar muerta, tenía la piel pálida y los ojos desviados.
–Oh, dios –reculé lentamente.
¡No podía ser cierto! ¡La dama del agua era solo una tonta leyenda!
¡Ella no era real!
Corrí hacia la puerta trasera.
–Nadie escapa de mí –sentí su voz detrás de mí.
–Ahhhhhhhhhhhh
