Drabble: Fanatismo

–¡Alice Brandon, aquí, mira mi cámara por favor! –los paparazzi no paraban de gritarme, los flashes de las cámaras me enceguecían.

Sonreí fingiendo.

–La función va a comenzar, debemos ingresar –mi manager me tomó de la cintura, salvándome.

–Uffff

–¿Viste la cantidad de gente que desea ver tú película?

–Es una película de horror mediocre, Eleazar –murmuré bufando –la crítica nos destrozará.

–La crítica no paga las cuentas.

Cayo Vulturi, el director y guionista, se acercó para saludarme.

–Te ves radiante, Brandon –susurró en mi oído elogiándome.

–Oh, gracias –intenté alejarme, siempre se desubicaba e intentaba tocarme.

Me sujetó del brazo con fuerza, y aprovechó para manosearme el trasero.

–La película será un éxito gracias a ti, todos desean ver la escena donde te quitas el sostén –mordió su labio inferior.

Era repulsivo, me revolvía el estómago.

–Ven, siéntate a mí lado.

–No, le prometí a Eleazar que me sentaría a su lado –negué poniendo una excusa.

–¿Tu manager? –rió con ironía –¡No, cariñito, te sentarás con el maestro! –se auto señaló.

¿El maestro?

Elevé mis cejas.

–Buuuuu –unos muchachos con máscaras espeluznantes se nos abalanzaron.

–¡Hey, no molesten fenómenos! –gruñó empujándolos.

Al ingresar a la sala de proyección, el público que presenciaría el estreno se puso de pie para aplaudirnos.

–¡Eres una diosa! ¡Wow! –gritaban alentándome –¡La mejor actriz de Hollywood!

Comenzada la proyección, Cayo colocó su mano sobre mi falda.

Me crucé de piernas incómoda.

A mitad de la película, intentó meter su mano bajo mis bragas.

Le golpeé furiosa.

–Ch, ch, relájate –jadeó.

Toda la sala aplaudió cuando la escena de mi desnudo inició.

Un par de senos podían, definitivamente, ganarle a un argumento de porquería.

Me levanté –Iré al baño –dije saliéndome.

Eleazar me hizo señas preocupado.

Elevé mi pulgar para indicarle que estaba todo bien.

Ingresé al baño, estaba vacío, abrí el grifo, mojé mi cuello.

–¿Por qué decidí ser actriz?

Ser famosa en realidad, no era para nada como había imaginado.

Me metí en un cubículo para orinar.

Oí unos pasos, abrieron mi puerta, salté del susto.

–¡Oye! –chillé acomodándome el vestido.

Un joven de cabello castaño, camisa a cuadros con el botón superior abrochado, ojos almendrados y gafas gruesas, se apareció de sopetón.

–Soy tu fanático –indicó mirándome como si fuese un acosador.

–B–bi–bien –titubeé temblorosa.

–Eres la mujer más hermosa –me arrinconó.

–¿Podrías darme más espacio?

–Hueles riquísimo –apoyó su nariz en mi cuello.

–Por–por–fa–favor –coloqué mis manos en sus hombros para alejarlo.

–Quisiera un mechón de tu precioso cabello –sacó una tijera de su vaquero.

–Hey, hey

–Un pequeño mechón –apoyó la tijera en mi mejilla.

–Me lastimarás –sollocé.

Cortó un trozo de cabello a la altura de mi mentón.

Respiró agitado, como si estuviese excitándose.

La tijera se hundió en mi cuello, me paralicé.

–N–no–no–qui–quis–quise –parpadeó repetidas veces.

Removí la tijera de mi cuello, la sangre salía a borbotones.

Tosí.

¿Así iba a morir?

¿Asesinada por un fanático?