No lo podía creer Sesshomaru la estaba besando con una pasión que nunca imagino que tendría alguien tan aparentemente frío.

Y ella lo disfrutaba aunque no debería hacerlo.

Cuando el profundizó el beso y se froto nuevamente contra ella no pudo evitarlo y gimió.

El peliplateado tomo esto como una invitación y le saco suavemente la camisa del pantalón, con la uña delineó su piel suavemente.

Cuando sintió su dedos rozando su abdomen una oleada de calor se deposito en su vientre.

El hombre atacó su cuello, lamiendolo deliciosamente mientras ella soltaba gemidos de placer ahogados, quería contenerse pero su cuerpo no le obedecía. Se sentía de gelatina. Estaba totalmente rendida ante el.

Nunca se imagino estar en esta situación con Sesshomaru, pero en este momento sentía que se derretiría en sus brazos.

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De nuevo su plan había sido un completo fracaso.

Rin se Lamentaba mientras caminaba a su cabaña

-Cuando dejare de insistir… - Murmuró tristemente.

-Hola Rin, traje esto- recostado en una de las paredes de la cabaña se encontraba Kohaku, parecía que la esperaba. El chico le extendió una pequeña y delicada flor. Ella le sonrió como pudo

-Gracias – llevo la flor a su nariz y la olio- es muy hermosa.

-Se parece a ti – le dijo con las mejillas un poco coloradas, pero nada comparadas con las de Rin.

Se hizo un silencio incómodo de repente, ninguno sabía que decir o que hacer.

-Aquí estás Kohaku -Saludo Dulcemente Sango – Hola Rin.

-Hola señorita- Saludo la menor con una inclinación, agradeciéndole internamente que terminara con el momento incómodo.

-¿Dime que necesitas Hermana? – se apresuró a preguntar Kohaku.

-¿Podrias ayudarme un rato con los gemelos? Es que debo hacer algunas cosas

-Claro, no hay problema- Le sonrió.

-¿Quieres ayudarle Rin? – inquirió sintiéndose un poco culpable, ya que se había dado cuenta que había interrumpido Algo entre ellos.

-hee… si no hay problema.

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Sesshomaru se alejo un poco del rostro de Kagome mientras la miraba fijamente, le costo toda su fuerza de voluntad para alejarse pero debía hacerlo, no iba a permitir que la primera vez de la sacerdotisa con un verdadero hombre fuera en un simple claro, además el gran Sesshomaru con ramitas atoradas en sus… partes no le parecía una idea muy agradable.

-¿ Pensaste en mi propuesta? – Pregunto calmadamente

Ella lo miro, se notaba el deseo pero hizo gala de todo su autocontrol.

-Yo… -El aroma del demonio la embriagaba y le nublaba lo sentidos- No puedo hacerle eso a Inuyasha … - Dijo finalmente, tenía las mejillas muy rojas al igual que sus labios. La había besado tan apasionadamente que estaban un poco hinchados.

- ¿De verdad crees que Inuyasha desperdiciaria una oportunidad parecida a esta si estuviera con la otra sacerdotisa?- le pregunto con una sonrisa de medio lado

Kagome bajo la mirada, quería a Inuyasha pero no podía poner las manos en el fuego por el si estuviera en una situación similar con Kikyo. Aunque por supuesto no le diría eso a Sesshomaru.

- Rin, ella está enamorada, le rompería el corazón – alego otro argumento bajando la mirada, verlo le causaba corrientazos en el vientre, aunque lo de la niña era totalmente cierto. Ella misma le había dado consejos amorosos.

El tampoco quería lastimar a Rin pero… al ver a Kagome así, bajo el, con solo la tela separandolos no sabía si correr el riesgo… si definitivamente correría el riesgo.

Sentía que se quemaba cada momento que no la poseia, el deseo era casi incontrolable. Necesitaba escucharla gritar su nombre además que sabía que ella también lo deseaba.

Kagome como pudo se libero del agarre y se levantó, se acomodo el traje y comenzó a alejarse a la carrera.

-Te pudiste haber salvado de Naraku pero de mi no… -Susurro para si divertido, aunque frunció el seño cuando vio la carpa formada en sus pantalones.

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¿Pero que estaba pasando? Todo estaba de cabeza, se sentía abrumada y un poco asustada. No creía que Seshomaru se rindiera tan fácilmente. Miraba sobre su hombro cada tanto para comprobar que no veína tras ella, pero al parecer era libre.

Eso por algún motivo la decepcionó.

Se sentía complementa excitada y culpable muy culpable. Hasta en cierto grado hipócrita, había discutido con Inuyasha por qué el recordaba a Kikyo y ella casi se acuesta con su hermano.

Se llevó las manos a la cabeza mientras tomaba aire, necesitaba llegar a la Aldea sin que Inuyasha se le acercara o se daría cuenta que había estado con Sesshomaru, podía inventar alguna excusa para eso pero el medio demonio conocía su olor cuando estaba excitada.

Todavía sentía que se le iba a salir el corazón del pecho.

No podía negar que Seshomaru había despertado el deseo en ella, era inevitable por su comportamiento además que era un hombre muy atractivo.

Pero le daba miedo, era también un demonio muy poderoso que siempre obtenía lo que quería y ella no sabia que era lo que el quería precisamente, ok si, acostarse con ella pero no creía que estuviera enamorado, parecía solo deseo puro y simple aunque con el era imposible saberlo.

Pero ella amaba a Inuyasha y no podía hacerle eso ¿Si lo amaba verdad?, había compartido muchos momentos con el medio demonio, además estaba segura que el la quería… amarla al completo, eso era otro tema pero no se sentía con autoridad moral para reclamar eso precisamente ahora.

Tal vez si ponía un campo de energía Inuyasha no detectara su olor.

Estaba debatiendo que hacer cuando quedó inconsciente y nadie lo vio pero un hombre la tomo en brazos y despareció junto con ella.

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Inuyasha estaba inmerso en sus recuerdos, no entendía porque pensaba tanto en Kikyo, ella ya no estaba.

Ese pensamiento le estrujó el corazón.

Pero es que últimamente su memoria estaba muy presente y era que Kagome se parecía tanto tanto a ella, que a veces no podía evitar sentirla a su lado.

Cuando Kikyo aún era humana él le había hecho el amor y había sido totalmente maravilloso. Aunque solo fue una vez antes de que ella muriera y lo sellará en el árbol sagrado.

Era un recuerdo que atesoraba y que jamás le había confiado a nadie, mucho menos a Kagome.

Era un secreto que se llevaría a la tumba si era necesario.

La primera vez que estuvo con Kagome fue muy especial, la adoraba pero últimamente y no entendía porque la imagen de Kikyo se confundía con la de Kagome.

Eso hizo que se pusiera melancólico y se alejara un poco de su sacerdotisa pero no quería que ella dejara de quererlo. Eso nunca.

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Seshomaru se levantó apenas Kagome se fue corriendo y tomo el sentido contrario.

No creía conveniente presionarla demasiado, ya poco a poco iba cayendo.

Pero no veía la hora de tenerla para el, aunque ella menciono algo muy cierto

Rin, el no quería lastimarla y como idiota lo que había hecho últimamente era ilusionarla.

Aunque ella no tenía porque enterarse. ¿Era solo sexo lo que el quería no?

Nunca se había detenido a pensar en tener una reina, o una compañera. Era un lobo solitario y le gustaba pero necesitaba Calor femenino de vez en cuando. Su única preocupación era que si ese calor que necesitaba era momentáneo o no. Pero lo descubriría cuando cumpliera su objetivo, al menos eso esperaba.

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Kagome abrió los ojos lentamente, sentía el cuerpo adormecido y cansado. Los párpados le pesaban muchísimo

-¿Dónde estoy? – se pregunto cuando logro enfocar bien la vista.

Era una habitación lúgubre y gris. Las paredes eran todas de piedra y no se veían ventanas ni puertas en ningún lado. La poca luz que había venía de una antorcha en una de las paredes

"Un calabozo… ¿por qué estoy en un calabozo?"

Un sudor frío le recorrió la espalda y sentía muy seca la boca de repente.

-Despertaste… - Dijo una voz masculina. De una de las paredes se materializó un hombre alto e imponente. No podía verlo bien por la poca luz – Entonces tu eres la famosa sacerdotisa que destruyó a Naraku y a la gran Perla de Shikon.

-¿Quien eres? -Kagome se levantó como impulsada por un resorte, mala idea ya que se mareo y la vista se le nublo nuevamente- ¿dónde estoy? ¿Qué quieres? – susurro apoyándose en la pared

-Son muchas preguntas ¿No crees? – respondió el hombre dando un paso adelante, lo que le facilito ver su rostro. Era muy blanco, con los ojos de un ámbar muy profundo, facciones afiladas y un corto cabello negro. De alguna manera se le hacía familiar – No pareces muy poderosa.

Se acercó un poco más y la examinó detenidamente

Kagome trato de conjurar su energía espiritual pero se sentía muy débil.

-¿Qué me hiciste?

-Solo te debilite un poco, no quería arriesgarme después de lo que le hicieron a Kitzu

-¿Kitzu? ¿Quién es Kitzu? – pregunto confundida.

-Mi mascota con la que tú y el híbrido acabaron solo para salvar a unos estúpidos aldeanos -Dijo molesto.

-¿Ese Monstruo era tu mascota? ¡Estaba asesinando personas inocentes! -Le parecía absurdo todo esto.

-Tenia que comer – Espeto alzando una ceja.

-¿Por eso me tienes aquí? ¿Por tu mascota?

-En parte… solo quiero un poco de Caos – Respondió enigmático.

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En el próximo episodio:

-¿Qué haces tú aquí? -Pregunto Inuyasha Molesto – ¡Kagome es mi mujer y soy yo el que la tengo que proteger!