Kagome sentia como si el corazón se le partiera en pedazos, hasta el momento había tolerado el luto que InuYasha le guardaba a Kikyo ya que pensaba que era algo no tan… profundo.

Sabía que el la amo pero por su cabeza nunca pasó que habían hecho el amor, que inocente era, su mente solo bloqueó esa idea y luego de que se convirtió en su mujer y el le dijera que era la primera simplemente lo acepto.

Sesshomaru la observaba detenidamente, tenía la mirada fija en un punto en el horizonte y el seño fruncido, se veía perdida en sus pensamientos.

Eso le molestó, el quería que sus pensamientos fueran solo y exclusivamente para el.

Ella se acurrucó en sus brazos y acercó la cabeza más a su pecho.

-¿A dónde vamos? – pregunto suavemente.

-A mi castillo… - Respondió el simplemente

-¿Tienes un castillo? – levanto la mirada detallando sus finas y varoniles facciones, el solo asintió - ¿Y entonces por qué siempre andas de aquí para alla, como si no tuvieras dónde ir?

-El castillo era de mi padre, me lo dejo con la esperanza de que tomara su puesto como el lord de las tierras del oeste – explico el mirándola a los ojos y poniéndola muy nerviosa- pero nunca me ha interesado ese título, ni el castillo. Yo solo forjó mi camino.

Ella solo asintió, eso esa muy de Sesshomaru.

Luego de un rato llegaron a la entrada de un enorme e imponente castillo, aunque se veía un poco solitario y abandonado.

-Tengo la servidumbre al mínimo – explico Sesshomaru leyendo su expresión – Solos los estrictamente necesarios ya que nunca estoy aquí.

-¿Son tus esclavos? - Pregunto frunciendo el seño.

-Antes si – respondió tranquilamente – pero se quedaron solo los que quisieron por lealtad a mi padre y a la familia.

Un guardia los vio acercase y casi pega la nariz al suelo de la reverencia tan pronunciada que le hizo al demonio.

-Mi señor – Saludo solemnemente – un gusto verlo de nuevo.

Sesshomaru solo asintió y la guío adentro con la mano suavemente en su espalda.

El jardín era simplemente espectacular, había muchas flores de todos los colores, pequeños árboles delicadamente podados, grandes esculturas de guerreros y en el centro una más grande del general perro y a su alrededor unas hermosas rosas rojas que fueron sus preferidas.

-Esas rosas eran las consentidas de mi madre – Comento Sesshomaru al verla acercarse y acariciar una con suavidad – por lo menos mi padre tuvo el detalle de no arrancarlas cuando ella se fue.

Kagome no sabía que decir a eso así que solo miro la estatua de InuTaisho con detenimiento, le parecía que tenía el porte firme y poderoso de Sesshomaru pero su expresión se parecía más a la de InuYasha y algo en sus rasgos le recordó también a su nieto.

Esto le ensombreció la mirada, sería algo muy difícil de superar.

-Vamos adentro – Dijo el peliplateado, le daba cierta incomodidad esa estatua.

El castillo por dentro estaba impecablemente limpio y decorado con un exquisito gusto.

Una vieja demonio llegó corriendo a recibirlos

-Mi señor – Dijo con una radiante sonrisa – Que gusto verlo de nuevo.

-Hola – dijo simplemente el, pero algo en su tono era más suave que de costumbre. La mujer dirigió su mirada a ella – ¿Y está hermosa jovencita?

-Hola, soy Kagome – saludo la chica haciendo una reverencia, la mujer le sonrió y le devolvió el saludo.

- Busca algo de ropa para ella y prepara algo de comer – ordenó a la anciana que le dio una leve inclinación y despareció por uno de los pasillos.

-¿Ropa? – pregunto Kagome con curiosidad, la comida si la agradecía porque estaba hambrienta.

-Me imagino que quieres bañarte antes de comer – dijo mirándola- o si lo prefieres puedo acompañarte y puedes ponerte la mía.

Kagome enrojecio, se le había olvidado por un momento sus encuentros candentes con Sesshomaru.

-No será necesario – susurro

El se acercó la tomo de la cintura y le alzó el mentón con una mano

-¿Sabes que no te traje hasta aquí porque soy buena persona y quiero ayudarte a superar la traicion de Inuyasha verdad? -la respiración de la chica se aceleró, había ignorado deliberadamente ese detalle – De este castillo no sales hasta que seas mía.

La soltó sin decir más nada y comenzó a caminar en dirección a las escaleras, Kagome trato de calmarse un poco y lo siguió.

Llegaron al final de uno de los laberinticos pasillos, hasta la puerta más alta e imponente.

Sesshomaru la abrió y se apartó un poco para darle paso.

Al entrar se quedó asombrada de la belleza de la habitación, aunque era simple cada mueble cada detalle era sumamente hermoso.

Había una enorme cama labrada en madera, no sé le escapó el detalle de que ya había ropa allí para ella, múltiples sillones junto con una mesita y un enorme espejo que abarcaba una pared completa de la habitación.

Dio unos pasos adelante y vio una entrada a otra habitación, se acercó y vio el baño más hermoso e imposible.

Si no estuviera viendo el techo pensaría que estaba al aire libre, había un mini lago con una cascada algunas piedras para reposar en la orilla, y mucha vegetación.

-Esto es… hermoso – dijo maravillada, sintió los brazos del demonio rozando los suyos, estaba pegado a su espalda mientras rozaba su cuello con la lengua.

Automáticamente la chica sintió una corriente bajar por su vientre y su ropa interior humedecerse, escucho un suave sonido triunfante de Sesshomaru

-¿Quieres que te haga compañía? – le pregunto mientras acariciaba su cintura.

-No … No hace falta – dijo nerviosa, sintió la sonrisa de el en su cuello.

-Entonces cuando estés lista – la soltó y salió a la habitación.

Espero hasta que lo escucho recostarse en la cama para quitarse la ropa

"Estupido baño sin puerta" pensaba mientras se hundía lentamente en el pequeño lago, mientras daba miradas nerviosas por encima del hombro.

Suspiro, el agua estaba tibia y muy agradable, se metió bajo la cascada y sus problemas desaparecieron por un instante.

Después de un largo rato se sentía lo suficientemente limpia así que salió del lago, cerca había una especie de bata de una tela extremadamente fina y transparente, Sesshomaru debió haberla dejado ahí en un descuido suyo ya que cuando entro estaba segura que eso no estaba ahí. Enrojecio violentamente.

Tomo la bata y arrugó un poco el seño, la alzo, si definitivamente se le vería todo con eso, pero no tenía más remedio así que se la puso.

Entro a la habitación y vio a Sesshomaru recostado, se había despojado de todas sus armanduras quedando solo con su característico kimono blanco.

Kagome camino lentamente hasta quedar frente a la cama donde Sesshomaru se encontraba recostado y se quito la bata quedando totalmente desnuda.

El hombre se levantó y lentamente se acercó a ella, le acaricio la cara con suavidad, la tomo de la cintura y la beso apasionadamente.

Había mucha necesidad en eso beso, con la mano acaricio su trasero y delineó suavemente su piernas hasta llegar a su rodilla, que levanto y la apoyo en su cadera.

La llevo hasta la pared y la acorraló. Se froto contra ella haciéndola gemir.

Se alejo un poco para quitarse la ropa, sentía que se quemaba, nunca se había sentido tan exitado. Estaba ejerciendo todo su autocontrol para no penetrarla de una vez.

Kagome lo miro sonrojada al verlo totalmente desnudo, a falta de cualquier palabra que lo describiera le parecía simplemente perfecto.

Su piel era blanca y tersa, su torso y brazos musculosos, sus piernas fuertes y su mienbro era del tamaño justo.

Había decidido solo dejarse llevar y no pensar. Ya afrontaría las consecuencias después.

El se acercó nuevamente y alzo un poco una de sus piernas, para luego llevar la mano a su entrada, estaba muy húmeda.

Sumergió suavemente un dedo, haciéndola gemir deliciosamente. Alzo la mano y lamió muy suavemente su dedo.

Kagome entrecerro los ojos, la situación la sobrepasaba.

Sentía su cuerpo temblar y retorcerse con cada toque del peliplateado, estaba a punto de perder el control.

Sesshomaru sentía su miembro palpitar, no aguantaba mas, ya habrá tiempo para juegos, pero ahora quería sentirla a su alrededor.

Introdujo la lengua en su boca con desesperación y la penetró de una sola estocada.

Kagome gimió en su boca, jamás había sentido tal deseo, lo necesitaba.

El demonio comenzó a embestirla fuertemente, con cada embestida sentía más y más necesidad de ella.

Lo volvía loco su cara de placer, sus mejillas sonrojadas, su cabello revuelto, pero sobretodo sus ojos llenos de lujuria deseo.

Y cada gemido era una invitación a querer otro, en ese momento lo decidió no permitirá que su medio hermano ni ningún otro le pusiera un dedo encima, era suya y de nadie más.

La cargo aún dentro de ella y la llevo a la cama, la recostó y siguio moviéndose ahora más pausadamente mientras la besaba.

Sentía algo raro en su boca, sus colmillos se sentían extraños. Se apartó un poco y apoyo la cabeza en la almohada dónde descansaba el cuello de su sacerdotisa.

Surgió una necesidad casi incontrolable de marcarla, necesitaba que todos supieran que era suya y lo sería siempre.

Pero no podía hacerlo, no ahora. Mordió la almohada con el poco control que le quedaba mientras la embestida cada vez más y más rápido.

Sientio el orgasmo de ella calentandolo, jalandolo consigo pero necesitaba sentirlo de nuevo, no podía acabar todavía.

Alzo un poco el torso y llevo la mano hasta su clítoris frotandolo con frenesí, el cuerpo de la chica se contrajo mientras gemia cada vez más fuerte

-Dilo -Demando autoritariamente el – Di mi nombre, ¡DILO!

-¡Sesshomaru! – gimió casi gritando mientras se contraía nuevamente.

Eso fue todo, no lo aguanto más el término junto con ella mientras se le nublaba la vista.

Se recostó a su lado jadeando. Esto se había sentido mucho mejor de lo que se imagino tantas veces.

Ella también jadeaba, su corazón todavía estaba acelerado. Sentía pequeñas descargas eléctricas en su vientre. Nunca se había sentido tan… satisfecha.

Se sentó suavemente y vio plumas regadas por toda la cama.

-¿Y esto? – susurro extrañada- ¿Qué le pasó a la almohada?

-La mordí – respondió el con los ojos cerrados.

-¿Por qué?

-Para no morderte a ti – Abrio los ojos y la miro- mi demonio interior me exigió marcarte pero no me pareció lo más prudente.

Esa declaración hizo que se humedeciera nuevamente, ¿Qué le estaba pasando?

No dijo nada solo se levantó un poco y se sentó sobre el.

El la miro con una media sonrisa y alzo sus manos para acariciar sus pechos.

Su miembro ya estaba nuevamente duro,. Ella lo noto, se alzo y se sentó sobre el gimiendo y echando la cabeza atrás para comenzar a moverse con suavidad.

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