¡VaP ha vuelto! Lamento mucho la espera, dos años me llevó, pero prometo intentar ser más constante en la medida de lo posible, sin embargo, ya no más palabras, sigan y disfruten.

Disclaimer: InuYasha no me pertenece, ni ninguno de sus personajes.

Dedicatoria: A H, por comisionar y hacer esto posible; esto va por ti.

Viaje al pasado

Preguntas sin respuestas

—Voy a seguir a Sayumi.

Kitzuna se detuvo al lado de Renard que vigilaba a Rin desde lejos, había ido a buscarlo a la cueva, pero ya no estaba ni la cachorra humana, por lo que rápidamente se dio a la tarea de buscarlo, si hacía algo precipitado con lo frágil que estaba la situación podría empeorar todo, por lo que respiro de alivio al verlo de pie mirando al grupo de kitsunes enseñarle a Rin como terminar lo que fuera que estaba bordando.

—¿Y me lo dices por qué?

—Porque necesito tu ayuda.

Kitzuna alzó su cabeza para mirar el cielo despejado, no había una sola nube entorpeciendo el azul brillante, pero sabía que era momentáneo, el invierno ya tocaba la tierra, pronto las nubes de tormentas se expandirían, los días así ya no se verían por meses, pero la primavera volvería con sus olores perfumados de vida y calidez, como lo fueron Kagome y Sayumi, entendía las ganas de Renard de ir tras ellas, más en específicamente de la heredera, ella haría lo mismo de estar en su posición.

Sonrió captando a Rin mirarlos brevemente antes de que una de las kitsunes reclamara su atención.

—¿Qué necesitas? —preguntó mientras revisaba el área sutilmente, no había nadie al alcancé de sus voces, aunque las cosas podrían resolverse a la vuelta de Sesshōmaru, aún quedaba la otra posibilidad de que todo empeorara, esperaba de todo corazón que eso no sucediera, sus señores merecían estar juntos, pero si eso no resultaba tendría que aceptar que la sugerencia de Sef de que se marchara y se llevara a Renard sería la mejor salida, sin embargo, oraba porque Sesshōmaru regresara con Kagome y Sayumi.

—Una brecha en la guardia.

—Sería difícil —musitó la yōkai analizando los diferentes escenarios que podían ocasionar una brecha, aunque fuera por unos segundos—. Sin embargo, antes que nada, debo decirte que Sesshōmaru-sama fue tras Kagome-sama.

Eso atrajo su atención de inmediato, desde que despertó su único objetivo era planear como convencer a su hermano de dejarlo marchar, aun si eso significaba poner una diana en su espalda en el oeste, considerar los pro y contras de su deseo egoísta requirió todo su autocontrol, fue criado para ser fiel a su gente, la lealtad era la base de su comunidad y su maldición por igual.

El dolor de traicionar a su gente era físico y no muchos lo resistían, por eso eran tan unidos, y, sin embargo, Renard estaba listo para desligarse, porque si debía dar su devoción se lo entregaría todo a Sayumi, aún si eso significara que una parte de él moriría como sucedió con su abuelo, el antiguo líder.

Pero estaba dispuesto a pagar el precio.

—¿Qué significa eso?

—Puede que no necesites esa brecha, pero de ser necesario, Sef nos dejaría marchar.

—¿Qué? Pero Sef… tú… ustedes-

—Lo sabemos, él está dispuesto como yo —le sonrió con cariño.

—Pero no pueden, no-

La yōkai colocó su mano izquierda sobre la mejilla de él, en sus ojos había tanto amor desinteresado que Renard simplemente se derritió con el toque, porque ella era la mujer que le educó y preparó, era la mujer a la que consideraba su madre, su única figura femenina siempre fue Kitzuna, por eso mismo, le dolía ver hasta qué punto irían, tanto ella como Sef, por él.

—Seremos fuerte, Renard. Yo estaré contigo.

En el instante que el yōkai estaba a punto de responder a esa declaración incondicional, sintieron a Sesshōmaru acercándose, ambos se tensaron, porque lo sabían, él regresaba solo.

—Kitzuna…

—Lo sé, quédate aquí y vigílala, yo iré con Sef.

Renard asintió seriamente, alejándose para acercarse más al grupo de kitsunes que distraían y cuidaban a Rin, porque nadie sabía, pero todos lo presentían.

Algo estaba mal.

El yōkai miró la espalda de Kitzuna desaparecer en la distancia y el nudo en su garganta se hizo más pronunciado y doloroso.

.

.

.

—¡Sef!

El kitsune detuvo su caminata de inmediato al oír la voz de su pareja, Sesshōmaru imitó al yōkai casi de inmediato, esperando a que la mujer les alcanzara, vio en esos ojos fieros la duda mezclada con cierta precaución, él lord no la culpo, su último encuentro no fue precisamente en los mejores términos, pudo haberla asesinado rompiéndole el cuello sin dificultad alguna; algo que sin duda alguna hubiera complicado mucho las cosas con los kitsunes y con la misma Kagome.

—Kitzuna —la tomó de los brazos apenas llegó a él, le sonrió con calma.

—¿Qué sucedió?

—No lo sé —contestó sincero, Sesshōmaru no había dicho nada más, lo que haya pasado era un misterio, pero no había nada agresivo en su yōki, aunque si se sentía cierta aprensión e intensidad, sin embargo, nada belicoso se estaba manifestando… por el momento—. Pero debo escoltar a Sesshōmaru-sama a la aldea humana, quiere hablar con la sanadora.

Eso la alertó, si por alguna razón la joven humana sufría, sería absolutamente su culpa al haberla involucrado, por lo que miró directamente a su señor, al encontrar ese color tan deslumbrante, recordó la sensación de ahogarse y el enojo que le invadió al defender a Kagome comenzaba a brotar en sus venas.

—¿Recibirá algún castigo?

Sesshōmaru entrecerró los parpados.

—Ninguno. Pero vendrá conmigo fuera del Oeste.

Kitzuna se sorprendió ante esas palabras, pero al mismo tiempo empezó a considerar todo lo que podía salir mal ante esa acción, la leve alianza que se formó gracias a Kagome podía venirse abajo si sabían sobre el destierro de ambas, a pesar, de que parecía que él ya no estaba tan molesto, aún no había dicho nada sobre lo que sucedería con ellas, que Sesshōmaru fuera a la aldea humana parecía una muy mala idea.

—Sesshōmaru-sama —dio un paso lejos de Sef—, el que usted vaya a la aldea así les asustaría, la alianza fue hecha por y para Kagome-sama; si se llegaran a enterar del… suceso estaría declarando una confrontación directa con ellos, nosotros tendríamos que derramar su sangre y aunque lo haríamos, como las cientos de veces que hemos asesinado humanos y yōkais en su nombre, está vez sería en contra del deseo de nuestros corazones.

Sef apretó la mandíbula, en las últimas horas Kitzuna se había puesto en peligro que sentía que en cualquier momento daría un paso en falso y la perdería, pero entendía de donde nacía toda su pasión y lealtad, por eso no podía hacer que retrocediera, estaría destruyendo su espíritu.

—La lealtad y amistad que le profesas a Kagome es lo que salva tu vida, amarra tu lengua y espera. Sef.

—Sí, Sesshōmaru-sama —replicó poniéndose a su lado inmediatamente, no sin antes acariciar la marca en el interior de la muñeca de Kitzuna, siempre lograba calmada de ese modo, era un contacto tan íntimo que normalmente no lo haría en público, pero no quería que ella se precipitara, la necesitaba centrada por cualquier situación que surgiera.

La yōkai asintió antes de regresar con Renard, confiaría en Sef, él estaba buscando la mejor resolución y esperaba, deseaba que si se pudiera.

Sesshōmaru miró la interacción antes de comenzar a caminar con dirección a la aldea humana, no tenía mucho tiempo, ni la paciencia para estar respondiendo dudas cada que les viniera en gana, necesitaba respuestas lo más rápido posible.

—¡Sef!

El kitsune le siguió de inmediato, no hubo palabras ni más instrucciones, pues ya era mucho tiempo perdido entre la aparición de Kitzuna que parecía dispuesta a pararse en su lado malo, no la culpaba, no con lo leal y comprometida que era su raza.

Sabía a lo que se abstenía cuando dejo que Kagome se acercara tanto a la kitsune y a la tribu en general, pero igual tenía en cuenta la posición de Sef, entendía su forma de pensar y proceder, si debiera hacer una elección, le elegiría.

A pesar de su preferencia por Kagome.

Porque, después de todo, el líder siempre se planteaba todas las rutas posibles antes de elegir la que menos perdidas de vida tuviera.

A la velocidad que iban no tardaron en llegar a la aldea humana, sin embargo, su llegada no pasó inadvertida, las campanas sonaron a su alrededor, en advertencia a su presencia, pero eso no los detuvo.

Sef paró unos pasos detrás de Sesshōmaru, no le sorprendió el ver a una multitud de hombres reunidos en su espera, aunque no parecían tan hostiles, sólo cautelosos, posiblemente su alianza con Kagome les había hecho más receptivos, pero no estúpidos y eso le agrado.

—¿Quién responde por esta aldea? —Alzó la voz lo suficiente para hacerse escuchar, pero no parecer intimidante… o por lo menos, no mucho, prefería no parecer tan aterrador como su Señor.

—Ese sería yo —Yokomo se abrió paso entre sus hombres, había asegurado primero a su pareja e hijo antes de salir, eran dos yōkais desconocidos, enseguida reconoció al que era kitsune, pero el otro emanaba un aura muchos más peligrosa lo que hizo que se tensara de inmediato—. ¿Quién me solicita sin previo aviso?

—Aquel que le deja vivir en el Oeste —replicó Sef sin parpadear—. Lord Sesshōmaru.

Yokomo se encontró a si mismo teniendo un debate interno, su primer instinto fue empuñar su arma, pero recordó su promesa a Kagome, si era verdad, él yōkai de mirada distante era su pareja y tenía una deuda, aún si en realidad no tuviera ni un solo gramo de simpatía hacia el Lord, pues él era la principal causa del sufrimiento de las aldeas humanas. El miedo y la desesperación eran el pan de cada día, porque el único hijo del anterior gobernante no quería ni mirarlos, como si sólo presencia fuera una afrenta a él, como si no tuvieran el derecho de vivir.

Pero inclinó su cabeza por respeto y no en señal de sumisión.

—¿Qué asunto le trae a esta aldea? —peguntó siendo lo más cortés posible.

Sesshōmaru dio un paso hacia adelante haciendo un barrido visual, la humana estaba ausente, lo esperaba, su aroma apuntaba a que estaba fuera de la aldea, sin embargo, la única razón por la que no fue directamente a ella, fue por las palabras de Kitzuna.

—Vengo por una curandera.

Eso no tenía ningún sentido para el humano, después de todo, Kagome era mucho mejor en conocimientos como bien demostró al salvar a su mujer de la muerte, por lo que la petición era absurda, lo que causó sospechas.

—¿Por qué? Kagome-sama tiene un mayor entendimiento y manejo de las plantas medicinales así que me parece extraño esta solicitud.

Sef considero con cuidado sus siguientes palabras, había una ligera posibilidad de que todo saliera mal y que la aldea se fuera en su contra al saber sobre lo acontecido entre Kagome y Sesshōmaru, ¿qué tanto podía decir?

—Es para Kagome —la afirmación de Sesshōmaru sacó a Sef de sus pensamientos algo sorprendido de que fuera directo al punto, se removió alerta al ver que como el lenguaje corporal de la mayoría de los presentes cambiaba a uno más hostil, sobretodo el líder de la aldea que ahora parecía menos receptivo para una plática civilizada.

—¿Y puedo preguntar por qué Kagome-sama necesita una curandera?

Sef supo que era momento de intervenir, así que dio un paso casi dudativo hacia adelante para sobresalir y llamar la atención, lo cual logró casi enseguida.

—Hubo una… situación que la dejo indispuesta —lo cual no era una total mentira, tampoco iba a decir que fue desterrada—. Por eso hemos venido.

Yokomo seguía algo inseguro y receloso, pero si Kagome-sama necesita ayuda, su honor y promesa le obligaban a escuchar y proveer el apoyo necesario para la supervivencia y bienestar de ella, así que miró hacia atrás donde la multitud había abierto el paso a las curanderas que escucharon todo, Aiko venía encabezándolo; el líder la llamó con un movimiento de mano, ella se separó del grupo sin dudarlo para presentarse con una reverencia hacia Sesshōmaru.

—Aiko es la cabeza de las curanderas, si alguien puede ayudar es ella.

El yōkai negó.

—No. Se me habló de una joven que responde al nombre de Chiai, ella será quien venga.

La mujer trata de ocultar su sobresalto, pero no escapa a la vista de ambos yōkais, no luce ofendida por el desplante, más bien asustada como si ese nombre no debiera pronunciarse; sin embargo, Yokomo, a diferencia de ella, tenía el ceño fruncido y la desconfianza volvía a rezumbar en su postura.

—Me parece que no será posible —se negó el humano.

Sef al ver que no era la respuesta que se buscaba y tratando de que la ayuda de Chiai siguiera en secreto para su aldea, intervino moviéndose hacia un lado.

—¿Por qué no es elegible para esta empresa en cuestión?

—Si se me permite hablar —Aiko parecía más compuesta, pero no menos molesta; al notar que nadie la detenía se volvió hacia los yōkais, su mirada nunca subió más allá de las rodillas de ambos, mostrando que entendía su estatus—. La joven a la que buscan, Chiai, es mi hija y aún es una aprendiz, no ha recibido su título como curandera, por lo que no es la indicada para servirle a Kagome-sama y-

Sesshōmaru notó el arribó de Kōki y Chiai, vio como el rostro de ella caía ante las palabras de su madre.

—¿Y eres tú la más apta para esto? Es lo que dices.

—Lo soy —aseveró sin ninguna duda.

Sesshōmaru dio un paso hacia adelante, haciendo que ella retrocediera con miedo como todos los humanos que estaba cerca, miró a su alrededor el hedor a desconfianza y miedo se iba incrementando.

—¿Quién responde al nombre de Chiai? —exigió el yōkai, manteniendo la fachada de desconocimiento.

—Esa sería yo.

Ella avanzó hacia ellos.

Kōki se había ocultado una vez se aseguró que ella llegó sin inconvenientes, aunque pudo percatarse de como su estado anímico decayó ante las palabras que escuchó, ahora entendía mejor el arrebató que tuvo momentos atrás al tratarla tan protectoramente, aunque no podía evitarlo, se le ordenó el cuidarla de cualquier peligro… ¿eso incluía de igual manera sus emociones? Porque de hacerlo, no hizo un buen trabajo. Sólo deseó que nada más la dañara.

Chiai se sentía vulnerable y expuesta mientras caminaba enfrente de toda la aldea, pero no se permitió ningún atisbo de duda, se inclinó ante del yōkai una vez estuvo frente a él, posiblemente la venia fue más profunda de lo que debía ser, puesto que su lealtad era para su raza… o así debería ser.

Sesshōmaru se movió hacia ella, a pesar de una leve vacilación en su postura al verlo aproximarse no hubo rechazo, el yōkai pareció complacido.

—La humana que responde al nombre de Chiai, será quién venga —ordenó.

Sef viendo que la madre iba a intervenir de nueva cuenta se apresuró a hablar, lo último que necesitaba es que la paciencia de Sesshōmaru se extinguiera, él estaba haciendo un esfuerzo en mantener la implicación de Chiai lejos de ella.

—Me parece una opción acertada, dado que la joven humana a mostrado una inclinación neutral entre yōkais y humanos, sin querer ofenderla —se dirigió directamente a Aiko—, usted no puede mantener la calma en este entorno que no es hostil, rodeada de humanos y sólo nosotros dos; me temó que sus prejuicios puedan nublar su mente y hacer más daño que bien, puesto que si acepta la misión saldría del Oeste hacia una aldea humana que recibe y comercia con yōkais y hanyōs, ¿puede jurar con su vida que podría permanecer calmada y centrada en un entorno así?

Las palabras fueron escogidas con cuidado para que su réplica fuera un rotundo no, porque Aiko conocía su propia mente y alma, había demasiado resentimiento que apenas iba diluyendo, pasarían años en el mejor de los casos para que la tolerancia llegará a sus corazones; y aunque las razones expuestas eran más que sensatas todavía se negó.

—¿Salir del Oeste? —se erizó al pensar en su hija tan lejos y desprotegida—. ¿Por qué tendría que ir tan lejos?

—Porque ella está ahí —Sef había escuchado hablar a Kitzuna y a su señora del lugar donde regresaban para sanar sus heridas y tomar un respiro en su aventura, una aldea humana que abrió sus puertas a cualquier ser que necesitara descanso o comida—. Kagome-sama no es una nacida del Oeste, sus origines se remontan más allá de las fronteras, recorre las tierras neutras en su afán de traer paz a todos los pueblos de esta tierra naciente. Kagome-sama es una sacerdotisa que no está atada a ninguna lealtad más de la que su corazón elija seguir y ella ha elegido darlo a quienes deseen paz y tranquilidad en su alma. No a los humanos, no a los hanyō ni a los yōkai; nunca a una raza, nunca a unos pocos. Nuestra señora ama y cuida a todo ser viviente que lo necesita. Y una mujer tan devota, ¿no se merece el que salgan frontera para brindarle ayuda?

Lo hacía.

Kagome llegó a salvar a una completa desconocida sólo porque Shôta se lo pidió, otro desconocido, ¿cuánta benignidad tenía en su corazón para acudir sin dudar ni pedir nada por la salvación de su princesa?

—Pero mi hija aún es-

—Tomaré la tarea que han venido a solicitar —interrumpió Chiai sin mirar a su madre, aunque sintió sus ojos en su nuca—, si puedo servir a Kagome-sama para bien, será un honor abandonar estás tierras por su bienestar.

—¡Chiai!

Ella ignoró el llamado para inclinarse, aceptando sin otra condición el marcharse con ellos.

—Está decidido, ve a preparar tus cosas, tenemos el tiempo en nuestra contra —miró a su alrededor antes de alzar su voz—. Kōki, ven —El yōkai llegó a su lado de inmediato, sorprendiendo a los aldeanos ante lo que para ellos fue una aparición repentina—. Acompáñala y ayúdala.

—¡Sí!

Se inclinó antes de ir al lado de Chiai, quien volvió a inclinarse antes de girar hacia la aldea, no miró a nadie y con la cabeza en alto se abrió paso, nadie se interpuso en su camino, es más parecían abrirse para que fuera más rápido no sabía si era por su persona o por Kōki quien la seguía unos pasos detrás, pero su presencia era intimidante para cualquiera que no lo conociera, pronto estuvieron en los pasillos de donde residía y su postura se tambaleó, el yōkai la tomó por los hombros para estabilizarla.

—¿Estás bien? —preguntó sin saber qué hacer.

—Lo hice, ¿verdad? Desafié la voluntad de mi madre frente a todos, acabó de literal tirar mi derecho de nacimiento a estar aquí —jadeó sintiendo como sus pulmones se cerraban y el aire se negaba a entrar.

Kōki rápidamente se dio cuenta que ella estaba experimentado un ataque de pánico, no era común entre sus filas, pero los cachorros kitsunes podían tenerlos por el estrés de la batalla y la espera, así que rápidamente la tomó en brazos para ir a la habitación de la joven, agradecía su buena memoria y aunque no la tuviera, el aroma de ella era bastante distinguible como para poder guiarlo; sin perder segundos abrió y cerró tras su espalda con cuidado de no perder el agarre en el cuerpo pequeño.

Se sentó con la espalda pegada a la pared de madera, para maniobrar a Chiai y colocarla contra su pecho, su cuerpo metido entre sus piernas.

—Chiai, escúchame —murmuró contra su oreja suavemente—, cierra los ojos… sí, así —llevó sus manos hacia las muñecas delgadas teniendo cuidado de no herirla con sus garras—. Necesito que iguales tu respiración a la mía, siente como mi pecho sube y baja, hazlo, así, con cuidado y lentamente.

Ella poco a poco sintió como el oxígeno empezaba a entrar en su cuerpo, agradecida por ya no estar al borde de la asfixia, se dejó caer en su totalidad contra Kōki, que, si bien se puso rígido ante la acción, segundos después la rodeó completamente con sus brazos, acunándola con suavidad.

—Gracias… —murmuró.

Kōki exhaló suavemente contra su cabello.

—De nada.

Ella se desenredó del abrazo después de unos momentos en silencio para empezar a empacar sus cosas, ya habían perdido tiempo con su ataque de pánico, Kōki se acercó a ayudar en lo que podía, parecía que pronto acabarían cuando se escuchó un suave golpe en la puerta. Sin esperar, esta se deslizó revelando a Aiko, que se estremeció al notar al guardia kitsune dentro de la habitación de su hija.

—No debes estar aquí, yōkai.

Chiai se erizó.

—Él puede, lo quiero a mi lado —replicó a la defensiva apretando los hilos de su bolso con fuerza.

—Chiai…

El tonó condescendiente con el que la mujer empezó hablar molesto a Kōki, no estaba en su naturaleza meterse en asuntos ajenos, su formación se inclinaba más a la discreción y cualquier cosa que se hablara en su presencia moriría con él a menos que fuera requerido por sus señores; así que el interponerse entre ambas mujeres era prácticamente nuevo y terreno desconocido, pero se sintió un poco mejor al ver como la mayor retrocedía a su acercamiento inesperado.

—Si está aquí para intentar que la joven curandera retroceda a su palabra no es honorable ni requerido de usted, la simple intención de hacerlo se consideraría traición directa a los lores y eso se pagaría con tu cabeza —sus palabras eran crudas, pero no había mentira en ellas—. Mi deber en estos momentos es proteger a Chiai, física y mentalmente; y usted es en definitiva una amenaza a mi ver.

—Es mi hija, no tienes nin-

—Ahora es protegida directa de la casa de la Luna, ella ha entregado su servicio al bienestar de Kagome-sama, lo que significa que tus derechos fueron removidos, lo único que puedes tener es lo que ella ofrezca libremente sin afectar su promesa y sinceramente has hecho ya demasiado daño.

—¿De qué hablas, yōkai? —preguntó furiosa.

Chiai alcanzó el brazo de Kōki tratando de detenerlo.

—Porque has menospreciado el trabajo y la dedicación de Chiai, saboteando su esfuerzo, ¿para qué? ¿Tu ego?

—No tienes ni idea de lo-

—Chiai —llamó suavemente, cambiando su tono a uno más gentil mirando tras su hombro a la joven que parecía marchitarse lentamente—, ¿quién inició la venia y servicios cuando Kagome-sama salvo a su princesa?

—…mi madre…

—Entonces, te hago una pregunta, por tu palabra y honor, ¿crees que Chiai no está lista para ser una curandera?

Aiko no pudo sostener la mirada.

—Está lista.

Kōki asintió antes de girarse para terminar de hacer los bolsos, los tomó una vez listos y le sonrió a Chiai.

—Te estaré esperando, no demores.

Salió de la habitación dejando a las dos mujeres solas, Chiai observó al yōkai hasta que se perdió, tardó unos momentos en poder mirar a su madre, que tenía su rostro teñido de dolor.

—Madre.

—Tu padre fue asesinado por yōkais.

—Sé.

—Yo no puedo aún encontrar el descanso en mi corazón para perdonar.

—…sé.

—¿Puedes tú?

Chiai la miró en silencio antes de mirar sus manos que ya no eran suaves ni tersas desde que empezó su entrenamiento.

—Pensé por un tiempo que no podría, que el dolor de perderlo nunca se desvanecería, que sería una herida que sangraría por el resto de mi vida y entonces, llegó Kagome-sama con su frescura y visión, ella no dudo ni por un instante en brindar ayuda y no importo si era mano humana o yōkai. Y me pregunté, ¿por qué las acciones de un yōkai deberían definir mi percepción? Pero para poder descubrir completamente si puedo perdonar o no, necesito ampliar mi visión y el estar aquí no lo conseguiré del todo. Quiero ver el mundo más allá de las fronteras.

—Es peligroso.

—Sé, madre. Lo sé. Y quiero tomar ese riesgo —miró a su alrededor, la pequeña habitación donde aprendió y vivió—. Este lugar ya es demasiado limitado.

A Aiko le dolió el corazón, pero aceptó la decisión que su hija había tomado, en otras circunstancias estaría feliz por ver a su pequeña crecer y seguir su propio camino, sin embargo, si estaba orgullosa.

—Escribe seguido.

Chiai sollozó antes de abrazarla.

—Sí.

Kōki sonrió desde fuera.

.

.

.

Suavemente la oscuridad empezó alejarse y sus sentidos comenzaron a captar una combinación de sonidos y olores que le confundieron, se sentía perdida y cansada, muy cansada, como nunca antes, sinceramente no despertarse, pero entreabrió los ojos antes de cerrarlos por la cantidad de luz que había en la habitación.

¿Dónde estaba? Por lo poco que pudo visualizar todo era blanco.

—¿Kagome? ¡Kagome?

Ella giró la cabeza hacia la voz, definitivamente la sacerdotisa podría reconocerla en cualquier lugar, ese timbre tan único.

—¿Mamá?

—Oh, cariño —la morena sintió los dedos de su madre acariciar su rostro con amor y cuidado, había una nota de dolor en su tono—, me alegra que hayas despertado.

—¿Qué paso? —murmuró, ahora más consiente, sus ojos se habían adaptado a la luz y le lastimó ver el rostro de su madre, se notaba que estuvo llorando, tenía los ojos hinchados y rojos, intentó levantar su brazo hasta que se dio cuenta que había tubos y vendas en él—. Mamá, ¿qué?

—Tranquila, estás en el hospital, a salvo.

Kagome parpadeó tratando de asimilar la información antes de que las últimas imágenes regresaran a su mente, el miedo volvió a su cuerpo casi aferrándose al brazo de su madre, las lágrimas empezaron a resbalar sin restricción, el horror se deslizó por sus venas, a pesar de saber que estaba a salvo, su alma, en cambio, estaba marcada con el terror.

Naomi se sentó junto a ella antes de acurrucarse con suavidad, como si temiera que se rompiera ante su contacto, más temprano que tarde, la morena más joven se vio envuelta y refugiada en el pecho de su madre, aún no podía creer que InuYasha fue capaz de levantar su espada contra ella así que lloraba, por el dolor, por la traición y por haber dejado que su corazón le hubiera amado por tanto tiempo. Y Naomi la abrazo todo lo que hizo falta, aun cuando escuchó la puerta deslizarse y ver a su hijo menor atravesar el umbral con el rostro preocupado que se volvió sombrío al escuchar a su hermana llorar, pero no dijo nada, simplemente dejo la maleta que había traído y volvió a salir, para informarle al abuelo que Kagome ya estaba consiente.

El niño aun no podía borrar la imagen de ver a su hermana ensangrentada con sus ropas desgarradas, ni su abuelo ni él pudieron sacarla del pozo, tuvieron que pedirle a un hombre que había venido por un amuleto para el examen de admisión de su hija, si el sujeto se asustó o sorprendió ante la escena no lo demostró, simplemente bajó y en el momento en que subía, supieron que algo andaba mal, muy mal.

No está respirando.

Sōta aún podía sentir ese escalofrío que le recorrió entero cuando esas palabras salieron del desconocido, como si algo oscuro y pegajoso se asentara en la boca de su estómago, llevaban meses sin saber de su hermana y de pronto, un ruido muy fuerte llegó desde el pozo, ansioso y feliz va, sin esperar encontrarse esa escena.

Esa horrible escena.

De no haber estado su abuelo, que solicitó la ayuda del cliente, él pudo quedarse observándola, ver como la sangre resbalaba de su cuerpo hasta empezar a formar un charco bajo ella. Los siguientes minutos fueron caóticos, emergencias ya venía en camino mientras que el hombre le daba primeros auxilios, su madre que regresaba de hacer las compras llegó al mismo tiempo que los paramédicos, todo se volvió un caos, gritos y órdenes que iban y venían, pero Sōta nunca perdió de vista a su hermana, la misma que le había enseñado a caminar y sus primeros kanjis, quien le fue animar en su primer festival escolar a costa de haberse saltado el suyo propio, quien después de regresar de sus aventuras le dedicaba algunos minutos para contarle sobre ellas antes de empezar a estudiar.

Su hermana.

Su querida hermana.

Estaba muerta.

El tiempo dejo de tener sentido para él, hasta que el abrazo de su madre le despertó del trance, ella lloraba, pero los gritos ya se habían detenido, miró a su alrededor, confundido hasta que vio el pecho de su hermana subir y bajar. A partir de eso, todos se empezaron a mover, Sōta sólo tuvo unos segundos para darle un apretón a la delgada muñeca de la morena antes de que los paramédicos la levantaran y su madre se fuera con ellos. Su abuelo le mando a buscar ropas y cosas para ellas, mientras él se quedaba agradeciendo la ayuda desinteresada del hombre, cuando salió con lo necesario su abuelo ya estaba solo, esperándole.

Su madre estaba en la sala de espera al llegar, tomar el tren no era sencillo para el abuelo, pero no se iba a quedar quieto, así que no aminoró el paso hasta que estuvo sentado junto a su hija, Sōta le seguía unos pasos detrás, por lo que no se perdió ninguna de las palabras de su madre.

Su hermana estaba estable, para sorpresa de todo el personal que la atendió las heridas no eran tan graves como imaginaron y parecía que se había equivocado en otras porque ya no las tenía, lo atribuyeron a la cantidad de sangre que no les dejo ver exactamente donde estaban las heridas antes de vendar para detener cualquier hemorragia mientras llegaban al hospital, pero aún así la mantendrían en observación.

—¿Cambió algo? —preguntó el abuelo al verlo volver.

Sōta parpadeó tratando de alejar las imágenes ensangrentada.

—Está despierta, pero —sus hombros cayeron al recordar el llanto—…

El abuelo entendió sin necesidad de más palabras, palmeó el asiento a su lado para que el niño se sentara, no hablaron por unos largos minutos.

—Kagome siempre fue diferente desde pequeña, tenía un aura especial tanto que Naomi le dio su nombre por eso mismo; fue un presentimiento cuando la sostuve por primera vez, supe que su vida no sería fácil y lloraría con el corazón en la mano —contó con lentitud, buscando las palabras que describieran bien la emoción que siempre tuvo al verla.

—¿Nunca será feliz?

—Oh no, no, no; ella encontrará su felicidad, pero su camino hacia ella no será el más fácil ni cómodo, aunque nunca pensé que el viaje la llevaría tan lejos de nosotros.

Sōta se acurrucó contra el costado del hombre mayor.

—Se irá de nuevo, ¿verdad?

—Lo hará. Su destino está ahí.

—No me gusta.

—No te tiene que gustar, debes respetarlo y ayudar en lo que puedas.

—¿No te da miedo que nunca vuelva?

—Todos los días pienso en eso, Sōta, todos los días rezo para que ella este sana y salva; si lo peor pasará sé que no nos dejarían con la incertidumbre, pero no lo pienses más; ella está aquí ahora, tenemos que aprovechar el tiempo que nos dé.

—Sí, abuelo.

El hombre acarició la cabeza de su nieto antes de ver a la médica que atendió a su Kagome, por lo que se levantó cuando llegó hasta ellos, la bella mujer les sonrió su bata había dejado de ondular tras ella.

—Señor Higurashi —saludó con un leve cabeceó—, sólo he venido a asegurarme que todo esté en orden.

—Gracias, doctora. Mi nieto acaba de decirme que Kagome ha despertado.

—Me alegra escucharlo, si me disculpan entraré para checarla.

—Por supuesto, doctora.

La mujer entró a la habitación encontrando a su paciente acurrucada en los brazos de su madre, era una escena conmovedora, pero necesitaba hacer su trabajo, por lo que carraspeó para dar a conocer su presencia.

—Una disculpa, señora Higurashi, necesito revisar a la paciente.

—Oh, claro, adelante, por favor.

Kagome parpadeó casi sintiéndose desprotegida cuando su madre se separó de ella, pero entendiendo que era necesario, observó a la doctora que se acercó era muy bella, ojos oscuros que parecían nublados como si el color estuviera borroso, aunque eso no quitaba su hermosura con el cabello negro largo atado a una cómoda cola de caballo.

—Hola, señorita Higurashi, ¿algún dolor o incomodidad? —preguntó mirando los aparatos que medían varios de sus signos, parecía satisfecha al no ver nada anormal.

—En realidad no, sólo un poco desorientada. Y traicionada —aunque eso último simplemente lo pensó, dolor físico no sentía parecía que la sangre de Sesshōmaru seguía fluyendo y curando sus heridas por lo que ya estaba en buena forma, pero su corazón sangraba, ya no había amor por InuYasha pues Sesshōmaru se lo había ganado hace mucho, sin embargo, aún lo quería, fueron muchos años de compañía y afecto para no sentir algo por el hanyō y su traición era una herida demasiado dolorosa y punzante.

¿Cómo confiaría de nuevo en él?

¿Podría siquiera estar en una misma habitación o lugar sin que temblara ante su presencia?

Y la respuesta era no.

No podría confiar en InuYasha de nuevo.

Su espalda se sentiría siempre desprotegida.

Eso era lo que dolía.

—Es normal después de una experiencia como la tuya —replicó la doctora ahora checando su cuerpo directamente, auscultándola con especial cuidado en el área torácica—. Bueno, señorita, es usted un milagro andante, según me informaron venía con múltiples heridas punzocortantes, costillas fracturadas y su corazón se detuvo aproximadamente cinco minutos antes de ser reanimada, tenemos protocolos para mantenerla en la unidad de cuidados intensivos para monitorear su condición y ver que no haya secuelas neuronales o físicas por la falta de oxígeno y sangre a los diferentes órganos, pero por más increíble que parezca no hay nada que indique que hace unas horas estuvo en situación crítica, ni una sola herida. Como dije un milagro.

Kagome tuvo que controlar su expresión para no delatar sus pensamientos, ¿ahora cómo iba a salir de eso con una mentira convincente? ¿Dónde está su abuelo para usar su don con las mentiras?

—Entonces, ¿ya puede ir a casa? —preguntó Naomi acercándose.

—Puede después de una resonancia para asegurarnos que todo esté en buena condición… aunque sinceramente dudo encontrar algo mal.

—Si lo cree, ¿no sería innecesaria? Me gustaría llevar a mi hija a casa.

La doctora las miró antes de mirar hacia el ventanal de la habitación.

—Sería bajo su propio riesgo.

—Podemos tomarlo.

—Entonces, acompáñeme para la solicitud del alta voluntaria.

Naomi le sonrió a Kagome mientras le daba un ligero apretón al antebrazo para tratar de tranquilizarla.

—Les diré al abuelo y a Sōta que vengan acompañarte mientras veo el papeleo.

—…sí.

Las vio salir, para que momentos después entraran los hombres con una sonrisa vacilante sin saber que encontrarían Sōta parecía más indeciso al acercarse, pero al ver como ella sonreía no pudo evitar correr para arrojarse a sus brazos, había estado tan asustado.

—Hermana —murmuró ocultando su rostro en el cuello de Kagome.

—Shhh… —susurró abrazándolo con cuidado de no mover sus brazos bruscamente, pues aún tenía varios aparatos conectados a su piel y dedos—. Estoy bien, estoy bien, aquí estoy.

—Pensé que habías muerto.

Kagome lloró aferrándose al pequeño cuerpo, mientras el abuelo se acercó caminando y acariciando el cabello largo de su querida nieta; estuvieron varios minutos de esa manera, acurrucados con unos susurros de calma cada cierto tiempo, hasta que la puerta volvió a deslizarse para mostrar a un enfermero con una silla de ruedas y tras de él a Naomi y la doctora.

—Es hora de marcharse —anunció alegremente mientras se dirigía a la morena para quitar lo que faltaba—, si sucede algo o llegas a sentirte mal no dudes en regresar.

—Gracias —respondió Kagome mientas era ayudada por el enfermero, aunque podía moverse bien, prefirió no seguir llamando la atención, así que se dejó manipular para poder salir lo más pronto posible del hospital.

Y esperaba que su recuperación milagrosa no llamara la atención, su familia podría meterse en muchos problemas pues tenía pensado regresar al pasado y no sabía cuándo regresaría y si iban a buscarla para entrevistarla o algo así, su ausencia podría mal interpretarse.

Miró a la doctora con atención mientras la empujaban al baño privado de la habitación para cambiar sus ropas antes de salir del hospital, por Sōta, que trataba de ser lo más suave posible, ¿podría esa mujer sospechar algo?

Esperaba que no.

No tenía tiempo para lidiar con investigaciones, necesitaba regresar al pasado por más aterrador que la idea le resultara ahora mismo, tenía cosas que hacer y remediar, ya no podía simplemente quedarse quieta hasta que la vinieran ayudar.

Suspiró mientras se reclinaba contra el respaldo de la silla.

E iba a tener que enfrentar a su familia con su decisión, le esperaba una muy larga charla en el mejor de los casos.

Volvió a suspirar y cerró los ojos.

.

.

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El hospital general de Tokio era uno de los mejores en su campo y el más prestigioso, por lo que no era extraño escuchar sobre casos y enfermedades sin una causa aparente llegar a sus pasillos y salas, casi parecía rutina para los más veteranos, sin embargo, el día de hoy fue diferente.

La mañana trascurría entre niños enfermos por el cambio de estaciones, personas que venían a ver a familiares y amigos, y uno que otro adolescente fracturado por intentar impresionar a una chica; nada sugería que eso cambiaría hasta que llegó una ambulancia a emergencias con una paciente que había caído dentro de un pozo y si bien, eso no es escucha seguido, las caídas de lugares altos sí; por lo que no hubo tanto interés hasta que vieron a los camilleros y algunas enfermeras hablar en susurros, pronto se supo que la muchacha que cayó en el pozo parecía ilesa, demasiado ilesa para el reporte preliminar que los de emergencias informaron.

¿Era posible tal error y de esa magnitud?

Los susurros debieron ser lo bastantes fuertes para que en minutos la propia directora del Hospital llegó a emergencias para hacerse cargo de la paciente, lo que levantó muchas cejas, pero nadie se atrevió a cuestionar tal acción.

Mientras los minutos pasaban, muchas teorías recorrían los pasillos del hospital, muchos de ellos creían conveniente llamar a la policía para una investigación, pero la directora frenó esos murmullos con rapidez, antes de mandarlos a sus labores.

Por lo que sólo ella y una residente tenían acceso a la chica milagro.

Así que hubo un pequeño revuelo cuando la vieron aparecer del ascensor con toda su familia, desviaron la vista rápidamente cuando vieron como la directora las miraba, era tan intimidante cuando quería serlo.

La familia se subió a un taxi que ya los esperaba y cuando su superiora se marchó, no tardaron en llamar al enfermero que ayudo a la paciente a subir al vehículo.

—Yamamoto, Yamamoto, ¿te enteraste de algo? —preguntó una de las enfermeras que estaban en su descanso.

—Sí, logré leer los informes, no es nada fuera de lo ordinario, heridas en brazos y piernas, fueron tratadas y vendadas, yo mismo vi las vendas antes de que su madre la ayudara a cambiarse en el baño, creo que exageraron mucho en su valoración principal, según leí lo más preocupante era su corazón, porque fue el traumatismo lo que ocasionó el paro cardíaco, la familia ya no quiso hacer una resonancia; pero la paciente no parecía querer permanecer más de lo necesario aquí.

—¿Crees que su familia este detrás del accidente?

—Pensé igual al principio, pero por la forma en que su familia se movía a su alrededor lo dudo, parecían sinceramente preocupados y ella correspondía a sus toques, buscando consuelo.

—Bueno, si está a salvo con su familia es lo que necesitamos saber —mira su reloj antes de suspirar—. Hora de regresar al trabajo.

—De igual manera —se despidió dirigiéndose al lado contrario de la enfermera.

Ninguno de los dos se percató que la directora del hospital los había estado escuchando, sonrió mientras abría la carpeta donde se leía claramente el nombre de Higurashi Kagome, era su historial médico, repasó algunas cosas antes de deslizar las nuevas hojas sobre su accidente, las mismas que el enfermero había leído sin permiso, aunque en realidad no importaba, después de todo eran falsas.

El estado de la joven era excelente.

Mucho mejor que la mayoría que ni estaban hospitalizados.

Bien, era hora de llevar los papeles a archivar.

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Shôta se había enterado de la visita inesperada, pidió permiso a su madre que aún se iba recuperando de su envenenamiento para salir, cuando se le otorgó no dudo en correr, a pesar de los regaños de algunas damas para que se comportara, pero no hizo mucho caso, cuando logró a travesar la puerta encontró a lo que parecía ser toda la aldea, más curioso se abrió paso, esperaba que fuera Kagome-sama, quería agradecerle personalmente por salvar a su madre, hubo varios aldeanos que trataron de detenerlo en su camino, sin embargo, se deslizó rápidamente de sus agarres débiles.

Al llegar hasta el frente, logró visualizar a su padre algo alejado de los dos yōkais que se alzaban imponentes a unos metros de donde estaba, reconoció enseguida a Sef, pero no al otro y, sin embargo, se estremeció sólo de verlo.

Algo alrededor de él se sentía peligroso, sus ojos se encontraron, Shôta retrocedió un paso, la intensidad en esa mirada era abrumadora, pero inhalando profundamente se acercó cautelosamente, Sef lo vio llegar antes que su padre.

—Cachorro —saludó con un suave cabeceó.

—Sef…san —devolvió inseguro de si debería llamarlo san o sama, eran muy confusos los sufijos.

—San está bien —acordó el kitsune—, mientras estemos delante de Sesshōmaru-sama y vuestro padre.

El niño boqueó al reconocer el nombre, demasiadas historias, en su mayoría malas, aún recorrían su mente, pero se negó a retroceder de nuevo, el lord era a quien Kagome-sama eligió como pareja, así que algo bondadoso o gentil debía haber en sus acciones.

Por lo que hizo una venia.

—Saludos, Lord Sesshōmaru, mi nombre es Shôta, hijo de Yokomo del clan Date, heredero de esta aldea —recitó de memoria como sus tutores le enseñaron si se encontraba con alguien de rango superior al suyo.

El yōkai entrecerró los ojos, débil y pequeño, pero con alma de un guerrero.

—El mismo que intentó herir a Kagome lanzándole una piedra.

El niño se encogió ante el recuerdo, sobre todo escuchando su padre inhalar bruscamente y varios susurros provenientes de los aldeanos más cercanos que alcanzaron a escuchar el reclamo; sí, se le había olvidado mencionar ese detalle a su padre, que no parecía nada feliz con él ante las implicaciones que podría traer esa afirmación, desterrarlo en el mejor de los casos.

—Y que Kagome-sama perdonó en una audiencia, Sesshōmaru-sama —intervino Sef tratando de controlar su expresión facial lo mejor posible, porque claro, iba a tener que sacar a relucir esa cuestión, estaba seguro de haberle informado que Kagome lo perdonó y no iba a tomar represalias a su acción.

—¿E igual fue excusado por su intrusión a la frontera? ¿Lo hiciste?

El kitsune apretó su mandíbula.

—No.

Yokomo pareció recuperarse por lo que se acercó para tener a su hijo cerca ante cualquier situación imprevista.

—Me parece que por la alianza que-

—La alianza fue aceptada por Kagome, si bien, la respetaré en su nombre, la irrupción en tierras fronterizas sin permiso o una petición fue antes de dicha alianza, si fuera cualquier otro no importaría, su ignorancia estaría justificada, pero se acaba de presentar como el heredero, por lo tanto, sus acciones tienen consecuencias.

—Pe-

—Lo aceptaré. Aceptaré las consecuencias sean, cuales sean, si bien, el querer salvar a mi madre se ganó el perdón de Kagome-sama, pero no justifica mi intrusión —Shôta alzó su voz para hacerse oír con la barbilla arriba.

Sef ya sabía que Shôta era un cachorro humano respetuoso y educado, a pesar de su primer mala impresión, regresó para disculparse si bien muchos podrían alegar que sólo lo hizo para que salvaran a su madre, el kitsune tenía la impresión de que él no hubiera insistido si Kagome-sama se hubiera negado.

—¿Sesshōmaru-sama? —Sef llamó.

—No hubo daño en tus acciones más que las causadas hacia ti, así que irás a la frontera para aprender, Sef te guiará.

Eso no lo esperaba.

El líder de los kitsunes no era fácil de sorprender, su posición le demandaba nunca mostrar emociones que pudieran comprometerlo en alguna situación, siempre una cara neutra y blanca, pero ahora, había sido tomado totalmente con la guardia baja, sinceramente cuando Kagome-sama dijo que él se encargaría de sentenciar el traspaso de sus tierras, lo aceptó, pero no pensaba emitir juicio alguno hacia el cachorro.

Que vueltas daba la vida.

Y por la expresión de Shôta y su padre no era el único desprevenido.

—¿Ahora mismo? —preguntó el niño con su voz casi ahogada, pero Sef logró distinguir algo de emoción y curiosidad.

—No. No es urgente.

—Tomate tu tiempo para alistarte —instruyó el kitsune algo más compuesto—, y cuando estés listo despídete adecuadamente, y si no te sientes cómodo con la idea de ir solo, puede elegir a dos humanos que te acompañen.

—No. Iré solo —aclaró antes de que su padre pudiera estar de acuerdo con la idea de ponerle guardias—. Si estás ofreciendo una enseñanza en vez de castigo, daré mi confianza.

—Acordado.

Y Yokomo no pudo decir nada más, porque la multitud se volvió algo ruidosa con el regreso de Chiai seguida de Kōki.

—Disculpen la demora, ya estoy preparada para irme.

Sesshōmaru no necesitó más que eso antes de empezar a caminar para marcharse, Sef reprimió un suspiro ante la poca diplomacia que mostraba su señor, aunque no le sorprendía, en realidad había llevado bien las negociaciones hasta el momento, un poco brusco en algunas cosas, pero nada que no esperara.

—Iremos con prisa, una disculpa por adelantado por el ritmo —le dijo a Chiai antes de mirar a Kōki—. Encárgate de trasportarla.

—¡Sí!

Chiai miró a su pueblo, no había mentido con que se sentía limitada en la situación actual, pero no quiere decir que no los extrañaría, después de todo creció y vivió toda su vida entre esas paredes y caminos terrosos.

—Gracias por todos estos años —se inclinó—. Me marchó.

—Siempre serás bienvenida a estas tierras, que le sirvas bien a Kagome-sama.

—Así lo haré —respondió tratando de que sus lágrimas no salieran.

Se acercó a Kōki que la esperaba, se inclinó para que ella pudiera subirse a su espalda, llevaba sus cosas enganchadas en su pecho para tener las manos libres y sujetarla con seguridad, controlando sus nervios paso sus brazos sobre los hombros masculinos y así enredarlos mientras él la tomaba de la parte externa de sus muslos para levantarla con suavidad.

—Yōkai —se escuchó, él se volteó para encontrar a la madre de Chiai observarlo con seriedad—, dame tu palabra de que Chiai estará a salvo.

—Chiai no sufrirá si en mi mano está el evitarlo.

Aiko asintió antes de dar un paso hacia atrás, Kōki no perdió más tiempo antes de seguir a Sef y a Sesshōmaru, no tardó mucho en alcanzarlos puesto que aún no iban a su máxima velocidad, pronto estuvieron dentro de las tierras fronterizas, muchos kitsunes se inclinaron a su paso antes de retomar sus tareas, no sin antes lanzar miradas curiosas a la humana que traía a cuestas, ella pareció un poco menos segura de cuando habló frente a su raza, pero no nunca desvió la mirada y dio corteses cabeceos sin saber que más hacer.

Llegaron a un sector lejos del centro de su asentamiento, donde Jaken esperaba con Rin, quien se veía molesta porque sus preguntas no han sido contestadas, pareció retraerse al ver a su grupo aparecer y ver caras desconocidas; Kitzuna se adelantó para ir a encontrarse con Chiai que se estaba bajando de la espalda de Kōki mientras que Renard se acercó a Sef.

—Chiai, ¿estás bien? —preguntó la kitsune mirándola con cuidado, buscando alguna herida.

—Estoy bien —respondió con una sonrisa—, un poco sorprendida de volver a ser llamada para servirles tan pronto, pero dispuesta a todo.

—¿Sabes para qué fuiste traída?

—Para ayudar en lo que pueda a Kagome-sama, aunque entendí que iríamos fuera del Oeste —se estremeció un poco ante la idea, pero se mantuvo firme—, es algo aterrador, si debo decirlo.

—Y aún así vas a ir —comprendió Kitzuna enseguida.

—No podría fallarle a Kagome-sama, no después de lo que hizo.

La yōkai entendió, con una sonrisa apretó su hombro en señal de aliento antes de ir junto a su pareja que la recibió dulcemente.

—¿Qué pasará ahora? —cuestionó Kitzuna, aún resentida con Sesshōmaru.

—La humana viajará conmigo, quiero regresar rápidamente a la aldea con Sayumi; Rin y Jaken nos seguirán con Ah-Un y Kōki los escoltara para asegurar su llegada a salvo.

—¿Y nosotros?

Sesshōmaru miró a la yōkai.

—Su trabajo, protejan la frontera y cuiden al cachorro humano que quedará a su resguardo.

—¿Cachorro?

—Yo te lo explicaré —prometió Sef haciéndola retroceder antes de dirigirse al Lord—. A sus órdenes, Sesshōmaru-sama.

—Humana.

Chiai avanzó con nervios, pero decidida, fue rodeada y se estremeicó dándose cuenta de lo pequeña que era a comparación del yōkai, lanzó una mirada a Kōki que le dio una sonrisa y ánimos silencioso.

Inhaló profundamente antes de que las náuseas le invadieron por lo que cerró los ojos y esperó que pudiera aguantar.

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.

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Sayumi frunció el ceño cuando un olor algo fuerte inundó su nariz, sus ojos se abrieron con pesadez mientras trataba de poner orden a sus pensamientos que aún lucían algo borrosos y revueltos, miró a la mujer que estaba inclinada sobre ella, llevó su mano rápidamente a su cintura buscando su espada sin encontrarla.

—No se mueva mucho, por favor —pidió la desconocida con la preocupación pintada en su rostro—, no soy experta en curación para yōkais así que no estoy segura si aún sientes dolor o incomodidad. Por lo que me explicaron sufriste la primera transformación a su bestia interna y fue coaccionada a ello, podría haber alguna rotura en su mente, ¿te sientes extraña o fuera de ti?

La yōkai parpadeó tratando de asimilar las palabras hasta que empezó a recordar todo lo que había pasado, se estremeció y trató de levantarse, necesita buscar a su madre, ¿cuántas horas estuvo incontinente? ¿Qué estar-?

—Por favor, Sayumi-sama, necesito que me escuches ahora —tocó con suavidad el rostro de la niña para que la mirara directamente a los ojos—, mi nombre es Chiai, soy originaria del Oeste, vine aquí para ayudar a Kagome-sama y a usted, por lo que necesito que estés tranquila, ¿está bien? Responderé a tus preguntas lo mejor que pueda.

—¿Mi madre?

—Supongo que se refiere a Kagome-sama —empezó algo insegura, hasta que vio el débil asentimiento—. Aún se encuentra pérdida, no hace mucho termine de reanimar al hanyō que responde al nombre de InuYasha, Sesshōmaru-sama y una exterminadora entraron hablar con él, por mientras me mandaron a examinarte.

—Oh… ¿puedo levantarme?

—Claro, déjame ayudarte —se apresuró a rodear los hombros de la niña para que pudiera reincorporarse hasta estar sentada, la miró cuidadosamente tratando de ver alguna herida o dolor en su movimiento, pero parecía estar completamente bien, algo perdida, aunque era normal dada las circunstancias.

—¿Cuánto he estado fuera? —cuestionó dejando que la mujer pasara sus manos por su cuerpo.

—Por lo que puedo decir, más de medio día, ya está por anochecer. Preocupaste a muchos, han estado esperando que despiertes con impaciencia, estarán felices de verte —miró hacia la puerta—. ¿Quieres que los deje entrar? Afuera esperan un monje y un pequeño kitsune.

—Eso me gustaría.

—Bien, iré por ellos —aseguró mientras se levantaba para ir por un pequeño cuenco con agua—, toma esto, por favor; necesitas hidratarte.

—Gracias —murmuró, no sabiendo lo sedienta que estaba hasta el líquido fresca bajo por su garganta, no estuvo mucho tiempo sola antes de que Miroku y Shippō ingresaran rápidamente.

—¡Sayumi!

—Shippō —saludó alegre mientras el kitsune se acurruca en su costado, feliz de poder estar junto a Sayumi—. Miroku.

—Sayumi-sama, es buena verla despierta —regresó con cariño.

—Eso dice —mencionó algo dispersa—. Chiai dijo que mi padre y Sango estaba con In… con él.

El monje entendió su renitencia a decir el nombre de InuYasha, después de todo sabía de lo rencorosos que los yōkais podrían ser… y despiadados agregó en su mente al pensar en lo frío y terribles que los ojos de Sesshōmaru se transformaron al saber que InuYasha estaba despierto.

—Hasta donde sé, siguen hablando con él —contestó.

—…¿por qué no te quedaste igual?

—Supuse que mi presencia no haría ninguna diferencia para él.

—Supongo… ¿y Chiai?

—Fue a ver como está una niña enferma, ahora que salió fue solicitada, su llegada con Sesshōmaru no paso desapercibida menos su vocación y el por qué está aquí, así que dijo que atendería cualquier enfermedad o dolencia que haya si se le llama, al parecer es una curandera del Oeste, fue elegida para venir ayudar a averiguar cómo despertar a InuYasha y a ti —Sayumi se estremeció al oír el nombre de su tío, pero asintió ante la información—. Pero no parece querer detenerse, hasta donde sé, parece que tomara el lugar de Kaede, no tiene poderes espirituales, pero sus conocimientos medicinales son magníficos, es joven, pero muy inteligente e intuitiva. Ayudará mucho aquí.

—Parece capaz y su aura es suave, me gusta —aceptó Sayumi—. ¿Hay noticias sobre mi m…sobre Kagome?

—Aún no, pero creemos que está del otro lado del pozo, de donde viene; mientras esperábamos que Sesshōmaru regresara y sabiendo que estarías fuera por un tiempo fuimos a revisar, Sango no encontró algún indicio de que Kagome-sama huyó o se escondió, el último patrón de ataque fue cerca del pozo así que hay una gran posibilidad de que haya caído y regresado a casa, sólo podemos especular del por qué no ha vuelto, la destrucción del pozo en este lado podría impedirle el regresar o… bueno… que este herida y necesite algo de tiempo para regresar.

La yōkai se quedó en silencio por unos momentos, contemplando sus opciones, antes de suspirar.

—Quiero ir al pozo.

Miroku la miró largamente antes de asentir con lentitud.

—Yo te escoltaré.

—Oh, no es nec-

—Te escoltaré —repitió con una sonrisa—, Sesshōmaru-sama no quiere que salgas de su vista, por lo menos hasta que empieces a entrenar con tu bestia.

—… cierto. Ella —musitó mirando sus manos con temor y maravilla, el poder que había sentido era estremecedor y estimulante, pero muy, muy peligroso; y quería volver a probarlo.

—¿Vamos? —El monje extendió su mano para ayudarla a levantarse, la cual aceptó sin más dilatación, puesto que necesitaba ver bien el lugar.

Shippō se trepó rápidamente por su brazo derecho para llegar al hombro de la niña y quedarse ahí, mientras salían de la cabaña, Sayumi inhaló profundamente, como le dijo Chiai el atardecer se acercaba sin pausas, el cielo iba tornándose rosa y anaranjado.

Era un hermoso atardecer.

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.

.

Sesshōmaru no estaba contento.

Apenas llegó a la aldea condujo a la humana a donde el olor de InuYasha se concentraba, nadie los detuvo en su camino a la cabaña, aunque pudo observar a una persona correr en dirección contraria, suponía que iba a visarles a los compañeros de Kagome.

Al entrar Chiai no dudó antes de acercarse y empezar a revisarlo, no tardó ni unos minutos antes de solicitar a alguien que pudiera conseguirle algunas hierbas y agua, una joven aldeana fue la encargada de llevarle todo lo que necesitara, Sesshōmaru tuvo que retirarse por el olor, fue cuando la exterminadora y el monje llegaron, el humano le informó que Sayumi seguía inconsciente y que seguiría así un tiempo, por lo que cuenta tampoco había mostrado signos de caer en una transformación.

Pasaron los minutos hasta que el rugido de InuYasha resonó, los tres entraron a la cabaña donde Chiai había retrocedido hasta una esquina, mientras miraba al hanyō entrar en una crisis, posiblemente quedó atrapado en su última pelea, cuando éste levantó la vista y sus ojos rojos se encontraron con los de Sesshōmaru, atacó; Sango ya estaba alcanzando su espada para someterlo y Miroku tenía su báculo ya en las manos, pero el yōkai no tardó en inmovilizar a InuYasha contra el piso de madera.

Chiai gritó algo de que él aún estaba atrapado en la reacción adversa, mientras se movía para acceder a la boca abierta y verter un líquido antes de cerrarla a la fuerza y tapar su nariz, manteniéndose luchando por unos segundos hasta que los ojos cambiaron de color y su cuerpo quedó laxo; ella se alejó con la respiración agitada mientras les informaba que ya estaba libre de la poción y podían hablar en calma, aunque posiblemente InuYasha estaría en shock por sus acciones ya que recordaría absolutamente todo, así que salió a buscar si alguien más necesitaba ayuda después de ver a Sayumi, Miroku decidió mostrarle el camino dejando a su prometida lidiar con el hanyō.

Pero no consiguieron mucho de él.

Su mente era un caos, no podía hablar sin agitarse y gruñir, ambos supieron que era la culpa carcomiendo su conciencia, lo único que pudieron entender fue la palabra pozo y caer, lo que significaba que Kagome estaba fuera de su alcance, porque el único que podría cruzar el pozo –de no estar destruido-, sería InuYasha y nadie lo dejaría ir tras ella, no después de todo este embrollo de malos entendidos que ocasionó.

La exterminadora después de ver que no obtendría nada del hanyō, dirigió sus preguntas al yōkai porque necesitaba respuestas, que apenas respondió, la guio a hablar con la curandera, ella sabría contestarle todo lo que necesitaba y salió.

El cielo nocturno le recibió aún con destellos del atardecer en el horizonte, no creyó haber estado tanto tiempo dentro, pero considerando lo que tardó la humana haciendo lo que fuera para despertar al hibrido no debió sorprenderle, miró hacia el Oeste, considerando la rapidez con la que Ah-Uh viajaba, Rin y su escolta llegarían mañana a la mitad del día si no se detenían demasiado y era extraño, se había acostumbrado a la compañía que le daban.

El viento sopló y atrajo el suave aroma de Sayumi, frunció el ceño al ver que estaba alejada de la aldea, aunque pudo distinguir al monje y al cachorro kitsune de las ilusiones acompañándola, por lo que dirigió sus pasos hacia ahí, en el camino pudo ver como la aldea había crecido y entre los humanos pudo ver algunos hanyō y yōkais que parecían muy cómodos, era una escena sin lugar a dudas extraña y poco vista.

Sin embargo, tenía la impresión de que se volvería normal y común en el futuro.

Y sin en siglos pasados la simple idea de eso lo hubiera enfurecido, ahora, entendía varias cosas que antes no.

Parpadeó cuando las luciérnagas llenaron su camino, el claro donde antes se encontraba el pozo estaba iluminando por la luna y los insectos luminiscentes, a pesar de la destrucción el lugar seguía siendo cautivador, sin embargo, Sayumi no estaba ahí, aunque su olor le decía que estuvo un largo rato dando vueltas buscando indicios sin resultados, porque de haber encontrado algo estaría aún aferrándose para llegar a Kagome, si su enfrentamiento demostró algo es que ella nunca renunciaría a su madre ni en la desesperanza más grande.

Por lo que siguió de largo hasta que llegó al Goshinboku, donde pudo ver a la yōkai sentada en las raíces, casi acurrucada contra la corteza del árbol con el cachorro kitsune en sus brazos y Kitto a sus pies; el monje fue el primero en verlo y acercarse.

—Ha pedido quedarse aquí, creo que el ver el pozo destruido sin la furia la dejo algo perdida, dice que estar en el árbol sagrado le da tranquilidad, no regresará a la aldea por el momento —le informó.

—Hablaré con ella.

Miroku entendió el a solas sin necesidad de que lo dijera, por lo que recuperó a Shippō sin mucha resistencia, aunque el pequeño miraba al yōkai con cautela, Kitto no se movió ni un milímetro de su lugar, era el guardián de Sayumi por lo que nadie se atrevería a alejarlo, así que lo dejaron mientras se retiraban.

Sayumi miró con atención a su padre, ahora sin el dolor de la transformación ni la pesadez de salir de ella podía ver que la ira y el enojo ya no estaban en su postura, tal vez algo de molestia, pero no dirigida a su persona.

—¿Hablo? —preguntó cuándo el silencio se hizo demasiado largo y pesado, le gustaba el silencio, pero sólo si era compartido y ameno.

—No. Sus palabras carecen de sentido, suponemos que aún no sale del impacto de sus acciones.

Sayumi rió sin un rastro de alegría.

—Sus acciones, ¿eh? Si tan mal se sentiría no debió hacerlo en primer lugar —Sesshōmaru captó el tono resentido y enojado.

Tal vez ir al pozo no fue buena la mejor idea para ella aún, pero igual se dio cuenta que nadie le había explicado la situación completamente, ni la participación de la poción que aún tenían que averiguar sobre quien se la proporcionó.

—Hay más detrás de sólo la estupidez usual del híbrido, parece que uso algo para alejar a Kagome, la respuesta violenta fue una reacción adversa a lo que utilizó.

—Eso no lo hace mejor —se abrazó a si misma—, sólo demuestra que hizo lo más fácil y mi ma… Kagome sufrió las consecuencias de su debilidad, y ni siquiera tiene la decencia de decir que paso, ¿qué le hizo? ¿Dónde está? ¿Y si necesita ayuda? ¿Y si-

—Demasiadas preguntas —interrumpió el yōkai acercándose—, de las que no tendrás respuestas. No aún. No ahora.

Ella apretó los dientes enojada.

—¡¿Entonces qué?! ¡¿Tengo que quedarme quieta sin saber si Kagome puede estar muerto o herida?! ¡No puedo-!

—Lo harás —silenció arrodillándose ante ella, sujetó las muñecas de Sayumi para que dejara de clavarse las garras en sus brazos, sus ojos se encontraron el color áureo tan similar trajo algo de calma a la niña que se relajó—. No podemos correr antes de caminar, necesitamos obtener toda la información antes de querer ir por Kagome.

Ella inhaló profundamente antes de que la serenidad la rodeara, después de todo si fue una buena idea ira al árbol, necesita sentirse cerca de su madre y los recuerdos de infinitas noches sentadas en la banca en el futuro mientras se dejaban arrullar bajo las ramas, eran lo único que la mantenían cuerda a esas alturas.

—La necesito —murmuró girando sus muñecas dentro del agarre que se suavizó para darle la oportunidad de maniobrar, y con dulzura apretó hasta donde sus dedos abarcaron la piel de Sesshōmaru.

Su voz habló de una vulnerabilidad cruda

—Es tu madre —Sayumi se sobresaltó, era la primera vez que él lo decía directamente, aunque sabía que él estaba enterado nunca se tocó el tema, simplemente lo ignoraron como si no fuera relevante—, y es quien estará a mi lado el tiempo que me quedé. Es fuerte, volverá a nosotros.

Un nudo se le hizo en la garganta a Sayumi al comprender que él ya sabía que moriría y no parecía ni un poco asustado por ese hecho.

—¿Cómo?

—¿Supe que mi muerte llegara? No fuiste cuidadosa en realidad, das mucha información hasta cuando no dices nada.

—¿No quieres saber cómo vas a morir?

—No.

—¿No te importa?

—¿Morir? No. —Y no le importaba, desde que unió los puntos en su cabeza pensó en lo que podría hacer para evitarlo, sacarle la información a Sayumi era el camino más lógico a seguir, sin embargo, sabía que lo escrito en el destino no se podía modificar tan fácil, siempre hay un precio a pagar, y si la muerte quería reclamar su vida no huiría, aunque eso no quería decir que no dejará todo preparado—. Pero que yo esté preparado no quiere decir que ella lo este, ¿verdad?

Sayumi negó.

—No. Lloró. Lloró mucho. Durante el día y la noche, aún cuando dormía lloraba, todos pensaron que no sobreviviría a su corazón roto, mamá te ama de una manera que nunca pude entender.

Sesshōmaru se levantó para sentarse al lado de Sayumi, sus cuerpos no se tocaban, pero estaban lo suficientemente cerca para sentir el calor del cuerpo contrario.

—Pero sobrevivió —no era pregunta, lo estaba afirmando, pues sabía bien porque el estado mental de la Kagome del futuro decayó de esa manera tan brusca y alarmante.

—La abuela dijo que yo salvé su vida, nunca comprendí cómo, pero lo acepté y crecí.

—Te educaron bien.

Ella rió.

—Le alegraría escuchar eso, quiso que aprendiera a vivir como humana para darme algo de normalidad o lo intento, el futuro es un lugar peligroso, aunque intentó protegerme de todo eso, creo que le asustaba perderme así que pudo haberme ocultado muchas cosas —se retorció las manos al recordar las muchas rabietas que tuvo por no poder hacer cosas que parecían normales para otras niñas de su edad, ahora se sentía avergonzada.

—Me parece sensato el deseo de cuidar de ti, de haber nacido aquí estarías siendo entrenada y educada hasta tu mayoría de edad, sólo en ese momento se te permitiría salir a explorar el Oeste.

Esa información la sorprendió, nunca había escuchado de eso.

—¿Y eso a que edad sería?

—Ciento treinta primaveras.

—¡130 años!

—Somos longevos, Sayumi, verás nacer y morir eras a tu alrededor.

—…suena tan solitario.

Sesshōmaru asintió colocando su mano sobre a cabeza de Sayumi.

—Lo es.

La yōkai se inclinó contra el costado cálido de su padre, ¿cuántos años tenía su padre? ¿Cuántos años viajo solo antes de Jaken? ¿Antes de Rin? ¿La soledad era algo a lo que un yōkai o hanyō se tenían que acostumbrar? Sonaba tan vacío una vida así. No le gustaba la idea de pasar años y años a la deriva.

Soledad.

Dolor.

Vacío.

—…si el sendero pierdes mira al cielo, encuéntrame en la estrella más brillante

Sesshōmaru sintió que reconocía la tonada de algún lado.

—¿Un poema?

—Una canción —respondió sonriendo—. Mi canción de cuna. Mamá la compuso cuando se enteró que me esperaba, la cantaba para mi cada noche y cuando quería calmarme, siempre me dijo que me serviría cuando llegara el momento.

Y él lo recordó, la melodía que Kagome tarareaba de vez en cuando, siempre que estuviera alrededor de Sayumi.

—Cántala.

Sayumi se sorprendió de la petición, no creía que le interesaría la canción, pero en realidad no le importaba cantarla para él, con cuidado se levantó apartando la mano de su padre de sus cabellos, aunque aún no se acostumbraba a lo corto que era; se alejó unos pasos antes de ponerse de frente a su padre y al árbol, las luciérnagas se acercaron como si fueran atraídas a la yōkai.

Inhaló profundamente mientras se centraba en recordar correctamente las notas.

Su voz se elevó en la noche estrellada.

Déjame cantar una canción de cuna

recuesta tu cabeza y descansa

estoy junto a ti, Little lady.

Deja que mi estrella y su Luna te guíen,

que tus miedos se aclaren al amanecer,

escucha mi voz, hija del Oeste,

que tu destino en la cima yace,

donde el mañana es para ti.

Y si el sendero pierdes al cielo mira,

encuéntrame en la estrella más brillante.

Niña mía, crece y ve

hacia la tierra prometida

donde tu nombre resuena

y la sangre te reclama.

Duerme, princesa del mañana.

Y Sayumi rompió a llorar.

Lloró sin intentar esconder su dolor, ni su voz; no había nada reprochable en expresarlo porque su amor era tan grande como para causar ese nivel de sufrimiento y debía ser escuchado y entendido.

—¡Quiero a mi madre! —se lamentó.

Sesshōmaru fue hacia ella para acunarla contra su cuerpo, no trató de hacer que dejara de llorar, necesita sacarlo de su interior, simplemente se limitó a ponerla cómoda y volver a sentarse en las raíces del árbol sagrado con su pequeña en el regazo.

—Ella volverá, la traeré de vuelta —murmuró con la convicción con la que había ganado guerras y batallas—. Escucha mi voz, hija del Oeste, mis promesas son para ti en su totalidad, pide y se te dará.

—Quiero a mi madre —solicitó de nuevo, con la voz más firme, pero aún llorosa.

—Lo que quieras. Así que Duerme, pr-

princesa del mañana.

La voz de Kagome se escuchó suave y gentil.

Continuará.

¡Bumm! ¿Qué pasará? ¿Qué misterio habrá? Muchas preguntas y sin respuestas… por ahora, ¿ustedes pueden teorizar que pasará? Sólo diré que hay pistas en el capítulo que revelan mucho si saben donde buscar.

Espero les haya gustado.

Todo mi cariño,

FiraLili

27/08/2021