¡Y volvimos! ¿Es acaso un milagro? ¿Se acerca el fin del mundo? Fira actualizando en menos de 2 años (?), ¡Pues así es! Aunque no se lo crean, así que siéntense y agárrense fuerte, porque este capítulo es un sube y baja de emociones.

Descargo de responsabilidad: InuYasha no me pertenece, ni ninguno de sus personajes.

Dedicatoria: A Moon, por comisionar y hacer esto posible de nuevo, ¡que te haya gustado!

Viaje al pasado

Sentimientos que atraviesan el tiempo

Kagome se bajó del taxi con una sensación de irrealidad, sinceramente casi no podía creer todo lo que había pasado en menos de 24 horas, pero era imposible negarlo, su traslado al templo fue silencioso y tenso, sólo la plática del abuelo con el taxista llenó el automóvil con anécdotas sobre nietos impetuosos y soñadores, además de los temas más comunes como enfermedades por la edad y los mejores baños termales para curar los malos del cuerpo y el alma, lo que pareció interesar genuinamente al mayor de los Higurashi, puesto que el resto del camino sólo se habló de eso, a los demás no se considerarán importarles quedar fuera de la conversación, tenían otras ideas y preocupaciones rondando en sus cabezas.

Por eso el salir y pararse enfrente de los 77 escalones del templo fue casi un reto, porque subiendo tendría que explicar muchas cosas, cosas que sinceramente no quería exponer ya que los preocuparía, pero ocultárselos sólo causaría más daño a la larga y lo que menos deseaba era darle dolor a su familia.

No más de la que ya causó por su ingenuidad, pensó que había mejorado en cuanto a saber evaluar el peligro que un sujeto podría llegar a ser, se equivocó y eso casi provoca su muerte.

Una definitiva.

Después de todo su corazón se detuvo por cinco minutos, llevó su mano al pecho casi temiendo no poder sentir el suave latir que le aseguraba que estaba, de hecho, viva.

—Vamos, cariño —Naomi frotó la espalda de Kagome con dulzura—, tenemos que hablar.

—…si.

Ayudaron al abuelo a subir la escalera, su paso fue firme y rápido, pero no rechazando la ayuda de sus nietos, en realidad, se aferró al brazo de Kagome le gustaba porque así sabía que estaba bien, sana y fuerte. Eso era lo que necesita para estar en paz.

Llegaron en minutos a la casa.

—Voy a cocinar —anunció Naomi dirigiéndose a la cocina—. Cariño, ve a darte un baño y descansa, te llamaremos cuando esté listo todo.

—Oh, pero puedo ayudarte a co-

—Tonterías, necesitas un buen baño caliente para recuperar fuerzas —la mujer le sonrió con amor mientras acariciaba sus mejillas tersas—, y una buena comida para reconfortarte, así que ve. Anda.

—Ve, hermana —apoyó Sōta—, yo ayudaré a mamá.

—Y yo iré a ver unas cosas al templo —anunció el abuelo—, ve a descansar, Kagome.

Sin poder encontrar algo para contradecirlos subió las escaleras para ir a su habitación, al entrar y mirar a su alrededor se dio cuenta que ya no reconocía a la persona que había decorado y armado ese lugar, parecía un sueño lejano, se acercó al corcho donde tenía clavados con tachuelas recortes y fotografía de actores japoneses y uno que otro extranjero, ¿cuánto había pasado de la última vez que colgó una? ¿Cuánto desde que estuvo de pie en su habitación colorida y cómoda? ¿Y desde cuándo le parecía tan hostil su propia presencia en un lugar que antes fue su refugio en los días más oscuros?

Ella se dio cuenta que había crecido de una manera aterradoramente rápida y que la comodidad del futuro le parecía tan discordante a lo que ahora consideraba una buena vida.

Caminos terrosos.

Dormir bajo un cielo estrellado.

Viajar y conocer lugares asombrosos.

Y, sí, en un principio eso fue una tortura para alguien que venía de un lugar que tenía acceso a cosas de formar rápida y simple, pero se enamoró del pasado que ya no podía ver en otro lugar que no fuera ahí.

Fue casi aterrador descubrir que, si tuviera que elegir entre el futuro y el pasado, elegiría el pasado.

Inhaló profundamente antes de ir por ropa limpia para meterse en la bañera y quedarse ahí lo más que pudiera, porque no quería pensar, no ahora, era demasiado doloroso.

Y no quería más dolor.

.

.

.

A Naomi le gustaba cocinar.

Desde su adolescencia descubrió que el sonido de la cocina era uno que la calmaba en cualquier situación, además de que les daba a las personas que más amaba una rica comida para alimentar su cuerpo y corazón; por lo que le paso su amor al arte culinario a sus hijos, principalmente a Kagome que tenía buenas manos y un toque singular a la hora de recrear una receta, el sabor entre su sazón y el de su hija era diferente, pero igual de exquisito . Sōta apenas comenzó a aprender, pero parecía igual de competente que cuando Kagome inició de pequeña.

Sonrió al recordarla balancearse a su alrededor cuando apenas le llegaba a la cadera, mirando curiosa todos sus movimientos hasta pedir / exigir a su linda manera que le enseñara a hacer su comida favorita. Lo hizo. Consiguió un banco pequeño para que lograra llegar a la encimera y que pudiera observar cómo era el preparar las cosa para una comida, lavar, desinfectar, cortar y cocinar.

Todo llevaba un proceso.

Como la vida misma.

Y a veces, las cosas nunca serán fáciles como cocinar; pero siempre creía que una comida caliente ayudaba mucho, y podría ser la última vez que debería ser toda su familia junta.

—Con esto tenemos, Sōta, ¿puedes decirle a tu hermana que baje a poner los platos y luego ir por el abuelo?

—Sí, claro —asintió mientras se secaba las manos en el delantal.

Dejo la cocina para dirigirse al cuarto de Kagome, se detuvo ante la puerta había to infinidad de veces, pero se sintió diferente a todas ellas así que tomando valor lo hizo, al obtener el permiso de ingresar fue recibido por su hermana de espaldas con el cabello y una toalla en sus hombros mientras miraba por la ventana, no era la primera vez que húmedo la mancha de esa manera, pero era extraño.

—Hermana.

Ella se giró.

Sōta se sintió extrañó al mirarla, físicamente había cambiado, sus facciones eran más definidas y duras, pero de alguna manera delicadas, le recordaba algo, aunque no lograba precisar dónde o qué.

—¿Sōta?

—Ah… mamá quiere que bajes a poner los platos mientras voy por el abuelo —se sonrojó al ser atrapado distraído.

Ella asintió.

—Iré enseguida —replicó mientras tomaba la toalla que colgaba en sus hombros para terminar de secar su cabello, lo último que era tener que ser regañada por no poder secarlo de manera correcta, aunque sería entrañable.

—Bien ... te veo abajo ...

Kagome lo miró fijamente.

—Ahí estaré.

Sōta asintió antes de salir para ir hacia la bodega donde sabía que su abuelo estaría metido, porque de no estar barriendo siempre lo estuvo ahí, clasificando, sacudiendo y guardando; no se equivocó, el sonido de cosas moviéndose era demasiado audible, se asomó desde el umbral.

—Abuelo.

—Oh, Sōta, ¿ya está lista la comida?

—Sí, mamá dijo que viniera a avisarte, ¿necesitas ayuda? —Preguntó al ver varias cajas abiertas en el suelo.

No es necesario por ahora, ya tengo lo que necesito —aseguró mientras se levantaba y guardaba algo en sus bolsillos—, podemos arreglar el desorden después, hay una comida esperándonos y nunca es bueno comerla fría.

Ambos emprendieron la marcha hacia la casa, en silencio, había cierta sensación en el aire que no querían romper, no aún; al abrir la puerta trasera el olor a tempura llenó sus pulmones, no tardaron nada en ir a lavarse las manos para alcanzar a las mujeres que les esperaban pacientes, Sōta no podía asegurarlo, pero de alguna forma su hermana parecía más ella misma, tenía una y su cara menos tensa sonrisa, tal vez habló con Naomi; aunque no pudo preguntar sobre eso puesto que apenas entraron en el rango de visión de la Higurashi mayor les dijo sus asientos para comenzar con la comida.

Sōta nunca había pensado que un almuerzo familiar fuera tan… anticlimático.

Es decir, actuaban como si Kagome hubiera regresado como siempre, saliendo del pozo por su propio pie con una sonrisa cansada y trayendo anécdotas para compartir en la comida o cena, quejándose de lo difícil que es tratar de calmar a InuYasha cuando Shippō se ponía hacer bromas en los días más largos y aburridos, cuando no encontraban información sobre los fragmentos o demonios que exterminar; hablando de su gran amiga Sango que le enseñaba algunas técnicas de supervivencia o del raro, pero sabio Miroku que cuando no estaba regalando sonrisas fáciles era un excelente maestro en las artes espirituales; y ellos se dedicaban a ponerla al tanto de las cosas, de sus materias escolares, amigas, enfermedades que el abuelo seguía inventándole.

Si.

Parecía como si lo de la mañana nunca hubiera ocurrido, aunque paso y si no lo estaban tocando por algo sería, tenía muchas preguntas, demasiadas, pero no rompería la calma. No cedería primero, así que se dedicó a disfrutar los crujientes camarones mientras escuchaba al abuelo contarle a su hermana sobre la situación del templo y como muchas personas regresado por los rumores de que sus amuletos funcionaban de lo cual estaba muy orgulloso.

—… así que me gustaría que volvieras a bendecir el nuevo lote que llegó la semana pasada —terminó pidiendo.

—Lo haré con mucho gusto, he mejorado en mi control espiritual. Las oraciones de protección individual deberían ser más fuertes y durar más —meditó después de terminar su bocado de arroz—. Tal vez podamos hacer una versión más concentrada para que la protección pueda ser puesta en una puerta, ningún espíritu negativo podría acceder sin un permiso explícito.

—¿Puedes hacer eso? —Preguntó asombrado el mayor de los Higurashi, sabía que su nieta tenía una visión muy profunda del velo, mejor de la que tuvieron su esposa y él, su hijo nunca manifestó alguna habilidad heredada, aunque al conocer a Naomi pareció más abierto a lo que hacían en el templo, posiblemente porque ella tenía esos destellos donde a veces podía ver fuentes de energía grandes, no por nada nombro a su hija Kagome, lo cual fue todo un acierto; su nieta podría ser de las últimas sacerdotisas reales en el Japón actual.

—Estoy segura que sí, el bendecir amuletos y pergaminos no necesita mucho poder espiritual en sí, los concentrados si llevarían más, pero no sería desgastante, lo que importa aquí es la intención y mi fuerza de voluntad —explicó dejando sus palillos sobre su tazón ya vacío.

—Has progresado mucho, estoy orgulloso —felicitó.

Kagome le sonrió con suavidad.

—Gracias, abuelo.

—¿Alguien quiere más? —Cuestionó Naomi feliz de ver a su hija tan apasionada con algo.

Sōta pidió otra ración mientras su hermana se levantaba para lavar sus platos y cubiertos.

—Iré a saludar a la abuela ya papá —anunció mientras se secaba la humedad de sus manos con una servilleta.

—Te alcanzaremos en un momento, cariño.

Sōta no dejo de mirarla hasta que su espalda desapareció, no tardaron mucho en terminar de comer y limpiar el lugar, la arrodillada frente al pequeño altar que mantenían en honor a sus familiares fallecidos, el olor fuerte a incienso los recibió, ninguno hizo el intentó de interrumpir el momento, se limitaron a sentarse y esperar pacientemente a que la morena terminara sus oraciones en paz.

Minutos después su voz rompió el solemne silencio.

—Quiero disculparme por haberlos preocupado de esta forma —se giró con la ayuda de sus manos para quedar frente a su familia—. Lo que menos quiero darles es dolor y angustia —inclinó su cabeza—, pero… me temó que no puedo prometer que no volverá a ocurrir.

Naomi asintió.

—Levanta tu cabeza, hija —pidió con dulzura—. ¿Estás listas para hablar?

—… fue un descuido. Confié en que conocía bien que le mostré mi espalda, fue un error que casi me cuesta la vida. Lo siento.

—Oh, cariño —Naomi extendió sus manos para llegar hasta las muñecas de su hija—. No fue tu culpa, no sabí-

-No. Sí lo fue, ya me había lastimado antes, tal vez no físicamente como ahora, pero ya me había herido de otras formas más… emocionales, puede que eso haya sido lo que hizo que me confiará en su presencia, así que, si fue mi culpa, mamá; ahí es diferente de cómo puedes interactuar con un enemigo potencial al que creías un amigo, aquí a lo mucho sería golpes que no llegarían a más, pero ahí… ahí mueres.

—¿Y por qué vuelves? ¿Por qué no sólo te quedas aquí y-? —Sōta fue interrumpido cuando una mano presiono con firmeza su hombro, miró a su abuelo que movió negativamente la cabeza, el menor tuvo que morderse la lengua para no seguir su diatriba.

Naomi al ver que su hijo volvía a estar silencioso miró con severidad a Kagome.

—¿Entonces? Aún con esta explicación sobre lo mortal que puede ser ir, ¿optarás por regresar de igual manera?

No había un tono acusatorio o molesto en la voz de la señora Higurashi, simplemente estaba preguntando, con la curiosidad de la primera vez que Kagome les contó que ella podía viajar al pasado.

—Sí. Hay cosas que debo hacer sin importar nada y… personas que con seguridad están esperando mi regreso, aunque tengo miedo, no voy a mentir, no ahora, pero cuando regresé la segunda vez decidí que haría lo necesario para reparar mis errores, si bien… —se trabó un poco ante los recuerdos de los últimos meses—, nunca imaginé que sería tan difícil y que, bueno, muchas veces doloroso. Tengo que volver, a pesar de todo lo malo, también he encontrado personas que son importantes y me han dado tanta felicidad y… y sé que estoy puede ser difícil de entender, pero quiero regresar, más que un deber es mi deseo y… y…

—Y no regresaras, ¿verdad? Haz decidido quedarte ahí.

Sōta inhaló bruscamente ante esa declaración, sus ojos revolotearon entre ambas mujeres, casi esperando que su hermana lo negará, pero la seriedad en el rostro de ella fue suficiente respuesta y una que le atravesó el corazón.

—Sí. Ustedes son y serán siempre mi familia, pero ya no puedo estar divida en dos, ya no.

—No tienes que explicar nada, hija. Es tu decisión y como dices, nosotros somos tu familia y te apoyaremos cualquiera que sea tu decisión; aun si te lleva lejos —se levantó para sentarse junto a Kagome—. Siempre tendrás un lugar al cual volver, en cualquier momento.

—¿Abuelo? —preguntó con dudas.

—Mi querida niña —se acercó para quedar frente a las mujeres—. Desde que te tuve en brazos supe que tu destino iba a ser grande, complicado, pero importante; si has tomado la decisión de ir tras la estrella que siempre ha estado esperándote sólo puedo aceptarlo e intentar ayudarte —sacó algo de su bolsillo para tendérselo con cuidado, Kagome recibió un collar con un Torii—. Este símbolo es muy importante para nosotros, simboliza la división de dos mundos y sea una suerte o no, tú encarnas perfectamente ello; espero que esto —levantó el collar—, te recuerde de donde procedes y te de la fuerza para continuar con el camino que has elegido.

Kagome quería llorar, aceptó con gusto el presente; miró al último miembro de la familia que simplemente no había levantado la vista.

—¿Sōta?

—…te quiero mucho, hermana.

Se reincorporó para ir abrazar a su hermana y quedarse ahí todo lo que pudiera, antes de que tuviera que dejarla ir.

Lejos.

Muy lejos de ellos.

.

.

.

Sōta no debería estar feliz, pero lo estaba; después de la pequeña platica y despedida, Kagome se vistió con ropas cómodas y no quiso llevarse nada más que el regalo del abuelo, y se dirigió al pozo –después de bendecir los amuletos y pergaminos que pudo, si notaron que se quedó mucho tiempo murmurando cerca de las entradas a su casa nadie dijo nada-, él no pudo evitar estremecerse al ver las manchas de sangre ya secas que aún estaban presentes en el lugar, vio el momento exacto en que su hermana las notó porque su cuerpo se tensó, pero a diferencia de lo que pensaba que haría simplemente paso de largo segundos después como si no fuera nada como si no hubiera estado a punto de morir; no hizo más que volver a decirles cuanto los amaba antes de lanzarse.

Y no sucedió nada.

La luz que siempre la envolvía antes de desaparecer no se presentó esta vez.

La confusión reino por varios segundos antes de que lo volviera a intentar, obteniendo el mismo resultado una y otra vez, los minutos pasaron y nada cambio.

Sōta no pudo evitar que la felicidad lo embargara ante la posibilidad de su hermana ya no pudiera irse, podía ser mezquino de su parte, pero estaba feliz.

Por eso cuando la morena tuvo que aceptar que algo estaba interfiriendo con su paso tuvo que dejar de intentarlo, su madre y abuelo lo arrastraron fuera del lugar para que ella pudiera quedarse sola y pensar, a pesar de sus protestar no pudo encontrar la forma de quedarse, así que los siguió hasta la casa, esperando que su hermana siguiera sin atravesar el pozo.

Lo que él no sabía o más bien no entendía era que Kagome estaba aterrada de no poder pasar una vez más.

Ella al verse sola no pudo evitar caer de rodillas dentro del pozo, había tratado de ser fuerte ante su familia porque no quería un motivo para que trataran de detenerla, aunque sabía que ellos nunca lo harían de mala fe, pero de haber mostrado dudas a su intención de regresar al pasado –de forma permanente- tal vez no hubiera podido tomar la resolución de hacerlo.

Pero ahora, en la soledad no pudo evitar derrumbarse, su corazón la estaba destrozando con demasiadas emociones y aunque nunca había tenido un ataque de pánico, reconocía los síntomas que empezaban a manifestarse; así que inclinó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos para tratar de respirar profundamente y lento, necesita tranquilizarse.

Y a pesar de saberlo, sus pensamientos la estaban atacando sin tregua, la ansiedad de no saber por qué no podía regresar la mataba, sobre todo si pensaba en el caos que había dejado tras de ella al irse tan abruptamente con InuYasha.

¿Qué pasaría con Sayumi y Rin? Lo confundidas que estarían cuando no volviera a ellas. Pensar en la mirada triste de Sayumi le golpeo fuerte, lo que menos quería era que ella tuviera esa clase de sentimientos, no cuando al igual que Rin parecían tan llenas de energía y felicidad, por lo que no le gustaba pensar en ambas de una forma negativa.

Sus manos temblaron cuando intentó probar a levantarse por lo que simplemente logró caer de trasero, jadeó, el aire comenzaba a hacer falta.

¡¿Qué hizo?! ¡¿Qué había hecho?!

Dejo a sus amigos atrás, ¿qué pasaría con la situación en la que dejo a Sango? ¿Su marcha afectaría el estado de ella en el Oeste con los kitsunes? No quería ni pensar en las consecuencias que podrían pasar, no creía que Sesshōmaru pudiera hacer nada para retirar su palabra, pero no estaba completamente segura.

Los ojos áureos que la miraron marcharse se volvieron turbios.

El engaño nunca sentaba bien a nadie, ni siquiera Sesshōmaru sería inmune a esto, no por lo que pudo ver antes de irse, algo en él cambió y le dolió.

Dolió porque una de las razones por las que necesitaba regresar tan desesperadamente era volver para hablar con él, quería disculparse por lastimarlo, porque él fue quien la salvó de la oscuridad; la obligó a seguir viviendo con el peso de haber estado a un paso de la muerte y le dio lo necesario para que se sintiera bien consigo misma, aprender a utilizar sus dones y el entrenamiento físico le ayudaron a reconstruir su autoestima y mejorar su imagen mental; si bien enamorarse del yōkai no estaba en el plan, cuando se dio cuenta simplemente lo dejo crecer y florecer, porque el amor nunca debía ser cortado ni ocultado, sinceramente al principio le preocupó el volver a caer en ese sentimiento, InuYasha aún pesaba en su corazón como una herida sangrante y dolorosa, pero no considero lo fácil que sería amar a Sesshōmaru.

Y sí.

Para la mayoría él era un portador de muerte, su pasado estaba plagado de sangre derramada y destrucción, ella lo sabía y entendía; ni su persona había salido sin ensuciarse en las batallas a pesar de su reticencia al principio de toda su aventura sobre el asesinato tuvo que cambiar su mentalidad no sólo para sobrevivir, sino para proteger a sus amigos que tanto quería, si bien, los yōkais se guiaban más por sus instintos y ansias del caos para alimentar a su bestia, sabía que Sesshōmaru nunca asesinaría sin una provocación directa. Y desde que salvó a Rin empezó a notar –en sus contados encuentros-, una suavidad en sus bordes que llamó su atención, porque se percató que él era más que sólo un yōkai con una historia de violencia.

Así que, si su corazón se inclinó aún con el pasado de Sesshōmaru, sabía que no dudaría de su afecto sincero hacia él.

Y… sin embargo, lo dejo atrás, aun cuando ella claramente le había prometido regresar a él, necesitaba cumplir esa promesa, a pesar de que podría no recibirla con los brazos abiertos o si quiera la quisiera ver, pero requería hacer lo que dijo que haría, por su propio orgullo tenía que hacerlo.

Pero para poder cumplir con lo dicho necesitaba atravesar el pozo, a como diera lugar, ahora la pregunta era ¿por qué no podía pasar como siempre? Deslizó su mano sobre su blusa sintiendo el borde del Torii antes de baja para trazar el fragmento de Shikon que Sayumi tenía y tomó de nuevo para protegerlo, así que no entendía el por qué se le estaba negando el paso, ¿qué se estaba perdiendo?

Apretó sus dientes, no tenía caso seguir tratando de forzar su entrada, si el pozo le estaba negando el paso tenía que averiguar el por qué, así que se quedó unos minutos nivelando su respiración, hasta que sus manos dejaron de temblar y pudo levantarse sin tropiezos, lo que menos quería en ese momento era lesionarse por una caída descuidada.

Una vez estuvo fuera del pozo pensó cuidadosamente como proceder, tal vez algo de las investigaciones de su abuelo ayudarían, después de todo él era un conocido historiador, aunque retirado, posiblemente hubiera algo guardado, así que decidida se dirigió de nuevo a su casa para hablar con él.

Dejó el pozo a sus espaldas.

.

.

.

Sōta puso en pausa su videojuego cuando oyó a su madre hablar con el abuelo, ya habían pasado alrededor de 5 horas desde que su hermana volvió a la casa para hablar con el hombre y pedir acceso a su despacho, lo cual le sorprendió, nadie entraba ahí si podía, no es que fuera malo, es sólo que el lugar estaba lleno de papeles, libros y cosas delicadas que para dos adolescentes no tenían uso o interés, por eso le pareció extraña la petición, que no le fue negada, por lo que ambos se fueron rumbo al templo para que unos quince minutos después él regresara para anunciar que si le necesitaba estaría en la bodega arreglando las cosas, no mencionó nada sobre Kagome o lo que estaría buscando o haciendo, así que Sōta no preguntó a pesar de que se moría de curiosidad, por lo que ofreciéndose a barrer las hojas delante del templo se escabulló hacia la parte trasera donde se encontraba ahora su hermana.

No queriendo interrumpir se asomó con cuidado, la puerta estaba abierta, así que no fue difícil espiar, la encontró inclinada sobre uno de los escritorios con varios documentos plastificados, por lo que dedujo enseguida que eran muy antiguos y valiosos, así los preservarían para que al tener que manejarlos no se desgastaran, parecía muy concentrada e iba cambiado rápido de hojas, sabía que por su situación había aprendido a leer rápido y retener mucha información en poco tiempo, aunque si algo o alguien –normalmente InuYasha- la interrumpía de mudo brusco podía perder el enfoque y olvidar lo que estaba leyendo, generando en que el amigo de orejas de perro acabara siendo expulsado de su habitación, por lo que no queriendo ser el receptor de esa ira, se retiró lentamente para hacer lo que dijo.

Barrer.

No era la tarea más divertida, pero los fines de semana que no tenía clases o futbol él era quien tenía que hacerlo, para darle a su abuelo tiempo a solas para reorganizar la bodega o ver el templo, normalmente quien tendría las tareas domésticas sería Kagome, pero con su hermana fuera la mayor parte de los meses, él había tenido que acomodarse a una nueva rutina.

No es que le molestara en realidad.

Por lo que una vez acabo y viendo que su hermana no estaba ni cerca de acabar, se dirigió a la casa, para jugar un rato, hasta que oyó regresar a su abuelo seguido minutos después por su hermana, por su tono no pareció encontrar lo que buscaba por lo que preguntó sobre el estado del campo de tiro antes de retirarse para cambiarse a algo más deportivo, Sōta se asomó para verla desaparecer en las escaleras.

Y una vez bajó para dirigirse a la parte trasera del templo, no había vuelto.

Miró el mando de la consola con intensidad, escuchando a su madre.

—Ya está por anochecer.

—Debemos ir por Kagome, el campo de tiro aún no tiene iluminación, no quisiera que se lastimara por no ver las dianas.

—Yo voy —se ofreció Sōta, dejando el mando y apagando la televisión.

—Bien, mientras empezaré con la cena —estuvo de acuerdo Naomi, levantándose.

Sōta no perdió tiempo antes de salir de la casa, al levantar la mirada notó como el atardecer se acercaba, los colores se iban apagando, por lo que se apresuró hacia el campo de tiro, es un lugar prácticamente nuevo, desde que su hermana empezó a ir al pasado y que en una cena sacará a relucir hace casi dos años que su principal arma en el pasado era el arco, su abuelo mencionó sobre el campo de tiro que nunca se cuidó porque la familia Higurashi no había tocado un arco en generaciones, por lo que el lugar quedó descuidado hasta esa noche, más temprano que tarde, el abuelo mandó a limpiar la zona para que Kagome tuviera donde practicar cuando viniera del pasado, además del extra de que podían rentar el lugar para practicas privadas o de exhibición el festivales y aunque el campo ya parecía uno bastante profesional, aún no se instalaban las luces para iluminar todo el área, sólo había luz en los camerinos y desde donde tiraban, las dianas y el campo se mantenían a oscuras en las noches.

Apresuró su paso al notar que las sombras se alargaban, al acercarse pudo oír el sonido constante de un golpeteó, lo reconoció enseguida, él había tratado de tomar clases de kyūdō, sin embargo, se dio cuenta rápidamente que no era nada fácil, los arcos largos eran hermosos, pero complicados de manejar, el arco recurvo y el corto fueron aún peores, ni siquiera pudo dar en la diana, todas sus flechas se quedaron a medio camino, por lo que no pudo evitar que su mandíbula cayera al llegar y ver las dianas llenas de flechas y justo en los blancos.

Y cuando miró a su hermana, no la reconoció.

Tenía la ropa y la cara de Kagome, pero la vio diferente a las otras veces que había estado ahí, su postura era firme, hermosa y regia. Ni siquiera su profesora de kyūdō podía imitar la belleza de la pose y antes de poder procesar la imagen, otra flecha se clavó en el centro de una diana.

La vio sostener su postura unos segundos antes de bajar el arco largo y suspirar, sus miradas se encontraron y en los ojos celestes encontró un brillo extrañó y depredador, antes de que viera el reconocimiento y se suavizaran con cariño.

—Sōta, ¿pasó algo?

—…el abuelo dice que sería peligroso seguir disparando en la oscuridad, aún no pone iluminación para el campo —musitó después de recuperar el habla, ¿quién era ella?

—Oh —fue como si despertará y mirara a su alrededor por primera vez, suspiró antes de dejar el arco apoyado en una de las columnas, para ir a recuperar todas las flechas utilizadas—. Lo siento, perdí la noción del tiempo, aunque he estado entrenando en la oscuridad, las batallas no se dan sólo durante el día y necesito poder disparar aún en la más oscura noche —explicó mientras iba arrancando una a una y cerciorándose que no se hubieran dañado, no quería hacer que su abuelo tuviera que comprar otras.

Él se acercó para ayudarla a guardarlas en un baúl mientras ella iba a guardar el arco al depósito, pero sin apartar su mirada de la espalda que se alejaba, lo volvía a preguntar, ¿quién era ella?

Podía ver a su hermana, pero al mismo tiempo no; era como si su imagen estuviera distorsionada con algo que no podía comprender y le asustaba; por lo que cuando regresó y apagó todas las luces para dirigirse a su casa, pasaron cerca del Goshinboku y no lo pudo evitar, se detuvo y la dejó avanzar unos pasos más antes de preguntar:

—¿Quién eres?

Ella se detuvo.

Se giró confundida para encontrar a su hermano menor tensó y mirándola fijamente.

—¿Sōta?

—¿Quién eres? —repitió nuevamente—. No te pareces a mi hermana, cuando ella se fue hace casi un año era feliz.

Kagome entendió y fue doloroso darse cuenta de cómo había cambiado, pero él se equivocaba; por lo que señaló la banca bajo el árbol sagrado para sentarse, Sōta le siguió con precaución.

—Soy Kagome —respondió—, pero no la Kagome que recuerdas, Sōta —lo miró con intensidad—. Cuando me fui la última vez no era feliz, aparentaba estarlo, pero ya en ese entonces mi alma estaba sufriendo, tenía demasiado sobre mí y eso terminó por… quebrarme —desvió la mirada hacia el cielo, el atardecer ya estaba sobre ellos, los colores cálidos se hacían fríos—. Me perdí, Sōta. Tanto que quise morir.

Él se sobresaltó ante la confesión, su corazón se apretó duro en su pecho, sintió el escozor de las lágrimas.

—… ¿atentaste contra tu vida? —Peguntó casi sin voz.

La morena negó.

—No. Pero no luché por ella. De no ser por Sesshōmaru y Sayumi, no estaría aquí ahora, les debo mucho —Y Sōta, por fin, vio la sonrisa genuina deslizarse en la cara de su hermana, era suave y brillante, como el solo en invierno—. Fue gracias a ellos que recuperé el amor por mí misma, comencé amarme como antes de comenzar esta loca aventura, por fin, por fin, me encontré. Y necesito que entiendas esto, Sōta —se levantó para arrodillarse frente a su hermano y tomar sus manos entre las suyas, apretando con fuerza—. Ya he hablado con mamá de esto, ella sabe lo mal que… InuYasha me hizo —las lágrimas bajaron en ambos rostros—. Él tomó demasiado de mí sin importarle que estaba matando lentamente mi esencia, no quiero que esto signifique un odio hacia él, por tu parte, porque sé que fue un buen amigo para ti, sé lo mucho que te apoyaba en todo y… —inhaló profundamente—, pudo haber sido un amigo para mí si hubiera podido darme cuenta antes del daño que su amor me hacía, ahora no puedo desandar el camino, mi relación con InuYasha ya está dañada y… —cerró los ojos mientras trataba de parar la pena que lloraba su corazón al recordar la traición.

—Fue él, ¿verdad? —Sollozó—. InuYasha fue a quien le diste la espalda y te atacó.

—…si.

Sus frentes se tocaron y lloraron.

Lloraron por saber que las cosas han cambiado y el precio tan alto que eso trajo.

—Y te irás —no era una pregunta, ya lo sabía.

—Más allá de lo que hizo InuYasha y el dolor que ha traído, tengo que regresar —frotó sus narices con cuidado—. Yo ya no pertenezco aquí, Sōta. Higurashi Kagome se ha ido desde hace mucho, ahora en mi alma resuena con el título de Kagome, la sacerdotisa; y lo aceptó. Quiero portar con orgullo mi nueva vida.

Las lágrimas no se detuvieron en ningún momento, eran un lio húmedo y triste.

—Te voy a extrañar tanto —lloró.

—Yo igual, Sōta, te amo.

Se abrazaron con el sol ocultándose en el horizonte, pasaron unos minutos antes de que él la soltara intentando en vano mantener la compostura.

—Me quedaré un momento aquí —murmuró Kagome besando la cabeza de Sota—. Adelántate a la casa, ¿sí?

Él asintió, necesita acurrucarse con su madre.

—Te amo, hermana.

Ella sonrió dejándolo marchar, se quedó ahí viendo su silueta desaparecer en la distancia y en la oscuridad, suspiró antes de levantarse, hablar de sentimientos y unos tan intensos siempre era de algún modo desgastante, por lo que saltó la pequeña cerca que rodeaba el Goshinboku para sentarse con la espalda apoyada en la corteza.

Algo en su alma se tranquilizó al estar en contacto con el árbol, se sintió mejor, además de que una parte de ella podría engañarla para hacerla creer que estaba en el pasado sentada en las raíces mientras tararea melodías para Shippō, quien dormitaría en su regazo , cómodo y feliz; y tal vez… sólo tal vez, su mente evocaría la imagen de dos cabezas pequeñas que se sumarían a Shippō en su falda, Rin y Sayumi seguro estarían con sonrisa grandes uniéndose a su canto.

Y entonces, llegaría él .

Sesshōmaru vendría para unirse a su lado, mantener los menores calmados para que eventualmente sean arrastrados por el sueño, y dormirían bajo las estrellas, cubiertos por la estola de Sesshōmaru; y ellos hablarían en susurros hasta que sus ojos cedieran acurrucándose contra el yōkai.

Inclinó su cabeza hacia atrás para apoyarla contra el tronco.

—Te amo —musitó llevando sus manos hacia su pecho—. Debí decírtelo claramente. Te amo, Sesshōmaru .

Algo se agitó en el aire.

Ella se erizó y miró a su alrededor, era algo antiguo.

Un sentimiento de edades arrastrándose, despertando; fue abrumador. Kagome trató de levantarse, pero sus piernas estaban atrapadas en el momento, trató de combatir, pero la ahogó en un mar de estelas de vidas.

Y se detuvo.

Tan rápido como comenzó se retiró.

Kagome abrió la boca para tomar aire, ¿qué demonios había sido eso?

… Si el sendero pierdes mira al cielo, encuéntrame en la estrella más brillante…

Ella se estremeció.

—¿Sayumi?

Se levantó con las piernas temblorosas para mirar a su alrededor, buscando desesperadamente a la yōkai, era si voz, era inconfundible; sin embargo, pareció quedar como un susurro al aire, algo que pudo haber sido sólo su imaginación.

—Necesito descansar —murmuró saltando la cerca para dirigirse a la casa.

Sin embargo, al dar un par de pasos el aire se llenó de la voz melodiosa, se regresó rápidamente tropezando en su apuró de llegar al Goshinboku, extendió sus manos tratando de alcanzarla.

—¡Sayumi! ¡Sayumi! —Llamó sobre la voz que seguía una melodía constante, subía y bajaba como el mar—. ¡Sayumi!

No hubo respuesta más que el canto, por lo que apoyó su frente sobre la corteza tratando de enfocarse en la letra, ¿habría algún mensaje en esta? Pero no, no era mensaje para ella, aunque sí era una bella canción a la medida de Sayumi, ¿sería alguna canción de cuna? Por alguna razón el tono se le hacía familiar.

Duerme, princesa del mañana.

La voz se extinguió en el viento.

¿Qué había sido eso?

¿Era una señal?

¿Sayumi estaba en el Goshinboku del pasado?

Jadeó ante la idea de eso, porque significaba que había ido tras ella y no creía que Sesshōmaru hubiera tomado bien esa acción, no si pensaba que lo había traicionado, por los dioses, ¿estaría bien la pequeña yōkai? Sus uñas rascaron la madera con ansiedad y desespero. Necesitaba regresar, tenía que llegar a ella, tenía que-

Escucha mi voz, hija del Oeste.

¡Sesshōmaru!

¡Era la voz de Sesshōmaru!

Miles de emociones agitaron su corazón, él estaba con Sayumi, estaban tan cerca, tan cerca.

Soltó una risa temblorosa y las lágrimas se deslizaron por sus mejillas rojas.

Duerme, pr-

Princesa del mañana —terminó sin pensar mucho en eso, siguiendo inconsciente la canción que había escuchado.

El aire volvió a cargarse de energía.

¿Kagome?

Ella levantó la vista jadeando casi temiendo que fuera de su imaginación.

—Sesshōmaru ...

Kagome.

¡Era real!

—¡Sesshōmaru! —Jadeó enterrando sus uñas en la corteza sin preocuparse por astillarla, su mente no estaba para notar eso, se aferró a la voz susurrada a través del árbol—. ¿Eres tú? ¿Puedes oírme?

Te escuchó. Pero no logró encontrarte.

Kagome soltó una risa temblorosa, ¿la estaría buscando tan desesperadamente como ella a él?

—Estoy lejos, muy lejos ahora; estoy en el futuro —respondió en un suspiro—, y no puedo regresar, algo está bloqueando mi paso a ustedes.

¿Algo te impide regresar? ¿Qué es ese algo?

No estoy seguro, sólo sé que el pozo está impidiendo que regrese al pasado, el camino no está abierto —trató de explicar.

El pozo…

Hubo unos momentos de silencio antes de que la voz de Sesshōmaru regresara.

¿Puede deberse a que el pozo de este lado fuera destruido?

¡¿El pozo fue destruido ?! Bueno, ahora que lo pensaba el ataque de InuYasha fue bastante fuerte, además de que estaba fuera de sus sentidos, lo cual no lo justifica. Ella lo consideró unos momentos, sintió que había mucho más sobre la negación a su entrada, pero podría ser que la falta del pozo en el pasado contribuya a eso.

—No lo sé, tal vez sea una posibilidad.

Bien, haremos algo al respecto. Sayumi quiere saber si estás bien.

—¿Está contigo? Sayumi —llamó con anheló.

—No te escucha y al parecer tú tampoco puedes, ha estado intentando llamar tu atención desde hace rato.

Kagome se siente mal por no poder comunicarse con la pequeña-

—Dile que estoy bien, que no se preocupe, yo seguiré buscando una manera de regresar a… ustedes.

El lugar volvió a silenciarse, ella esperó, algo aterrada de haber empujado su suerte, tal vez el que Sesshōmaru estaba ahí no fuera por ella sino por Sayumi, después de todo casi nadie podía negarle nada a la niña.

Sayumi se retiró, fue a la aldea por tus compañeros, despejaran el pozo.

—Gracias, no sé si sólo haciendo eso pueda, pero será bueno no regresar para estar enterrada en fragmentos de madera y tierra… a menos claro —se mordió el labio indecisa de continuar, si era sincera consigo misma tenía miedo, ahora sabiendo que Sesshōmaru estaba tan cerca se volvía consiente de sus acciones—… que no quieras que vuelva.

Si la respuesta era un no, no tenía ni idea de si podría acostumbrase de nuevo al futuro, no cuando su alma anhelaba tanto el pasado.

¿Tú quieres volver?

—Más que nada en el mundo —respondió sin un asomo de duda, sus manos empezaron a doler por la postura en que se mantenían.

Entonces hazlo. Vuelve. Cumple tu promesa.

Kagome no pudo evitar llorar deslizándose hasta estar arrodillada frente al Goshinboku, había estado tan asustada, asustada de que no podría estar de nuevo junto a Sesshōmaru, porque su corazón ya estaba lo suficiente adolorido, no necesita más dolor.

—Lo haré —sollozó miró hacia arriba, las hojas se mecían bajo los rayos lunares—. Sesshōmaru ...

Mmm…

—Te amo.

Y el pozo se estremeció.

Continuará.

¡Ahhhhh! Que me encanta dejarlas con ansias de más, lo sé, lo sé, no tengo perdón, pero que puedo decir, adoro cerrar así los capítulos. ¿Alguien puede adivinar por qué el pozo estaba sellado aún teniendo Kagome los fragmentos? Ustedes puedes.

Besos y abrazos.

Nos vemos pronto

FiraLili

27/10/2021