"Nada nos engaña tanto como nuestro propio juicio." Leonardo Da Vinci


Lluvia de Estrellas: ¡De cómo el sol engaño a la luna!

Parte 2

En algún otro lugar.

Helios se encontraba sentado en una silla color café con una figura de sol tallada en lo alto de la misma, detrás de un ventanal que cubría la pared completa del cual entraba una luz cegadora, esta hacía ver al dios de forma imponente. Delante de él se encontraba una mesa de madera lisa en donde este tenía el libro que encontró en la biblioteca de su padre abierto.

Los ojos de Helios no podían despegarse de este, releía de una forma casi obsesiva, parecía que cada palabra tuviera un significado nuevo.

La puerta que daba acceso a la sala de reuniones donde se encontraba, se abrió y uno de los sirvientes más leales del dios del astro mayor entró. Su relación con él, se había estrechado luego de su romance con Selene, ya que tardó tiempo en comprender y asumir lo que había pasado y él estuvo siempre escuchándolo, a pesar de este no ser muy conversador, pero en ocasiones lo más necesario es tener la certeza de que alguien se encuentra escuchándonos independiente nos respondan.

El señor con cabello largo recogido en una trenza color plateado, se acerca a Helios haciéndole una reverencia, y dijo:

— Reflexione sobre lo que me consulto, mi señor.

— Entonces, ¿Qué opinas al respecto? — dijo el dios escudriñando a su sirviente con los ojos.

Este se arrodilló y bajó la cabeza hasta el piso, algo que sorprendió en sobremanera al dios.

— Lo siento, estoy en un rotundo desacuerdo con usted — este suspiro como si sus palabras dolieran al salir de su boca — no debe intervenir, mi señor. Debe dejar que el curso de las cosas sigan como deben de ser.

— ¡Explícate y por favor levántate del piso! — dijo exasperado Helios

— Señor, amo, el sol y la luna nunca deben de estar juntos, si lleva a cabo el ritual completo… — este hizo una pausa — ¡Eso es contra natura!, se desequilibrará la balanza del mundo, así como su padre, Selene necesita una heredera para que la luz de la luna no se apague — este miro a Helios con temor — No debe tomar a la luna como suya, cuando la luna no le pertenece al sol, ni viceversa.

Helios no miró a su sirviente, sino que bajó su mirada al libro.

— Pensé en la última parte del ritual — su mirada se endureció — no sé si pueda llevarlo a cabo, pero si lo hago dejaré de estar solo, para siempre.

— Pero aquí estamos todos, nunca nadie lo va a dejar solo, mi señor, nunca.

— Eso lo sé — volvió a mirar al señor a su arrugado rostro — pero esto es diferente.

— Señor, no solo piense en usted — este tenía los ojos tristes — esa no es la voluntad de esa chica humana, sólo logrará herirla o incluso matarla si esta no tolera el proceso.

Helios volteo el rostro al ventanal detrás de su silla, ignorando a su sirviente, y dijo:

— Llegó la hora — sonrió — preparen todo para el ritual, para que cuando vuelva no perdamos tiempo.

— ¿Pero señor, aun así, continuará?

— ¿Me escuchaste o no? — dijo de manera autoritaria el dios — recuerda tu lugar, humilde sirviente.

— Sí, le escuche mi amo, disculpe mi desobediencia — dijo el señor mayor bajando la cabeza ligeramente como una reverencia y poniendo sus manos arriba de su túnica roja — estoy para servirle.

— Gracias, Titus, puedes retirarte.

A lo que el señor obedeció sin vacilar.

Al este abrir la puerta, pensó en cómo Helios se estaba dejando llevar, una vez más por sus pasiones, aunque no era de sorprenderlo, ya que él una vez fue un humano y el corazón no es algo que se pueda eliminar tan fácilmente.

El dios se levantó de la silla y sonrió para sí mismo, traspaso el ventanal y llegó a la habitación de la chica.

Esos vitrales funcionaban en realidad como túneles, para llegar a distintas ubicaciones en ese lugar, desde el recinto de Selene hasta cualquier otro sitio de la galaxia, pero esos túneles no permitían el acceso a la tierra, aunque se pudiese observar a través de ellos con nitidez la misma, para lograr ir a la tierra era a través de una puerta que solo podía ser abierta por un dios, pero por la prohibición de la convivencia de los dioses con los humanos el acceso a esta era restringida, por la naturaleza de lo que significaba traspasarla.

Al entrar a la habitación de la chica peli naranja, se encontró con la misma sentada a la orilla de la cama con un rostro cansado apoyado en sus manos. Helios al verla así comprendió que quedaba poco tiempo para ella como humana.

Orihime dirigió la mirada a donde se encontraba el dios, le sonrió y le dijo:

— ¡Qué bueno que estás aquí! — sentía alivio — no sabía si volverías, ¿pudiste averiguar algo?

— ¡Si! — dijo el dios con una sonrisa.

Aunque la chica no se percatara, esa sonrisa denotaba una ligera burla.

— ¿Qué debo de hacer? — dijo emocionada la chica levantándose de la cama con una energía que a los ojos de cualquiera hubiese parecido que no existía en ella.

Helios se alejó al sentir a la mujer acercarse con tanta energía.

— Por favor, tranquilízate — suspiro — conserva tus energías, porque debo de explicarte cómo lo haremos y queda poco tiempo para que esa marca se fije en ti.

Esta se detuvo, y lo observó con temor, ya que sabía que eso significaba.

— Adelante — respondió la chica.

— El ritual consiste de manera breve en sustituir tu marca de luna, por otra marca, la cual en este caso sería la mía — este tenía el rostro duro, no obstante, por dentro se encontraba riendo — te explico, al tu cuerpo recibir dos marcas, se generará un conflicto de fuerzas — este mostro su mano a Orihime — nuestras marcas, están vivas y sobreviven con nuestra energía vital, por eso tu humanidad muere, porque los humanos no tienen suficiente tiempo ni energía vital para alimentar algo como esto.

— ¿Cómo recibiré esa marca y como esta no se fijará en mí? — interrumpió la chica.

— Deja de ser impaciente — dijo exasperado Helios y continuó con parsimonia — La marca del sol es más fuerte que la de la luna — pauso — respondiendo a tus preguntas, te entregaré una reliquia que represente al dios sol y te otorgara la marca, no te preocupes esto lo tengo cubierto y luego te llevare a la puerta que conecta esto con la tierra, cuando la puerta se percate de que no eres un dios, ya que hay un conflicto en tu cuerpo, te dejara bajar y listo, podrás volver, pero esto debemos hacerlo rápido — Helios sonrió observándola, ya que esta última parte no la haría del todo así, en razón de que permitiría que la marca del sol se fijara en ella y cuando Selene se percatara y fuera a solicitarla se iba a encontrar con la maravillosa sorpresa que lamentablemente la chica, ya no sería la diosa de la luna.

Orihime suspiro y miro hacia abajo y lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos lentamente.

— Debería sentirme tranquila, pero esto me da miedo — suspiro profundamente — nunca he tenido tanta suerte, y que alguien que no me conoce del todo se ofrezca a ayudarme, me conmueve.

— Tranquila — dijo Helios acercándose, pero no lo suficiente para tocarla.

Helios se sentía asqueado por sí mismo, se estaba aprovechando de una situación de debilidad.

— ¿Selene no se percatará de esto? — dijo la chica secándose las lágrimas.

— No creo, ella se encuentra ocupada en otras cosas — dijo el dios sabiendo que esta se encontraba preparando la coronación de la chica — pero debes tener cuidado, Selene es muy perspicaz.

— Está bien — dijo la chica con seguridad y sonriéndole a Helios.

Este tomó la mano de Orihime y dijo como un susurro ven conmigo, cruzaron el cristal que se encontraba al fondo de la habitación y se dirigieron a la morada de Helios.

En la morada de Helios

Al Orihime entrar allí, se abrumó por la claridad del lugar, sus ojos se posaron en la infraestructura, era un lugar gigantesco, los techos de madera eran tan altos que debía esforzarse para poder observarlos. Había tallado entre la división de la pared y el techo soles. Helios invitó a la chica a sentarse, en donde gustara, sacándola esto de sus cavilaciones.

— Este lugar es hermoso — expresó la peli naranja intentando sacar una silla de la mesa, a lo que Helio de manera brusca reaccionó, quitandole la mano de la misma para este hacerlo por ella, esto sorprendió a Orihime, no obstante, esta sin dudar tomó asiento luego de esto.

Helios le observó y dijo:

— Espera por favor aquí, veré si todo está listo.

Este salió por la puerta color dorado en el centro del lugar, se sentía abrumado, era cómo esa vez con Selene. Se dirigía al ala norte de la fortaleza, caminaba con parsimonia, pero de alguna manera sentía prisa, era inexplicable. Al llegar a una entrada color dorado con un sol y una luna tallados juntos como si estuvieran fundidos, se detuvo y tocó, y dijo en voz alta:

— Titus, ¿está todo listo?

Este escuchó la puerta abrirse desde dentro, y salió el señor con el rostro serio y contestó sin mirar al dios:

— Sí, mi amo, todo se encuentra listo — suspiro — solo falta que usted y ella vengan.

— Me satisface mucho escuchar eso — dijo el dios tratando de encontrar su mirada con la del sirviente, pero se percató que este la evitaba.

Esto molestó al dios, pero esa era su decisión.

— ¡Nos place servirles!— dijo Titus con fastidio.

— Comprendo — dijo el dios.

Este se molesto aun mas al ver que su sirviente iba a cerrar la puerta con él estando aún ahí parado al frente de ella, por lo que este detuvo la misma con su mano, y luego subió por el mentón el rostro de su sirviente, y le dijo — cuando te hable debes de mirarme.

— Sí, mi señor, perdone — dijo Titus con una reverencia — cerraré la puerta una vez haya dejado el ala.

— Mejor — dijo sin mirarlo

Helios se volteó y se dirigió a encontrarse con Orihime. Miraba sus alrededores con detenimiento mientras caminaba, se sentía lleno de emociones o algo así. No era que pudiera sentir emociones como los humanos, pero se sentía diferente, lleno de vitalidad.

Al abrir la puerta dorada donde se encontraba la chica, se percató que esta tenía la cabeza recostada en la mesa y su respiración se había tornado más lenta, solo le quedaban unos días como humana como mucho pensó el dios para sí mismo.

Se acercó a ella y bajó la cabeza a su altura, tomó unos de sus mechones de cabello con sus manos y se los acercó a la nariz, era un aroma embriagante, cerró los ojos para grabar ese olor en su ser.

Orihime al sentir esa cercanía se levantó sobresaltada y observó a Helios, quien tenía su rostro cerca del suyo, pero había soltado sus mechones antes que ésta pudiese percatarse. Este dijo con parsimonia:

— Llegó el momento.

— Está bien — dijo la chica levantándose de la silla y estirándose, estaba físicamente agotada, a pesar de haber dormido.

— Sigueme, por favor — dijo el dios del astro mayor, extendiendo la mano.

Orihime sin pensarlo, tomó su mano y sintió como este apretaba ligeramente la misma.

Estos salieron tomados de las manos por la puerta del centro del salón, mientras esta se dejaba guiar por él, en todo momento.

Era un lugar gigantesco, parecería que duraría toda una vida explorando ese sitio, pensó Orihime, pero lamentablemente estaba muy débil, para observar con detenimiento el lugar, pero se percató de que Helios iba con prisa casi arrastrándola.

Se detuvieron en una entrada gigante con un símbolo de una luna y un sol, pero la chica no pudo observar por mucho tiempo, ya que esta se abrió y salió una persona con una túnica negra con capucha e hizo un ademán con la manos para que ambos pasaran.

La habitación a diferencia de todo el lugar, se encontraba oscura y solo estaba iluminada con velas de color blanco y dorado, que se encontraban distribuidas en el piso del lugar como tambien arriba de varias mesas de madera que adornaban, la cuales se veían bastantes antiguas, había un total de siete personas en la habitación con las cabezas abajo y sus capuchas cubriendoles la totalidad del rostro y al fondo de la habitación se encontraba Titus con una túnica roja con una capucha dorada con un símbolo de sol en el lado izquierdo de la misma, la cual no le cubría el rostro, encima de una tarima color madera en donde también había una mesa con una pequeña caja roja de terciopelo y una vela. En la parte superior de la habitación había una luna y un sol tallados, iluminados por la luz de las velas que habían colocado en ellos.

La chica peli naranja apretó la mano de Helios, ya que sentía temor, estos se acercaron a donde se encontraba Titus, quien les pidió que se arrodillaran, lo cual hicieron y dijo el señor mirando por encimas de sus cabezas:

— ¡Que lo único que brille aquí sea la marca del sol que resplandece a través de todos nosotros sus humildes sirvientes!

A lo cual respondieron los demás encapuchados a unísono:

— Larga vida al dios sol.

Titus pidió que Helios se levantarán, lo cual éste hizo, y Orihime iba a hacer lo mismo, pero este la halo al piso y le dijo con autoridad:

— Mantente así.

Esta se mantuvo en la misma posición.

Titus le dijo a Helios, observando su comportamiento con disgusto:

— dios Sol, estamos aquí hoy para otorgar la marca a un humano, ¿Usted considera que ella es digna de recibir la misma?

— Si…

Titus sin vacilar al escuchar la respuesta de Helios, dijo:

— Levántate, Inoue Orihime.

Orihime subió el rostro y luego el cuerpo con mucho esfuerzo, se estaba debilitando y no podía mantenerse en pie, pero el dios al percatarse de esto, permitió que la misma se apoyara en él. Titus continuo, y preguntó a la chica lo siguiente:

— ¿Estás dispuesta a recibir la marca del sol y abandonar desde ahora y para siempre la marca de la luna?

— Lo acepto — dijo sin pensarlo la chica.

Este al escuchar la respuesta de la peli naranja, abrió la caja que se encontraba arriba de la mesa y sacó una sortija de oro macizo con pequeños soles decorando la misma, y posteriormente pasó está por encima de la llama de la vela hasta calentarla, pero no lo suficiente para derretirla y se la entregó a Helios, quien beso la sortija y la puso en el dedo anular de la mano izquierda de Orihime, esta quemó ligeramente la piel del dedo de la chica, quien ahogó un grito y sintió cómo su cuerpo se debilitaba hasta no poder mantenerse en pie.

Los ojos de la chica no paraban de mirar ese anillo en su mano y podía ver como la forma de un sol se formaba en su mano y cubría una parte importante de la misma. Orihime sentía como sus sentidos se debilitaban, como respirar se volvió una actividad para la cual debía esforzarse.

— Helios la tomó por el brazo, levantandola, hasta ponerla al nivel de sus ojos y luego la abrazó, dijo de una manera casi inaudible:

— No te preocupes, tu cuerpo está combatiendo con las fuerzas del sol y la luna, y la marca que acabas de aceptar reclamará su lugar en tu cuerpo y terminará para siempre tu tiempo en ese cuerpo imperfecto — suspiro mientras olfateaba su cabello — ¡Serás mía, para siempre!

La peli naranja no entendía lo que le decía, pero lo abrazaba con fuerzas para no caerse. Esto hizo sentir a Helios correspondido, lo que hizo que este cerrara los ojos y se permitiera sentir tranquilidad, pero su letargo no duró mucho, ya pudo sentir pisadas dirigiéndose al ala norte, por lo que le indico a Titus que se llevará a Orihime a sus aposentos a lo cual éste accedió con una reverencia.

Orihime miro a Helios y le preguntó:

— ¿Cuándo cruzaremos la puerta?, no creo que tenga mucho tiempo como humana, siento que estoy muriendo, no puedo respirar.

— Pronto — dijo sonriéndole Helios — debo verificar algo.

Este se acercó a Titus y le susurro al oído que inmediatamente dejase a Orihime, lo buscara.

El plan de Helios estaba saliendo a la perfección, solo faltaba que el cuerpo de la chica aceptara por completo su marca, pero según sus cálculos no pasaría mucho tiempo para que esto sucediera, ya que el cuerpo de la misma se encontraba débil, aunque el libro también indicaba que si el dios tomaba a la humana como su mujer, el proceso iba a ser irreversible de manera inmediata, pero eso era algo que él no haría, ya que sería algo muy bajo de su parte, aunque ya la estaba engañando.

Este salió de la habitación, pero antes de hacerlo miró de reojo a Orihime, quien le sonreía débilmente. Al caminar por el pasillo se encontraba observando todo lo que le rodeaba buscando señales de algo o más específicamente de alguien, no paraba de pensar en que lo había logrado, pero al mismo tiempo sentía remordimiento de conciencia y tenía la certeza de que las cosas no serían tan fáciles.

Su mirada se encontró con unos ojos grises penetrantes y enojados, era Selene, quien le preguntó:

— ¿Dónde está Orihime?

— Sabes que no eres bienvenida aquí — dijo enojado el dios.

— Responde mi pregunta — suspiro — ni tú tampoco deberías acercarte a mi reino.

— Es tarde, Selene — pauso — muy tarde.

— ¿De qué hablas?

— Ella me pertenece — sonrió con malicia — hice lo que debía hacer.

El rostro de Selene cambió, sus facciones estaban llenas de rabia y decepción.

— ¿Qué le hiciste? — esta se estaba acercando a Helios — sigues siendo el mismo dios cruel de siempre, haces lo que te place con los demás y no te interesa cómo se sienten — suspiro — si quieres venganza...estoy aquí, pero ella no es responsable de nuestras diferencias.

— ¿Venganza? — este se rio — no soy esa clase de dios vulgar, le entregue la marca del sol.

La diosa lunar alzó sus manos para golpear al dios sol, pero sintió una mano huesuda agarrando su muñeca, era Titus.

— ¿Estás desquiciado? — suspiro Selene con lágrimas en sus ojos — ella no lo va a tolerar, sabes que la marca del sol, arrasa todo a su paso, su cuerpo está muy débil.

— Será más fácil, entonces — dijo Helios.

— Eres un dios cruel — grito Selene con rabia.

Titus miro a Selene y luego a Helios, y dijo:

— Mi señor, lamento decirle que la diosa lunar tiene toda la razón, la humana no tiene la vitalidad suficiente ya, para tolerar la marca que le otorgó, no sabía que ella se encontraba así de débil.

— ¡Claro que la puede tolerar! — dijo Helios molesto.

— No mi señor, escuche por favor, ella va a morir… su corazón va a parar de latir por sobre esfuerzo.

— Devuélvemela — dijo Selene llorando.

— No — suspiro — lo que vaya a pasar que pase aquí.

Titus observaba a su amo, ya que no sabía que él estaba pensando, le dolía decirlo, pero había vuelto a ser el dios cruel que una vez cohabito con Selene, estaba tratando a la chica de la misma forma como trato a la diosa sin piedad ni tampoco misericordia.

El sirviente puso la mano en la cara de Helios y dijo:

— Luego me puede castigar — este respiro profundo y activo su poder, el cual permite mostrar el futuro a las personas — Si ella sobrevive, algo que lamentablemente no pasará, su futuro contigo será así.

Helios puso una facción de enojo al ver que su sirviente iba a usar sus poderes contra él, pero empezó a ver imágenes de Orihime sentada delante del ventanal mirando hacia la tierra durante horas y horas, ella durmiendo a su lado con los ojos hinchados de tanto llorar, como también sentada a su derecha en el trono sin poder mirarlo a los ojos, por el rencor y el odio a su persona, ella gimiendo en voz baja el nombre de Ulquiorra cuando hicieran el amor y además ella sintiendo temor a sus enojos por confundir en ocasiones su nombre con el del moreno.

Los ojos de Helios se abrieron desproporcionadamente al su sirviente retirar la mano de su rostro, respiraba forzadamente. Este se encontraba devastado, se engañaba a sí mismo, ya que mediante esas artimañas no iba a lograr conseguir el amor de la chica, ya que sabía que el corazón de ella no le pertenecía, y ahora por culpa de él, ella iba a morir. Sabía qué debía hacer, pero eso significaria dejar ir a la humana y aceptar su soledad.

— ¡Dejenme solo! — gritó el dios.

Al escuchar esto Selene dijo de forma automática:

— No me iré a ningún lugar.

— Tu no eres bienvenida aquí, y mientras hablamos ella muere — dijo el dios con furia.

Selene suspiro y dijo:

— Confiare en tu juicio y me iré, pero sigues siendo un dios cruel y sin misericordia.

— Sé que lo soy, un dios cruel y egoísta, nunca he sido diferente.

— ¡Que bueno que lo sepas! — contestó la diosa — por favor, ayudala.

Este se volteo y se fue al escuchar las palabras de Selene, Titus al observar a su amo alejarse, lo siguio, pero solo consiguió que el dios le dijera:

— Por favor, déjame solo y gracias.

Este se encontraba caminando hacia sus aposentos, parecía que cada paso que daba era contra su voluntad, pero en realidad quería saborear cada momento en el cual ella se encontrara allí con él. Se detuvo en frente de una puerta doble color dorado bastante pesada y brillante, tenía soles tallados. Empujó la misma y pudo observar a la chica acostada en su cama, su habitación estaba totalmente vacía a excepción de la cama y un ventanal en la parte superior de esta, las paredes estaban pintadas de blanco, aunque se podía ver que debajo de ese color había tablones de madera café oscuro.

Este se acercó a la cama donde se encontraba la peli naranja, se sentó a su lado, y tocó su frente, esta se sentía muy caliente. Este acerco a su pecho, aún latía su corazón, pero este latía muy lento y en ocasiones perdía el sonido de los latidos. Este dijo:

— Si hubiese hecho esto antes, tal vez te hubieses podido quedar conmigo y yo mostrarte quien soy en realidad, no quiero ser un dios cruel ni tampoco sin sentimientos, por favor algun dia dame una oportunidad para probar lo contrario — este recordó la visión que le mostró su sirviente, eso no era algo que pudiese tolerar.

Este empezó a darle palmaditas suaves en la cara a la chica para despertarla, pero parecía que no funcionaba. Esto puso nervioso a Helios.

Las marcas en el cuerpo de la chica brillaban, lo que significaba que había una disputa de fuerzas entre ambas para ver quien iba a vencer y quién se iba a quedar con el cuerpo.

Helios al ver que la chica no respondía, procedió a cargarla, este grito el nombre de su sirviente, quien entró inmediatamente, parecía que este se encontraba afuera de la habitación esperando por sus órdenes. El dios dijo con preocupación:

— Debemos sacarla de aquí.

— Sí mi señor.

Estos salieron de la habitación, Helios mantenía el pecho de la chica cerca de él, para monitorear sus signos vitales. Este aceleró el paso al ver que casi no escuchaba el corazón de la chica, estos se dirigian a los límites de la galaxia donde se encontraba la puerta del fin del mundo como se le conocía. Esta puerta se encontraba en el medio de la galaxia y conectaba con todo. Era una puerta doble con un lado de oro con un sol tallado en su parte superior y la otra era de color plata con la luna decorando la parte inferior de la misma, esta parecía tener insertada estrellas.

Helios le entregó a Titus el cuerpo inmovil de Orihime, ya que la puerta sólo podía ser abierta por los dioses, veía como la escalera que se dirigía a la tierra se iluminaba, eso le hacía revivir memorias, pero este no era momento de recordar.

Al ver que la chica seguía sin despertar decidió bajar con ella por las escaleras hasta que ella despertara, Titus entregó a Helios el cuerpo de Orihime. Sabía que si se alejaba demasiado de la puerta, iba a enfrentar un fuerte castigo, pero esto había sido causado por él y debía tomar responsabilidad de sus acciones, ya no podía acobardarse.

Al poner un pie fuera de la galaxia Helios pudo sentir cómo su piel se quemaba y sentia como un fuego quemaba su interior, tal vez ese era el castigo, pero podía ver cómo las marcas se borraban del cuerpo de la peli naranja y lentamente el color de su piel volvía a ella, tenía un aspecto de estar viva, pero seguía sin abrir los ojos, esto impacientaba a Helios, pero le reconfortaba al mismo tiempo. Cuando iban a mitad de las escaleras Helios pudo sentir cómo su piel se agrietaba, pero debía aguantar.

Unos 20 minutos después

La peli naranja abrió los ojos, y se sorprendió al ver a Helios cargándola, y esta se sonrojo y le pidió que la dejara bajar, a lo cual éste accedió. La chica procedió a tocar su pecho, podía sentir su corazón y sus pulmones expandirse. Esta dijo:

— ¡Gracias! — con una sonrisa que iluminaba su rostro.

— No debes agradecerme, no lo merezco — dijo el dios con mucho esfuerzo, ya que sentía como se agrietaba más su cuerpo cada vez que pronunciaba alguna palabra

— Debes volver — dijo la chica muy preocupada al ver el aspecto deplorable del dios.

— No te preocupes, no morire, solo siento dolor — dijo el dios sonriente, aunque lo que decía no tenía sentido porque no podía morir, pero deseaba tener esa facultad humana.

Orihime colocó la mano derecha en su frente y luego en su mano izquierda, para percatarse que no tenía ninguna marca, y dijo con emoción:

— Soy libre…

— No te puedo asegurar nada, pero puedes volver a tu mundo, por ahora hasta que llegue el momento — dijo mientras acariciaba la cara de la mujer con la palma de su mano.

— Tomaste muchas molestias — dijo Orihime, esta miró su dedo, y se dio cuenta de que aún llevaba la sortija — esto es tuyo.

— Quedatela, por favor — eso demuestra mi promesa contigo.

Esta le sonrió y lo abrazó.

— Nunca olvidaré, lo que hiciste por mí — dijo la chica a su oído.

— Soy un dios cruel Orihime, no hice nada que no fuera parte de mis caprichos.

— Pero me ayudaste, como sea y cualquiera fuera tu motivación.

Helios se alejó de ella y le ordenó que siguiera su camino, la chica asintió con la cabeza, y sentía como volvió la vitalidad a su cuerpo con cada escalón que pisaba, hasta que llegó a Cabeza de Toro, el lugar se encontraba vacío y oscuro, pero esto reconfortaba a la chica.

La chica al sentir la arena de la playa y las rocas debajo de sus pies, no pudo evitar que las lágrimas brotaran de sus ojos, y expreso para sí misma:

— ¡Estoy en casa! No pensé que volvería.

En algún otro lugar

Selene observaba a Orihime con sorpresa, ya que Helios le había permitido bajar, aunque está suspiro y dijo:

— Te concederé más tiempo en la tierra, si pasaste por tantas molestias para lograr esto, querida hija.

Muchas bendiciones y gracias por su tiempo

Continuará

Esta historia será publicada domingo o lunes.


¡Ya tengo mi computadora!

Este capítulo como el anterior fue muy retador, pero en este caso era porque tenía muchas ideas y tenía que organizarlas. Me inspiré al escribir este capítulo en la película Eyes Wide Shut y su banda sonora.

Helios por así decirlo es un personaje complicado, ya que él no es un villano, pero tampoco podemos decir que es bueno, al igual que Selene, en resumidas cuentas. son personas en conflicto consigo mismas. En fin, crecer y mejorar es un trabajo de todos los días, eso quise reflejar con Helios, ya que pudo hacer algo malo, pero tomó una decisión.

Gracias a:

Juvia: ¡Hola! Wow, muchísimas gracias, no te imaginas lo mucho que me emociona retomar la historia, y si también estoy ansiosa de que Orihime y Ulquiorra se reúnan, luego de todo esto, esta experiencia te aseguro ha trabajado en nuestra peli naranja. La tristeza de Ulquiorra me hizo sentir melancólica también, pero te aseguro que él está verdaderamente arrepentido de lo que pasó, pero no te comento más. Bendiciones y besos, espero que estes mejor. Postda. Tengo mi computadora ya.

Gracias a todos los que leen.