Cuando el tiempo pasa y nos hacemos viejos nos empieza a parecer que pesan más los daños que los mismos años, al final ~ Canción: Nada Valgo Sin Tu Amor de Juanes


Sin ti: Reflexión

Parte 1

Dos años después

8:30 a.m.

La mañana había empezado agitada, Ulquiorra se había quedado dormido en su escritorio trabajando en un cuento nuevo y su alarma no había sonado, y lo peor era que recordaba haberla programado para hacerlo a las 7:00 a.m. la noche anterior, pero ahora no había tiempo para cuestionarse sobre eso, ya que debía bañarse y conducir como un desquiciado, ya que debía empezar a ver pacientes a las 9:00 a.m.

El chico se dirigió al baño con prisa tirando su pijama por el piso de la habitación, al entrar a la bañera y sentir el agua fría caer por su cabeza y su pecho comenzó a suspirar, al terminar este salió a todo prisa de la misma y al tratar de tomar su toalla verde esmeralda de la baranda de acero donde esta se encontraba colgada, esta se cayó arriba de su pie haciendo al chico ahogar un suspiro, pero el tiempo estaba corriendo y debía irse.

Este entró a su closet y tomó una camisa azul marino con puños, una corbata negra y un pantalón negro, sabia que no debía vestirse con colores tan oscuros, pero en ocasiones pareciera que esos eran los únicos colores que habían dentro de su armario.

Este al terminar de cambiarse, cerró la puerta de su habitación tras de sí. Su estómago empezó a gruñir y el chico solo podía pensar en qué ese iba a ser otro día sin poder desayunar, aunque en ocasiones se preguntaba si eran sus descuidos o su manera de castigarse por no levantarse temprano, ya que podía preparar su desayuno en las noches.

Este se dirigía a la salida de su departamento mientras trataba de ignorar el hambre y el dolor de su pie. Tomó el teléfono y las llaves de su auto las cuales se encontraban en un bowl color blanco arriba de una mesita de madera cerca de la puerta, esto había sido idea de Grimmjow al Ulquiorra quejarse de que últimamente todo se estaba escapando de su vista.

Este bajo en el ascensor al estacionamiento y se dirigió a su vehículo, el cual encendió, puso en marcha y salió con rumbo al hospital donde había conseguido alquilar un consultorio con parte del dinero que Barragan le había dejado, a pesar de que el profesor Aizen le había dicho a Ulquiorra que se quedase con él, asistiendo y viendo sus pacientes, como también realizando investigaciones, este declinó la oferta, ya que nunca iba a poder salir de la sombra de su maestro y mientras el tiempo pasaba el trabajar junto a él se hacia asfixiante porque solo podía pensar en la mujer y en como ella estaría, no era como que había parado de pensar en ella, pero se había resignado en que las cosas eran como debían ser, gracias a él, asimismo en ocasiones podía ver conductas de Aizen en él y ese no era su deseo en realidad, por lo que decidió escoger un camino diferente y especializarse en el área de la psicología infantil, ya que sentía que a través de ella podría aportar algo a la sociedad o bueno algo así.

Al peli negro comentarle su decisión a Aizen, solo provoco que este se enojara y le dijera con una sonrisa:

— Estas desperdiciando tu talento, te vas a arrepentir de tan desafortunada decisión.

Ulquiorra ignoró este comentario, ya que era su vida.

La mañana estaba más fresca de lo normal, se podía sentir la brisa del otoño. Ulquiorra no paraba de cambiar las emisoras de radio, ya que ninguna canción podía distraerlo del sonido que hacia su estomago. Estaba tratando de controlarse, ya que en otro momento se hubiese fumado un cigarrillo para calmar su hambre, pero ya este no podía hacerlo al trabajar con niños. Trabajar con ellos le había ayudado a mejorar como persona, pudiésemos decir a sensibilizarse y comprender con mas exactitud las consecuencias de los buenos o malos tratos.

El teléfono móvil de Ulquiorra comenzó a sonar, sacándolo de sus pensamientos y podía ver el nombre su secretaria en la pantalla, trataba de ignorarlo porque sabia que esta le iba a preguntar donde él se encontraba y que habían pacientes esperándolo, pero ya era tarde y no podía hacer nada. Este miro el reloj de la pantalla, y pudo ver qué eran las 9:15 a.m, por lo que aumento la velocidad considerablemente, aunque sin exagerar porque era peor si lo detenían.

Al este entrar al hospital aceleró como si su vida dependiera de encontrar un estacionamiento, lamentablemente alguien había tomado el lugar donde siempre aparcaba su vehículo y tuvo que parquearse un poco lejos de la entrada del edificio al cual se dirigía.

Ese hospital era un complejo de diez edificios muy altos, todos los pisos de los mismos dedicados a un área de la salud en particular y pintados de un color crema y verde señalizados con el número correspondiente, parecía una pequeña ciudad.

Este tomo su bata blanca que se encontraba en la parte trasera de su vehículo, la cual estaba un poco estrujada, se la puso y comenzó a caminar al edificio número nueve donde se encontraba su consultorio. Al entrar pudo sentir como el olor a alcohol y cloro inundaba su ser, todos les daban los buenos días, incluso los pacientes, pero a donde se dirigía que era el área de salud mental, las cosas eran distintas, ya que se solicitaba a los pacientes que guardaran silencio, por lo que era un espacio tranquilo y silencioso, por lo tanto.

El chico se encontraba esperando el ascensor, cuando de repente su teléfono móvil volvió a sonar y era un número desconocido, esto lo hizo ponerse ligeramente nervioso, ya que hacia un año exactamente había cambiado el número telefónico por recibir incontables llamadas sospechosas con el código de área de Italia, pero el moreno contesto y pudo escuchar:

— Doctor, ¿dónde esta? — dijo su secretaria molesta — veo que contestas los números desconocidos.

— Voy subiendo — dijo el chico colgando el teléfono de forma abrupta.

Al Ulquiorra observar que el elevador no bajaba prefirió subir por las escaleras, aunque eso no era una buena idea, ya que donde consultaba se encontraba en el quinto piso, este al llegar al piso correspondiente se encontraba un poco agitado y respirando sonoramente. El pasillo estaba recién desinfectado en razón de que el olor a cloro y alcohol le molestaba.

La luz del sol podía entrar por las ventanas oscurecidas por tinta negra, reflejando los ligeras rayos de sol en las puertas de los consultorios, numerados los mismos del uno al veinte, las puertas de los mismos todas eran de madera pintadas de color rojo vino, las luces se veían tenues a pesar de que en las noches las mismas iluminan el pasillo como si fueran soles. Este camino por el pasillo hasta llegar a la puerta cuatro que se encontraba casi al final del mismo.

Podía ver a sus pacientes sentados en los asientos color negro afuera de su puerta con sus padres, sabia que iba tarde y se hizo un silencio sepulcral al ver a este entrar a su consultorio. Ulquiorra al cerrar la puertas tras de si pudo ver a su secretaria, quien tenia el pelo negro corto por los hombros y unas grandes gafas de pasta rojas que combinaban con su vestido de igual color, quien le dijo:

— ¡Doctor, por fin llego! — dijo la chica sarcásticamente — ¿Necesita que le consiga un reloj despertador o algo?.

— Sí, realmente estaría bien si lo hicieras — dijo el chico con una expresión estoica.

— Pues, iré a comprar uno — esto sorprendió la chica, ya que creía que el moreno se enojaría.

Esta se levanto de su pequeño escritorio de metal, el cual tenia arriba una computadora color plateado y unos peluches de conejos y carritos, y tomó un pin con una cara feliz amarilla de un porta lápices de cristal repleto de lapiceros azules, se acercó y le puso el mismo en la solapa de la bata de Ulquiorra, y le dijo:

— Debe dejar de usar colores tan oscuros para consultar — dijo la chica sonrojada mirando al chico de los ojos verdes desde tan cerca.

— Ujum — respondió el chico.

Eso era algo que él tenia bastante pendiente, pero su armario no le ayudaba mucho.

Este cruzó a la parte trasera del consultorio, el cual era un lugar que parecía mas una sala de juegos que un consultorio, ya que las paredes estaban pintadas de color crema y había figuras de animales, estrellas y lunas de muchos colores y arboles pintadas en las mismas, como también el piso se encontraba cubierto en su mayor parte con una alfombra de foamy de muchos colores con números. Había un sillón color blanco con cojines de colores como también una mesa pequeña de plástico de color verde limón con su silla de similar color, todo daba un aire de diversión, ahora bien, Ulquiorra como también su escritorio negro y su silla de igual color eran los puntos que desencajaban con el lugar, aunque este había practicado el tratar de sonreír y vestirse con colores mas claros, su presencia en el lugar aun era extraña hasta para él.

Este abrió el cajón de su escritorio y sacó del mismo un estuche de gafas blanco con negro, en donde se encontraban sus lentes de metal plateado, este tomó asiento en su escritorio y le dijo en voz alta a su secretaria:

— Por favor, ya deja entrar a los pacientes.

Este miraba sus manos y suspiraba, mientras pensaba para sus adentro que si a pesar de todo, este había sido el camino correcto para elegir, pero realmente nunca se había arrepentido de hacer lo que hacia, pero aun así, sentía un gran arrepentimiento adentro de él con respecto a lo que hizo a la mujer. A veces le hacia sentir mejor el recordar que había cambiado el número de teléfono, ya que ella tal vez había tratado de contactarle y no había podido dar con ella por eso, aunque él había tratado de llamarla todo ese tiempo sin resultados.

Este puso sus manos en su rostro y dijo en un tono de voz inaudible:

— Te debo dejar ir Orihime Inoue… Este debe ser el último año en el cual piense en ti.

El chico pensaba para sí en que debía continuar con su vida, pero no solo era continuar con su vida sino entender que iba a ser una vida sin ella.

Escuchó la puerta abrirse, por lo que sabia que ya no era el momento para pensar en ella, aunque no podía explicar el porque las mañanas para él era tan reflexivas, tenia toda la noches para pensar, pero trataba en realidad de ocupar todo su tiempo hasta dormirse agotado. Estaba escribiendo libros para niño actualmente, ya que podía expresar sus ideas de maneras claras y breves, ya que sus lectores no iban a cuestionarle si había creado eso tratando de transmitir otro mensaje. Prefería trabajar con niños porque debía decir las cosas tal cual eran tanto para los padres como los niños, le retaba tratar de separar las emociones de los niños y los padres, y trabajar de forma adecuada con cada uno.

Este vio una niña de aproximadamente unos siete años entrar agarrada de la mano de su madre, esta última miró su teléfono con sorpresa y preguntó a Ulquiorra:

— ¿Usted es el doctor Ulquiorra Cifer?

— Sí, ese mismo.

— Disculpe, es que no parece un doctor infantil… no sé como explicarle.

— No se preocupe, no es la primera vez que me lo dicen, pero tome asiento y vamos a conversar — dijo el chico tratando de ser lo mas cordial posible.

Estas tomaron asiento en el sillón blanco con cojines de colores, pero la niña no paraba de decirle a su madre que tenia hambre, lo cual recordó a Ulquiorra que él también y dijo:

— Yo también tengo hambre así que vamos a empezar.

La niña se sorprendió por el comentario del moreno y le preguntó:

— ¿Para qué trabajas si tienes hambre?, mi mami dice que ella trabaja para no tener hambre, porque el que no trabaja no debe comer.

Esto sonrojo a la madre quien llevo los mechones de cabello castaños que se encontraban al frente de su rostro hacia atrás y se quedo callada esperando la respuesta de Ulquiorra, a lo cual este dijo:

— No tiene nada que ver con el trabajo, es que olvide comer en la mañana.

— Eres un tonto, porque no deberías olvidarte de desayunar, el desayuno es la comida más importante del día.

La madre de la niña se hundía en el sillón, tratando de fusionarse con él mismo de la vergüenza que sentía.

— Tienes razón, vamos entonces a trabajar — dijo el chico.

— Sí, exacto — dijo la niña con entusiasmo y sonriendo.

11:30 p.m.

Había visto al último paciente de la mañana, aunque el mismo se encontraba aun al lado de él parada detrás del escritorio de Ulquiorra según él imitándolo en su trabajo, mientras esperaban a su tía quien dijo que debía ir al baño por unos minutos, nunca había visto a los padres de ese niño en el transcurso del año trabajando con él, aunque por lo que había podido escuchar en consulta la relación de los mismos era caótica, ya que estos se habían vistos envueltos en juicios por crímenes de venta de sustancias ilícitas, salían y entraban de la cárcel y la violencia abundaba en su hogar, ya que sus padres solo seguían juntos por sus negocios comunes. Su tía deseaba que él no se viera envuelto en las disputas de sus padres y pudiese tener una infancia feliz.

Aunque cuando este volvía de la casa de sus padres volvía a las manos de su tía con signos de malos tratos, esta se encontraba actualmente tratando de ser la guardiana legal del niño.

El niño frunció el ceño y le pregunto a Ulquiorra:

— ¿Quién soy?

— No lo sé — dijo el chico inexpresivo.

— Soy tu, siempre estas molestos y das miedo, dice mi tía, pero me agradas — dijo sonriendo.

Ulquiorra no sabia que contestar y dijo:

— Ujum.

Ulquiorra escucho su estomago gruñir mas fuerte y decidió levantarse, el niño agarro la mano de Ulquiorra al ver la acción que realizo el moreno y puso una expresión seria, como si así evitaría que se marchara, a lo que el moreno contesto:

— No te preocupes, no te dejare solo.

Este decidió salir del lugar con el niño agarrado de la mano para esperar a su tía afuera, y este poder irse a comer algo de manera inmediata. El niño se encontraba halando la mano del chico diciéndole un sin número de cosas sin sentido sobre los colores de los vehículos de sus padres. La secretaria de Ulquiorra al ver semejante imagen no evitaba sentir ternura, ya que el Ulquiorra no solía ser afectivo. Este al abrir la puerta, le dijo a su secretaria sin mirarla:

— Volveré en dos horas.

— Entendido — dijo la chica borrando de su rostro el sonrojo.

Al salir pudo escuchar un bullicio proveniente de la puerta número seis, al este mirar a esta puerta se encontró a Ichigo Kurosaki vestido con una bata blanca, pantalones grises y una camisa blanca, sabia que era quiropráctico y que atendía en el mismo hospital que él, pero no deseaba tenerlo tan cerca.

Escucho a Kurosaki decirle a una chica con pelo negro que tenia de frente que debía cuidarse mas si deseaba seguir practicando deportes, pero sus ojos no se detuvieron en él, ya que pudo ver a una chica con las mismas facciones de la mujer parada al lado de Kurosaki, esta tenia su cabellera pelirroja recogida en una cola, un vestido largo color negro con margaritas y un abrigo de lana gris oversize por arriba del mismo cubriendo su silueta, miles de preguntas cruzaron por la cabeza del moreno y una de esas era por que Kurosaki se encontraba tan cerca de su consultorio, pero mas importante era saber que lo que veían sus ojos era real y no eran ellos jugándole una mala pasada.

Ese día se había decido a dejar ir a la mujer, pero sus ojos no lo engañaban, estaba seguro, ya que la voz de ella era tal como la recordaba, no obstante había algo extraño ambos llevaban un anillo de oro en el dedo anular de la mano izquierda, eso significaba que eran esposos. No era algo que debiere molestarlo, ya que ella tenia derecho de enamorarse y casarse con quien ella deseara, se repetía tratando de comprender y no molestarse.

Se pudo imaginar la boda de ambos, estos besándose apasionadamente, este consolando a la mujer por lo que había pasado con él.

Sintió que alguien le mordía el dedo, esto lo saco de sus pensamiento y lo llevo a mirar hacia abajo, el niño se encontraba mirándolo y le dijo:

—¡Mira a mi mami!— dijo mientras señalaba hacia la dirección donde según Ulquiorra se encontraba la mujer con Ichigo.

Este suspiro y observo con detenimiento, el niño tenia el cabello pelirrojo y tenia la misma tonalidad de la piel de la mujer, pero lo que más lo asustaba era que la mujer estaba metida en situaciones peligrosas con Ichigo, y habían involucrado a un niño en sus situaciones. Se sentía responsable por eso, si la mujer nunca lo hubiese conocido esto no estuviese pasando.

De un momento a otro vio a dos mujeres delante de él, una con el pelo rizado color rojizo llena de pecas con un traje negro cruzado con corbata y unos gemelos de oro sobre saliendo de sus mangas y la tía del niño quien tenia unos jeans azul marino y una camisa blanca estrujada, la pelirroja dijo:

— Soy la madre de Carlitos, espero que atenderlo no sea mucha molestias.

— Es mi trabajo — dijo estoico el chico, pero por dentro sentía alivio que su paciente no fuese hijo de la mujer.

— Vamos Carlos — dijo la señora con pelo rojizo.

El niño no quería soltar a Ulquiorra, lo cual desespero a la señora, al Ulquiorra darse cuenta se agacho y le susurro al oido del niño que si quería ser como él en el futuro debería aprender a obedecer y no dejarse llevar por sus emociones, se quito el pin de carita feliz y se lo entrego al niño quien lo agarro con su mano libre, posteriormente este soltó la mano al chico y corrió hacia dónde su tía, estos se despidieron de Ulquiorra mientras el niño lo miraba fijamente a través de sus gafas cuadradas plásticas color morado oscuro.

Al ver que estos se encontraban lo suficientemente lejos, procedió a caminar por él pasillo con prisa tratando de pasar desapercibido, ya que no tenia nada que decir, aunque le gustaría disculparse, pero tal vez la medicina fuera peor que la enfermedad en momento cómo estos, ya que pudiera ser que ella fuera la esposa de Ichigo y pudiese causar un mal momento.

Este al llegar al ascensor empezó a presionar el botón de ir hacia abajo de manera continua como si así el elevador fuese a llegar mas rápido. Este llego y el chico entro sin esperar dejar salir los que se encontraban dentro, solo quería retirarse de allí. Suspiro y dijo para si mismo:

— Ya tengo una razón para olvidarte, mujer.

En el pasillo

Ichigo se encontraba hablando con Tatsuki, dejando afuera de la conversación a Orihime quien se encontraba pensando en que ese doctor que había pasado por delante de ellos, tenia un parecido con Ulquiorra lo que sonrojó a la chica, no había tenido el valor de llamarlo o saber de él, ya que no quería importunar su vida por lo que había pasado la última vez y recordar la confesión realizada por el chico sobre el porque él se había acercado a ella, le rompía el corazón, cada vez que lo recordaba.

Al final de cuentas eran sentimientos no correspondidos los que ella sentía por él.

El teléfono móvil de Ichigo comenzó a sonar de manera incesante, Rukia le estaba llamando, esto sonrojó al chico quien contesto en voz baja y dijo:

— Amor

Este estaba muy sonriente hablando con ella.

— Entendido, puedes hacer lo que quieras.

Al Orihime enterarse de que Ichigo y Rukia se habían casado, le hacia cuestionarse si algún día encontraría el amor o alguien quien verdaderamente la quisiera, pasaba el tiempo y esta sentía que luego de su experiencia con Selene y Helios se quedo atrás de sus compañeros, ya que muchos se habían graduado, les quedaban pocas materias para concluir sus estudios o habían iniciado una familia. Debía dejar de medirse con la regla de los demás y dejar de compararse porque habían pasado situaciones en su vida que ella no podía controlar.

Ichigo al cerrar el teléfono móvil dijo con prisa:

— Me tengo que ir, Rukia me necesita — mientras guardaba su teléfono en uno de los bolsillos delanteros de su bata blanca.

A lo cual Tatsuki y Orihime contestaron que estaba bien al unísono.

Este empezó a caminar hacia el elevador dejando atrás a las chicas.

Tatsuki arreglando el vendaje de su mano miró con tristeza a Orihime, ya que creía saber que lo que ella sentía por Ichigo, pero no podía acompañarla a la universidad otra vez, porque debía buscar unos resultados y certificaciones medicas para entregar a su entrenador, ya que no iba poder participar en ninguna actividad física hasta tanto no se mejorara. Esta dijo:

— Tendré que dejarte — nos vemos luego, debo buscar unos resultados médicos — esta dijo como broma — debería irme de vacaciones como tú hace dos años.

Orihime se rio nerviosa por esto ultimo y dijo:

— No te preocupes, comeré algo y me iré, te escribiré cuando llegue a la universidad — dijo la peli naranja.

— Esta bien, lo espero — dijo la peli negra mientras bajaba por las escaleras con prisa.

Orihime se dirigió al elevador, pero la verdad es que no sabia donde quedaba la cafetería, pero investigar le iba ayudar a distraerse un poco de sus pensamientos, aunque en realidad quería volver a ver a ese doctor con el parecido tan grande con Ulquiorra, y descartar que fuera el peli negro.

Al encontrarse dentro del elevador presiono el botón al piso número dos, esta se distrajo mirándose al espejo dentro del mismo. Al salir se dio cuenta de que se encontraba en la unidad de geriátrica del hospital, los pasillos estaban totalmente impregnados por un olor a desinfectante, alcohol y cloro, veía un letrero al fondo que dejaba ver dónde encontrar las demás áreas del lugar, pero no la cafetería.

La chica comenzó a observar al alrededor para ver a quien podía preguntar, y pudo ver a un enfermero quien tenia el rostro cansado y estaba arrastrando un carrito lleno de sabanas blancas, parecía que no había dormido en dos semanas y este al escuchar la voz de Orihime dirigiéndose a él, abrió los ojos y le miró con detenimiento:

— ¿En qué puedo ayudarle, joven?

— ¿Quisiera saber dónde esta la cafetería?

Este se detuvo a pensar, pareciera que el cansancio estaba haciendo estragos con su cerebro, quien luego de mucho analizar respondió.

— Debes seguir hasta el final de este pasillo, y doblar a la derecha en donde encontraras una columna blanca y muchas puertas amarilla con rojo numeradas, y al fondo donde veas una puerta de cristal y un ventanal del mismo material, ahí es — este suspiro — bueno, es la cafetería mas grande de este hospital y no me especificaste a cuál de todas querías ir.

— Muchas gracias, no te preocupes — sonrió.

El enfermero se sonrojó y siguió llevando su carrito.

La chica iba caminando con mucha calma para no perderse, porque ese edificio parecía un laberinto por todas las puertas que habían con números. Esta se encontraba mirando hacia abajo mientras caminaba, se percato luego de durar unos quince minutos caminando que se encontraba exactamente donde el enfermero le había dicho que estaba la cafetería, el lugar era tal cual él enfermero se lo había descrito, había un ventanal al fondo dejando entrar los rayos del sol al lugar los cuales chocaban con las paredes blancas, la forma del lugar era extraña, ya que estaba subdividido en dos secciones una de doctores y otra de estudiantes, pacientes y publico en general.

Esta al entrar en la cafetería, se puso en la fila de la caja, la cual avanzaba lentamente, al llegar a la misma la cajera le dijo con una sonrisa forzada:

— Buenos días, ¿Puedo tomar tu orden?

— Sí, quiero un sandwich de tomate, pechuga de pollo y pesto y un jugo de limón — dijo mientras leía en la pantalla.

— Entendido señora.

La chica tomo una bandeja color naranja y siguió las indicaciones de la chica para esperar su pedido, luego de Orihime pagarle con su tarjeta, la cual tenia bastante sin usar. Aunque tratase de ignorar el alrededor, la chica no podía evitar sentir que alguien la observaba, lo cual le incomodaba.

Al recibir su pedido busco con los ojos una mesa que estuviera vacía, ya que tenia ganas de sentarse cerca de un traga luz y disfrutar su desayuno, la cual encontró, esta se ubicaba al fondo de la cafetería. La peli naranja trataba de caminar con el mayor cuidado posible para no dejar caer nada, pero de un momento a otro sintió una mano huesuda posarse en su hombre, lo que asusto a la chica, quien miro hacia su lado derecho y se topo con unos ojos verdes conocidos pertenecientes a Ulquiorra, quien dijo:

— Muj…Inoue Orihime… ¿Eres tú?

La chica asintió con la cabeza, sin poder decir nada.

— ¿Me recuerdas, cierto? — los ojos de Ulquiorra se dirigieron a la mano izquierda de la chica y pudo observar el anillo de oro con formas de sol, pero algo le decía que no era una sortija de matrimonio, esto hizo sentir alivio al chico.

— Sí, claro, ¡Cómo pudiera olvidarte! — dijo la chica sonriendo.

Esto confundió al moreno, porque no esperaba que la chica le sonriera, este al observar que la chica se dirigía a una mesa, le indicó que lo siguiera a la sección de la cafetera reservada para médicos. Esta seguía al chico tratando de calmarse, porque no entendía qué estaba pasando ni porque él la había saludado.

Estos se sentaron en una mesa de metal al fondo del comedor abajo de un traga luz, el chico sacó la silla para Orihime sentarse, al ver que la chica se acomodo en ella, él tomo asiento. Suspiro, para sí mismo y observaba a la peli naranja sentada adelante, se repetía así mismo que no podía dejar pasar ese momento, era una manera de cerrar el ciclo y aunque recibiera el rechazo de la mujer, pudiese tener la certeza de que lo intento. Se podía escuchar de fondo Kingstown Town de UB40 mezclándose con el bullicio de la cafetería. El chico tomo valor y dijo:

— Perdoname por lo hice y dije — miraba fijamente los ojos grises de la mujer delante de él — no merecías nada de eso, tuve mucho tiempo para reflexionar y entendí que lo que paso no debió haber pasado, disculpa por ser tan abrupto, pero tenia que sacarlo de mi.

Los ojos de la mujer se humedecieron y lagrimas comenzaron a brotar de estos.

— Acepto tus disculpas, gracias por tu sinceridad.

— ¿No me odias? — preguntó con sorpresa el peli negro al recordar la ausencia tan prolongada de la mujer.

— No puedo odiarte y nunca podré hacerlo… — esta empezó a secarse las lagrimas — yo también tuve tiempo para reflexionar de lo que es importante en mi vida y tú lo eres — esto sonrojo a Orihime, pero se había prometido no volver a ignorar sus sentimientos, ya que el tiempo era corto y muy valioso.

El chico de ojos verdes se quito los lentes y puso sus manos sobre su rostro, trataba de calmarse, eso era una confesión, pero porque ahora cuando había tomado la decisión de olvidarla definitivamente.

— Lo siento, es que no puedo creer lo que escucho… — suspiró — no lo merezco.

— Mis sentimientos nunca han cambiado — dijo Orihime.

— Yo nunca deje de pensar en ti, ni un solo momento, aunque me fui de viaje solo pensé en ti y en que era un monstruo al igual que mi padre… — este suspiro.

Orihime tomó la mano de Ulquiorra y le dijo:

— No eres un monstruo, solo no entendías lo que sentías.

— No me aceptes tan fácil — este hizo una mueca indescifrable — yo hice algo horrible.

Esta sonrió y dijo:

— Bueno, invítame a cenar.

— Sí, eso deseas mujer, lo haré.

— Es broma, no debes hacerlo — dijo sonrojada la peli naranja.

— Déjame hacerlo, por favor — dijo el chico con una expresión seria.

Este sacó del bolsillo de su pantalón, su cartera en cuero color café, en donde tenia una tarjeta con un fondo blanco con un ositos café al lado de su nombre, era lo más tierno que podía aceptar tener en su tarjeta profesional y la saco de su cartera y se la entrego a Orihime. La cual se sorprendió de ver que el chico se había convertido en un psicólogo infantil, no era que no pudiera, pero se lo imaginaba en un área diferente por su personalidad tan distante y fría en ocasiones.

Este le señalo en la tarjeta que la chica se encontraba observando su nuevo número personal.

— Puedes llamarme a cualquier hora del día, voy a contestar.

Ella asintió con la cabeza ante la afirmación y la cercanía de su rostro con la del chico.

— Me sorprende que le des tu número telefónico a tus pacientes — esto extrañaba a la chica por la personalidad de Ulquiorra.

— No importa la verdad, no tengo nada mejor que hacer en la actualidad.

— Eres muy dedicado.

— Gracias — esto hizo que en el rostro del moreno se dibujara una ligera sonrisa imperceptible.

El teléfono móvil de Ulquiorra comenzó a sonar era su secretaria, este no contesto, ya que al alzar la vista al reloj plateado que se encontraba abajo del traga luz pudo vislumbrar qué había pasado su tiempo de almuerzo, y este dijo a la chica:

— Me tengo que ir, me esperan— tomo la mano de Orihime y la apretó — Espero poder verte pronto, si así lo deseas, mujer.

Esta apretó la mano del chico también y le dijo:

— Apunta mi teléfono móvil también — esta empezó a dictárselo.

Este iba apuntando cada número con parsimonia, evitando equivocarse.

— Te puedo llamar esta noche — dijo el moreno sin recato.

Esta asintió con la cabeza.

Este al recibir esa respuesta se levanto rápidamente de la mesa, se puso sus gafas y se fue, ya que no quería que la mujer cambiara de opinión.

Muchas bendiciones y gracias por su tiempo

Continuará

Esta historia será publicada domingo o lunes.


Me fascino escribir este capitulo, ya que como pueden ver nuestros personajes se reunieron después de un largo tiempo, y cada quién tiene en claro que quieren en lo que concierne a sus sentimientos. Quise enfocar a los personajes desde un punto de vista más maduro, ya que me puedo imaginar cómo se siente Orihime al ver cómo el tiempo paso para ella y para las personas a su alrededor.

Les recuerdo que si algún día sienten que se están quedando atrás recuerden que no hay prisa, ya que para todo hay tiempo en esta vida.

Escribí este capitulo inspirada en las canciones románticas de Juanes, como: Para tu amor, Es Por Ti (se la dedico a Ulquiorra), Nada Valgo Sin Tu Amor, Luna y La única (se la dedico a Ulquiorra, también), entre otras…

Gracias a:

Juvia: Hola, espero te encuentres bien, muchas gracias, no te imaginas como yo también estaba emocionada, ya que quería que se vieran y sus sentimientos afloraran, ¡Y bueno, espero este capitulo te guste! El próximo capitulo veremos muchas más cositas… Besos y abrazos.

Muchas gracias a todos los que leen.