El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece ~ 1 Corintios 13:4
El amor es la poesía de los sentidos ~ Honoré de Balzac
Sin ti: Atención y cariño
Parte 2
Ese mismo día en la noche
Orihime se encontraba delante de la meseta en granito de la cocina preparándose un sándwich bastante ordinario, para lo que ella solía comer usualmente, en razón de que este solo tenía mayonesa, queso y jamón.
Ella había pasado varios días sintiendo un ligero malestar de estómago. Esto no era nada de qué preocuparse comprendía ella, ya que no era algo que no pudiese manejar, por lo que había optando por comer comida un poco simples para ver su estomago se calmaba, no obstante, el haber visto al peli negro en el hospital ese día le había hecho olvidar por unos momentos el malestar.
Los ojos de la chicas se quedaron pegados al plato color azul con naranja que tenía en sus manos donde se encontraba el emparedado, ya que recordó de manera vivida lo que había pasado esa mañana, no lo podía creer, una ligera sonrisa se dibujó en sus labios, se repetía a sí misma en voz baja: "tendré una cita con Ulquiorra".
Esta se dirigió a la mesa de madera del área del comedor, la cual había pasado a ser un área de estudio, en razón de que estaba repleta de libros, cuadernos y lápices. Las luces del lugar eran bastantes tenues, esto le permitía a la chica estudiar sin sentirse cansada, pero nunca antes se había sentido tan cansada como se sentía en ese momento. Al llegar a la mesa hizo un pequeño espacio para no ensuciar ningún libro u hoja.
Esta sintió un dolor punzante en el estómago al tomar asiento, pero lo ignoró porque desapareció en pocos segundos, por lo que comenzó a devorar el sándwich mirando a la nada, sus pensamientos divagaban, tenía muchos pendientes.
El teléfono móvil de la chica comenzó a sonar, sacándola de sus cavilaciones. Esta comenzó a guiarse del sonido del dispositivo para encontrarlo, ya que parecía que este había ido a parar debajo de algún libro o cuaderno. Este se encontraba justamente al borde la mesa, eso hizo a la chica sentir un pequeño susto, ya que no podía permitirse romper otro teléfono, sus ojos miraron con detenimiento la pantalla del dispositivo era una llamada de Ulquiorra.
El corazón de la chica comenzó a latir con fuerza. Esta contesto la llamada y escucho un suspiro por parte del moreno, quien dijo:
— ¿Orihime? — dijo dubitativo.
— Sí, soy yo.
— Hola, ¿Cómo estás? — este se sentía torpe preguntando esto, ya que había visto a la mujer ese mismo día, pero se había propuesto interesarse más por el bienestar de los demás aunque sea haciendo ese tipo de preguntas que para él eran irrelevantes.
— Estoy bien, dentro de lo que se puede decir, tengo muchos pendientes — dijo la chica con una ligera risita — estoy tratando de ponerme al día con todo y avanzar lo más posible con la universidad, si sigo con el ritmo que llevo pudiese graduarme el próximo año a mediados, bueno eso creo, sino me duermo primero — dijo con una sonrisa triste en el rostro.
— Mujer, no te sobre esfuerces, la universidad no es una carrera de quien concluye más rápido, todos vamos a nuestro ritmo.
Esta eran palabras que reconfortaban a Orihime, el tiempo perdido no iba a regresar a sus manos, pero no podía evitar sentirse que se estaba quedando atrás.
— Lo sé, aunque a veces lo olvido — esta hizo una pausa — ¿Qué tal tú, cómo estás?
— Bueno, estoy trabajando, mi salud está bien — este dijo sin más, ya que no sabía que responder a una pregunta tan genérica.
— Comprendo, tengo una duda o bueno una pregunta más bien, ¿Te gustan los niños?
Esto hizo que en la cara de Ulquiorra se dibujara una expresión similar a una sonrisa.
— Eso es difícil de explicar, y sé que es extraño, ya que trabajo con ellos, pero no me disgustan.
— Ya veo, nunca te vi como alguien que le gustara trabajar con niños.
— Yo mucho menos, pero empecé a investigar y creo que tengo vocación para trabajar con ellos, también escribo cuentos para niños.
— ¿En serio?
— Los escribo bajo un seudónimo, en realidad, no quisiera que esto se mezcle con mi trabajo, ya que es un pasatiempo.
— Nunca lo imagine, me parece muy tierno y lindo — dijo la peli naranja con una sonrisa en su rostro.
Ulquiorra hizo una pausa al escuchar esto, debía tomar valor y preguntar.
— ¿Cuándo estarás libre? — preguntó el chico con una expresión estoica — es para invitarte a cenar.
Orihime estaba sin palabra, ya que ella no dijo en serio lo de invitarla a cenar.
— No tienes que hacerlo sino quieres, Ulquiorra. — respondió la chica con una expresión seria en el rostro.
— Si no quisiera hacerlo no lo hiciera mujer, te lo aseguro — pausa — no me molestaria hacerlo.
Esta tomo su agenda de cuero sintético color rosado con formas de flores en relieve que se encontraba arriba de un libro de física, pareciera que todos los días en su agenda estuvieran rodeados de notas de lo que debía de hacer o recordar, no tenía tiempo. El silencio reinaba tanto en la llamada como en la habitación donde la chica se encontraba.
— Orihime, si no quieres, no debes sentirte obligada, sé que tal vez necesites tiempo, luego de lo que ha pasado.
— No es eso, es que no tengo tiempo — dijo la chica con el rostro con una expresión triste — llevo ocho asignaturas, estoy tratando de cursar dos cuatrimestres juntos para recuperar el tiempo.
— No creo que deberías hacer eso, porque debes dedicar tiempo a cada asignatura y al final el tiempo que se fue no va a volver.
— Lo estoy logrando — dijo la chica sin pensar.
— Pero estas pagando un precio… tu tranquilidad, tu salud e incluso horas de sueños, estoy seguro.
El dolor punzante de estómago volvió, pero esta lo ignoró por completo, aunque este no se iba simplemente bajaba su intensidad, la mano libre de la chica se fue a su vientre.
— Tienes razón, pero ahora mismo puedo hacerlo.
— Te voy a creer, pero trata de no descuidarte.
— Gracias por preocuparte.
— Esta bien.
— El sábado a las 8:00 p.m. ¿Qué opinas?
Eso significaba para Orihime que ese día debía levantarse dos horas antes para poder alcanzar la meta de ese día, ya que los fines de semana eran para estudiar y preparar las asignaciones de la semana para poder estar al día con todas las asignaturas.
— Por mi está bien — este sintió un alivio, pero al final de cuentas se sentía preocupado por la chica, no sabía cómo decirle y que esta le creyera que no debía sentirse de esa manera.
Estos siguieron conversando por dos largas horas sobre temas diversos, esto hizo a Orihime sentir cercanía con Ulquiorra, ya que últimamente sus días eran solitarios, en razón de que solo se enfocaba en sus estudios, y no se preocupaba del todo por socializar con sus compañeros más allá de lo concerniente a las clases. Estaba aislada de manera voluntaria.
Al concluir la llamada, la peli naranja pudo sentir como sus párpados le pesaban más y más a cada segundo, esta se levantó de la mesa, se acercó al fregadero de la cocina, abrió el grifo y escucho la presión con la cual comenzó a correr el agua. Orihime puso sus manos bajo el chorro y llevo a su rostro sus manos con agua, tratando de que el sueño desapareciera, esta al sentir que había sido suficiente, cerro la llave del grifo.
La parte superior de su blusa color blanco hueso con encajes se encontraba empapada, se sentía muy frio al tacto con su piel.
Esta bajó la cabeza en el fregadero, en razón de que sentía un dolor punzante en el estómago y el costado derecho, la chica comenzó a respirar de manera rápida y unas lágrimas salieron de sus ojos.
— Debo ir al doctor — se dijo asi misma.
El dolor se detuvo, y esta se acercó al frigorífico para abrirlo, al hacerlo tomo el jarrón de cristal verde lleno de agua, se sirvió un vaso y fue a sentarse a la mesa. Debía terminar una asignación para cumplir con las metas de ese día, era un ensayo de dos páginas, pero mientras más pensaba sobre el tema, más difícil sentía que se volvía escribir y las hojas del programa Word se hacían interminables. Sus ojos empezaron a cerrarse, una vez más, pero esta vez no tenía la fuerza de voluntad suficiente para mantenerse despierta y se dijo a si misma:
— Dormiré media hora, y luego continuaré — esta programó una alarma a las 4:00 a.m. en su teléfono móvil.
A las 4:00 a.m. esta empezó a sonar, no obstante Orihime la pospuso sin pensarlo y siguió durmiendo. Esta se acomodó en la mesa con más ahínco como si se tratase de una almohada invisible.
Al otro día. 6:30 p.m.
Los rayos del sol se colaban por los ventanales del balcón detrás de donde Orihime se encontraba sentada, estos bañaban el rostro de la chica. Ella abrió los ojos y se sorprendió al sentir tanta calidez sobre su cuerpo. Al ver la hora en la pantalla de su teléfono casi se desmaya, se preguntaba a si misma ¿Cómo se había permitido dormir tanto?
Ella empezó a responder a esa pregunta en voz alta, diciendo que iba a recuperar el tiempo.
Esta desbloqueo la computadora de inmediato, su reflejo se veía en la pantalla en razón de los rayos solares, podía ver sus ojeras, pero no quería pensar en ellas, abrió el documento que contenía su tarea, al observarlo se sintió estresa, porque recordaba que había escrito más palabras la noche anterior, esta empezó a escribir como si su vida dependiera de ello.
Al terminar esta se levantó de la mesa con prisa, ya que debía alistarse para su clase, pero sentía mucho dolor en su cuello por la posición en la cual durmió, pero debía bañarse y alistarse para el día, el cual era muy largo.
Esta salió del baño con una toalla roja enrollada en su cuerpo y los pies mojados, se dirigió a su armario tratando de no resbalarse, tomó un vestido corto por las rodillas con vuelos color plateado y unas zapatillas color negro, ella se sentó arriba de su cama, miró al espejo y recogió su cabellera en un cola alta sin mucho cuidado y luego se puso su vestimenta.
Estaba tan agotada que no se sentía capaz de sentir algo que no fuera cansancio.
Salió de su habitación, tomó su carpeta de hojas con rayadas, un bolígrafo azul y su computadora, y las entró en su cartera color morado. Luego fue a la cocina y tomó un vaso de jugo de naranja, está siempre tenía preparado estos para días como esos en los cuales no tenía tiempo ni la energía para ingerir sólidos. Esta decidió pedir un taxi, ya que no estaba en condiciones de poder ir por sus propios medios a la universidad.
El taxi duro una hora para llegar, este era un vehículo color gris de marca Hyundai Sonata, Orihime salió al verificar que efectivamente ese era su taxi, este cerró la puerta de su casa tras de sí. Ella abordó el vehículo con parsimonia, recostó el cuello en el asiento y cerró los ojos.
El taxista tenía puesta una emisora de música clásica, esto no ayudaba para nada a la peli naranja para poder mantenerse despierta, este estaba hablando con alguien, pero Orihime no podía distinguir si era con ella que este se encontraba hablando o si tenía el teléfono móvil en altavoz. El señor preguntó de forma insistente si ella le estaba escuchando, sacando a la chica de su ensoñación.
— Disculpe, no le escuche, puede repetir lo que me dijo.
El hombre de cabello negro y barba de igual color, hizo una mueca de molestia con su rostro.
— Ya llegamos.
— ¡Que rápido! — dijo la chica con sorpresa abriendo la puerta del vehículo.
— Si, págueme — exclamó de manera autoritaria mirando a la chica a través del retrovisor.
Orihime vio que había escogido como método de pago en la aplicación del taxi efectivo, esta empezó a buscar dentro de su cartera el monedero y no encontró nada, lo había dejado en su casa arriba de la mesa.
— Fue un error, disculpe ¿Puedes acreditarlo para pagarlo en el otro viaje?
— Si, puedo hacer eso — dijo este con una expresión seria, pero molesta.
Al Orihime salir del vehículo, y comenzar a caminar hacia su facultad sintió el dolor punzante de la noche anterior más fuerte, esta respiraba tratando de calmarse, sus clases acababan a las 8:00 p.m. ese día, debía rendir lo más que podía. Esta se repetía para sí misma
— Aguanta Orihime Inoue, por favor.
Al llegar al aula, esta se percató que la misma se encontraba casi vacía, pero ninguna de las tres personas que se encontraban allí repararon en la entrada de la chica al lugar. Las paredes del salón de clase eran de color crema con muchas ventanas en el lado izquierdo, había una pizarra color blanco doble de marcadores al frente de los pupitres.
Orihime decidió sentarse atrás, esto ella no lo hacía usualmente, pero no se sentía en condiciones de estar frente a frente con su maestro de astrofísica estelar. Tenía miedo de vomitar, ya que el dolor de estómago se estaba volviendo demasiado intenso hasta para ella poder soportarlo.
Esta bajó la cabeza en la superficie del pupitre de madera con metal y cerró los ojos tratando de olvidar el dolor y el estrés.
Estaba de frente al océano, podía sentir como las olas mojaban las plantas de sus pies, como también unas manos que rodeaban su cintura. El rostro de alguien se apoyaba en su hombro, esta miro a su derecha y era Ulquiorra. Este besaba su mejilla y atraía el rostro de ella para besarla. Este le decía al oído que la amaba con una dulzura tal que hacia sonrojarse a la chica, esta posteriormente miro a los ojos al moreno quien le dijo que debía despertar y ella sonriéndole le decía que por que debía hacerlo si no estaba durmiendo.
Orihime abrió los ojos y se encontró con la mano de una compañera de clases de cabello color rojo teñido con ojos café oscuro con un t-shirt de una marca que no podía identificar, tocándole el brazo, diciéndole de manera simulada que despertara, ya que el profesor había llegado. Esta la miró y le agradeció, se limpió la baba seca que le adornaba la cara.
El maestro estaba explicando unos ejercicios de una manera monótona, lo cual hacia que los ojos de la peli naranja se cerraran, tampoco le ayudaba que el salón de clase se encontrara más silencioso de lo normal, en razón de que para esas semanas la gran mayoría de estudiantes ya había retirado la asignatura.
Esa clase duraba cuatro horas, pero el maestro permitía a los estudiantes tener una hora de receso para que estos no se saturaran de información, ya que no había mucha teoría que explicar sino contenido práctico.
Una hora después
— Jóvenes, regresamos en una hora — dijo el maestro arreglando sus lentes de pasta negra con sus manos pálidas y llena de marcas que daban a denotar que realizaba algún oficio con herramientas.
Orihime decidió quedarse dentro del salón de clases y volvió a bajar la cabeza en su pupitre, pero esta vez no sentía sueño, sino un dolor debilitante en el abdomen, sus ojos se cerraron, ya que trataba de llevar su mente a otro lugar.
Al concluir el receso, la chica del pupitre contiguo de la peli naranja volvió con cara de molestia, ya que la comida que había comprado no le había gustado, en razón de que tenía una mezcla de especias que para su gusto eran un tanto exagerado, por lo que pensó en Orihime, ya que siempre la veía comiendo comidas raras y extrañamente condimentadas, esta al momento de tomar asiento toco el brazo de la chica y dijo a modo de chiste en voz alta:
— Deberías decirle a tu novio que te deje dormir por las noches.
Esta siguió tocando el brazo de Orihime y se percató que la chica no respondía.
El maestro entró al aula con la mirada fija en su corbata de cuadros negros con verdes que se encontraba desarreglada, la chica de pelo rojo se levantó del pupitre y dijo con cara de horror:
— Orihime no responde.
El maestro se ajustó los lentes y puso una cara de no entender lo que se le decía, por lo que ella repitió más alto:
— Ella no responde — esta levantó el brazo de Orihime para mostrar que no estaba respondiendo.
El maestro se acercó con preocupación a donde la peli naranja la cual se encontraba recostada en el pupitre, para comprobar lo que la chica de pelo rojo le decía, este toco el rostro de Inoue y tomo el pulso de la chica en su muñeca, este estaba en shock, no comprendía lo que le pasaba, nunca le había pasado una situación similar.
Este saco un pañuelo color rosado de su bolsillo y se empezó a secarse el sudor de su frente, y dijo con paciencia:
— Creo que debería llamar a una ambulancia, señorita.
La chica asintió con la cabeza, saco su teléfono y marco el número de emergencia.
Los paramédicos llegaron en unos 30 minutos, hicieron bastantes preguntas a la chica del pupitre contiguo de Orihime, luego le solicitaron un contacto de emergencia, pero ella no sabía a quién podían llamar para informar de la situación. Esta miraba fijamente a la chica y recordó que ella era muy amiga de un chico de cabello naranja, llamado Ichigo, esta llamo al registro de la universidad, consiguió su número y procedió a llamarlo.
En el hospital. 20 minutos después.
Ulquiorra estaba exhausto, había visto el último paciente de la mañana. Este necesitaba un poco de aire fresco, por lo que decidió salir del consultorio, pero antes de salir le indicó a su secretaria que regresaría en tres horas, ya que un padre le había cancelado con la excusa de que no iba a poder llegar por la tormenta que se aproximaba.
Este al salir se encontró con Ichigo Kurosaki hablando por teléfono, quien no se había percatado de su presencia, por lo que Ulquiorra comenzó a caminar con parsimonia evitando cualquier tipo de contacto con Kurosaki, hasta que escucho el nombre de la mujer saliendo de los labios de él, parecía que ella se encontraba en el hospital, ¿pero por qué? Este comenzó a preguntarse a sí mismo, a pesar de que sentía una necesidad imperiosa de saber que le ocurría, no iba a preguntar nada a Ichigo, le molesta que él se hubiese enterado y él no.
Este pasó por delante de él, sin ningún tipo de reparo. Procedió a bajar las escaleras, ya que no se sentía en capacidad de poder esperar el elevador, al llegar al primer piso, el cual se encontraba concurrido como siempre, se dirigió a la recepción donde se encontraba un chico con una camisa azul marino y el cabello prolijamente peinado, este de manera cordial saludo a Ulquiorra al ver que este se acercaba, pero el moreno no le devolvió el saludo y le pidió que le comunicara con el encargado del departamento de emergencia, este era algo así como un conocido cercano del chico, ya que anteriormente él solía coordinar la distribución de los consultorios entre los médicos, pero luego descubrieron que éste ofrecía y entregaba los consultorios más amplios y cómodos a aquellos doctores que pudiesen pagar un extra de alquiler. No lo habían despedido, ya que uno de los mayores accionistas del hospital le estaba protegiendo. Era una pequeña especie de mafia dentro del hospital.
Este a veces le decía a Ulquiorra que ellos eran iguales, ya que ambos chocaban con el ambiente del hospital y que aunque el moreno lo negará ocultaba algo.
La espera resultaba eterna para Ulquiorra, pero comprendía que estar en el área emergencia era complicado, pero luego de 30 minutos este contesto con su usual tono de voz burlona y dijo:
— Hola, me imagino que si me llaman de este edificio es algo importante.
— Soy yo, Ulquiorra — dijo con parsimonia el chico.
— Placer en saludarte, amigo mío, ¿En qué puedo ayudarte?
— ¿Llegó una chica llamada Orihime Inoue a emergencia? — este dijo con firmeza.
— Déjame verificar
Ulquiorra se cuestionaba porque Ichigo se había enterado antes que él sobre lo que le pasaba a la mujer.
— ¿Sigues ahí?
— Si.
— ¿Que voy a conseguir brindándote esta información, señor Cifer?
— De eso podemos hablar luego — dijo exasperado el moreno — responde.
— Pues sí, llego una chica con ese nombre — pauso —fue ingresada al quirófano de emergencia, diagnosticada con apendicitis. Se encuentra en una sala común de recuperación.
Ulquiorra abrió los ojos con sorpresa.
— Llévatela por favor de la sala de recuperación común a una sala privada — dijo sin pensarlo.
— Ulquiorra, llevas dos favores, esto te va a salir muy caro.
— Hablamos de eso luego — este respondió exasperado — que corra a mi cuenta la habitación, cuando la ingreses allí, entrégame la llave y no permitas a nadie pasar, además de las enfermeras.
— Un novio posesivo — dijo este en tono de burla — sus deseos son órdenes, mi señor.
— No es mi novia — dijo este con molestia — ella es una persona cercana.
— Esta bien, haré como que te creo.
— Ujum
— Te veo en el edificio 3, a las 5:00 p.m., no me hagas esperar.
— Entendido, te comprare la cena.
— No me vas a comprar con comida — este suspiró — pero quiero sushi de ese restaurant con el letrero del fantasma, creo que se llama Asian Ghost Kitchen.
En el hospital. Edificio 3
Este edificio era bastante silencioso a diferencia de los otros, ya que alojaba habitaciones, quirófanos y varias unidades oncológicas, el único color que se podía distinguir en ese pasillo era el color blanco y las luces de este mismo color, los vitrales se encontraban todos cubiertos por tinta negra, parecía un lugar sacado de una película de terror.
Había sillas color blanco pegadas a las paredes de igual color, el olor a cloro, alcohol y desinfectante no dejaba pensar con claridad a Ulquiorra, el cual se dirigía al tercer piso, este subió por el ascensor del edificio el cual estaba lleno de espejos, este iba cargado con una bolsa de comida.
Al salir del elevador, pudo visualizar de forma inmediata a un hombre que chocaba con todo ese blanco, este tenía el cabello decolorado y una cejas pobladas negras, llevaba unos pantalones negros con aberturas en la parte superior de los muslos, camisa y zapatos de igual color como también llevaba una chaqueta de cuadros negros con rojo a juego, quien al ver al Ulquiorra le sonrió y le levanto la mano para que lo viera, lo cual fastidio al moreno en sobre manera, ya que no era necesario hacerlo, no podía olvidar su aspecto ni tampoco iba a confundirlo con nadie.
Este acercó a Ulquiorra con prisa, le abrazó y le dijo con un tono casi inaudible:
— Amigo mío, habitación o bueno mejor dicho suite 444 con vista a la ciudad — dijo con una sonrisa mientras buscaba la llave de la habitación en su bolsillo, el cual parecía no tener fondo.
— Excelente — dijo el moreno recibiendo la misma en su mano derecha.
Ulquiorra se alejó del peli blanco para verificar la llave y comprobar que efectivamente esta correspondía a una habitación del hospital, esta tenía un llavero verde con una numeración inscrita a lapicero de tinta azul.
El chico al terminar de comprobar que efectivamente esta llave pertenecía al hospital, procedió a entregarle una bolsa que tenía un fantasma en forma de sushi del restaurante Asian Ghost Kitchen, esta se encontraba repleta de bandejas negras con tapa trasparentes llenas de sushis.
Al este abrirla la bolsa sonrió y se rasco la cabeza, pensando en que no sabía cuándo podría terminar de comerse todo ese pescado.
— Gracias Raul — dijo Ulquiorra.
Este alzo la vista de la bolsa al escuchar esto, no esperaba eso.
— No hay de que, mi amigo — dijo este pasándose la mano por el pelo — me iré.
— Entendido.
El chico se dirigió con prisa al final del pasillo donde se encontraba el área de las habitaciones. Había muchas personas entrando y saliendo algunas con caras tristes y otras con sonrisas, regalos, flores y globos de las puertas de cristal que dividían el pasillo con esta área.
Ulquiorra entró y se dirigió a la recepción del área de las habitaciones. Había un gran escritorio color verde con una superficie en madera marrón chocolate que tenía un letrero grande en varios idiomas que decía recepción colgando del techo, detrás del escritorio había una enfermera con la mirada fija en la nada, al esta ver a Ulquiorra, se percató en la inscripción de su bata que indicaba que era psicólogo infantil, lo que extrañó a la enfermara. Esta pregunto con desdén:
— ¿A dónde se dirige?
— A la habitación 444.
— ¿Cuál es su nombre?
— Ulquiorra Cifer.
— Entendido, esta es una habitación por lo que leo aquí con acceso restringido.
— Si, así es.
Esta observo la ficha de registro del paciente y saco una carpeta dura color rosado translucido de debajo del escritorio de la cual colgaba un bolígrafo color morado y le entrego la misma al moreno, en esta él debía llenar su nombre completo y parentesco con el paciente, como también mostrar su identificación. Este cuando termino de llenar los datos solicitados y la enfermera comparara su nombre con el documento que este había proporcionado. Ella con pesar procedió a indicarle al chico a donde dirigirse:
— Ve este pasillo — dijo señalando a la derecha — llegue al fondo y luego doble a la izquierda — esta respiró sonoramente — puede guiarse de las puertas cada una está numerada también, porque es complejo indicarle por dónde ir.
Este se alejó de la recepción y comenzó a observar cada una de las puertas guiándose puramente por los números. Este iba con prisa, ya que necesitaba ver a la mujer.
Al observar la puerta, pudo ver que la misma tenía un letrero colgado del manubrio de la misma que decía: "No molestar". Este saco de su bolsillo la llave de la puerta, la cual abrió con la mayor delicadeza del mundo para no hacer ruido, y se encontró a la chica durmiendo con una intravenosa colocada en su ante brazo.
Este se acercó a la cama donde se encontraba la chica y puso su mano en su mejilla y dijo para sí, mientras suspiraba:
— Te voy a cuidar, no tienes que preocuparte por nada.
Este observaba la habitación, la cual era bastante amplia, habían dos sillones en cuero negro sintético y las ventanas realmente daban una vista a la ciudad de envidiar. Se podía escuchar la canción I'll Be There de los Jackson 5 de fondo proveniente de otra habitación.
Este se quitó la bata y la tiro arriba del sillón, pensó en que debía traer su computadora y un cambio de ropa, ya que no iba a irse y dejar a la mujer sola. Debía hacer las cosas bien y esta era su oportunidad.
Su teléfono móvil comenzó a sonar era su secretaria recordándole que debía ver sus pacientes.
Muchas bendiciones y gracias por su tiempo
Continuara
Esta historia será publicada domingo o lunes
No tengo palabras para describir el presente capítulo, me resulto bastante retador de escribir, como los otros, en este caso fue porque investigue sobre los procesos y organigramas de los hospitales, como también sobre las intervenciones y los síntomas antes de una apendicitis.
Estoy trabajando en el desarrollo de la relación de Ulquiorra y Orihime ante de la conclusión de la historia, ya que quiero que veamos cómo estos se acercan y se vuelven una pareja formal, lo son en mi corazón, no en el manga ni en el anime, pero si en mi corazón.
I'll Be There de los The Jackson 5 es la canción de este capítulo.
Gracias a:
Juvia: Hola, espero estes bien, yo también me emocione, no te puedes imaginar después de todo este tiempo. Lo tendré muy en cuenta, no afirmare ni negare nada. Wow, agradezco tus palabras, no te imaginas la sonrisa que me ha sacado leer este comentario, siempre trato de escribir sintiendo lo que entiendo deben sentir los personajes. Yo también amé la sinceridad de Ulquiorra y sus palabras. Espero que este capítulo te guste también. Besos, abrazos y muchas bendiciones.
Azrael Cifer: Hola, ¡Me he emocionado leyendo tu comentario! Gracias por eso, el regresar hacia atrás, hasta yo no te miento lo hago de vez en cuando para refrescar un poco la memoria y lograr conectar. Ame a Carlitos y la confusión de Ulquiorra, solamente pensé en como se sentiría Ulquiorra. Espero que este capítulo te causes muchas emociones también. Besos, abrazos y muchas bendiciones.
Gracias a todos los que leen.
