03/08/21

12


Las palabras que Sakura le había dicho a Sasuke habían resonado en su cabeza toda la noche. No tenía ni un momento de calma, ese frenesí descontrolado de sentimientos amargos lo tenía ahogado. Sentía como si las lágrimas de ella de aquel día lo estuvieran torturando.

Sasuke no había salido con su traje de novio, pero sí salió con dos corazones heridos, o tal vez tres, contando el de Naruto.

Cuando llegó a casa, no pronunció ni una palabra. En la cena permaneció sospechosamente silencioso, y aunque Mikoto no había reparado en eso, su comportamiento le resultaba extrañamente familiar a Fugaku. Tenía una seria corazonada de lo que se trataba.

Entre la charla trivial de sus padres, en un momento de frenesí finalmente Sasuke decidió que era el momento de hablar con Sakura, estaba experimentando un extraño arranque de furia: Todo lo que había dicho Sakura era cierto, él se había ido abandonándola en el peor momento. Y él nunca se lo perdonaría.

Miró a su padre; Sakura también le había dicho que su padre era quien estaba detrás de sus relaciones, y eso era un hecho completamente verdadero. Sasuke nunca había tenido el valor de afrontar a su padre, y en cierta parte envidiaba a Itachi porque él jamás había cedido a la influencia de su padre, pero el costo había sido muy grande.

El Uchiha se levantó de la silla y deliberadamente salió, era el momento, ahora o nunca. Le diría a Sakura todo lo que sentía, le diría que jamás dejó de pensar en ella y lo mucho que la extrañaba.

Fugaku miró a Mikoto sumamente confundida y aunque Sasuke era la persona más reservada que conocía, no pudo evitar pensar que algo estaba perturbando a su hijo.

Al salir al jardín trasero de la mansión, el teléfono de Sasuke sonó y él contestó.

—¿Naruto?

—Hola, estuve intentando llamar a Sakura-chan, pero no entraban mis llamadas, ¿sabes si está bien?

Sasuke apretó la mandíbula, odiaba ese sentimiento.

—Me equivoqué—. admitió Sasuke. —Iré a hablar con ella a su apartamento.

Naruto hizo silencio un momento en el teléfono.

—Bien, mantenme informado—. Naruto se escuchaba preocupado y eso solo le provocaba mayor malestar a Sasuke.

El Uchiha se dio la vuelta para ir por sus llaves al recibidor y se sobresaltó cuando se encontró de frente a su padre.

—¿Vas a alguna parte?

Sasuke no se había percatado de la presencia de su padre ahí, ¿había escuchado algo?

Sasuke dudó sobre qué podría decirle a su padre.

—Sí, tengo que arreglar unos asuntos que pasaron con... alguien.

Fugaku le dio una mirada comprensiva.

—¿Está molesta?—. Preguntó Fugaku.

Sasuke se limitó a asentir.

—Me comporté como un imbécil, padre.

—Entiendo, a todos nos pasa—. Fugaku hizo una pausa antes de seguir. —No sabía que estaba en la ciudad.

Sasuke frunció un poco la boca, si por un instante su padre estaba mostrando su cara paternal de complicidad en asuntos del corazón pronto esa imagen se fue hacia abajo. La respuesta de Sasuke había sido ambigua y sin embargo Fugaku pensaba que hablaba de Agami. Sasuke no se decepcionó, él ya lo sabía.

—Sí, está en la ciudad—. Dijo para continuar con su mentira.

—Muy bien, te aconsejo que la dejes tranquila esta noche, quizás en otro momento sea mejor hablar con ella.

Sasuke no lo entendía, su padre no lo sabía qué, pero inconscientemente le estaba aconsejando sobre Sakura. Eso lo confundía más. ¿Qué era lo que hacía diferente a Sakura ante los ojos de su padre?

—Creo que tienes razón.

—Me ha pasado, por eso te lo digo. Ahora, ve a descansar. Respetar el espacio de una persona también es una forma de amor.

Pocas veces Sasuke había seguido un consejo de su padre, una parte de él quería que ambos estuvieran en la misma sintonía, que ambos enfocaran sus pensamientos en reparar las cosas del pasado y aunque eso era demasiado pedir para Fugaku, Sasuke decidió que su padre tenía razón. No había sentido en ir a tratar de hablar con Sakura si las cosas aún estaban calientes.

Ambos entraron a la casa y Fugaku se enorgulleció del momento que habían compartido, los consejos y las palabras eran algo que Sasuke nunca pedía y a decir verdad en este momento tampoco lo pidió, pero fue capaz de aceptarlo y eso hizo sentir muy bien a Fugaku. Él observó a su hijo retirarse a la segunda planta y le deseó buenas noches. Fue al comedor donde seguramente estaría Mikoto.

—¿Y? ¿Él está bien?—. Preguntó mientras agitaba el vino de una copa.

—Sí, una discusión con Agami, estaba muy decidido en ir a verla en este momento…

Mikoto frunció el ceño en señal de total confusión.

—¿Conduciría cuatro horas por una discusión? Qué horror.

—No, ella está en la ciudad.

Mikoto parpadeó un par de veces, eso era mentira.

—¿Estás seguro? Ella llamó hace un rato diciendo que salió de viaje esta mañana, Sasuke no contestaba su teléfono.

Fugaku estaba viendo un punto fijo en la pared, toda la emoción y el logro que hace un momento sintió se estaba derramando entre sus manos, como si fuera arena. No se trataba de Agami, la razón por la cual Sasuke estaba tan desolado era por otra persona. Y Fugaku sabía perfectamente quien era la responsable.


La pizarra ocupaba toda una pared, ella añoraba el momento en que su nombre estuviera escrito como principal cirujano. Por ahora solo se conformaba con ver el nombre de sus superiores y las letras A, B o C, que eran los residentes en guardias disponibles. Sakura tenía asignada una cirugía en el departamento de pediatría, sería un trabajo increíble y había esperado por eso toda la semana. Tsunade había hecho traer a un cirujano de otra sede del hospital, era un procedimiento que necesitaba de los mejores y si ella estaba en el equipo, aunque fuera de apoyo estaba considerada de los mejores.

—Haruno—. Llamó alguien. —Te buscan en el principal.

Sakura arrugó un poco los labios, estaba a treinta minutos de entrar al quirófano, no era el momento de hablar de asuntos administrativos.

—Creo que es urgente—. Insistió el asistente.

—De acuerdo—. Dijo ella mirando a algunos de sus compañeros que se encontraban en la sala, uno de ellos se encogió de hombros.

Las llamadas de las oficinas principales regularmente eran al comienzo de la guardia o al término de estas para evitar las interrupciones, así lo había estipulado Tsunade junto a otros jefes de departamento. Sakura atravesó a paso seguro un trayecto amplio por el hospital, llegó al ascensor y oprimió el botón al tercer piso, ingresó y se cruzó de brazos, tenía un presentimiento sobre ese asunto. La oficina principal a su vez se dividía en medianas oficinas, Sakura preguntó en la recepción y un secretario al teléfono le señaló con su dedo índice. Ella observó el cristal de la oficina que tenía las persianas cerradas y la luz baja, parecía un salón deshabitado. Cuando abrió la puerta se dio cuenta que estaba en la sala de conferencias de los jefes.

Había una persona ahí adentro.

—No es muy puntual ¿verdad?

Sakura casi se reía a no ser porque no era divertido.

Era una broma, y de muy mal gusto. Era lo último que necesitaba.

—Acabo de recibir el llamado.

—Entiendo.

Él aún no la había encarado, estaba ocupado observando el escritorio desastroso de la sala, lleno de papeles y trípticos del hospital.

—Tantos años le pedí que tuviera una visión fuera de lo que sea que estuviera pensando, tanto futuro, tantas cosas por hacer…—. Comenzó el caballero. —Aun así, a estas alturas de la vida prefiere seguir jugando.

Sakura miró discretamente su reloj, el tiempo que se le terminaba.

—No entiendo a qué se refiere, señor Uchiha.

Él terminó de revisar los documentos y finalmente vio a los ojos a Sakura, era como verla cuando era una niña, una mirada frágil y lastimera.

—Sí lo sabes, Sakura. Es momento de dejar ir a Sasuke, está a punto de casarse, ¿cómo puedes hacerle eso?

Sakura apretó su puño y trató de contar hasta diez. No sólo eran ridículas las palabras de Fugaku, sino que carecían de sentido, de información y estaban intencionadas a ser hirientes.

La respuesta que Fugaku recibió fue un simple suspiro que revelaba su molestia. Era evidente que ella no reaccionaría de manera amable.

—Han pasado casi diez años, niña… y lo último que Sasuke necesita es estar distraído, desenfocado, perdido…

—¿Entonces viene como su portavoz? ¿Aún necesita que usted hable por él?

—Es lo que hace la familia, guiar cuando estás a la deriva. Supongo que tu familia hizo eso por ti cuando estaban contigo…

Sakura se limitó a observarlo.

—Sigo sin entender cuál es el propósito de su visita.

Fugaku se acercó a Sakura, ella no dejaba de verlo a los ojos. "Insolente, altanera ¿eso es lo que te gusta, Sasuke?»

—Mantente alejada de Sasuke ¿entiendes? Tu tiempo con él se terminó hace tantos años y tú no te has dado cuenta. Vives en el pasado Sakura.

Ella le dio media sonrisa sin dejar de mirarlo.

—¿Está seguro de que yo soy la que vive en el pasado?—. Sakura revisó por última vez su reloj, había perdido demasiado tiempo en una charla sin sentido. —Tengo una cirugía a la cual asistir, si me disculpa…

—Oh, linda, no te preocupes por eso… hice algunos arreglos. Es fascinante los cambios que puedes hacer en un lugar cuando tu nombre figura dentro de las acciones—. Dijo Fugaku con total satisfacción al ver el rostro cambiante de Sakura, poco a poco la sonrisa en su cara se estaba desvaneciendo. —Pero descuida, ya vendrá otra cirugía para ti, aunque bueno quién sabe cuándo vuelvan a tener de invitados a grandes especialistas ¿no crees?

Sakura no podía permitirle verla vulnerable, pero estaba siendo tan difícil había sido un disparo sin piedad y a quemarropa.

Fue el turno de Fugaku de revisar su reloj.

—Bien, fue una agradable charla, pero tengo que verificar el traje de Sasuke, esta semana tuvo un contratiempo con eso.

Fugaku le regaló una sonrisa y comenzó a caminar hacia la salida, en un momento pasó al lado de la joven Haruno, no se preocupó por mirarla, pero sabía que ella sí lo estaba viendo. Permaneció orgulloso, digno e imponente, así era Fugaku.

Cuando se quedó sola en la sala, Sakura sacó una de las sillas y tomó asiento. Le había dolido ese contraataque. El hospital, sus cirugías, ver pacientes en recuperación, no solo era su lugar preciado, sino que, en ese momento tan desastroso de su vida amorosa, le estaba funcionando como una especie de estabilidad. El hospital era una constante, sus compañeros de guardia eran una constante, el cansancio y la satisfacción después de un turno largo era una constante. Ella era consciente de quien no era una constante: Sasuke.

El teléfono de Sakura vibró dentro de su bolsillo, revisó la pantalla y frunció los labios a modo de inercia. El remitente tenía una D.


Fugaku llegó al primer piso con aires de superioridad, había logrado su cometido, aunque no fue sencillo, la chica se había vuelto más rebelde. Verla tan seguido el último mes lo había transportado a recuerdos de la infancia y adolescencia de sus hijos. Recuerdos a los que no se había atrevido a ver en mucho tiempo. Aunque Itachi siempre había desafiado a su padre, su voluntad era impuesta en gran parte de su crecimiento. Hasta que no pudo con Itachi y la promesa de la libertad e independencia lo acariciaron. Pero Fugaku aún tenía a Sasuke, con una personalidad tan maleable y respetuosa, o al menos hasta que llegó la chica Haruno.

Fugaku desde el primer momento que la vio lo supo, ella no era suficiente para su hijo y jamás lo sería. Tendría que volver a nacer para tener una oportunidad.

El señor Uchiha casi salía del hospital. La construcción del primer piso era clásica, y el aroma no era nada parecido al olor típico de un hospital. Era como estar en casa. Las personas iban y venían, él recordó cuando ese hospital solo se limitaba a atender a personas que sí podían costearlo. Pero Hashirama Senju creó un programa para facilitar la economía de otras personas, y francamente eso disgustaba a Fugaku. Había sacrificado el estatus.

—Nunca pensé que caerías tan bajo, Fugaku.

"Hablando de disgustos", pensó el señor Uchiha.

—Doctora Tsunade Senju, buen día—. Dijo Fugaku a manera de despedida.

—Fue extraño ¿sabes?, nunca pensé que serías capaz. Alguien había hecho cambios con los residentes…

Fugaku detuvo su marcha a un metro de la salida, él no tuvo la consideración de ver a Tsunade.

—Ella se ganó ese lugar, los cirujanos de otros hospitales elogian su habilidad y tú piensas que puedes descartarla por tener una mísera parte de este lugar. ¿Es así?

—Tsunade, dile a tu abuelo que no lo he visto en el deportivo. Me encantaría charlar con él.

Tsunade observó salir a Fugaku, tenía una sensación de derrota, no era nueva. Tsunade la había sentido anteriormente cuando recogía a Sakura de la casa Uchiha a las afueras de la ciudad, la pequeña Haruno le contaba su presentimiento de no agradarle al padre de Sasuke.

"—¿Cómo no puede adorarte? Es cuestión de tiempo, se dará cuenta de que eres una gran niña" le decía Tsunade, pero con el tiempo supo que Fugaku nunca se dio cuenta.

La doctora Senju se dio la vuelta y tomó el ascensor, tenía que supervisar la cirugía desde el visor del quirófano, aunque eso ya no tenía sentido, Tsunade quería ver a Sakura junto a los más grandes, era una oportunidad increíble y le habían jugado sucio.

Tsunade tenía que encontrarla y estar ahí para ella, recorrió el lugar de aquí a allá. Fue más sencillo de lo que esperaba, la conocía tan bien. Al pasar por los vestidores se detuvo, avanzó por las hileras de lockers y la vio sentada en el suelo, había soltado su cabello y si en algún momento estuvo llorando no se notaba. Tsunade caminó hasta ella y se deslizó hasta tocar el suelo. No hacía falta hablar, ambas sabían lo que el ambiente escondía.

Hubo un largo momento de silencio.

—Tsunade— dijo Sakura al fin. —Él nunca se dio cuenta.


Los techos del lugar eran altísimos, formando un par de cúpulas y en el interior estaban forradas de un color rojizo que tenía detalles dibujados a mano con pinceles finos. Como lo había hecho Miguel Ángel. Era su lugar favorito.

—Este sitio es fascinante, siempre me ha cautivado la construcción y el ornamento que le acompaña—. Dijo Deidara respecto al restaurante en el que se encontraba. Era uno de los más solicitados en la ciudad y tenía que hacer reservación con algún tiempo de anticipación. La luz era perfecta, a pesar de que afuera estaba lloviendo y el día estaba sumido en una escala de grises que no se veía terminar, aún así era precioso según el ojo crítico de Deidara o tal vez era el efecto de tener al frente a la belleza pelirrosa con un vestido rojo entallado y su cabello recogido.

—Es bello—. Respondió ella distraídamente mientras trataba de encajar la ensalada en su tenedor.

—¿Te abrume de arquitectura? Has estado algo distraída.

Ella de inmediato trató de dejar el pesimismo y mal humor que la había acompañado todo el día después de la visita de Fugaku.

—No, claro que no, es solo que tuve un día largo en el hospital—. Deidara se relajó, era la primera vez que se veían en la semana desde su repentina reconciliación. Ahora todo sería perfecto, él se encargaría de eso.

—Fue precipitado avisarte de mí reservación con un mensaje esta mañana— Respondió Deidara. —Te ves preciosa, ¿ya te lo dije?

Sakura le sonrió con suavidad, si Deidara hubiera prestado más atención se podría haber dado cuenta que esa sonrisa era de consolación.

Él estaba en un traje llamativo de color azul con sutiles rayas más claras, era como si estuviera en Las Vegas.

—He estado pensando un poco, me he puesto existencialista.

—¿Ah sí?

—Sí, y hay cosas que no nos atrevemos a hacer o a decir porque le tememos al cambio.

Sakura analizaba con calma las palabras de Deidara.

—Concuerdo— dijo la chica mientras jugaba con el vino en su copa.

—Entonces he decidido hacer un gran cambio…

Sakura estaba viendo los ojos azules de Deidara, él estaba en una especie de trance que la estaba alarmando, su corazón comenzó a latir rápido y sus manos comenzaron a sudar.

—¿Qué te parece comenzar a hacer planes conmigo?

Ella se quedó inmóvil y sus labios comenzaron a separarse sin embargo de su boca no salían palabras. Deidara no noto eso.

—Siempre me he mantenido ajeno a las experiencias tradicionales y me limitaba a observar de lejos , cosas como vivir juntos, conocer a los padres… un compromiso.

Esa última frase tenía un tinte diferente, un tono que ella no pudo ignorar.

—¿Y por qué piensas en eso?

Deidara le sonrió, su rostro mantenía una luz agradable, era tan bien parecido.

—Sé que da un poco de miedo, hemos estado del otro lado por un tiempo, no somos los típicos convencionales…— Deidara se inclinó hacia adelante para atrapar las manos de Sakura entre las de él. —Tampoco entendía por qué las personas decidían hacer esas cosas, renunciar a tu libertad para estar con alguien… era algo tan surreal.

—Lo es—. Dijo ella rápidamente.

—Entendí que las personas dejan de tener ese miedo cuando están con quién deben estar… así como yo estoy contigo.

Sakura podía sentir como en su piel el color la estaba abandonando. Sería un muy mal momento para desmayarse.

Deidara le sonrió con optimismo.

—No te asustes— dijo él con una expresión relajada. —No te haría tomar una decisión en este momento, solo tenía que sacarlo de mí. Y qué mejor que en este lugar. Tengo buenas memorias en este sitio, que mejor que crear una nueva contigo.

Sakura pudo respirar normalmente de nuevo. Aunque las palabras de Deidara habían causado un gran impacto en ella. Sakura lo miró con detenimiento, como si fuera la primera vez que lo veía. Sus facciones tan marcadas y sus ojos azules. ¿Él hablaba en serio? ¿Podía imaginarse vivir esas cosas "tradicionales de pareja"? como había dicho hace un momento. Ella estaba aterrada, era nuevo y era desconocido. Pero también estaba él. ¿Sería capaz de olvidar a los Uchiha de una vez por todas gracias a los planes de Deidara? Si tan solo el miedo se fuera, podría experimentar tantas cosas.

—Gracias, Deidara.

Él le regaló otra de sus sonrisas perfectas que la hizo sobre pensar:

¿Y si Deidara tenía razón? ¿Y si el miedo a los cambios es el impedimento para disfrutar las transiciones? Sakura no lo sabía aún, pero lo descubriría.


Nota: tengo que pedir muchas disculpas por ausentarme tanto, seré más constante i promiseee :) y les cuento que casiiii casiiii nos quedabamos sin historias ;( pero ya está arreglado eso, cuentame que te pareció :)