Fechado al 13/08/21
14
"El tiempo se te acaba"
Era lo primero que pensaba Sasuke al despertar, era una sensación tan incómoda, tan ansiosa que lo dejaba con un malestar en la mañana.
Hablaba todos los días con Agami, sobre trivialidades de la boda: si la cristalería combinaba con las luces, si el pastel sería libre de gluten y aún así sus llamadas no llegaban ni a los dos minutos, Sasuke sabía que esa chica no se merecía eso. A pesar de poner en duda la autenticidad de cómo comenzó su relación, ella tenía grandes virtudes que Sasuke admiraba, como un fuerte carácter y un liderazgo sobresaliente. Ella había nacido para convertirse en la jefa de su familia y de su legado. Pero, Sasuke comenzaba a odiarse por ser tan desleal a sí mismo, por poner lo que su padre y la compañía querían antes que lo que él quería realmente.
¿Era muy tarde? Probablemente.
—Sasuke, ¿nos puedes compartir tus informes?— preguntó el vicepresidente de la empresa, su padre estaba a la cabeza, del lado contrario de la exposición. Tenía una mirada de orgullo y comprensión, era lo que Sasuke siempre había anhelado. Se preguntó por un momento si ya estaba viviendo el sueño por el que sacrificó tantas cosas, porque, a decir verdad, no se sentía nada como él lo había imaginado.
Su padre le asintió para que Sasuke comenzara.
—Claro, en los informes que todos tienen frente a ustedes pueden ver los números del último mes, superamos la meta establecida…
Fugaku observaba a Sasuke hablar, se había esforzado tanto últimamente, sabía que tenía que decirle algo, palabras de aliento o de felicitaciones, aunque estas últimas se verían en grandes proporciones, faltaban quince días para la celebración más grande de la vida de Sasuke, según Fugaku. La unión que él tendría con Agami también era la unión de las empresas, y eso era un salto importante. Tal vez sería la mayor aportación que su hijo haría a la compañía.
Cuando terminó la reunión el jefe Uchiha se aproximó a su hijo, bajo las instalaciones de la corporación lo veía más como un trabajador dedicado y entregado que como su hijo.
—Bien hecho, Sasuke, no tengo dudas de tus capacidades.
Fugaku puso su mano en el hombro de Sasuke, pocas veces había hecho eso, según recordaba Sasuke.
—Gracias padre, significa mucho.
—Vamos a mi oficina, podemos celebrar el fin de mes.
El hijo menor le sonrió levemente a su padre, apenas se estaba acostumbrando a verlo así. Era una sensación placentera y satisfactoria.
Cuando estaban a punto de pasar el umbral de la puerta doble, la secretaria de Fugaku lo detuvo. Le entregó una serie de documentos que lo mantendría ocupado gran parte de la mañana.
—El arquitecto lo está esperando en su oficina.
—Vaya, llega temprano.
—Siempre lo hace, señor— respondió la asistente y se despidió.
Fugaku abrió la puerta y Sasuke observó a Deidara inspeccionar la oficina de su padre. No se imaginaba a su padre trabajando con él, porque tenían personalidades completamente diferentes, Deidara era todo lo que su padre odiaba y sin embargo estaba ahí, prestando sus servicios.
—Fugaku— dijo Deidara. —Tu oficina es hermosa, tienes muy buen gusto.
—Gracias hijo, he estado pensando en redecorar.
—Mi número siempre está disponible para ti.
Fugaku se rio mientras tomaba asiento, le indicó a Deidara que se sentara también.
—Ese es mi muchacho.
—Sasuke, buenos días, amigo—. Deidara le ofreció su mano, era inusual verlo en un atuendo formal, pero se veía tan natural como estético. Él era una persona que cuidaba su apariencia. Sasuke esperaba que hiciera algún comentario sobre la boda, sobre todo acerca de su acompañante. Después de la llamada que le hizo Naruto hace un par de días, Sasuke había renunciado a la competencia inexistente que había con Sakura. Había tantas cosas que ignoraba, y haber regresado a la ciudad solo las había sacado a relucir. Ella había hecho su vida tanto como él la suya, y ninguno de los dos había interferido.
—Fugaku, te aconsejo con esta remodelación que te olvides del tiempo que tardará, aún tengo que evaluar algunos aspectos de los antiguos cimientos.
—Son viejos— dijo Fugaku.
—Y frágiles, es un milagro que no te hayan causado problemas.
—De acuerdo, Deidara, quiero presentarle a mis socios este plan. ¿Por qué no lo hacemos esta tarde en mi casa?
Deidara levantó las cejas.
—Muy apresurado—. dijo el rubio mientras levantaba una mano en negación. —Tengo planes.
—Cancélalos.
Deidara vaciló y Sasuke se sorprendió de que otra persona que no fuera Itachi lo contradijera.
—Es un poco imposible Fugaku, mis padres vienen esta tarde… les quiero presentar a mi chica.
Esta vez fue el turno de Fugaku de sorprenderse, Sasuke estaba viendo fijamente a Deidara, era una expresión de incredulidad y decepción. La risa ronca de Fugaku fue lo que le hizo salir de sus pensamientos.
—Qué remedio, si ese es el caso… podemos vernos mañana con mis socios. ¿De acuerdo?
—El fin de semana mejor.
—El fin de semana iremos a la zona del huracán a entregar recursos, es imposible cancelar.
—Tu ganas, Fugaku—. Contestó Deidara.
Fugaku se veía feliz y despreocupado, la confesión de Deidara había creado una especie de complicidad, un gesto que Sasuke nunca había visto de su padre hacia sus propios hijos.
—¿Algún consejo, Sasuke?— Preguntó el rubio.
Sasuke tenía la mirada de su padre en él, Deidara tenía un tinte casi siniestro, ¿esa pregunta había sido intencionada a herirlo? No lo sabía.
—Hazla feliz, Deidara.
Si Sakura alguna vez imaginó cómo sería conocer a los padres de su pareja, tenía que ser justamente como la velada que había pasado con los padres de Deidara. Ambos eran personas tan sensibles y fascinantes. La madre de Deidara tenía el mismo cabello rubio y ojos ligeramente verdes azulados, mientras que su padre tenía los inquietantes ojos azul como el mar profundo y un cabello corto rubio grisáceo. Ambos eran artistas con una larga trayectoria.
Sakura había estado más nerviosa de lo usual, aunque no había motivos para eso, la charla fue interesante y los padres de Deidara se vieron cautivados por la conversación con Sakura. Todo se sentía casi como un sueño, ¿pero era realmente su sueño?
—Estoy tan feliz de haber hecho esto, vaya, salió mejor de lo esperaba— dijo Deidara mientras iban en el auto en dirección a casa.
Sakura había dado monosílabos como respuesta, pero Deidara estaba tan satisfecho con su visita que no le tomó importancia.
—¿Quieres pasar la noche en mi casa? Tenemos mucho que celebrar. Sakura le sonrió y le negó con la cabeza.
—Le pedí a una compañera que me cubriera, tengo horas pendientes en el hospital.
Deidara le hizo un mohín que después fue cambiado por un beso.
Al llegar a casa Sakura lo despidió desde la puerta del edificio. El portero le dio las buenas noches y le abrió la puerta. A pesar de haber sido una noche aparentemente exitosa, había un pequeño espacio en blanco, la cena estuvo cargada de sonrisas y pláticas agradables, pero faltaba algo.
Al llegar a su piso, Sakura ya se había quitado los pendientes, cuando cerró la puerta detrás de ella, un sentimiento extraño la inundó, haciendo que se sintiera desdichada ¿cómo se le denominaba a la ausencia de felicidad? La culpa y la confusión estaban siendo parte de su día a día, estaba perdiendo la batalla, si lo que Deidara le estaba ofreciendo a la pelirrosa no era lo que ella quería realmente, debía decírselo y con mayor urgencia, debía de parar las construcción de ilusiones.
Sakura cambió su atuendo en un dos por tres, llevaba su bata en el brazo y un termo con agua en la otra mano.
Avanzó por la calle, sumida en sus pensamientos, esperando una señal, un consejo del universo. —¿Tú qué harías?, madre.
Ansiaba poder llegar al hospital para encontrar la calma que había querido tener en todo el día, estaba mareada por los estragos de la cena con Deidara y aparentemente este no se había dado cuenta. Estaba tan cerca de la puerta automática, tenía los ojos puestos en el vestíbulo principal. La entrada estaba tan desierta y silenciosa que se asustó cuando se dio cuenta de la presencia de alguien afuera.
—Sakura, espera.
Ella giró su cabeza, reconoció su voz de inmediato.
—¿Tienes un momento?— preguntó Sasuke con un aire cortés.
Sakura se limitó a detener su marcha.
—Lo siento, por todo. Lamento lo que dije el otro día…
Sakura lo estaba viendo fijamente, esa no era la señal del universo que ella esperaba.
—Lo lamento por meterme en tu vida, yo… no tengo el derecho y aparentemente tampoco tengo la cara para venir aquí.
El rostro de Sasuke pasó de ser inexpresivo a mostrar una desdicha pura.
—Tienes razón, no tienes el derecho.
Para Sakura, lo último que necesitaba era tener que lidiar con Sasuke al final de su día emocionalmente más pesado.
—¿Qué quieres, Sasuke?— preguntó ella al ver que Sasuke se había quedado en silencio.
—Ya no tengo tiempo, Sakura. No sé qué estoy haciendo, no sé porque lo estoy haciendo.
Ella estaba cargando de un hombro la mochila del hospital, tenía todo su equipo y ropa de cambio en caso de accidentes, en ese momento su equipaje pesaba, las palabras de Sasuke pesaban. Era demasiado con que cargar y no podía más.
—¿Por qué, Sasuke?— preguntó la pelirrosa con un tono bajo. —¿Por qué viniste? ¿Por qué decidiste casarte aquí?
Sasuke se dio cuenta que Sakura no se refería a su presencia en ese momento, sino a su regreso a la ciudad. Al regreso a su vida.
—Sakura… no pude. No pude con él, no pude hace diez años y tampoco pude ahora.
Sakura vio cuánto le estaba costando a Sasuke la derrota. Ella dejó de verlo, era tan difícil tenerlo ahí, estaba tan cerca de él y al mismo tiempo tan lejos.
—Ya no importa, Sasuke. Mejor deberías irte.
Y la derrota era tan amarga.
—Quiero que sepas que nunca deje de pensar en ti, eras mi compañera y mi mejor amiga. Me diste tantas cosas que aún atesoro… nunca estuve tan enamorado de alguien como de ti.
Sakura lo miraba fijamente, probando de esa amargura.
—Todo lo que pasó entre nosotros… no puedo olvidarlo y continuar con mi vida. Pero si tú me lo dices, que ya no sientes nada por mi sé que será el final.
Sakura se mantenía en silencio. Mientras que el ambiente comenzaba a cambiar junto a la situación. En un momento podría avecinarse una tormenta.
—¿No fue el final cuando tu padre así lo decidió?
Sasuke lo meditó. Habían llegado de nuevo al principio.
—Si pudiera cambiarlo, claro que lo haría. No hay día que no lamente las cosas que dije, las cosas que no hice.
Sasuke se acercó a ella, Sakura estaba inmóvil.
—Si nos hubiéramos separado por otras circunstancias y nos volviéramos a ver, haría todo de nuevo, Sakura. Estaría nervioso por invitarte a salir, esperaría hasta la tercera cita para volver a besarte, aunque lo esté deseando desde el primer momento…
Todo era tan frágil y complicado, Sakura no podía evitar sentir la sinceridad cruda de Sasuke.
—Estuve esperándote mucho tiempo, esperando que recapacitaras y me dijeras que todo había sido una mala broma, pero no lo hiciste. Te fuiste y después se fue mi madre… no eres una constante.
La primera lágrima bajó sin aviso. Sakura la limpió en seguida, sin dejar de ver a Sasuke a los ojos.
—Te fuiste, Sasuke y… nunca dijiste adiós.
—Sakura— dijo Sasuke rápidamente, evitando que ella se fuera. —Quiero ser una constante, puedo ser una constante, puedo pertenecer. Puedes permanecer conmigo.
Sakura negó con la cabeza.
—Tú mismo lo dijiste, tu tiempo se está terminando. Por favor ya no vengas aquí.
Ella se dio la vuelta y sus pasos eran pesados, Sasuke había sido todo lo que un día soñó, y tal vez pronto sería solo un recuerdo más.
Deidara había puesto el techo de su convertible, últimamente el clima empeoraba y solo había tenido pocos días con el descapotable abierto. ¿Qué sentido tenía un auto de lujo si no podía verse como tal por el clima? Era como una imagen falsa o forzada y él detestaba eso, sin embargo, en los últimos días procuraba ignorar esas imágenes, aunque estuvieran ahí justo frente a sus ojos, él sabía la incomodidad que rodeaba a Sakura cuando hablaban de los planes a futuro, charlas sobre el rumbo de su relación. Deidara no estaba seguro del motivo por el cual Sakura tenía impedimentos de entregarse totalmente a él, es decir, funcionaban tan bien cuando estaban solos en una habitación, había risas y caricias. Pero no estaba seguro si había todos los ingredientes adecuados para disfrutar más que encuentros placenteros. De todos modos, eso no importaba, porque él trabajaría en eso y a la larga Sakura haría lo mismo.
Deidara estacionó frente a las escaleras de la mansión de los Uchiha, la fuente de la rotonda estaba apagada por el mal clima. Contó los escalones para llegar a la puerta, eran 12.
La amable ama de llaves llevó a Deidara al estudio de Fugaku, antes de entrar sintió la mirada de alguien sobre sí. Al final del pasillo se encontraba Sasuke, parecía que había ido a correr bajo la lluvia. Le había lanzado una mirada que ya había visto antes, desde la noche que había ido al club después de su fiesta de compromiso. Deidara sabía la razón, pero aún no había comprobado la veracidad de eso.
Le sonrió al Uchiha con malicia y después entró con Fugaku.
Sasuke había admitido la derrota, pero ver a Deidara paseándose por su casa con aires arrogantes era algo que lo volvía loco.
La reunión con Fugaku fue más rápida de lo que él rubio pensó, casi siempre coincidían en todos los aspectos, pero, cuando no lo hacían había una gran discusión con discursos pasivo-agresivos. El patriarca era difícil de tratar y aún más, difícil de torcer. Al salir, Deidara pudo haberse ido directamente a la puerta y subir a su auto para no ver a los Uchiha sino hasta la semana siguiente en la boda o quizá en algún noticiero por su visita a la zona del desastre; pero no fue así. En un acto completamente inspirado en el caos, comenzó a buscar a Sasuke. La mansión de los Uchiha era delicada y elegante, los apliques en la pared creaban una iluminación cálida e íntima. Deidara caminó por el pasillo de tres paredes que conectaban con él área abierta cercana a la casa de la piscina. Sasuke estaba sentado en el piso de la casa principal. Sus pies alcanzaban a tocar el suelo, en sus manos tenía uno de sus favoritos: Matar a un ruiseñor. Dio la vuelta a la página, su concentración estaba en el ápice.
—Amigo ¿cómo te va, eh? ¿Listo para el gran día?
Sasuke terminó de leer, estaba irritado desde que había visto a Deidara llegar a su casa.
—Sí—. Respondió escuetamente el Uchiha.
—Pues, no lo parece y te lo digo con total confianza entre amigos.
—¿Amigos?— El tono de Sasuke era ácido y de cierta manera molesto. Deidara por ser amigo de Itachi desde que estaban en la escuela, había visto crecer a Sasuke, pero de una forma lejana, casi como un extraño, como un espectador ausente.
—Sí, y tengo que decírtelo hermano…
Sasuke bajó el libro, tenía toda su atención puesta en el joven rubio.
—Te he visto un poco desanimado estos días y sé que es por tu boda, digo casarse es renunciar a muchas cosas… como sea, sé lo que puede ayudarte y eso es: una buena compañía.
Sasuke sentía que había perdido el tiempo por estar en esa conversación con Deidara. Se puso de pie para quedar a la misma altura que Deidara. Sasuke era al menos quince centímetros más alto que él, la complexión del rubio era atlética y eso significaba tener un cuerpo ágil.
—No quiero tu compañía.
Deidara le dio una gran risa, el joven tenía un acento diferente, era la primera vez que Sasuke reparaba en eso. El rubio sacó su teléfono del bolsillo y comenzó a buscar en su agenda.
—Tengo aquí el número de algunas amigas con las que salí en el pasado, y te garantizo que te harán pasar un buen rato, solo necesitas ser guapo y adinerado y amigo, tú tienes ambas cosas—. La sonrisa de Deidara era la expresión más cínica que Sasuke había visto en su vida. Era como si fuera un asesino serial confesando sus crímenes sin arrepentimiento alguno.
Sasuke lo analizó bien, él había admitido la derrota la noche anterior al buscar a Sakura, ya no había nada que perder.
—No quiero el número de tus amigas, y si en esos contactos está el número de Sakura en serio debo de darte una paliza.
Deidara tenía una expresión completamente diferente. Estaba anonadado y en un completo trance que se acercaba a un estallido de furia. Aunque intentó relajarse, después de todo seguía en la casa Uchiha.
—Con que al fin te habló de nuestra relación, estoy muy contento por eso— Deidara le dio una sonrisa satisfactoria. —Aunque, sin resentimientos ¿verdad? Sé que salieron en el kínder o algo así.
—Ella no me lo dijo— respondió Sasuke con un tono serio. —¿Lo mantiene en secreto? Nadie de sus amigos lo sabía.
Sasuke había dado en un punto ácido para Deidara.
El orgullo.
Desde su aparente "regreso" como una pareja, Deidara le había presentado a Sakura a algunos compañeros de trabajo, a su secretaria e incluso a sus padres, siendo esto el paso más grande que había dado en una relación. Y a cambio él no había obtenido la reciprocidad esperada, no había señales de conocer a Kakashi ni a Tsunade. Solo había silencio.
—Pensamos en ir juntos a tu boda, ahora que lo pienso, es de muy mal gusto invitar a tu exnovia a ese tipo de eventos— Deidara negó varias veces con la cabeza. —Mal chico.
Sakura nunca le había hablado a Deidara de sus antiguas relaciones, él sabía del pasado de Sakura con el Uchiha por comentarios al aire que hizo Itachi cuando estaban en la universidad, cuando Sasuke se mudó con su hermano mayor, dejando esa ciudad atrás. Él recordó que nunca había visto a Sasuke más desdichado e infeliz que cuando recién se había graduado del instituto. Según Itachi, Fugaku tuvo que ver en eso. Algo en la cabeza de Deidara hizo clic.
"Claro" pensó Deidara.
Sasuke estaba conteniendo su ira, no podía imaginar a un tipo tan despreciable como él con la chica que lo había rechazado la noche anterior.
—Lo que hagas no me interesa— Sasuke estaba a punto de abandonar a Deidara ahí, anhelaba poder pasar pronto por esa pesadilla y volver a irse. Había sido un error regresar y uno más grande, pensar que Sakura podría estar esperándolo. El Uchiha se dio la vuelta para bajar por los tres escalones que llevaban al espacio sin techo que comunicaba la casa principal con la casa de la piscina.
—Ya lo creo, Sasuke. Y no te preocupes por Sakura, a mí no me importa lo que mi padre piense de mi o de mis relaciones.
Ese fue el clavo que hizo disparar el enojo de Sasuke. Al darse la vuelta encontró la expresión risueña del rubio, sin pensar caminó hasta el pasillo y estiró un brazo para tomar a Deidara de la chaqueta, lanzándolo al suelo. Su arrebato de furia era increíble, los golpes de Sasuke eran limpios y certeros, aunque ese no era el momento de presumir su trayectoria en el karate.
Deidara estaba recibiendo los golpes, para él era como sentir una catarsis que hace mucho no sentía. Todo el estrés acumulado pronto se iría, junto a esas inseguridades que comenzaba a formar al estar junto a Sakura. El rubio rodó sobre sí y le tiró una patada en el rostro a Sasuke. Estaba fuera de sí, había mandado al diablo el trabajo con los Uchiha.
Sasuke se puso de pie y Deidara se aproximó a él, lo tomó de los hombros y con un rodillazo lo mandó al suelo de nuevo. Sasuke aprovechó para hacer un movimiento especial: Mawashi geri, o mejor demostrado como una patada circular que le dejaría un ojo morado a Deidara.
Los pasos rápidos resonaron en el piso de madera.
—¡Alto! ¿Qué está pasando? ¡Sasuke! ¡basta, basta!
Mikoto corrió hacia la penosa escena que habían montado los caballeros, Itachi la detuvo antes de que pudiera alcanzar un golpe. Acto seguido entró en el ring de pelea y tomó a Deidara por el torso, alejándolo de Sasuke.
—Siempre ha sido así, eres un títere de tu padre, infeliz.
Sasuke se acercó de nuevo e Itachi lo empujó.
—Cállate, Deidara— Escupió Itachi, después se dirigió a su hermano. —Y tú, ¿qué demonios te pasa? ¿Eres imbécil? ¿Por qué hiciste eso?
Deidara estaba en el suelo, limpiándose con el dorso de la mano la sangre que salía de la comisura de su boca.
—No eres más que un niño, Sasuke, siempre bajo la protección de tu papá, ¿irás a pedirle que te regrese a tu novia?—. Deidara casi se reía de sus propios chistes malísimos.
—Basta, Deidara— pidió Itachi.
Los trabajadores de la casa estaban observando al par de chicos con Itachi, el mayor de los Uchiha sentía una vergüenza agobiante.
Deidara aún no terminaba de reírse.
—Hey Itachi, tu hermanito está molesto porque estoy saliendo con Sakura, dime algo más ridículo que eso.
Itachi tardó un momento en analizar esa nueva información. No sólo le había dado a Sasuke en el orgullo por meter a su padre, sino que le había dado en el corazón al involucrar a Sakura.
—Deberías irte, Deidara.
Itachi miró a su hermano, tenía tierra en el cabello y su ropa estaba hecha jirones, en su rostro pronto se verían los efectos de los golpes de Deidara. Sasuke no era un tipo de comenzar peleas, pero sí de terminarlas. Itachi estaba aún muy conmocionado por el escándalo entre uno de sus mejores amigos y la ex novia de su hermano, era algo incluso incómodo.
Sasuke estaba a punto de pasar a su hermano para irse, Itachi lo detuvo con su brazo en el pecho.
—Tenemos que hablar.
Deidara había perdido el control de la situación, en su defensa él no había comenzado con la pelea, simplemente estaba defendiéndose. Pero había una realidad que él no quería ver: Sasuke había sido más cercano que Deidara en cuanto a su relación con Sakura. Había cierto tinte en los ojos de la pelirrosa al mencionar a los Uchiha o al hablar de la boda. Había algo que él se estaba negando a ver. Dio los últimos pasos dentro de la casa y se detuvo, aunque en realidad una voz le indicó que se detuviera.
—Tal vez debamos finalizar esto en mi oficina—. Dijo Fugaku y Deidara sabía exactamente a lo que se refería.
