Fechado al 21/08/21
15
Sakura estaba jugando cartas en la sala de enfermería, pasaba de medianoche y su guardia había sido la más tranquila que había tenido en meses. Ese tiempo podría haberlo invertido en dormir una siesta o comer algo, pero sabía que los pensamientos la invadirían y después se podría a sobre analizar los últimos eventos con Sasuke. Él la había asaltado con la guardia baja, su declaración tan sincera era dolorosa, pero también era un alivio, porque eso significaba que él también había tenido su propio duelo y su propio sentimiento de pérdida. Aun así, no podía permitirse olvidar las cosas horribles que su padre había dicho de ella y que Sasuke no defendió, no podía perdonar eso por simplemente perdonar y querer que las cosas fueran como antes porque no funcionaba así. Tenía que existir un proceso, una liberación y una aceptación. Aunque, muy en el fondo, ella había preferido el discurso de Sasuke antes que los rodeos de Deidara. ¿Era malo comparar? Sí, sí lo era.
—¿Doctora Haruno?— preguntó una de las enfermeras más jóvenes.
Sakura la miró y bajó sus cartas de UNO.
—Alguien la busca.
Sakura se puso de pie y salió de la sala de enfermeras, en el corredor las luces estaban bajas y las ventanas se veían aún más grandes que en el día, las luces de la ciudad parecían pequeñas luciérnagas que ponían su puntito brillante en la oscuridad. Sakura observó a un hombre con las manos en los bolsillos, usaba una cazadora negra y pantalones holgados.
—¿Itachi?
El joven se dio la vuelta y vio a Sakura con su bata puesta, en el lado izquierdo tenía dos bolígrafos dentro del bolsillo.
—¿Cómo estás? ¿Tienes un momento?
Sakura intentó intuir de qué se trataba esa visita inesperada, aunque ya sabía de quien hablarían. No era típico, pero tampoco sorprenderte, es decir, después de ver a Sasuke el día anterior parecía normal ver a Itachi por los mismos rumbos.
—¿Qué sucede? ¿estás bien?— preguntó Sakura.
Él vaciló, no sabía cómo comenzar.
—Sé que ninguno de los dos te dirá esto.
Sakura miró con curiosidad a Itachi y se encogió de hombros.
—¿De qué hablas?
—Escucha, yo no debería estar hablando de esto contigo, porque no me concierne, pero supongo que necesitas saberlo...
Sakura fruncía el ceño mientras Itachi confiaba hablando.
—Mi hermano no es una persona violenta y tampoco impulsiva, creo que está bajo mucha presión por el asunto de la boda.
Sakura estaba en silencio
—Y conozco a Deidara, es una persona tan enérgica, aunque le divierte a veces causar caos.
Sakura comenzó a sentirse alarmada, le ponía los pelos de punta que estuviera hablando de Deidara y de Sasuke al mismo tiempo.
—No estoy seguro de que sucede entre ustedes, y Sasuke tampoco— continuó Itachi. —Sé que fue algo muy significativo la relación de ustedes por eso supongo que perdió el control, Deidara y Sasuke tuvieron una pelea en nuestra casa. Fue algo muy estúpido.
Sakura parecía muy confundida, lo último que faltaba era que ellos pelearan y que Sakura estuviera en medio de ello.
—Si te hace sentir mejor, todo comenzó porque Deidara dijo algo como que Sasuke era un títere de mi padre, y sabes que eso es terreno peligroso.
Itachi vio como Sakura arrugó una ceja en preocupación.
—Vine a decírtelo porque desde mi posición estoy con mi hermano, no apruebo sus actitudes infantiles, pero tampoco quiero que Deidara lo haga quedar como él villano. Es todo, no te estoy pidiendo que hagas algo ni que hables con los dos.
Sakura veía a un punto fijo para evitar ver los ojos oscuros de Itachi.
—¿En serio le dijo que tú padre lo controlaba?
—Tiene algo de realidad ¿no crees? Todos lo ven así: como un subordinado de mi padre y que solo cumple sus deseos— Itachi hablaba en un tono más relajado. —Aunque nadie ve lo difícil que es cumplir con sus exigencias y él lo hace todo tan natural. Gracias a él, la relación de mi padre y mía mejoró. Alguien tenía que asumir la carga tan pesada que era ser la mano derecha de mi padre, aun sabiendo lo que significaba sacrificar tanto de sí.
Sakura no estaba tan satisfecha con esa respuesta.
—¿Así que decidió renunciar a sí mismo para que tú hicieras tu vida?
Itachi le sonrió.
—Claro que no. Y tú bien sabes eso. Sasuke es alguien tan entregado en las cosas que hace, pero puedo apostar que en más de una vez ha pensado en renunciar a todo lo que mi padre ofrece por otras experiencias.
Sakura vaciló.
—Si la duda es sobre sus verdaderos sentimientos en el pasado… y posiblemente hasta hoy, todo es verídico.
El bíper de Sakura hizo un sonido, ella lo sacó de su bolsillo canguro y miró a Itachi, la charla había terminado.
—Solo puedo hablar por mi hermano, porque lo he visto y lo conozco en muchos aspectos.
Sakura le asintió a Itachi y él le dio una sonrisa reconfortante. Itachi siempre estaba tan sereno, con un semblante imperturbable.
—Espero no perder tu contacto, y si es así, siempre te desearé cosas maravillosas. Eres excepcional.
Sakura no tenía tiempo para ver a Itachi marcharse, no se sentía como la última vez que dejó a los Uchiha atrás. En el pasado no hubo ningún tipo de despedida, solo ausencias.
—Adiós para ti también Itachi— dijo Sakura, pero dudaba de que él la hubiera escuchado.
Kakashi había pedido un café con leche y mucha azúcar morena que se diluía de poco en poco. Frente a él estaba un asiento vacío con una taza de expreso, estaba sentado junto a la ventana, ya era típico encontrar el día gris y húmedo. Sakura regresó a la mesa y tomó asiento.
—Lo siento, era el encargado de las rotaciones, al parecer hubo un error.
Kakashi tenía un suéter gris de lana con botones al final de las mangas. Era fanático de los días lluviosos.
—No pasa nada, ¿cambiaron tus planes?
—No. Aún iré a dejarte al aeropuerto y después tengo un rato libre. El turno nocturno es más flexible.
—Bien— contestó Kakashi. Usualmente él no viajaba por su trabajo, a menos que fuera una situación extraordinaria. Pero hace un mes le habían notificado de declarar como testigo en un caso de su trabajo. Odiaba esos viajes.
—Conduce con cuidado, amo mi auto.
—¿No confías en mí? tú me enseñaste a conducir.
—Sí, pero Tsunade fue la que te llevó al examen, tres veces… y amo ese auto.
Sakura rio y le dio un trago a su café. Estaban pasando un momento ameno en la cafetería que estaba cerca del aeropuerto. Kakashi nunca se imaginó el impacto que tuvo en su vida haber tomado el caso de la familia Haruno. Había hecho bien. Le sonrió a Sakura por el recuerdo.
—¿Qué pasa?— preguntó ella divertida. Kakashi se llevó la taza a los labios y negó.
En un instante, el teléfono de Sakura hizo un sonido y ella lo revisó. Su expresión divertida había cambiado considerablemente. Kakashi evidentemente lo notó.
Para Kakashi, Sakura era como un libro abierto, con capítulos bellos de leer, pero también desgarradores. Algunos fáciles y otros capítulos incomprensibles.
—Hace mucho que no mencionas a tu amigo rubio— dijo Kakashi.
—¿Naruto?— preguntó ella sumamente confundida. Kakashi no supo si ella lo preguntó en serio o era una evasiva. —Hace días fue por unos documentos para Hinata.
—Me refería a Deidara, Sakura.
Ella se quedó inmóvil una décima de segundo. Había querido evitar hablarle de Deidara a toda costa por la evidente etapa tan confusa que estaban atravesando. Ella abrió su boca levemente pero no salió palabra alguna para contestar.
—Él está bien—. Dijo después de un momento.
Kakashi esperó algo más, pero parecía que Sakura no estaba del todo cómoda hablando de él. No se sentía real del todo.
Ambos terminaron el café y se destinaron a irse, el avión de Kakashi salía a las ocho de la noche. Juntos caminaron al auto y Sakura se sentó tras el volante, los parabrisas estaban trabajando, aunque fue una llovizna ligera.
—Me encantaría salir de viaje, escapar por un momento—. Dijo ella para romper el silencio en el que se habían encapsulado.
Kakashi tenía sus ojos en el camino, sabía a lo que se refería.
—Bueno pues, exactamente este viaje no es por placer. No es un escape realmente.
—Subirse a un avión y ver la ciudad desde las alturas simula ser un escape ¿no lo crees?
—Escapar de la realidad no es más que un engaño…— Respondió Kakashi.
Sakura negó con la cabeza.
—Eres tan severo— ella le sonrió al estacionar el auto en la entrada de la terminal. Había montones de personas con maletas entrando al lugar y otras más estaban esperando un taxi.
—Solo digo que los escapes solo funcionan cuando tienes resueltas tus cosas sino será muy decepcionante y muy duro volver a la realidad.
Kakashi abrió la puerta del auto al mismo tiempo que el maletero se levantaba, con una mano sacó su ligero equipaje y rodeó el auto.
Vio a Sakura pensativa, tenía la mirada perdida y no parpadeaba, no había duda de que lo último que había dicho Kakashi la estaba poniendo a pensar. Kakashi golpeó el cristal para traerla de regreso. Ella se sobresaltó y bajó el vidrio.
—Vendré a recogerte, seré puntual. Lo prometo.
—Eso espero, cuida mi auto— Kakashi no se movió, aún había algo más. —¿Te puedo decir algo antes de irme?
Sakura le asintió lentamente.
—Si algo te hace querer buscar un escape, no es para ti—. Kakashi se retiró sin más, había surtido un efecto contundente e incómodo como cuando sientes que se te adormece una extremidad, casi como despertar.
Sakura esperó a que Kakashi se perdiera entre la multitud para irse. El aeropuerto quedaba en las afueras y tenía que atravesar un gran tramo para volver a casa. En todo el camino lo estuvo pensando y sobre pensando, ¿cuál era su escape? ¿su realidad estaba en paz o había algo que no la dejara disfrutar ni de los pequeños escapes que proporcionaba la música o las lecturas? Porque al final de esa canción siempre terminaba pensando en alguien o al final de ese párrafo recordaba que no había solucionado nada de sus relaciones. Y eso tenía que terminar y lo haría en ese momento.
En un acto deliberado, giró el volante en la dirección contraria a su departamento y aceleró. Tenía una sensación de adrenalina casi palpable, estaba emocionada.
No planearía qué decirle, sino que todo saldría con sinceridad y esperaba que saliera de la mejor manera. Las calles tomaban un tinte diferente, muchas veces había pasado por ahí y nunca se imaginó que ese momento llegaría.
Sakura no vio su auto cuando llegó. Entonces aparcó y después salió del auto, tomó asiento en uno de los primeros escalones de la residencial, puso su rostro entre sus manos, la emoción que había sentido hace un momento comenzaba a desvanecerse, pero no había lugar para la duda a esas alturas. Había tomado una decisión y sería firme.
—Nunca pensé encontrarte aquí.
Sakura levantó su rostro para ver al propietario de esa voz. Era Deidara. Sakura notó en seguida algunas manchas violáceas en su rostro y su ojo izquierdo se veía inflamado.
Ella se levantó y caminó hacia él, tocando con cuidado los hematomas en su rostro. Deidara hizo una expresión de dolor.
—En mi defensa, tengo una mejor zurda que él.
—No es gracioso—. Dijo Sakura muy seria, Deidara se cautivó con su voz preocupada. Ella estaba de puntas para poder verlo.
—Lo siento... a veces hacemos cosas muy estúpidas.
Sakura lo miró con molestia.
—Siempre supe que la debilidad de Sasuke era la relación tan extraña que tiene con su padre, pero nunca esperé saber que uno de sus puntos débiles de él serías tú.
Deidara pasó de largo a Sakura, se sentó en los escalones e invitó a ella a sentarse con él.
—Si quieres que diga que me arrepiento de haberlo golpeado, tal vez lo haga, pero solo porque su padre me echará del proyecto.
Ambos estaban sentados cerca uno del otro.
—No creo que nos quieran ver en esa boda ¿o sí?— Deidara rio y esperaba que Sakura hiciera lo mismo, pero no fue así. —¿Por qué no mejor tenemos una escapada de fin de semana? Puedes invitar a Kakashi, incluso.
Sakura frunció la boca. Era ahora o nunca.
—Deidara… debo decirte algo que no había sabido cómo decirlo hasta ahora.
El rubio parpadeó un par de veces y le asintió.
—He estado pensando en que muchas veces hacemos cosas para hacer feliz a otra persona y en el proceso obtenemos felicidad— dijo la pelirrosa y Deidara frunció el ceño.
—Decidí hacer tantas cosas para hacerte feliz pensando en que yo también lo sería… pero en el transcurso vi como la felicidad se esfumaba y se convertía en confusión.
—¿Dices que no te hago feliz, Sakura?
Sakura había anticipado el enojo de Deidara, ella pensaba que se lo merecía al estar jugando con sus sentimientos.
—Creo que lo teníamos todo antes de pensar en ser todo.
Deidara estaba listo para contraargumentar.
—Escucha, sé que últimamente ha sido difícil para ti, dije cosas sin pensar en lo que tú querías ¿de acuerdo? lo reconozco. En serio— dijo el rubio. —Pero podemos trabajar en eso, puedes acostumbrarte y con el tiempo será como antes.
Ella lo miraba con atención.
—No creo en las casualidades ni en el destino, pero en retrospectiva tú y yo siempre estuvimos ahí, coincidiendo. Cuando era un adolescente pasaba algunas tardes en casa de Itachi, y tú también estabas ahí, en diferentes días y horas, pero estabas ahí.
Sakura no comprendía a lo que quería llegar Deidara.
—Todo estaba destinado. Tu no crees en esas cosas, pero no hay otra explicación— Deidara estaba elevando el tono de su voz, era la ambición. Las ganas de no perder, había un incentivo de competencia con Sasuke.
—Mudarnos juntos, conocer a nuestros padres, un compromiso. Son cosas que no deben ser titubeantes—. Repuso Sakura. —No deben de sobre pensarse. Porque cuando quieres hacerlas las haces sin duda.
Los ojos esmeralda de Sakura se veían tristes, Deidara podía verse reflejado en ellos.
—Lamento mucho no haberlo dicho antes, puedes pensar que soy una persona terrible por hacerte pasar por esto.
Deidara se veía desilusionado, no podía admitir la derrota. Se puso de pie y Sakura lo veía desde el suelo, él estaba en un momento extraño.
—Podemos hacerlo de otra manera, solo tienes que aceptar la idea. Sakura… no puedes hacerme esto, pensé demasiado para dar un paso así… no sabes cuánto tuve que pensar. A las mujeres que tuve que renunciar.
Sakura le negó con la cabeza con suavidad.
—Eso es a lo que me refiero.
Deidara observó como ella elevó su mano y se la dio, el rubio estaba intranquilo, la tomó y Sakura comenzó a llevarlo al suelo de nuevo, a su lado.
—No es pero que aceptes mis disculpas, pero sí que me comprendas—. Sakura se acercó a él para hablar casi como en un susurro. —Perdóname por favor, pero sé que esto es bueno para ambos. Tú me enseñaste a ver la libertad de una manera hermosa.
Deidara tenía el ceño fruncido.
—¿Crees que mi error fue ser demasiado ambicioso?— preguntó Deidara. Ella le negó con la cabeza.
—La ambición nunca se vio mejor que en ti.
Él le sonrió. Sabía que decía cosas amables para consolarlo.
Deidara guardó silencio un largo momento.
—Ojalá la próxima vez no haya titubeos…
Sakura lo notó: Deidara estaba admitiendo la derrota.
—Siempre te he dicho que te mereces todo... pero quizás no como yo lo estaba haciendo y tampoco mereces a un estúpido que provoca peleas como si tuviera quince años.
Hubo unas risas de por medio, eran corteses y poco a poco más livianas. Como si estuvieran encerradas por mucho tiempo. Sakura se puso de pie para marcharse. Lo haría igual que cuando quitas una bandita de la piel: rápido para evitar el dolor.
—Lo que te dije el otro día es cierto, tú fuiste una de las personas que me ayudaron en este proceso de tomar un rumbo diferente a mi vida, y siempre te agradeceré eso— había un tono que ella pudo percibir, era como cuando sentían que su conexión era única, tenía muchísimo sin sentir eso.
Él se acercó a ella al ver su rostro casi al borde de las lágrimas. A ella también le había dolido.
—Perdóname…
—Estaré bien Sakura. Quiero dejar de ser ambicioso. Ama como tú quieras, el amor es igual que el arte: hermoso y doloroso.
Deidara la miró, usaba pantalones holgados y camiseta, casi masculino, pero tan jovial.
—Tal vez es momento de ser solo amigos.
Deidara le dio una sonrisa menos triste que la expresión anterior.
—No creo que haya trato— dijo Deidara, pero de todos modos ambos estrecharon sus manos. Deidara se acercó a ella, Sakura se sobresaltó. Suavemente puso sus labios en los labios de ella, era un beso de despedida.
