El escenario elegido para hacer el cóctel era una hermosa masía rehabilitada a las afueras de Barcelona, con un enorme salón decorado con una perfecta armonía entre lo rústico y lo moderno, que tenía una pared entera acristalada con vistas a los espléndidos jardines, iluminados de forma estudiada. El ambiente olía a mucho dinero y los invitados eran un reflejo de ello.
Al bajar de la limusina me quedé tan fuera de lugar en aquel escenario tan ajeno a mi realidad que, por un momento, me acobardé. Don Cretino, que no había vuelto a decir nada después del intercambio de palabras de la limusina, me había ofrecido la mano para ayudarme a bajar. En ese instante debió de percibir el escalofrío que recorrió mi cuerpo, porque me miró con curiosidad.
Ino era una persona sofisticada, de buena familia, acostumbrada a ese tipo de actos sociales. Pero yo no. Lo miré insegura, sin saber cómo respondería si le confesaba que estaba aterrada, así que le dije lo primero que me salió del corazón.
—Itachi, no me dejes sola, por favor.
Mi voz sonó tan débil y patética que me sentí avergonzada, esperando algún comentario sarcástico de su parte o una sonrisa de burla.
Pero él no se rio. Todo lo contrario, me miró con seriedad, sondeando las profundidades de mi alma, y me tomó de la mano con fuerza.
—Nunca —murmuró con voz ronca, y aquella única palabra sonó a promesa y, por una extraña razón, me reconfortó.
Para mi sorpresa don Cretino pareció quedarse encerrado en la limusina, junto a Shikamaru y al señor Sen, y durante el resto de la velada don Perfecto hizo gala de todo su encanto conmigo, mostrándose atento a cualquier necesidad que yo pudiera tener, y cumpliendo su promesa de no dejarme sola, a pesar de ser constantemente reclamado por los asistentes del cóctel. A juzgar por la cantidad de personas que, desde que entramos al salón, se le acercaron sin cesar a saludarle y rendirle honores, Itachi Uchiha debía ser un hombre muy importante.
Por lo que me explicó, aquella velada la había organizado Alpha Connection, una empresa de dispositivos móviles en la que había invertido mucho dinero. Iban a aprovechar el congreso para el lanzamiento de un nuevo dispositivo móvil que, según decían, iba a revolucionar el sector por sus altas prestaciones y su bajo coste.
También me enteré de que Fugaku Uchiha, el padre de Itachi, se acababa de jubilar y de que el nuevo presidente de la compañía era Itachi, de ahí que hubiera acudido él al congreso en lugar de su padre. Al parecer los Uchiha tenían varios yacimientos petrolíferos en Texas y controlaban un montón de empresas de diferentes naturalezas, pero ahora habían decidido abrirse paso en el mundo de las telecomunicaciones y una asociación con Alpha Connection era el mejor modo de comenzar.
Después de saludar a los anfitriones, una pareja de jóvenes de origen chino —mis conocimientos del idioma fueron puestos a prueba de forma satisfactoria—, nos zambullimos en la velada.
Había hecho mis deberes y había buscado en Internet, fuente inagotable de conocimiento, los pasos de comportamiento que dictaba el protocolo para ese tipo de evento, no queriendo meter la pata o hacer algo indebido. Así pues, las normas de comportamiento en un cóctel se resumían básicamente en diez directrices a tener en cuenta, algo en teoría fácil de recordar:
Primero. Cuando se recibe una invitación para un cóctel siempre se debe contestar a la misma, ya sea para confirmar la asistencia como para decir que no puedes ir.
En mi caso no había habido invitación, más bien una orden tácita por parte de mi «jefe».
Segundo. El vestuario depende de las indicaciones que figurasen en la invitación. A falta de indicación, lo adecuado es un vestido de cóctel, es decir, uno en que la falda caiga un poco por debajo de la rodilla.
Con el hermoso vestido que me había dejado Ino, nadie diría que tenía más en común con los camareros que con los invitados.
Tercero. Se ha de dominar, al menos un poco, el arte de moverse en sociedad para poder desenvolverse entre los invitados con corrección. Saludar, presentarse, conversar…
¿Conversar de qué? Por Dios, yo no tenía nada en común con aquella gente, que parecía estar en la élite de la sociedad. Hablaban de casas en los Hamptons, vacaciones en Saint-Tropez o irse a esquiar a Aspen como si fuera lo más normal del mundo. Y yo, ¿qué les podía contar? ¿Qué la playa de la Malvarrosa era estupenda?
Cuarto. Es conveniente que las conversaciones que se mantengan sean breves y amenas, sin entrar en temas relevantes. Se ha de tener en cuenta que es un lugar para iniciar un acercamiento, ya sea personal o de negocios, no para profundizar ni entrar en detalles.
Ese punto pensé que sería fácil. Como no tenía nada que decir la idea era sonreír como una lela y no hablar con nadie.
Quinto. Dependiendo del tipo de cóctel al que estés invitado, no está de más llevar unas tarjetas de visita en el bolsillo. Siempre puede surgir la oportunidad de conocer personas que puedan ser buenos contactos para los negocios, o simplemente en el ámbito personal y las relaciones sociales.
Ese punto me sorprendió. Me parecía evidente que no iba a intercambiar tarjetas con nadie, básicamente porque yo no tenía tarjetas de visita, pero me descolocaron un par de hombres que me entregaron su tarjeta con disimulo y un giño conspirador.
Sexto. Un cóctel no debe pasar de las dos horas de duración —¡yuju!—, y se puede llegar de forma escalonada al evento, es decir, que no es obligatorio llegar al principio del mismo.
Séptimo. Se pueden poner dos mesas, una con la comida y la otra con la bebida, la cristalería y la vajilla, pero muchos organizadores optan por que las bandejas de aperitivos y bebidas circulen de forma continua en manos de los camareros. No está bien visto que alguien llame a un camarero para que rellene su copa o le traiga más canapés.
Parecía ser que nadie había informado a mi acompañante de este punto, porque cuando probé un canapé, de una pasta deliciosa pero inidentificable, e hice una mueca de pesar cuando fui a coger otro y me di cuenta de que ya no quedaban más en la bandeja, Itachi ordenó al camarero, de forma tajante, que consiguiera más.
Octavo. La forma correcta de estar en el cóctel es de pie con una copa en una mano y una servilleta en la otra. Pueden haber ocasiones en las que se ponga alguna silla, pero estarán reservadas para personas mayores o que realmente la necesite.
Por Dios, yo realmente necesitaba sentarme. Los zapatos que me había puesto de doce centímetros de tacón me estaban destrozando los pies.
La servilleta es conveniente tenerla en la mano izquierda para poder saludar y tomar aperitivos con la derecha. Los aperitivos y canapés deben tener el tamaño adecuado para poder tomarlos de un solo bocado, y en su mayoría estarán preparados para tomarse con la mano sin tener que mediar la utilización de cubiertos. No se debe de abusar de la comida, no es bueno dar sensación de hambre.
Como yo estaba nerviosa y no quería hablar con nadie, pensé que lo mejor era mantener la boca llena para disuadir a cualquiera que quisiera entablar una conversación conmigo. Todo fue bien hasta que Itachi tomó un canapé y me lo metió él mismo en la boca, de forma lenta, mirándome profundamente mientras me lo comía.
—No sabes lo que me excita tu boca cuando comes —musitó con voz ronca. A partir de entonces me fue imposible probar bocado.
Noveno. Se debe evitar cualquier comportamiento reprobable, como hablar con la boca llena, beber más de la cuenta, conversar con la voz demasiado alta, saludar con las manos sucias o cualquier otra acción que pueda resultar vergonzosa.
¿Tirar el contenido de una copa en la cara de otro invitado se consideraría una acción vergonzosa? Porque al final de la velada lo acabé haciendo, y sin la menor vergüenza.
Décimo. Es conveniente comportarse de forma natural. Fingir lo que uno no es siempre trae complicaciones.
Ese último punto me lo tenía que haber tomado como una advertencia.
