La policía llegó al día siguiente para tomarme declaración, con una actitud bastante tensa y mirando a Itachi con cierto resquemor, pero después de ver mi estado su actitud se ablandó de forma considerable. Durante casi dos horas me hicieron mil preguntas, tratando de esclarecer sin resultado las razones que habían motivado a un hombre, en apariencia respetable, a actuar de ese modo. Les conté lo que Pain me había confesado, que había matado a su mujer para luego fingir su suicidio. Que quería acabar con mi vida, y luego con la vida de mi hijo. ¿Por qué? No lo sabía. Anotaron cada palabra con detalle para ponerse en contacto con la embajada de Estados Unidos e informarles de los hechos.
Itachi escuchó todo en silencio con gesto pétreo, sentado a mi lado con actitud protectora, tomando mi mano para transmitirme su fuerza y su apoyo. En cuanto detectó el primer atisbo de cansancio, les pidió a los policías que me dejaran descansar.
—¿Por qué no intentas dormir un poco? —propuso Itachi con la intención de cerrar la puerta de la habitación para darnos un poco de intimidad—. Orochimaru ha ido a recoger a tu abuela y a Daisuke al hotel. Aún tardarán un poco en… —se interrumpió cuando su mano estaba ya tirando del pomo, distraído por algo que había visto en el exterior—. Hola, Big Jiraiya.
—Itachi, me acabo de enterar de lo ocurrido. —La voz de Big Jiraiya me llegó amortiguada por la distancia—. He venido a ver cómo está tu… amiga.
—Es algo más que una amiga —declaró Itachi, cortante. Su cuerpo estaba tenso y había adoptado una actitud defensiva, como si ese pobre anciano tuviese la culpa de algo.
Agucé el oído para no perderme detalle de lo que estaban diciendo.
—Sí, me di cuenta de eso por la forma en que te comportaste en la fiesta. Solo quiero disculparme con ella por lo que ha pasado.
—Tal vez en otro momento, Big Jiraiya. Ahora está cansada y…
—Vamos, Itachi, déjale entrar. Me gustaría mucho hablar con él.
Itachi me observó indeciso, como sopesando mi estado de cansancio y mi determinación por hablar con Big Jiraiya. Pareció ganar mi determinación, porque se separó de la entrada y lo dejó pasar a regañadientes.
—Está cansada, la acaba de interrogar la policía, así que procura no alargarlo demasiado —advirtió Itachi en un murmullo bajo, que no debería haber oído, pero que oí.
Solté un bufido y Itachi me miró con total inocencia.
—Perdona su comportamiento —me excusé con el anciano—. De vez en cuando se pasa de protector y…
—¡Dios Santo! ¿Eso te lo hizo Pain? —preguntó Big Jiraiya al entrar, mirándome la cara conmocionado.
«Tal vez debería plantearme pedir un espejo para poder mirarme», pensé, un poco asustada al ver cómo estaba reaccionando la gente al verme.
—No hay nada fracturado, solo son unas cuantas contusiones que no tardarán en desaparecer —aclaró Itachi, intuyendo mi miedo.
—No entiendo qué clase de locura le pudo llevar a cometer un acto así —se lamentó el hombre—. Itachi, sabía que te guardaba rencor por lo de tu aventura con Konan, pero llegar a hacer daño a tu chica por eso…
Itachi y yo intercambiamos una mirada de entendimiento, y llegamos a la misma conclusión. Mejor que se lo dijéramos nosotros que se enterara por la policía. Mientras él cerraba la puerta de la habitación para que nadie nos molestara, yo le pedí a Big Jiraiya que se sentara en uno de los sillones que había al lado de la cama.
Le conté lo que había pasado, todo lo que Pain me había confesado antes de morir, mientras el pobre anciano me miraba con una mezcla de dolor y resignación. Me dio mucha pena. Se había quedado solo, la única familia que le quedaba se había destruido. Y me miraba con un brillo de súplica, solicitando perdón porque alguien en el que él había depositado toda su confianza y su cariño casi hubiese acabado con mi vida.
—Big Jiraiya, tú no tienes la culpa de nada.
—Tendría que haberme dado cuenta —masculló, y supe que arrastraría esa culpa lo que le quedaba de vida—. Tendría que haber intuido algo. Siempre he alardeado de poder calar a las personas, pero desde que mi mujer murió no he estado muy al tanto de lo que pasaba a mi alrededor. Y Konan… ¡Dios mío! Acabó con ella con total impunidad y nunca sospeché nada. Todo lo contario, le brindé mi apoyo y mi cariño durante los últimos años —musitó, enterrando el rostro entre las manos, hundido.
—Nos engañó a todos, Big Jiraiya —murmuró Itachi, conmovido, apretándole el hombro en gesto de apoyo—. No debes culparte.
—Eres un buen muchacho, Itachi. Perdona por haberte juzgado mal —murmuró, posando su mano sobre la mano de Itachi, apretándola con gratitud—. Lo que no termino de entender es por qué te querría hacer daño a ti —dijo, mirándome con el ceño fruncido.
En ese momento se oyó un suave golpeteo en la puerta y se abrió con lentitud, dejando asomar el querido rostro de mi abuela.
—¿Podemos pasar?
—Claro, abuela, adelante.
Big Jiraiya se levantó como un resorte. Era de la vieja escuela, lo que significaba que era incapaz de permanecer sentado cuando una mujer entraba en una habitación. Mi abuela entró en la habitación y se quedó paralizada al verle.
—Sinclair, cariño, no sabía que tenías visita. Podemos esperar fuera si…
—¿Sinclair? —preguntó Big Jiraiya, confundido.
—Es mi nombre —aclaré—. Podéis pasar, abuela, es un amigo —aseguré, con una sonrisa—. Big Jiraiya, esta es mi abuela Tsunade.
El hombre la saludó distraído, todavía mirándome fijamente.
—Sinclair es un nombre poco común —musitó.
—Lo sé, era el apellido de mi padre, pero me lo pusieron de nombre —expliqué, sin entrar en demasiados detalles.
Vi que Big Jiraiya palidecía ligeramente.
—Mamá, el señor Sen nos ha dicho que luego podemos ir a comer una hamburguesa —anunció mi hijo, el hamburguesadicto, entrando en la habitación con su habitual ímpetu infantil—. ¿Qué tal te encuentras? Vaya, hola —saludó con una sonrisa tímida al ver a Big Jiraiya.
—Big Jiraiya, este es mi hijo Daisuke. ¡Big Jiraiya! —exclamé alarmada al ver que el anciano se tambaleaba.
Itachi lo ayudó a sentarse, con mirada preocupada, y se acuclilló a su lado.
—¿Te encuentras bien? ¿Quieres que llame a un médico?
—No lo entiendes… se llama Sinclair… y su hijo… su hijo… —balbució el anciano, mirando a Daisuke con los ojos llorosos—, es la viva imagen de mi hijo a su edad.
Itachi se quedó mirando un momento a Daisuke, y luego me miró a mí con una expresión que no pude descifrar.
—Preciosa, ¿cómo se llamaba tu padre?
—Kizashi Sinclair —contesté, sin entender—. ¿Por qué lo preguntas?
Los ojos de Itachi se dilataron por el asombro, y luego una sonrisa insegura se dibujó en su boca.
—Preciosa, Big Jiraiya es su apodo —aclaró—. Permíteme presentarte a Jiraiya Sinclair… que por lo que parece es tu abuelo.
—La verdad es que sí que hay parecido —musitó la abuela, rompiendo el silencio conmocionado que había inundado la habitación, mirando a Daisuke y a Big Jiraiya alternativamente—. Los ojos son idénticos, y Daisuke apunta a convertirse en un hombre tan grande como él. Es el más alto de su clase —añadió con orgullo.
—Te lo dije en la fiesta, ¿recuerdas? —me dijo Big Jiraiya—. Que me recordabas a mi mujer. Eres la viva imagen de ella. —Su voz estaba recuperando la entereza y su rostro volvía a tener color—. Sí, señor. Tengo una nieta —declaró, con una sonrisa de inmensa felicidad.
—Big Jiraiya, mi padre nunca me reconoció de forma legal. Creo que siempre dudó de que yo fuera realmente hija suya —admití, sincera.
—Tonterías, solo hay que verte o ver a tu hijo. Es evidente que lleváis mi sangre. Si no te reconoció, posiblemente fue por evitarle sufrimientos a su mujer —explicó Big Jiraiya—. Mi nuera tenía una salud muy delicada y le hubiese hecho daño saber que él había tenido una hija de otra.
—Entonces, ¿tú eres mi bisabuelo? —preguntó Daisuke, con los ojos dilatados.
—Sí; y tú mi bisnieto —afirmó con entusiasmo, mirándolo con orgullo. Parecía que hubiese rejuvenecido diez años en unos minutos—. ¡Un bisnieto! —exclamó, como si no terminase de creérselo.
—Y espero que pronto tenga alguno más —susurró Itachi en mi oído, lanzándome una mirada incendiaria que prometía esforzarse todo lo posible para dejarme embarazada pronto y que me hizo contener el aliento.
Mis labios se comenzaron a estirar en una sonrisa que tuve que abortar antes de completarla por el dolor que me causó, pero mi ojos le transmitieron que estaba muy a favor de ampliar la familia en cuanto fuera posible. Me encantaban los niños, y la posibilidad de darle hermanos a Daisuke…
Tenía que haber sido un susurro solo para mis oídos, pero Big Jiraiya lo captó. Miró a Itachi repentinamente serio.
—Muchacho, no habrás mancillado a mi nieta, ¿verdad? —soltó a bocajarro. Puse los ojos en blanco mientras Itachi comenzaba a boquear.
—Creo que este grandullón y yo vamos a llevarnos muy bien —sentenció la abuela con una sonrisa.
