Teme a la vieja sangre
Para hacerle honor a este fin de semana, les dejo el primer capítulo lleno de suspenso de una historia que les erizara la piel. Espero les guste esta noche perfecta para publicar un cuento de terror.
Una historia inspirada en un juego con Itachi desvelando los secretos más oscuros de Konoha y sus cimientos.
Itasaku AU
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Cuando abrió los ojos, todo estaba cubierto de oscuridad. Estaba de espaldas y tendido sobre una superficie plana, tenía las manos atadas y su ropa se sentía demasiado pesada. Parpadeó tratando de ajustarse a la inexistente luz en la habitación.
Sopeso si moverse, pero se mantuvo quieto tratando de reconocer los sonidos alrededor; había una respiración acuosa y agitada que se escuchaba cerca, el crujido de madera vieja bajo pasos lentos y pesados en la lejanía, hasta que un grito desgarrador demasiado inhumano lo congelo.
Un miedo, poco familiar, lo mantuvo inmóvil, preguntándose dónde estaba: recordaba nada. Cerró los ojos con fuerza y trató de concentrarse, pero fue inútil. Otro grito salvaje lo obligó a prestar atención nuevamente a su entorno; esta vez el sonido parecía provenir desde el exterior. Sus ojos se abrieron, su corazón estaba latiendo demasiado rápido; necesitaba moverse, pero su cerebro lo inundó de ráfagas de pánico líquido cuando descubrió que estaba atado a la mesa.
-Muévete... - se dijo a sí mismo en un susurro, implorando mentalmente que su cuerpo respondiera. Apretó los dedos de sus manos y una oleada de alivio lo recorrió: sus músculos funcionaban.
Con las manos en un puño, tensó sus muñecas y tiró, los amarres se soltaron fácilmente, liberándolo. Espero un momento antes de volver a moverse, la oscuridad era cegadora y los ruidos extraños sólo lo alteraban más.
Apoyó los antebrazos y elevó su espalda para mirar alrededor, con su vista relativamente ajustada pudo distinguir sombras quietas en las paredes.
Lentamente se sentó para comprender que había estado acostado sobre una camilla de madera, su pierna se estiró y chocó con algo duro; el tintineo del vidrio contra el metal le hizo fijar la vista en la botella colgando a un lado: era una vía intravenosa. Buscó la manguera y la encontró conectada al pliegue de su brazo. Un líquido rojizo goteaba suspendido y estaba entrando directamente en él.
Asustado por no saber qué le estaban administrando, tiró bruscamente. El catéter rasgó su piel cuando forzó la salida, el dolor agudo pasó a segundo plano cuando el líquido rojo salpico por todos lados. No supo si fue su sangre o el líquido en la botella, pero no quería averiguarlo. Un hilo caliente fluyó de la herida abierta, por instinto presionó su palma para detener el sangrado.
En ningún momento dejó de prestar atención a su entorno. Había estado atado y no podía recordar cómo llegó a este instante.
Se movió lento y arrastrado hasta que sus pies colgaron del costado de la mesa. Sintiendo que había recuperado el control de sus extremidades, se deslizó por el borde. Cuando sus zapatos tocaron el suelo, cerró los ojos ante el marcado ruido que hicieron sobre la madera agrietada.
Se mantuvo completamente inmóvil por varios segundos, esperando a que alguien viniera hacia él, pero los segundos pasaron y sólo pudo escuchar nítidamente el sonido sordo de sus propios latidos como un tambor resonando en todos los rincones.
Flexiono sus dedos con cautela y reconocimiento sólo para distraerse: reconoció inmediatamente la sensación del cuero grueso estirándose sobre sus nudillos. Probó la flexibilidad y notó el calce perfecto. Aun así, no recordaba habérselos puesto.
Descartando el accesorio sin hacer el menor ruido, mordió cada punta y tiró con lentitud para descubrir sus manos; estaban sucias, sus uñas estaban agrietadas y mal cortadas, casi parecía haber cavado un hoyo con sus manos desnudas. Trató de forzar nuevamente sus recuerdos y averiguar cómo había llegado allí, pero otra vez falló.
Un alarido hizo eco desde fuera, congelándolo. Se pasó la palma húmeda y fría sin guante por el pecho sin reparar más en su vestimenta. Sea lo que fuese aquello, no tenía ningún deseo de encontrarlo.
"Necesito luz" se dijo mentalmente observando sin ver realmente a su alrededor. Volvió a ajustarse el guante y dio un paso hacia adelante, la madera crujió bajo su peso, obligándolo a moverse lentamente. Su antebrazo golpeó la botella suspendida en el aire, llenando la estancia con el suave ruido del agua salpicando.
Aun sin orientarse, observó con detenimiento el líquido dentro; era rojo, viscoso y asqueroso. Reconoció con horror inequívoco de que era lo mismo que le habían estado administrando por vía intravenosa.
Retrocedió aturdido y un borde afilado lo detuvo, obligando a su cuerpo a alejarse. Echó otro vistazo alrededor y reconoció más mesas y soportes de goteo junto a ellas, exactamente iguales a la suya. Un destello blanquecino de luz desde una ventana superior le dijo que era de noche allá fuera.
Se movió con lentitud para recorrer el espacio. Las paredes estaban cubiertas de estanterías altísimas atestadas de libros. Contó mentalmente las mesas dentro, eran siete y sólo una de ellas parecía tener a alguien más. Se acercó con cuidado, pero un ruido húmedo lo hizo detenerse; un vano arqueado que daba a otra habitación.
El espacio estaba tenuemente iluminado por lámparas de pared amarillentas y suaves, sugiriendo un sendero sobre los pisos de madera oscura y acaramelada. Dio varios pasos tentativos hasta que el ruido húmedo regresó tortuoso y mucho más fuerte.
Apretó los dedos contra la madera, el cuero de su guante rechino por la presión ejercida, ahogando cualquier sonido excepto el ruido mojado, los crujidos intermitentes, los gruñidos apagados y el rechinar de dientes. Tardó un momento en comprenderlo, pero un espanto súbito lo apreso cuando los reunió: era el sonido inconfundible de la masticación.
El estruendo de algo quebrándose bajo excesiva presión, le hizo apretar sus propios dientes y tensar cada músculo de su cuerpo; algo no andaba bien.
Quería mirar, pero un miedo crudo lo mantuvo en su lugar. Sus oídos palpitaron amplificando el sonido dentro de su cabeza y ensordeciendo todo. El tiempo pareció correr vertiginoso, arrastrándolo hacia la desesperación.
El dolor de sus dedos bajó la presión excesiva lo sacaron de su marasmo y aquella eternidad no fue más de un minuto. Mecánicamente se apartó del vano de madera y regresó al cuerpo sobre la camilla dura.
Sus pasos fueron tan silenciosos que dudo incluso de haberlos oído él. Se detuvo a una distancia prudente y observó la forma. Su atención se dividió en dos, aumentando la tensión de su cuerpo y mente.
Estaba cubierto por un paño que en otros tiempos había sido blanco; una mancha borrosa y oscura cubría la superficie irregular. Necesitaba acercarse más.
Y mientras más disminuía la brecha entre él y la camilla, más nítida se volvía la silueta: era una persona.
El perfil de su rostro estaba cubierto y con horror descubrió que aunque los extremos colgantes de tela aún eran blancos, donde debería haber estado su faz, sólo había una masa oscura.
Se detuvo dudoso de tocarlo, pero reacio y con la respiración frenética se obligó a recorrerlo con la mirada y las náuseas fueron súbitas revolviendo su estómago. La sábana estaba cubriendo un cadáver y era lentamente empapada por una masa sanguinolenta y brillante.
Volvió a retroceder aturdido con el estómago revuelto y un grito de horror contenido en la garganta con su mano enguantada. El olor era nauseabundo y penetrante, haciéndolo sentir enfermo.
El terror desconocido, el olor familiar, la oscuridad, el ignoto lugar lo hizo recular. Su huida fue lo que provocó la debacle.
Un soporte de goteo cayó al suelo enredándose con otra y otra, y las botellas llenas de líquido estallaron en cientos de trozos contra el piso. El ruido constante y lejano de pronto cesó, y el tiempo pareció detenerse y el gruñido espeluznante apagó todo alrededor. El pánico inundó sus venas como hierro líquido: lo había descubierto.
Se negó a permanecer paralizado por el miedo, su cerebro estaba luchando entre huir despavorido o razonar lo desconocido. Y aun así, la única salida estaba a través del vano hacia la otra habitación. Sus ojos se afilaron mostrándole la puerta con la mitad superior de vidrio esmerilado que lo miraba burlón desde el otro extremo.
El gruñido se hizo más fuerte cuando una forma se sacudió dentro de la oscuridad, obligándolo a centrar su atención. Fuese lo que fuese aquello, no parecía haber quedado satisfecho.
Aunque sus ojos se habían ajustado a la oscuridad, era incapaz de distinguir entre las sombras danzantes y su cerebro sobre estimulado lo estaba llenando de imágenes aterradoras. Oyó un ruido reptante, humedad goteante y un rugido ensordecedor.
Rasguños arrastrantes contra la madera vieja se hicieron más cercanos hasta que una silueta creciente se detuvo a menos de cuatro pies, sus oídos zumbaron al distinguir una criatura desconocida justo frente a él.
Su pelaje negruzco brillaba rojizo a la luz de las lámparas moribundas, dientes alargados y filosos rezumaban saliva espesa de su barbilla. Era más grande que el mismo y sus ojos amarillos estaban fijos en los suyos.
Su mente en pánico le indicó recular, pero el mínimo movimiento gatillo la inhumana forma saltó directo hacia él, inmovilizándolo. Si está era la manera en que moriría, esperaba que le rompiera el cuello antes de comenzar a comerlo.
Un golpe atronador en la distancia y el destello de una explosión detrás de la criatura lo cegó y ensordeció momentáneamente antes de sentir la aguda picadura de las garras contra su pecho. Cuando su cabeza golpeó una mesa y rebotó contra el duro suelo, su último pensamiento se perdió en la bruma de la inconsciencia.
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Todo pareció la repetición de un programa demasiado trillado en la televisión. Sus ojos se abrieron de golpe para sólo conseguir oscuridad insondable a su alrededor. Su mente pensó que esto ya lo había vivido, pero el peso extra sobre su pecho le dijo que no era exactamente igual.
Seguía siendo de noche fuera de la ventana, pero ahora fue más difícil penetrar la oscuridad. De pronto el peso extra se movió y él se congeló.
- Estás despierto... - era un susurro suave y muy, muy bajo. Si el silencio no fuese tan invasor, podría no haberlo oído. El aliento tibio le hizo cosquillas en la barbilla y su cuello.
- ¿Quién eres..?. - preguntó escudriñando su forma y fallando miserablemente.
-Shhhhh... No hables tan fuerte, puede haber más de ellos. - ella se agitó sobre él forzándolo a permanecer completamente quieto. Era una mujer notó no sólo por su voz, sino también por el roce de sus formas contra él.
- ¿Quién eres? - demandó está vez con la voz tan baja como su garganta seca se lo permitió.
- Eso no importa. Debes irte. - las curvas femeninas se aplastaron contra él haciéndole apretar los dientes. Estaba aterrado, pero no era de piedra.
-¿Por qué? - susurró, su aliento golpeó contra ella y, su pequeño y delgado cuerpo, se estremeció manteniéndolo en su posición.
- Logré salvarte por poco, pero debes irte. Yo puedo defenderme sola, pero tú no. - sintió las ajenas manos escarbar sobre su costado.
Él permaneció inmóvil esperando expectante. Hubo un ruido metálico arrastrándose torpemente a su costado y se llenó de temor cuando sintió la mordedura del acero contra la piel. Se tensó instantáneamente.
¿Lo iba a matar ahora? Se cuestionó con el corazón repentinamente en la garganta.
- Toma. - ella empujó el metal contra su cuello, y el cuerpo duro que la sostenía se sobresaltó. Cuando vio que él no se movía, repitió la acción. - Vamos. - lo instó.
Eso pareció despertarlo. Con una lentitud intencional palpo la forma de ella por sobre su ropa hasta que su mano tocó el metal frío que le estaba ofreciendo.
- Esto... - preguntó en un susurro. Tardó un momento en reconocer la forma: era un tubo metálico alargado con un gatillo en un extremo. Tragando con dificultad confirmó sus sospechas: era un arma.
- La necesitarás. Esta noche es noche de cacería y los extranjeros no son bien recibidos. - el peso de pronto se concentró en sus pectorales cuando sintió sus manos apoyarse contra él y alzarse.
Los muslos suaves se arrastraron por sus caderas estrechas y se deslizaron lejos de él. En un momento estaba de pie a un costado de la mesa y lo miraba con ojos brillantes a través de una mata de cabello claro.
- Vamos, levántate. - lo apremio, tirando de la solapa de su abrigo. Itachi se enderezó mecánicamente hasta quedar sentado. Se sintió perdido momentáneamente hasta que vio a la mujer junto a él darle la espalda. Se dejó caer al suelo de pie nuevamente, notando lo pequeña que era a su lado.
Echó un vistazo alrededor, reconociendo inmediatamente la misma habitación, miró el suelo para ver una forma gigantesca amontonada en un rincón. El pelaje frondoso y oscuro parecía erizado desde su posición.
- ¿Qué es eso? - preguntó sin dejar de observar la forma gigantesca.
- Lo que debes cazar, ahora vete. - lo empujó con puños sobre su costado. Eran suaves, por lo que ni siquiera se movió.
- ¿Qué está pasando aquí? ¿Dónde estoy? - preguntó. Un dolor de cabeza atravesó fulminante sus sienes.
- Lo sabrás pronto, pero ahora debes irte, por favor. - había súplica implícita en sus palabras, pero era difícil confirmarlo con el tono tan bajo de su voz.
- Dime tu nombre. - por lo menos debía saber el nombre de su salvadora. Intentó en vano ver sus ojos en la oscuridad.
- Eso no importa. - la vio alejarse de él y tirar de su muñeca; tenía una fuerza inusual para alguien tan pequeño. Lo arrastró a través de la habitación y le señaló una nota sobre una silla. - Eso es para ti, léelo y vete. - lo soltó y se alejó de él.
Escudriño el papel y frunció el ceño, esto era demasiado extraño. Con sus dedos entumecidos cambió de mano la pistola y abrió la nota. La letra le pareció familiar a simple vista, se parecía mucho a su propia letra, pero no pudo confirmar su procedencia. El mensaje era corto y claro.
"No sucumbas a la sed de sangre" eso era todo.
Miró el reverso, pero no había nada más. Extrañado se giró para buscar a la mujer, pero ella estaba en la otra habitación, había abierto la puerta y lo estaba esperando impaciente. Su atuendo blanco era lo único que podía distinguir en la extensa oscuridad.
Dejó el nota donde estaba y fue a su encuentro pausadamente. Las lámparas en la pared habían sido rotas, el piso crujió bajo su peso, notando inmediatamente lo resbaladizo y pegajoso que estaba la madera a su paso.
Había más camillas con soportes ocupando el espacio y sintió un escalofrío cuando notó una masa amorfa y sangrienta en un rincón. No necesitaba pensar demasiado en ello, pero estaba seguro de que había sido la última comida de aquella bestia.
La mujer lo tomó del antebrazo y lo apresuró a su lado, tirando de él a través de la puerta, está se cerró tras ellos.
- Sigue por este pasillo, la puerta está al final. - volvió a empujarlo hacia adelante. La oscuridad era espesa en el pasillo sin ventanas.
- Dime cómo te llamas. - volvió a pedirle. Podría volver a ella en algún momento.
- Insisto, no es necesario. Quizás ya no esté aquí si regresas... - su mano cálida se apoyó contra su pecho.
- El mío es Itachi... - le susurró suave, la vio alejarse de él dando un paso hacia atrás, el calor de su mano desapareció rápidamente y pareció fundirse con las sombras
Los pasos amortiguados, el roce de tela pesada contra el piso lo hizo buscarla en el espacio. El tintineo de vidrio contra vidrio llamó su atención a un lugar que no podía ver.
- Ven. - sintió la mano cálida una vez más en la piel desnuda que dejaba al descubierto una parte del guante. La sensación lo estremeció y la siguió atontado hasta que se detuvieron junto a la puerta. - Toma. - el tintineo de vidrio chocando se hizo más nítido ahora.
Presionó su mano y luego sus dedos para cerrarlos sobre algo parecido a tubos alargados, eran del tamaño de su palma abierta.
- ¿Qué es esto? - era inútil tratar de verlos en la completa oscuridad.
- Mi sangre. - susurró ella contra él, Itachi se congeló. - Te mantendrá con vida, no la desperdicies. - volvió a apretar sus dedos alrededor de los frascos.
- ¿Por qué...? - el susurro bajo salió casi sin aliento.
- Lo necesitarás. Intentaré tener más si vuelves, pero si no me encuentras, busca en el segundo piso en la tercera puerta a la izquierda. - la madera crujió cuando la puerta se abrió.
Itachi se quedó estático unos segundos tratando de escudriñar la oscuridad para ver el rostro de su salvadora, pero ella se mantuvo detrás y la luz entrando desde fuera fue incapaz de iluminarla.
- Gracias. - dijo a cambio. El arma pesó en su mano cuando la acomodó aferrándose a la empuñadura. La mujer abrió más la puerta y lo empujó fuera. Su rostro pálido se asomó por el espacio y sus ojos verdes y cabello rosa iluminado a la tenue luz de la luna lo enmudeció.
- El mío es Sakura. - una sonrisa suave lleno de calidez su apretado pecho. - No sucumbas a la sed de sangre, Itachi. - y la puerta se cerró de golpe.
Itachi permaneció aturdido mirando la puerta cerrada, pero sólo duró unos segundos. Un escalofrío recorrió su espalda cuando una respiración agitada se oyó a varios metros de distancia. Inconscientemente apretó el arma, su única protección. Los viales de vidrio crujieron en su mano cuando la apretó.
Se pegó a la pared y miró el abrigo que llevaba a la luz de la farola a un costado. Vestía un abrigo de cuero largo con el cuello alto, su pechera era una hilera de broches que la sostenían al centro simulando una armadura de cuero tachonado y los guantes oscuros cubrían sus manos por completo.
También llevaba botas altas que cubrían la mitad de sus pantalones y una pernera se amarraba a su pierna derecha por dos correas sobre su muslo. Llevaba un bolso pequeño cruzado sobre su hombro que descansaba a un costado de su cadera. Había una cadena brillante enredada en la tela arrugada que envolvía su cuello y lo protegía del frío.
Miró hacia abajo y descubrió una máscara escondida que estaba amarrada alrededor de su cuello. La estiró con cuidado para inspeccionar y notó que calzaba perfectamente sobre su rostro y cubría completamente su barbilla, boca y nariz. Olía a sudor rancio, pero podía respirar perfectamente por ella.
Metió los viales dentro de la bolsa a su costado e inspeccionó el cañón del arma que Sakura le había dado. Era de fuego y parecía un diseño antiquísimo. Recordaba haber visto su diseño en algún libro de historia antiguo y eso lo hizo revisarla más a fondo, era muy parecida a un trabuco, pero modificada.
Una pistola con un cañón de boca ancha y tallados delicados sobre él. La culata era de madera revestida de cuero enrollado. Todo lo demás: gatillo, martillo, guarda y miras eran de metal. Aún quedaban balas, notó.
Un aullido lo volvió a la realidad. Estaba a los pies de la escala en la puerta trasera de una construcción vieja y muy alta. Miró hacia arriba y luego hacia atrás: había una reja con las puertas completamente abiertas y daba a un jardín enorme y muy descuidado. Árboles casi secos daban sombras esqueléticas sobre la tierra gris.
Caminó a paso lento manteniendo su atención en los alrededores, a lo lejos se podían escuchar gritos agudos y guturales, que se apagaban rápidamente. Había torres de humo que subían hacia el cielo y dejaban un olor acre en el aire.
Ajustando la máscara de cuero sobre su boca y nariz reanudó el paso hacia las puertas abiertas en la distancia. Al otro lado lo recibieron hileras de tumbas destruidas y apiladas unas con otras. Las lápidas sobre el suelo, partidas o simplemente destruidas hacían un cuadro lamentable.
Regresó la vista al edificio que acababa de abandonar y descubrió que era una clínica. Estaba en un estado igual de deplorable que el cementerio en su patio trasero. No había una sola luz encendida dentro de la construcción, haciéndole preguntarse dónde estaba Sakura.
El cuadro era horripilante en esta ciudad en decadencia. Los gritos eran espeluznantes en la distancia, y para ser de noche había demasiada actividad en ciernes. Un brillo llamó su atención en la distancia y se acercó para descubrir que era.
El cadáver de un hombre con la cabeza y el cuerpo en una posición antinatural le dio la bienvenida. Hizo una mueca ante la mancha de sangre negra debajo de él.
¿Quién tenía la fuerza suficiente para hacer eso? Se preguntó.
A su costado distinguió el brillo que había llamado su atención, eran viales de vidrio similares a los que le había entregado Sakura, pero éstos estaban opacos, no eran rojos sino de un tono más marrón y grasiento. No supo por qué, pero sintió asco. A un lado había un arma tirada.
Se apresuró a tomarla por balas, había tres. Revisó el alijo del difunto y encontró diez más; Sakura le había entregado viales, pero ninguna bala. Las guardó rápidamente en su bolsa y de una patada empujó el cuerpo para verle el rostro: si expresión era una mueca horrorosa y la boca abierta en un rictus de pavor.
No pudo apartar la mirada, una mórbida fascinación lo mantuvo atado demasiado tiempo.
El ruido de un hueso crujiendo lo hizo saltar hacia atrás, buscando desesperadamente el origen del sonido. Otro crujido lo hizo tomar el arma y sostenerla frente a él listo para disparar, pero lo que vio lo dejó completamente aterrorizado: el cuerpo roto frente a él de pronto se contorsiono sobre sí mismo y enderezó lentamente cada una de sus extremidades.
El rictus en su rostro cambió de miedo a locura. Los ojos antes apagados brillaron amarillos mientras los dientes planos se alargaron disparando todas sus alertas. Un pelo negruzco creció rápidamente en sus mejillas cuando se sostuvo contra cuatro patas animalescas.
Un miedo irracional lo tuvo presa el momento suficiente para que la criatura lo viera. El gruñido que le dedicó lo hizo temblar, sacándolo de su estupor. Esquivó por poco las garras que iban directo a su pecho.
La bestia estaba frenética, volvió a arremeter contra él y su cerebro se bloqueó.
¿Qué mierda estaba pasando?
Inició un baile torpe alrededor de la criatura que no paraba de atacarlo, desesperado por mantenerse ileso, el arma en su mano completamente olvidada. Estaba asustado, sin saber qué hacer.
Su pie chocó contra una lápida rota y tropezó hacia atrás. Las garras del hombre-bestia rascaron su pechera y penetraron el cuerdo duro dejando marcas sangrientas a su paso. Jadeo mientras se arrastraba lejos. La criatura corrió en círculos buscándolo y el miedo lo obligó a quedarse quieto; necesitaba actuar o moriría.
La bestia que con cada segundo que pasaba dejaba de ser más humana, había corregido su trayectoria directo hacia él.
-Muévete, muévete, muévete... - rezó en voz alta cuando el pánico lo mantuvo preso.
- ¡MUÉVETE! - gritó haciendo arder sus pulmones. La criatura rugió sobre el aire y sólo atinó a golpear la empuñadura del arma contra las fauces abiertas. El crujido del hueso rompiéndose lanzó al atacante dos metros hacia el lado.
La adrenalina recorriendo sus venas lo hizo saltar hacia atrás y empuñar el arma. El primer disparo rebotó contra la piedra, obligándolo a corregir su puntería. El animal salvaje ya se había recuperado y venía directamente hacia él. Su mano tembló cuando apuntó, el miedo de fallar lo tenía al borde de un ataque cuando vio que se sostenía sobre sus patas traseras y sobrepasaba su altura por más de un metro: era más grande y más rápido que antes.
Las garras afiladas rasgaron la piel de su brazo está vez, pero se mantuvo firme, necesitaba una abertura para disparar a su ojo. Afilo su vista en el destello amarillo que parpadeaba sobre su cabeza. Apretó los dientes cuando sintió que casi le arrancaban la piel del cuero cabelludo cuando las uñas largas se enroscaron en su cabello.
Advirtió el instante antes de que los colmillos goteantes mordieran sobre su rostro: apuntó y apretó el gatillo sobre el ojo amarillo que lo observaba con un odio desconcertante.
El estallido que le siguió lo dejó completamente sordo cuando la cabeza de la bestia estalló en pedazos. La sangre y trozos viscosos lo cubrieron dejándolo estupefacto. Tuvo que quitarse con el antebrazo la sangre que le impedía ver. Dio gracias a una fuerza desconocida por haberse ajustado la máscara sobre la mitad de su rostro.
Su respiración agitada lo tenía al borde de la hiperventilación. El miedo ahora disminuía en ondas dejándolo exhausto. Estaba sentado en el suelo cubierto de sangre ennegrecida y ahora sin la adrenalina recorriéndolo, el dolor de las heridas le impidió levantarse.
Miró entre la tela rasgada e hilos de sangre rojiza se precipitaban hacia el suelo, disparando nuevamente su pánico. Estaba herido y no podía moverse con libertad. La herida en su brazo dejaba ver la carne abierta casi hasta el hueso, miró hacia la clínica y se congeló cuando un grito femenino y desgarrador inundó el aire.
- Sakura... - susurró. Intentó en vano ponerse de pie, sus heridas eran demasiado extensas y se estaba desangrando.
Se dejó caer hacia el lado y tirando de su brazo sano se arrastró por la tierra mohosa del cementerio. Pensó en el rostro pálido con ojos verdes y rodeados de cabello rosa suave, y su pecho se apretó.
¿Él sufriría el mismo destino que ella? ¿Ambos morirían esta noche, solos y sin esperanza?
Estaba comenzando a tener frío ahora, no podría haber pasado mucho tiempo, se convenció. Renovó sus fuerzas y siguió arrastrándose sobre la tierra. La clínica parecía tan lejos ahora y Sakura ya lo había salvado antes.
Los viales en su bolsa chocaron y tintinearon, la voz de ella hizo eco en su mente "Te mantendrá con vida, no la desperdicies"
¿Era posible...?
Con la mano sana abrió la bolsa y rebusco dentro, sus dedos se apretaron contra el vial de vidrio y lo sacó para observarlo a la luz. La sangre roja se meció dentro como una ola en el mar, dejando una estela roja sobre el cristal.
Quitó la tapa y vio la aguja escondida debajo, no debía medir más de tres centímetros. Jadeo cuando el frío le recorrió la columna obligándolo a ponerse de espaldas para buscar algo de calor. Volvió a mirar a contra luz el frasco y sin pensarlo dos veces, ajustó la punta en su puño y la enterró en su muslo derecho.
Un calor anormal le recorrió instantáneamente el cuerpo y el dolor se desvaneció. La neblina que había estropeado sus ojos momentos antes, desapareció junto con todo lo demás.
El frío se desvaneció instantáneamente, un calor familiar lo recorrió como agua tibia. Se sentó de golpe para ver que todas sus heridas habían sido completamente curadas. Las revisó sin poder creerlo, el vial vacío cayó a su lado y se rompió.
Se puso de pie rápidamente y corrió hacia la clínica, golpeando bruscamente sobre la madera oscura. Su mano se entumeció bajo la temperatura fría y el retumbar de los golpes. El vidrio estaba roto en la parte inferior, pero sólo había obscuridad absoluta dentro. Forcejeo, tiró y finalmente decidió lanzar su cuerpo contra la superficie dura, pero la puerta estaba prácticamente tapiada, no hubo forma de abrirla.
Observó las ventanas, pero estaban protegidas por barras de metal y era imposible entrar por ellas aunque rompiera el cristal. Corrió rodeando la construcción y buscando una segunda entrada. Pero el edificio parecía no tener fin y cuando sus pasos lo dejaron a campo abierto al costado de una plaza, se detuvo en seco al ver las sombras moviéndose bajo el humo de las hogueras ardiendo desperdigadas por los alrededores.
Tembló mientras se agazapaba contra la pared detrás él desesperado por fundirse con el entorno y no ser visto. El aullido que rompió el silencio pronto se convirtió en un grito lleno de horror que hizo saltar su corazón y alojarlo en la base de garganta.
¿Dónde estaba? Se preguntó preso del miedo, Sakura completamente olvidada.
Un sudor frío hizo picar la piel de su labio superior y movió incómodo su cabeza tratando de mitigar la molesta sensación. El roce del cuero contra la superficie de piedra fue como uñas sobre un pizarrón en medio de la nada. Y se congeló cuando un ruido de pasos se hizo nítido en la distancia.
Y de pronto el ruido se volvió arrastrado sobre el cemento, con un gorgoteo húmedo de compañía. Sus entrañas se apretaron de terror, porque el sonido se amplifico y estaba cada vez más cerca.
Un gruñido bajo lo hizo girar el rostro, para encontrarse de frente con la criatura más espeluznante que jamás había visto; dientes largos y puntiagudos, ojos rojos brillantes y pelo negruzco brillando de humedad sobre su cara oculta.
Algo rezumaba pegajoso de entre sus dientes y alrededor de sus mejillas. Y cuando la luna se alzó anormalmente rojiza sobre el cielo e iluminó momentáneamente la plaza entre el humo de las fogatas que se alzaban, reconoció el carmesí de la sangre putrefacta cubriendo el horripilante cuerpo de la bestia, trayendo a sus fosas nasales el nauseabundo aroma de la carne descompuesta atrapada entre sus fauces.
En ese momento supo que no había forma de huir.
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No celebro Halloween, pero las historias de suspenso son maravillosas.
