CAPÍTULO 31
POV BELLA
Bella VS. El mundo
Alice corre tras de mí, luego de azotar la puerta de mi habitación, yo voy directamente hasta el baño privado y una ola de vomito surge de mi boca. Es incontrolable y escandaloso. Quisiera haberle puesto el seguro a la puerta, pero en mi prisa, lo he olvidado.
—¡Bella! — grita horrorizada entre mi llanto y mis arcadas.
Yo estoy incontrolable, no puedo parar de llorar. Mi hermana me sostiene el cabello a un lado y masajea mi espalda. Es un poco reconfortante.
Atrás noto como Jasper carga a la bebé y los gemelos tras sus piernas, me miran asustados.
Creo que fue un enorme error haberlos llamado o tal vez no.
—Lleva a los niños a la sala, cariño. ¿Quieres? —Ordena algo preocupada, de rodillas a mi lado.
Jasper no responde, parece un poco desesperado.
—Jazz — insiste mi hermana mientras yo me siento por completo en el piso.
El rubio obedece ciegamente y toma de la mano a los pequeños.
—¿Alguien quiere ver la televisión?
James habla preocupado.
—¿Está enfermita la tía Belly?
Jazzy mira a su papá con ojos vidriosos.
—¿Le duele la panzita a los bebés?
Yo soy un mar de llanto desconsolado, Alice me sostiene tan firmemente como puede y no dice nada, aunque sé que intuye perfectamente mis razones, se limita a acompañarme y a acariciar mi cabello en silencio. Dulcemente me deja llorar hasta que no me quedan lágrimas en ese momento. Cuando soy capaz de verla a los ojos, ella asiente.
—Respira, Bella. Debes tranquilizarte.
—Es.. Que... —de nuevo empiezo a llorar.
—Lo sé, linda. Lo sé.
Yo no puedo más y la abrazo fuerte.
—Vamos a la cama, no quiero que estés sentada aquí.
Al cabo de unos minutos, con los ojos hinchados y las manos temblorosas, le cuento un poco a modo de resumen lo que pasó anoche y lo que sucedió esta mañana. Al, no dice nada, se limita a acariciarme la rodilla suavemente y a mirarme con atención.
—Es normal, cariño — contesta —. Tú solo querías asegurarte que estaba bien, lo amas.
—Pero, ¿Cómo pudo? — vuelvo a llorar.
No sabe qué decirme.
—Al final realmente no conocemos a las personas, supongo — responde con un puchero triste.
Jasper toca la puerta, y asoma la cabeza.
—¿Todo está bien?
Yo ni siquiera lo miro, pero veo que Alice asiente.
—¿Están seguras? Puedo llamar a un médico.
Yo niego.
—Es vómito de bebés —medio sonrío —, es relativamente normal.
Mi cuñado apenas asiente, pero sé que no está en lo más mínimo convencido, mira a su esposa con gesto preocupado y hace una señal con la cabeza, al parecer quiere que salga.
—Un momento, querida. Creo que los niños necesitan algo.
Se aparta de mi lado y yo me recuesto en la cama a modo de posición fetal.
—No es posible — escucho cuchichear fuera de mi dormitorio —, no tiene vergüenza.
—¿Quieres que llame a la policía?
—¡Ni hablar! Esto lo arreglo yo.
—Alice, no vayas a cometer una tontería.
Yo me levanto un poco, pero la cabeza me da vueltas.
—¿Alice? ¿Está todo en orden? — pregunto viendo el piso girar.
Jasper entra enseguida.
—¿Necesitas algo?
Niego sosteniendo mi cabeza.
—Escuché ruido afuera, ¿está todo en orden?
—Sí, es solo que... Los pequeños han hecho una rabieta — contesta —. Pero, ¿Tú necesitas algo? ¿Qué tal un té?
—Estaría perfecto solo un vaso de agua.
Cuando abre la puerta para salir a la cocina, una conversación enérgica se escucha a la entrada de la casa, mi pulso se acelera al momento que reconozco una voz.
—Eres un... — se detiene —. No te vuelvas acercar a mi hermana, te lo advierto — sentencia Alice.
Jasper enseguida sale corriendo hacia la entrada y la alcanza, yo intento caminar porque apenas logro vislumbrar la cara de Edward, con gesto destruido.
—¡Chicos! — grito, pero al par de mis palabras, mi hermana le cierra la puerta en la cara y corre hasta a mí.
—¡Bella! —vocifera asustada, al mismo instante en que yo siento punzadas en mi vientre y caigo de rodillas, un tremendo dolor me atraviesa el cuerpo.
—No, por Dios, no — lloro desesperadamente.
—¡Jasper, sube a los niños al auto! Bella necesita ir al médico, ¡Ya!
El dolor incrementa tan fuerte que solo podría ser comparado con cólicos menstruales, pero cien veces peor.
—¡Alice, ayúdame por favor! Si los pierdo, me muero — sollozo.
—No los perderás, te lo juro que no.
Penumbra, apenas parpadeo.
Como un borrón, casi invisible, llegamos al hospital más cercano. Mi frente está perlada de sudor, apenas me doy cuenta de que me han subido a una camilla y varios paramédicos y enfermeras me rodean.
—Femenina de 27 años, embarazo múltiple, con aparente amenaza de aborto...
Yo estoy casi en el desmayo, el mundo se cierra y no sé más de mí.
…
Con el corazón completamente destrozado, la cara hinchada y los dedos muy delgados, cambio de página al libro que estoy leyendo, uno de mis favoritos. Mi mano duele al traer puesta la aguja del suero, pero voy lento. Muy lento.
"Si pudiera inventarse algo — dije impulsivamente — para embotellar los recuerdos, como los perfumes... Para que no se disipasen, para que nunca pudieran ponerse rancios... Cuando quisiéramos, podríamos destapar el frasco y sería como vivir de nuevo el momento guardado."
Leo la frase una y otra vez, la idea se me antoja, sería muy feliz. Cierro los ojos y me dejo llevar por los gratos recuerdos, desde un tropezón bochornoso, hasta un beso travieso al despertar, desde una mañana cualquiera, hasta una noche de lluvia.
—Oh, Daphne. Si tan solo lo que escribiste se pudiese hacer realidad, como un deseo, yo olería el perfume todos los días.
Mis pensamientos son interrumpidos cuando Alice entra a la habitación y me acomoda unas flores en la mesita de al lado.
—¿Cómo te sientes? — pregunta sentándose al borde la cama.
Yo le tomo la mano con dulzura.
—Mejor, ¿Los pequeños?
—En casa de mi suegra, Jasper te manda saludos.
Yo me siento avergonzada.
—Deberías estar con tu esposo y tus hijos.
—No te voy a dejar sola.
—No has ido a tu casa en días.
—Y no volveré a menos que vengas conmigo — me regaña —, esto que pasó no es cualquier cosa, Bella. Tuviste un desprendimiento de la placenta. Este embarazo además de delicado, subió a la máxima potencia de delicado. No puedo ni voy a dejarte sola, no soltaré para nada tu mano, hermana.
—¿Qué dirá Jasper? Él te debe extrañar.
—Ya hablé con él, no quiero... Es más, te prohíbo determinantemente que pienses, te preocupes u objetes algo que no sea en pro de tus hijos. Basta ya de preocuparte por los demás, él y los niños están perfectos y solo quieren lo mejor para ti.
A regañadientes, yo acepto, todo porque sé que esto es pensando en los trillizos que en mi misma, nada me importa más que ellos.
Y cómo era de esperarse, todo cambió.
A las dos semanas de hospitalización, yo salí directo a casa, sin siquiera caminar, por orden estricta de Alice, no del médico, me mantuve en todo momento en silla de ruedas, incluso mi cuñado contrató una camioneta especial para discapacitados, donde la misma silla cupiera.
Avergonzada y aún con un poco de miedo, accedí a cualquier tipo de cuidado por parte de mi familia.
Los únicos y primeros días luego de mi alta en el hospital, ya se había decidido —y no por parte mía —, que debía mudarme lejos del bullicio de la ciudad y más que nadie, de Edward.
Yo me sentía recelosa por dejar mi departamento, quien luego de tanto, se había convertido en un lugar especial para mí y el cual tenía bastantes recuerdos. Muy buenos.
Apenas y moví un dedo. Apenas y tomé decisión alguna.
Mi única responsabilidad era comer helado directo del bote y la de mi hermana, la de ordenar cada cinco minutos a Jasper, que había cambiado de opinión respecto a un mueble o el color de una pared en mi nuevo hogar.
Mi pobre cuñado, quedó molido en el mueble de la sala. Con tres angelitos encima suyo y Barney en el fondo del televisor.
A mi verdaderamente me daba mucha ternura.
Mi nueva casa, quedaba lejos del centro pero muy cerca del mar. Un lugarcito algo acogedor que me serviría por al menos los primeros meses de los trillizos y los finales de mi embarazo, porque a palabras de mamá osa, era lo mejor que les podía ofrecer. Tranquilidad, por lo menos en lo que pasaba el peligro, ya se me había anticipado que luego del nacimiento, la casa sería zona de guerra.
Todo aquello, me tomó asimilarlo un poco más de lo debido.
Yo aún extrañaba a Edward y me sentía apesadumbradamente sola.
Con toda la preparación mental que tuve antes de la inseminación, sabía que el proceso de buscar una familia, ahora correspondía llevarlo todo por mí misma, aunque eso ya lo sabía, todo aquello que conllevaba traer un bebé al mundo, en este caso, a tres. Pero algo tan delicado como ese pensamiento, se había cambiado por completo, por el solo hecho de haberlo tenido e involucrado en mi vida.
Es que un amor así, no desaparece de la noche a la mañana, uno que me había marcado para siempre y que me había hecho feliz por el corto tiempo que estuvo a mi lado.
Me enamoré demasiado rápido y hasta los huesos.
Aunque los chicos casi siempre estaban en casa, no era lo mismo. Una parte de mí, ya había idealizado la vida, ésta vida con Edward.
Ahora, no era como las novelas o películas románticas que a veces veía en la televisión. No llegaría mi flamante y guapísimo marido a besarme luego del trabajo, nadie se despertaría conmigo a las 3:00 am, casi de mala gana, medio dormido y cansado a complacerme algún antojo, por más extraño que fuese. Nadie me masajearía los pies, ahora que parecían ahora tampones enormes, que accidentalmente cayeron en agua, ¡Madre mía! ¿Por qué nadie te dice que se hinchan tanto? Pero sobre todo, y más allá de cualquier compañía o de cualquier capricho que se me pudiese cumplir, y que cualquier persona de mi familia podría realizar por mí, no era Edward.
Lo extrañaba, tanto que dolía.
Él nunca era impuntual, recibía llamadas todos los días, que solo me hacían querer contestarle y escucharlo, pero si solo me arriesgaba a escuchar alguna otra estupidez o algo que sencillamente rompiese la pequeña burbuja de estabilidad que apenas había construido, sencillamente no lo soportaría y sin más, todo llegó a su fin, cuando Al, se dio cuenta de los intentos de contactarse, y como adolescente en castigo, dio de baja mi número.
Apenas y pude anotar el número de la doctora Esme, quien más allá de ser la madre del hombre que amo con todo mi ser, se preocupaba genuinamente por mí.
—Bella, tú sabes que soy Suiza en este conflicto, y entiendo perfectamente la situación que atraviesas respecto a lo que pasó, pero yo creo que deberías escucharlo...
La doctora Esme, una sola vez logró conversar conmigo antes de dar de baja mi teléfono personal y eso, casi a escondidas de mi hermana. Yo sólo quería que supiera, que no estaba molesta con ella, ni con nadie, que le agradecía todo y que estaba bien... Relativamente bien.
—Solo sé que no puedo poner mi interés como mujer, antes como madre, sé que si no es ahora, será después cuando podamos hablar, pero soy débil, confieso. No puedo hablar con él ahora, tengo miedo. Soy una cobarde por no enfrentarme, pero ya sabe lo que pasó, no quiero vivir atormentada pensando que puedo perderlos.
—Edward no quiso lastimarte. Nunca querrá hacerlo, es que esa mujer está loca.
—Pero no me puedo arriesgar, amarlo me hace tan susceptible y tan... frágil. Una cosa más y yo lo lamentaré toda mi vida — argumenté —, ya ha pasado demasiado.
Quisiera poder hablar con él, cuando lo niños sean seres independientes de mí, cuando lo que yo sienta no los afecte físicamente a ellos, ¿Es egoísta de mi parte pedir
tranquilidad? Además, no sé que sea capaz de hacer Kate contra mí, de nuevo.
Ella no dijo nada.
—Como alguna vez te dije, siempre serán mi prioridad y solo por esta vez, te daré la razón.
—No le diga dónde estoy — imploré —, no quiero lamentar esta llamada.
—No diré nada, pero si me necesitas, Carlisle y yo estaremos gustosos en ayudarte.
—No pido más — respondí.
—Sé que la situación es precaria pero...
—Mi hermana y su esposo me están ayudando.
—Moralmente, pero ¿Cómo vas con lo financiero?
Aquello me produjo un enorme nudo en la garganta, por más que obvio, yo había renunciado al restaurante y sencillamente mi indemnización, junto con los gastos de la mudanza —que por supuesto, no le permití pagar a Alice —, yo casi estaba en números rojos.
—Algo saldrá — me limité a responder.
—No voy a permitir que tú y tus hijos pasen por situaciones de ningún tipo. Así que, mi esposo y yo, hemos decidido tramitar para ti, una tarjeta de crédito que por supuesto, nosotros pagaremos.
—No, yo no puedo aceptar...
Pero antes siquiera de objetar algo, no me dejó continuar.
—Doblega el orgullo un poco, Bella —me pidió con voz determinante —. Hazlo por ellos, por mí. No me permites seguir al pie, tu embarazo. Ni quieres venir a la clínica.
—No puedo vivir con el miedo de verlo.
—No te voy a obligar a nada, pero si algo te reconforta, míralo como un apoyo hasta que tú misma puedas trabajar. Yo no tengo problemas con eso.
—Es usted demasiado buena — lloré al teléfono.
—No digas eso, lo hago por los niños, por ti — suspira — y por mi hijo. Sé que él haría lo mismo o más.
Por supuesto que le platiqué a Alice todo lo ocurrido con la madre de Edward. Al principio, se negó rotundamente. Siempre me dijo que hacer ese tipo de cosas tan escandalosas por alguien que no es de tu familia, conllevaba a aceptarlo todo sin más. Yo nunca creí eso, porque sabía que la familia de Edward jamás haría algo malo que atentara contra mi o mis hijos. Al final y sin más remedio, me apoyó en aceptar la ayuda, porque de algún u otro modo, me podía ayudar pero era demasiado además de sus tres hijos. Y yo lo comprendía completamente, además de que jamás le permitiría cargar con la manutención de los trillizos y menos con el sueldo de mi cuñado.
Nadie planea las cosas para que salgan al pie de la letra, planeé este embarazo, pero nunca pensé que sería múltiple, estoy más que feliz con ello, así como tampoco planee enamorarme de mi jefe y terminar desempleada, no todo puede ser genial, ¿Cierto? La vida te da maravillosos hijos, pero te quita el empleo y además el amor de tu vida.
Eso me daba insomnio, un préstamo con el banco no me parecía tan loco antes de la propuesta de la doctora Esme, debo admitir, que me siento menos presionada y más tranquila, verdaderamente es un ángel.
—¿Qué tal si te pide verte cuando nazcan y trae a Edward? Quizá por eso te ayuda económicamente.
Yo me sentí nerviosa ante esa posibilidad.
—Ella no traicionaría mi confianza, nunca. Lo sé.
Además, me sentía más apoyada por ella que por mí misma madre, quien ahora comprometida y más enamorada que nunca, iba por Estados Unidos, recorriendo varios sitios con la firme promesa de volver para el día de mi parto.
Bueno, era más de lo que alguna vez se comprometió con estar conmigo o Alice. Y sencillamente, más de lo que esperaba.
Yo no necesitaba de nadie más, que de mí misma. Ya mi salud empezaba a mejorar cada día, incluso empecé a ir a una nutrióloga para poder cuidar mi alimentación, me revisaba la talla, el peso, constantemente iba con una ginecóloga, me hacía ultrasonidos, inclusive, me inscribí a una de esas clases de maternidad que se va en parejas.
Yo soy la única mujer soltera que asiste y aunque sin ser signo de vergüenza, me hacía sentir incómoda.
Todas las mujeres de mi clases, tienen marido o novio.
Y esas pequeñas cosas, me hacían pensar en él.
Hoy sencillamente, decidí traer a Alice.
Gustosa aceptó.
Pero pensándolo bien, debí mejor haber continuado sola. Los ejercicios de respiración son la cosa que siempre temo que nos toque practicar, parece el sonido que escucharías de una película para adultos, si pasases por la habitación de un adolescente y olvidase en cerrar la puerta.
Alice sobre exagera respirar.
Los novios nos miraban mucho, mientras que las mujeres, intentaban girar la vista a otro lado que no fuésemos ella y yo.
La maestra saludó a todos como de costumbre, incluso saludaba a las barrigas, ya con 6 meses de gestación soy una enorme bola de demolición, con piernas cortas y tobillos regordetes, he empezado incluso a usar esas ropas super anchas que herencia de mi hermana, me han facilitado la vida.
—Parezco un globo — chillé mientras me veía en el espejo.
—Te ves preciosa — aplaudió la duende —, este lo usé con los gemelos. Está como nuevo, ¿Ves? Lo usé en el último mes de embarazo.
Yo hice un puchero triste.
—Pero a mí todavía me falta un trimestre —respondí asustada.
—Bienvenida al mundo de las mamis, Bella. Vas a crecer más, ¡Por tres!—mientras me tomaba la barriga por la espalda y yo sonreía sardónicamente.
Ese pensamiento me causa un poco de incomodidad, pero bien, yo elegí esto.
Cuando la clase comienza, las madres nos debemos sentar en unas pelotas enormes para hacer yoga. Mientras tanto, la pareja, se debe colocar atrás de nosotras, masajear nuestros hombros y cantar un mantra, con una serie de ejercicios de respiración que nos ayudarán al momento del parto, supuestamente para poder centrar nuestras buenas energías en que los bebés nazcan pronto y poder controlar nuestro dolor, en el supuesto caso que sea parto natural, eso espero, de verdad que sí.
Es extraño ser la pareja lésbica de la clase, bueno, eso creían.
A Alice le provoca mucha gracia. Aunque ya se había aclarado eso, la gente aun así no dejaba de verlo raro.
Al salir de la clase, todos nos despedimos con una inclinación de respeto.
—Quiero que sepas que disfruto mucho venir a acompañarte. Como dicen los gemelos, las familias son de muchos tipos, o algo así decía la estúpida canción del dinosaurio morado. No entiendo, cual es el problema de que dos mujeres tomen clases de maternidad y paternidad.
Yo sonrío.
—La gente es tan anticuada — me sobo la barriga y ella pone la mano sobre la mía.
—Siempre juntas, siempre hermanas— la miro a la cara y casi se me rueda una lágrima.
—Como nos decía papá cuando peleábamos.
Se carcajea.
—¿Recuerdas esa vez que aprendiste la palabra divorcio?
Yo pongo los ojos en blanco.
—Lo escuché de una de las amigas de mamá...
—Cuando nos peleábamos, siempre le decías a papá que querías que yo te diera el divorcio porque no querías que fuera tu hermana.
La abrazo por la cintura.
—Qué bueno que nunca me lo diste, enana — la miro agradecida.
…
—Me parece increíble que aún no sepas qué son los bebés, ¿No le haz preguntado a la ginecóloga? —comenta mi madre al teléfono, mientras yo camino con una taza de fresas bañadas en chocolates blanco.
—Me ha ofrecido la oportunidad de saberlo, pero para qué más decirlo, si ella sabe que lo único que me interesa es saber si están creciendo bien.
Y vaya que lo hacían, con mis consultas a la nutrióloga, yo podía consumir lo necesario para que nada les faltase, además de las vitaminas.
Los tres crecen a buen tamaño y buen ritmo.
—¿No te da curiosidad? ¿Qué hay del color de sus ropas?
—Son bebés, mamá. A ellos o ellas no les importa de qué color en su ropita. Lo sabré el día que vengan al mundo — respondo con total despreocupación.
—Aun así, deberíamos celebrar su llegada al mundo, ¿Qué tal un baby shower?
Quizá sí estoy limitando las celebraciones, hace mucho que no celebro nada.
—No suena para nada mal. Mañana iré a revisión mamá — acaricio mi barriga —, ya son siete meses de cargar estaos angelitos — sonrío agradecida —, Alice irá conmigo, llevará a Jasper y los niños. Ella sabrá el sexo. Bueno, le diré a la doctora Leah que así deseo que sea, porque será sorpresa para mí.
—¿Sabes lo que hará cuando sepa que quieres un baby shower? Tirará la casa por la ventana, será un evento casi televisado, como la boda real.
—Es lo menos que le debo.
…
Cuatro gritos de felicidad, aturden mis oídos. Jasper mi cuñado y yo, nos tapamos los oídos al escuchar la respuesta de mi hermana ante tal petición.
—Siento que esta mujer solo me usó para procrear y copiar bebés, hasta en la forma de ser, son igual que ella.
—¿Escandalosos? — pregunto a media risa.
Alice cargando a la niña vuelta risa y los gemelos haciendo bailes graciosos para imitar a su loca mamá, siguen celebrando, aún sin entender que pasa.
—¡¿QUIERES QUE ORGANICE LA FIESTA?! —Dice a medio llanto de felicidad—, esto es lo más hermoso que me han pedido..
El rubio se sobresalta sorprendido.
—Es broma, cariño — le manda un besito —. Esto se queda en segundo lugar. Que me pidieras matrimonio ha sido lo mejor de la vida.
Jasper solo se cruza de brazos y luego carga a Judith, quien comienza a tomarlo fuertemente por el cabello. Él se ríe fuertemente ante la ocurrencia de su esposa.
—Loquita.
—Me amas — pestañea.
El rubio asiente si más, con demasiada firmeza.
—Bueno, consigan una habitación — carraspeo.
Y Al se pone de mil colores, parece que su relación va más que bien y eso me pone muy feliz.
—Entonces vamos con la doctora Leah, estoy ansiosa por saber si tendré sobrinos o sobrinas.
Jasper se acerca mi oído discretamente.
—Bienvenida al plan: ¿Qué nos traerá la cigüeña?
Yo paso un enorme trago de saliva a modo de nervios.
—Mucho entusiasmo por parte de Alice y seguramente una fiesta que saldrá en las noticias.
