CAPÍTULO 32
POV BELLA.
Una fiesta multicolor y una motocicleta.
xx
A continuación, le presentamos a usted, futura mamita, algunos consejos que la clínica le da para su primera ecografía y/o revisión de su(s) bebé(s):
Reservar hora con anticipación. Por lo general, hay mucha demanda de horas para ecografías. Reserva en nuestros centros a través de nuestro sitio o de manera telefónica.
Es sumamente importante estar tranquila al acudir a realizarte esta prueba y para todo lo que respecta al curso del embarazo. Para eso, se debe tener una actitud absolutamente positiva y confiada.
Cuanto más relajada te encuentres, evitarás pensar en cosas que te generen ansiedad o estrés y podrás disfrutar al máximo de esta etapa tan especial de tu vida.
Aclara las dudas que surjan en el momento de la ecografía. Por lo general, no se comprende con claridad lo que aparece en la imagen. Es por eso que es importante que puedas ir preguntando qué zona del bebé se está midiendo o que aspecto se está analizando en ese momento.
Llevar el informe de la ecografía al control siguiente para que el médico pueda analizar y corroborar el análisis del ecógrafo.
Releo una y otra vez las instrucciones mientras mi hermana está casi encima de mi para leer también, por encima de mi hombro.
Estamos en la cita para la revelación del sexo de los niños. Al, se ofreció a acompañarme como ya lo habíamos acordado, Jasper no pudo asistir y los niños, se quedaron en casa de su abuela paterna.
Otra vez me sucede esa nostalgia que vengo arrastrando como todos los meses, soy la única mujer soltera, ya que todos vienen con sus esposos, instintivamente suelto un suspiro. Extraño a Edward. Mucho.
—Parece que te conocen —murmura y la miro sin entender, atrapando mi atención y mis sentimientos —, saben que eres un manojo de nervios. ¿Te imaginas que la ginecóloga vea un pene y tú saltes asustada pensando que uno tiene tres piernas?
Me río escandalosamente, pero luego la preocupación me invade.
—¿Y si pasa?
Ella pone los ojos en blanco.
—Estás paranoica, ya hiciste pruebas antes, para lo único que vamos es para ver si tendré sobrinos o sobrinas, un mix de cada cual — se ríe emocionada.
—No importa que sean, pero mamá insistió tanto. Me aseguró que vendría a la fiesta.
Alice me mira incrédula.
—¿Y esa sorpresa?
—Parece que quiere acercarse a mí — suspiro.
Una enfermera abre la puerta del consultorio y revisa un expediente.
—¿Señora Isabella Swan? —pregunta.
Yo me levanto pesadamente de mi silla y levanto mi mano.
—Aquí — contesto.
—Pase por favor, la doctora Clearwater la está esperando.
—La hora ha llegado —canturrea mi acompañante.
Me sostiene de la mano, el trasero me ha crecido casi proporcionalmente como el estómago, mi vientre es el doble de grande que el de la mayoría de las mujeres que me ven y yo sonrío apenada por usar ropa exageradamente holgada y elástica que hace que mi ropa interior de abuela se marque perfectamente.
¡Por Dios! Tendré tres bebés, ¿Qué es lo que esperaba?
—Pase por aquí — me repite la enfermera.
La puerta se cierra y yo me acomodo en un mullido asiento que tiene descanso para los pies. Es un tremendo alivio para mi cuerpo y mis posaderas.
—¡Ufff! —digo sin pena.
La doctora Leah Clearwater, levanta la vista y se sonríe ampliamente para luego acomodarse un mechón de su melena tras su oreja. Alice le acompaña.
—¿Cómoda?
—¡Como no tiene un idea! ¿Dónde...?
—Todas las madres gestantes que vienen me preguntan lo mismo, después le pasaré el modelo, lo compré en Amazon — dice como secreto —. Me sirvió en mis cuatro embarazos —dice sin más y comienza a escribir a mano en el expediente.
Alice y yo, nos miramos como estúpidas.
¿CUATRO EMBARAZOS?
Yo jadeo sin poder creerlo casi por completo, aunque no haya motivo para que me mienta.
La doctora Leah, parece perfectamente de mi edad o quizá, un par de años más. Su pequeña melena negra le llega a la quijada, y viste pulcramente faldas corte lápiz que acentúan su esbelta figura, aunque usa batas blancas, ella se ve radiante y muy a la moda, ya imagino que podría ser muy amiga de mi hermana si alguna vez tomaran un café. Toda ella, no es el típico prototipo de la madre ocupada con cuatro hijos. Diablos, me encantará verme así en unos años. Tan fresca y tan radiante, toda una profesionista, madre y esposa.
Me da esperanza.
Como no sé si es perfectamente capaz de leerme el pensamiento, de su bolso, saca su cartera y me enseña la fotografía de sus hijos con su flamante esposo, un moreno de cabello escuro y camisas ajustadas. Muy guapo, admito.
—Él es mi marido, Sam —apunta con la punta de su bolígrafo —. Ellos dos son Embry y Paul, se llevan once meses de edad, tiene seis y cinco años, en algún punto del año tienen la misma edad — dice a media risita —, y la pequeña que sostiene a la otra bebé, son Emily y Leah —murmura —, Emily tiene cuatro años y la nena tendrá ocho meses la semana entrante.
—¿Haces pilates o tiene algún pacto con el mal?
Yo la codeo horrorizada.
La doctora se carcajea.
—Sam me mantiene en buena forma — dice casi en confidencia y nos guiñe un ojo.
Yo me sonrojo.
Alice aplaude.
—Jasper tendrá el sobrenombre de gimnasio, de ahora en adelante — dice coqueta y yo me hundo en el mullido sofá por la vergüenza.
xx
—Estoy sorprendida que hayas dejado la consulta de la doctora Esme —dice leyendo mi expediente —, sencillamente es la mejor. ¿Por qué dejaste de ir?
Yo me sonrojo de nuevo, con la barriga descubierta y mi hermana mirándome fijamente.
—Problemas de logística.
—Tiene el mejor control que he leído jamás, y muchas recomendaciones después de tu inseminación. Sencillamente, esa mujer tiene todo mi respeto.
Comienzo a sentirme incomoda con cada comentario que hace. Si, yo debí terminar mi periodo de gestación con ella, porque me acompañó en todo momento, sin pensarlo.
Tal vez si debería volver.
—Bueno, esto no es nada nuevo. Vas a poner a sentir el frío en tu barriga y no haré ningún comentario respecto al sexo, ¿de acuerdo? Al final le entregaré a Alice el sobre pero antes, ¿vamos a escuchar cómo van esas maquinitas bombeantes?
El ecógrafo se enciende mientras mi acompañante me toma de la mano, mi mano sudada y fría, se aferra a la suya con fuerza.
—¿Qué tenemos aquí?
Y de repente, cuando mueve algunos botones, las bocinas de la habitación en un sonido 8D, puedo escucharlos, tres sonidos de corazón descoordinados unos a otros, retumbando en mi cabeza.
Como si algo me cayera encima, casi como una sábana cálida de ternura pudiese ser palpable, me cubre de la cabeza hasta la punta de los pies. Y un gimoteo resurge de mi pecho, ahí están, tres corazones pequeños y muy deseados, vibrando de alegría.
El mío enloquece también.
—¿Estás bien? —pregunta Alice acercándose a mi cabeza.
Yo asiento, sin darme cuenta de que estoy llorando.
—Son perfectos — murmuro.
Me abraza fuertemente y me da un beso en la cabeza.
—Y muy sanos — comenta Leah —, estoy impresionada por el tamaño. Casi todos iguales.
—¿Eso es bueno?
Con toda confianza, me sonríe y asiente.
—Tendrás los bebés más sanos, no te preocupes.
Cuando mi vista se nubla, ella comienza a marcar los puntitos en la pantalla, donde se encuentran los pequeños bebés.
—Bebé A, bebé B y bebé C —Sonríe marcando la pantalla con el dedo —. Digan "Hola" a mamá — les dice y ahora sino puedo parar de llorar.
—Míralos, Bella — dice mi hermana también llorando.
—Son perfectos — respondo.
—Y ya sabemos que son — comenta la doctora.
Yo sigo sin dejar de ver la pantalla, mi corazón brinca como loco. Y hago puños las sábanas a mis costados.
El momento más feliz de mi día, es este sin lugar a dudas.
No me he perdido de absolutamente nada y puedo decir que, no me arrepiento de ninguna decisión que tomé o pude haber tomado en el pasado porque todas me llevaron a tenerlos. Ellos son lo mejor que he hecho a propósito, desearía tanto que mi papá estuviera aquí. Lo necesito tanto, me hace tanta falta.
Puedo ver como se le entrega un papel a mi hermana y ella lo guarda celosamente en su bolsa.
—Lo veré más tarde con Jasper y los niños — da brinquitos emocionada.
—No se lo comentes aún a los gemelos — murmuro limpiándome el gel de la barriga con una toalla de papel—, tienen la mala costumbre de abrir el pico antes de tiempo.
Me acomodo la ropa y me ayuda a bajar de la camilla.
—Como cuando le dijeron a Edward sobre tu embarazo —suelta y se le borra la sonrisa.
A mí también.
El pensamiento es realmente recurrente.
—Citando por ejemplo.
La doctora Leah vuelve a la sala con gesto tranquilo.
—Estoy tan emocionada por esto — dice un poco intranquila —, así que mejor salgan de aquí antes de que se me salga decir algo.
Las tres nos reímos y caminamos a la salida.
—No se preocupe, en unas semanas, Bella también lo sabrá.
XxxX
Hago todo lo posible para que la dulce espera, sea lo más dulce posible. Al finalizar los cursos de maternidad, por semana estoy comprando las últimas cosas para los niños, aunque va de a poco por mi desempleo y porque no quiero comenzar a usar la tarjeta que se me fue regalada por parte de la doctora Esme, aún. Será para firmemente solo emergencias.
Hago todo completamente sola, al menos lo que no ponga en riesgo la salud de los peques o a mí misma.
Como el hecho de simplemente armar muebles pequeños. Las cunas y todo lo que para cambiar pañales, lo ha hecho mi adorado cuñado, mientras que la loca de su esposa, se ha tomado la tarea de organizar la fiesta del siglo.
—¿Qué colores te gustan más? —pregunta mientras distraída doblo algunas ropitas en los cajones que recién Jasper me armó.
—Supongo que el rosa y el azul están bien, ¿No?
—Si pero podemos hacer de tu color favorito tu pastel.
—¿Qué tal el morado o el lila?
Alice asiente.
—Es una mezcla entre rosa y azul, muy bien pensado — me celebra.
Yo niego con una sonrisa, aún concentrada en mi tarea.
—Así que, ¿Ya lo sabes? — inquiero vacilante.
La duende sigue concentrada en su pequeña lista.
—¿Qué cosa?
—¿Qué serán?
Alice me mira con gesto socarrón mientras se muerde los labios y se le escapa una risita tonta.
—Claro que sé.
Yo pateo algo invisible en el suelo.
—Quizá no haya mucha diferencia entre decirme hoy o el fin de semana.
Mi hermana se levanta y me toma por los hombros.
—La habrá, créeme.
Mi curiosidad no puede a más.
xx
Me miro al espejo y sinceramente no me reconozco.
Estoy vestida en un traje claramente de maternidad de tela color hueso, con un enorme moño de colores cerca del pecho. Es un pantalón de franela y una blusa son mangas con el escote de corazón y una sandalias tan bajitas y acolchonadas que mis pies se sienten tan agradecidos.
La sesión de fotos más incomoda de la historia comienza cuando toda la familia comienza un desfile tan lento para tomarse una foto con el elefante del circo. O sea yo.
—Todo iba bien hasta que vi llegar al sujeto de la cámara.
Alice se arregla el cabello mientras se mira en el espejo.
—Quiero que esto sea recordado por siempre, ya no pongas mala cara, por favor. Sonríe.
—Quiero orinar, no puedo sonreír demasiado. Siento que doy miedo, aguantándome. Mi cara de puchero no se ve maternal.
—Deberías estar contenta porque mamá se haya tomado la molestia de venir hasta acá.
—Sencillamente hubiese sido una locura que no lo hubiera hecho —me cruzo de brazos —, pero no era necesario traerse a Phil.
Mi hermana y yo vemos el cuadro que tenemos enfrente.
Mamá y su nuevo marido, tocándose sin pudor frente a todos porque su única justificación es que son recién casados. Y que están enamorados, muy enamorados.
En todo momento, Renee le toca el trasero al hombre más joven que ahora es su pareja ante la ley, ¿Y le apena? ¡En lo absoluto! Él comienza a masajearle fervientemente los pechos en respuesta.
Acto reflejo, hacemos un gesto de asco.
—¿A ti también te comenzó a decir "Hija"?
Yo asiento.
—Los bebés para él, son sus nietos — comento en voz baja —, ¿puedes creer que es solo cinco años más grande que tú?
Alice abre los ojos de golpe.
—Abuelo Phil... —bufa algo burlona.
—Lo importante es que ya no está sola — suspiro.
—Luce feliz. Al menos. Desde que falleció papá, ella dejó de brillar.
La mano del fotógrafo, rompe por completo mi concentración.
—Necesito que se acomoden por favor. Ya vamos a empezar la sesión — aplaude.
—De veras quieres matarme —codeo a mi hermana.
—Deja de quejarte — se burla —, no todos los días se tiene trillizos.
—Y porno en vivo — completo viendo que ahora los recién casados se están besando de lengua.
Primero, los abuelitos.
La adorable pareja hace caras graciosas entorno a mi barriga, Phil hace con los dedos la clásica señal de amor y paz, mientras mamá hace un corazón pequeño con las manos. Yo trato por todos los medios sonreír sin mucho éxito.
—Quizá, si la cargamos entre los dos y la balanceamos, podrá verse como el columpio de la buena vibra y la vida.
—¡Que fantástica idea! —aplaude mi madre.
—¿Cargarme? ¿No haz visto acaso que peso 900 kilos? —me sostengo de la cintura.
Si es que acaso queda algo de ella.
—Es fácil, solo te recargas en mi pierna y te sostengo por los brazos.
Yo me hago para atrás.
—No, gracias.
—Bella, deberías cooperar con las ideas de tu papá.
Yo hago un gesto contrariado.
—Cuando nazcan los niños, me gustaría recibirlos — aporta Phil —, ya sabes, recibirlos desde la cavidad vaginal hasta mis manos.
Tiene que ser una broma.
—Eh, no es el momento de decir esto, pero, ya decidí que nacerán en una sala de hospital bien desinfectada y con la mayor cantidad de doctores y enfermeras posibles. Es un parte múltiple, no quiero complicaciones.
El hombre de la cámara no deja de tomar fotos.
—¡¿Te parece que quiero recordar esta conversación?!
—Lo siento — hace una mueca y se va un momento.
Phil parece indignado.
—¿Qué hay de las llegadas a este mundo naturales?
Yo me tallo la cara por la exasperación.
No gracias, no quiero tener a los trillizos en medio de la nada mientras me sale urticaria en el trasero por acostarme en el pasto.
—Creo que es maravilloso, pero no esta ocasión — intento sonar amable.
—Quizá con los nuestros — sentencia Phil, mientras una emocionada Renee se echa en sus brazos y comienzan a levantarse las camisas.
Jasper corre fuera del estudio para que los gemelos no vean el escenario que hay frente a ellos. Como documental de Animal planet, yo me retiro de su lado luego de comenzar a hacer los ruidos raros y damos por terminada la sesión.
—No quiero que esto sea una anécdota cuando tengan 18 años.
—¿Bromeas? —pregunta Alice —. Tendré que ir a terapia después de esto.
XxXxx
Sentada en una silla mullida y de muchos colores pasteles, con un vestido rosa pastel con caídas de tela en azul y una corona de flores en mi cabello, la gente que mi hermana ha invitado, me rodea y me entrega regalos.
Me siento un poco abochornada.
—¿Quiénes son todas estas personas?
—Amigos tuyos.
Reconozco a la señora Kaure, una mujer de semblante rudo, aunque su estatura no le haga justicia, tiene el peor temperamento que jamás haya tratado. Alguna vez me pidió un banquete para su hijo menor, no había cruzado palabra luego de años. Yo no entendía que hacía aquí.
También estaba la esposa del abogado Jenkins. Una mujer bajita y pelirroja que también solicitó mis servicios de banquete cuando su esposo, organizó una cena estilo londinense en su casa.
Entre más atención ponía, más recordaba a las personas que hacía años no veía.
—¿Amigos míos?
—Todos los nombres y direcciones las tomé de la pequeña agendita color negro que tenías en tu buró de cama.
Oh, no.
—Al...
—¿Si? —pregunta complacida.
—Llamaste a todos mis ex clientes.
Ella gira la cabeza casi como el exorcista.
—¿Qué?
XX
Las preguntas más incomodas de la tarde eran y solo por enumerar algunas:
¿Cuánto peso haz subido?
¿Cuándo te casaste? ¡No sabíamos que tenías novio!
¿En serio son tres? ¡Parecen cinco!
Y la que más estrés me daba: ¿Dónde está el papá?
Ya no me sentía tan segura de que hubiese sido una buena idea, pero ya estoy aquí, haciendo juegos de mesa y respondiendo preguntas con un solo asentamiento y una sonrisita tonta.
Sencillamente, me quiero ir.
—¡Llegó la hora! — grita mi madre al unísono con mi hermana.
—¿La hora de qué?
—De saber el sexo de los pequeños.
Los gemelos corren tras las piernas de su madre y hacen círculos a modo de euforia, su pequeña hermana salta casi desde los brazos de su padre.
Alice se sube en un pequeño stand improvisado que sinceramente yo no había notado. Todos la miran, luego de que toma un micrófono inalámbrico y por los parlantes se puede escuchar su aguda voz.
—¡Hola! — saluda de manera demasiado entusiasta y hasta los que no estaba prestando atención, ahora la miran —. Quisiera poder agradecerles a todos por venir, aunque la mayoría no supieran el motivo de su invitación, se los agradezco mucho — carraspea alguien al fondo y eso me hace sentir la cara llena de calor —. Hoy mi hermana, está celebrando la llegada de sus hijos, niños que fueron enviados por Dios y que por supuesto, son amados desde el día que supimos su existencia.
… Es para mi muy grato también decirles que la familia ha crecido exponencialmente muy rápido, pues no contenta con hacerme tía, seré tía por partida triple — dice con los ojos acuosos y yo me doy cuenta de que ya estoy llorando —. Hermana, quiero que sepas que tu familia por completa te ama, te apoya y te celebra la gran venida de tus hijos, que sepas que nunca estarás sola y que estaremos siempre a tu lado. Y que ahora es momento de que sepamos que nos depara el destino, ¿azul o rosa?
El entusiasmo ya es palpable, la gente comienza a aplaudir cuando tres cajas blancas con un signo de interrogación en la parte de enfrente son colocadas en el jardín. Mi madre me toma de la mano y yo con las piernas temblorosas por los nervios, camino hasta ellas.
Yo no sé hacía donde enfocar mi vista, el flash de la cámara no se hace esperar mientras yo intento aguantar el bochorno.
Pero mientras intento apaciguar las emociones, muy en el fondo, una cara conocida me mira y me sonríe con mucha dulzura.
Esme Cullen, con los brazos llenos de regalos me mira con tanto amor, que el sentimiento me arrasa y yo comienzo a llorar, mientras al fondo, mi hermana me habla para pedirme que abra las cajas con un botón. Sigue dándome las indicaciones pero yo no soy capaz de despegar la vista de donde está ella.
—La invitaste... —murmuro agradecida.
Alice me sostiene por los hombros.
—Sé que la querías aquí.
—¿Él vino?
Mi hermana niega.
—Lo siento.
Yo asiento a media sonrisa. Lentamente, la doctora se acerca a mí con gesto preocupado, abriéndose paso entre la gente.
—Muchas gracias por haberme dicho — se dirige a mi hermana.
—No podía faltar — responde —, me da mucho gusto que haya podido venir.
—Nunca me hubiera perdido esto.
Ahora está casi perfecto todo, no importa que no hayan venido mis amigas más cercanas, aunque siendo sincera, yo no tengo tantas, inclusive, no importa que Alice me haya hecho pasar por tan vergonzosa situación siendo el centro de atención, casi me siento completa. Casi.
Mi madre me sostiene por la cintura mientras la doctora Esme se aparta, Alice la toma por el brazo y las cuatro formamos un grupo.
Yo no quiero que falte nadie.
—Jasper, ven — le pido —. Trae a los niños, quiero que todo estén aquí.
Mi cuñado se une al grupo, poniendo la mano encima la de sus esposa mientras los niños la imitan, la pequeña Judith hace lo que puede.
—A la cuenta de tres, todos hacemos presión — Repite la anfitriona.
—¿No nos embarrará de pastel o algo así, cierto?
Los gemelos aplauden.
Ella pone los ojos en blanco.
—No arruinaría por nada mi hermosa fiesta sofisticada.
—¿Tu fiesta?
—¡La de Bella! —reafirma.
Y el tiempo se detiene, tengo el estómago vuelto un caos por los nervios.
La cuenta regresiva comienza. La gente a mi alrededor aplaude en cámara lenta. Por din sabré.
10...
Uno de los momentos más felices de mi vida.
9...
Uno de los más importantes y hermosos.
8...
De las cosas que más he esperado y que más curiosidad me daba, tengo que admitir.
7...
Pero que secretamente, me da aún nostalgia.
6...
Porque debíamos estar todos juntos, porque estas vergüenzas debían ser menos incomodas si estuviera aquí.
5...
¿Qué tal si reaccioné precipitadamente? No, fue en pro de mis hijos.
4...
¿Será todavía tiempo de volver a buscarlo? Tengo miedo, ¿Qué si he matado su amor por mí?
3...
Pero lo quiero, aún lo amo.
2...
Quiero que esté junto a mí.
1...
Porque somos una familia, y siempre lo seremos.
Sólo espero no sea demasiado tarde.
El botó es oprimido, y de las cajas son lanzados tres fuegos artificiales apenas la noche ha oscurecido la velada. Mis sobrinos maravillados miran la primera luz que revienta en el aire.
—¡Rosa! —chilla mi madre al par de un aplaudo muy eufórico, Phil la besa como siempre apasionadamente mientras las lágrimas brotan de mis ojos.
—¡Tía, Belly! ¡Oto! —grita James entusiasmado. Jazzy, se carcajea emocionado al reconocer el color, porque a pesar de tener tres años, ya es niño grande.
—¡Azul! — chilla mientras su padre lo celebra y su hermana, quien ahora en los brazos de Alice, sigue brincando emocionada.
Y el tercero, pero no menos importante, es color ¿Blanco?
—¡Ah! ¡Caíste! — se burla mi hermana, todos en la fiesta emocionados cuchichean lo que apenas comprenden que está ocurriendo —. El tercer bebé, te ayudará la pequeña Judith. Mira lo que te trajimos.
Los chicos del restaurante donde trabajaba para Edward, salen lentamente con un pastel como para ochenta personas, hice amistad muy buena con algunos y yo los miro maravillada. Incluso Jessica está aquí.
Parece contenta ahora que está del brazo de su nuevo, un rubio de ojos azules que la mira como bobo siempre que puede. Me siento contenta por ella.
El pastel, es una pieza de tres pisos, embardunado con merengue lila y muchas flores naturales silvestres. Estilo desnudo, es muy hermoso.
—Está relleno de fresas con crema — alguien del grupo murmura y yo me siento de verdad ansiosa por darle una mordida enorme al primer piso, ante ese comentario.
—Suena delicioso — confieso.
Esme me abraza por los hombros, se mira bastante complacida con mi respuesta, presiento que también tuvo que ver con todo esto. Mi madre llora al ver mi expresión, yo intento corresponderle la sonrisa, pero estoy casi llorando. ¡Oh, hormonas!
—¡Chicos! Que alegría verlos.
—Lamentamos no haber llegado antes, pero teníamos el turno, ya sabes — comenta Angela Weber, una chica bastante dulce que intentaba siempre estar aprendiendo. Tengo tan presente el hecho de que siempre quiso ser mi amiga, pero tan tímida la una con la otra, fue un poco difícil. Al final de mis días en el restaurante, siempre contaba con ella.
Le doy un abrazo.
Ver la cara de alguien conocido, de una parte especifica de mi pasado que tanto me gustó, me da un poco de calidez.
—Qué bueno que estén aquí, gracias. A todos.
—¡Ya parte el pastel, tía! — grita James desesperado.
—¡Si! — lo secunda, Alice.
Yo río sin entender que pasa.
—Pero primero, necesitas una ayudante —comenta mi cuñado.
Mi pequeña sobrina, quien a su corta edad ya es capaz de sostener cosas con las manos, me da los brazos y yo la sostengo contra mi pecho. Le doy un beso en el tope de su cabecita y acto seguida, me da un pequeño cuchillo para partir el pastel.
—¿Quieres ayudar a tía Belly?
Totalmente consciente para su edad. Aplaude. Yo por supuesto, tomo el utensilio y haciendo un poco de presión sobre su pequeña mano, doy el primer corte.
Uff, que nervios.
Acto seguido, el segundo. Jasper me pasa un pequeña espátula para servir el pastel sobre un desechable blanco y entonces, al sacarla la rebanada, mi sonrisa en ensancha.
—Es rosa.
Todos, no importa quién o de qué época de mi vida hayan estado, incluso, si hayan sido cercanos a mi o no, gritan en unísono.
Aun con la niña, me llueven abrazos por todos lados, no puedo distinguir quienes hasta que mi madre me llena de besos la cara, es un mar de llanto y moquea incontrolablemente.
—¡Oh, cariño! Felicidades.
Intento corresponderle pero me es imposible, nunca había recibido tantas muestras de afecto. No en un solo día.
Estoy a punto de pedir que todos hagan fila para abrazarme cuando a la entrada de la casa, veo a un pareja con un bebé enorme.
Los reconozco inmediatamente.
Son Rosalie y el gigante de su esposo, con un pequeño niño —no tan pequeño —, que se mueve animadamente de entre los brazos de su madre.
Luego de tomarme la manos, Esme me mira un poco apenada.
—Espero no te moleste que estén aquí. Me tomé la libertad de invitarlos.
Yo niego.
—Es un gusto verlos. Tenía tanto sin saber de ellos.
La rubia camina con decisión hasta mi sitio y me besa ambas mejillas.
—Felicidades por tus bebés. Es una enorme y muy emocionante bendición.
Yo no quepo de alegría, con cada minuto que pasa, la fiesta mejora.
—Lamentamos llegar tarde —saluda el hombre girándome gentilmente en el aire, yo me siento mareada, ¿Cómo es que es tan fuerte? Claramente yo no peso una pluma —, problemas de organización.
—Bella, él es nuestro niño. Su nombre es Henry
—¿Qué edad tiene?
—Seis meses — contestan en unísono.
El pequeño rubio me mira con curiosidad tras sus largas pestañas, y sus ojos azules vacilantes miran el moño de colores cerca de mi pecho. Perfectamente podría pasar por un niño de más edad. Es tan alto y fornido, clara herencia de Emmet
—Se parece a ti — digo con franqueza mirando a Rose —, es hermoso.
—Ojalá fuera cierto, pero dejando de lado lo físico es igual al padre — comenta complacida mirando amorosamente a su esposo.
Su ya destacada risa, se hace venir.
Si es cierto, el niño es una mezcla perfecta entre ambos.
—Hola, Henry.
Me sonríe, mostrándome unos pares pequeños de dientes blancos.
Este niño me ha cautivado.
—¿Cómo te has sentido? —pregunta Rose mientras yo tomo asiento y los demás comienzan a repartir el pastel, siento que los pies me están matando —. Estás en la etapa final, casi.
Me toca la barriga y los tres responden al tacto. Hago un gesto, uff, duele un poco.
—Se les está acabando el espacio — murmuro.
—Si, deberías estar prevenida, Bella. Podrían nacer antes de tiempo.
—Lo tengo contemplado — contesto —, he estado ya haciendo los arreglos.
—Podría recomendarte la clínica donde nació Henry. Fueron muy amables.
Yo asiento pensando en qué clase de hospital será, sé por demás que Emmet no tiene problemas por hace gasto alguno respecto a su familia, pero tristemente mi situación era precaria.
—Me encantaría que me pasaras el dato.
Pero más que saber ese nombre, tengo curiosidad.
—Con gusto, te llamaré o le diré a Esme la información.
Yo asiento y bajo la cabeza un tanto avergonzada.
—Rose...
—Dime — dice distraída apartando todo el pastel que su hijo ha hecho papilla entre sus manos. Ella lo limpia fascinada, como si el acto fuese la mejor cosa del mundo.
—¿Has sabido algo de él?
Toda su atención se dirige hacia mí y suspira.
—Fue a casa hace un par de meses, cuando el bebé aún era muy pequeño. Lo último que supe es que se fue del país.
La noticia me hace sentir triste.
—¿Sabes a dónde?
Suspira.
—Creo que con Riley — me sostiene la mano y yo arrugo mi vestido bajo su tacto, estoy a punto de llorar —. Bella, yo le pedí buscarte, de veras le insistí, pero me dijo que no querías verlo. Se veía triste.
—Lo perdí para siempre, ¿No es así? —y sin más comienzo a llorar.
La rubia hace un gesto con la cabeza y su esposo acto seguido, se lleva al niño , nos da espacio. Sin más comienzo a llorar incontrolablemente.
—Soy una tonta, debí escucharlo.
—Hiciste lo que creías correcto, pensaste en ellos antes que en nadie más.
Pero yo lo entiendo, una parte de mí sabe que pude haber hecho más, que quizá fui injusta, ¿Eso me convierte en una mala persona?
Al fin y al cabo, había apartado de mi lado a la única persona que de verdad he amado y eso me hace sentir increíblemente estúpida.
Debí escucharlo, debí siquiera darle una oportunidad. Me sostengo el vientre y lloro en silencio, rápidamente la rubia me toma de la mano y nos desaparecemos del bullicio.
—No, Bella. Por favor, no quiero que llores por mi culpa.
—Estoy... Bien — hipeo sin poder controlarme aún —. Estoy llorando porque siento toda la culpa en mí. No debía actuar de ese modo, conozco a Edward lo suficiente como para creer que él no me haría eso.
Ella me acaricia la espalda con gesto preocupado.
—Edward es tan testarudo, claramente. También actúo por impulso, mira que irse de aquí, es demasiado.
—Su madre no me contó nada.
—Quizá porque no quiere preocuparte, haz pasado por tanto.
—Creo que piensa que ya no tiene remedio, al fin al cabo conoce más a su hijo — me limpio las lágrimas con el dorso de la mano.
—¿Por qué no lo llamas? — propone.
—Dudo mucho que atienda el teléfono, tonta como soy, di de baja mi número telefónico. Sería mejor si lo buscase cara a cara para decirle lo que siento, que lo extraño y que necesitamos hablar... Aunque...
—¿Aunque?
—Sigo pensando que es demasiado tarde.
Rose hace una mueca poco convencida.
—No creo que te haya olvidado aún — se deja caer sobre su asiento con gesto pensativo —, lo vi demasiado triste... Es decir, un amor así no se supera tan fácil. .
—¿Tú crees? —pregunto ampliamente esperanzada.
—Emmet lo conoce más que yo, dice que Edward nunca había actuado así por nadie. Y si algo creo es que mi esposo no juega con esas cosas, también estaba preocupado.
Me levanto demasiado rápido de mi silla. Eso me provoca un pequeño mareo, pero me sostengo de prisa de su mano y se nota asustada por mi reacción. Tomo un poco de aire y suspiro.
—Debo ir a Londres — suelto con toda la determinación del mundo.
Se levanta por la sorpresa y comienza a negar frenéticamente.
—¿Qué? ¿Estás loca? ¡No puede subirte a un avión a tan avanzado embarazo.
—Tengo que buscarlo — recojo mi largo vestido y camino presurosa a la salida.
—¡Bella! — grita —. Es una locura.
—Debo buscar mi pasaporte — entro a mi habitación y acto seguido, una horda de mujeres está detrás de mí.
Yo comienzo a preparar mi maleta.
—¿Qué sucede? —la voz de mi hermana por más aguda sobre sale por la del resto.
Mi madre apenas me mira, nota que algo anda mal.
—¿A dónde vas? La fiesta aún no termina.
Esme se sostiene el pecho con ambas manos. Yo camino frente a ella y respiro cerrando los ojos.
—Justo ahora y hasta ahora — confiese tontamente —, me arrepiento de no haber hablado con Edward. Sé que querías que aclaráramos las cosas pero me cegué por los celos y todo los malo que pasó con los niños luego de ése día, pero no puedo soportarlo más. Tienes que decirme donde está, en que parte de la ciudad está, su teléfono o lo que sea, necesito decirle que lo amo. Que quiero que hablemos, que no puedo vivir sin él.
—Bella — me toma de las manos —, él se fue.
—No puede haber huido del mundo. Mientras estemos en el mismo planeta yo lo buscaré. Dime por favor...
—Aunque te diera la coordenada exacta de donde está, no puedes viajar en esta condición — sus enormes ojos dulces me miran con tristeza.
—Los bebés están perfectos — reafirmo —, solo necesito eso y tendrá que escucharme.
Viendo mi actitud empecinada, suspira y asiente.
—Llamaré a mi esposo. Carlisle conoce bien el edificio, ambos te llevaremos.
Ella sale de la habitación mientras mi madre se estrecha en mis brazos.
—No vayas, por favor. No quiero que nada mala te ocurra.
—Estaré bien, mamá — le prometo.
Alice me mira con recelo.
—Lo siento, hermana. Tengo que ir.
Ella niega con mucho ímpetu y aguanta el llanto.
—¿Qué pasará si te pasa algo? ¿Tienes la menor idea de que ocurrirá si nos necesitas y hay mucha tierra de por medio?
—La doctora Esme irá conmigo — le recuerdo un poco apenada por su reacción, no quiero hacerla llorar.
Rose me mira con grandes ojos tristes, realmente se siente culpable pero no dice nada.
—Voy a estar bien — reafirmo por milésima ocasión.
Mi hermana no dice nada y sale de la habitación.
Me siento morir al verla tan triste.
—Es mi felicidad — le explico a Renee.
—Lo sé, Bells. Está enojada, pero cuando resuelvas tu vida, lo entenderá — dice colocando un mechón detrás de mi oreja y me besa —. Todo valdrá la pena cuando te vea feliz.
Yo medio sonrío y tomo mi maleta.
Afuera aún hay música y las personas que se han quedado siguen conversando amenamente. Por lo alto no veo ninguna señal de Alice.
Pero después hablaré con ella. Miro mi celular y serán casi las nueve de la noche, espero que la doctora encuentre algún vuelo disponible.
Necesito cuanto antes llegar al aeropuerto.
Los minutos pasan y aunque no quiero sonar grosera por mi insistente prisa, ella aún se demora hablando, quizá aún con su marido o con Riley, no lo sé.
—¿Por qué tarda tanto? — pregunto impaciente y deposito mi pequeña valija en el piso.
Estoy empezando a buscar por mi cuenta los vuelos, porque de ser posible me iré sola. Pero ahí, concentrada en la pantalla de mi móvil, puedo escuchar el ronroneo de una motocicleta, cosa que para mí es de lo más extraño. La finalidad de moverme del centro de la ciudad, era evitar este tipo de ruidos.
Aquí las motocicletas no abundan, solo los autos. Y un auto no suena así.
Levanto la vista lentamente y a modo de instinto, me hago hacia atrás. Aquel rostro que besé durante noches y mañanas, llenas de amor y de placer, me mira con el gesto más serio y duro que jamás he visto.
Sencillamente que antes de eso, solo por un microsegundo, he detectado un dejo de tristeza en su mirada, que a prisa ha cambiado.
Yo camino dos pasos hacia enfrente y paso un enorme trago de saliva.
—¿Edward?
—Luces hermosa — comenta sin más.
Yo me acerco otro poco y él acelera sin avanzar.
—Estaba a punto de buscarte, tu madre me dijo que estabas en Londres y — sin darme cuenta comienzo a llorar —, lo lamento. En serio.
Pero él no hace seña de ningún tipo de emoción.
—Fue una linda fiesta — comenta casual.
—¿La viste? ¿Cuánto tiempo haz estado aquí?
Niega con una sonrisa triste.
—Dos niñas y un niño.
—¡Si! — lloro avanzando un poco más —. ¿Por qué no entraste? Me hubiera encantado tenerte aquí.
—No cambia lo que pasó — vuelve a acelerar —, además Esme ya hizo acto de presencia por mí. Además de Emmet y su esposa.
Yo ahora si estoy llorando a mares.
—Pero siempre me harás falta tú.
Ríe sardónico.
—No me querías aquí y yo no soy tu familia— escupe secamente y sin más, se va.
Yo intento correr detrás de él pero claramente es inútil el acto. El ruido de la motocicleta alerta a todos y algunos salen corriendo hacia la entrada.
—¡Edward, Edward! — grito avanzado hasta que la direccional se pierde en la calle.
Una Esme asustada corre a mi lado al verme de rodillas en el suelo.
—¡Bella! ¿Qué ha ocurrido?
—Él estuvo aquí... —hipeo.
Me sostiene de los hombros y suspira.
—Carlisle me dijo eso apenas hablábamos. Huyó de Londres y ni su hermano sabía dónde estaba.
—¿Por qué dijo eso?
La mujer intenta consolarme y yo no paro de llorar.
—Está herido.
—Edward es más que mi familia, es mi vida.
—Tranquila, preciosa. Al menos sabemos que está en la ciudad. Puedes intentar hablar con él de nuevo, verás que las cosas tienen solución. Solo que... ¡Es tan testarudo! — apunta enojada.
Siento que muero, lo amo. Lo necesito.
—Por favor, dime que sabes dónde está. Iré a buscarlo.
—Yo te llevo — dice sin más —. Iré por el auto.
Asiento sosteniéndome de la cerca de la casa y me limpio la cara.
Se qué esto es en parte por mi culpa pero no puedo permitir que se vaya de mi lado. No puedo simplemente marcharse, aunque yo le haya dado los motivos, me aferraré.
—Voy a luchar por ti — juro —, por nuestra familia.
Porque eso dijimos que éramos, familia. Aunque no fuesen carne de su carne. Yo soy suya y el mío. Contra quien sea que esté en contra.
Esme sale apresuradamente y enciende el auto.
—Vamos a casa.
—¿Él está ahí?
Niega dando reversa.
—Es la primera opción, creo que mi esposo podría ayudarnos.
Yo asiento sin más y arrancamos en la calle. Intento mantener la calma y mi acompañante lo nota.
—Respira, tienes que pensar que le dirás. Sabes que es difícil de tratar estando en ese ánimo. Demasiado terco — insiste, pero la noto extrañamente emocionada por esta apresurada reconciliación.
—¿Y si no me escucha? ¿Y si ya no me ama? — pregunto con miedo.
Esme niega.
—Te vino a buscar, eso dice más de lo que aparenta.
Intento confiarme en lo que dice, pero honestamente, no me fío.
—Espero no te equivoques — suplico internamente y ella asiente con tanta seguridad, que mi corazón late desbocado. Siento a mis niños moverse. Deséenme suerte, bebés.
