El Nuevo Lord Protector:

Capítulo 77: Rin, debes un tatami II


Había algo de neblina. Algo inusual para ser finales de primavera, pero no tanto para ser la ladera de una montaña que miraba hacia el mar. Hace bastantes horas de camino que ya no se sabe nada de la civilización humana y el territorio es completamente salvaje. Pero, así como habían desaparecido los humanos con sus asentamientos caminos y cultivos, cada vez aparecían más rastros de presencias sobrenaturales. Hasta incluso se encontraban pequeñas casetas construidas en medio de la nada, altares de ofrendas, visiones extrañas y una naturaleza cada vez más salvaje. Pero a medida que avanza el camino aquellas casetas dispersas empiezan a aparecer cada vez más seguido, hasta comenzar lo que parecía un poblado con arquitectura que oscilaba entre grandes templos de madera, casas de piedra llenas de musgo, montículos de tierra y construcciones ancladas en árboles milenarios. Y si se seguía el escarpado camino hacia arriba, cada vez se parecía más a una ciudad oculta en medio del bosque salvaje de montaña.

—¡Qué mierda estás mirando?! —le gritó a vete tú a saber qué criatura que llegó a pillar mirándole con demasiada atención.

—Ya, ya, Inuyasha, mejor que no armemos jaleo, que no puedo creer que para que pudiéramos visitar a Rin necesitáramos una invitación tan formal —le chistó Kagome, montada a un caballo junto con su hijo, cuyas riendas llevaba Inuyasha.

—Feh, no armo ningún jaleo, sólo pongo a curiosos de mierda en su lugar, joder, que parece que nunca han visto aun mitad bestia en su vida. Pues que se vayan acostumbrando si Rin ha tenido un hijo.

—¡Inuyasha! ¡Que Souta-chan te copia! —Le chistó de nuevo, sin tirarle las orejas de milagro porque no lo tenía al alcance.

—¡Mielda! ¡Mielda! —decía riéndose el pequeño —Mielda mamá, creo que papá se está enfadando.

—¿Ves?

—Feh, lo que sea, mujer —respondió algo enfurruñado, cada vez más molesto de estar empezando a notar estandartes y banderas ondeando con los símbolos de su hermano, he incluso dibujos de perros blancos. —Oye, rana, ¿para qué mi hermano manda a poner toda esa mierda con su cara?

—Oye, más respeto al amo Sesshomaru, y es Gran Jaken, para ti, pulgoso. El amo bonito no necesita mandar a nadie, todos deciden seguirlo dada su magnificencia —dijo el diablillo que caminaba delante de la familia, guiándolos desde la aldea.

— Il imi biniti ni nicisiti mindir i nidii, tidis dicidin siguirli didi si mignificincii —se burló por lo bajo, aunque seguramente su burla había llegado a más de un fino oído.

Enseguida hacia ellos se acercó volando una criatura cubierta de armadura roja. Era un hombre maduro, cuyas facciones de alguna manera le recordaban a Kagome a un roedor, pero no sabría decir por qué. En cuanto puso los pies en tierra, los pocos curiosos que quedaban, desaparecieron.

—¡¿Se puede saber dónde estabas tú y el resto de tus hijos que esto no está despejado para la llegada de las visitas de Rin-sama?! —le gritó.

El demonio sonrió orgulloso a la familia, mientras pisaba a Jaken en su camino hacia ellos, inflando sus prominentes patillas.

—¡General Kan del tercer escuadrón de infantería del ejército de Lord Sesshomaru! ¡Encantado de conocer al resto de la honorable familia del Lord!

Silencio absoluto. Sólo estaban allí Kagome, Inuyasha, Souta, el demonio y Jaken intentando sacar su cabeza hundida del barro. Kagome comenzó a retroceder al notar que su caballo se estaba poniendo nervioso con la presencia del general. ¿Tan fuerte o amenazador sería? Pero no sentía nada demasiado importante, excepto quizás por su lanza eléctrica que llevaba consigo. ¿Qué otros monstruos poderosos seguían a Sesshomaru? ¿A dónde se había metido a vivir Rin por querer seguir a Sesshomaru?

—Oi, Kagome, yo te diría que te bajes del caballo.

—¿Pasa algo? —dijo comenzando a asustarse, a la vez que se preparaba para usar su arco.

—Pasa que el caballo le tiene miedo a los ratones y a las ratas, y ese apesta a rata, así que seguramente lo asuste, mejor que no lleve a nadie encima.

Sin dejar de estar preocupada, y ocultando a su niño de cuatro años detrás de ella, se bajó del caballo.

—Oh, qué nostalgia de Touga, siempre nos pillaba qué éramos cada uno por el olor, me alegro de por fin conocer a su otro hijo.

—Pues yo no conocí al viejo, no tengo nada que ver, Kagome viene a visitar a Rin y yo vengo con ella.

—Ya ya, ya me han dicho que vienen de visita de la dama y para conocer al primogénito. Lo he visto de lejos y crece muy rápido, qué esperar además de que sea tan poderoso como el resto de su familia. Son afortunados, el Lord los ha tenido bastante separados a Rin-sama y al niño, van a ser los primeros en verlos después de las mujeres que han asistido al parto, y eso que ha pasado un año.

—¿Ha pasado un año ya? ¿No han dejado que nadie se le acerque en un año?

—No, señora. Pero vamos, suele ser tradición entre los demonios perro, ya que se les da el nombre tras su primer cumpleaños normalmente —dijo mientras se acercaba más al notar que Kagome ya no lo miraba raro, pero terminando de asustar al caballo —Oh, no…

—¡Nuestras cosas! ¡Inuyasha, que venían regalos!

Soltando improperios, Inuyasha de un salto fue en busca del caballo, para volver enseguida, pero no porque hubiera traído el caballo él mismo. Detrás de él venía sobre un majestuoso caballo blanco un samurai en una armadura negra tornasolada, y traía atado al suyo al recién escapado caballo. Ay no, ¿ahora el zombi que acompañaba a Rin? —pensó automáticamente Kagome. (N/A: Sesshomaru le ha curado la muerte, aunque no el hechizo de la bruja, su corazón sigue en la caja. Pero es guapo y está soltero, ¡a por él!)

El caballo seguía encabritado queriéndose escapar del general Kan, y Yuuki lo sujetaba fuertemente de las riendas. Ya no utilizaba la máscara de Oni, pero se veía que la llevaba consigo, junto con sus armas.

—Oye, ¿que tú no tienes que estar con el resto de humanos montaña abajo?

—¿Y tú no tenías que garantizar una llegada pacífica a Ciudad-Palacio para los invitados de Rin-sama y han montado tanto jaleo que los pobladores de las aldeas pesqueras están dejando más ofrendas de lo normal porque están asustados?

Un silencio tenso entre ambos servidores, hasta que fue interrumpido por Jaken: —Ambos sois una vergüenza haciendo el trabajo, mira que tener que enviarme a mí, el primer ministro del imperio del amo Sesshomaru en persona para traerles aquí porque sois todos una panda de inútiles…

—A mí más bien me parece que el inútil eres tú y Sesshomaru siempre te envía lejos para deshacerse de ti —le dijo Inuyasha levantándolo del suelo.

—Anda, Inuyasha, no te metas en la pelea tú también, que estoy cansada de tanto viaje, y Souta casi se me está durmiendo de pie.

—¿Pues quién te crees que organizó el muro mágico defensivo alrededor de la montaña todo este año? ¡YO! Por eso os he tenido que salir e ir a buscar en persona.

Obviamente Inuyasha no se calló ante ese comentario, y todos los hombres presentes no paraban de gritarse entre ellos, llamándose inútiles, que si quién servía mejor a Sesshomaru y Rin, que si quién había recibido más favores, quién era más poderoso…

—¡BASTA YAAA! —gritó Kagome para callarlos a todos. —Me da igual que os estéis midiendo vuestras masculinidades. Quiero llegar cuanto antes, y no quiero saber cómo debería ser ni quién fue mandado a buscarnos, ni quién es más importante ni vuestros títulos de mierda. Yo he venido a visitar a Rin-chan y a conocer a su bebé. Fin del tema.

Todos tragaron duro ante el enfado de la sacerdotisa retirada.

—jajaja mamá ha dicho mieldaaaa —rió de sueño el pequeño Souta.

—Ven aquí enano, o mamá te matas junto conmigo —le dijo Inuyasha cargándoselo en los hombros.

Y no sin seguirse asombrando por todo con lo que se encontraban, Inuyasha, Kagome y un casi dormido Souta siguieron su camino guiados por los otros tres, hasta el corazón de del territorio de las tierras de Sesshomaru, en la cima de la montaña.

En el palacio…

—¿Pero completamente seguro de que estoy bien?

—Rin, siempre estás bien, y siempre te arreglan de punta en blanco.

—¿Y el cachorro? ¿Huele bien? O sea, a mi sí, pero seguro que a mí algo se me escapa y el señor Inuyasha también tiene el olfato fino.

—El cachorro está bien.

—Pero ¿cómo se lo tomarán? O sea, a mí me costó asumirlo y eso que soy la madre —dijo acariciándole delicadamente el pelo a su precioso bebé.

Todavía no contaba con un nombre, pero había crecido a un ritmo alarmante durante ese año. Tenía ya el aspecto de un perro adulto, blanco, y la altura de un mastín. Aunque a pesar de su imponente aspecto Rin sabía que era todavía su bebé, aún continuaba con la complicada tarea de amamantarlo y parecía que no se cansaba nunca de jugar. Y como siempre queriendo jugar, empezó a correr en círculos alrededor de ella.

—Bueno, bebé, espero que puedas llevarte bien con tu primito y juguéis mucho juntos, ahora tienes que ser un buen cachorrito y portarte bien cuando lleguen los tíos y te conozcan ¿está bien?

Un alegre ladrido de respuesta, y se quedó sentado, firme, majestuoso, como ya le había enseñado a hacer. O más bien entrenado. Es más, esa era la palabra con la que se refería Sesshomaru a la educación de su hijo, hasta que el 'evento' pasara, y le pusieran un nombre. A sabiendas de que Rin se volvería loca intentando descubrir si estaba pasando ya o no, y se centrara en ver crecer a su hijo como estaba ahora. Al igual de que carecía de nombre, también carecía de marcas tanto como de la luna y en sus mejillas.

Rin se acabó sentando en el suelo, para abrazar a su cachorro, no sabía qué hacer todavía. Sabía que estaban de camino a punto de llegar, se había arreglado de punta en blanco, y les estaban esperando en uno de los jardines que con tanto esmero sabía que los hombres verdes cuidaban, para evitar el choque de volverse a encontrar en la terraza principal, o alguno de los lujosos y ostentosos salones del palacio. Tampoco estaban tan lejos del edificio principal, ya que en cuanto avanzara la tarde, ese jardín se quedaría a la sombra de uno de los dragones petrificados sobre los que estaba alzada la edificación del palacio. Abrazaba a su cachorro porque, aunque quería cumplir con su promesa, no sabía como recibirían a su hijo. Me fío mucho de mi intuición, y sé que conseguirás ser madre de hermosos niños con orejas de perro. Así que como compensación [por mi tatami] quiero que tú a cambio me invites a tu casa de la misma manera y sin reparos como yo lo hago contigo, cuando sea tía. ¿Promesa de dedo meñique?

Sí sí, sin reparos. Tenía que invitarlos a su casa, sin reparos. Lo mandó a Jaken personalmente para asegurarse de que llegaban bien, mandó a Yuuki a contener a los humanos de las aldeas porque seguramente se alterarían con el revuelo que seguramente se montaría en la montaña y al general Kan a que se encargara de mantener a los seres sobrenaturales a raya cuando estuvieran cruzando desde abajo Ciudad-Palacio. Porque realmente si los invitaba sin reparos, tenían que entrar a su casa por la puerta, no colarse volando hasta la cima. Pero estaba preocupada, estaban tardando un par de horas más de lo debido, y la espera hacía siempre que se carcomiera la cabeza.

—Rin, vamos a dar un paseo, cuando lleguen, lo sabré y vendremos aquí.

La tomó de la mano, y comenzó a caminar con ella. Aunque ya había superado sus miedos tras parir, podía comprobar cada tanto que ella tenía dudas. Dudas perfectamente comprensibles en una humana, y un poco idiotas desde su punto de vista sabiendo que todo lo que pasaba con el hijo de ambos, excepto porque había sido traído al mundo por una humana, era un demonio perro completa y absolutamente normal. Como otras tantas veces, flotó por encima de ella, hasta ponerse en su camino, arrancándole unas risas, ella le regaló una flor. La tomó y le prometió a cambio que todo saldría bien. Aunque sería raro tener que recibir al idiota de su hermano en su casa. Realmente no había convivido con él, sólo se había mantenido cerca desde que lo descubrió vagando solo, hasta que se aseguró de que era capaz de cuidarse por su cuenta. Soltó un suspiro que no pasó desapercibido para Rin, y ella le robó un beso, trayéndolo de nuevo a la realidad. Realidad en la que por fin Inuyasha, Kagome y su hijo habían llegado ya.

—Vamos, Rin.

—¿Estoy bien? ¿no se me ha desacomodado nada?

Como respuesta, la miró de arriba abajo. Antes probablemente hubiera necesitado de dos personas para reacomodarle toda la ropa después de tan sólo un par de horas tras vestirla. Le abrió el flequillo en su frente para ver la luna igual a la suya que llevaba en su frente desde que la había mordido, y le dio un delicado beso en los labios. —Siempre perfecta, Rin.

—OH POR KAMI-SAMA MÍRALOS INUYASHA QUE ADORABLES —le 'gritó' gesticulando a Inuyasha, tirando de él, señalándole a su hermano y a Rin, a unos veinte metros de ellos. Estaba a nada de empezar a gritar como una fangirl delante de su grupo favorito, pero tenía que acordarse de a su hijo dormido en la espalda de Inuyasha y la posibilidad de molestar a Sesshomaru o asustar al niño que iban a conocer.

Por fin se encontraron, las chicas se saludaron con abrazos, los hermanos con miradas de odio, y entre sonrisas, Kagome saludó al cachorro. Le pareció adorable. Rin pensaba que todo iba perfecto, hasta que Kagome dijo algo que la dejó completamente descolocada: —Me alegro muchísimo de verte tan bien, Rin. Este perrito es adorable, por cierto, ¿Cuándo conoceremos a tu hijo?

Rin y Sesshomaru se miraron el uno al otro, probablemente iba a ser bastante difícil de explicar.


REVIEWS REVIEWS REVIEWS REVIEWS

Hola mi gentecilla bonita! ¿Qué os ha parecido el capítulo? nos esperan muchas escenas bonitas de familia, reencuentros, reconciliaciones, y bueno, lo mas importante A VER COMO EXPLICAN LO DEL BEBE PERRITO XDDDD

respuestas:

marysanty899: siii, el bebé es adorable, sólo estaba un poco asustado, pero es una hermosa familia 3

arual17: es más a Rin a quien le tiene que aprender a hacer caso, a Sesshomaru todo el mundo ya le hace caso de fábrica, no hay que aprender nada jajaja

Bueno bebes, esto es todo, muchas gracias por leerme, espero que os haya gustado, un abrazo de oso panda y hasta la próxima! :3