Capítulo 31

Ni un solo sonido se escuchó en la Sala del Trono después de que Merlín se hubiera revelado ante toda la corte. Nobles, sirvientes, guardias y caballeros, incapaces de dar crédito a lo que veían sus ojos, no podían desviar la vista a algo más que no fuera hechicero presuntamente muerto.

Merlín se movió incómodo ante todas las miradas dirigidas hacia él. Nunca antes le había gustado llamar la atención, característica propia de él, ya sea con o sin magia. Si presentarse ante la corte iba a ser mucho más que incómodo, nada lo preparó para la reacción de las personas que conoció, y que llegó a llamar amigos suyos.

Entre la multitud, el nervioso brujo podía distinguir algunos de los sirvientes con los que había trabajado lado a lado durante sus años como sirviente de la Casa Real de Camelot. En los bordes de la habitación, cuidando las puertas de la Sala del Trono, se encontraban los guardias, Marcus y James, con quienes había pasado gratos momentos platicando con ellos a altas horas de la noche mientras le daba mantenimiento a la armadura y armas de Arturo. Todos ellos mirándolo con espanto.

Incapaz de soportar las miradas llenas de terror de sus conocidos, Merlín comenzó a pasear su vista por la habitación con ansiedad. El rostro de Geoffrey no era diferente a los demás, obviamente no le habían informado que había sobrevivido al duelo con Morgana. ¡Incluso el estoico George había perdido su porte de sirviente estrella!

"¡Hechicero!" gritó lord Morcant nada más salir de su estupor "¡Guardias! ¡Guardias!" gritó una y otra vez el concejal, buscando a los aludidos, quienes permanecían todavía en shock por la aparición del brujo.

Saliendo de su sorpresa, guardias y caballeros acudieron al llamado del cortesano, listos para apresar a Merlín, quien permanecía congelado en su lugar. Internamente, el joven brujo se debatía si todavía estaba a tiempo para abandonar la ciudad y construirse una vida fuera del reino, mientras que otra parte de él lo instaba a quedarse y soportar lo que viniera. Debía confiar en que Arturo y Gwen no lo dejarían caer.

Notando la catastrófica situación que se estaba gestando en medio de la corte, y el estado de pánico y confusión de Merlín, los caballeros de la Mesa Redonda, dirigida por Sir León, avanzaron posicionándose en un círculo protector frente a su amigo, listos para contener el avance de sus hermanos de armas convocados por Morcant.

"¡SUFICIENTE!" gritó Arturo apenas logrando ser escuchado por los cortesanos, quienes sólo tenían ojos para el hechicero, clamando por su arresto (y su sangre).

El grito de Arturo, ignorado por los nobles, logró finalmente sacar a Merlín de su entumecimiento, recordándole que no hay peor batalla que la que no se enfrenta, y si iba a formar parte de esta corte, él debía de ganarse su lugar. Ya no era sólo un sirviente de Camelot o un forastero de Ealdor. Él era Emrys, el brujo del Rey Arturo, con o sin título oficial.

Ignorando el caos frente a él, Merlín se giró buscando la atención del monarca, quien notando el movimiento de su amigo con su visión periférica, se volteó a verlo con molestia. En el momento en que las miradas de ambos se encontraron, Arturo vio en los ojos de su amigo el mismo hartazgo y frustración por esta situación, además de la preocupación por el enfrentamiento entre las mismas tropas de Camelot que estaba por ocurrir. Súbitamente, un pequeño brillo iluminó los cerúleos ojos de Merlín, sorprendiendo a Arturo, quien pronto se percató de los esbozos de una sonrisa traviesa en el rostro de su amigo.

Solemnemente y con toda la seguridad, y orgullo, que podía expresar con una mirada, Arturo asintió, dando su consentimiento para lo que sea que estuviera pensando hacer Merlín, lo hiciera.

Un fuerte estallido sonó por toda la habitación en cuanto Merlín se giró hacia la corte. Sorprendidos por el estruendo, los cortesanos se interrumpieron bruscamente, algunos incluso tropezaron y cayeron al suelo de manera poco digna, mientras que otros se sujetaban el pecho tratando de calmar su acelerado corazón. Guardias y caballeros también se sobresaltaron mientras miraban hacia el trono, donde los dos monarcas lucían demasiado tranquilos al lado del hechicero, cuyos ojos regresaban a su característico color azul.

"¿Esta es la dignidad de la gran nobleza de Camelot?" les preguntó Merlín a los cortesanos, quienes se encogieron ante la severidad de su mirada "El rey ha llamado al orden en esta corte, y ustedes actuando como un grupo de chiquillos sin educación. ¡Debería darles vergüenza!".

"¿Qué… qué demonios hiciste?" preguntó lord Thomas señalando a Merlín con evidente temor.

"¿Yo?" preguntó el brujo con un pequeño toque de inocencia que no pasó desapercibido para Arturo y Guinevere, quienes tuvieron que abstenerse de mirarlo con reproche por su actitud infantil. "Sólo un pequeño efecto de sonido para llamar su atención".

"Gracias Merlín" dijo Arturo adelantándose para tomar la palabra nuevamente "Ahora..."

"¿¡Cómo te atreves a usar tu repugnante magia en este lugar!?" exclamó Morcant, rojo de furia, mientras miraba con odio a Merlín.

"¡YA ES SUFICIENTE!" gritó Arturo sobresaltando a los cortesanos, quienes rápidamente dirigieron su atención al furibundo rey "¡Si van a hablar, lo harán de manera ordenada! ¡Y ahora bajen sus armas y repliéguense!" ordenó Arturo a los guardias y caballeros, quienes finalmente obedecieron al rey, algunos visiblemente a regañadientas, todavía vigilando a Merlín y sin retirar sus manos de las empuñaduras de sus espadas.

"Entonces…" llamó una voz, sobresaltando a los presentes "¿Este es el hechicero que propones para tu corte?" preguntó Lowell casualmente, como si el desorden anterior no hubiera ocurrido.

"Así es, Lowell" respondió Arturo mirando con seriedad al señor de Stonedown, quien abiertamente barría con la mirada a Merlín, mientras el brujo también lo miraba de manera calculadora al no reconocerlo "No puedo pensar en nadie mejor que él para tener este cargo".

"¡Majestad!" llamó Geoffrey de Monmouth tomando la palabra "¿De verdad está usted pensando en confiar en este hombre?"

Arturo y Guinevere miraron al viejo bibliotecario con gran desconcierto, al igual que Gaius. Definitivamente ellos no habían esperado que Geoffrey se retractara en el último momento. "Lo hago. Ambos lo hacemos" respondió Arturo con sinceridad.

"Mi señor, debo protestar" se quejó Geoffrey antes de ser interrumpido por los reclamos de Morcant, Thomas y muchos otros, quienes envalentonados por las palabras del bibliotecario, comenzaron a lanzar sus propias quejas.

"¡Basta!" dijo Arturo silenciando a los cortesanos con un gesto de su mano "Exponga sus razones, lord Geoffrey".

"Gracias, señor. Verá, puedo entender sus razones para estar dispuesto en aceptar a esta… persona" dijo Geoffrey mirando con sospecha a Merlín, quien lo miraba confundido, ya que en palabras de su mentor, Geoffrey apoyaba a Arturo y Guinevere con esta reforma. ¿A dónde quería llegar él?

"Después de todo" continuó explicándose el viejo bibliotecario "Fue su sirviente Merlín el hechicero que enfrentó y derrotó a lady Morgana hace casi dos años". A las palabras del concejero, la corte se llenó de murmullos. Nadie había olvidado esa batalla, especialmente aquellos que la habían presenciado.

"Majestades, todos vimos el campo de batalla después del duelo, y no había señales de vida. También presenciamos sus funerales. El joven Merlín murió, ¿quién es este?" preguntó Geoffrey señalando acusatoriamente al brujo, que lo miraba atónito, al igual que los monarcas.

Arturo y Guinevere se miraron brevemente con sorpresa. Esta era una pregunta para la que no se habían preparado, y que debieron de haber considerado. Su experiencia les había demostrado que aquellos que parecían regresar de la muerte no eran siempre los mismos. Internamente, ambos monarcas agradecían que Geoffrey hubiera sido discreto al insinuar el incidente de Lancelot y Guinevere, pero, ¿qué podrían decir para salir de este apuro?

"Si me permiten, majestades" dijo Gaius saliendo de entre la multitud.

"Adelante Gaius" dijo Arturo con alivio, esperando que su médico de la corte tuviera una respuesta satisfactoria para este problema.

"Puedo entender el temor a que Merlín sea un farsante. En nuestros tiempos hemos visto el uso de la magia para suplantar personas. Sin embargo, este robo de identidades siempre se ha encontrado limitado por el conocimiento que tenga el hechicero sobre la persona que está imitando. El tiempo que he pasado con él me ha demostrado que es el auténtico Merlín y no un impostor. Puedo dar fe de ello".

"¿Sabías sobre esto, médico?" preguntó Morcant mirando con furia a Gaius.

"Así es, lord Morcant" respondió Gaius sin inmutarse por la figura amenazante del concejal.

"Relacionarse con un hechicero se castiga con la muerte" replicó Morcant señalando a Gaius "¡Deberían arrestarte por alta traición!"

"Sí, deberían" comentó Arturo casualmente "Excepto que yo le pedí que lo hiciera" se explicó el rey mirando con desaprobación a su concejero.

"¿Usted hizo qué?" chilló el concejal mirando con incredulidad al rey.

"Verá" contestó Arturo a Morcant, pero dirigiéndose a toda la corte "Hemos sabido que Merlín había sobrevivido a su duelo con Morgana desde hace algún tiempo. Al igual que ustedes, al principio desconfiamos de este milagro. Sin embargo, pronto descubrimos que Merlín había perdido sus recuerdos, por lo que no regresó a Camelot. Eventualmente los recuperó, por lo que tuvimos que pedirle a Gaius que lo examinara para asegurar su identidad".

"Usted… usted ha traicionado sus propias leyes al relacionarse con este hechicero" comentó Morcant mirando con indignación al rey.

"Al igual que usted, lord Morcant, junto con muchos otros en esta sala" declaró Merlín apenas ocultando su irritación. Nunca le agradó ese concejal. Demasiado cerrado de mente y cercano a la mentalidad de Uther.

"¿¡Cómo te atreves!?" exclamó Morcant enfurecido al igual que muchos de los cortesanos.

"Bueno, considerando que soy un brujo, y que nací con magia" explicó Merlín, ignorando los jadeos y murmullos de incredulidad de los cortesanos y sirvientes "Todos los que tuvieron que interactuar conmigo, antes y después, de que se supiera sobre mi magia, por ley, deberían ser ejecutados por alta traición. Usted incluido".

Nuevos jadeos colectivos resonaron en la habitación. Arturo y Guinevere simplemente miraron sorprendidos a su amigo por su osadía de acusar a los cortesanos de traición. Merlín era descarado, pero esta declaración… ¿Qué mosca le había picado?

"¡Estas mintiendo!" exclamó Morcant, seguido por lord Thomas y lord Andrew.

"¿Lo hago?" se preguntó Merlín con fingida confusión "La ley dice que el manejo de la magia, así como la posesión de artefactos mágicos o la interacción con usuarios de magia de cualquier tipo se castiga con la ejecución, sin excepción alguna. ¿Cómo llamaría el haberse dirigido a mí directamente para servirlo que no fuera interacción?"

"Yo… yo…" tartamudeó Morcant reconociendo que no había fallas en la lógica del brujo, de la ley y el historial de ejecuciones de Camelot.

Merlín sonrió levemente al haber atrapado a Morcant en esta pequeña ambigüedad legal "Entonces, ¿cuántos verdugos se necesitarán para todo Camelot?"

"¡Cómo se atreve!" exclamó indignado lord Thomas "¡Muchos desconocíamos de sus prácticas! ¡No puedes esperar que nos ejecuten por nuestro desconocimiento!"

"¿Por qué no?" preguntó Merlín mirando con seriedad al nervioso lord "La ley nunca nos ha eximido por ignorancia".

La acusación sobre ejecuciones injustas estaba implícita en las palabras del brujo, resonando también con lo dicho por la reina sobre falsas acusaciones sobre magia para deshacerse de rivales. Odiaban admitirlo, pero el hechicero tenía razón, En los tiempos de Uther Pendragon, fácilmente hubieran sido condenados, pero quizás salvados por su estatus de nobleza; sin embargo, Arturo Pendragon era un caso diferente al de su padre. El estatus importaba poco o menos que las acciones de la persona.

"Merlín tiene razón" comentó Arturo colocando una mano en el hombro del brujo, tratando de calmarlo. Lo último que necesitaban era enemistarse más con la corte.

"Es verdad" comentó la reina con seriedad "Sin embargo, es completamente ridículo proceder en este momento conforme a la ley, ¿no les parece?" les preguntó a los cortesanos con una pequeña sonrisa cargada de ironía.

"¡Claramente majestad!" comentó el conde de Powys, lord Alfred, con una risa que no logró ocultar su nerviosismo ante la situación "Aunque quizás sería un buen momento para retomar el tema a tratar, ¿no lo cree?".

"Desde luego, lord Alfred" contestó Guinevere con un suave asentimiento "Creo que todos estarán de acuerdo en que Merlín es sin duda la mejor opción como Hechicero de la Corte de Camelot. En el pasado, él ha demostrado su valor y lealtad a este reino, en especial al Rey Arturo. Quizás no sabíamos de su magia, pero nadie negará que sus cualidades fueran de gran renombre".

Nuevos murmullos llenaron la habitación mientras veían al avergonzado brujo un tanto incómodo después de escuchar los elogios de la reina. La corte conocía bien a Merlín, un sirviente descarado que había llegado a forjar una extraña amistad con su empleador. Sus actos habían destacado y trascendido más allá de las fronteras de Camelot.

"Si es que existieron esas cualidades" replicó mordazmente Morcant antes de dirigirse hacia los demás cortesanos interrumpiendo los murmullos "Este… sirviente, mintió y mantuvo una fachada durante años. ¡Años! ¿Cómo podemos decir que él es confiable?"

"¿No mentirían si su vida corriera peligro?" preguntó Merlín mirando a toda la corte con pesar "Cuando vives con la pena de muerte todos los días, no puedes evitar mentir para salvarte y evitar la ejecución. ¿Pueden imaginarse lo que es llegar a este mundo teniendo habilidades por las que serían asesinados? Quizás no me crean, pero es un hecho que las personas pueden nacer con magia. YO soy uno de ellos. No soy un hechicero ordinario, soy a lo que llaman brujo. Y como muchos otros, yo no elegí poder hacer magia. Pero así lo quiso el destino.

"¿La gente se preocuparía por un infante con magia? No, ya han muerto niños por ser hijos de hechiceros o parientes de algún usuario de magia a pesar de carecer de ella. Así que eso fue lo primero que me enseñaron a hacer: mentir y evadir la verdad. Podrían acusarme con la vieja declaración de que todos los usuarios de magia mienten, y es cierto. ¡Mentimos como cualquier otra persona! Pero para mí y los que son como yo, lo hacemos para sobrevivir, para ocultar quiénes somos, y poder vivir un día más.

"Un sólo descuido" señaló Merlín levantando su dedo índice "Sólo hace falta uno, y todo termina para ti, para tu familia o tus amigos. Un sólo descuido, y ya no importará quien eres en realidad. Ya no importarán tus títulos, los años de servicios o de amistad que les hayas dado a todos los que te rodean, porque en el momento en el que se descubre tu magia, ya no eres una persona. Ni siquiera un ser humano, eres escoria… no, eres algo peor, ya que incluso a los criminales más bajos se les permite algo de dignidad".

Merlín habló con el corazón. Una virtud suya y conocida para todo aquel que hubiera interactuado con él. El corazón del brujo siempre estuvo en su manga, así que era fácil saber si estaba mintiendo activamente o no. Sus palabras desbordaban fervor y sinceridad, y lo más sobresaliente, dolor y resentimiento.

Durante su discurso, Arturo no pudo evitar estremecerse un poco al reconocer en las palabras de su amigo el mismo dolor que le había causado. Cuando descubrió su magia, a sus ojos, Merlín ya no era Merlín, era una máscara, un desconocido, sólo otro usuario de magia con su propia agenda egoísta.

"¿Por qué estás aquí?" preguntó lord Loeter con auténtica curiosidad al dirigirse al brujo "¿Qué buscas?"

"Paz" respondió Merlín con los ojos brillantes, conteniendo sus lágrimas "Al igual que muchos otros usuarios de magia, busco la paz. Busco un mundo donde todos podamos ser quienes somos en verdad, sin mentiras ni escondites".

"¿Y esperas que te creamos, hechicero?" se adelanto lord Thomas "Majestad, se lo pido. Recuerde lo que le hizo la magia a lady Morgana. La magia la trastornó al punto de que ella es irreconocible".

"Las decisiones de mi hermana son sólo suyas. Ella tomó su decisión" respondió Arturo con pesar "Y esa es la clave aquí: las decisiones que tomamos como personas. No podemos seguir juzgando a todos por los actos de una sola persona".

"¿Lo son? Habla… habla de ella como si todavía estuviera viva" declaró el marqués de Logres, lord Héctor.

Arturo suspiró antes de contestar. "Lo hago porque lo está. Sigue viva".

Un tenso silencio cayó sobre la habitación. Nadie había hecho la relación de que si Merlín estaba vivo después de su duelo, había la misma probabilidad para Morgana. '¿Cuánto más podrán soportar estas personas?' se preguntó Merlín mientras veía a los cortesanos asimilar estas nuevas noticias.

"¡Esa ley no se modificará!" exclamó Morcant triunfalmente "Si esa bruja todavía está viva la ley es nuestra única defensa contra ella".

"¿Lo es?" preguntó lord Héctor acariciándose la barba pensativamente "¿Y si la ley anti magia favoreciera a lady Morgana?"

"¡Imposible!" exclamó Morcant con necedad, incapaz de creer en la injusticia de la legislación de Uther.

"Los buenos hechiceros son lo suficientemente inteligentes para mantenerse escondidos y no levantar sospechas sobre sus prácticas. Sólo los más desesperados se revelan y tratan de atacar a quienes los condenan" declaró Lowell contundentemente, ganándose una serie más de murmullos y asentimientos por parte de los que compartían el mismo pensamiento que Lowell.

"En realidad creemos que lo expuesto por lord Héctor es la realidad" comentó Arturo, silenciando cualquier réplica que tuvieran Morcant y sus partidarios "Durante estas tres décadas en las que la ley anti magia ha estado vigente, muchos usuarios de magia nos han atacado con sed de venganza por la pérdida de sus familiares y la represión que han sufrido. Cambiar eso abrirá las puertas para lograr la paz".

"¡Por supuesto!" comentó Morcant sarcásticamente "¡Abrámosle las puertas a los hechiceros! ¡Su padre lo intentó, y vea como terminó! ¡Su Hechicera de la Corte lo traicionó! ¡Y ahora la magia trastornó a su hija!"

"Morgana tomó su decisión" respondió Guinevere fríamente "Ella tuvo la oportunidad de sincerarse con nosotros. Lamentablemente, se sintió rodeada y sin un sentimiento de pertenencia a este reino una vez que descubrió su magia. Nos guste o no, somos responsables de esto. ¿A cuántos más habremos de condenar a ir por ese mismo camino? ¿Cuántos más deberán de sentirse aislados para que sientan que la guerra es la única solución?"

"Terminar con la prohibición mágica es uno de los ideales de Morgana. Si le quitamos eso, ¿qué le quedará para respaldar su lucha?" comentó Arturo mirando a los cortesanos, quienes sopesaban sus palabras.

"¿Cómo sabemos que él no está trabajando con ella?" preguntó Thomas mirando con suspicacia a Merlín.

"El rey Arturo está proponiendo terminar la prohibición después de tanto tiempo, y por iniciativa propia" respondió Merlín con sinceridad "Ser libre es mi sueño. No tengo razones para estar del lado de Morgana. Si ella tomara el trono… bueno, ya saben de lo que ella es capaz".

"¿Tal vez el rey y la reina estén hechizados?" comentó Morcant en un desesperado intento por desacreditar la propuesta de Arturo y Guinevere.

"Lo dudo" respondió Geoffrey mirando con desaprobación a su compañero y sobreponiéndose a los murmullos y miradas sospechosas dirigidas hacia los monarcas "El rey y la reina han estado trabajando en este proyecto desde hace bastante tiempo, puedo dar fe de ello. Además, si el rey estuviera hechizado, ¿no sería lo más lógico que él se impusiera en lugar de abrir el debate?"

Nuevos murmullos se extendieron por la habitación, y para tranquilidad de Arturo, parecía que las sospechas y temores de la corte sobre un posible encantamiento comenzaban a disiparse, siendo sustituidos por expresiones evaluadoras y analíticas.

'Tal parece que ganamos esta ronda' pensó Arturo con satisfacción.

"Esta discusión se retomará mañana mismo" declaró el rey "Por ahora, retírense, descansen, y prepárense para el banquete de esta noche".


NA: ¡Nuevamente de regreso por aquí! Tardé bastante en terminar ya que me surgieron varias cosas por hacer, y finalmente decidí publicar hasta que esta parte de la historia estuviera terminada. Lo que me complace es que sí, lo logré. Así que publicaré un poco más estos días. Si vieron, volví a subir algunos capítulos, ya que los corregí y modifiqué (levemente). También quiero agradecer a unos amigos, Aída y Jesús por revisar estos capítulos, muchas gracias!

No se despeguen, que esta historia está lejos de terminar!