Capítulo 34
"No puedo creerlo" suspiró Merlín por tercera vez mientras miraba hacia el horizonte por los ventanales de las cámaras de Arturo y Gwen. El mundo parecía ser mucho más brillante, o quizás siempre lo había sido, pero él apenas podía verlo después de toda una vida en las sombras. "¿Esto es en serio? ¿Soy libre?"
"¡Lo eres Merlín!" le contestó Gwen con suavidad al mismo tiempo que envolvía a su amigo en un cariñoso abrazo "Finalmente lo eres".
"Yo… sigo sin poder creerlo" susurró Merlín con la voz ronca antes de romper a llorar, aferrándose al cálido abrazo de su amiga, esperando que si esto fuera un sueño, nunca tuviera que despertar de nuevo. Finalmente había sucedido.
"Es mejor que lo creas" comentó Arturo colocando una mano sobre el hombro del brujo, llamando su atención "Porque de verdad está pasando".
Antes de que cualquiera pudiera decir algo, Merlín se soltó del abrazo de Gwen y envolvió en uno a Arturo. El rey parpadeó sorprendido ante la acción de su amigo, y tratando de ignorar su propia tensión, finalmente Arturo le devolvió el abrazo dándole unas torpes palmadas en la espalda, ignorando la sonrisa y la mirada que le estaba dando su esposa.
"Suficiente Merlín" dijo Arturo finalmente separándose de su amigo tratando de recuperar su orgullo "No hay necesidad de actuar como una niña".
"Arturo, gracias" dijo Merlín todavía con los ojos llorosos. 'Gracias por mantener tu palabra. Gracias por no dejar que todo sea en vano. Gracias por luchar por mí, por todos nosotros' "De verdad, muchas gracias" continuó agradeciéndole con una gran y deslumbrante sonrisa.
'¿Hace cuánto tiempo que él no sonríe así? ¿Hace cuánto que sus sonrisas no son tan luminosas?', pensó el rey al no poder recordar un momento en el que su amigo se pudiera ver verdaderamente feliz y sin grandes cargas sobre sus hombros. '¿Fue desde antes de que lo nombraran como mi sirviente?'
"No tienes que agradecerme Merlín" respondió Arturo sintiéndose un poco abochornado "Es lo mínimo que podía hacer por ti".
"Arturo…"
"¡Merlín!" llamó Gaius entrando en la habitación con una gran sonrisa "¡Oh muchacho!" dijo antes de envolver al brujo en un fuerte abrazo "¡Cuánta dicha por haber vivido para ver este momento!"
"¿No pensaste que llegaría a ocurrir, verdad?" se burló Merlín, abrazando fuertemente a la única figura paterna que había conocido.
"¡Jamás lo dudé!" exclamó el médico mirando con orgullo a su pupilo que había crecido en él como si fuera su propio hijo.
Arturo se mantuvo aparte mirando enternecido la escena junto con Gwen, mientras Blaise y Gwaine envolvían al brujo en un abrazo propio, seguido de unos fuertes y masculinos golpes en el brazo y la espalda. 'Este es el momento de Merlín, que lo disfrute mientras pueda' pensó el rey mientras veía a su amigo masajearse el brazo después de las felicitaciones de sus amigos. 'Esto aún no termina' suspiró Arturo con preocupación. Quizás se había levantado la prohibición de la magia, pero todavía había un largo camino por recorrer para que la magia y sus practicantes pudieran ser aceptados en todo Camelot.
'¿Sabe, señor, a qué me recuerda Merlín?', resonó la voz de Gaius en la mente del rey, rememorando una de las tantas conversaciones que tuvo con el viejo médico hace tiempo, cuando todavía su amigo se encontraba postrado en cama, atrapado en ese sueño sobrenatural, antes de poder despertarlo con el poder del Grial.
'Merlín me recuerda a un ave enjaulada. Un ave a la que se le deben de cortar las alas una y otra vez para evitar que vuele lejos de sus amos. Siempre limitado a revolotear en un solo lugar… Si se le liberara, si se le permitiera usar sus alas, ¿a dónde cree que iría? ¿A dónde volaría Merlín? ¿Qué cielos surcaría?'.
Arturo sonrió con cariño y bastante emocionado al pensar en ello. 'Eso mismo me estoy preguntando ahora Gaius' pensó el rey después de no haber tenido una respuesta a las palabras de su médico. Esperaba con ansias ver a su amigo crecer y explorar finalmente sus propios talentos, lograr lo posible e imposible. Cualquier traba o futuro conflicto, ya lo resolverían como siempre lo habían hecho: juntos.
-oOo-
"Merlín, tranquilízate" lo llamó Hunith "Vas a hacer un surco en el suelo si sigues así".
"¡Oh! Lo siento, madre" se disculpó Merlín un tanto avergonzado "Estoy demasiado nervioso como para estar quieto en un solo lugar. Hoy Arturo anunciará el levantamiento oficial de la prohibición de la magia y hará mi nombramiento como Brujo de la Corte de Camelot, ¿qué tal si…?"
"Oh, Merlín" suspiró Hunith sonriendo con comprensión mientras escuchaba a su hijo desahogarse en una larga diatriba de '¿Qué pasaría si…?'. Mientras el brujo parloteaba, Hunith no podía dejar de sonreír orgullosa al ver cuánto había crecido su hijo, ahora vestido con unas ricas ropas, regalos de Arturo y Gwen, las cuales recordaban a su estilo habitual, con la excepción de una nueva capa de color azul medianoche con el escudo de los Pendragon bordado en plata.
Cuanta dicha había sentido Hunith cuando aparecieron Sir Gwaine y Sir Percival en Ealdor para escoltarla a Camelot como invitada personal del rey y la reina, quienes solicitaban su asistencia en su reino para presenciar el nombramiento de Merlín Emrys, hijo de Hunith y Balinor, como el nuevo Brujo de la Corte.
Al escuchar semejantes noticias, la pobre mujer cayó desvanecida por la sorpresa frente a los caballeros, quienes apenas lograron evitar que golpeara el suelo con dureza. Cuando Hunith se recuperó, despertando en su propia cabaña, la mujer exigió a los nerviosos caballeros que le explicaran todo lo que estaba sucediendo en Camelot, esperando que todo esto no fuera su alocada imaginación.
"¡Oh dioses! ¡Por fin ha ocurrido!" exclamó Hunith después de escuchar a los caballeros. Incorporándose rápidamente, comenzó a preparar a toda velocidad su equipaje para salir lo más pronto posible hacia Camelot.
Cuando finalmente llegaron a la ciudad, Hunith apenas prestó atención a la ajetreada muchedumbre del mercado, su único pensamiento era llegar a la ciudadela. Esquivando comerciantes, guardias y caballeros, Hunith y su escolta finalmente se detuvieron en el patio de la ciudadela, donde los esperaban al pie de la escalera el rey, la reina, Gaius y un muy sonriente Merlín.
"¡Merlín!" llamó Hunith desmontando rápidamente de su caballo antes de envolver a su hijo en un cálido abrazo. ¡Qué importaba el decoro y las miradas de la nobleza y los plebeyos que contemplaban el intercambio! ¡Al diablo con las miradas de pavor dirigidos hacia el grupo! Su hijo finalmente sería libre, y eso era lo único que importaba "¡Oh, hijo mío!" lloró Hunith "¡Finalmente sucedió!"
"Finalmente" susurró Merlín con una gran sonrisa mientras Hunith le limpiaba las lágrimas con el pulgar "¡Finalmente soy libre!" exclamó fundiéndose en otro abrazo con su madre.
"Hunith" llamaron Arturo y Gwen, acercándose a la madre de su amigo para saludarla. Reparando en su presencia, Hunith soltó a Merlín y envolvió en un fuerte abrazo a Arturo, e ignorando los jadeos y miradas de indignación dirigidas hacia su persona al actuar tan irrespetuosamente con los monarcas, le agradeció una y otra vez por darle la oportunidad a Merlín de ser libre.
"Mi señor, mi señora" llamó Hunith después de soltar también a la reina de su abrazo "Desde el fondo de mi corazón, muchas gracias".
"Arturo, Hunith" pidió el rey con una sonrisa mientras tomaba sus manos en señal de aprecio, sorprendiéndola por su amable gesto. '¡Cuánto has crecido Arturo Pendragon!' pensó maravillada la humilde aldeana, recordando al joven príncipe arrogante que había conocido en Ealdor.
"Arturo entonces" contestó Hunith con una luminosa sonrisa que rivalizaba con la de su hijo.
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"¿Merlín? Ya es hora" llamó Gaius, interrumpiendo el tren de pensamiento de la madre y del hijo.
"¿Ya?" preguntó ansioso el brujo luciendo como si quisiera escapar y perderse en medio del bosque.
'Menos mal que no ha dominado los hechizos de transporte' pensó el médico al ver el estado emocional de su pupilo. "Vamos. El rey y la reina harán el anuncio a toda la ciudad".
Merlín sintió sus piernas como plomo. Sus nervios no lo dejaron moverse hasta que sintió una dura pero cálida mano envolver la suya. Una sonrisa apareció en el rostro del brujo al reconocer el cariñoso toque de su madre, tal y como lo hacía cuando era un infante allá en Ealdor. "Será mejor que no los hagamos esperar" comentó Hunith con una sonrisa, guiándolo junto con Gaius a donde lo esperaban los monarcas.
"¿Listo?" le preguntó Arturo nada más al ver llegar a su amigo tomado de la mano como un chiquillo por su madre y Gaius.
Merlín asintió nerviosamente después de soltar un pequeño chillido al ser incapaz de decir alguna palabra.
"No te vayas a desmayar" le dijo el rey, burlándose un poco de su amigo "Menuda escena qué harías el día de la presentación de tu nuevo puesto".
"No hago promesas" chilló Merlín, ganándose una carcajada por parte del rey.
"¡Arturo!" lo reprendió Gwen dándole un manotazo en el hombro a su esposo. "Descuida Merlín, todo saldrá bien" le dijo la reina sonriéndole, esperando infundirle un poco más de confianza a su amigo.
"Ella tiene razón" dijo Arturo después de calmarse un poco "¿Qué es el pueblo de Camelot en comparación a alguna fuerza mágica hostil?"
"Prefiero la fuerza mágica hostil" murmuró Merlín.
"Estarás bien" le dijo Arturo con firmeza "Estamos aquí, y este es tu hogar tanto como el de ellos. Siempre has tenido un lugar aquí en Camelot. Lo has demostrado una y otra vez".
Merlín asintió. "Bien" dijo el rey posicionándose en su lugar para salir al balcón junto a su esposa "Ya es hora, Guinevere". Asintiendo suavemente, la reina mudó su sonrisa por una expresión más seria y estoica, posicionándose junto a su esposo.
Cuando Arturo y Guinevere salieron al balcón que daba al patio donde el pueblo se había reunido, la muchedumbre comenzó a gritar y aclamar por la presencia de sus soberanos. Después de unos momentos, Arturo levantó la mano, haciendo callar al pueblo, quien en un respetuoso silencio, miraban con curiosidad e interés a su rey.
"¡Pueblo de Camelot!" saludó Arturo "Como imagino que habrán escuchado, este año se han discutido grandes temas en la Corte. Mucho se ha dicho, y mucho más se ha hablado en estos días. Entre esos temas se encuentra el regreso de un viejo amigo".
Arturo guardó silencio mientras la gente cuchicheaba. Tal y como habían dicho George y Guinevere, los rumores no tardaron en esparcirse por la ciudadela y el Pueblo Bajo. Para el final de las negociaciones, había cientos de rumores sobre Merlín y su estancia en el castillo, los cuales se incrementaron una vez que el brujo tuvo su permiso para dejarse ver en público.
"Como muchos saben, un viejo amigo a quien creíamos muerto, finalmente ha regresado a su hogar. La última vez que lo vimos, fue hace casi dos años, cuando este hombre nos protegió de nuestro mayor enemigo: lady Morgana. Durante aquel duelo, este hombre enfrentó a mi hermana en igualdad de condiciones hasta lograr imponerse sobre ella, listo para dar su vida por todos nosotros.
"Pero mucho antes de ese duelo, antes de que todo Camelot supiera de sus habilidades mágicas, él nos había estado protegiendo desde las sombras, oculto tras la fachada de un sirviente. ¿Quién no ha escuchado del criado que cabalga junto al Rey Arturo para enfrentar los males que amenazan con destruir Camelot? ¿Quién no ha oído hablar sobre el irreverente sirviente que hace gala de grandes actos de valor y lealtad?" preguntó Arturo vertiendo su orgullo y aprecio por el brujo en sus palabras.
"Ustedes lo conocen porque convivieron, hablaron o compartieron el día a día junto a él. Hablo nada más y nada menos que de mi antiguo sirviente, Merlín, quien ha mostrado su valía durante mucho tiempo, incluso antes de saber sobre su magia.
"Él ha estado junto a nosotros en las buenas y en las malas, arriesgando su vida en más de un sentido. Ha cabalgado junto a mí y mis caballeros para enfrentar dragones, grifos, bestias de pesadilla, ejércitos inmortales, invasores, saqueadores y perversos hechiceros, pero también, en más de una ocasión, él se ha arriesgado a perder su vida al hacer uso de dones que durante mucho tiempo han sido condenados en este reino, a pesar de que para él y muchos otros, la magia no fuera una opción, ya que nacieron con ella. Así como lo oyen, Merlín nació con magia.
"Les pregunto gente de Camelot" continuó Arturo haciéndose oír sobre los cuchicheos y jadeos por esta nueva revelación "¿Debemos seguir condenando a las personas por cómo nacieron? Yo creo que no. Nadie elige las condiciones o los dones con los que se nace, pero sí decidimos lo que podemos hacer con ellos. Durante toda mi vida, he visto hombres y mujeres con y sin magia hacer el mal, pero también los he visto hacer el bien. Una elección que toda persona puede hacer sin importar quienes sean o sus orígenes.
"¿Podemos seguir condenando y ejecutando personas por nuestro prejuicio y temor? No, no podemos continuar haciéndolo. Ha sido este temor y abandono el que ha convertido a las personas en seres irreconocibles al dejar que se consumieran en su odio y desesperación. Son estas leyes extremistas junto con nuestras acciones lo que nos ha llevado a una época en la que nuestros amigos se convierten en enemigos, hasta llegar al punto en que la sangre se derrama por ambas partes.
"Desde que tengo memoria, Camelot ha estado en guerra contra la magia, trayendo un ciclo interminable de venganza. Hechiceros buscando venganza por sus familiares y seres queridos ejecutados, camelotianos clamando por la sangre de los hechiceros acusados de haber traído alguna desgracia. Un ciclo que debe de terminar para finalmente lograr la paz".
Nadie decía nada mientras escuchaban el discurso del rey. Era totalmente diferente a los que el joven rey había dicho en el pasado. Había algo que rompía totalmente con el estilo tradicional del monarca y con su predecesor. El despotismo de Uther finalmente se desvanecía. Las sombras opresoras del antiguo régimen finalmente comenzaban a desaparecer frente a una luminosa libertad que sólo se había soñado, y que el nuevo rey finalmente hacía realidad. Este era el verdadero y auténtico camino del rey Arturo Pendragon.
"Los más viejos tal vez lo recuerden, y los más jóvenes seguro lo ignoran, pero en el pasado la magia era bienvenida en Camelot". Nuevos murmullos y una ola de agitación se desplegó entre la mayoría de la gente ante esta revelación, mientras que los viejos asentían, reconociendo las palabras del monarca como auténticas "Sin embargo, por ambos lados se cometieron graves errores, los cuales desembocaron en la Gran Purga y en esta interminable guerra, la cual nos ha costado mucho a ambos bandos.
"Y aún así, un usuario de magia cuya familia fue destrozada por la Purga está aquí, junto a nosotros, luchando por este reino que podría condenarlo. Protegiéndonos de la venganza de nuestros enemigos a pesar de que lo condenamos por haber nacido o tener habilidades diferentes a las nuestras. Él es el claro ejemplo de que la magia no es el mal que nos han hecho creer y que todos aquellos que la practican son corruptos, y que lo que en verdad importa es la persona, sus elecciones y sus intenciones.
"Por eso, hoy mismo, nosotros, Arturo Pendragon y Guinevere Pendragon, declaramos abolidas las leyes que prohíben la magia en todo Camelot. Aquellos que quieran o deban de practicarla, son libres de hacerlo sin temor a ser perseguidos por ello. Aquellos que osen usarla con fines destructivos o nocivos para Camelot y su gente, serán castigados según la gravedad de sus faltas.
"Y para asegurar el cumplimiento de las nuevas leyes, nombramos a Merlín Emrys de Ealdor como Brujo de la Corte y Primer Asesor del Rey" terminó Arturo haciéndose a un lado para dejar que el brujo saliera al balcón y se presentara ante todo Camelot.
A la señal del rey, Merlín titubeó. Estaba completamente en pánico, ¿esto sería diferente a cuando Arturo le permitió mostrarse en público? Después de la votación de la corte, Arturo finalmente dejó que saliera y se diera a notar en el castillo y en el pueblo, pero siempre acompañado de algunos de los caballeros para calmar a la gente, aunque quizás haya sido para su propia protección. Salir no fue tan malo, de hecho fue vigorizante. Hasta que notó las miradas de todas las personas: el temor, el miedo, el aislamiento, la desconfianza… Podrían saber que estaba vivo y lo que se estaba discutiendo en la Corte, pero eso no arreglaría ni eliminaría los años de aversión a la magia. En momentos así, quería regresar al anonimato de nuevo.
Merlín sintió un pequeño empujón en su espalda, obra de Gaius, su madre y Blaise, quienes lo animaban a dar el siguiente paso. Lentamente, y rezando para no tropezar, Merlín salió al balcón, posicionándose junto a su rey y su reina, siendo el blanco de cientos de miradas juzgándolo con frialdad... hasta que finalmente un pequeño aplauso se hizo oír en el patio.
Reconociendo al molesto joven que pululaba en sus cocinas, la robusta cocinera del castillo, Mary, comenzó a aplaudir con una suave sonrisa, seguida de cerca por algunos de los sirvientes, guardias, caballeros y eventualmente el resto de la gente de Camelot, junto con el rey la reina.
"Felicidades Merlín, lo hiciste" le dijo Arturo con una gran sonrisa al ver como su gente ovacionaba a su amigo.
Merlín parpadeó una y otra vez, aturdido por el recibimiento. Nuevamente su vida estaba cambiando completamente, y tal vez no volvería a ser como antes, pero sin duda podría mejorar.
"No. Lo hicimos todos juntos" le respondió Merlín con una gran sonrisa "Finalmente la libertad y la magia están regresando a Camelot. Estamos cumpliendo nuestro destino".
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"¡Aaaaaj!" gritó Morgana golpeando con furia el cuenco lleno de agua frente a ella, borrando la repugnante visión de Merlín y Arturo celebrando el levantamiento de la prohibición mágica frente a todo Camelot.
Morgana jadeó una y otra vez, asimilando la escena que acababa de presenciar. "¡Déjalo!" le gritó la bruja a su doncella que se había acercado para limpiar el desastre que había hecho al derramar el agua y quebrar el cuenco al dar este en el suelo.
Asintiendo, la doncella se alejó de ella, tratando de fundirse lo más posible con la habitación para evitar la desquiciada mirada procedente de los tóxicos ojos verdes de lady Morgana.
"No importa" murmuró la bruja saliendo a toda prisa de la habitación sintiendo como le picaban los ojos. '¡No lo hagas!' pensó ella con furia, obligándose a no derramar ni una sola lágrima después de lo que había visto. '¡No puedes volver a mostrar debilidad!'
Dolor, frustración, traición, tristeza, envidia… una interminable tormenta emocional golpeaba en el interior de Morgana, amenazando con derramarse por su pálido rostro con cada segundo que pasaba a pesar de todos sus esfuerzos para evitarlo, sintiendo crecer también una opresión en su pecho que dificultaba su respiración. '¡Triple Diosa! ¿Por qué?' suplicó ella.
El escozor en sus ojos se incrementaba ante cada traicionero pensamiento que la obligaba a rememorar su visión y pasado. Quería llorar de coraje porque a pesar de toda su historia compartida, Arturo y Gwen sólo terminarían con la prohibición mágica por ese estúpido sirviente, pero no por ella… nunca por ella. Quería entrar en esa ciudadela, hacer pedazos a sus enemigos, aplastarlos y hacerlos sufrir por su cinismo e hipocresía. ¿De verdad creían que al hacer esto se ganarían el perdón de la comunidad mágica? ¿De la Antigua Religión? '¡Están equivocados! ¡Tan equivocados! Esto nunca compensará todos los años de persecución y tortura que me hicieron sufrir Uther y Arturo! ¡A mí y a todos los usuarios de magia!'
Y luego estaba Merlín… '¡Merlín!' gritó mentalmente Morgana deteniéndose un momento para tomar aire mientras sus ojos destellaban de un color anaranjado rojizo. El aire del vacío pasillo se agitó a su alrededor mientras el suelo y las paredes comenzaban a resquebrajarse con su furia al pensar en su némesis. Merlín, el maldito sirviente que la desafiaba incansablemente, frustrando sus planes. El amigo traicionero que la había dejado a su suerte cuando más la necesitaba, quebrándola y rompiendo su...
Morgana respiró profundamente al sentir un agudo dolor en su pecho al mismo tiempo que una solitaria lágrima escapaba de sus ojos. '¡No! ¡No lo vale! ¡Ya demasiado dolor me ha ocasionado ese bastardo!' se dijo la bruja una y otra vez, buscando calmarse para gobernar sobre sus emociones, arrojando esos viejos sentimientos como leña para avivar el fuego de su ira y odio.
Súbitamente la agitación de la magia de Morgana se detuvo después de recordar los últimos momentos de la visión en el cuenco: Merlín entrecerrando los ojos, como si viera algo molesto o extraño y estuviera tratando de discernir que era. 'Él me vio. Sabía que estaba mirando' pensó la bruja estremeciéndose ante una nueva emoción que logró aplacar todas las anteriores: miedo.
Emrys sabía que ella estaba mirando a través de la magia. Él, Emrys, cuya magia se acercaba al nivel que ella tenía… 'Él es tu destino, y él será tu perdición' resonó la profecía de la Cailleach. "¡NO!" gritó Morgana lanzando una poderosa ola mágica rasgando los estandartes y la mampostería del pasillo "¡Ella está equivocada!" susurró Morgana alejándose del lugar.
"¡Tú!" gritó Morgana al ver a uno de los guardias acercándose a toda velocidad para investigar la causa del caos en la fortaleza "¡Busca a Sir Mordred, Alvarr y el resto del consejo! ¡Los quiero inmediatamente en la Sala del Consejo!".
"¡S-sí, majestad!" exclamó aterrorizado el guardia tropezando con sus propias piernas, antes de salir corriendo a toda velocidad para cumplir con sus órdenes.
Brevemente, Morgana se regodeó con el miedo y respeto que ejercía en sus dominios. Disfrutando con el pensamiento de que pronto éste se extendería más allá de las Tierras Peligrosas, pero antes tenía que cambiar sus planes.
'No pensé que llegaríamos a esto' reflexionó la bruja encaminándose a la Sala del Consejo. Estos últimos eventos cambiaban por completo sus planes. Por ahora, ya no tendría oportunidad de continuar espiando a Arturo y Camelot por medios mágicos. Merlín no tardaría en levantar escudos y defensas mágicas alrededor de la ciudad para bloquear su visión. Pero esa era la menor de sus preocupaciones. El levantamiento de la prohibición mágica podría traer severas consecuencias para ella y sus aliados, especialmente para aquellos ingenuos idealistas entre sus filas. Tenía que hacer un control de daños, y adelantar sus planes para conquistar Camelot.
'¡Pagarás Emrys! ¡Tú y Arturo me las pagarán muy caro'.
NA: Finalmente llegamos a este punto: la magia finalmente vuelve a ser libre en Camelot. Con esto podemos decir que cierro un arco agumental para esta historia (nuevamente quiero agradecer mis amigos Aída y Jeús por su ayuda como lectores beta independiente al revisar este capítulo). Guerra entre Destinos todavía no termina, así que manténganse sanos y al pendiente de nuevas actualizaciones ;)
