Capítulo 35. Intermedio, Pt. 1. Historias cortas de la magia en Camelot
Tyr Seward y los establos
Era un nuevo día en la ciudad de Camelot, y la agitación acaecida tras el levantamiento de la prohibición mágica apenas empezaba a disminuir. Para la mayoría de sus habitantes, todavía era un shock despertar en un reino en el que la magia era libre de practicarse en lugar de erradicarse. ¿Quién era un hechicero? ¿Quién saldría haciendo magia ahora? La sospecha y el terror seguían circulando entre sus habitantes, quienes apenas podían dormir temiendo despertar entre las ruinas de lo que fue una vez el glorioso reino de Camelot.
Por fortuna, para todos ellos, el reino se mantenía en pie día tras día, ¿pero cuánto tiempo duraría esta paz? La mayor parte de los nobles habían partido de regreso a sus respectivas tierras para anunciar el cambio en la política del reino, y del nuevo Brujo de la Corte al servicio del rey.
Sin embargo, para personas como Tyr Seward, la vida era simple: acata las reglas, trabaja honradamente por ti y tu familia, y se leal a la corona. Las políticas del reino y como se implementaban le eran indiferentes, siempre y cuando éstas no le impidieran cumplir su labor en el mantenimiento y cuidado de los establos reales. Si no era él, ¿quién se aseguraría del bienestar de tan nobles animales? Ciertamente no los altos mandos del reino.
Enlistando mentalmente sus tareas del día, Tyr cruzó el patio de la ciudadela silbando alegremente, cuando vio salir corriendo a los otros mozos como alma que lleva el diablo. Deteniéndose bruscamente, Tyr miró con sospecha el silencioso establo, preguntándose si debería de entrar o llamar a los guardias. Los establos se veían vacíos, y sin señales de vida o de alguna amenaza, dada la quietud de los caballos.
Acercándose con toda precaución, Tyr entreabrió la puerta de los establos lo suficiente como para ver el interior. Detectando un poco de movimiento, evidenciando la presencia de otra persona, el rechoncho hombre abrió más la puerta, sólo para encontrar a Merlín, el nuevo Brujo de la Corte, murmurando algo mientras cepillaba a su vieja yegua, la cual aceptaba gustosa una de las zanahorias que le ofrecía el ex sirviente del rey.
"Ella te extrañó" comentó Tyr nada más entrar a los establos, sorprendiendo al brujo que dejó de atender al caballo, quien relincho indignado ante la brusca reacción de su amo.
"¡Tyr!" exclamó sorprendido el brujo al encontrarse con su antiguo compañero.
"Mer… quiero decir, mi señor" balbuceó Tyr apresuradamente al recordar la nueva estación de Merlín "Permítame preparar su caballo, señor".
"¡No! ¡Tú también!" se quejó Merlín con fastidio.
"¿Perdón?" preguntó el mozo parpadeando confundido ante la reacción del brujo.
"Si la gente no huye de mí, me llaman mi señor mientras se inclinan ante mi presencia" dijo Merlín suspirando con cansancio "Es… muy molesto".
"Bueno… ahora eres diferente, ¿no? Digo, eres el Primer Asesor del Rey, prácticamente un cortesano" respondió Tyr frotándose el cuello con evidente incomodidad.
"Bueno, no sé que es peor" susurró el brujo con tristeza acariciando la crin de su caballo.
"¿Tan-tan malo es que prefieres limpiar los establos?" preguntó Tyr tímidamente, recordando cuanto odiaba Merlín esa tarea. El hombre siempre se quejaba en cuanto llegaba a limpiarlos.
"Me recuerda a los viejos tiempos" susurró Merlín nostálgicamente, antes de continuar atendiendo a la yegua, dejando que Tyr comenzará sus labores.
En silencio, el mozo comenzó a apilar el heno viejo en unos montones, lanzando de vez en cuando miradas curiosas hacia el brujo. "¿Sabes? No me sorprende que tengas magia" comentó Tyr casualmente "Tienes muy buena mano con los animales".
"¿Qué?" saltó Merlín "¿Sabías? ¿Sabías que tenía magia?"
"N-no" respondió Tyr secándose el sudor de la frente "Pero mi abuela, que en paz descanse, tenía magia. Ella decía que podrías encontrarla en personas de buen corazón. Especialmente en aquellas con extraños vínculos con las plantas o animales".
"No sabía que tuvieras parientes con magia" comentó Merlín con bastante sorpresa mirando a su compañero con asombro.
"No es algo que acostumbre compartir" respondió Tyr en voz baja.
Merlín asintió. Él perfectamente podía comprender el sentimiento de mantener oculto estas cosas. "¿Tú la tienes?" preguntó con curiosidad.
"No" respondió Tyr con indiferencia "Tampoco mi madre; y no es que la quiera, pero sería útil. Podría facilitar el trabajo".
"¿Te refieres a algo como esto? "Āhrēre se cwēa" señaló Merlín con los ojos brillando al deshacerse de los deshechos de los caballos, acumulándolos en la carreta para su posterior expulsión de la ciudad.
"¡De eso estaba hablando!" exclamó Tyr con alegría ante la facilidad de hacer el trabajo más rápido y cómodo (apalear excrementos era lo más repelente de trabajar en los establos y caballerizas). "Señor, ¿estuvo usando magia para hacer todas sus tareas?" preguntó el mozo mirando con curiosidad al brujo.
Merlín se encogió ligeramente de hombros con una sonrisa divertida antes de comenzar a retirar el heno viejo de las caballerizas con otro hechizo, dejando que Tyr comenzara a esparcir el nuevo, sabiendo que el hombre aprovechaba ese momento para revisar el estado de salud de los caballos.
Cuando los mozos regresaron a los establos, después de ser reprendidos por los mayordomos por no cumplir con sus tareas, para su gran sorpresa, encontraron a su compañero Tyr conversando tranquilamente con el Brujo de la Corte, apenas reaccionando a la magia que agilizaba sus tareas.
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Una nueva taberna
Era casi la hora del crepúsculo cuando sonaron las cinco campanadas de la tarde que anunciaban el final del día. Ante el ronco sonido, los comerciantes y clientes del mercado se apresuraron para terminar con los negocios del día, guardar sus productos para el día de mañana y poder retirarse a sus hogares. Poco a poco, la abarrotada calle se fue vaciando conforme los habitantes del Pueblo Bajo se apresuraban para llegar a sus casas para atender a sus cansados familiares después de un arduo día de trabajo, pero ni así, la vida comercial terminaba en Camelot.
Una vez que los locales diurnos cerraban, el comercio y la interacción social recaían en las tabernas y otros servicios nocturnos. Así, entre la floreciente oscuridad de las calles del Pueblo Bajo, se podían ver ocasionalmente a los comerciantes, jornaleros, guardias y caballeros dirigirse por las calles de la ciudad hacia una de las tabernas más afamadas de Camelot: el Sol Naciente.
Aprovechando la oscuridad, y cubierto de su capa azul medianoche, Merlín caminaba un tanto indeciso por la solitaria calle para reunirse con los caballeros en la taberna. A decir verdad, todavía se sentía un tanto inseguro de dejarse ver en público, a pesar de la insistencia de Arturo y Gwen. Según ellos, su presencia era necesaria para acostumbrar al pueblo a su presencia y que la magia no cambiaba nada. Por lo que, en apoyo al plan de los monarcas, Gwaine había estado insistiéndole al brujo para acompañarlo a él y a los caballeros a la taberna, Finalmente, y después de una obstinada negativa a aceptar un no de su parte, Merlín terminó por aceptar la invitación de Gwaine.
Escabulléndose rápidamente por la puerta, y aprovechando el desorden y la muchedumbre dentro del local, Merlín logró pasar desapercibido. Dando un vistazo rápido por la habitación, Merlín distinguió a sus amigos sentados y bebiendo alegremente en una mesa al fondo de la taberna.
"¡Merlín!" exclamó Gwaine arrastrando las palabras con alegría mientras le hacía señas a su amigo para que tomara el lugar junto a él.
"¡Hola Gwaine!" saludó Merlín con una mueca mientras el borracho caballero lo palmeaba en la espalda con bastante fuerza "¡Hola a todos!" dijo todavía con una dolorosa sonrisa a Blaise y el resto de los caballeros.
"¿Todo bien, Wyllt?" saludó Blaise a su amigo.
"Lo normal" respondió Merlín encogiéndose de hombros antes de ser atraído a un abrazo por parte de su borracho amigo.
"¿Quién diría que te veríamos venir aquí por tu propia voluntad?" se burló Elyan también palmeando la espalda del brujo.
"¿Pero qué dices?" le respondió Merlín con extrañeza "Ya he venido antes a la taberna con todos ustedes".
"Nunca por tu propia voluntad" respondió Percival antes de dar un trago a su bebida.
"¡Es cierto!" se rió Gwaine con una sonora carcajada "Por lo general teníamos que secuestrarte".
"¿En serio?" preguntaron Blaise e Yvain con incredulidad después de que los caballeros mayores asintieran a las palabras del pícaro.
"¡Siempre dije que Merlín vendría a la taberna por su propia voluntad cuando la magia fuera legal!" exclamó León riendo sonoramente "¿Y vean? ¡Tenía razón!"
"¿Recuerdan esa vez en la que Percival trajo a Merlín cargándolo como un saco de papas?" preguntó Gwaine con diversión.
"¡Fue tan vergonzoso!" se quejó Merlín mientras el gigante caballero alborotaba con diversión los cabellos del brujo a pesar de la capucha que cubría su rostro.
Las risas y burlas continuaron entre los miembros de la Mesa Redonda, tranquilizando y permitiendo al brujo relajarse hasta que una de las meseras tropezó, derramando todas las bebidas que llevaba sobre el delgado brujo.
Un silencio cayó en la mesa después del accidente, mientras Merlín se retiraba la capucha, revelando su cabello oscuro humedecido y escurriendo hidromiel y cerveza por todo su rostro.
"¡Amigo, pareces una rata ahogada!" se burló Gwaine, seguido de Yvain que soltó una trompetilla antes de romper a reír junto con los demás miembros de la mesa. Ninguno de ellos escuchó el chillido de la mesera en cuanto reconoció a Merlín.
"¡Está bien! No pasó nada" dijo Merlín sacudiéndose la bebida del cabello y tratando de tranquilizar a la nerviosa joven "Ic i clǣnsiġe se dynċġe" murmuró el brujo limpiando el alcohol derramado sobre él.
"¡Hechicería!" gritó la mesera aterrada dejando caer nuevamente la bandeja al suelo, alejándose lo más posible de Merlín. Ante su grito, los caballeros callaron de golpe, poniéndose en guardia ante el sepulcral silencio que había caído en toda la taberna.
Merlín bajó la mirada sintiéndose avergonzado ante los murmullos, señalamientos y miradas que le dirigía la clientela del Sol Naciente. '¿Por qué vine?' se lamentó el brujo al sentir el rechazo en el lugar.
"¡No quiero hechicería aquí!" gritó el gordo tabernero adelantándose con un robusto palo hacia el brujo "¡Este es un lugar respetable! ¡Los de tu tipo no son bienvenidos aquí!"
"Cuida tus palabras Evoric" replicó Gwaine incorporándose rápidamente para defender a su amigo "Es del Brujo de la Corte de quien hablas. Un cortesano".
"¡Hizo magia!" replicó Evoric obstinadamente.
"Lo cual es perfectamente legal" contestó Percival irguiéndose cuan alto era y cruzándose de brazos, resaltando sus músculos, logrando hacer retroceder al posadero ante la silenciosa amenaza del caballero.
"Es un hechicero. Quien sabe lo que podría hacer" contestó rápidamente el posadero con terquedad.
"Está bien" dijo Merlín con un tono amargo, levantándose pero sin ver a nadie en particular "No dejes que arruine su noche" dijo antes de salir de la posada, consciente de estar atrayendo todas las miradas de la clientela.
"¡Wyllt!" llamó Blaise yendo tras él a toda velocidad.
La puerta se cerró con un golpe seco detrás del démeta, apenas perturbando el silencio y la sofocante tensión que había caído en la taberna después de esa escena.
"No sé ustedes caballeros" dijo León mirando a sus compañeros con la seriedad y resolución que tomaba al dirigir a los caballeros en una batalla "Pero creo que es hora de cambiar de aires, ¿no les parece?"
"Sí, este lugar ha perdido su encanto" comentó Elyan mirando con desagrado el establecimiento.
Gwaine sonrió con picardía al entender el plan de sus amigos, asintiéndoles enérgicamente para expresar su apoyo. "Mañana me aseguraré de saldar todas mis deudas contigo, Evoric" prometió el caballero con un tono amenazante, liderando al grupo que se retiraba de la taberna.
"Por cierto, lindo encanto el de la entrada" comentó Yvain señalando un colgante parecido a un candelabro en el cual se encontraban algunos cristales y plumas atados "¿Te lo dio algún druida? Tiene toda la pinta de un encanto de protección de la Antigua Religión" declaró finalmente, dejando al hipócrita posadero con su local.
Una brisa fría alborotó los cabellos del joven caballero, quien se dirigía a toda velocidad hacia donde lo esperaba la Mesa Redonda. "¿Ahora qué?" les preguntó.
"Encontramos a Merlín y a Blaise" respondió Gwaine con dureza, dispuesto a encontrar a su mejor amigo y apoyarlo después del trato que le había dado Evoric y sus trabajadores.
"La noche es joven todavía" comentó Yvain siguiendo a los veteranos caballeros hacia la ciudadela "Si Merlín y Blaise todavía están de ánimos, puedo conseguir unas cuantas bebidas, quizás algunos bocadillos. Oí que llegó un nuevo cargamento de alcoholes al Estrella de Plata".
"Suena como un buen plan, Yvain" le dijo León con un asentimiento "Nos veremos en mis cámaras, ¿está bien?".
"Perfecto" comentó el joven caballero antes de separarse del grupo para dirigirse a la nueva posada, dejando que el consuelo del brujo llegara por sus amigos más cercanos.
'Falta mucho por recorrer' pensó Yvain al darse cuenta de que la hipocresía y el prejuicio aún permanecían en todo Camelot. 'Sólo espero que estos no conduzcan a algo más oscuro'.
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Cuentos mágicos
"¡Wyllt!"
Merlín se detuvo a mitad de la calle, esperando a que Blaise lo alcanzara. "¡Hola Blaise!" saludó el brujo con una sonrisa, notando que el ermitaño llegaba cargando una cesta llena de hierbas medicinales. "¿Recogiendo hierbas?" preguntó con curiosidad.
"Son para Gaius" respondió Blaise "Necesitaba algunas, y dado que has estado ocupado con tus deberes como Brujo de la Corte, me ofrecí para ir a buscarlas".
"Lo siento" se disculpó Merlín al ver como había descuidado sus deberes con el viejo médico, a quien a duras penas había podido ver, especialmente ahora que se había mudado a unas nuevas cámaras en una de las torres del castillo.
"No tienes que hacerlo" respondió Blaise "Además, necesitaba salir a dar una vuelta. A veces siento que la ciudad me asfixia".
"Entiendo el sentimiento" respondió el brujo caminando junto a su amigo para regresar a la ciudadela "Los primeros días sentía que todo esto era un laberinto. Tantos callejones y casas…"
"Puede ser abrumador" murmuró Blaise incómodo.
"Así es" suspiró Merlín un poco nostálgico "De mis deberes con Gaius, salir a recolectar hierbas era uno de mis favoritos. Me daba un respiro de los deberes con Arturo y como aprendiz del médico. Ahora ni eso puedo hacer".
"Por ahora" dijo Blaise con confianza "Él sabe que estas ocupado, así que no te reprocha el que tengas tu atención en otra parte. Seguro que cuando encuentres un buen ritmo de trabajo, podrás reanudar tus estudios con Gaius".
"Eso espero" respondió Merlín con un brillo esperanzador en sus ojos "Me gustaría terminar mi entrenamiento de médico con Gaius. La facilidad de Arturo para hacer que casi lo maten requiere de estar bien informado y preparado en la medicina".
"Pero siempre puedes usar magia para sanarlo" señaló Blaise con tranquilidad.
"Bueeenooo" dijo Merlín frotándose el cuello con nerviosismo.
"¿Qué?" preguntó Blaise con curiosidad "Debes saber hacer magia curativa".
"La verdad no" respondió Merlín con un puchero, negándose a ver a Blaise "Se me dificulta mucho hacer ese tipo de hechizos".
"¡Noooo!" exclamó Blaise con diversión "¿Me estás diciendo que el todo poderoso Emrys es incapaz de curar una pequeña herida en el dedo?"
"¡Blaise!" exclamó Merlín sorprendido por las burlas de su amigo.
"¡Qué Camelot se cuide de una oleada de dedos sangrantes!" siguió Blaise riéndose a costa de Merlín, ignorando las miradas escandalizadas que le enviaban los transeúntes. Si era por burlarse del Brujo de la Corte o por ser tan temerario como para reírse de un usuario de magia en su cara, a Blaise no le importaba.
"Eres peor que los caballeros" se quejó el brujo, ganándose otra oleada de carcajadas por parte de su amigo.
"¡Oh! ¡Espera a que se enteren!" amenazó Blaise con un brillo perverso, ganándose una mirada glacial por parte de su amigo.
Dentro del patio de la ciudadela, se encontraba un grupo de niños, los cuales corrían de un lado al otro, jugando entre ellos. Los pequeños se perseguían con diversión, llenando el patio con sus gritos y risas.
"¡Deténganse inmediatamente hechiceros!" gritó uno en voz alta tratando de atrapar a uno de sus compañeros, él cual logró esquivarlo.
"¡Nunca!" gritó el pequeño "Nunca nos atraparás. No evitarás que usemos nuestra magia para hacernos reyes".
Apenas viendo a dónde iban, una niña chocó con una de las personas, haciéndola caer de sentón. Adolorida, la pequeña estaba a punto de romper a llorar, cuando sintió una mano en su hombro, tratando de consolarla.
"Hey, tranquila" dijo amablemente el señor con el que había chocado "No paso nada. No estás herida, ¿o sí?"
"N-no" respondió la niña tratando de reprimir las lágrimas.
"Eso es. No tienes porqué llorar. ¿Cuál es tu nombre?" preguntó el señor.
"Margareth" respondió la niña mirando con curiosidad a su interlocutor, quien no parecía nada enojado por el incidente. Sólo divertido.
Antes de que el hombre pudiera decir algo más, se vio interrumpido por un chillido de uno de los otros niños "¡El hechicero del rey!" exclamó asustado.
Un silencio sepulcral se asentó en el patio, al mismo tiempo que Merlín palidecía, y Blaise se tensaba, mirando a su alrededor en guardia, como si esperara un ataque o algo contra su amigo.
"¿De verdad eres el hechicero que vive en el castillo?" preguntó Margareth mirando con curiosidad a Merlín.
"Eh, sí. Lo soy" respondió Merlín con una pequeña sonrisa, esperando no aterrorizar a la pobre niña.
La pequeña ladeó la cabeza mirándolo con extrañeza, apenas aterrorizada por su presencia "No pareces tener magia. Eres muy flaco" dijo la niña.
"Bueno, aunque no lo creas, la tenga" replicó Merlín con diversión ante la tenacidad de la niña.
"¡Muéstrame!" exigió la pequeña mirando con desafío al brujo.
Levantando las cejas, sorprendido por el desafío, Merlín juntó sus manos a la altura de su rostro, y murmuró "Gewyrcan lif".
La niña apenas reaccionó ante el brillo dorado en los ojos, limitándose a abrir la boca en una perfecta 'o' para señalar su sorpresa, la cual pronto se convirtió en alegría pura cuando Merlín abrió sus manos, revelando una mariposa de un vibrante color azul.
"¿Ahora me crees?" preguntó el brujo con una sonrisa en cuanto el insecto hubiera despegado de sus manos para posarse en la nariz de la pequeña, batiendo sus alas como si se burlara de su incredulidad para luego irse volando hacia el cielo.
"¡Más!" exigió Margareth con alegría, atrayendo a sus compañeros de juego, que también comenzaron a exigir ver más magia y a preguntarle un sinfín de cosas al risueño brujo.
"¿Puedes hacer fuego con tus manos?" preguntó uno.
"¿Hablas con los animales?" preguntó un segundo.
"¿Puedes transformarte en un pájaro?" preguntó el tercero.
Merlín trató de ponerse al día con las interminables preguntas de los niños tratando de saciar su curiosidad, además de hacer pequeños trucos, para entretenerlos, disfrutando por una vez no ser objeto de miradas despectivas y de rechazo.
"¿Blaise?" llamó una voz femenina
Al escuchar su nombre, el démeta se giró para buscar quien lo llamaba, reconociendo a la reina Guinevere que regresaba de su paseo por el Pueblo Bajo, acompañada de los caballeros Bedivere y Lucan. "¿Qué está pasando aquí?"
"Merlín conoció a un grupo de niños muy curiosos, majestad" respondió Blaise con una sonrisa ante el espectáculo que estaba armando el brujo de la corte en medio del patio.
"¿Es cierto que conoces al rey?" preguntó uno de los niños "¿Y qué lo has acompañado en sus aventuras?"
"Así es" respondió Merlín "Conozco y he visto al rey de Camelot en persona".
"¡Wow!" exclamó el niño "¿Cómo es?"
"Bueno" dijo Merlín caminando hacia las escaleras de la ciudadela para sentarse, seguido de los niños que lo imitaron, mirándolo con emoción "Él es muy valiente, es uno de los hombres más valientes y honorables que conozco. Siempre dispuesto a hacer lo que sea para salvar a su reino, sin importar los riesgos".
"Cuéntanos una de sus aventuras" pidió Margareth con emoción, seguida de los demás niños.
"Mmm…" dijo Merlín rascándose la barbilla dramáticamente "¿Han escuchado de la vez que el rey salvó Camelot de la hambruna y sequía?" Los niños negaron con la cabeza enérgicamente "Bueno, todo comenzó con el rey y los caballeros en un viaje de caza…"
Mientras Merlín contaba una de sus historias, Blaise se retiró a las cámaras de Gaius para entregarle las hierbas. Después de haberlas dejado en el taller para que se secaran, Blaise salió en busca de Merlín, preguntándose si seguiría todavía en el patio. Al salir, grande fue su sorpresa al encontrar a su amigo rodeado de no sólo de los niños, sino de algunos nobles y plebeyos, escuchándolo con atención.
Escabulléndose entre la multitud, Blaise notó que la gente había dejado un amplio espacio entre ellos y el brujo. Curioso, el ermitaño se acercó a la reina quien se había sentado en las escalinatas junto a su amigo para poder escucharlo mejor.
"Mi señora, ¿qué está pasando?" preguntó con curiosidad.
"Shh" dijo la reina con emoción, colocando un dedo en sus labios para que el hombre hiciera silencio "Merlín está por narrar la historia de la Espada en la Piedra".
"Todo empezó con una poderosa espada forjada por el mayor herrero de Albión y un rey legendario, Bruta, el primer rey de Camelot…" comenzó a narrar la historia el brujo con una voz solemnte.
Arturo estaba de malhumor debido al mal día que había tenido. Para empezar, no hubo entrenamiento con los caballeros, así que tuvo que pasar el día entero dentro del palacio leyendo informes y las exigencias del consejo y de los demás nobles. En todo el día no había podido ver ni a Guinevere ni a Merlín, por lo que había tenido que sufrir una agobiante tarde en compañía de George y sus chistes de latón y pulido de metales.
'¿Dónde están todos?' pensó el rey mirando con extrañeza los vacíos pasillos del castillo. Estaba cerca de las puertas que daban al patio, y apenas se había encontrado en su camino a alguno de los habitantes del castillo.
Buscando un poco de aire fresco, Arturo se encontró a una gran muchedumbre reunida en la puerta principal. Preguntándose sobre lo que podría estar pasando, el rey se acercó, cuando escuchó la voz de Merlín.
"… El rey estaba triste…" dijo el brujo, confundiendo a Arturo. '¿Qué está haciendo ese idiota?' "… la bruja Morgana le había quitado su reino y lo había expulsado de Camelot Sin embargo, él no podía perder el tiempo lamentándose por ello, ya que Morgana sabía que el rey vivía y que se le había escapado. Enfurecida, la bruja salió en su búsqueda y de todos aquellos que habían logrado huir después del ataque…"
Notando la presencia del rey, la gente comenzó a hacerse hacia un lado con una reverencia para abrirle el paso hasta la primera fila, descubriéndole un espectáculo inolvidable:
Caballeros, nobles y plebeyos se habían reunido alrededor de Merlín, quien estaba narrando una historia, al mismo tiempo que escenificaba su narración con magia. Con cada palabra del brujo, y con los ojos brillando, su amigo conjuraba diversas siluetas y figuras de diversos colores. Reconoció su silueta, la de Merlín y sus caballeros huyendo de otra de color verde oscuro montando a caballo. Vio a Tristán y a Isolda uniéndoseles mientras escapaban de Agravaine, quien en cuanto apareció en escena, se ganó una gran cantidad de abucheos por parte del público.
Sonriendo ante el espectáculo, Arturo se sentó junto a Guinevere, quien sostenía a una pequeña niña en sus piernas. "¿Qué está pasando?" le preguntó.
"Merlín está contando alguna de tus aventuras" respondió Gwen con una gran sonrisa.
"… En esa noche, cuando Arturo había perdido toda esperanza, fue que casualmente encontramos la legendaria espada en la piedra" contó Merlín conjurando la imagen "Que si recuerdan la leyenda, sólo el verdadero rey de Camelot podría romper su hechizo y liberarla de la piedra, para así guiar y proteger el reino.
"Emocionado por el descubrimiento, y comunicándonos con los refugiados, todos nos reunimos en el claro donde se encontraba la espada…" Arturo rió ante la imagen animada de ex sirviente actuando como alguien loco de alegría mientras pasaba el mensaje a todos los que encontraba "… Esa mañana, cuando toda esperanza se perdía, el rey Arturo tomó la espada por la empuñadura, y respirando profundamente para armarse de valor, tiró con fuerza de ella, reclamando la legendaria espada Excalibur…".
Arturo sonrió mientras veía a su yo levantar la espada frente al pueblo de Camelot. 'Vaya que fue un momento épico' pensó Arturo, a pesar de que Merlín había creado una superstición en torno a Excalibur, y que la historia real no era ni remotamente cercana a esta historia, ese día, su amigo le había enseñado algo mucho más valioso que el sacar una espada de la piedra. Merlín le había enseñado que él era el verdadero rey de Camelot porque su gente así lo creía y porque así lo quería. Más allá de su título heredado, él era su rey porque todos ellos habían depositado su confianza y su fe en su persona. Defraudarlos no era una opción.
"…y fue así que con la espada en su mano, y acompañado por la reina Guinevere, un par de contrabandistas y los caballeros, el rey Arturo marchó a Camelot para expulsar a la malvada Morgana, a sus hombres y liberar al reino de su tiranía" terminó Merlín la historia con una escena de todos ellos chocando en batalla con Morgana. Junto con una larga oleada de aplausos.
"No olvides tu papel en la historia Merlín" dijo Arturo haciéndose oír, callando a las reunidos, con la excepción de los niños, quienes estaban emocionados al verlo ahí con ellos.
"¿Y qué hizo él?" preguntó tímidamente la niña sentada en el regazo de Gwen.
Arturo le sonrió amablemente a la pequeña antes de contestar "Bueno, en algún momento de la noche previa a nuestra partida para recuperar Camelot, Merlín se escabulló en la ciudad… ¿No piensas escenificar la historia?" preguntó el rey con exasperación al notar al estático brujo avergonzado.
Merlín giró los ojos antes de empezar a conjurar sus siluetas luminosas mientras le daba una mirada molesta. "Bien" continuó Arturo "Arriesgándose a ser descubierto por los southrons o por la misma Morgana, Merlín entró al castillo para hechizar a la bruja…" la gente jadeó al escuchar al rey "Así, ella no pudo usar su magia contra nosotros, obligándola a huir de Camelot ya que había perdido su ventaja".
"¡Sí!" gritaron y aplaudieron los niños brincando de alegría, haciendo reír al rey.
"Bueno, niños, ya se hace tarde y es hora de que se vayan a dormir" dijo Merlín con la voz ronca mientras se frotaba el cuello apenado por lo que había contado el rey.
Al escuchar las palabras del brujo, los niños comenzaron a gemir y a rogar por más historias. "Es suficiente por ahora" declaró Merlín con seriedad "Tienen que ir a casa para cenar e irse a dormir" los niños volvieron a quejarse mientras hacían pucheros "Pero sí se portan bien, quizás luego les cuente la historia de cómo el rey se enfrentó a un travieso duende".
Arturo enrojeció al escuchar la próxima historia de su amigo. La vergüenza de ese día no había sido olvidada por él, y a juzgar por la risa de Guinevere, ella tampoco lo había olvidado. "Recuerda que tú también fuiste víctima del duende" le susurró Arturo a la reina con una sonrisita maliciosa, haciéndola callar "No querrás que se ventile lo sucedido".
"Asegurémonos de que Merlín nunca logre contar esa historia" declaró la reina tan sonrojada y avergonzada como su esposo.
Entre emocionados y tristes, los niños se retiraron resignados con sus respectivos padres. "Bueno, niños, ¿cómo se dice?" dijo uno de los padres.
"Gracias, Merlín" dijeron los niños todos desordenados.
"Jajaja, de nada" respondió Merlín con diversón.
"Gracias mi lord" dijeron los adultos con una reverencia sorprendiendo al brujo que apenas podía creer lo que estaba pasando "Gracias por todo".
En cuanto la última de las familias hubiera salido, el patio se quedó completamente vacío, excepto por Arturo, Gwen, Merlín y Blaise. "Eso estuvo bien" comentó Gwen con una sonrisa orgullosa.
"Me alegro que les haya gustado las historias" dijo Merlín con satisfacción.
"¡Oh! Les gustaron; pero no te agradecieron únicamente por entretener a sus hijos" declaró Gwen todavía sonriendo por lo apenado que se veía su amigo.
"Oye, Merlín, no sabía que pensabas tan bien de mí" dijo Arturo con una sonrisa de suficiencia.
"Tienes tus momentos de grandeza, aunque la mayor parte del tiempo eres un imbécil" replicó Merlín borrando la sonrisa del rey.
"¿Disculpa?" se quejó Arturo con molestia.
"Perdonado" dijo Merlín risueño.
"¿Tienes idea de con quién estás hablando, idiota? Podría ponerte en el cepo por tu impertinencia" dijo Arturo amenazadoramente.
"¿Y tú sabes quién soy yo? Me gustaría verte intentarlo" replicó Merlín en una perfecta imitación de Arturo, quien lo miró sorprendido.
Sonriendo maliciosamente, y antes de que Merlín pudiera reaccionar, Arturo esposó al brujo por el cuello y comenzó a frotar sus nudillos sobre su cabeza rápidamente
"¡Ay! ¡Arturo, no!" lloró Merlín mientras trataba de zafarse del agarre del rey.
"¿Qué Merlín?" replicó Arturo con diversión.
"¡Gwen! ¡Blaise!" llamó Merlín por su ayuda.
"Buenas noches a los dos" se despidió la reina antes de retirarse al interior de la ciudadela seguida de cerca por Blaise, dejando a su suerte a su amigo, quien los miraba con traición.
"¿Siempre son así, majestad?" preguntó Blaise bastante divertido por lo absurdo de la situación.
"Peor" respondió Gwen igual de divertida "Pero están mejorando".
Blaise sonrió antes de soltar un suspiro. 'Finalmente sientes que perteneces aquí, ¿no, Wyllt?'.
