Capítulo 37
El otoño finalmente había llegado a Albión. En los últimos días, los vientos habían arrastrado grandes cúmulos de nubes que mantenían oculto al sol y a sus calurosos rayos. Los primeros días de la estación amanecieron con pequeñas lluvias y neblinas, las cuales sólo aumentaban la intensidad del frío durante el día. A pesar del deprimente clima que imperaba sobre Camelot, éste no era suficiente como para detener el entrenamiento de los caballeros, cuyos jadeos y los chirridos de los metales golpeando entre sí, resonaban por los campos de entrenamiento.
"Los pies" señaló Percival la falla en su escudero durante su combate de práctica. "Una base desequilibrada es un golpe fallido" instruyó el caballero a su pupilo, bloqueando uno de los ataques del joven "Más fuerte. Apenas y sentí el golpe".
"Eres más grande y fuerte que yo" jadeó Galahad haciendo una mueca de dolor al bloquear con su escudo el golpe de su maestro "¿Cuánto daño puedo llegar a hacerte?"
"Sin excusas" lo regañó Percival con severidad antes de derribar al adolescente "Serás un caballero y no puedes darte el lujo de lloriquear en el campo de batalla. Tus enemigos no te tendrán ninguna consideración. Resiste los ataques del enemigo y agótalos con tu propia fuerza".
Galahad apenas asintió mientras ponía la cabeza en sus rodillas, tratando de recuperar el aliento e ignorar las náuseas ocasionadas por el intenso entrenamiento. "Descansa cinco minutos y bebe algo de agua. Ya para terminar dame 3 series de 20 flexiones y después sigue con 20 sentadillas y 20 desplantes" le ordenó Percival.
"¡Sí, señor!" respondió Galahad mientras se incorporaba tambaleante en busca de un poco de agua para calmar el ardor en su garganta.
Ya un poco más descansado, Galahad regresó donde Percival para comenzar a hacer su rutina de ejercicios bajo la estricta vigilancia del caballero. Si bien él no dudaba de que Galahad fuera un joven realmente esforzado, el chico no era inmune a las tendencias juveniles de saltarse sus tareas. En más de una ocasión lo había pillado brincándose algunos de sus ejercicios.
'Está casi listo' pensó Percival con orgullo y satisfacción mientras veía a su escudero ejercitarse arduamente. Su entrenamiento estaba cerca de terminar, sólo le faltaba pulir algunas asperezas como su temeridad, su orgullo, el descaro y la ocasional falta de coordinación y control sobre su cuerpo en crecimiento, no obstante, Percival confiaba en que estos serían defectos pasajeros.
Siendo honesto, Percival estaba completamente seguro de que Galahad se volvería un gran y reconocido caballero por derecho propio. En el pasado, el joven LeFay había demostrado ser un hábil guerrero, a pesar de haberse criado con los druidas, los cuales muy probablemente habían influido en sus cualidades como estudiante. Galahad era de mente abierta y despierta, con una capacidad de aprender rápidamente con sólo observar los ejercicios. Su talento le había permitido aprovechar en su totalidad su tiempo con Arturo. Galahad aprendió rápidamente los principios básicos y técnicos de la caballería, así como el manejo de las armas, hasta que en muy poco tiempo, el rey decidió pasar su tutela a Percival, de quien continuó aprendiendo. Definitivamente el joven era un hombre de armas nato.
Durante su tiempo en Camelot, Galahad había crecido bastante desde su encuentro con el rey y los caballeros en el santuario druida de Aldorner, no sólo en estatura y complexión, sino también en espíritu, recordándole al caballero a su difunto amigo Lancelot. Un parecido que había trascendido más allá del círculo del rey, llamando la atención de los demás caballeros y aquellos que hubieran conocido al honorable guerrero. Incluso Gwaine había dicho más de una vez que el chico era un Lancelot en miniatura. '¿Podría estar emparentado con él?' pensó Percival no por primera vez.
"¿Galahad?" llamó de repente una voz femenina detrás del gigante caballero distrayendo al aludido, que se detuvo para ver quien lo llamaba.
"¿Madre?" preguntó Galahad sorprendido a mitad de la sentadilla al reparar en la presencia de Elaine LeFay en medio de los campos de entrenamiento, rodeada de las brumas y con el cabello alborotado y salvaje como un hada salida del mismo Avalon.
"¡Has crecido tanto, hijo mío!" dijo Elaine con una gran sonrisa antes de ser emboscada en un fuerte abrazo por su hijo. 'Te pareces tanto a tu padre' pensó Elaine abrazando un poco más fuerte a su hijo tratando de mitigar el dolor en su pecho al pensar en Lancelot.
"Bienvenida a Camelot Elaine" saludó Percival amablemente. En cuanto la vio bien, la sonrisa del caballero cambió bruscamente por un ceño preocupado. Elaine lucía como si hubiera estado huyendo durante mucho tiempo. Su rostro pálido se encontraba sucio al igual que su cabello, el cual había perdido parte de su brillo. Sus ropas se encontraban rasgadas y cubiertas de lodo. '¡Por Dios! ¿Esas son vendas en sus pies?' se preguntó el caballero horrorizado al notar las gastadas telas oscurecidas por la tierra, y lo que parecía ser sangre, envolviendo los descalzos pies de la mujer.
"Gracias Sir Percival" contestó Elaine saludando al caballero con un asentimiento antes de comenzar a toser con fuerza.
"Madre, ¿qué te ocurrió?" le preguntó Galahad al reparar en el estado de salud de Elaine.
"Hubo… algunos problemas" respondió la mujer tratando de apaciguar a su hijo sin mucho éxito "Sir Percival, por favor, tengo que hablar con el rey y la reina" pidió Elaine con urgencia.
"No en ese estado" contestó Percival preocupado "Primero que Gaius te revise".
"Estoy bien" respondió la bruja antes de toser otra vez "No… es nada… grave" dijo entrecortadamente.
"Tienes vendados los pies y hay sangre en ellos, además de que esa tos no se oye nada bien" contestó el caballero acercándose a ella para tomarla en sus brazos. Sorprendida, la bruja comenzó a quejarse indignada, reclamando que era sanadora y que podía decir que su estado de salud no era motivo de preocupación inmediata.
"Eso lo juzgará Gaius" respondió Percival mientras se ponía en marcha, seguido de Galahad que no dejaba de mirar a su madre con preocupación "Ustedes" llamó Percival a un par de sirvientes que se detuvieron inmediatamente al escuchar su llamado "Por favor guarden todo el equipo de entrenamiento en la armería. Mientras, tú, Galahad, ve y busca al rey y a la reina" ordenó Percival a su escudero.
"Pero…" se quejó Galahad viendo con preocupación a su madre que volvía a toser.
"Tu madre estará bien. La llevaré con Gaius, después de eso, podrás pasar el resto del día con ella" le dijo Percival con calma para apaciguarlo.
"Sí señor" respondió Galahad "Te veré después, madre" dijo antes de salir corriendo a toda velocidad hacia el castillo.
Corriendo tan rápido como podía, Galahad esquivó sirvientes, caballeros y nobles, quienes reclamaron al joven por su imprudencia, a lo que él los ignoró por completo. Su prioridad era llegar con el rey y la reina para poder regresar al lado de su madre.
La felicidad de volver a verla lo había cegado al estado de salud de su madre. ¿Qué le había pasado y a dónde había ido para volver en esas condiciones? Poco después de la partida de Emrys, ella le había dicho que tenía que irse por un encargo muy importante, y que por mientras se debía de quedar en Camelot bajo la tutela del rey Arturo.
Resoplando, el joven patinó al final del pasillo frente a las cámaras del rey, dónde el monarca acostumbraba realizar sus deberes junto con la reina. Galahad se detuvo ante las puertas, listo para tocar para pedir permiso para entrar cuando escuchó algunas voces dentro de la habitación.
"Majestad, por favor" dijo un hombre con seriedad "¿Por qué he de encargarme del entrenamiento de Gilli?"
"Sir Bedivere, ya lo hemos discutido antes" escuchó Galahad la voz del rey, quien parecía estar al límite de su paciencia.
"Lo sé, señor" respondió Bedivere "Pero quizás alguien más cercano al joven y abierto a tratar con todos sus talentos sería más recomendable. Alguien como sir León o sir Gwaine".
"Sir León ya tiene suficientes responsabilidades como para entregarle otro escudero más, Bedivere, al igual que sir Gwaine" respondió Arturo, vacilando un poco al hablar del último.
"Pero majestad…" trató de discutir Bedivere, callando al ser interrumpido bruscamente por el rey.
"Sir Bedivere, fuera de la Mesa Redonda, eres uno de los caballeros en el que más confío. Eres hábil en el combate, pragmático y justo. No por nada eres el capitán de la Guardia de la Reina. Si te asigné a Gilli como escudero es porque confié en que podrías ser un maestro capaz de guiarlo para ser un verdadero caballero. Pero si te crees incapaz de hacerlo porque no puedes dejar de preocuparte por su magia, dilo de una vez para buscarle a alguien competente".
"Yo… lo siento, majestad" se disculpó Bedivere apenado "Me aseguraré de cumplir con sus expectativas".
"Gracias, Bedivere" respondió Arturo "Sé que lo que te pido no es fácil. Tampoco lo fue para mí. Sólo tienes que ver a la persona y a sus actos antes que la magia".
"Trataré, señor" respondió Bedivere solemnemente.
"Eso espero" dijo Arturo despidiendo al caballero.
Escuchando pasos que se acercaban, Galahad tocó apresuradamente la puerta tratando de esconder el hecho de que estaba escuchando a escondidas.
Cuando la puerta se abrió, salió sir Bedivere luciendo bastante incómodo, alejándose por el pasillo sin mirar al escudero. Galahad aprovechó la oportunidad para entrar a las cámaras del rey, encontrándolo sentado detrás de su escritorio junto con la reina y Merlín.
"Galahad, ¿hay algo que necesites?" preguntó irritado Arturo.
"Perdone por interrumpir, majestad" comenzó Galahad siguiendo el protocolo "Pero sir Percival solicita su presencia en las cámaras de Gaius".
"¿Está todo bien?" preguntó Merlín preocupado de que algo le hubiera pasado al médico.
"Es mi madre. Ella regresó" respondió Galahad tratando de no mostrar su impaciencia.
"Vamos para allá" contestó Arturo saliendo de sus cámaras acompañado por la reina y su consejero.
-oOo-
"Afortunadamente no hay lesiones más graves o señales de infección" comentó Gaius mientras aplicaba un bálsamo en los pies de Elaine para aliviar el ardor y evitar infecciones "Por el momento la tos parece ser el comienzo de una congestión de pecho, pero nada que no podamos curar con algunos tónicos".
"Le dije que no era nada grave" comentó Elaine mirando con reproche a Percival "Esto podía esperar".
"Percival hizo lo correcto" la regañó Gaius con severidad, adelantándose al caballero "Podrías haber agravado tus lesiones o tu enfermedad, pero a juzgar por tu estado… debo suponer que estuviste procurando tu curación".
"Soy sanadora" replicó Elaine con desafío "No soy ajena a los riesgos de una lesión o infección".
"Sí, pero sigues siendo humana. No por nada es recomendable que un médico o sanador acuda a otro para tratarse" contestó Gaius con su clásica mirada severa, logrando amedrentar a Elaine.
Antes de que la bruja pudiera responderle, las puertas se abrieron dejando entrar a Arturo, Gwen, Merlín y Galahad. "¡Elaine!" exclamó Gwen mirando a la rubia con preocupación "¿Qué pasó? ¿Estás bien?"
"Estoy bien, majestad" contestó Elaine un poco cohibida por la preocupación de ambos monarcas.
"¿Lo estás?" preguntó Arturo con incredulidad "Sólo mira en qué estado vienes".
"Bueno, no he tenido muchas oportunidades para acicalarme" respondió Elaine con descaro.
"¿Qué pasó?" preguntó Gwen antes de que comenzara una discusión entre el rey la hechicera "Comenzábamos a temer lo peor después de que no llegara tu siguiente informe".
"¿Lo peor?" preguntó Galahad con preocupación mirando de su madre al rey y a la reina.
"Lamento eso, majestad" se disculpó Elaine, ignorando la pregunta de su hijo "Tuve que salir lo más pronto posible de las Tierras Peligrosas" respondió Elaine mordiéndose el labio.
"¿Las Tierras Peligrosas?" pregunto Galahad consternado "¿Qué carajos te llevó a volver a ese lugar?"
"¡Cuide su lenguaje, joven! Soy tu madre y me hablarás con respeto" lo regañó Elaine con severidad, haciendo sonrojar al joven que murmuró una disculpa avergonzado.
"¿Morgana te descubrió?" preguntó Arturo con preocupación. 'Es una suerte que haya escapado con vida de ahí'.
"No, Morgana no. Alvarr" dijo Elaine entre dientes el nombre del último "Sospechó de mí desde que volví a poner un pie en Tarn Wathelyne. El infeliz corrió el rumor de que había un traidor entre las filas de Morgana. Alvarr me apuntó, así que tuve que huir de ahí esa misma noche".
Arturo suspiró aliviado. "Hiciste lo correcto, Elaine".
"Gracias, señor" respondió Elaine apenada "Lamentablemente no pude obtener algo de utilidad antes de abandonar la fortaleza, excepto que Morgana está reuniendo un ejército proveniente del continente".
"¿Qué?" saltaron Arturo, Merlín y Percival al mismo tiempo.
"¡Emrys!" exclamó Elaine sorprendida al reparar en la presencia del brujo "Entonces los rumores eran ciertos. Camelot acepta ahora la magia".
"Sí, sí, lo hace" respondió Arturo adelantándose con impaciencia "¿Pero qué hay del ejército de Morgana?"
"Lo lamento, señor" suspiró Elaine con pesar "Morgana está actuando con el máximo secretismo. Sólo su círculo interno conoce el origen del ejército" respondió mordiéndose el labio "Parece ser que están llegando por el norte, entrando por Riskfall. Discúlpenme por no poder haber hecho algo mejor".
"No, Elaine" dijo Merlín amablemente colocando una mano en su hombro para reconfortarla "Hiciste más que suficiente".
"Es cierto" comentó Arturo "No podemos pedirte más. Ya no serán necesarios tus servicios como espía" dijo antes de salir junto con Merlín y Percival, quien le asintió antes de salir.
"Bien, veré que se prepare una habitación para ti y un buen baño caliente" dijo Gwen con una sonrisa a la bruja "Necesitas descansar para recuperar fuerzas después de todo lo que has pasado".
"Está bien majestad. No hay necesidad de ello" contestó Elaine apenada por las atenciones que le estaban brindando a pesar de su fracaso.
"Tomaste muchos riesgos por nosotros" dijo la reina tomándola de los hombros y mirándola con aprecio "Y te lo agradecemos de todo corazón. Esto es lo mínimo que podemos hacer por ti después de todo lo que has hecho por nosotros" dijo la reina antes de salir de las cámaras del médico para asegurar una merecida estancia de Elaine en el castillo.
-oOo-
Después de que se hubiera asegurado de que Elaine estuviera bien instalada en una de las habitaciones del castillo con un buen baño caliente, ropa nueva y una buena cena junto a Galahad, y quizás una conversación muy necesaria entre los dos, dado el nerviosismo de la bruja, Gwen se dirigió a la Sala de la Mesa Redonda lo más rápido posible.
Con un suave asentimiento a los guardias que le abrieron las puertas, la reina entró a la habitación, encontrando ya reunidos a Arturo, Merlín y a los caballeros, discutiendo la información que Elaine había traído a Camelot.
"Se viene la guerra" declaró Elyan mirando con preocupación los viejos mapas de las Tierras Peligrosas "Deberíamos reforzar las defensas en la frontera de Nordgales".
"Quizás también mandar mensajeros a Mercia y Deira" comentó Gwaine señalando a los dos reinos más próximos a la fortaleza de Riskfall "Deben de haber visto las naves llegar a los estrechos".
"Elaine dijo que la bruja está actuando con el máximo secretismo" discutió Percival "No podemos excluir la posibilidad de que usara magia para evitar a los vigías de Bayard y Soemil".
"¿Algo como lo que hizo Merlín con la ciudad?" preguntó Gwen con preocupación al recordar las defensas mágicas que había colocado su amigo alrededor de Camelot "¿Podría ella hacer algo así?"
"Hay la posibilidad" respondió Merlín con gravedad "Pero para un área tan extensa como son las costas y los límites marítimos de Mercia y Deira…" dijo interrumpiéndose para analizar la situación "… ella requeriría de una gran cantidad de magia. Dudo que Morgana sola pudiera hacer algo como eso".
"Sabíamos que ella estaba reuniendo un ejército de hechiceros" comentó Arturo con seriedad "Así que es posible que lo hubiera logrado".
"Además de que no sabemos la clase de ejército que reunió" comentó León con gravedad "Ese desconocimiento nos pone en desventaja. ¿De dónde y de quién vienen sus tropas?" dijo mirando a sus compañeros como si esperara que tuvieran la respuesta.
Arturo guardó silencio asimilando las palabras de su Primer Caballero. Las tácticas de combate variaban entre los reinos, por lo que estaban familiarizados con las de los reinos de Albión, pero para las del resto del continente… esa era otra historia.
Desde la partida de los romanos y el desmembramiento de su imperio, Albión había permanecido virtualmente aislado de los reinos continentales, con la excepción de Armórica, gobernada por el rey Ban. Según los comerciantes, el occidente del continente era un caos con los constantes ascensos y caídas de los reinos, además del creciente poder de las tribus sajonas, jutas y francas.
'Hay demasiados enemigos potenciales ahí' pensó Arturo con desesperación 'Cualquiera podría ver a Albión con la suficiente avaricia como para aliarse con Morgana' reflexionó el rey mientras su mente vagaba dese los sajones y sus constantes incursiones en la isla hasta los restos del imperio romano en Constantinopla. 'Incluso Ban. Aunque él ha sido aliado nuestro desde hace años'.
"¡No!" exclamó Arturo en voz alta, interrumpiendo la discusión de sus hombres, quienes miraron confundidos al rey "No ganaremos nada preguntándonos quienes son nuestros nuevos enemigos. Tampoco si los aliados en el continente son ahora nuestros enemigos.
"Sabíamos que Morgana eventualmente atacaría Camelot, así que no nos sorprenda que ella traiga un ejército. Antes lo hizo con el Ejército Inmortal y el de los Southron, y la vencimos a pesar de que nos tomó por sorpresa" dijo el rey mirando con seriedad a su reina, brujo y caballeros más confiables, quienes lo escuchaban atentos.
"Seguiremos con lo recomendado por Elyan y Gwaine. Reforzaremos la frontera norte para detener cualquier posible ataque desde las Tierras Peligrosas. Además, notificaremos a los demás reinos de los movimientos de Morgana, no sólo a Mercia y Deira" terminó Arturo decidido.
"¿A todo Albión?" preguntó Merlín mirando con incredulidad al rey, tratando de definir su estrategia.
"Sí, a todos" dijo Arturo mirando a su mejor amigo con seriedad "Si bien hemos derrotado a Morgana con anterioridad, esta vez es diferente" explicó el rey a todos los reunidos en la sala "Ella trajo un ejército de fuera. Sea quien sea nuestro enemigo, esta es una oportunidad única para ellos. Ya sea que pierdan o ganen, el ejército invasor no se detendrá hasta tomar todas las tierras que desee. Esta vez… nos enfrentamos a algo más peligroso y oscuro, y como tal, esto afectará no sólo a Camelot, sino también a todos los demás reinos de Albión".
"¿Cuándo piensas llamarlos?" preguntó Merlín con un brillo de emoción en sus ojos que Arturo no pudo descifrar.
"Lo más pronto posible" respondió el rey "Desde hace tiempo he tenido el pendiente de convocar a una reunión con los demás monarcas. El legalizar la magia afectó la mayor parte de nuestros tratados, por lo que necesitamos llegar a nuevos acuerdos para mantener la paz. Aprovecharemos esa reunión para alertarlos, y quizás podamos recibir noticias sobre los movimientos de Morgana".
"Veré que los regimientos para la frontera de Nordgales estén listos para partir lo más pronto posible, señor" dijo León.
"Asegúrate de ello, Sir León" respondió el rey con un asentimiento a su Primer Caballero.
"Buscaré a Geoffrey, Arturo" dijo Merlín con una sonrisa orgullosa que continuaba confundiendo al rey "Lo necesitaremos para la redacción y copia de las invitaciones a los monarcas para esta reunión" se explicó el brujo.
"Bien, ve y tráelo lo más rápidamente posible" le dijo Arturo con un asentimiento antes de volver a enfrascarse en las discusiones sobre la defensa del reino. '¿Hasta dónde piensas llegar Morgana? ¿Cuánta destrucción traerás para sentirte satisfecha? ¿Verías arder esta tierra sólo para saciar tu sed de poder?'
