Capítulo 38

"¿Me mandó llamar, majestad?" preguntó Geoffrey en cuanto llegó a la Sala de la Mesa Redonda.

La habitación se encontraba en su mayor parte vacía, con la excepción del rey, la reina y el Brujo de la Corte, quienes se encontraban absortos leyendo y revisando minuciosamente varios mapas y libros que habían tomado de su biblioteca, los cuales ahora se encontraba dispersos sobre la mesa.

"¡Ah, Geoffrey!" saludó Arturo haciendo a un lado uno de los antiguos textos que estaba leyendo, reconociéndolo como parte de una serie de antiguas crónicas sobre el reino de Elmet "Gracias por venir tan pronto".

"Parecía urgente, señor" respondió Geoffrey con seriedad después de una pequeña reverencia "Mer…ejem… lord Merlín parecía bastante… exaltado cuando fue a buscarme".

"Sí, bueno… él siempre actúa de esa manera tan rara" comentó Arturo sin perder la oportunidad de molestar un poco a su amigo.

Merlín bufó. "Estoy aquí presente, ¿sabes?" se quejó el brujo mirando con molestia al rey.

"Sí, lo sabemos" respondió Arturo ignorando el comentario para centrar toda su atención en su concejal "Geoffrey, requerimos nuevamente de tus servicios como escriba. Necesitamos que hagas un número suficiente de copias de una serie de cartas que hay que enviar lo más pronto posible".

"Por supuesto, majestad" respondió Geoffrey con un asentimiento, colocando sus manos detrás de su espalda "¿Para quiénes se están dirigiendo?"

"A Albión" respondió Arturo con seriedad.

"¿Perdón?" preguntó Geoffrey un poco confundido por las palabras del rey.

Arturo suspiró suavemente antes de contestar. "Lord Geoffrey, este será un tema que abordaremos en la próxima reunión con el consejo. Sin embargo, para esta tarea que te estamos encomendando, lo mejor es que lo sepas de una vez".

Geoffrey asintió con solemnidad, listo para escuchar lo que tuviera que decirle el rey, quien se tomaba su tiempo para decidir qué tanta información podría proporcionarle.

"Dada la situación actual de Camelot y su postura con respecto a la magia. Guinevere y yo hemos pensado que es tiempo de convocar a los demás monarcas para negociar nuestros tratados con ellos. Reuniremos aquí en Camelot a todos los reyes y reinas de Albión. No sólo a los de los cinco más grandes".

"¿A-a-a todos?" tartamudeó Geoffrey mirando a su rey y a su reina con incredulidad, "Cuando dice a todos los monarcas, ¿quiere decir que a todos?"

"A todos" aclaró Arturo con un asentimiento mirando con decisión a su concejal "Desde el lejano Uerturio en el norte hasta Armórica en el continente. Todos los monarcas que conforman a Albión serán invitados a esta reunión".

Geoffrey parpadeó un poco aturdido mientras asimilaba las palabras del rey. "Majestades, algo… algo como eso no se ha logrado desde los tiempos del rey Bruta. Ni siquiera su padre soñó con algo como esto" dijo el bibliotecario mirando a sus jóvenes monarcas con admiración por tan ambicioso proyecto.

"Somos conscientes de ello…" respondió Arturo entrecruzando sus manos y reposando los codos sobre la mesa, mirando la superficie con preocupación, gesto que no pasó desapercibido por Geoffrey, quien comenzaba a temer los motivos detrás de su decisión. "… Pero los tiempos están cambiando al igual que el mismo Camelot. Es tiempo de renovar antiguos tratados y forjar nuevas alianzas con nuestros vecinos".

"Sí, pero señor, esto es demasiado repentino" comentó Geoffrey alarmado "Una cumbre como esta… requeriría una mayor planificación. Hay que establecer una fecha, contemplar los tiempos de envío de las invitaciones, así como el tiempo de recepción de respuestas, el tiempo que podrían durar las negociaciones…"

Arturo asintió distraídamente todavía perdido en sus pensamientos mientras acariciaba el anillo con el sello real, ignorando a Geoffrey. "Sin embargo, tiempo es lo que no tenemos" lo interrumpió el rey con gravedad, sorprendiendo al bibliotecario que lo miró con temor ante el tono sombrío en su voz. "No puedo darte ahorita todos los detalles, pero hemos descubierto algo que requiere la atención inmediata de los demás monarcas. Los necesitamos a todos ellos. Las copias deben estar listas para enviarse lo más pronto posible".

"Ya veo" respondió Geoffrey tragado saliva con nerviosismo. El viejo bibliotecario tenía el presentimiento de que las consecuencias de las últimas decisiones de Arturo y Guinevere finalmente los estaban alcanzando. Este era un tiempo de grandes y cambios, y como tales, la resistencia sería implacable. "¿Cuenta ya con el borrador del mensaje?"

"Aquí está, Geoffrey" respondió Gwen entregándole un pergamino doblado y firmado por ambos "Al igual que la vez anterior, mantén esto con la máxima confidencialidad".

"Por supuesto, mi señora" respondió Geoffrey solemnemente mientras guardaba el pergamino en su túnica "Sólo yo redactaré las copias. No teman por ello".

"Gracias, Geoffrey" agradeció Arturo despidiendo al concejal, quien se retiró inmediatamente para comenzar su tarea, dejando la habitación en silencio mientras ambos monarcas reflexionaban y pensaban sobre las futuras negociaciones que se llevarían a cabo en su reino.

"¿Crees que acepten?" le preguntó Guinevere a su esposo, rompiendo la quietud y tensión del momento.

"Algunos lo harán" comentó Arturo todavía preocupado "Dudo mucho de los norteños. Las relaciones con Camelot siempre han sido escasas. Sólo espero que se presente una delegación de Deira. Si tienen información sobre Morgana debemos conseguirla lo más pronto posible".

"No te preocupes por eso, Arturo. Vendrán" declaró Merlín con completa confianza mientras apilaba con su magia los mapas y textos en varias pilas, haciendo espacio en la mesa para poner unas copas llenas de vino para sus dos amigos.

"Pareces demasiado seguro de esto" dijo Arturo mirando al brujo con curiosidad, antes de tomar un trago de su bebida.

"Es tu destino unir a todo Albión, Arturo" le contestó Merlín con calma acercándole su copa a la reina "Y eso ya está comenzando".

Arturo resopló con desdén al escucharlo. "Ya te he dicho lo que pienso sobre esas profecías y el destino, Merlín. Entiende que no estoy convocando a los otros reyes y reinas para declararnos a mí y a Guinevere Reyes Supremos. No derrocaré a otros monarcas para tomar sus reinos. El objetivo de esta reunión es asegurar la defensa de nuestra tierra contra los invasores que ha traído Morgana".

"Lo sé" respondió Merlín con el mismo tono calmado, al mismo tiempo que una sonrisa orgullosa aparecía en su rostro "Pero los estás convocando porque sabes que para prevalecer contra lo que haya traído Morgana, se necesitará de un Albión unido, de una coalición de todos los reinos. Sé que no estás pensando en el poder o en tu propia ambición, sino en la defensa de esta tierra, de esta gran isla. Por eso sé que eres y serás ese gran rey. Ya sea que creas o no en el destino".

A las palabras de su amigo, Arturo sintió una oleada de calidez en su pecho, sintiéndose a su vez conmovido y aterrorizado por toda la confianza y fe que le estaba depositado. "¿Por qué no te vas Merlín?" suspiró el rey ocultando el rostro detrás de su mano, aparentando estar harto de él "¿No tienes que terminar de clasificar o revisar los objetos mágicos de las bóvedas?"

"Ah, cierto" respondió Merlín poniendo los ojos en blanco antes de salir de la habitación con la misma sonrisa orgullosa, dejando a la reina con su abochornado esposo.

Gwen rió suavemente mientras tomaba y apretaba la mano de Arturo tratando de tranquilizarlo. "Él tiene razón. Lo sabes".

"Él… él… él es un idiota" murmuró Arturo con la voz entrecortada por la vergüenza "Cree tanto en ese destino… y lo que espera que haga no está dentro de nuestros planes, Guinevere" declaró Arturo con nerviosismo "Me preocupa que termine por defraudarlo".

"¡Oh, Arturo!" respondió Gwen inclinándose para besarlo "No tienes de qué preocuparte. Él cree y confía en ti. Al igual que yo".

"Guinevere, la fe y confianza que pone en mí es aterradora. ¿Qué pasa si me equivoco y le fallo?" preguntó el rey mirando a su esposa con temor. Ya una vez había defraudado a su amigo, y no estaba dispuesto a volver a hacerlo.

"Lo único que Merlín espera de ti es que hagas lo correcto" le dijo la reina con suavidad, vacilando un poco antes de continuar "Merlín lleva sobre su espalda las esperanzas de la comunidad mágica, es natural que él también tenga fe en esas profecías… pero su fe en ellas no es absoluta. Lo único absoluto es su fe, confianza y lealtad en su amigo Arturo Pendragon. Mientras sigas haciendo lo correcto, y seas el gran rey que eres, él te seguirá y te apoyará sin importar los peligros que enfrenten" declaró Gwen levantando sus manos para depositar unos suaves besos en cada una "Y si te equivocas, bueno, sabemos que lo enmendarás, y te asegurarás de arreglarlo" dijo con una amorosa sonrisa y los ojos brillando con confianza.

"Ah, Guinevere" susurró Arturo acercándola para besarla intensamente "¿Qué haría yo sin ti?"

"Afortunadamente, eso es algo de lo que nunca tendrás que preocuparte. Siempre me tendrás aquí" le contestó la reina.

-oOo-

La siguiente reunión con el consejo llegó mucho más rápido de lo que Geoffrey hubiera anticipado. Inesperadamente, Arturo adelantó la reunión dos días después de que le hubiera encomendado al bibliotecario escribir las invitaciones para el resto de los monarcas de Albión.

Mientras lord Thomas se dedicaba a recitar uno de sus largos discursos, Geoffrey se dedicó a observar a sus monarcas y al Brujo de la Corte. Tal y como esperaba, sus reyes se encontraban un tanto dispersos, si bien habían atendido a los reportes y solicitudes de él y sus compañeros consejeros, era claro que sus verdaderas preocupaciones residían en otra parte. Lo más probable es que estuvieran pensando en su anuncio sobre la futura reunión que se haría en Camelot.

"Bien, me parece que podemos revisar su solicitud ahora, lord Thomas" declaró Arturo, un tanto impaciente, interrumpiendo al viejo concejal a la mitad de su muy elaborado y redundante discurso "Dados los excedentes de este año en nuestros almacenes, me parece que podemos asegurar un mayor abastecimiento para los regimientos de la frontera norte. Sir León, vea por favor que estos cargamentos sean enviados lo más pronto posible".

"Sí, señor" respondió el caballero tomando nota rápidamente de lo dicho por el rey.

"¿Hay alguna otra solicitud o tema que debamos discutir?" preguntó Arturo mirando con seriedad a cada uno de sus concejales, quienes murmuraron una negativa.

"Muy bien" dijo Arturo tomando la palabra, a lo que toda la mesa se volteó a mirarlo con curiosidad y anticipación "Como último tema a discutir se encuentra la preparación de una reunión con los soberanos de los otros reinos" declaró el rey sorprendiendo a su Consejo. "Guinevere y yo hemos considerado que, dadas las circunstancias actuales, es momento de convocar a todos los monarcas de Albión para negociar y reformar nuestros tratados con ellos".

"¡Maravilloso!" respondió Morcant sarcásticamente "Supongo que habla sobre sus reformas mágicas, ¿no?"

"Precisamente Morcant" respondió Arturo mirando con enfado a su concejal antes de dirigirse a toda la mesa "Como bien saben, muchos de los tratados con nuestros aliados estipulan que ninguna de las partes se involucrarán con actividad mágica. Nuestra nueva política pone en riesgo esos tratados y nuestras alianzas. Por lo que es necesario llegar a nuevos pactos, además de informarles sobre la amenaza que representa el regreso de Morgana".

A la mención de la Alta Sacerdotisa, los concejales se incorporaron mirando expectantes al rey por saber sobre los movimientos de su enemiga. "¿Hay noticias sobre la bruja?" preguntó lord Andrew con nerviosismo.

Arturo asintió lentamente confirmando los temores del concejal. "El último informe que tuvimos sobre ella es que está reuniendo un ejército proveniente de los reinos continentales" respondió el rey mirando sombríamente a sus consejeros, quienes se estremecieron ante esta revelación.

"¿Y se sabe de dónde provienen?" le preguntó Andrew un tanto aprensivo.

"Lamentablemente nuestro espía no logró obtener esa información" respondió Arturo frunciendo el ceño "Morgana está actuando con el mayor secretismo posible para atacarnos con la guardia baja. Sin embargo, esperamos que alguno de los demás reinos tenga noticias sobre la llegada de grupos invasores. Por lo que para esta reunión es vital extender la invitación a los reinos del norte" respondió Arturo con gravedad.

"¿Al norte?" preguntó Thomas frunciendo el ceño con preocupación "Quizás esa no sea la mejor idea, señor".

Arturo entrecerró los ojos mirando con sospecha a Thomas "¿Por qué lo dice?"

"Ehmm… bueno los norteños… ya sabe… son… una cosa" balbuceó Thomas incómodo por la severa mirada del rey "Son… diferentes a nosotros. Dudo mucho que podamos llegar a un acuerdo por nuestras diferencias culturales".

"¿Qué está diciendo?" preguntó Merlín adelantándose al rey para interrogar al nervioso lord "Las diferencias culturales siempre han estado presentes, y Camelot a logrado establecer grandes alianzas con los otros reinos".

"¡Nada!" respondió Morcant rápidamente mirando con desdén al brujo "Thomas no ha dicho nada que valga la pena. Simplemente que no deberíamos involucrar a los norteños en los asuntos de Camelot".

"¿Qué está ocultando lord Morcant?" preguntó Gwen mirando también con sospecha al molesto lord.

"No oculto nada, mi señora" respondió Morcant educadamente "Simplemente debo estar de acuerdo con mi compañero Thomas. No dudo que los demás miembros de este consejo estén de acuerdo… Después de todo, las relaciones con el norte siempre han sido complicadas".

Arturo entrecerró los ojos mirando a su Consejo con sospecha, sin perder de vista las miradas incómodas y la tensión en ellos después de informarles de sus intenciones. "No. Algo más está pasando aquí" declaró Arturo mirando a cada uno de sus concejales mayores "Ustedes están ocultando algo. Hablen ahora".

"Bueno…"

"¡Cállate Loeter!" gritó Morcant mirando con furia a su compañero antes de dirigirse a los monarcas, educando sus gestos en una actitud servil que no logró engañar a ninguno de los reyes "Lo siento majestad, pero no podemos decir más. Nuestro silencio es nuestro honor. Esto es entre el rey Uther y nosotros. Los siento".

Al escuchar las palabras de Morcant, Arturo apretó los brazos de su silla con fuerza. "Soy su rey, y como tal les ordeno que me lo digan" les ordenó furioso "No aceptaré que mi Consejo me esconda información vital para la política del reino".

Andrew se mordió el labio, dudando un poco antes de abrir la boca tratando de apaciguar a su rey. "Créanos majestad cuando le decimos que esto no es importante, y que en realidad, no afecta de ninguna manera a la administración del reino".

"Si no afecta al reino, y no es de importancia, ¿por qué lo esconden?" los cuestionó Merlín mirando con decepción a Geoffrey y Gaius, quienes lucían extremadamente angustiados esquivando su mirada.

"Ese tema está fuera de discusión" respondió Morcant mirando con furia a Merlín "Por nuestro honor, no podemos hablar. Quizás alguien como tú no lo entendería, pero no podemos romper nuestros votos con el rey Uther".

"Soy su rey ahora" dijo Arturo lentamente mirando con dureza a cada uno de sus consejeros "Sus votos y su honor son para mí y Guinevere. Agradezco su lealtad hacia mi padre, pero ahora es cuando más los necesito a ustedes".

"Lo siento, majestad" respondió Morcant orgullosamente, apenas ocultando su regocijo por el desaire que le estaba haciendo al rey.

"Veo que no podemos confiar en este Consejo" declaró Arturo mirando fríamente a cada uno de ellos "Escuchen, y que les quede claro esto: ya sea que nos lo cuenten o no, se enviarán las invitaciones a todos los reinos del norte" dijo decidido el rey "Así que les sugiero que hablen ahora, antes de que por su silencio, todo Camelot sufra una humillación".

"Lamentamos nuestro silencio, señor" dijo Gaius apenado mirando con remordimiento a Arturo, quien lo escuchaba atentamente "Esto lo hacemos pensando que es lo mejor para Camelot, para ahorrarle la vergüenza. Sin embargo... es mucho más vergonzoso mantener este secreto. Ya es tiempo de terminar con ellos".

"¡Gaius!" exclamó Morcant "¿Cómo puedes…?"

"Ya es suficiente Morcant" lo interrumpió Geoffrey con resignación. Al igual que sus compañeros, él esperaba que este secreto nunca se descubriera. Después de tanto tiempo, había olvidado aquel incidente, hasta unas horas después de que hubiera comenzado a redactar las invitaciones para los monarcas. Quizás pudo haber podido intentar persuadir al rey y a la reina de excluir a los norteños en el momento en el que le encomendaron esa tarea. Quizás entonces esto se pudo haber evitado, pero tal y como estaba la situación, y la legendaria obstinación del rey, lo mejor era hablar y terminar con esto de una vez por todas. "Hace años hubo un incidente con los norteños que abrió una brecha entre nuestros pueblos" reveló Geoffrey con gravedad.

"¡Geoffrey!" gritó Morcant escupiendo saliva a su compañero "¡Cierra la boca!"

"¡No Morcant!" respondió Geoffrey sacudiendo la cabeza de un lado al otro con vergüenza "Ya no podemos callar más tiempo esto. Lo mejor es contárselo al rey ahora antes de que sea tarde".

"¡Miserables cobardes!" exclamó Morcant mirando con furia a los otros consejeros "¿Han olvidado lo que es el honor y la lealtad al rey? ¿Dónde está su honor?" les preguntó antes de centrar su atención en Merlín "¡Tú y tu maldita magia han contaminado a este Consejo! ¡Al último bastión de leales a Camelot!"

"¡Suficiente Morcant!" exclamó Arturo furioso levantándose de su asiento.

Ante la imponente figura del rey, Morcant retrocedió tragando saliva nerviosamente, consciente de que había cruzado una línea. Tratando de mostrar una mayor fuerza de la que tenía, el consejero levantó la barbilla, desafiando silenciosamente el juicio del rey.

"A partir de este momento quedas relevado de tus deberes en este Consejo. Discutiremos tu futuro como concejal una vez que haya terminado con este asunto" declaró Arturo con una furia fría "Ahora retírate de mi vista".

Morcant palideció al escuchar la decisión del rey. Durante unos momentos, pareció que estaba listo para discutir, pero al final, el hombre se limitó a mirarlo con profundo odio. Si las miradas mataran, Arturo seguro que ya estaría muerto; pero tan pronto como apareció se desvaneció en una mirada de pura decepción y lástima. Sin decir nada, Morcant salió de la sala, dejando al resto de los miembros veteranos bastante nerviosos. Otro desliz de su parte y correrían el mismo destino que Morcant.

"Continúa, Geoffrey" ordenó Arturo después de que Morcant se fuera, todavía con la misma furia fría "¿Cuál fue el incidente con los norteños?"

"Fue… fue mucho más que un simple incidente o desaire, señor" titubeó Geoffrey antes de responder "Fue un acto vergonzoso que manchó el buen nombre de Camelot y el de su padre"

"¿De qué estás hablando?" preguntó Arturo con una frialdad que logró hacer estremecer a todo su consejo.

Geoffrey vaciló preguntándose si debía de continuar. No era un secreto que Arturo amaba e idealizaba a su padre. Revelar lo que sucedió en aquel entonces seguro sería un duro golpe para el joven rey, y quien sabe cómo podría tomarse esta revelación. "Yo… no quisiera hablar mal de su padre, señor. Ciertamente él fue un gran rey para Camelot, a pesar de su temperamento que muchas veces…"

"¡Habla claro Geoffrey!" ordenó Arturo exasperado "Deja de darle vueltas al asunto. ¿Qué fue lo que ocurrió?"

"Arturo" llamó Guinevere colocando su mano sobre la suya, tratando de apaciguarlo "Geoffrey, por favor, díganos lo que ocurrió ese día".

"Sucedió poco después de que tu padre, señor, le declarara la guerra a la magia" respondió Gaius con una voz cansada y llena de pena "En aquel entonces los demás reinos permitían todavía la magia, lo cual no le parecía a Uther, quien no creía en tener que mantener acuerdos con aquellos que todavía tuvieran tratos con los hechiceros".

Loeter suspiró con pesar antes de continuar con la historia. "Así que Uther aprovechó su influencia y poder sobre los demás reinos para lograr que la prohibición y la persecución se extendieran más allá de las fronteras de Camelot. Los presionó y amenazó con terminar los tratados comerciales, establecer una mayor cantidad de aranceles por las exportaciones, embargos comerciales o la guerra. Aquellos que simpatizaban con la nueva política de Camelot presionaron a sus monarcas para aceptar los términos de Uther. Eventualmente varios reinos prohibieron la magia. Otros se negaron y dieron por terminadas sus negociaciones con Camelot".

"Los norteños" declaró Guinevere, a lo que los concejales asintieron.

'¿Cómo pudo llegar a tal extremo?' se preguntó Arturo horrorizado después de escuchar esta parte de la historia de su reino. Nunca antes se había cuestionado sobre la prohibición o persecución generalizada de la magia. Siempre había creído que era un consenso entre los reinos. Que todos compartían la misma opinión que su padre y que de verdad creían que la magia era puramente el mal. ¿Qué había hecho su padre con Albión? ¿Hasta dónde había llegado en su venganza?

Junto a Arturo, Merlín compartía los mismos pensamientos que su amigo. Sabía que las políticas extremistas de Uther habían logrado cruzar sus fronteras y que el antiguo rey había logrado propagar su locura y paranoia como una peste. Pero llegar al punto de que presionaría y declararía la guerra a los demás reinos, sólo para lograr saciar su sed de venganza… Quizás no debía de sorprenderle después de lo que le había sucedido a su padre, pero una cosa esa traspasar las fronteras de otro reino para buscar a un solo hombre. Y otra el presionar a todo un reino extranjero para que cambiasen sus políticas. Sólo ahora es cuando el brujo entendió el alcance de la destrucción y división que Uther había traído sobre Albión, y el gran peso que tenía su destino y el de Arturo para sanar esta tierra dividida por el prejuicio y la venganza.

"… La guerra contra la magia no sólo costó un sinnúmero de muertes, sino también la pérdida de aliados y grandes tensiones políticas. Una de esas fue con los reinos del norte: Uerturio, Dalriada, Alba, Strathclyde, Bernicia, Goddodin, Northumbria y Deira" continuó Geoffrey con el relato "Así como usted, el rey Uther planeó una reunión con los reyes del norte. Cuando las negociaciones comenzaron… bueno… era obvio que estaban destinadas a fracasar".

"¿Por qué?" preguntó Merlín con seriedad al historiador.

Geoffrey sonrió con tristeza. "Los del norte no simpatizaban con las nuevas políticas de Camelot. Los norteños hablaron a favor de la comunidad mágica, expresando sus deseos de terminar con la persecución y la purga".

Merlín rió con amargura. "Supongo que a Uther no le gustó que los otros monarcas lo contradijeran".

"En lo absoluto" respondió Thomas por primera vez desde que se había marchado Morcant.

Geoffrey asintió. "Uther comenzó a presionar con la guerra y con terminar con el comercio si ellos no aceptaban sus términos" relató el concejal, vacilando un poco antes de continuar "Los norteños se burlaron diciendo que bien podrían terminar sus negociaciones con un genocida. Retándolo a llevar su persecución hasta sus territorios".

Loeter suspiró con amargura recordando ese momento antes de continuar la historia. "La frustración de Uther finalmente estalló en ira cuando algunos de los miembros de las delegaciones norteñas se declararon hechiceros y embajadores de las comunidades druidas del norte".

"¿Qué?" preguntó Arturo sin creer que algo así hubiera pasado en los tiempos de su padre, imaginando con un escalofrío su reacción.

"Tal y como lo escuchó, señor" respondió Gaius con gravedad "En ese momento Uther lo perdió. Llamó a sus caballeros para arrestar a los delegados por traición, a su vez, las delegaciones tomaron sus armas. Las 'negociaciones' terminaron ese día con un enfrentamiento con los norteños, y con la muerte de cinco de sus embajadores".

"¿Qué pasó con el resto de las delegaciones del norte?" pregunto Gwen con aprensión.

"Escaparon" respondió Gaius con gravedad "Gracias a sus hechiceros, el resto logró escapar, pero el daño ya estaba hecho. Después de ese episodio se escuchó que los reinos del norte se estaban preparando para la guerra contra Camelot".

"¿Qué los detuvo?" preguntó Merlín con extrañeza "¿Por qué no atacaron?"

"Amata" respondió Andrew con un estremecimiento.

"¿El reino de Rheged?" preguntó Arturo con temor al escuchar del último reino del norte. El mayor reino anti magia de Albión, incluso mucho más que Camelot.

"El mismo" respondió Geoffrey "El Sarrum finalmente se declaró enemigo de la magia y lanzó grandes ataques contra los norteños, frenando su avance al sur. Si bien su padre y Urien Rheged no eran aliados, ambos llegaron a un entendimiento por su aversión a la magia. Sin embargo, nunca se concretó un acuerdo entre ambos reinos".

Arturo asintió. Sabía que su padre temía al Sarrum de Amata, Urien Rheged. La crueldad con la que el tirano de Amata trataba a sus enemigos, con o sin magia, era legendaria. Todo monarca sabía que debía de cuidarse del Sarrum.

"… Después de lo ocurrido, tu padre nos ordenó nunca hablar de ese día, excepto para decir que los norteños nos traicionaron al traer hechiceros entre sus embajadores" terminó Andrew de explicar.

"Pero eso no evitó que se filtrara la verdad sobre lo ocurrido ese día" declaró Merlín con gravedad "Algo como eso no permanece oculto, especialmente si los norteños mantuvieron contacto con los demás reinos del sur".

"Precisamente" respondió Thomas a regañadientas "Después de eso, las relaciones entre Camelot y los demás reinos se complicó".

Arturo, Gwen y Merlín se recargaron en sus asientos incapaces de ver a los concejales mientras terminaban de procesar este nuevo secreto sobre Camelot. "Gracias por decírmelo" finalmente dijo Arturo después de un rato de un incómodo silencio. "Pueden retirarse ahora. Nos reuniremos mañana. Todavía hay mucho que discutir y organizar".

"Señor" dijeron al unísono los concejales antes de salir de la habitación, dejando al rey con la reina y su hechicero para hablar y digerir lo que se había revelado en esta reunión. Después de tanto tiempo, el Consejo Real de Camelot comenzaba a ver la sombría verdad y las consecuencias de las que habían tratado de huir al hacer caso omiso de ellas. Tomando cada uno caminos separados, los consejeros tuvieron el mismo pensamiento: ¿podría esta nueva generación arreglar sus errores? Sólo el tiempo lo diría.