Capítulo 39
"¡Buenos días majestades!" saludó Merlín alegremente al entrar en las cámaras compartidas del rey y la reina, interrumpiendo el gran y variado banquete que les había preparado George para su desayuno.
"¡Merliiín!" exclamó el rey con molestia alargando la última sílaba de su nombre como hacía cada vez que se impacientaba con su mejor amigo "¿No sabes tocar?"
"Buenos días a ti también" replicó el brujo levantando la ceja simulando estar desconcertado por los malos modales matutinos del rey. "Buenos días mi señora. George" saludó cortésmente a la reina y al sirviente personal del rey, quien se limitó a dedicarle una respetuosa reverencia.
"¡Buenos días Merlín!" lo saludó Gwen con alegría, dejando que su esposo refunfuñara molesto "¿Gustas acompañarnos?"
"Te lo agradezco Gwen, pero prefiero no importunar" respondió el brujo haciendo un pequeño puchero.
"¿Más de lo que ya lo hiciste?" le preguntó el rey todavía molesto, callando inmediatamente al advertir la severa mirada de su esposa. "Sólo siéntate, idiota. George trajo más que suficiente para todos".
"Bueno, si insisten tan amablemente, ¿cómo podría rehusarme?" contestó Merlín con diversión antes de buscar una silla, la cual se la proporcionó inmediatamente el silencioso y diligente sirviente "Gracias, George, pero no te hubieras molestado".
"No hay problema mi lord" respondió respetuosamente George mientras llenaba un plato con los diversos alimentos que había traído, colocándolo frente al brujo junto con una copa llena de agua, todo con la misma estoica mirada, y no por primera vez, Merlín se preguntó si a George le molestaba servirle después de haber trabajado con él.
"¿Cómo va tu trabajo con los tesoros mágicos de las bóvedas?" preguntó Arturo mientras cortaba un poco del pollo.
"Bastante bien" contestó Merlín satisfecho, dando un gran mordisco a una de sus salchichas fritas "Casi termino con las dos primeras bóvedas. Aunque hay todavía algunos artefactos que deberían permanecer a resguardo en ellas".
"¿De verdad?" le preguntó Gwen mirándolo con interés.
"Definitivamente" respondió Merlín con seriedad, frunciendo los labios como si hubiera visto algo repugnante frente a él "Hay objetos que no deberían volver a ver la luz del día. Desbordan tanta magia oscura" dijo con un estremecimiento al recordar la sensación que le producían esos objetos malditos.
"¿Destruirlos no sería mejor?" preguntó Arturo con preocupación al imaginar esas cosas dentro de su castillo y el riesgo de que alguien pudiera poner sus manos sobre ellas, desatando quien sabe cuántas maldiciones sobre su reino.
"Quizás" murmuró Merlín no muy convencido de la propuesta del rey mientras tomaba un sorbo de agua "Sólo hay que pensar en cómo hacerlo sin desatar el caos en el reino. No por nada se guardaron en lugar de destruirse. Pienso que por mientras podrían quedarse en la parte más profunda de las bóvedas y reforzar el lugar para evitar que cualquier persona entre o las encuentre".
"Me parece buena idea, Merlín" respondió Arturo con un asentimiento, recordando todas las veces en las que la gente logró entrar y robar algún objeto de allí "Haz lo que debas" dijo dando su consentimiento para los planes de su amigo.
"Así lo haré" contestó Merlín "Ahora, quería hablar con ambos antes de reunirnos con el Consejo".
"¿Sobre qué?" preguntó Gwen con seriedad mientras hacía a un lado su plato ya vacío para poner toda su atención en su amigo.
"Acaban de llegar las respuestas de los druidas y de la Catha" contestó el brujo sacando de su bolsillo un par de pergaminos para entregárselos a ambos monarcas, quienes comenzaron a leerlos rápidamente.
"¡Vaya! Los druidas agradecen el levantamiento de la prohibición mágica, y aceptan nuestra invitación para venir y formalizar una alianza con nosotros" soltó Arturo con alegría después de leer la respuesta de los caudillos.
"Es genial, Arturo" contestó Gwen frunciendo el ceño mientras terminaba de leer la segunda carta "Hmmm… Al parecer la Catha está dispuesta a enviar una delegación para negociar un tratado" comentó la reina mientras le entregaba la carta a su esposo "Sin embargo, parecen todavía un poco recelosos".
"La Catha es una orden bastante reservada" le explicó Merlín "Sin embargo se han labrado una reputación como mercenarios mágicos. No confían tan fácilmente. Además, la última vez que nos encontramos con ellos tuvimos… algunos altercados".
Arturo y Gwen se voltearon a ver con confusión antes de mirar a su amigo con extrañeza "Nunca antes nos hemos encontrado con ellos, Merlín".
"Tú no, pero yo sí" respondió el brujo frotando su cuello con nerviosismo "Su líder, Alator, es el hechicero que Morgana contrató para secuestrar a Gaius esperando obtener información sobre mí. Bueno, sobre Emrys".
Ambos monarcas palidecieron al escuchar sus palabras, viéndolo como si hubiera enloquecido. "¡Oh Dios!" suspiró Arturo con exasperación "¡Por eso me sonaba familiar el nombre!"
"Sí, pero al final todo salió bien, ¿no? Alator se negó a ayudar a Morgana y liberó a Gaius, y me juró lealtad, y por extensión a ti, y estamos bien, y todos podemos llegar a un buen entendimiento con ellos" balbuceó Merlín a toda prisa tratando de defender a su aliado.
"Bien, está bien. Todo está bien" respondió Arturo con cansancio sintiéndose cada vez más estresado, a pesar de que su día apenas estaba comenzando "Hay que preparar una cumbre real, además de una reunión con los druidas y la Catha… El consejo hoy tendrá un día de campo" suspiró el rey con resignación al imaginar la reacción de sus concejales.
-oOo-
"¡Maldita sea!" se quejó Arturo mientras masajeaba su muñeca derecha.
Después de una exitosa reunión con el Consejo, donde sus asesores apenas le reclamaron sobre las futuras reuniones con los druidas y la Catha, aunque quizás esto se debió a su temor a ser despedidos como Morcant si se oponían a sus decisiones, Merlín le había comentado casualmente que había logrado limpiar su agenda lo suficiente como para que pudiera aprovechar el tiempo para entrenar con los caballeros. Sin preguntar o quejarse, el rey se despidió de la reina y del brujo para prepararse y dirigirse a los campos de entrenamiento. Si bien la práctica había sido satisfactoria, Arturo terminó por lastimarse la muñeca.
Refunfuñando, el rey abandonó el campo para ver a Gaius. Aunque el daño no parecía ser grave, Arturo sabía que no debía subestimar las lesiones para no agravarlas, especialmente cuando eran en el brazo con el que empuñaba la espada.
"¿Gaius?" llamó suavemente el rey abriendo la puerta, encontrando al médico y a Merlín sentados en la mesa de trabajo, la cual se encontraba llena de varios libros con diversos esquemas del cuerpo humano y algo que parecían ser ¿runas mágicas?
"Vamos, Merlín. Ya lo hemos repasado más de una vez" lo reprendió impaciente el médico.
"Lo sé, Gaius, lo sé" contestó frustrado el brujo "No entiendo el porqué no funciona. Conozco la anatomía, conozco el hechizo, incluso puedo concentrar la magia sin problemas" dijo Merlín colocando sus manos una frente a la otra concentrándose lo suficiente como para que sus ojos destellaran de color dorado, agitando el aire en el espacio entre sus manos, como si éste se estuviera calentando "¡Y aún así no logro que funcione!"
Gaius suspiró igual de frustrado que su pupilo. Levantando la mirada, finalmente reparó en la presencia de Arturo. "Señor, ¿necesitaba algo?"
"Me lastimé un poco la muñeca mientras entrenaba" respondió el rey acercándose al médico para que lo examinara "No creo que sea nada grave, pero prefiero evitar problemas, ya que es mi mano dominante".
"Hmm… Está un poco inflamada" respondió Gaius después de examinarla detenidamente "Y me parece que llegó en el mejor momento, señor. Merlín, por favor" dijo el médico acercándole la extremidad lesionada al brujo.
"¿Pero qué?" preguntó Arturo mirando extrañado al médico y a su aprendiz mientras tomaba asiento frente a su amigo.
"Merlín está practicando sus hechizos curativos" le explicó Gaius con calma "¿Por qué no intentas probar para curar al rey, Merlín?"
Merlín dudó. "¿Estás de acuerdo con esto Arturo?"
Arturo parpadeó confundido antes de encogerse de hombros. "No creo que puedas empeorarlo, ¿o sí?"
"Por supuesto que no" respondió Gaius con un ligero tono divertido "Lo peor que puede pasar es que no ocurra nada".
"Gracias Gaius" refunfuñó Merlín en voz baja. Tomando la muñeca del rey entre sus manos y concentrando su magia entre ellas, recitó el hechizo:
"Ic i ġehǣle ond befæstna séo ungescrépnes"
Arturo sintió un extraño cosquilleo donde la magia de Merlín lo tocaba, pero para su gran sorpresa, los ojos de su amigo no destellaron. Notando su fracaso, el brujo comenzó a recitar el hechizo una y otra vez cada vez más fuerte, pero sin lograr hacerlo funcionar. Finalmente se detuvo cuando sintió la mano de Gaius en su hombro, quien sacudió la cabeza de un lado al otro. Suspirando con resignación, Merlín se hizo a un lado para dejar que Gaius aplicara un ungüento y envolviera la muñeca de Arturo.
"¿Se suponía que debía ocurrir algo?" preguntó el rey mirando con curiosidad a su amigo después de que Gaius se retirara para continuar preparando algunos de sus remedios.
"En teoría, sí" respondió Merlín molesto cruzándose de brazos y desviando la mirada "Pero la magia curativa es el tipo de magia que… no puedo terminar de dominar".
"¿Me estás tomando el pelo?" le preguntó Arturo con incredulidad "¿De verdad me estás diciendo que mi Brujo de la Corte, el gran Emrys, no podría curar ni un corte de una hoja de papel?"
Merlín refunfuñó todavía molesto, sonrojándose levemente para gran diversión del rey. "Me gustaría verte intentarlo, imbécil malagradecido". Comentario que logró hacer que el rey se riera.
"Sigue riéndote y te convertiré en ardilla" amenazó el brujo al rey con las mejillas todavía sonrojadas.
"Oh, vamos, Merlín, jaja" dijo el rey entre pequeñas risas "No te lo tomes tan a pecho… Jaja. Además, dudo que puedas cumplir esa amenaza si no puedes ni sanar un golpe" se burló Arturo rompiendo a reír de nuevo, sin percatarse de la oscura mirada que le lanzaba su amigo ni del destello dorado en sus ojos.
"Hi-aaaa" rebuznó Arturo bruscamente sobresaltando al médico.
"¡Merlín!" le reclamó Arturo horrorizado al ver lo que le había hecho, tocándose las orejas frenéticamente, las cuales afortunadamente todavía eran normales.
"¿Decías?" preguntó Merlín cruzándose de brazos con una sonrisa vengativa.
"¡Mer-hi-aaaaaa!" volvió a rebuznar Arturo tapándose la boca "Detén ahora mismo el encanta-hi-aaaa".
"¡Merlín!" lo reprendió Gaius indignado.
"Está bien, está bien" dijo el brujo levantando el encantamiento, apenas perturbado por las miradas de enfado e indignación que le estaban enviando el rey y el médico.
"¿Para esto accedí a legalizar la magia?" preguntó Arturo mientras se aclaraba la garganta para quitar las molestias ocasionadas por estar rebuznando.
"Oh vamos Arturo" dijo Merlín con una sonrisa burlona, a lo cual el rey simplemente le dirigió una mirada glacial. Sacudiendo la cabeza con resignación, Gaius se alejo dejando a los dos amigos para que se las arreglaran solos.
"Está, bien. Arturo, lo siento. No debí hacer eso" se disculpó el brujo un tanto avergonzado.
"Sí, no debiste" replicó el rey todavía molesto "Estarás limpiando las botas y armaduras de los caballeros los siguientes meses. Sin magia".
"Es justo" replicó Merlín con una mueca "Aunque ya no soy tu sirviente".
"Eso es discutible" respondió Arturo secamente, preguntándose internamente qué otros castigos podría darle y que sean acordes a su nueva estación.
"Aunque te lo merecías" replicó el brujo con una sonrisita.
"Quizás, pero no tenías que usar ese embrujo de nuevo" respondió Arturo avergonzado por haber pasado por eso otra vez, aunque agradecía que no hubieran regresado las orejas de burro.
"Bien, nada de venganzas haciéndote rebuznar" prometió Merlín extendiendo la mano en una ofrenda de paz.
"¿Quién está rebuznando?" preguntó una voz sobresaltando al rey y al brujo, quienes se giraron sólo para encontrar a Elaine en la puerta mirándolos con una divertida curiosidad.
'Ella definitivamente no me dejaría olvidar esto' pensó el rey con pavor. "Nada que te importe Elaine" respondió el rey con rapidez.
"Ajá" comentó la bruja levantando la ceja, mirando con sospecha al rey y al brujo sonreír aparentando actuar con normalidad. "¿Qué hacían entonces? Ya son los suficientemente grandes como para saber que las cámaras del médico no son un espacio para jugar".
"Eh... Merlín. Él estaba tratando de hacer magia curativa" respondió Arturo con rapidez "Pero aparentemente todavía no ha hallado el truco para hacerlo".
"¿Truco?" murmuró Elaine mirando con curiosidad los textos médicos y al enfurruñado brujo después de escuchar al rey decir que no podía hacer magia curativa. "¿Por qué no me lo muestras? Quizás pueda ayudarte con algo de eso".
"Adelante, Merlín" dijo Arturo tendiéndole su mano lesionada al mismo tiempo que le lanzaba una mirada retadora.
"Bien" suspiró Merlín rodando los ojos con molestia. Colocando la muñeca del rey entre sus manos, nuevamente recitó el hechizo, pero al igual que cuando lo intentó por primera vez, no logró hacerlo funcionar.
"Lo estás forzando" señaló Elaine después del tercer intento de Merlín por curar al rey "Si fuerzas la magia, nunca lograrás curarlo. El secreto de la magia curativa es trabajar junto con la magia para guiar al cuerpo a sanar. No obligarla a hacerlo".
"¿Cómo?" preguntaron Arturo y Merlín al mismo tiempo mirando confundidos a Elaine, mientras que Gaius asentía con la cabeza aprobando lo dicho por la sanadora.
Elaine parpadeó mirando con extrañeza a Merlín. "La sanación no se trata sólo de recitar hechizos. Es trabajar con la magia y con el cuerpo del paciente. Tienes que entender la magia y a la naturaleza para poder ser un sanador, Emrys".
"Muy bien, te escucho Elaine" declaró Merlín mirando con curiosidad a la bruja, al igual que el rey, quien lucía bastante intrigado por esta lección de magia.
Elaine se sonrojó un poco. "Quizás… quizás deberías buscar a los druidas para que te enseñen, Emrys. Creo que te beneficiarías más de sus enseñanzas que de las mías".
"Puede ser" respondió Merlín "Pero no creo que sea un buen momento para irme en este momento en busca de Iseldir o de algún otro druida. Por favor, Elaine".
"Yo… no estoy segura, además tienes al maestro Gaius…"
"Estoy seguro de que tus conocimientos y perspectivas serán más que provechosas, Elaine" respondió el médico con una amable sonrisa "Tienes más experiencia que yo en el ejercicio de la sanación. Además, ¿quién mejor que un sanador para enseñarle a Merlín como usar hechizos curativos?"
"¿Qué tienes que perder?" preguntó Arturo casualmente "Además de tu tiempo con él".
"Supongo que no perdemos nada" respondió Elaine un tanto halagada por la confianza que le estaban depositando.
"¡Genial!" respondió Merlín sentándose rápidamente junto a Arturo, quien simplemente se volteo a ver a la bruja con un educado interés, esperando a que comenzara sus lecciones.
"A todo esto, ¿por qué sigues aquí? ¿No tienes que dirigir un reino?" le preguntó Merlín a su amigo con curiosidad.
"Soy el rey, Merlín. No tengo que darte explicaciones" respondió Arturo dándole un puñetazo en el hombro.
Elaine sonrió viendo a Merlín sobar su brazo mirando con molestia al rey, quien se mostraba indiferente a los reclamos de su amigo. Finalmente comenzaba a entender la relación entre ambos. "Creo que lo mejor será regresar a lo básico, y te lo explicaré tal y como mi maestra, Charis, me lo enseñó" dijo poniéndose derecha y seria.
"Para ser un sanador, Merlín, tienes que tener claro que la magia es una fuerza natural, y como tal, la encontrarás en todo aquello que la naturaleza haya tocado". Merlín asintió sin mostrar impaciencia por comenzar con algo que él mismo había aprendido desde hace tiempo.
"Los druidas, al igual que muchos otros, reconocen cuatro elementos básicos, o primordiales, en la naturaleza. El agua, la tierra, el fuego y el aire" dijo haciendo una pausa "Cada elemento es único con su propio significado, ramificación y talentos mágicos. Por tanto, cada usuario de magia tiene afinidad hacia algún elemento".
"¿Afinidad?" la interrumpió Arturo confundido "¿Qué quieres decir con eso?"
"Hmmm" Elaine se detuvo meditando el mejor modo para explicarlo "Piénsalo desde el punto de vista de un caballero" le explicó la bruja "Los elementos equivaldrían al ejercicio de las armas: esgrima, arquería, lanza, maza, etc. Podemos decir que a cada caballero se le facilita cierto tipo de arma, y por ende, son afines a ella".
"Muy bien, lo entiendo" respondió Arturo con un asentimiento.
"Cada usuario es afín a algún elemento, y es bastante fácil descubrir a cual. El primer hechizo elemental que haces resalta tu afinidad. ¿Qué fue lo primero que hiciste con tu magia?"
"Mi madre decía que hacía levitar las cosas de la casa" respondió Merlín con el ceño fruncido.
"Básico, pero no me refería a eso. Más bien, ¿qué elemento usaste por primera vez?" se explicó Elaine mirando con curiosidad a Merlín.
"Madre dice que por lo general conjuraba fuegos" respondió el brujo después de un breve silencio. Reconociendo que los hechizos que involucraban incendios le eran muy fáciles de realizar.
"Bien, esa es tu afinidad principal: el fuego y su disciplina" respondió Elaine con una sonrisa "El fuego es una afinidad bastante común entre los usuarios de magia. Involucra hechizos esencialmente ofensivos y defensivos. No es sorprendente que como Emrys tengas afinidad a esa disciplina" dijo con una sonrisa ante el sonrojo del brujo.
"Ahora, aquellos hechizos que involucren tu elemento afín, siempre serán los más poderosos y los 'más fáciles' de usar y aprender. Sin embargo, también puedes ser afín a otras habilidades que involucren algún otro elemento, como el agua y la cognición, el aire y la visión o la tierra y el manejo de la energía. Siempre puedes aprender a usar hechizos que derivan de un elemento al que no tienes afinidad. Así que mientras más poderoso el hechicero, más disciplinas será capaz de dominar" explicó Elaine con un asentimiento.
"¿Cuántas se pueden aprender?" preguntó Merlín con curiosidad, quizás esto pudiera explicar su propio potencial mágico.
"El usuario de magia promedio logra dominar dos disciplinas. Algunos llegan a ser capaces de manejar tres. Pero controlarlas con maestría… son bastante raros" le respondió Elaine frunciendo los labios. No había necesidad de decir que él, Emrys, podría ser capaz de dominar tres o incluso las cuatro disciplinas.
"Ya veo" respondió Merlín sintiéndose bastante incómodo.
"Pero esto es relativo. Siempre hay excepciones a toda regla, y lo que de verdad importa es lo que eres capaz de hacer con el arsenal mágico que tienes a tu disposición" explicó Elaine, guardando silencio, mirando con expectación a Merlín.
"¿Qué pasa con la magia curativa?" preguntó Arturo rompiendo el silencio y esperando desviar la atención sobre su amigo "¿En qué disciplina elemental entra?"
Elaine sonrió. "La magia curativa… es un caso especial. ¿Sabes lo que ocurre si unes los cuatro elementos en uno solo?" preguntó Elaine con seriedad.
"N-no" respondió Merlín dubitativo.
"Creo que lo sabes" comentó Elaine "Pero te lo diré de todas formas. El producto de esa unión es la vida. Y el mejor ejemplo somos nosotros" dijo señalándose a ella misma y a los demás en la habitación. "El agua fluye dentro de nuestro cuerpo en forma de sangre o sudor. La tierra sostiene nuestros cuerpos con los huesos. El aire que entra a los pulmones nos mantiene conscientes y activos. Mientras que el fuego arde en nuestro interior manteniéndonos vivos, y lo compruebas por la temperatura corporal, la cual, una vez que decae, es el final de nuestra vida".
"Pero eso significa…" comenzó Merlín entendiendo las implicaciones de lo revelado por Elaine.
"Así es" dijo Elaine con seriedad "Manejar los cuatro elementos como uno solo es incursionar en terrenos muy oscuros. Terrenos que sólo los más altos miembros de la Antigua Religión han sido capaces de manejar: el poder de la vida y la muerte. Poderes que como bien sabemos, intervienen con el balance natural del mundo".
Arturo palideció un poco al recordar el cómo esa magia estuvo involucrada en su nacimiento.
"¿Qué pasa con la magia curativa?" continuó Elaine explicando "Pues este arte se encuentra en un punto medio entre la magia ordinaria y la magia extraordinaria, o sea, el espejo de la vida y la muerte. Por eso la magia curativa puede ser riesgosa tanto para el paciente como para el sanador. Si fuerzas los límites de la sanación, corres el riego de manipular el espejo de la vida y la muerte. Si lo haces, quizás podrías salvar a tu paciente, pero lo más probable es que tú seas quien ocupe su lugar, o peor, arrastres a un inocente a ese destino".
"Pero no siempre es así" respondió Merlín con rapidez "Si no, no habría sanadores".
Elaine asintió. "Por eso es importante que entiendas la naturaleza de la magia misma si es que quieres dominar la magia curativa. Cuando curas, no comandas la magia como ocurre en cualquier otro hechizo, sino que la guías para que dirija al cuerpo del paciente acelerando su propia curación o fortaleciéndolo para que lo logre" explicó Elaine.
"Creí que la magia curaba todo" pensó Arturo en voz alta.
"Sí y no" le respondió Elaine "Esencialmente ayuda al cuerpo a sanar fortaleciéndolo o guiando su propia recuperación. Pensar que la magia lo cura todo… es ser terriblemente insensato".
"Nunca lo vi así" comentó Merlín igual de pensativo que su amigo "Gaius trató de explicarme aquello de no forzarla, pero nunca terminé de entenderlo. Hasta ahora".
"Nunca es fácil. Incluso después de años de practicarla. Puedo explicarte la teoría, pero es tu experiencia personal la que dirá tu propia interpretación y tu dominio sobre ella" Elaine dudó antes de continuar "No quiero desanimarte Merlín, pero eres un guardián, un protector. Es natural que los hechizos ofensivos y defensivos te sean más fáciles de dominar, pero la sanación… temo que es lo opuesto a un combatiente".
"Quizás no" respondió Merlín con un brillo en sus ojos mientras una sonrisa confiada se formaba en su rostro "Porque si logro dominar la magia curativa, estaré protegiendo a los que son importantes para mí".
Elaine sonrió suavemente. "Tal y como lo dije: tu experiencia será la que te guie para dominar este arte".
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Después de la explicación de Elaine, Arturo dejó la habitación para que su amigo practicara junto a Gaius y su nueva maestra. Sumido en sus pensamientos mientras recorría el camino rumbo a sus habitaciones, Arturo no dejaba de pensar en todo lo que les había enseñado Elaine a ambos, pero lo que más le preocupaba era lo mucho que ignoraba sobre la magia.
A pesar del tiempo, Arturo se daba cuenta de que él todavía veía a la magia como algo blanco y negro, y aunque sabía que existían puntos medios, o mejor dicho, una escala de grises, olvidaba que esa escala también tiene una gran gama de intensidades. ¿Cómo podría dirigir a sus súbditos mágicos cuando él mismo desconoce tanto de lo mismo? Y no sólo él, también Merlín.
Un pequeño estremecimiento le recorrió la espalda al pensar en su amigo. Elaine prácticamente les había dicho que él sería capaz de dominar todas esas disciplinas mágicas, además de que él, torpe e idiota Merlín, sería el usuario de magia más poderoso de todos… '¡No! ¡No vayas ahí!' se dijo el rey sacudiendo la cabeza de un lado al otro 'El que Merlín sea tan poderoso no quiere decir que sea un peligro. Merlín es Merlín, incluso con su amplia gama de matices. Y esa es toda la verdad que necesito. No cometeré el error de mi padre al delegar todo lo mágico a mi Brujo de la Corte. A mi amigo, mi hermano. Todos estamos en el mismo barco'.
"¡Arturo!" lo saludó Gwen alegremente al encontrarlo por los pasillos, sacándolo de sus pensamientos.
"Guinevere" contestó el rey saludando a su reina con un amoroso beso.
"¿Dónde has estado? No te he visto desde que te fuiste a entrenar" contestó la reina caminando junto a él agarrada de su brazo.
"Estuve escuchando algunas de las lecciones mágicas de Merlín en las cámaras de Gaius" respondió el rey casualmente.
"¿De verdad?" preguntó Gwen mirando a su esposo con sospecha.
"De verdad. Por cierto, quería preguntarte si ya has pensado en tomar a una doncella o dama de compañía" le preguntó Arturo con un brillo calculador en sus ojos "George no puede apoyarte siempre. Especialmente cuando se trata de atender tus necesidades".
"Todavía no lo he pensado" respondió Gwen mordiéndose el labio. Se sentía bastante insegura de tomar a algunas de las sirvientas con las que trabajó durante años para que la atendieran personalmente "¿Por qué lo preguntas?"
"Creo que encontré a alguien" dijo Arturo con una sonrisa traviesa.
"¿Quién?" le preguntó Gwen mirándolo con curiosidad.
-oOo-
Los días transcurrieron sobre Albión, y con ellos pronto llegó el cambio de estación. Los fríos y nublados días otoñales terminaron y dieron la bienvenida a los gélidos invernales. Las ocasionales lluvias de otoño que caían sobre Camelot pasaron a convertirse en grandes nevadas que cubrieron toda la ciudad, casi ocultándola a la vista por el blanco de la roca con la que estaba construida.
Afortunadamente, el invierno de ese año no fue uno de los más crudos en la historia del reino. Pocas vidas se perdieron, y las enfermedades típicas de la estación no lograron dispersarse por el Pueblo Bajo, al igual que en los pueblos restantes. Por lo que no hubo necesidad de mandar grandes caravanas médicas dirigidas por Gaius, Merlín o Elaine, quien ahora era una residente permanente de la ciudadela como doncella de la reina y sanadora de Camelot.
Si bien el invierno fue bastante apacible, no se podía decir lo mismo del estado de ánimo del rey, quien permanecía la mayor parte del tiempo enfurruñado e intranquilo. Arturo, como el hombre de acción que era, no estaba hecho para permanecer quieto y encerrado detrás de grandes muros. Las nevadas lo habían obligado a suspender los entrenamientos con los caballeros, al igual que las posibilidades de salir de cacería. Por lo que se veía obligado a pasar la mayor parte de su tiempo haciendo el odioso papeleo. No obstante, algunas veces encontraba tiempo para escuchar las lecciones de magia de Elaine y Merlín, las cuales lograban distraerlo lo suficiente como para olvidar su estado de ánimo. Por si fuera poco, la reunión con los monarcas de Albión se acercaba cada vez más, estresándolo con cada día que pasaba.
Después de discutirlo con su Consejo, Arturo y Guinevere habían decidido que la reunión con los demás reyes debía de realizarse después del deshielo, en los albores de la primavera, esto para darles tiempo suficiente, a ellos y a los demás monarcas, para poner en orden sus asuntos una vez que las actividades de sus reinos comenzaran a desarrollarse con normalidad.
Así, la respuesta de los monarcas de Albión no se hizo esperar. Sus aliados (Annis, Godwin, Rodor y Olaf) fueron los primeros en confirmar su asistencia. Poco después de ellos llegaron las respuestas de Bayard, Lot, Alined, Ceredigion de Dyfed y Robert de Anglia, que a diferencia de los primeros, fueron mucho más fríos, y en algunos casos, encontraron amenazas veladas. En cuanto a Cornwall, Odín se negó a responder la invitación, por lo que todos asumieron que el rencoroso rey no se dignaría a aparecer en la reunión, para tranquilidad de Arturo, quien no estaba seguro de cómo tratar con el rey responsable de varios atentados contra su vida, y que al final había logrado llevar a su padre hacia su muerte.
Cerca del final del otoño, llegaron las respuestas de los norteños. Ninguno de ellos había rechazado la invitación, pero tampoco habían confirmado su asistencia, con la excepción del Sarrum Urien Rheged de Amata, para gran consternación de Arturo.
Secretamente, Arturo esperaba que el Sarrum se negara a venir, al igual que Odín, por lo que la venida del legendario genocida sólo logró estresarlo más. Su respuesta había sido fría y cortés, apenas ocultando sus verdaderas intenciones: terminar con las políticas pro magia de Camelot. Si bien ni él, ni Guinevere cederían a las demandas de volver a prohibir la magia, les preocupaba que los prejuicios de los monarcas estropearan las negociaciones, especialmente la alianza para combatir el ejército de invasores que Morgana había traído a la isla. Además, les preocupaba la seguridad de sus usuarios de magia residentes: Merlín, Elaine y Gilli, quienes también estaban bastante nerviosos al escuchar sobre la venida del Sarrum a Camelot.
Así, cuando menos lo esperaron, el invierno comenzó a declinar. Las nevadas eran menos prolongadas y ocasionales, mientras que el clima se hacía cada vez más caluroso. Finalmente, una mañana en la que Gwen terminaba de arreglarse con la ayuda de Elaine, ambas mujeres se congelaron al escuchar los cantos del jilguero y el mirlo a través de la luminosa ventana de la habitación.
La primavera estaba llegando.
NA: Hola a todos, vuelvo a subir este capítulo con unas pequeñas modificaciones. Esto porque conforme escribía el siguiente capítulo, me di cuenta que la introducción de ese capítulo podría quedar mejor al final de este para entrar de lleno con la llegada de los monarcas de Albión a Camelot.
En fin, espero que les haya gustado mi explicación toda loca sobre la magia. Debo decir que me inspiré en la serie de Avatar (La leyenda de Aang) y en los fics de "Powerfully Modest, Modestly Powerful" de CaptainOzone (les recomiendo mucho su serie Prophesized) y en "Fade to Darkness" de Tsukino Akume (tiene dos versiones, ambas son increíbles, pero no pertenecen al fandom de Merlín, jeje).
Manténganse sanos y hasta la siguiente actualización!
