Disclaimer: Fairy Tail no me pertenece, es propiedad de Hiro Mashima.
TEMPORADA DOS: MANUAL PARA PADRES
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Cuando se le dijo a Natsu Dragneel que sería padre, la alegría no cabía en su cuerpo y la sonrisa no abandonó su rostro durante los siguientes días. Anunciaba a todo pulmón que su amada compañera estaba embarazada, compartía sus planes del futuro con todo aquel que se detuviera a escucharlo y repetía mil veces su ilusión por enseñarle las mejores técnicas a su primer hijo. Porque si, él estaba seguro que aquel bebé que estaba en camino no sería el último que tendrían.
—¿Y si es niña? —le había preguntado Lucy, en una de esas tantas veces que el pelirrosa se detenía para compartir la noticia con algún viajero que se cruzaban en el camino.
—¡Será una gran dragona! —fue la respuesta inmediata de Natsu, observándole orgulloso mientras intentaba ocultar la sutil inseguridad que le recorría.
No era como si la idea le desagradara, por el contrario, tenía la completa seguridad qué de ser una niña, su hija sería tan hermosa y hábil como su madre. Sin embargo, todos le habían dejado en claro que una pequeña requería de ser más cuidadoso, además de una larga lista de temas que debería aprender y la temible llegada a la adolescencia, donde los muchachos la buscarían. La sola idea de tener que entregar a su pequeña hija a un desconocido le hacía hervir la sangre.
—Papá jamás permitirá eso —dejó escapar en voz alta, con una de las manos envuelta en fuego y la otra golpeando la mesa.
El pelirrosa tenía muchos motivos para estar feliz, pero eran esos pequeños pensamientos los que alteraban su humor e incrementaban ante la ausencia de su pareja.
Paseó la mirada por el gremio, escuchando las risas de algunas mesas, seguidas de las conversaciones de otros miembros y las habituales discusiones que hacían volar algunos platos sobre las cabezas de los presentes. Era un día común a excepción de dos cosas, la ausencia de la albina que atendía las mesas, así como el mal humor del más revoltoso del lugar.
El Maestro lo observaba con una sonrisa comprensiva desde su sitio, invitándolo a volver a sentarse antes de incendiar algo por no poder contener el impulso de salir corriendo en búsqueda de la maga celestial.
—Hey, flamitas —lo saludó una voz familiar, acercándose entre el bullicio.
El mencionado alzó la vista, encontrándose con el rostro ceñudo del mago de hielo. Soltó una especie de resoplido como toda respuesta antes de volver a llenarse la boca con una buena porción de comida.
—Sabes que no puedes encerrar a Lucy en una esfera de cristal, ¿verdad? —Gray tomó asiento frente a él, logrando sobresaltarlo con sus palabras.
—¡Por supuesto que lo sé! No soy un idiota —se defendió, dejando de comer—. Una esfera de cristal se rompería muy fácilmente, mejor sería crear una fortaleza.
Mantuvieron la mirada por un momento, uno pensando en lo brillante que era su idea y el otro intentando comprender como su amigo había llegado a tan alocada conclusión. Gray fue el primero en apartar la vista, soltando un suspiro resignado.
—Hombre, que ese no es el problema —agradeció con la cabeza el vaso con jugo que se le había traído.
—¿A qué te refieres? —el pelirrosa ladeó el rostro, empezando a confundirse.
—No puedes estar siguiendo a Lucy a todos lados.
El ceño en el rostro del Dragon Slayer se frunció, dándose cuenta que su amigo no comprendía la importancia tras sus acciones. Su instinto como dragón le instaba a proteger a su pareja en todo momento y ahora que un cachorro se encontraba en camino, lo más lógico era aumentar la seguridad en torno a la maga celestial.
¡El mundo era peligroso después de todo! ¿Acaso no habían terminado involucrados en peligrosas aventuras en el momento menos esperado? Aun así, ahí estaba sentado en el gremio, poniendo todo de su parte para confiarle la seguridad de Lucy a una muy amable Mirajane que se había ofrecido a tener un día de chicas con las futuras madres.
—Ahora no la estoy siguiendo —refutó, cruzando los brazos.
—¡Pero tienes expresión de querer incendiar todo a tu paso! —soltó Gray, perdiendo la paciencia. El líquido en su copa se congeló—. ¡Solo mira tu cara de amargado!
—¡¿Ah?! ¿Quieres repetir eso cubito de hielo?
Natsu se puso en pie, con la vena de la sien resaltando y los ojos afilados desafiando a quien en teoría era su mejor amigo. El pelinegro no se quedó atrás, pues ya estaba de pie, desprendiendo una temperatura fría que rodeaba su cuerpo, ya desprovisto de la camisa con la que había llegado.
—Lo que escuchaste, flamitas. ¿Tienes algún problema?
—Tú haces exactamente lo mismo, hielo con patas —le recordó el pelirrosa.
Las frentes chocaron, midiéndose en silencio antes de que uno de los dos hiciera el primer movimiento y el gremio fuera arrastrado en una pelea más peligrosa que las anteriores. Los puños eran lanzados de forma rápida, las patadas impactaban en el pecho o el estómago, mientras martillos de hielo eran disparados sin destino, al igual que las bolas de fuego.
El Maestro observaba todo en silencio, moviéndose ligeramente para esquivar algún que otro proyectil que accidentalmente fuera a caer sobre él. Era consciente de la tensión que sentían ambos jóvenes, la primera paternidad no era sencilla y Gajeel le había proporcionado información suficiente sobre lo sobreprotector que un Dragon Slayer podría volverse.
Un par de mesas salieron volando cuando ambos salieron disparados en direcciones opuestas. Los gritos de aliento, así como las protestas no tardaron en hacerse escuchar conforme se unían a la batalla y la estructura del gremio se veía amenazada.
Makarov tomó el último sorbo que quedaba de su bebida, contemplando en el centro de todo el desastre, al par de futuros padres que ahora medían sus fuerzas empujándose.
"Ya deberían haber gastado suficientes energías, ¿verdad?", pensó el mayor, dejando su copa a un lado. Una nueva oleada de maldiciones se escuchó en lo alto, seguidas de las reconocibles figuras de Natsu y Gray, cada uno rodeado de la magia que les caracterizaba.
—¡Natsu! ¡Gray! —se gritaron al unísono, corriendo para golpearse con todas sus fuerzas.
—¡MOCOSOS! —resonó a más volumen el grito del Maestro, aumentando el tamaño de sus brazos y manos para atrapar con cada una al par—. ¿Acaso planean destruir el gremio?
El silencio se instauró, observando como ambos responsables de iniciar la contienda, eran aplastados contra el suelo. Todo ánimo por continuar destruyendo las mesas se extinguió, al igual que el fuego en las manos de Natsu o el hielo alrededor de los brazos de Gray.
—¿Cómo planean mantener a su familia con todo lo que destruyen? —continuó reprendiéndolos, dándole un vistazo a todo lo que había sido roto y debería ser repuesto.
Ambos culpables farfullaron un par de respuestas sin sentido, desviando la mirada uno del otro como un par de niños enojados.
—¡Maestro! —se escuchó la animada voz de un felino azul, rompiendo el ambiente. Las miradas de todos se posaron en Happy que entraba al gremio volando con una gran sonrisa y un libro rosa en sus pequeñas patas—. ¡Encontré lo que me pidió, Maestro!
—Oh, Happy.
El pequeño aterrizó a un lado del mayor, escondiendo sus alas.
—¿Me dará mi recompensa de pescados? —los ojos negros relucían entusiasmados, alcanzándole el libro.
Makarov sonrió ante la honestidad del pequeño y asintió, indicándole con la cabeza que se dirigiera a la cocina del gremio.
—¡Aye!
Happy dejó caer el libro para emprender un nuevo viaje hacia su nuevo tesoro, la nevera con incontables pescados solo para él. El Maestro liberó a sus prisioneros, atrapando el libro antes de que cayera al suelo y mostró la portada ante las curiosas miradas de sus hijos.
—A partir de hoy van a leer esto —fue explicando, viendo la intriga reflejada en ambos jóvenes.
—¿Qué es eso, viejo? —Natsu fue el primero en preguntar, acercándose para leer el título—. "Cómo ser padre, paso a paso"
Bajo el título escrito con letras doradas, aparecía la imagen de una familia rodeando un recién nacido. Todos parecían sonreír y un ambiente de tranquilidad se percibía a través de la fotografía. A primera vista, lucía como un libro normal, logrando el rechazo inmediato del pelirrosa.
—Yo sé cómo ser un buen padre —protestó—. Igneel me enseñó todo y tú también, viejo. No necesito de un libro para aprender.
Estaba seguro que solo leer algunas hojas de aquel texto lo harían dormir, al igual que la mayoría de libros que se encontraban en la biblioteca del gremio o en otros lugares. Estudiar no era su punto fuerte.
—Estoy de acuerdo con Natsu —Gray se acercó, con los brazos cruzados sobre el pecho desnudo—. Eso no es algo que se aprenda con letras.
Todos en el gremio suprimieron un suspiro de resignación ante la facilidad con la que pasaban de ser oponentes a convertirse en aliados. Los nuevos miembros, intercambiaron algunas miradas confusas, siendo silenciados por los más antiguos como Macao o Bisca, que negaban silenciosamente con la cabeza.
El último mes habían tenido un ingreso de nuevos miembros bastante grande, jóvenes que se veían conmovidos por las hazañas que rodeaban el nombre de "Fairy Tail", ansiaban ser parte de esa gran familia. Dentro de los magos que eran más admirados, se encontraban aquellos dos que se atrevían a llevarle la contraria a la máxima autoridad.
Sin embargo, lejos de escuchar una reprimenda como muchos esperaban, o ver el libro siendo lanzado hacia la cabeza de los futuros padres, el mayor dejó escapar una risa condescendiente, hojeando rápidamente las páginas del texto.
—Muy bien, Natsu, Gray. Les haré un par de preguntas y si responden correctamente dejaré que manejen las cosas a su modo.
—¡Bien! —respondieron ambos.
Tenían seguridad en sus conocimientos, de lo que se les había enseñado y las palabras tranquilizadoras de ambas magas, diciéndoles que estaban haciendo un gran trabajo mientras sonreían amablemente, sobando los vientres que aún no mostraban gran cambio.
La expectativa por conocer las preguntas que serían dadas tenían a todo el gremio concentrado, algunos murmullos podían escucharse de fondo, desarrollándose las acostumbradas apuestas sobre la victoria del mayor o la de los jóvenes. Las mujeres intercambiaban sonrisas entretenidas, contrarias a la de los hombres que sacaban pecho como si se estuviera poniendo en tela de juicio su habilidad.
En silencio, se dividieron en dos bandos, esperando que el Maestro continuara revisando la guía hasta detenerse en una pregunta y sobó su mentón en gesto pensativo.
—De acuerdo, empezaremos con esta —rompió el silencio, aumentando la expectativa—. Si su esposa presenta náuseas a medianoche, ¿qué es lo que haría?
—¿E-esposa? —tartamudeó el mago de hielo, retrocediendo ante la palabra con las orejas calentándose—. ¿Cuál esposa?
—Pues Juvia, ¿quién más? —respondió alguien entre el público, acompañado de las risas de algunos.
—Juvia no es mi esposa.
—Te estás tardando —se burló el pelirrosa, cruzando los brazos tras su cabeza.
Las risas no tardaron en hacerse escuchar, conforme el rostro de Gray se mostraba avergonzado.
—¿Y qué hay de ti? —arremetió, con el puño alzado—. ¿Acaso Lucy es tu esposa?
Lo que menos se esperaba con esa pregunta era lograr que el pelirrosa sonriera, con una de esas expresiones orgullosas y el pecho inflado de orgullo.
"No puede ser...", pensó Gray, echando el cuerpo hacia atrás.
—N-no me digas que tú ya... —no fue capaz de completar la frase.
—Aún no, pero ya tengo todo planeado —explicó Natsu, dejando escapar una risa satisfecha recordando su alocado plan.
Solo necesitaba completar algunos detalles y tendría todo listo, o al menos eso pensaba en su mente. ¿Cómo se le había ocurrido la idea? Tras una larga conversación con Lissana, donde la menor de los Strauss le hizo recordar involuntariamente los juegos que compartían en su niñez.
El Maestro carraspeó, volviendo a llamar la atención de los presentes, alzando el libro para recordarles que aún esperaba por una respuesta.
—Llevaría a Lucy a un doctor —Natsu tomó la palabra, envuelto en la seguridad de su anterior victoria.
—No seas idiota, flamitas, a esa hora hace mucho frío. Es mejor llamar al doctor —corrigió Gray, decidido a no dejarse ganar.
—Yo puedo mantener abrigada a Lucy —protestó el otro.
—No todos son unas estufas con patas.
Algunas integrantes dejaron escapar unas risillas, deteniendo al par que amenazaba con iniciar una segunda batalla.
—Las náuseas son algo común en el embarazo —explicó Bisca—. No es necesario llamar a un doctor, es suficiente con que las acompañen y ayuden pasando algún pañuelo o agua.
Saltaron su mirada de la peliverde al maestro que asentía, confirmando las palabras de la maga.
—Sigamos —continuó el mayor—. Si su esposa cambia de humor constantemente, ¿qué debería hacer?
Esta vez ambos se tomaron su tiempo para pensar la respuesta, recordando algún momento que pudiera servirles como referencias.
—Le conseguiría uno de esos libros que le gusta a Lucy —empezó hablar Natsu, buscando en su memoria las cosas que le gustaban a la maga celestial—. O podría llevarle algo dulce de comer.
—¿Gray?
—A Juvia le gusta hacer manualidades, así que podría conseguirle algún equipo especial para que pueda hacer sus peluches que tanto le gustan —conforme respondía, desviaba su mirada, ocultando la vergüenza por imaginar su casa llena de más muñecos de sí mismo por todo lugar.
Las magas intercambiaron miradas sorprendidas asintiendo, mientras los hombres celebraban internamente su victoria. No obstante, se mantenían en silencio pues el Maestro aún parecía tener un as bajo la manga. Solo bastaba ver su media sonrisa y la forma en que cerraba el libro con gesto triunfador.
—¿Planean comprar esas cosas durante 9 meses?
El ánimo alegre volvió acompañar el bando femenino.
—¿Qué?
—Las mujeres embarazadas tienen cambios de humor por varios meses —volvió a explicar Bisca, recordando su primer embarazo.
No era necesario ser un genio para darse cuenta que los dos magos empezaron a sacar cuentas en su mente, comprendiendo el ataque monetario del que serían víctimas con sus respuestas. La confianza que les había acompañado, desapareció lentamente mientras la alegría de las mujeres aumentaba y los ganadores de las apuestas se acercaban para cobrar sus ganancias.
—No les vendría mal leer un poco, ¿verdad? —Makarov extendió el libro, sonriendo paternalmente—. Es por el bien de ellas, después de todo.
Solo esa última frase fue todo lo que se necesitó para terminar de convencerlos y que aceptaran la guía rosa, contemplándola como si fuera una bomba o un objeto desconocido.
—¡Bien! ¡Hoy los hombres invitan los tragos! —canturreó Cana, respaldada por los aplausos de las magas.
—¡A todas menos a Cana o nos quedamos pobres! —protestó alguien, recibiendo un coro de risas como respuesta y una carta clavada a un lado de su cabeza en señal de advertencia.
—¡Eso es de hombres! —se unió Elfman, con los barriles de bebidas sobre los hombros.
Lissana llegaba a su lado, ayudando con las copas para poder dar inicio a la primera ronda de algo que seguramente se convertiría en otra celebración. El bullicio volvió a reinar en el alegre gremio, a excepción de los dos magos que leían con atención el primer capítulo.
—¿Natsu? —se acercó Lissana, con una de las copas. Atraída por el silencio que danzaba entre sus amigos—. ¿Está todo bien?
Ambos magos se pusieron de golpe, intercambiando una rápida mirada antes de salir corriendo a toda velocidad del lugar, dejando el libro abierto sobre la mesa.
—Oh, no... —susurró la albina, leyendo el consejo que resaltaba en una nube, encima de la imagen de un hogar—. Creo que ambas necesitarán mucha paciencia.
"Una futura madre necesitará la compañía de su pareja en este largo proceso, asegúrese de estar siempre a su lado y ayudarle con los preparativos del hogar."
Hola, hola ¡Bienvenidos a la segunda temporada!
Espero este primer capítulo sea de su agrado, les saque muchas sonrisas y estén preparados para las nuevas aventuras que se vienen ^^
Les agradezco desde ahora las estrellitas y los comentarios, ya que me animan a seguir escribiendo y conocer sus opiniones para crear una historia que guste :3
¡Muchos saludos mapachunos!
