Disclaimer: Sonic the Hedgehog no me pertenece. Es propiedad de SEGA.

Personajes mayores de edad. Más notas al final.


Sentimientos encontrados

Parte 1. La moraleja de la historia

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Amy se dejó llevar por la dulce sensación de un par de manos paseándose lentamente por sus brazos; el repentino pero cálido toque de labios en su frente la acogió de sobremanera.

Ella estaba totalmente enamorada del erizo azabache y agradecía que sus sentimientos fueran correspondidos.

Sonrió y cual niña pequeña, se alejó de su acompañante dando pequeños saltitos. Él se quedó estático en su lugar, pero atento a cada uno de sus movimientos, ella se hincó sobre el brillante pasto y recolectó algunas flores, pensando que sería un bonito detalle tenerlas en su hogar; cuando terminó su labor, se puso de pie y dio media vuelta, pero no divisó a Shadow cerca.

Comenzó a llamarlo.

El cielo, anteriormente brillante y soleado, se llenó repentinamente de un cúmulo de bolas grises que aseguraban una tormenta, algunos rayos comenzaron a verse de vez en vez por lo que la necesidad de salir de aquel lugar se volvió desesperante.

Corrió hacia una dirección cualquiera, sin saber a ciencia cierta a dónde se dirigía.

Continuó llamándolo, pero él no apareció.

En su carrera, descuidó el dónde pasaba y terminó tropezando con una roca escondida entre el pasto, ello provocó que sus flores volaran en diferentes direcciones; intentó ponerse de pie, pero un fuerte dolor en el tobillo se lo impidió.

Una fuerte lluvia comenzó a caer, gritó con aún más fuerzas y desesperación el nombre del erizo.

Fue en vano.

Resignándose al hecho de que estaba completamente sola y abandonada, se hizo ovillo en el suelo y lloró desconsolada, esperando que todo acabara pronto.

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Amy despertó con el corazón acelerado. Algunos rayos se filtraban por las cortinas de su habitación, anunciando el amanecer. Limpió las lágrimas de sus mejillas sin mayor importancia; desde que había vuelto a vivir con su madre se acostumbró a llorar mientras dormía.

Tomó una ducha rápida, se vistió con un sencillo vestido amarillo, suéter y zapatos blancos y bajó a la cocina. Su pequeña hermana adolescente la recibió con un fuerte abrazo al cual ella correspondió, por otro lado, su madre le regaló lo que dedujo, era una mirada llena de pena y amor.

— Buenos días querida— dijo Vanilla.

— Buen día mamá.

Ninguna dijo nada más y se limitaron a tomar asiento en el comedor. Por su parte, Cream se dedicó, entre bocados, a comentar animadamente algunas situaciones ocurridas en su colegio. En otras circunstancias, Amy escucharía con alegría sus anécdotas e incluso le jugaría una que otra broma, pero Vanilla se percató que la atención de su hija adoptiva estaba centrada en revolver su desayuno en el plato, por lo que después de unos momentos, cortó de forma sutil la conversación de la menor.

— Cream, si ya terminaste linda, ve a alistarte para la escuela.

La conejita asintió y se fue, dejándolas a ambas solas.

Vanilla se levantó y colocó con delicadeza una mano sobre la de su hija; ella alzó la vista y pudo ver algunas lágrimas comenzar a formarse en las orbes cafés de su madre.

— Esta bien querida, no pasa nada si lloras.

Aquello fue una invitación que no pudo resistir: se levantó de la silla y dejándose envolver por aquellos brazos, cálidas lágrimas corrieron libres por sus mejillas. La coneja se limitó a acariciar su espalda, en un intento por reconfortarla.

— Chaos sabe que lo intente… realmente pensé que podríamos hacer que funcionara.

Se separaron. Amy soltó algunos sollozos; Vanilla tomó aquel rostro entre sus manos y limpió las lágrimas con sus pulgares.

— Yo mejor que nadie lo sabe, linda.

— Es evidente que me equivoqué— la rosada alzó los hombros con indiferencia— supongo que realmente nunca lo conocí.

Vanilla soltó a su hija y frotó nerviosamente sus manos.

— Sabes, en ocasiones me pregunto cómo fue que terminaste junto a ese… individuo.

Amy sonrió de mala gana ante sus palabras.

— A veces, simplemente nos enamoramos de la persona equivocada.

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Cerca del mediodía, Amy salió de casa y condujo su coche hacia el centro de la ciudad; las palabras que había dicho a su madre aún resonaban en su cabeza. Le costaba admitir que haber unido su vida a aquel erizo hubiese sido un error, pero los acontecimientos sucedidos en los últimos meses apuntaban a todo lo contario.

¿Dónde había quedado su adorado Shaddy y el amor eterno que éste le prometió?

Quizá en alguna de las delicadas flores del jardín botánico donde le propuso matrimonio, en la iglesia donde habían jurado estar juntos hasta muerte, en aquel papel que firmaron ante el registro civil o en alguna de las paredes del departamento que compartieron cerca de dos años.

Le parecía gracioso —y doloroso— como todos aquellos recuerdos terminaron convirtiéndose en un mal sueño.

Siempre había estado más que dispuesta a lograr un felices por siempre, pero era consciente de que este no dependía únicamente de ella.

Después de conducir cerca de media hora, estacionó el auto a las afueras de un modesto edificio público. Abrió la guantera y sacó el sobre con la última petición que había recibido hace casi un mes, el mismo tiempo que llevaba teniendo aquellos dolorosos sueños; con la mirada confirmó rápidamente la fecha de la cita, pero también la frase que evidenciaba los deseos de su aún esposo.

"Es mi voluntad indeclinable el no querer continuar unido en matrimonio."

Que tonta había sido al creer en promesas de amor.

Metió el documento en su bolso y bajó del auto, acompañada por la incertidumbre y el temor.

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Una felina de aparentemente su misma edad se encargó de llevarla a la oficina donde en donde la juez la esperaba, y quien, aparentemente ya se encontraba en compañía de su esposo. Sintió su corazón acelerarse con cada paso, pero sabía que lo mejor era mostrarse serena.

Cuando le abrieron la puerta para entrar en aquella oficina sintió las manos sudarle bajos los guantes. La juez, una coneja marrón y mucho mayor que ambos la invitó a tomar asiento junto a Shadow, quien no se inmutó ni se movió ante su presencia.

Dado que su divorcio era de mutuo acuerdo, inmediatamente se dio lectura al convenio aprobado por ambos y sin hijos de por medio, únicamente se precisaron cada una de las cláusulas referentes a los bienes adquiridos durante su matrimonio.

— Señor y señora Hedgehog— Amy no puedo evitar sentirse incomoda ante la mención de su nombre de casada— en vista de que ambos están de acuerdo con lo estipulado en este documento, lo único que hace falta para disolver oficialmente su matrimonio son las firmas.

Shadow levantó la solapa de su saco para tomar un lapicero del interior de este, pero con una mano la juez le indicó que se detuviera, haciendo que volviera a su posición recta en la silla.

— Antes de que firmen, quiero pedirles una última cosa— Amy volteó a ver a su marido, quien, como siempre, se encontraba con el ceño fruncido— quiero que se miren a los ojos y se digan que fue lo que amaron o encontraron agradable en la persona de la que ahora se están separando.

Él erizo se levantó y colocó estrepitosamente ambas manos en el escritorio; Amy dio un ligero brinco ante su reacción, pero la coneja ni siquiera se inmutó.

— Disculpe, pero no estamos aquí para ese tipo de juegos.

— No es ningún juego, señor Hedgehog. Saldré por 10 minutos, después de dicho tiempo volveré para recolectar sus firmas.

Ambos la miraron incrédulos guardar los papeles en una carpeta y salir de aquella habitación.

Realmente hablaba en serio.

Amy observó de reojo a Shadow y su mente divagó en el hecho de que lucía bastante atractivo con aquel sencillo traje gris. El erizo se pasó una mano por el rostro, en clara señal de frustración, dio media vuelta y se encaminó en dirección a la puerta; ella esperó oír el sonido de esta al abrirse, pero nunca sucedió, pues él se limitó a cruzar los brazos, dándole la espalda.

— ¿Y qué tal todo Rose?

La nombrada no supo si estaba siendo sarcástico, era obvio que las cosas no iban bien. Contempló el dejarlo con la palabra en la boca, pero al final, por mera educación decidió seguir aquella conversación, pero sin atreverse a dar la vuelta para observarlo.

— B… Bien, supongo, ya sabes…haciendo cosas y así…

— Si, me imagino.

— ¿Y… qué tal las cosas contigo?

No respondió.

Todo le parecía tan irreal a Amy.

No entendía cómo habían pasado de tener largas charlas a apenas dirigirse tres palabras, de reír y jugar a gritarse y pelear, de ser amantes a simplemente conocidos...

Ella no pudo contenerse más y comenzó a llorar: cerró los ojos con fuerza y llevó sus manos a la boca, en un intento por reprimir sus sollozos y los pequeños espasmos de su cuerpo.

Shadow pudo escucharla, pero no se atrevió a mirarla. Más que sentirse incomodo, una enorme pena lo invadió. Ella no merecía sufrir y mucho menos por él. Suspiró sonoramente y recargó su frente contra la puerta.

— Eres lo mejor que me pudo haber pasado— ante aquel comentario, Amy no se movió, simplemente se dedicó a derramar más lágrimas y a odiar el ser tan sentimental— eres tan cariñosa, me impresiona que todo lo hagas bien, eres tan comprensiva incluso cuando las decisiones de los demás te perjudican, has sido tan buena y yo…

— Por favor, detente.

El erizo dio media vuelta y la observó. Estaba de pie, con el rostro sonrojado y húmedo por el llanto, temblando ligeramente.

Tragándose su orgullo, caminó lentamente hacia ella; jade y carmín se miraron fijamente.

— Dices eso porque te rompe el corazón verme llorar— Shadow dirigió su mirada a una mancha invisible en la pared— no tienes que hacer esto, simplemente esperemos a que llegue la juez.

Amy dio la vuelta y de su bolso saco un pequeño pañuelo de seda, con el que limpió sus mejillas. Shadow la observó en silencio.

— Me gusta la manera en que te las ingenias para resolver cualquier situación, por más difícil que esta sea— Amy volteó a verlo, su confusión era evidente pero lo dejó continuar— me gustan tu alegría y energía, tu persistencia, tu autenticidad al hacer las cosas, pero por sobre todas las cosas me fascina tu espíritu, eres persona más pura del mundo… eres un ángel.

Al terminar de hablar, Shadow la envolvió en un cálido abrazo. En otras circunstancias, no habría dudado en alejarse, pero admitió para sí misma que esta vez, era el calor de sus brazos lo que necesitaba.

Al separarse, él le regaló una de sus misteriosas sonrisas, aquellas que cuando aparecían, lograban arrancarle un suspiro.

— Quisiera enlistar lo que amo de ti, pero me es imposible— susurró Amy.

— Comprendo, sé que te he hecho pasar por más de lo que uno debería y…

— ¡No me malinterpretes! — gritó ella sacudiendo las manos entre ambos al mismo tiempo que recobraba la timidez de momentos atrás— es sólo que… conocí lo que hay en tu interior y… me enamoré de todo: de lo bueno y lo malo, de tus cualidades y tus trapos sucios. Eres perfecto.

Aunque sabía que no era su intención, Shadow no pudo evitar sentirse culpable —y un poco incómodo— con cada palabra.

— Amy…

Ahora fue ella quien lo hizo guardar silencio.

— Seré breve— lo miró a los ojos y se convirtió en la persona más sincera del mundo— jamás dudé de mis sentimientos por ti… ni una sola vez, pero es momento de dejarte ser libre.

Shadow se acongojó ante su determinación. A pesar de todo Amy no había cambiado en nada y ello ciertamente le preocupaba, la sinceridad en sus palabras eran la prueba máxima de que su corazón cargaría bastante tiempo con el dolor que esto implicaba.

— No mereces nada esto Rose, sé que sufres, pero no podemos continuar haciéndonos esto— ella asintió lentamente mientras sentía las lágrimas remolinarse en sus orbes por milésima vez en el día— realmente lo siento, pero sabes que es lo mejor.

Amy volvió a quebrarse, con cada palabra su mente recordó los desacuerdos, los silencios, la indiferencia y la frialdad…

Era consciente de que se habían apresurado a dar un paso en el que ninguno tenía claras las consecuencias, se habían dejado cegar por el "felices por siempre" sin realmente ver más allá de eso.

Sus diferentes personalidades habían resultado más fuertes y sobresalientes que el amor que se tenían.

A pesar de todo, ella siempre se mantuvo positiva ante cualquier posible solución pero todas sus opciones junto con sus ilusiones se desmoronaron cuando Shadow sugirió que lo mejor era separarse.

Y ahora estaban aquí, a punto de hacer realidad esa opción.

El azabache tomó el delicado rostro de su esposa entre sus manos y sin detenerse a pensar en sus acciones, colocó un tierno y delicado beso en su frente; la rosada se limitó a cerrar los ojos ante el contacto y aferró sus pequeñas manos a las muñecas de su esposo.

Al igual que en sus sueños.

Aquel acto quedaría guardado en la memoria de ambos, pues seguros estaban de que sería el último que tendrían juntos.

La juez entró y con los rostros sonrojados, ambos se separaron.

Amy la maldijo mentalmente.

Todos tomaron asiento.

La mujer se limitó a sacar los documentos de su portafolio y colocarlos frente a ambos.

Shadow firmó sin titubeos aquellas hojas.

La mano de Amy tembló cuando tomó aquel bolígrafo ente sus dedos, miró aquellas hojas y entre lágrimas inútilmente contenidas, firmó cada una.

— Señor Hedgehog, señora Rose, su matrimonio ha quedado formalmente disuelto. Sus abogados se pondrán en contacto con ustedes, ellos les harán llegar una copia de los documentos. Les deseo buen día.

Después de estrechar sus manos, la mujer se retiró sin más.

Ambos fueron envueltos por un silencio incómodo, el cual fue roto por Shadow al recorrer su silla para ponerse de pie. Ella lo imitó.

— No quiero que esto viva por siempre en tu mente Rose, si me lo permites, siempre estaré ahí para ti— él colocó una mano sobre su hombro, en una muestra de afecto y apoyo.

Amy no dijo nada, se limitó a asentir y mirar hacia el suelo; él retrocedió lentamente y se dirigió con calma a la puerta.

— Dicen que es mejor haber amado y perdido, que nunca haber amado en absoluto— Shadow dio media vuelta al oírla y sus miradas se conectaron por última vez— quizá sólo sean un montón de mentiras, pero de lo que estoy plenamente segura, es de que agradezco a la vida el haberte puesto en mi camino. Cuídate.

El azabache asintió calmadamente. Podría no ser tan espontáneo, pero se sentía igual o peor que la rosada. Se odiaba a sí mismo por no poder aceptar abiertamente que esto le dolía, seguramente lucía como todo un patán sin corazón pero se había prometido no dar señales que provocarán una idea errónea en su ex pareja.

— Gracias. Buena suerte Rose.

Dicho esto, Shadow tomó el picaporte de la puerta y salió, al mismo tiempo que la última lágrima en el cuerpo de la chica. Amy ignoró con todas sus fuerzas el impulso de correr tras él, se limitó a salir de aquel lugar y regresar a casa lo más pronto posible.

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El resto del día se le había ido encerrada en su antigua habitación, llorando por lo sucedido en el juzgado. Se había prometido mantenerse positiva, pero el hacer frente a su propio divorcio era la experiencia más traumática que había experimentado.

Nadie en casa la había cuestionado sobre lo sucedido, y lo agradecía. Algunas llamadas de amigos cercanos habían entrado en el transcurso del día, pero habían sido ignoradas.

Cuando todo quedó en silencio y la luna se posicionó en su punto máximo, se levantó de la cama y recorrió su hogar en penumbras, para finalmente llegar al enorme jardín. Se sentó al lado de los rosales, abrazó sus piernas y su mirada se posó en la inmensidad del cielo poblado de estrellas.

Quiso llorar, pero ya había derramado todas sus lágrimas.

Quizá todo este tiempo creyó estar enamorada cuando en realidad sólo era fanatismo.

Quizá este no era su tiempo.

Quizá en otra vida volverían a encontrarse y podrían vivir el felices por siempre que ambos merecían.

Sonrió ante ese pensamiento, por ahora ya no había temor, sólo quedaba el dejar ir todo lo relacionado con el erizo, ser fuerte y afrontar la siguiente parte de su historia.


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Hola.

Primera parte de dos.

No se porque se me ocurren estas cosas, pero me entretengo mucho escribiéndolas.

Tenía días queriendo subirlo, pero estuve ayudando a mi hermana a escribir el discurso para su ceremonia -virtual- de clausura.

Como sea, disculpen las faltas de ortografía, a veces se cuelan.

Si llegaste hasta aquí, gracias, lo aprecio mucho.

Cuídense.