A la mañana siguiente, la princesa fue despertada para cumplir con su horario. Una vez más, la realidad volvía a golpearle con firmeza.
Tenía que ser perfecta. No podía haber ningún tipo de queja al respecto.
Pronto, se puso su máscara y suspiró suavemente, era un tanto exasperante tener que hacerlo, pero… era su obligación.
En ese instante, la azabache recordó lo que había pasado en la noche. Recordó a ese coqueto rubio que trató de secuestrarle y que después apareció de improvisto frente a ella.
Recordó las palabras que él le había dicho, y allí arqueó una de sus cejas, ¿qué era lo que pensaba traerle?
Algo maravilloso de su reino, eso fue lo que dijo. En cinco días le traería algo que la dejaría sin habla. O al menos, eso le había hecho entender.
― "¿Será alguna joya robada? Quizás…" ―pensó la fémina negando con la cabeza. Pronto, las criadas entraron cuando la regente les permitió entrar, y alzando sus brazos, dejó que sus criadas comenzasen a vestirle y arreglarle para así estar presentable para el anuncio matutino.
En cambio, cuando miró a una de las esquinas y no vio a su consejera, observándole con una sonrisa, una mueca se formó en sus labios.
Realmente esperaba que su amiga se recuperase, pues no había oído noticias de ella desde el incidente del día anterior.
― "Debería ir a verla" ―, pensó asintiendo algo perdida en sus pensamientos.
― Ya deja de poner morros, que a penas son las ocho de la mañana ―le dijo una burlona voz que sorprendió a la princesa.
La azabache se giró, sus preciosos ojos brillaron sucumbidos por la felicidad, y los mismos se cristalizaron. Y dejando de lado las etiquetas, fue corriendo a abrazar a la pelirroja, pero con cuidado, pues no quería hacerle daño.
―Estás bien… ―susurró la princesa jadeando suavemente mientras suspiraba aliviada.
La pelirroja se sonrojó suavemente y pronto asintió con una dulce sonrisa. Con calma y cuidado, correspondió al cariñoso gesto de la menor y suspiró―. Sí, alteza. Estoy bien ―le dijo con calma y cuando la menor la apretó un poco más, la pelirroja gimió por la presión de su pecho, haciendo que la princesa le soltase preocupada―. No se preocupe. Estaré bien, solo serán una o dos semanas de recuperación… Pero no las convierta en tres ―dijo riendo suavemente.
La sonrisa que la mayor poseía alivió el corazón de la tierna princesa, quien asintió suavemente, mucho más calmada―. Me alegra saber que estás bien.
―Lo sé ―dijo la consejera asintiendo―. Ahora termine de vestirse para dar el anuncio matutino. Tiene una agenda apretada el día de hoy.
La fémina asintió suavemente, y pronto volvió con sus criadas para que terminasen de arreglarla y vestirla para que pudiese estar perfecta.
Tras unos tediosos minutos, la chica arregló los pliegues de la falda de su vestido, y sin más, siendo seguida por la pelirroja, marchó; con aquel paso firme y elegante que poseía.
Todos se inclinaban ante su presencia, ninguno de sus sirvientes le miraba de forma altanera, solo utilizaban sonrisas y palabras suaves.
Y sinceramente, sabía que no todas eran sinceras, y eso… no terminaba de gustarle.
[…]
Mientras tanto, en aquella zona apartada del palacio de aquella tierna princesa.
Un gato sonreía ladinamente apoyado en su ventana, mientras jugaba con un cuchillo entre sus garras, siendo así que su paz desapareció al momento de escuchar un dulce jadeo que le hizo mirar de reojo a su cama.
Una hermosa dama de buen ver, de oscuros y rizados cabellos, piel morena, de escultural cuerpo con buena dote e intensos ojos verdes.
Una mujer de alcurnia, con las que aquel felino solía concurrir, aunque no solía hacerle ascos a algunas damas de la alta nobleza que caían por sus encantos. Lo único malo, era que se dio cuenta hace tiempo que nadie lograba satisfacerle.
―Hmm… ~, Chaat, vuelve a la cama querido ~ ―ronroneó la fémina con ese tono tan sensual que pertenecía a las chicas de compañía que solían estar por los barrios bajos.
En cambio, el rubio solo rodó sus ojos, parecía que las mujeres no llegaban a entender quien era y como era él.
―Creí dejar claro que al despertarte te ibas a vestir y marcharte ―dijo con toda la tranquilidad del mundo y la fémina abrió sus ojos sorprendida.
― ¿A caso me estás echando? ―preguntó la mujer con una mirada afilada y el hombre rio con fuerza por aquello.
― ¿Te tengo que dar más indicaciones?~ ―le preguntó él con una socarrona sonrisa, consiguiendo que la mujer gruñese y maldiciendo se levantó sin mirar en ningún momento al rubio.
Y tras vestirse, simplemente se marchó farfullando, y toda la casa tembló en el momento que cerró la puerta principal―. Qué carácter ―dijo riendo el chico, y pronto negó para salir de la habitación e ir a la contigua, viendo a su amigo vendado de pies a cabeza―. Te dio duro esa canija ―rio el menor al momento de escuchar un gruñido.
―Sí, se ha hecho mucho mas fuerte con el paso de los años ―dijo el moreno apretando sus puños con furia.
Allí, la duda se presentó en la mente del rubio, ¿de que podía conocer su amigo a la protectora de la princesa?
Era algo curioso, pues aún recordaba la ira en los ojos de su amigo nada más ver a aquella pelirroja… ¿De dónde venía tanto rencor?
―No preguntes sobre ello ―, sentenció con gran seriedad el chico y su amigo se sorprendió. Normalmente no tenían ningún tipo de secreto entre ellos. Pero la mirada que le estaba echando el azabache le hizo darse cuenta de que iba a perder el tiempo si preguntaba, y que no valía la pena.
―Está bien, ¿quieres que te traiga algún tipo de remedio para el dolor de huesos? ―preguntó el rubio, y su compañero asintió suavemente -como pudo, mejor dicho-, haciéndole soltar una carcajada. El chico allí se giró y miró de perfil al moreno, quien tenía el ceño fruncido y una cara mosqueada, con una mirada que parecía estar ensombrecida por el dolor―. "Si estás mal deberías hablar con nosotros…" Idiota…
Y tras aquello solo negó con la cabeza y escapo antes de recibir un almohadazo -que a duras penas le podría haber dolido porque su amigo a penas podía moverse-. Con rapidez se dirigió a la cocina, comenzando a buscar en los armarios las medicinas y gruñendo al no ser capaz de encontrarlas.
―Veo que la misión no fue tan satisfactoria, ¿eh?~ ―. Allí el chico ante la tensión instantánea, había cogido un cuchillo, y por poco había estado a punto de lanzarlo a la frente de la fémina que había aparecido en su cocina.
― ¡Joder Volpina! ¿Cómo has entrado? ―le preguntó frunciendo el ceño, y gruñendo, guardó el cuchillo para echar su cabello hacia atrás, tratando de relajarse. En verdad no soportaba las visitas inesperadas.
―Cariño, no me cuesta nada forzar cerraduras, soy especialista en ello~ ―dijo con calma la fémina, moviendo juguetonamente sus orejas y echando su cabello hacia atrás con una mano mientras mostraba esa filosa y poco fiable sonrisa.
―Bien, ahora dime, ¿por qué has venido? ―le preguntó afilando su mirada y jugando con el arma blanca en su mano.
La morena bajó con calma de su lugar, y con su coqueto andar, comenzó a rodear al chico, quien le seguía con la mirada. Allí, frente a él, la zorra se paró de perfil, ofreciéndole al chico una carta.
Su fina ceja se arqueó, estuvo por no tomar el papel que le ofrecía, pero cuando vio como los ojos de la fémina brillaron en un tono de advertencia, un gruñido escapó de sus labios.
―Está enfadado, pero negociará contigo ―dijo Volpina, cruzándose de brazos y sentándose en una de las sillas que estaban alrededor de la mesa, y sin ningún tipo de vergüenza, tomó un pequeño racimo de uva para empezar a comer.
El gato chasqueó su lengua, y pronto, con el filo del cuchillo, abrió la carta. Con sus zarpas comenzó a sacar la nota, y al terminar, dejó el sobre en la mesa, dando así pie a su lectura.
La fémina por su parte solo comía, pero el cuerpo del chico, a medida que iba leyendo, se ponía más y más tenso. Sus ojos escudriñaban todas y cada una de las palabras que estaban escritas con una perfecta caligrafía. Y no fue sino hasta el segundo repaso de la carta -por si no había comprendido bien lo que estaba escrito-, que sus garras se clavaron en el papel, y posteriormente en su propia piel.
―Un año… ―sentenció con sus venas saltadas en su cuello y en su frente―. Bien, dile que no pienso fracasar, y que como se le ocurra tocar a…
―¿Y qué vas a hacer si les tortura? ―preguntó la chica tirando los restos de la fruta que se había comido sobre la mesa, interrumpiendo al ladrón―. Si siempre que estás frente a su persona no dejas de temblar como un asustadizo cachorro ―dijo mostrando sus colmillos en una burlona y malévola sonrisa―. Así que relájate y haz lo que te pide. Engaña a la princesa, roba la joya del reino y no te entretengas jugando con ella.
El chico afiló su mirada a la morena y esta pronto sintió como le tomaron del cuello, comenzando a ahorcarle y robándole el aire de sus pulmones.
―Sé que es lo que debo hacer, tú no eres nadie para empezar a ordenarme ―le gruñó con sus pupilas elípticas y afiladas, además de sus ojos borboteando una notoria furia que a penas podía controlar. Ante aquello la fémina jadeó ahogadamente, y él allí la soltó, dejándola caer al suelo―. Tendré acabado el trabajo antes de que os deis cuenta, seduciré a la princesa y cumpliré la misión ―sentenció girándose―. Y no dejaré que nadie se interponga en mi camino. Ahora vete ―dijo con firmeza el mayor, volviendo a buscar las medicinas, o al menos intentándolo.
Pero su búsqueda se vio interrumpida cuando unos finos brazos rodearon su torso y un quedo ronroneo resonó en su oído, seguido de una suave caricia de una esponjosa cola. Impidiéndole así cualquier movimiento.
― ¿Por qué tan frío? ―le preguntó una aterciopelada y excitada voz en su oído. Un timbre que hizo sonreír al rubio, consiguiendo así que mirase a la chica de perfil, con una ceja arqueada.
―A veces me olvido de tu vena masoquista ―dijo el hombre girándose a tomar a la más baja de la cintura.
― ¿Y qué vas a hacer al respecto?~ ―le preguntó rodeando el cuello ajeno, todavía con la sonrisa plasmada en sus labios, junto al sonrojo impregnado en sus mejillas.
Ambos se miraron fijamente, y en aquel momento el hombre la levantó, haciéndole rodear con sus piernas su cintura y tras ello, compartir un candente beso, y sin ningún tipo de decoro, tirando las cosas de la mesa, dejó a la menor, y así, ambos comenzaron con un largo y divertido rato pecaminoso.
Ya cuando fuese el momento pensaría en lo que darle a la princesa.
[…]
La azabache allí estornudó y sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal, allí se giró, mirando a su alrededor extrañada, mas no había nadie a parte de una de sus sirvientas.
― ¿Sucede algo su alteza? ―le preguntó la rubia de grandes ojos azules, quien estaba preocupada, sobre todo por la notoria palidez de la piel de la princesa.
― ¿Eh? S-Sí, Rose, estoy bien ―dijo la mujer asintiendo suavemente―. Es solo que estoy preocupada y un poco cansada, pero estaré bien, de verdad ―dijo con una dulce sonrisa al ver la preocupación de la menor en sus ojos.
Y antes de que la azabache pudiese decir nada más, unos apresurados pasos llamaron su atención, y el grito le hizo abrir sus ojos sorprendida.
― ¡Príncipe Nathaniel! ¡No puede correr por los pasillos y entrar sin más al castillo! ¡La princesa está muy ocupada! ―gritó la sirvienta de ojos cafés, y una de las mayores confidentes de la regente actual.
Pero antes de poder detener al pelirrojo, este había tomado a la princesa de la cintura y la había levantado, girando con ella y riendo al cargarla, siendo que la menor no pudo evitar reír junto al chico, siendo que, cuando la bajó, ambos se abrazaron con fuerza mientras suspiraban, y cuando se separaron, la chica no podía ocultar su sorpresa, ¿qué hacía allí el príncipe del reino Illustrator?
― ¿No te acuerdas que Matt vino para informar de mi llegada? ―le preguntó el pelirrojo arqueando una de sus cejas al ver la sorpresa en los ojos de la chica.
―L-Lo siento Nathaniel, han sido unos días muy ajetreados y… con lo del secuestro que ocurrió ayer ―susurró ella y el de ojos azules asintió, haciendo suspirar a la princesa―. Veo que las noticias entre reinos, como siempre… vuelan ―sonrió de manera incómoda la chica, quien desvió su mirada.
―Sí, en el momento me enteré de lo que ocurrió, cabalgué sobre mi corcel. No podía dejarte sabiendo lo que había pasado, tenía que venir a asegurarme de que estabas bien ―sonrió con calma y la fémina agradeció aquella inesperada visita que el príncipe le había hecho, en verdad necesitaba una distracción de sus pensamientos―. ¿Qué te parece si tomamos un té, y hablamos de todo y también de nada? ―le pregunto con una dulce sonrisa a la chica, recibiendo de esta una tierna sonrisa.
―Sí, eso me sentará bien ―, y tras aquello, ambos se encaminaron a los jardínes para tener una amena y agradable charla.
[…]
Aquella tarde, por suerte, la princesa no había tenido que atender muchos asuntos reales -por no decir ninguno-, y pudo disfrutar de la agradable compañía de su amigo de la infancia.
Evadiendo un poco sus preocupaciones -como lo era la recuperación de la pelirroja-, e incluso también aquel ladrón que le había prometido traerle una maravilla.
El pelirrojo por su parte, tras largas horas hablando, cuando ya estaba atardeciendo, sus guardias fueron a advertirle que debían regresar a su reino. Y un poco a regañadientes, el príncipe se fue, despidiéndose de la princesa con un cálido abrazo.
Nada más ver como el chico ya se había alejado, la sonrisa desapareció de sus labios, y ella continuó atendiendo sus labores, de la manera que mejor sabía, es decir: La perfección.
Lo que no recordaba tras aquella tarde con el pelirrojo -o más bien ignoraba-, era que pronto volvería a ver a aquel ladrón de cabellos dorados que tan misterioso y al mismo tiempo patoso le había parecido.
Y cuando volvieran a verse, quizás algunos pensamientos con respecto al otro, cambiarían.
Próximo capítulo: La noche pactada
Bueno, después de mucho tiempo desaparecida por temas universitarios y de estudios, aquí estamos con un nuevo capítulo, que espero que hayáis disfrutado los que todavía estéis aquí. También decir que quiero ilustrar un poco a los personajes, y quizás con cada capítulo, si os parece bien, subir un dibujo de algunos personajes como los imagino en mi historia.
Espero poder actualizar como algunas de mis historias, cada dos semanas.
Y bueno, nada más que decir, espero que nos veamos pronto con más historia.
¡Os adoro!
