Disclaimer: Naruto no me pertenece, es propiedad de Masashi Kishimoto.

Rating: M por escena de sangre y lemon.

Advertencia: escena de sangre y otra con contenido sexual muy gráfico. Se recomienda discreción al lector, si eres de esas personas que fácilmente se impresionan, favor de no seguir leyendo el fic.

Esta es una historia cruda, y las situaciones escabrosas seguirán apareciendo, así que la lectura queda bajo el criterio del lector.


"Me desperté en una habitación extraña,

Es hora de empezar de nuevo ahora,

Nadie que te ayude a encontrar un camino

Estás destinado a adivinarlo de alguna manera"

Strange Room / Keane

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VII

Ira y destrucción

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3 meses fuera de Konoha

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Llevaban dos semanas en el bar que Kiba logró crear con ayuda de Takeda padre e hijo. El día que llegaron, ya estaba oscuro, pero Kiba encendió las luces y llevó a Shino y Hinata a conocer primero la planta baja. Vieron el gran salón todavía sin mesas ni sillas, pero el piso y el techo parecían nuevos. Pronto fueron a la cocina, que era de tamaño mediano, ahí estaban las escaleras que llevaban a la parte superior de la casa, pero también les mostró un sótano enorme, donde almacenarían los alimentos y los barriles de cerveza, pero también les serviría para esconderse en caso de que no tuvieran tiempo para subir.

En la parte de arriba del bar, había 3 habitaciones remodeladas. En la primera dormían profundamente Ryu y Koichi, en la segunda dormirían Kiba y Shino y la tercera habitación sería de Hinata. Para llegar a la parte de arriba, Kiba y Ryu quitaron las escaleras que estaban cerca de la puerta y la única manera de acceder al segundo piso era a través de las escaleras que estaban en la cocina.

— ¿Por qué ponen las escaleras en la cocina? — preguntó el niño con gran curiosidad mientras pasaba clavos a su padre el día anterior.

— Genji-san no quiere que desconocidos accedan a donde estarán nuestras pertenencias personales. — Ryu era un hombre agradecido, pero ya se había percatado de que las intenciones de Genji eran probablemente otras.

— Entiendo... — respondió el niño, mientras Kiba también acomodaba la nueva estructura de las escaleras.

— Mis tres amigos vivirán con nosotros, ellos solo trabajaran en la cocina, entre tu, tu padre y yo atenderemos a los clientes.

— Ya quiero conocerlos, es aburrido tanto silencio. — Koichi se ganó una sonrisa de parte de su padre y continuaron trabajando.

Kiba les explicó a sus amigos que en un par de días llegarían los últimos muebles del bar pero que la parte de arriba estaba lista.

— Has hecho un buen trabajo, Kiba. — murmuró Shino mientras cerraba la puerta del sótano.

— No me quedó de otra, por lo menos con esto podremos juntar información y conseguir dinero para largarnos al país del silencio. — Gruñó el castaño.

Shino asintió mientras Hinata caminaba detrás suyo en completo silencio, solo observando el sitio a su alrededor. Finalmente entraron a la cocina desde donde subieron las escaleras que los llevó a su nuevo hogar.

— Ahora viviremos aquí aunque creo que sería una buena idea darle mantenimiento a la cueva por si tenemos que usarla como refugio en el futuro. — indicó Kiba.

— Pienso que es un plan pertinente. — respondió el otro chico, quien volteó a ver a Hinata quien parecía completamente abstraída en sus pensamientos. — ¿Estás segura de que podrás enseñarme a cocinar, Hinata?

Ella asintió.

— No es difícil. — respondió cortantemente.

— Dudo que tengan que cocinar mucho, la mayoría de los viajeros solo quieren un buen trago de Sake y alguna botana para continuar su camino, le dije a Ryu que podríamos hacer un anexo a la casa con juegos de azar, así haremos más dinero.

— Me parece que es excesivo, no necesitamos algo que llame la atención.— Shino arrugó el ceño.

— No sean conformistas, debemos hacer mucho dinero para darle una buena vida a Mirai-chan.

El Aburame suspiró cansado.

— Lo discutiremos mañana. — concluyó sin energías.

— En este cuarto están durmiendo Ryu y Kouji, Akamaru y yo dormiremos en la puerta de enfrente y ustedes dos en la puerta del final, cuando no estén en la cocina deben estar aquí arriba o en el sótano, no olviden que nadie debe verlos.

— Podemos usar un henge en caso de emergencia.

— Sí, pero no se ven tan saludables como para esforzarse en estos momentos. — Kiba miró a Hinata de reojo, quien parecía estar transpirando demasiado. — ¿Estás bien?

Shino volteó a ver a su amiga y ella asintió al notar la mirada de sus amigos sobre ella.

— Sí... y creo que Kiba tiene razón, mientras más rápido hagamos dinero más pronto podremos irnos al país del silencio junto a Mirai-chan.

— ¿El país del silencio? — preguntó Shino.

— Leí sobre él, dicen que los ninjas de ninguna aldea tienen jurisdicción ahí. — respondió ella.

Kiba sonrió socarronamente.

— Eso es porque después de muchas levantamientos no hay un gobierno y ahí manda la ley del dinero, sería un buen lugar.

— Mañana lo hablaremos. — murmuró Shino con cansancio.

— Sólo hay un baño arriba, así que debemos compartirlo. — indicó Kiba y fue la primera vez que Hinata alzó la vista con algo de interés.

— ¿Podría darme un baño?

— Aún no está instalado el calentador, sería con agua fría.

— Está bien para mi.

Kiba se alzó de hombros.

— Como quieras, iré a dormir. —y abrió la puerta de su habitación, a la cual entró seguido de Akamaru mientras Shino iba a la otra habitación mientras le dio un pequeño asentimiento.

Hinata entró al baño y vio una pequeña regadera, por lo que no perdió el tiempo en quitarse la ropa y entrar en el agua fría.

¿Por qué había hecho eso con Kiba? ¿Por qué a los hombres solo les importaba el sexo? Y recordó cuando los guardias del calabozo de su clan que habían abusado de su cuerpo le llevaban un poco de comida cuando nadie los veía. No había visto arrepentimiento en sus ojos, solo una especie de pago por haber utilizado su cuerpo para castigarla y ellos recibir placer.

Cerró los ojos muy fuertemente y sintió asco por haberse entregado de esa manera a su amigo, odió el orgasmo que sintió y sobre todo, se odió por haber sentido la necesidad de complacer a Kiba, de conseguir que la perdonara.

El agua fría recorrió cada centímetro de su piel y sintió una punzada en su cuerpo. Tenía días doliéndole algo en el vientre pero lo había ignorado con la esperanza de que un día, cuando despertara, aquel dolor desapareciera. Su padre había conseguido su objetivo de usarla como un recipiente para tener un bebé Hyuuga puro, pero se preguntaba si ese niño sería feliz con la vida que lo esperaba. Claro que no, ni siquiera ella sabía si podría volver a estar en paz o si se volvería loca al seguir escuchando el eco del ruido que hizo el cuerpo muerto de su sensei al caer. Pero no era capaz de matar a ese pequeño que nada tenía de culpa... prefería morir ella primero... si tan solo Kiba no hubiera llegado a tiempo, ella ya podría estar descansando en paz.

Pero Kiba tenía razón, debía asumir sus responsabilidades y seguir adelante todos sus planes. Y el primero de ellos era con ese bebé... cuando naciera lo entregaría a alguien que pudiera amarlo, lo cuidaría hasta entonces.

— Mañana buscaré a un médico que me diga cómo se encuentra... — murmuró cuando una fuerte punzada de dolor la hizo doblarse hasta que sus piernas la dejaron de sostener y quedó sentada en el piso bajo el agua de la regadera. El agua transparente pronto comenzó a teñirse de rojo. Hinata juntó todas las fuerzas que tenía y haciendo uso del poco conocimiento médico que poseía trató de contener la hemorragia.

Así estuvo un largo tiempo bajo el agua y pasando un poco de chakra en su vientre, hasta que el agua dejó de caer más no sus lágrimas, que le impedían ver con claridad... su visión era tan mala que pensó que estaba quedándose ciega, y eso le aterró. La vista era el sentido que más había trabajado desde que tenía memoria, el byakugan era lo que por muchos años le había dado identidad y un sentido de pertenencia, pero ahora no veía más que nubes de luz sin forma exacta.

Se obligó a respirar y fue entonces que notó que no veía nada porque las lágrimas no dejaban de caer, ni siquiera cuando fue consciente de ellas.

Ahora tenía en sus manos una muerte más.

Una falta involuntaria, pero completamente su culpa.

Kiba tenía razón, debía vivir para cortar la garganta de su padre por ponerla en esa situación tan triste y desgarradora.

En esos momentos Hinata sintió la ira correr por su sangre, y por primera vez en mucho tiempo, sintió que la vida regresó a ella pero llena de una ira que jamás había conocido.

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Para Akamaru era extraño el nuevo modo de vivir que tenían él y sus amigos humanos. Para ser honesto la cueva le parecía un buen lugar para dormir en el fresco césped y podía beber agua del pequeño lago que había ahí, además que estiraba sus viejos huesos corriendo un par de vueltas. Pero en la nueva casa donde ahora estaban, había demasiadas personas en viviendo juntas.

Su parte favorita del día era en las madrugadas que Kiba dormía abrazado a él. Su humano también le había explicado que ya no podía salir a correr en su forma de perro sino que tenían que usar el jutsu clon de hombre-bestia para que Akamaru adquiriera la forma de un hombre y así podían correr y pasar ratos acostados en el pasto sintiendo el fresco viento del día, aunque eso no duraba mucho porque el canino ya estaba viejo y su fuente de chakra no era lo mismo de antes, ya no podía mantener la forma antropocéntrica por tanto tiempo como antes.

Aunque a diferencia de sus días en la cueva ahora tenía toda la comida que quería, por lo que degustaba con felicidad de los pedazos de carne que Hinata hacía especialmente para él. El olor de su amiga humana había cambiado y sabía que Kiba también había notado la nota de sangre que la acompañaba últimamente, por lo que el canino trataba de lamer su rostro cada vez que podía para decirle que no estaba sola. Y es que Hinata ya no hacía un esfuerzo por ocultar el vacío de su mirada, pero cuando estaba sola con él, se permitía sollozar un poco abrazada a su grueso pelaje, le gustaba poder ser un apoyo para ella.

En cuanto a Shino, empezó a alejarse un poco. Con el paso de los días el joven de lentes negros había comenzado una colonia en una base de vidrio, a los cuales alimentaba con carne humana, ya no salía a cazar con Kiba pero estaba seguro de que el olor a sangre que ya acompañaba a su mejor amigo era la fuente de esos pedazos que los insectos consumían. Akamaru nunca tuvo temor de los poderes de su amigos insecto, ni siquiera cuando algunos de ellos se quedaron atrapados en su largo pelaje y le dejaron bastante picoteado, pero su instinto animal le decía que esos bichos eran peligrosos y prefería evitar entrar en la habitación que Shino compartía con Hinata.

En esos momentos Akamaru estaba en el cuarto que compartía con Kiba mirando por la ventana la parte trasera de la casa donde estaban y al contemplar el color verde de las hojas de los árboles añoró volver a Konoha con su manada... pero las cicatrices que aún le dolían le decían que ese lugar ya no era su hogar y él nunca dejaría a sus amigos solos, nunca. Los seguiría hasta el mismísimo infierno con tal de que estuvieran bien y felices; su hogar estaba donde estuviera el equipo ocho.

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6 meses lejos de Konoha

Koichi bajó corriendo las escaleras con un cepillo lleno de pelos blancos de Akamaru.

— ¡Ya terminé! — exclamó el niño con alegría y Hinata, quien vestía una capa que la ocultaba por completo le hizo una seña para que se acercara a ella.

— ¿Podrías hacerme un favor? — preguntó al niño, quien asintió. — ¿Podrías también tirar esto en la basura? — y le entregó una bolsa llena de cabello negro, le había cortado el cabello al chico quien ya lo tenía muy largo.

— Claro, — el niño tomó la bolsa y salió de la cocina para llegar a los dos grandes contenedores de basura que había en la parte trasera del establecimiento.

— Hoy hay pocos clientes. — dijo Ryu Takeda, padre de Koichi mientras colocaba una charola con una botella de sake y dos tazas vacías.

Hinata asintió pero continuó cortando verduras, mientras un cabizbajo Shino removía una olla en la estufa. El hombre ya se había acostumbrado a los compañeros de Genji-san, cuando los conoció vio sus miradas tan rotas y entristecidas que supo que no debía preguntar nada, esos niños llevaban una gran carga sobre ellos, por lo que decidió ayudarlos cuando supo que era importante que nadie los viera. A pesar de que la chica y el joven de gafas negras no hablaban más que lo necesario, notó que eran amables con Koichi y eso le bastó, nadie era completamente bueno ni completamente malo.

— Pero el clima está medio nublado, si llueve puede que tengamos un poco más de afluencia más tarde. — continuó diciendo el hombre a lo que la chica volvía a asentir. — Por cierto, Genji-san trajo más temprano unos libros, los dejé en la puerta de su cuarto.

— Gracias. — murmuró Hinata adivinando que serían los libros de medicina que Shino tanto había estado esperando.

— Es bueno saber que alguien sabe de medicina, nunca está de más. — sonrió Ryu pero en ese momento entró Kiba con prisa.

— Se han ocupado dos mesas. — dijo Kiba. — Yo atenderé una, tu otra Takeda.

— ¡Hai!

Kiba miró a Hinata.

— Necesito dos órdenes de onigiris y una orden de tempura con arroz. — dijo Kiba, tomó tres botellas de sake y salió de inmediato. La chica apuró los cortes que estaba haciendo.

— Yo hago los onigiris... — murmuró Shino quien comenzó a sacar arroz cocido de otra olla, al inicio se había sentido torpe al recibir clases de cocina de parte de Hinata, pero pronto lo asoció con los experimentos químicos que estaba llevando a cabo con sus nuevos insectos rojos, por lo que le encontró cierto gusto a la cocina y en poco tiempo fue capaz de seguirle el paso a Hinata.

Por otro lado, Kiba en su nuevo disfraz de Genji, llevó dos botellas de sake a una de las mesas ocupadas.

— Siéntate conmigo, hijo, este viejo está agotado y bastante asustado. — tomó la botella y se sirvió una copa hasta el borde.

— ¿Qué sucedió oji-san? — preguntó el joven poco interesado en el relato pero tomó asiento, el objetivo de tener un bar era estar enterado de todo.

— Kabane Michiaki, eso pasó... ese maldito ninja renegado... mató al hijo de un amigo, ni siquiera ha pasado tanto tiempo de la cuarta gran guerra ninja y ya hay otro loco...

— Tsk, la guerra es un incordio... — murmuró Kiba.

— Pero está en la naturaleza humana, el precio de la paz siempre es muy caro y nunca dura para siempre. — respondió el anciano luego de beber toda su copa de golpe. — Vine porque voy de paso a esconderme a Amegakure, dicen que Michiaki tiene una técnica que le permite apropiarse de las habilidades de usuarios de líneas de sangre.

— Eso es absurdo, ¿Cómo puede apropiarse de un jutsu que no está en su adn?

— Ese es el punto muchacho, nadie lo sabe y no me interesa averiguarlo, ya llegué muy viejo como para terminar en manos de ese psicópata. Alguien debería pagarle a Suna o a Konoha para que vayan por él, es un peligro.

— ¿Por qué no lo haces tu?

— ¡Después de la guerra las misiones se volvieron más costosas! ¿Cómo crees que las aldeas como Konoha se están reconstruyendo? Con nuestro dinero, pero yo no me presto a esos juegos, mejor iré lejos y donde nadie me conozca. — y alzó su copa. — ¡Kampai!

Pronto Ryu llegó a la mesa y entregó su comida al hombre, quien sonrió.

— Este tempura sabe muy bien, casi como el que hacía mi madre. — dijo el anciano. — Dígale al cocinero que esto está delicioso.

— Tsk, lo haré. — y se puso de pie para dejar al hombre comer.

¿Kabane Michiaki? Sería un problema si se encontraran con un personaje como él... el Byakugan de Hinata los pondría en su radar. Necesitaban mantener un perfil aún más bajo. Kiba se sentó en la barra del bar y pensó que con las recompensas que Konoha publicó ya medio mundo debería estar detrás de Hinata... ella era un problema para ellos. El hombre contempló su nuevo bar y entendió que le gustaba su nuevo trabajo, conversar con forajidos y enterarse de todo... quizás en algún tiempo hasta podría vender información... ¿Se arriesgaría a perder todo eso por Hinata? Solo se necesitaba un descuido para que alguien viera sus ojos, solo un pequeño error lo volvería a tener encadenado y torturado por las arpías de su clan.

Hinata era un riesgo que no debía tomar si era sensato... agitó su cabeza y supo que necesitaba un trago de sake. Tomó la única botella de sake caliente que quedó en la barra y se sirvió una copa. Tener a Hinata en ese lugar era como beber sake, le sabía amargo pero también lograba calentarlo, además... no podía abandonarla a su suerte... tan solo verla deambular como un fantasma le decía que no podría cuidarse sola. ¡Ja! se rió ante la idea de que ella logró ganar el tiempo suficiente para que pudieran escapar y ahora es un despojo de lo que solía ser, en cambio él estaba en su mejor momento de condición física. Correr grandes distancias para matar a ninjas y a todo aquel que le sostuviera la mirada lo habían vuelto más afilado, había perdido un ojo pero había ganado un instinto de batalla abrumador.

— Tomaré un pequeño descanso, regreso pronto. — avisó a Ryu, quien asintió y continuó atendiendo las dos mesas ocupadas.

Al entrar a la cocina solo vio a Shino preparar más fideos.

— ¿Dónde está ella? — por un acuerdo mutuo estaba prohibido decir el nombre de cualquiera de los tres para evitar ser descubiertos.

— Bajó al sótano con el niño por más algas y verduras.

— Bien... — Kiba caminó hasta donde estaba la puerta que conectaba con el sótano de la casa y que igual estaba en la cocina. Bajó por la escotilla y al llegar hasta abajo, vio a la chica estar sobre una silla y bajar algunas verduras que el niño iba recibiendo y juntando en una canasta. El sótano era amplio y él lo decidió así por si llegaban a tener que esconderse durante mucho tiempo por ahí.

— Koichi, ve a ayudar a tu padre.— ordenó y el niño dejó la canasta en el piso.

— ¡Sí, Genji-sama! — con la inocencia que lo caracterizaba subió corriendo las escaleras y Kiba caminó detrás del niño, por lo que Hinata continuó con lo suyo, pero cuando escuchó pasos de nuevo en las escaleras vio que Kiba había regresado.

Sin saber qué iba a decir, Kiba decidió seguir su instinto, éste últimamente no le fallaba.

— Cerré la escotilla, debo hablar contigo.

Hinata bajó de la silla y asintió.

— Creo que es peligroso que los tres estemos juntos todo el tiempo, los dos tienen recompensas y ambos sabemos que no podremos ganar a un escuadrón ANBU de cualquier aldea.

Hinata bajó su capucha y Kiba pudo ver sus ojos lavanda, aquellos que amó por tanto tiempo y que ahora odiaba con bastante pasión.

— Pero aún así no voy a dejarte sola porque somos un equipo... pero quiero cogerte ahora mismo y sentir que vale la pena que todo se vaya a la mierda en cualquier momento por tus malditos ojos.

Ella bajó la mirada y asintió, pero aquello hizo enojar al chico, quien dio largas zancadas para llegar hasta ella.

— Di algo, haz algo... desde que salimos de Konoha no te he visto entrenar, no he visto que hagas algo para mejorar... ¿O acaso piensas que ya eres la más fuerte porque te enfrentaste a Naruto y a Shikamaru? ¡Habla! — siseó.

Escuchar esas palabras le dolieron profundamente e hicieron que la ira detrás de su tristeza emergiera.

— ¡Solo porque vas matando a quien se te cruce no te hace ser más fuerte! — exclamó ella en el mismo tono de siseo, pero Kiba sintió una erección al ver el fuego en los ojos de su compañera.

— No me basta con que seas una buena cocinera, Hinata, tienes que hacerte más malditamente fuerte, lo suficiente como para abrirte paso en Konoha y llegar hasta Mirai... ambos sabemos que no habrá nada fácil en nuestras vidas nunca más. — se plantó frente a ella.

— ¡Yo también estoy harta! — dijo con furia. — Pero a nadie le interesa lo que siento... y no me ayudas con Shino... Yo sola no puedo con todo, Kiba.

— ¡Esto tampoco es fácil para mi! Y menos pensar que literalmente cada día es un maldito regalo porque no sé cuando Konoha dará con nosotros... o alguien a quien le interesen tus ojos.

La chica abrió los ojos sorprendida y recordó que ya había sido objeto de captura, aquella no sería la última vez que eso sucediera. Pronto fue consciente en que la distancia con Kiba era nula, podía sentir su calor sobre ella.

— Deja salir tu ira, Hinata, sino dejas salir toda esa furia va a terminar explotando dentro tuyo y eso nos va a joder a todos. — le susurró Kiba. — Si te vas a dejar vencer bien podrías irte a trabajar a una casa de citas...

Hinata solo quería que Kiba se callara, por lo que golpeó el pecho del chico con un poco de chakra y él cayó de sentón al no esperar la reacción de la chica, por lo que de prisa se puso de pie y le lanzó un golpe que ella esquivó y sin que se dieran cuenta se pusieron a intercambiar golpes que el otro esquivaba y detenía. Kiba no tenía la menor idea de lo que estaban haciendo pero cuando ella logró asestarle un buen golpe en la quijada, se dio prisa en aplicarle una llave que la derribó y la inmovilizó en el piso.

Ella forcejeó para liberarse y aquello solo prendió más al chico, quien la giró para que quedara boca arriba y la soltó pero la rodeó con sus manos sin dejarle escapatoria.

— Hablaba en serio cuando dije que quería cogerte y hundirme en ti, Hinata. — le susurró, a lo que ella asintió y sin dudarlo él comenzó a besar su cuello mientras pasaba sus manos por todo su cuerpo, masajeando sus senos y clavando sus dedos con desesperación.

Kiba se dio prisa en desabrochar la capa de ella y alzó su blusa de rejillas para ver los enormes senos de su compañera, los cuales comenzó a lamer, moder y succionar como poseído por un ente de la lujuria. La iluminación de ese lugar era bueno y la vez pasada no había podido contemplar el hermoso cuerpo de Hinata, quien tenía el rostro fruncido pero cuyas manos ayudaron a que el chico se deshiciera de su ropa, para después pasar a tocar su cuerpo y comenzar a gemir.

— No te contengas, este lugar es a prueba de sonido. — le susurró mientras comenzaba a decirle vulgaridades al oído, mientras ella se retorcía y se frotaba contra su miembro el cual estaba completamente listo para comenzar, pero Kiba se tomó su tiempo y primero acarició aquella zona íntima hasta que supo que estaba igual de deseosa que él de completar su ritual.

Siempre había estado enamorado de esa mujer y le parecía una ironía que justo cuando más la odiaba es cuando ella decidía entregarle su cuerpo, era justo cuando él la maltrataba y le llamaba de maneras tan vulgares que ella se mojaba bajo su tacto. De haber sabido que ser un cabrón le permitiría penetrar a la mujer más bella que había visto en su vida, lo hubiera sido desde antes.

— ¿Lo quieres? — le susurró al oído después de decir bastantes groserías.

— Sí... — gimió ella, quien por primera vez desde que su mundo se quebró, sintió la verdadera necesidad de que la llenaran de sexo por completo. La mente de Hinata era un caos, siempre detestó lo que le hicieron en el calabozo de su clan pero la última vez hace tres meses que Kiba la hizo llegar a un orgasmo por primera vez, empezó a sentir un calor que la hacía sentir incómoda e inmoral. Pero estaba harta de tratar de entenderlo todo y realmente quería demostrarse así misma que su padre no la atrofió, que su clan no arruinó el placer que aún podía sentir... iba a ser quien tuviera que ser si así conseguía unos segundos de placer que la hicieran olvidar toda la furia y el enojo que sentía que carcomía su ser.

— Hazlo tu. — le dijo Kiba mientras giraba y ella quedaba sentada sobre suyo, ambos sin ropa y con las luces encendidas. — No lo pienses, Hinata.

Y no lo pensó. Sola se sentó sobre el duro miembro de su amigo, y pensando en su propia satisfacción comenzó a montarlo con desesperación, obligándose a poner la mente en blanco y usando toda su ira en hundirse lo más fuerte posible. Aquel descontrol de parte de ella enloqueció a Kiba quien no pudo más que volverse más salvaje y cuando sintió que ella se contraía en un dulce orgasmo, decidió que él también podía jugar. Así que en cuanto ella recuperó el aliento, volvió a girar y la colocó en cuatro para volver a insertarse en su interior y comenzar un nuevo ritmo que la hizo gemir más y más. No se pudo contener y le dio una nalgada, y otra y otra, hasta que la sintió volver a contraerse en otro orgasmo pero no era suficiente para él, necesitaba verla a los ojos cuando volviera a venirse y dejarle claro que él y nadie más la estaba complaciendo. Mientras pasaban los espasmos de su segundo orgasmo, Kiba la acostó de nuevo y se colocó entre sus piernas, las cuales alzó sobre sus rodillas y las llevó hasta la altura del rostro de ella, y ahí, teniéndola bien agarrada y sintiendo las uñas de ella encarnarse en su propia piel, entró y salió con toda la fuerza que pudo y cuando ella volvió a gemir, le ordenó que abriera los ojos, pero ella negó con la cabeza mientras se sacudían por la inercia de las embestidas profundas que él le proporcionaba.

— Mírame... — gruñó y ella lo hizo, y cuando Kiba por fin se pudo ver reflejado en los ojos de ella, quien comenzó a gemir al sentir su tercer orgasmo, fue entonces que él dejó salir un gruñido mientras salía de ella y se derramaba en el piso.

Cuando terminaron se vistieron y arreglaron sus ropas en silencio, a pesar de que justo eso era lo que Kiba había ido a buscar, se sentía vacío y mal por usar de esa manera a la persona más gentil que había conocido en su vida. Era un bastardo por dejar que Hinata se hundiera en su miseria pero él mismo no sabía cómo salir de su propia historia de terror.

— Tienes razón. — Kiba escuchó la voz de Hinata, así que volteó a verla.

— ¿Sobre qué?

— Es peligroso estar todos juntos en un mismo lugar...

Kiba asintió.

— Estamos ganando dinero, podemos condicionar la cueva para que sea más funcional...

— No. — la chica lo interrumpió. — Necesitamos conseguir más dinero y armas, debemos ir por Mirai y marcharnos para siempre.

— ¿Qué propones?

— Tengo algo en mente. — su voz fue casi un susurro, pero el chico notó la decisión en su mirada perlada.

Al parecer su amiga estaba cerca de pasar a la siguiente etapa del duelo. Negociar con la vida.

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6 meses desde la huida del equipo ocho

Ino limpió el sudor de su frente con el dorso de su mano mientras volvía a hacer los sellos de su justsu de transferencia de mente, necesitaba ampliar su rango de contacto. En esos momentos estaba entrenando en el doujo de su casa, pero a pesar de que su padre ya no estuviera para ayudarla, poseía los pergaminos más importantes de su clan de los cuales estaba aprendiendo. Shikamaru le había dicho que aún no tenía un plan para capturar al equipo ocho pero que debían estar preparados para el momento en que pusieran un pie en la aldea, así que le encargó un par de tareas muy particulares.

— A pesar de que ellos se especializan en rastreo, tienen una fuerza defensiva a considerar. Kiba y Akamaru saben pelear y Hinata tiene una defensa impenetrable con el puño suave a corta distancia, y no olvidemos que Shino puede cubrir a larga distancia. — le había dicho Shikamaru.

— ¿Entonces como los atraparemos? — preguntó Chouji mientras hablaban en susurros en la casa del Nara.

— Estoy pensando en dos tipos de escenarios, el primero es que nosotros los encontremos primero, para eso debemos acercarnos lo suficiente como para que Ino pueda poseer a Kiba o Hinata y de esa manera haremos que mate a los otros dos cuando duerman. Aún si falla, solo pelearemos contra dos porque Ino podrá hacer que se suicide al que posea.

— ¿Y si ellos vienen a Konoha primero? — preguntó Ino.

— Dispondremos de los recursos de la aldea para pelear, pero Chouji los detendrá lo suficiente para que ya sea con el jutsu de Ino o el mío podamos inmovilizarlos.

— Pero eso es pensando que nos alerten de su presencia.

Shikamaru masajeó sus sienes.

— Aún debo pensar en eso, pero...

— Nada de peros, tu estás en peligro si los tres entran a Konoha y llegan hasta este lugar con el objetivo de llevarse a Mirai, no hay manera de que tu solo puedas con ellos.

— Ino... — intentó quejarse el Nara pero su mejor amigo negó.

— Ella tiene razón Shikamaru... — replicó el Akimichi.

— Kakashi me otorgó a un equipo ANBU que cuide las afueras del bosque, saben que dentro yo tengo el control dominio del terreno.

— Aún así, vendremos a vivir contigo.

— ¿De qué hablas, Ino?

— Ya habíamos hablado con tu madre y está de acuerdo, Ino y yo viviremos contigo y Mirai. — reafirmó el castaño.

Shikamaru bajó el rostro mientras fruncía el ceño.

— ¿Saben que no dudaré en matar a Hinata, verdad?

— No intentaremos detenerte. — dijo Ino con seriedad. — Yo me haré cargo de ese perro sarnoso.

— Yo me encargaré de Shino y vengaré a la quinta. — Chouji asintió.

— En ese caso. — Shikamaru vio a Ino. — Debes mejorar tu justsu de transferencia, nadie debe ser capaz de escapar de tu poder. — La rubia asintió. — Y también necesito que obtengas información sobre ellos, Kakashi querrá mantener lejos de mi cualquier dato pero con tu trabajo en el departamento de inteligencia podrás obtener algo... Mientras Chouji y yo entrenaremos, necesitamos romper sus defensas de manera coordinada.

Ino salió de sus recuerdos y miró el reloj de la pared. Eran las nueve de la mañana y después de dos horas de entrenamiento era hora de ir a su trabajo en la torre. Tenía un dato que le interesaría a Shikamaru.

Después de una breve ducha, Ino se arregló y salió en dirección a la torre. Aún no terminaba de hacer su mudanza a la mansión Nara pero esperaba que pronto ese tema estuviera concluido.

— Buenos días Ino-san. — Tenten iba saliendo de la torre cuando la rubia se la encontró.

— Buenos días Tenten... — regresó el saludo y continuó con su camino.

— Ino... — la voz de su mejor amigo llamó su atención.

— Anoche te fuiste sin pagar tu parte, eres un vago Shikamaru. — exclamó Ino mientras le estiraba una nota. — Más te vale pagarme pronto o se quedarán sin carne por un largo tiempo.

Shikamaru bostezó pero guardó la nota en su bolsillo.

— Claro, te pagaré mañana que cobro mi sueldo.

— Bien, nos vemos. — y la chica marchó a los pisos inferiores de la torre.

Shikamaru entró a su oficina a un lado del despacho del Hokage y abrió la nota que solo contenía una palabra.

Yamato

Así que él era el ninja encargado de investigar al equipo ocho.

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Era de noche cuando Yamato abrió la puerta de su casa al sentir una presencia que lo llamaba desde afuera. Kakashi ya le había advertido que eso sucedería, por lo que decidió zanjar el tema de inmediato.

— Buenas noches, Shikamaru-san.

— Capitán Yamato. — saludó el Nara. — ¿Puedo pasar?

— No tengo tiempo, saldré de viaje de nuevo.

— No voy a tomar mucho tiempo, solo no quiero hablar donde alguien más pudiera escuchar.

El castaño suspiró cansado pero abrió más la puerta para que pudiera pasar su invitado.

— Sé a qué vienes y no, no puedo decirte nada Shikamaru-san.

— No vengo a pedirle detalles, Capitán. — se dirigió con respeto al hombre mayor. — Sólo quiero saber qué hará el Hokage cuando los encuentre.

— Deberías preguntarle eso a Kakashi-san, mi misión es solo de rastreo y tengo órdenes de no decirte nada.

— Entiendo, lamento haberle hecho perder el tiempo... — el chico suspiró resignado mientras se dio la media vuelta.

— No dejes que la venganza te consuma, Shikamaru-san, pienso que tu padre no querría eso para tu vida... disfruta la paz y no te encierres en un infierno personal.

Shikamaru lo vio de reojo y asintió, saliendo de aquella casa sin decir nada más.

El frío de la noche caló en los brazos del chico, quien después de caminar un par de calles, se recargó en una barda de madera y atinó a sacar su cajetilla de cigarros, encender uno y llevarlo a sus labios.

— El Hokage ordenó que nadie te revele nada, se pondrá furioso con Ino Yamanaka cuando Yamato le cuente de tu visita.

El Nara alzó la vista y vio a Sasuke Uchiha caminar sobre una barda a su lado.

— Vale la pena la información. Cuando el capitán Yamato los encuentre el Hokage mandará a un escuadrón para traerlos vivos a la aldea y eso me da tiempo de planear.

Sasuke sonrió.

— Jamás hubiera imaginado ver a un aldeano promedio de esta villa ser carcomido por el odio.

— Es parte de la voluntad de fuego honrar las promesas.

El Uchiha rio con voz rasposa.

— Un intercambio, Nara.

— Escucho.

— Información para tu pequeña venganza.

— ¿A cambio de qué? — frunció el ceño, no estaba seguro de si valía la pena hacer un trato con un sujeto como aquel.

— No lo sé... pero tener la buena voluntad de un futuro y prometedor político me parece un precio justo.

— Tsk. — Shikamaru le dio una calada a su cigarro y dejó salir el humo. — ¿Podrías recrear el edo tensei, Uchiha?

Sasuke detuvo su caminar.

— Eso ameritaría más que buena voluntad de tu parte, Nara... Aunque debo admitir que tienes mi completa atención.

Shikamaru sonrió mientras tiraba el cigarro al suelo y lo pisaba para apagarlo.

— Estoy dispuesto a vender mi alma al diablo con tal de obtener mi venganza.

Sasuke recobró la compostura, sin duda le interesaba ver cómo el hombre más listo y respetable de la aldea planeaba su venganza personal, sería idílico... muy interesante. Sí un ser tan bueno como shikamaru se podía corromper, entonces estaba más que justificaba la locura que él desató en su juventud.

— Trato hecho, Nara.

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Si llegaron hasta aquí, gracias por leer

Desde la muerte de Kurenai han empezado una serie de situaciones difíciles y dolorosas, sin embargo a pesar de lo que los personajes quieran, si no actúan en consecuencia no podrán cambiar las cosas.

Hinata tuvo un aborto espontáneo porque no se cuidó nunca y las circunstancias no se lo permitieron, no comió ni bebió agua, su estado de ánimo lúgubre y la poca luz de la cueva sobrepasaron a su cuerpo, quien reaccionó como ella no lo esperaba. Muy tarde se decidió empezar a cuidarse y hubieron consecuencias, porque siempre las hay.

De la negación, Hinata ha pasado a la ira, un camino que Kiba conoce muy bien. Shino al ser el más maduro de los tres se está refugiando en sus propias ideas y tentaciones de poder.

En cambio, a pesar de que el equipo diez tiene la oportunidad de seguir con sus vidas, Shikamaru ya está articulando un plan en su mente, realmente va en serio al aceptar hacer un trato con Sasuke Uchiha, quien no le interesa ese asunto, pero le parece divertido ver a un hombre íntegro como Shikamaru deslizarse hacía la locura.

Y finalmente solo decir que esta historia es ShikaHina porque la lucha entre esos dos se va a volver tan personal que los límites se desdibujarán hasta volverlos locos.

Ojala puedan comentar la historia, la verdad disfruto mucho escribir esta historia, pero necesito tener un estado del ánimo muy específico porque de otra forma no me salen las ideas retorcidas que esta historia necesita. La opinión de todos ustedes es importante para saber qué tal va este fic.

¡Nos leemos a la próxima!

22 de agosto de 2021