Mi futura viuda.

Tercera parte.

Resulta que manejar un arma era más difícil de lo que Senku recordaba.

Ryusui había pasado un tiempo enseñándole a usar una cuando escaparon de la esclavitud, pero desde que Tsukasa se unió a la tripulación ni siquiera se molestaba en cargar con una, solo en contadas ocasiones y de todos modos nunca la usaba.

¿En qué había estado pensando al decir que retaría al prometido de Kohaku a un duelo?

Pues en que esa es mi esposa, y ¿qué se debe hacer cuando quieren robarte a tu mujer? Un duelo de espadas o de pistolas.

Lo dictaba el código de honor y el código de caballeros. Permitir que te quiten a tu esposa bajo tus narices era la mayor burla para todo hombre que se respete. Y como no podía usar una espada ni para salvar su vida, entonces debía retar al bastardo a un duelo de armas de fuego.

Aunque en realidad le importaba muy poco ser la burla, ser un caballero o lo que piensen de su honor, ¡lo importante aquí era que amaba a esa mujer y no podía quedarse de brazos cruzados!

Tal vez retar a duelo al tipo no sea la mejor opción para recuperarla, pero ella tampoco parecía muy dispuesta a escucharlo, así que ni modo, estaría preparado para morir con tal de no perderla tan fácilmente.

—Lo qué estás haciendo es ridículo. —Tsukasa se acercó a él, viéndolo fallar cada tiro a unas botellas vacías de licor a pocos metros de él—. Ni siquiera sabes a quién te enfrentas, podría ser el mejor tirador del imperio.

—Me da igual. —Tomó aire y apuntó con cuidado, cosa difícil por el movimiento del barco—. ¿Qué harías si fuera tu esposa?

—Probablemente lo mismo que tú —reconoció sin problema—. Pero yo no habría abandonado a mi esposa sin explicaciones. Y aunque este es el procedimiento normal para cuando quieren robarte a tu mujer, tú no eres el tipo de hombre que sigue esas normas. —Se apoyó contra uno de los mástiles del barco—. No estás haciendo esto por tu honor, lo estás haciendo porque estás molesto, y estás molesto porque amas a tu mujer. Pero haciendo esto no lograrás que ella te perdone… y lo sabes.

Senku disparó, esta vez logrando atinarle a una botella.

—Sí, lo sé. —Asintió—. ¿Y qué? No voy a retractarme, y no puedo hablarle si quiere matarme cada vez que me acerco. —Volvió a apuntar.

—Estoy muy seguro de que encontrarías la forma de hablar con ella sí realmente te lo propusieras. Creo que esto es solo una excusa para no enfrentar la situación. —Se acercó a él y colocó una mano en el cañón de la pistola—. Nunca me has hablado de tu vida personal, y tampoco tengo un gran interés en ella, sin embargo estoy seguro de que no eres el tipo de hombre que abandona cruelmente a su mujer. Estoy seguro de que sí hablas con ella podrán arreglar sus problemas. —Senku lo miró con frialdad y Tsukasa suspiró, alejando la mano de la pistola—. Como sea, vine a decirte que Kohaku se escapó.

—¡¿QUÉ?!

—Se ha escapado varias veces hoy, pero esta vez ya no pude encontrarla. —Miró a los alrededores con tranquilidad—. Supongo que viene a intentar matarte, así que me quedaré aquí hasta que aparezca.

—Bien, seguiré practicando. —Apuntó a las botellas con toda su concentración.

—¿No te preocupa ni un poco que de verdad quiera matarte?

—Nah. —Apuntó con una sola mano mientras con la otra rascaba su oído—. Kohaku no es una asesina. Además si de verdad quisiera matarme ya estaría muerto.

—¿Entonces mi protección no hace falta?

—¿Estás loco? Que no me mate no significa que no vaya a patearme el culo. —Lo miró horrorizado.

—Bien, bien. —Tsukasa encogió los hombros y volvió a vigilar los alrededores.

Senku siguió practicando con las botellas, aunque esta vez no pudo volver a acertar ni un tiro ya que estaba muy distraído con la idea de que Kohaku podría aparecerse en cualquier momento.

Aunque quisiera matarlo y le gritara y lo insultara, aún así siempre le gustaba verla. Después de tres años lejos de ella, era mejor esto a nada.

Su dulce esposa hizo acto de presencia mientras Tsukasa tomaba agua, lanzándose contra Senku a barrerle los pies, echarlo al suelo y clavar un cuchillo junto a su cabeza, comenzando a gritarle lo escoria que era y lo mucho que lo odiaba y la muerte lenta y dolorosa que tendría.

Él la miró sin pestañear. La tenía encima suyo, tan cerca… y su rostro se veía incluso más bello con los rayos del sol dándole de costado… Quisiera acariciarle el rostro y besarla hasta que se le quitara esa cara de odio que no le restaba belleza ni en lo más mínimo.

Una bofetada lo sacó de su ensoñación, pero antes de que pudiera siquiera procesarlo Tsukasa se la quitó de encima y volvió a atarle los brazos para luego arrastrarla hacia el mástil principal para atarla otra vez.

Senku se frotó el rostro adolorido, pero no estaba molesto. Se lo merecía, y le alegraba que ella lo hubiera tocado otra vez… Agh, maldita sea que sonaba como un desesperado. Pero no iba a mentir, la verdad que había pasado tres años deseando cambiar todo el oro que Ryusui le había dado por aunque sea un beso de su esposa.

Sí, estaba asquerosamente desesperado… tanto que no lo pensó dos veces y fue hasta el mástil, pensando en una excusa para hablar con ella o acercarse o tocarla aunque sea con la punta del dedo meñique… Ugh, sí la tripulación pudiera escuchar sus pensamientos seguro que perderían completamente la imagen que tenían de él, y el respeto. Incluso él no tenía muy buena opinión de sí mismo ahora. Su mujer le había dejado morado el rostro de un bofetón y ahí iba él a rogar por su atención…

—¡Maldita sea, Senku! ¡Ni creas que siempre tendrás a Tsukasa para protegerte! ¡¿Por qué no me enfrentas como un hombre si tanto estás practicando para tu estúpido duelo?! —Ella estaba pataleando en el mástil, llamando la atención de toda la tripulación.

—Estoy practicando para dispararle a tu querido prometido, no a ti. —Frotó su mejilla distraídamente, mirándola con fingido desinterés—. Tú eres la que quiere quedarse viuda, yo por otra parte, no tengo ningún interés en convertirme en viudo. Me consideró un hombre felizmente casado. —Le sonrió con sorna.

—¡Ja, lo dices como si tuvieras oportunidad contra mí! ¡Mejor haz tu duelo contra mí, a ver qué tan rápido caes de cara al suelo cuando acabe contigo!

—No deseo morir tan joven, pero gracias por la oferta. —Se le acercó con las manos en la cintura, disfrutando el verla tensarse y pegar la espalda al mástil, a pesar de que su mirada se volvió aún más amenazante—. Por cierto, Tsukasa dijo que te estás escapando mucho últimamente. Imaginó que te conseguiste algún truco… Veamos, ¿dónde lo tienes? —Llevó sus manos a sus caderas y empezó a pasarlas de arriba a abajo por su cuerpo, dejándola con la boca abierta y haciendo a todos los tripulantes irse de espaldas.

—¡¿Q-qué demonios haces, miserable?! —chilló disgustada, intentando patearlo, aunque sus piernas también estaban atadas, para su suerte.

—¡La abstinencia al fin lo está haciendo enloquecerse! —gritó Ginro, luciendo como si estuviera presenciando el fin del mundo.

—¡Senku, es indecente hacer ese tipo de cosas delante de todo el mundo, son reglas básicas de la sociedad! —Kinro parecía totalmente escandalizado.

—Deberías respetar a tu mujer. —Matsukaze lo miró con reprobación.

—Pues yo lo entiendo perfectamente, con una mujer así tampoco podría controlarme. —Mozu rió con morbo.

—Cierren la boca, estoy revisando sí tiene algo con lo que está escapando más fácil de prisión. —Y era la excusa perfecta para tocarla… aunque esto le confirmaba que efectivamente sí se merecía esa bofetada. Pero bien que valía la pena.

Kohaku lo miró con la boca abierta mientras él examinaba su cuerpo, aunque de todos modos fue muy respetuoso, sin querer darle un espectáculo a sus pervertidos compañeros.

No logró encontrar nada, así que sonrió con malicia al ver el último sitio en el que le faltaba revisar, solo aumentando su diversión al verla enrojecer, ya consciente de sus intenciones.

La cubrió con su cuerpo lo mejor que pudo y metió su mano en su escote sin pena, escuchándola jadear ruidosamente. Y a pesar de que la estaba cubriendo sus compañeros igual se dieron cuenta de lo que hacía y no solo se fueron de espalda, sino que casi se caen directito al mar de la impresión.

Encontró una pequeña bolsa entre la piel suave y cálida de su mujer, pero de todos modos no quitó la mano de inmediato, distraído por esa sensación que tanto había extrañado… así que sí, sí se merecía el cabezazo que Kohaku le dio a los pocos segundos.

Valió la pena.

.

Al caer la noche, Tsukasa volvió a llevarla a su celda y volvieron a dejarle muy limitado el movimiento, así que todo lo que pudo hacer fue recostarse en el colchón con una mueca de inconformidad, aún maldiciendo internamente a Senku.

Odiaba lo tranquilo e indiferente que se mostraba con ella. ¿Acaso esto no lo afectaba nada?

En realidad lo conocía bien, o al menos eso solía creer, sabía que le gustaba evitar mostrar sus emociones, pero desde que se casaron dejó de ser así con ella. Era mucho más abierto y atento, y era hasta cariñoso cuando estaban a solas.

¿Cuándo fue que todo se fue al diablo?

¿Acaso realmente nunca conoció del todo al hombre con el que se casó?

Bueno… estuvo tres años haciéndose esas preguntas, y ya había llegado a sus conclusiones: él era un bastardo y tenía que encerrarlo en una celda para cobrar la recompensa y casarse con otro tipo para finalmente sacárselo de la cabeza.

Aunque la que estaba en una celda era ella… Pero ya se vengaría. Lo haría pagar por todo el llanto que desperdició en él.

Todavía recordaba ese horrible día en el que se cumplieron los tres meses, el día en el que se suponía que él regresaría tal como se lo prometió.

No sabía a qué hora regresaría, así que fue cinco veces al puerto, esperando verlo bajar de uno de los muchos barcos que llegaron.

Estuvo decepcionada cuando nunca llegó, pero no la sorprendía del todo. No era extraño que los barcos se retrasaran, a pesar de que no hubo mal clima.

Al día siguiente también fue a revisar unas cinco veces, al tercer día su hermana calmó un poco sus ansias y solo fue a revisar tres veces, lo mismo al cuarto día, pero al quinto día fue siete veces, y al sexto día se quedó toda la mañana en el puerto, comió el almuerzo con su hermana en la casa y luego regresó a esperar toda la tarde. El séptimo día no hubo nadie que la moviera del puerto, se quedó desde muy temprano hasta que se puso el sol, y solo porque Ruri la arrastró de regreso a la casa.

Senku le había dicho tres meses y ni una semana más. Él nunca antes le había roto una promesa… Su corazón se llenó de terror, creyendo que algo pudo pasarle.

Siguió visitando el muelle dos o tres veces al día por el resto del mes, hasta que pasaron dos meses y la ilusión de que él fuera a regresar se le esfumó. Y empezó a llorarse la vida todas las noches, temiendo que algo le hubiera pasado en la isla Okane o al cruzar el mar.

En medio de todo su dolor, llegó el duro golpe de que se lo declaró muerto y todas sus deudas pasaron a ser de ella. Y se impresionó al ver la suma millonaria que debía su marido. Interrogó a Chrome al respecto y, después de mucha presión, le dijo que eran deudas de su padre.

Sí no comenzaba a pagar en unos cuantos meses le quitarían la casa, y tendría que ir a vivir a casa de Chrome, que también estaba hasta el cuello de deudas. En un año seguramente los tres estarían en la calle, y para colmo Ruri estaba embarazada.

Lo primero y más difícil fue asumir que era viuda.

A la corta edad de veinticuatro años y luego de solo seis maravillosos meses, perdió a su esposo, y el mismo año en el que perdió a su padre. Pero no pensaba perder nada más.

Después de aceptar su realidad y tragarse el dolor, dejó de llorar y se puso a entrenar como nunca antes para entrar a la guardia imperial.

Fue muy duro, todo el tiempo querían humillarla y sobrepasarse con ella por ser de las pocas mujeres allí, pero debía esforzarse por su familia, así que hizo todas las tareas que le encargaron y hasta más, y en solo un par de meses logró subir de rango. Empezó a ganar mejor y pudo tranquilizar a sus deudores, pero la deuda era demasiado grande como para pagarla solo en unos meses. Además, Chrome también estaba en problemas, y más desde que perdió el negocio que planeaba con Senku y ahora tendría un hijo.

En un año, Kohaku logró avanzar entre las filas hasta ganar el puesto de teniente mayor en una de las naves más importantes de su nación, y lograba aliviar el dolor de haber enviudado luchando contra la piratería y protegiendo su reino, aparte de ayudar con las deudas a Chrome y su hermana. El nacimiento de su sobrino también le trajo una gran alegría.

Medio año después se ganó el puesto de capitana de la nave cuando su ex capitán se retiró por vejez, y empezó a ganar tan bien que pudo pagar las deudas de Chrome. Pero por descuidar su propia deuda esta acabó creciendo mucho más. Había un deudor en específico que le hizo un truco sucio utilizando una ley a su favor para duplicarle la deuda.

Y fue en esa época, cuando estaba increíblemente estresada por sus deudas, que escuchó por primera vez del barco Perseo y su capitán Nanami Ryusui.

—Dicen que se convirtieron rápidamente en los piratas más escurridizos de esta generación —le contó su teniente mientras ella hacía cálculos con su presupuesto—. Su capitán tiene una habilidad de navegación impresionante, pero aparentemente es el primero al mando el responsable de salvarlos de los barcos más rápidos del imperio vecino. Oh, él tiene el mismo apellido que usted, capitana.

—¿Ah, sí? —No levantó la vista de sus papeles, deseando irse del trabajo a casa de su hermana para apachurrar a su sobrinito.

—Sí, señora. Su nombre es Ishigami Senku. —Kohaku se congeló por completo—. Dicen que usa muchos trucos de "ciencia" para librarse de sus perseguidores. También para saquear y destruir casas. ¿Sabe qué es lo peor? Que Shishio Tsukasa se les unió hace poco. O sea que tienen un gran navegante, un científico loco y al espadachín más temible de esta nación. ¡La recompensa que deben ofrecer por ese barco debe ser multimillonaria!

Kohaku dejó de prestarle atención, sintiendo su corazón latir furiosamente en sus oídos.

Sus ojos se inundaron de lágrimas y de inmediato se levantó y corrió lejos de allí, sin hacer caso a ninguna pregunta, hasta acabar en el bosque, de rodillas en el lodo, llorando como hace mucho no lloraba, sollozando y gritando, sintiendo su corazón hecho pedazos.

Nunca creyó que enterarse de que el amor de su vida no estaba muerto iba a ser tan doloroso. Pero jamás lo creyó capaz de abandonarla para largarse a convertirse en un pirata, un cruel criminal que solo sabía robar y matar. No podía creer que ese fuera su Senku…

No quería creerlo.

Al día siguiente, con los ojos cansados de llorar, le preguntó a tripulantes de una nave que peleó contra el Perseo por Ishigami Senku, a lo que su descripción física la hizo confirmar que efectivamente ella no era una viuda, simplemente era una mujer abandonada, con una escoria pirata por esposo.

Cuando dejó de llorar, se prometió a sí misma que no importaba lo que tuviera que hacer, iba a arrestarlo y dejarlo pudrirse en una celda, tal como él la dejó pudrirse en su miseria.

Pero… no importa lo mucho que lo odiara y lo dolida que estuviera, realmente no sería capaz de matarlo o dejar que lo mataran.

Así que, cuando pasaron los meses y los crímenes de Senku se hicieron tan graves que empezaron a merecer la pena de muerte, Kohaku no pudo soportar tal cosa.

Quería capturarlo, pero no si eso implicaba llevarlo a su muerte.

Por eso se reunió con Asagiri Gen, un hombre muy rico con muchas conexiones, siendo amigo hasta de la familia real.

—Tienes mucha suerte, Kohaku-chan~. —Él sonrió de forma que le dio muy mala espina después de que acabará de contarle todo—. Resulta que el capitán Nanami Ryusui es un querido amigo para mí, y es de mi interés salvarlo de la pena de muerte. No me molestaría salvar a tu esposo de eso también.

—Te lo agradecería. —Lo miró seriamente, presintiendo que pediría algo a cambio.

—Pero a cambio~... —Tal como sospecho, esto no le saldría gratis—. Quiero que te divorcies de tu querido Senku-chan y te cases conmigo~.

—¡¿QUÉ?! —Lo miró con absoluto disgusto y horror.

—No hace falta que me mires con tanta repulsión~, será solo un matrimonio de adorno. —Rió traviesamente—. Aunque no me molestaría que fuera más que eso. —La miró de arriba a abajo, a lo que Kohaku sacó su espada y la apuntó a su garganta—. ¡Bromeaba, bromeaba, por favor no me mates! —Lloriqueó, agitando las manos con nerviosismo—. Mira, estoy atrapado en un matrimonio arreglado con la hija del general del ejército, ella está enamorada de mí así que por lo tanto eso jamás funcionaría. —Kohaku apartó la espada, dejándolo explicarse—. Debo casarme para satisfacer a la opinión pública, pero no quiero dejar de lado mis... Mi estilo de vida. ¿Si me entiendes, no?

—Ja… ¿Entonces lo que quieres es que yo me convierta en la mayor cornuda de la nación? —Alzó las cejas con sequedad.

—Esa es una forma muy fea de decirlo… Pero sí. —Sonrió—. No creo que haya problema, ya que amas a tu Senku-chan, ¿o no? Además ni siquiera tendrás que besarme ni compartir habitación conmigo, tengo fama de ser muy discreto entre la alta sociedad, que son a los que debemos engañar. Sí me casara con la hija del general estaría mucho más vigilado, y cuando descubra a mis amantes se le romperá el corazón y su padre tendrá que retarme a un duelo el cual obviamente perderé. Será mi muerte asegurada.

—¿Y qué excusa le darás para romper el compromiso y casarte conmigo? —Cruzó los brazos, mirándolo con escepticismo.

—La excusa será que tú te enamoraste de mí y no hubo nada qué hacerle. —Encogió los hombros, sonriendo con resignación fingida.

—O sea que la que se meterá en problemas con él seré yo. —Rodó los ojos—. Sé que no me retará a duelo porque es deshonroso retar a una mujer, pero seguro hará que me quiten mi puesto. No puedo hacer eso, tengo una gran deuda que pagar.

—No te quitará el puesto sí tú tienes más poder que él~.

—Ja, ¿y ahora qué tonterías dices? Claro que no tengo más poder que él.

—Tú no, pero este imperio se maneja más por mar que por tierra. Un comandante naval tiene más poder que el general del ejército.

—Tú lo has dicho, un comandante, yo solo soy una capitana.

—Pero puedes ascender. —Sonrió con superioridad.

Kohaku se quedó con la boca abierta.

—¿Tú… puedes hacerme ascender a un puesto tan alto? ¡¿Al puesto más alto?!

—Puedo y lo haré. —Asintió—. Uno de los comandantes ya está bastante viejo, mi querida emperatriz~. ¡Oh, pero he oído hablar de una joven capitana muy prometedora! ¡Debería hablar con su esposo el emperador para convertirla en la nueva comandante! Además es un símbolo de poder femenino, ¿no cree, emperatriz? ¡Vamos, dígale a su esposo, es una brillante idea!~ —habló como si tuviera a la gobernante al lado, dejando a Kohaku con la boca abierta ante lo fácil que era ascender solo por amiguismos.

—Entonces… —Frunció el ceño—. Todo lo que tengo que hacer es casarme contigo, ¿y Senku vivirá?

—En prisión, pero sí. —Sonrió de forma desagradable.

Ella tomó aire.

—Bien, eso es exactamente lo que quiero. Entonces aceptó.

—Una cosa más. —Su sonrisa macabra no se iba—. Claramente el dinero de la recompensa será para mí. Es demasiado como para dejarlo pasar~.

—Pero necesito el dinero. —Se cruzó de brazos—. Senku me dejó una deuda demasiado grande, ni siquiera con el sueldo de un comandante podré saldarla este año o el siguiente.

—Bueno, como consejo puedo decirte que mientras mejor te lleves con los gobernantes mejor será tu sueldo.

—¿Qué? —Se quedó con la boca abierta—. ¿Acaso son tan corruptos aquí?

Gen suspiró con pesar.

—Bien, parece que no te llevarás muy bien con ellos. Bueno, lo arreglaré después de casarnos. Pero bien, bien, nos dividiremos la recompensa. ¿Eso está mejor?

—De acuerdo. —Asintió—. Entonces me dedicaré a capturar a Senku como una comandante, y luego nos casaremos y podrás estar con todas las mujeres que quieras, pero a mí ni te me acerques. —Lo miró con asco, enseñándole su espada.

—¡Tenemos un trato, comandante Ishigami! —Rió de forma cantarina y malvada.

Kohaku se sintió como si le hubiera entregado su alma al diablo.

Se odiaba a sí misma por ser tan débil y aún amar a Senku, y estar dispuesta a tirar su vida por la borda para salvar la suya aún después de todo lo que le hizo.

Qué cruel era el amor.

Y ahora ahí estaba. Era una comandante y estaba comprometida, pero encarcelada por aquel al que tenía que encarcelar. Después de tanto buscarlo, al final no pudo capturarlo por ser tan impulsiva y lanzarse sola a atacar. Aunque al menos ese idiota estaba yendo rumbo a su tierra natal para retar a su "prometido" a un duelo.

Lo peor era que Asagiri Gen probablemente era el único hombre en la Tierra que perdería un duelo contra la fuerza de pulga y malos reflejos de Ishigami Senku, siento tan miedoso y vago, así que Kohaku tendría que buscar la forma de arrestarlo antes de que pudiera retar a Gen a un duelo.

Los duelos solo eran para hombres libres, después de todo. Siendo Senku un prisionero, Gen ya no tendría porqué aceptar el reto.

¿Pero cómo lo arrestaría antes de que cometiera una locura? La única carta que tenía a su favor era que nadie en el barco sabía quién era su prometido.

Aun así tenía que pensar en una forma para que todo saliera a su favor.

Estaba demasiado cansada por el momento, así que decidió dormir y mañana seguir pensando y también buscar más formas de escapar para seguir atormentando al bastardo que la abandonó. Que no quisiera matarlo no significaba que no quisiera darle una paliza.

Cuando se despertó, la amable Francois vino a darle su desayuno de forma tan servicial como siempre, y cuando Kohaku le pidió desatarla ella lo hizo sin problemas. Francois era su forma favorita de escaparse en las mañanas.

Como esta vez era muy temprano, Kohaku decidió colarse a la habitación de Senku, sabiendo que cuando estaba de mal humor trasnochaba trabajando en su ciencia, así que debía seguir dormido. ¿Qué mejor forma de despertarlo que con otra bofetada?

Se coló silenciosamente en la habitación y cerró la puerta.

Sonrió maliciosamente, pensando en gritarle que no podía esperar a ahorcarlo para poder casarse con su "amado prometido", solo para ver su cara de disgusto y celos. El bastardo se merecía toda la desgracia que pudiera ocasionarle. Iba a hacerlo pagar de una forma u otra.

Volteó hacia la cama, viéndolo dormir con la cara hinchada y amoratada por la fuerte bofetada que le dio antes.

Ella hizo una mueca cuando el corazón inevitablemente se le ablandó.

Maldita sea… ¿por qué tenía que ser tan débil? ¿Por qué tenía que amarlo tanto?

Se le hizo un nudo en la garganta mientras lo veía dormir, recordando esos maravillosos seis meses en los que fueron tan felices.

Como lo odiaba… ¿Por qué lo arruinó todo?

Se acercó a la cama y se sentó a su lado, mirándolo con rencor.

Aparte de odiarlo, también se odiaba a sí misma, porque realmente quería besar a ese miserable que tanto la lastimó.

Suspiró temblorosamente, llevando una mano a rozar su rostro con la punta de los dedos.

Senku se removió y ella se apartó con pánico, pero él no se despertó.

—Kohaku… —susurró entre sueños.

Ella sonrió con ojos llorosos y ya no pudo contener sus patéticos sentimientos. Se inclinó para rozar suavemente su boca con la suya, sin querer despertarlo y que la viera de esta forma tan lamentable. Lo besó de forma suave y leve, casi sintiendo ganas de llorar por sentir nuevamente esta sensación que tanto había extrañado... Pero no estaba esperando su mano repentinamente aferrándose a su nuca, y menos tenerlo correspondiéndole el beso.

Lo peor es que no fue capaz de resistirse y siguió besándolo sin importarle que estuviera despierto, y hasta comenzó a besarlo con más ánimos, sin protestar al sentir sus caricias.

Aunque sea solo por esa ocasión, olvidó todo el rencor y el dolor, y solo se dedicó a amar.

Continuara...

Holaaa :D

Esta vez si que estoy segura de que continuaré este fanfic y hasta terminarlo completito! owo

Gracias a mi querida Caren q lo pidió como comisión :'D Ojala q te haya gustado :3

Pronto les traeré un nuevo cap! uwu Muchas gracias por todo su apoyo y no olviden que se les ama!~

Me despido!

CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!