Mi futura viuda.
Quinta parte.
Después de capturar a sus enemigos, Ryusui volvió a tomar rumbo a la isla de la que salieron para comprar vendas y medicamentos, y dejar a los capturados en manos de la cruel ley de los piratas. Muchos de los piratas de la isla tenían motivos para querer vengarse de esos esclavistas. Ryusui estaba seguro de que pagarían sus crímenes allí, y siempre prefería que fueran otros los que se ensuciaran las manos con las escorias que no merecían vivir.
Francois trató las heridas de Senku otra vez con los nuevos recursos que compraron, siempre acompañada de Kohaku que parecía indispuesta a estar lejos de Senku por mucho tiempo, estando en el pasillo cuando no estaba en la habitación con él.
—¿Preocupada por tu futuro difunto esposo? —Ryusui se le acercó mientras esperaba en el pasillo, afuera de la habitación de Senku.
—No digas eso ni en broma, él está realmente mal. —Le frunció el ceño.
—Lo decía por tus aclamaciones de querer convertirte en su viuda. —Encogió los hombros, con una sonrisa despreocupada—. Creo que arruinaste tu oportunidad. De no ser por ti lo habrían matado.
—No digas eso… —Apartó la mirada, sintiéndose fatal.
De repente ya no veía con buenos ojos todas las amenazas de muerte que le había hecho. Ese idiota casi dejó que lo mataran de verdad… No quería ni pensar en lo que hubiera pasado si no llegaba a tiempo para salvarlo.
—Sabes… Creo que deberías entrar y hablar con él. —Le sonrió de forma comprensiva que no habría esperado del supuesto capitán más avaro de esta generación—. Siempre hubo muchas cosas que me preguntaba sobre Senku, y tú eres la respuesta a esas preguntas.
—¿Preguntas?...
—Siempre me llamó la atención… su melancolía. —Sonrió con ojos distantes—. Nos dijo que no tenía padres ni familia de sangre, así que pensé que no había dejado a nadie atrás. Yo no lograba entender porqué siempre miraba con nostalgia hacia el oeste, ni porque siempre guardaba la mayor parte de su dinero en vez de gastarla como la mayoría. Y no todo era crimen, ¿sabes? A veces salvamos pueblos de nuestros enemigos, y he visto a mujeres derretirse de amor por el científico que logró salvar a su gente. —Kohaku arrugó el gesto profundamente—. Y él siempre fue tan frío y cortante con ellas que empezábamos a teorizar que tenía gustos más masculinos. —Rió, mientras que Kohaku relajó el rostro—. Aunque tenemos algunos de esos en la tripulación y tampoco les hacía caso. Creí que su único amor era la ciencia, pero puedo ver que ese no es el caso. Él siempre tuvo su corazón bien guardado junto con sus tesoros, y todo eso siempre fue para ti. —Kohaku se mantuvo en silencio, con la cabeza gacha, y Ryusui siguió hablando—. Y veo que es mutuo, ¿o no, comandante?
Ella volteó a verlo con los ojos muy abiertos, con una mezcla tan grande de sentimientos que no supo qué responder por un largo rato.
—N-no… —dijo finalmente, dudosa—. No —repitió con más seguridad—. No lo entiendes, capitán. Él me abandonó. —Lo miró con ojos feroces—. Me dejó después de jurarme amor, de jurarme que volvería. Me dejó con el corazón roto y una deuda gigantesca. Y después de tanto tiempo de creer que murió, de creerme viuda, de llorar y llorar su supuesta muerte, me entero que está divirtiéndose con sus amigos, cometiendo crímenes en todas las rutas marítimas. —Sonrió con los dientes apretados, mirándolo con desprecio—. Incluso sí me quedara un poco de amor en los fragmentos que quedaron de mi corazón, créeme que mi odio hacia él es mucho mayor.
Ryusui cruzó los brazos, con una mirada sombría en su rostro, y justo cuando Kohaku pensaba irse a ver si Francois necesitaba ayuda, él habló otra vez:
—¿Exactamente cómo crees que fueron las cosas, señora comandante? —Ella lo miró confundida—. ¿Crees que Senku y yo nos encontramos en la isla Okane, decidimos escaparnos de nuestras vidas y dedicarnos a la piratería, viviendo de fiesta en fiesta?
—Los vi festejando la primera vez que apunté mi catalejo hacia su barco. —Lo miró con rabia.
—Él no es mucho de festejar con nosotros, y no lo viste festejando a él ¿o sí? —Eso la dejó sin respuesta—. No es que nunca celebré, es un buen amigo, aunque no bebé mucho, siempre se deprime mucho si se emborracha y no tolera…
—No tolera mucho el alcohol, lo sé. —Su mirada se ablandó al pensar en las pocas fiestas a las que fueron mientras estaban casados.
Aunque él no se deprimía cuando bebía mucho en su compañía, más bien se ponía mucho más… cariñoso con ella cuando se emborrachaba.
—Aún lo conoces bien. —Ryusui chasqueó los dedos, complacido—. Y dime, comandante, a ese hombre que conoces tan bien, ¿realmente lo crees capaz de abandonarte de esa forma tan cruel, sin ninguna justificación? ¿Realmente piensas que se estuvo divirtiendo estos años lejos de ti, indiferente a tu sufrimiento?
Ella apretó los puños.
—Ya no lo conozco. Nunca habría creído que él podría hacer lo que me hizo, claramente ya no es mi Senku. Y si no lo quiero ver muerto es solo porque, a diferencia de él, yo aún tengo algo de conciencia y compasión.
—No creo que nadie te vaya a creer que haces todo por tu conciencia, ni aunque fueras la persona más compasiva de este mundo. —Rió escandalosamente—. Este amor es digno de un bello cuadro o una novela, tan profundo y tan roto por las tragedias.
—Deja de hablar como si ese bastardo pudiera sentir amor en su corazón podrido. —Dominada por su ira, sacó su espada y la apuntó a su cuello—. Si de verdad me amará no me habría dejado, ¡es tan simple como eso!
—¿De verdad lo crees? —La miró sin temor—. ¿Siquiera le has preguntado por qué lo hizo?
—No me interesa. —Apretó la mandíbula.
—En parte fue mi culpa, supongo. —Sonrió con cierta tristeza—. Aunque no voy a negar que él también fue un idiota, si me hubiera dicho sobre ti lo habría llevado a tus brazos en un parpadeo. Sin que importe nada más. —Apartó la hoja de su espada como si fuera una cuchara y se alejó—. Intenta preguntarle, tal vez te sorprenda su respuesta.
Kohaku se quedó quieta en su sitio, aún con la espada en alto.
Siempre había tenido curiosidad, pero la verdad también le daba miedo saber la respuesta.
Apretó el mango de la espada en su puño, antes de guardarla en su funda y volver a la habitación de Senku, que estaba dormido.
Francois se retiró al verla y Kohaku se sentó en la cama, observando dormir a ese bastardo que aún amaba.
¿De verdad quería saber por qué la había abandonado? Presentía que la verdad no iba a gustarle para nada.
Aún era temprano, así que decidió que iría a entrenar con alguien, ya que por una vez se sentía nerviosa de estar cuidando a Senku, aunque aún le preocupaba así que le pidió a alguien que pasaba por allí el vigilarlo.
Estuvo entrenando con Matsukaze, Kinro y Ginro (arrastrado por su hermano) por un par de horas, hasta que se aburrió y entonces decidió tomar un descanso antes de volver con Senku.
Llegó a la habitación y se sorprendió al ver la puerta entreabierta. Ryusui estaba dentro, charlando con Senku.
—Es estúpido no decirle, ¿por qué demonios te quedarías callado? —El rubio sonaba incrédulo.
—Dudo mucho que me crea, Ryusui. —Senku sonaba agotado física y emocionalmente—. Además sabes que no es algo que me guste recordar… ni algo que quiera que ella sepa solo para que me tenga lastima. No quiero dar excusas, tiene razón en que todo es mi culpa. Nunca debí irme en primer lugar.
—Tiene derecho a saberlo, aunque no les guste a ninguno de los dos. —Negó con la cabeza—. Ustedes están tan enamorados que hasta la rata más estúpida de este barco se ha dado cuenta. Si estás luchando por recuperarla, olvídate de ese duelo, dile la verdad de lo que pasó y decidan qué hacer después.
—Eso quisiera. —Senku rió entre dientes—. Supongo que lo intentaré, ya estoy lo suficientemente desesperado y no tengo una mejor idea.
—¡JA, JA, esa es la actitud!
Kohaku decidió retroceder unos pasos en silencio y luego avanzar con normalidad hasta la puerta, entrando como si no hubiera escuchado nada.
—Senku, ¿cómo te sientes? —preguntó con el rostro en blanco.
—Los dejaré solos. —Ryusui le hizo una seña de apoyo a su amigo antes de retirarse.
—Estoy mucho mejor —contestó él, viendo cada movimiento que ella hacía mientras se acercaba a sentarse frente a su cama.
—¿Quieres agua? ¿Tienes hambre? ¿Estás incómodo?
—Estoy bien, bien. —Sonrió suavemente—. Ryusui me ha dicho que llegaremos en un par de semanas a la Capital.
—¿Y qué con esto? —Desenfundó su espada y comenzó a sacarle filo.
—Estaba pensando en el duelo. —Suspiró, sentándose con cuidado sobre las almohadas—. Podría cancelarlo… si tú terminas con ese prometido tuyo, por supuesto. —Ella frunció el ceño—. Llámame arrogante, pero sé que tres años no son suficientes para que te olvides de mí, así como tampoco me he olvidado de ti. —Ella lo miró aún más furiosa e indignada—. No estaba mintiendo cuando dije que te amo, Kohaku. El imperio nunca perdonaría mis crímenes, pero aún podemos estar juntos si vienes conmigo. Tengo suficiente dinero para pagar la deuda, así no molestarán a Chrome y tu hermana, y también tengo suficiente dinero para comenzar una vida en otro lugar. —Tomó aire—. Sé que eso es lo que menos te importa, pero quería decirlo, porque siempre quise ser capaz de proveer para ti.
—Ja, no quiero tu sucio dinero robado. —Le lanzó una mirada feroz antes de volver a concentrarse en su espada.
—Debí imaginar que dirías eso. —Sonrió resignado—. Aunque no es que les robemos a buenos ciudadanos —murmuró con amargura—. Hay un motivo por el que no volví a casa, Kohaku… Hace tres años, yo…
—Cállate —lo interrumpió sin pensarlo dos veces, temblando de pies a cabeza.
No podía escucharlo después de todo, sentía que podría vomitar de la pura angustia.
—Kohaku, escúchame…
—¡Te dije que te calles! —Se puso en pie, enfundó su espada y salió corriendo de la habitación, ignorando sus llamados.
No quería escucharlo, no podría soportar que su historia acabará de destrozarle el corazón. Se moriría de dolor.
Era tan débil que se daba nauseas…
—Pareces deprimida. —Tsukasa se le acercó de pronto cuando llegó a la cubierta—. ¿Quieres entrenar?
Por una vez, Kohaku negó con la cabeza.
—No estoy de ánimos…
—¿Senku otra vez? —Ella asintió desanimada—. ¿Le pasó algo o te hizo algo? Puedo regañarlo si quieres.
—La verdad es que no estoy muy segura de sí se lo merece esta vez. —Suspiró, abrazándose al mástil—. Él solo quiso contarme su historia pirata, pero no quise escucharlo.. No quiero escucharlo. —Apretó la mandíbula.
—El conocimiento siempre es mejor que la ignorancia, por malo que sea. Eso lo aprendí de Senku. —Sonrió, tan relajado que lo envidiaba—. No me parece un mal hombre. Quizás te guste lo que tiene para decirte.
—No lo creo… —Suspiró—. ¿Tú lo sabes, Tsukasa? ¿Sabes qué fue lo que pasó para que Senku se convirtiera en un pirata?
—Solo sé lo que Ryusui me ha contado, pero no creo que me corresponda decirlo. —Cruzó los brazos—. Pero sí te aconsejo que lo escuches. Creo que te arrepentirías si no lo haces. Llegaremos a la Capital en en unas semanas y querrá cometer esa locura de duelo. Estuvo practicando su puntería pero no tanto, después de todo no puede pasar mucho tiempo lejos de sus experimentos. Hmm, sin duda morirá, se enfrente a quien se enfrente. Más ahora que está herido.
—No haces más que atormentarme —lloriqueó.
—Solo te doy mi opinión. Tú decides si tenerla en cuenta o no. —Sin más se retiró.
Kohaku cerró los ojos, pensando y pensando.
¿Qué debería hacer?
Pasó dos semanas huyendo de sus intentos de darle explicaciones, aunque aún ayudaba a Francois a cuidarlo para que se recuperara de sus heridas, pero una vez los dejaban solos y él quería sacar el tema no dudaba en huir.
Estaba siendo ridícula y lo sabía, pero no podía evitarlo.
Las cosas se volvieron más difíciles luego de esas dos semanas, ya que Senku pudo volver a caminar libremente por todo el barco, ya casi recuperado, y faltaban solo unos días para llegar a la Capital, así que estaba más insistente que nunca en darle sus explicaciones, y ella seguía indecisa de qué hacer o qué sentir.
—El corazón siente lo que siente. —Francois colocó una taza de té frente a ella mientras estaba sentada en su celda que había sido adecuada para ser una habitación más decente—. Podemos decidir qué es lo correcto, pero rara vez eso es de importancia para el amor.
—¿Puedes leer mentes?... —preguntó espantada, palideciendo.
—Puedo leer expresiones. —Sonrió cordialmente—. Sabes, conozco muy bien la historia de lo que pasó con Ryusui-sama y Senku-sama. Por meses, también sufrí pensando que su muerte era innegable antes de enterarme de sus actividades en el mundo de la piratería. Kohaku la miró sorprendida. ¿Ella también había sufrido algo similar a lo que le pasó? Nunca lo habría imaginado—. Aunque claro, nuestro caso no es del todo comparable. El amo Ryusui buscó la forma de contactarme y pude reunirme con él a los dos años. Tú tuviste que venir por tu esposo.
—No me estás ayudando a que quiera escuchar a esa escoria. —Cruzó los brazos con enfado.
—Bueno, Ryusui-sama tenía la certeza de que yo iría con él. ¿Senku-sama también debería haber tenido esa certeza contigo?
—¡Ja! ¡Claro que no! —Arrugó el gesto—. Siempre he despreciado a los piratas. Mi trabajo es proteger las leyes, eso no cambiará, ni siquiera por Senku.
—Entonces nuestra situación no es comparable. —Francois sonrió amablemente—. Su situación es única, y usted debería darse el lujo de escuchar a su marido antes de que sea tarde. Puede que él esté ofreciendo la única posibilidad de que puedan estar juntos, ambos en libertad. Y puede que no estén muy lejos de perder esa oportunidad. —Se puso seria, antes de hacer una reverencia y marcharse de la celda, dejando a Kohaku sola con sus caóticos pensamientos.
Se sentía demasiado cansada, así que decidió dormir y seguir pensando mañana.
Se despertó con los sonidos de cañonazos.
Rápidamente tomó su espada y corrió a buscar a Senku. ¡Primero muerta antes de dejar que lo lastimaran otra vez!
Salió a cubierta, dándose cuenta de que estaba lloviendo, y se quedó con la boca abierta al ver que era un barco imperial el que los atacaba. ¡Eran sus compañeros, de seguro buscándola!
Apretó la espada en sus manos, insegura de qué hacer mientras Ryusui trataba de girar el barco para salir del rango de los cañones.
No era una prisionera, podría saltar del Perseo y nadar hasta el barco imperial sin problemas.
Era un escape facilísimo. Y no quería hacerlo…
Se abrazó a sí misma, observando a todos los tripulantes con los que había convivido, luchando por alejarse del barco de la Capital. Todos eran piratas, pero la mayoría de ellos eran buenos hombres.
Pudo identificar a Senku preparando una mezcla extraña en un rincón del barco, no muy lejos del mástil. Se detuvo al verla, congelándose por completo.
Kohaku sonrió con tristeza, sintiendo su corazón dividido en dos.
Debería escaparse ahora mismo, así nunca tendría que escuchar a Senku, así ayudaría a los tripulantes en el barco imperial a derrotarlos y encerrarlos a todos como se merecían por ser piratas. Eso debería estar haciendo. Eso debería ser lo que en verdad quería.
Senku no era estúpido y aún lo conocía bien, así que rápidamente dejó su mezcla de lado y se levantó para acercarse a ella, pero entonces Kohaku entró en pánico y, motivada por su rabia hacia él, saltó fuera del barco Perseo.
No estaba esperando que la siguiera.
El mar no era tan calmado como siempre debido a las lluvias, y sus olas erráticas dificultaban nadar. Kohaku era una nadadora experta que podía desafiar a la corriente. Senku no era un mal nadador, pero definitivamente no era rival para las corrientes. O eso pensó, porque de alguna forma logró tomar su muñeca cuando ella estaba a pocos metros del barco imperial.
Él estaba jadeando, con una mirada decidida en sus ojos.
—¡¿Qué haces, idiota?! ¡Vas a abrir tus heridas! —le reclamó.
—No te vayas —pidió sin aliento, dejándola con la boca abierta—. Por favor. Aún necesitamos hablar, Kohaku. Aún tengo muchas cosas que decirte… No te vayas.
—Tú te fuiste. —Lo miró llena de resentimiento—. Tú me dejaste.
—No quería dejarte. —Aprovechando que en el agua flotaban, la tomó de la cintura y la hizo abrazarse a él, mientras enterraba el rostro en su cuello—. Y no quiero dejarte de nuevo… No te vayas, Kohaku —suplicó—. Te amo…
Ella cerró los ojos fuertemente, sintiendo ganas de llorar. Era tan débil ante él…
No tuvo que tomar la decisión. Tsukasa saltó al agua junto con Matsukaze y los arrastraron como sacos de papas de regreso al barco Perseo.
Ryusui era realmente increíble con el timón, perdió al barco imperial y logró meterse en una zona llena de niebla y rocas donde estarían a salvo de ser rastreados y podrían tomar cualquier rumbo que quisieran.
Debido a la lluvia y estar tanto tiempo en el agua helada del océano, Senku fue encerrado en su habitación, con una manta y una gran taza de té caliente. Kohaku lo acompañó, sentándose a su lado pero sin decir ni una palabra.
Se mantuvo en silencio, incluso cuando él le dijo que quería explicarle todo.
Él no perdió tiempo en interpretar su silencio como una afirmación y empezó a contar su versión de los hechos.
Hicieron una emboscada al barco en el que lo vio partir, lo vendieron como esclavo junto a Ryusui y muchos de los miembros de la tripulación, presenció torturas y otras cosas horribles, intentó escapar pero fracasó, y cuando finalmente se alió con muchos y pudieron huir, no pudo encontrar una forma de volver a la Capital sino hasta cuando ya estaba enredado hasta el cuello en la venganza de Ryusui, y cuando ya había pasado demasiado tiempo. Tanto que ni siquiera hubiera sabido cómo rogarle por perdón de haber vuelto a buscarla.
Kohaku lo escuchó con los ojos muy abiertos, sintiendo su vista nublarse al escucharlo, sabiendo que no estaba mintiendo porque lo conocía, aunque no había visto esa expresión de desolación, miedo disimulado y rabia mezclada con tristeza desde que Byakuya falleció a causa de una enfermedad.
—Sé que son excusas baratas —dijo él con voz muy baja, frágil y entrecortada—. Entenderé sí nunca quieres perdonarme, pero tenía que decírtelo. Quería… disculparme, y aunque no tengo derecho también quería pedirte… que sí puedes perdonarme entonces… —Tomó aire—. Puedas darme otra oportunidad.
Kohaku se frotó los ojos, conteniendo sus ganas de llorar.
—Senku… muéstrame tu espalda —pidió con voz sombría.
—¿Qué? —Pareció confundido.
—Sé lo que le hacen a los esclavos. —Sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas—. Dijiste que intentaste escaparte… Muéstrame tu espalda, Senku. —Repitió.
—No es una vista agradable…
—Muéstrame, Senku.
Él se mantuvo en silencio, antes de desatar las cuerdas de su camisa y quitársela con cuidado, debido a que sus heridas no habían sanado del todo.
Se movió en la cama para cambiar de posición y sentarse de modo que le daba la espalda.
Kohaku jadeó horrorizada al verlo, temblando de pies a cabeza.
Casi no pudo mantener la mirada, y esta vez no pudo contener las lágrimas.
Senku no estaba hecho para soportar esas cosas, él debía estar experimentando, explorando, estudiando y sonriendo feliz mientras se concentraba en su ciencia. Y ella se había prometido protegerlo… incluso desde antes de casarse.
Se acercó a él y extendió sus manos temblorosas hasta su espalda destrozada, con gruesas cicatrices enrojecidas que se veían como si le hubieran cortado la piel casi hasta el hueso.
Cayó sentada detrás de él, sollozando mientras pasaba las manos apenas por sobre sus cicatrices, sin tocarlas realmente, atormentada por imágenes de el amor de su vida siendo torturado de esta forma.
—Ya no me duele —susurró él, volteando a verla con una sonrisa triste—. Son solo un incómodo recordatorio de esa época. —Volteó hacia el frente con una mirada sombría—. Aún quiero venganza, no tanto por lo que me hicieron, sino por lo que le hicieron a Ryusui y a tantas personas inocentes. Y también… por alejarme de ti.
Kohaku secó sus lágrimas como pudo y tomó el rostro de Senku con una mano, haciéndolo voltear hacia ella para besarlo con dulzura.
No podía hacer nada para arreglar el pasado, pero aún tenían un futuro por delante.
Esa noche, le demostró lo mucho que aún lo amaba, a pesar de todo, y lo mucho que quería quedarse con él.
En la madrugada, cuando Senku dormía profundamente, se vistió y salió a cubierta, viendo a Ryusui aún maniobrando el barco a pesar de la hora y de que seguía lloviendo.
—¡Buenas madrugadas, señora comandante! —Sonrió alegremente—. ¿Senku no enfermó a causa del frío, verdad?
—No. —Ella se encargó de mantenerlo caliente—. Quiero hacerte una pregunta, capitán.
—¡A la orden, comandante!
—¿Quién fue? —preguntó en un susurro.
—¿Eh? —Volteó a verla con confusión, solo entonces notando las lágrimas en sus mejillas, entremezcladas con las gotas de lluvia.
—¿Quién lastimó a Senku? —preguntó una vez más, con el rostro en blanco.
Ryusui sonrió levemente, entendiendo exactamente a qué se refería.
—Tengo los nombres de todos y cada uno de los responsables, comandante.
—Quiero sus cabezas —dijo con voz amenazante, recubierta de amargura.
Ryusui agrandó su sonrisa, luciendo encantado.
—Eres consciente de que varios de esos son amigos de los emperadores a los que sirves, ¿verdad? La ley jamás los apresará.
Kohaku frunció el ceño.
Si le hubieran dicho eso antes de ser comandante, jamás lo habría creído, habría dado su vida por la ley, y hasta habría estado dispuesta a romper lazos con Senku. Pero ahora sabía cómo realmente funcionaban las cosas, y sabía que Ryusui tenía razón. Había visto como amigos de los gobernantes y la aristocracia salían impunes luego de cometer crímenes horribles, y con todo tipo de pruebas. La corrupción era demasiada, aunque había luchado por cambiar las cosas… pero aquí ponía su límite.
Se metieron con lo que más amaba. Jamás los perdonaría.
Aunque… tenía cosas que hacer antes.
—Necesito que me hagas un favor —le dijo al capitán, que no dudó en aceptar.
—Lo que quiera, ex comandante Ishigami.
.
Senku despertó bastante tarde, solo en su cama y terriblemente cansado.
Frotó sus ojos, mirando alrededor de la habitación. ¿Dónde estaba Kohaku?
Le dijo que lo amaba, pero nunca le dijo qué pensaba hacer después de todo, cuál era su decisión respecto a su relación.
Se alistó y salió a cubierta, con la intención de buscarla, solo para sorprenderse al ver que estaban en un puerto. ¿Cuándo demonios llegaron a tierra?
Muchos habían bajado del barco, pero afortunadamente Ryusui seguía allí, tomando su té en compañía de Francois.
—¿Han visto a Kohaku? —indagó con preocupación, esperando que ella no hubiera huido.
No lo hizo, ¿verdad?...
—Ah, ella. —Ryusui sorbió tranquilamente de su té—. Se fue con su prometido.
—¡¿QUÉ?!
Rápidamente tomó el cuello de la camisa de Ryusui y lo sacudió de un lado a otro, gritándole que le dijera exactamente a dónde fue.
Ryusui no sabía el lugar exacto, solo el nombre del tipo: Asagiri Gen.
Senku tomó su arma de fuego, un buen dineral y bajó del barco. Compró un caballo y un sombrero para intentar ocultar un poco su apariencia, yendo de bar en bar, preguntando dónde podría encontrar a ese tal Asagiri Gen.
Había desistido del estúpido duelo, pero sí ese idiota pensaba que se la iba a quitar estaba muy equivocado, y si quería retarlo a un duelo él mismo entonces estaría preparado.
Afortunadamente el bastardo era muy conocido, así que no tardó en encontrar su paradero. Tenía una oficina en el centro, y estaba allí con "su prometida", o más bien queriendo robarle a SU mujer, esa maldita escoria.
Llegó a la oficina y dejó el caballo atado afuera, entrando con el arma guardada entre sus ropas.
Vio al tal Asagiri sentado detrás de en un gran escritorio, con Kohaku sentada en un sofá, con los ojos cerrados y los brazos cruzados.
—Imaginé que vendrías, Senku —dijo ella aún sin abrir los ojos, confundiéndolo.
—¡El plan funcionó a la perfección, Kohaku-chan! —canturreó con voz irritante ese bastardo—. Tenías razón, él llegó. Así que ahora cobraremos el dinero por su recompensa y podremos casarnos~. —Sonrió con superioridad—. Arréstalo, querida mía~.
Senku lo miró con repulsión, sacando su arma con intención de asustarlo, pero Kohaku se puso en pie, aún con los ojos cerrados, y sacó su espada, acercándose a él, que se quedó con la boca abierta.
¿De verdad ella iba a encarcelarlo ahora, después de todo lo que vivieron?
Kohaku abrió los ojos y entonces… le dio un golpe en la cabeza con el mango de su espada.
—¡AUCH!
—Guarda el arma, idiota. —Rodó los ojos, antes de caminar hasta Asagiri Gen y darle otro golpe.
—¡AUCH!
—Y tú no le digas esas tonterías, ya te dije que cambié mis planes. Tendrás que buscar otra forma para deshacerte de la hija del general, me iré con mi marido. —Volvió a guardar su espada—. Tenemos asuntos que resolver. —Senku dejó de frotar su cabeza para mirarla sorprendido y esperanzado, sonriendo ladinamente cuando ella lo miró con ojos cálidos.
Verdaderamente era un idiota… Nunca debió dudar de ella.
Kohaku le explicó su trato con Gen, y Gen les explicó a ambos su gran conexión con Ryusui.
—Los enemigos de Ryusui son mis enemigos, y sus amigos mis amigos, claro~. —Estrecharon manos con camaradería—. Pagaré su deuda, tomenlo como un préstamo. Y si alguna vez necesitan que elimine su historial criminal para que puedan vivir en paz dentro de este reino cuando pasen los años, estaré encantado. —Guiñó un ojo—. Tienen un amigo entre los altos mandos, díganle eso a Ryusui, para que venga a visitarme de vez en cuando~.
Al final Asagiri Gen resultó ser alguien muy útil, aunque Senku aún le guardaba cierto recelo, cosa que divertía muchísimo a Kohaku.
Convertirse en pirata no sería fácil para ella, pero Senku le aseguró que solo serían unos años, luego volverían al reino, aunque lejos de la Capital, y tendrían la vida que siempre habían querido.
Lo importante era que ahora por fin estaban juntos otra vez.
Y nada los volvería a separar.
Fin.
Holaaaaa :D
Este es el final de esta historia TwT
Gracias a Caren por pedirla como comisión, todo fue posible gracias a ti :'D
Ojala que les haya gustado!
No olviden que se les ama con todo el kokoro~
Me despido!
CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
