Yo soy ese vagabundo alegre de la noche Bromeo con Oberon y lo hago sonreír...
Sueño de una Noche de Verano
William Shakespeare
PRÓLOGO
Highlands de Escocia
Castillo Uchiha —1308
Neji Hyūga se materializó en el gran hall.
Silenciosamente, observó al alto guerrero que descansaba ante el fuego.
Madara Uchiha, laird y thane de Uchiha, exudaba el magnetismo de un hombre nacido no simplemente para existir en el mundo, sino para conquistarlo. «El poder nunca ha sido tan seductor —pensó Neji—, excepto, quizás, en mí».
El objeto de su estudio se volvió del fuego, erizado por la presencia silenciosa de Neji.
—¿Qué quieres? —dijo Madara.
Neji no se sorprendió por su tono. Había aprendido a no esperar cortesía de ese laird de las Highlands en particular desde hacía tiempo. Neji Hyūga, el mortífero Bromista en la corte de la Reina de las Hadas, era una irritación que Madara sufría de mala gana. Dando un puntapié a una silla cerca del fuego, Neji la dio vuelta y descansó los brazos encima del respaldo.
—¿Esa es la manera de saludarme después de meses de ausencia?
—Sabes que me molesta cuando apareces sin advertencia. Y acerca de tu ausencia, estaba saboreando mi buena fortuna —Madara se volvió hacia el fuego.
—Me extrañarías si me hubiera marchado mucho tiempo —aseguró Neji y estudió su perfil. El pecador que miraba era una bestia poderosa, aunque se comportara con él con ese decoro, pensó Neji. Si Madara Uchiha quería parecerse a un salvaje guerrero picto, entonces por Dagda que debería actuar como uno.
—De la misma manera que yo podría extrañar un agujero en mi escudo, un jabalí en mi cama, o fuego en mis establos —dijo Madara—. Vuélvete en tu silla y siéntate apropiadamente, como una persona normal.
—Ah, pero yo no soy ni apropiado ni una persona normal, así que no esperes que me atenga a tus requisitos. Me estremezco sólo de pensar lo que harías sin todas tus reglas de una 'existencia normal', Madara.
Cuando Madara se envaró, Neji sonrió abiertamente y extendió una mano elegante a una sirvienta que se había detenido en las sombras del perímetro del gran hall. Él echó su cabeza hacia atrás, lanzando su pelo de oscura seda encima de su hombro.
—Ven.
La sirvienta se acercó, lanzando miradas a Madara y Neji, como si no pudiera decidir qué hombre proponía la mayor amenaza. O el mayor atractivo.
—¿Puedo servirlos, milords? —dijo ella jadeando.
—No, Gillendria —Madara la despidió—. Fuera de acompañarte hasta la cama; es bien pasada la hora de los duendes —dirigió una mirada oscura a Neji— y mi invitado no tiene necesidades que yo pueda satisfacer.
—Sí, Gillendria —ronroneó Neji—. Hay muchas maneras en que puedes servirme esta noche. Y tendré el placer de enseñarte todas ellas. Ve a tu cuarto mientras tenemos una charla de hombres. Me reuniré allí contigo.
Los ojos de la joven sirvienta se ensancharon mientas se apresuraba a obedecerlo.
—Deja a mis sirvientas en paz —pidió Madara.
—No las dejaré embarazadas —Neji le dedicó su mueca más insolente.
—Esa no es mi preocupación; es el hecho de que se vuelven más estúpidas una vez que has terminado con ellas.
—¿Estúpidas? ¿Quién era esta noche el estúpido?
Madara se tensó pero no dijo nada.
—¿Dónde están las santas reliquias, Madara? —un brillo de diversión se encendió en los ojos remotos de Neji.
Madara le volvió la espalda totalmente al hada.
—Las proteges para nosotros, ¿o no lo haces? —preguntó Neji—. ¿No me digas que las perdiste? —lo reprendió cuando Madara no contestó.
Madara se volvió para enfrentarlo, las piernas abiertas, la cabeza erguida, los brazos cruzados; su posición usual cuando estaba sordamente furioso.
—¿Por qué pierdes mi tiempo y el tuyo haciéndome preguntas cuando ya sabes las respuestas?
Neji se encogió de hombros elegantemente.
—Porque los que escuchan detrás de las puertas serán incapaces de seguir esta espléndida saga si nosotros no hablamos en alto de ella.
—Nadie escucha detrás de las puertas en mi castillo.
—Lo había olvidado —ronroneó Neji—; nadie se porta mal en el Castillo Uchiha. En el siempre limpio, en el siempre disciplinado, el perfecto Castillo Uchiha. Me aburres, Madara. Este parangón de restricciones que pretendes ser es un desperdicio de la grandiosa semilla que te engendró.
—Dejemos esta conversación, ¿está bien?
Neji cruzó los brazos por la parte de atrás de la silla.
—Está bien. ¿Qué pasó esta noche? Los Templarios iban a encontrarte en Ballyhock. Iban a confiar las santas reliquias a tu cuidado. Oí que fueron emboscados.
—Oíste correctamente —contestó Madara llanamente.
—¿Entiendes cuán importante es que los Templarios hagan su santuario en Escocia, ahora que se han disuelto?
—Por supuesto que lo entiendo —gruñó Madara.
—¿Y cuán indispensable es que las santas reliquias no caigan en malas manos?
Madara desdeñó la pregunta de Neji con una mano impaciente.
—Las cuatro reliquias están seguras. En el momento que sospechamos que los Templarios iban a estar bajo sitio, la lanza, el caldero, la espada y la piedra rápidamente fueron devueltos a Escocia, a pesar de que la guerra sigue. Los objetos están mejor en un campo arrasado que con los Templarios perseguidos, cuya Orden está desmembrándose. Las santas reliquias están seguras.
—Excepto por la botella, Madara —dijo Neji—. ¿Qué fue de ella? ¿Dónde está?
—La botella no es una reliquia —replicó Madara.
—Lo sé —dijo Neji secamente—, pero la botella es una sagrada reliquia de nuestra raza, y podemos estar en peligro si cae en malas manos. Repito, ¿dónde está la botella?
Madara hundió una mano en su pelo y lo apartó de su cara. Neji fue golpeado por la majestad sensual del hombre. El sedoso pelo negro se enredó entre los dedos elegantes y reveló una cara compuesta de planos fuertes, una mandíbula cincelada, y cejas oscuras. Tenía la piel aceitunada, los intensos ojos y el agresivo, dominante temperamento de sus antepasados Brude.
Brude: «Los anales pictos, aunque registran poco más que nombres y fechas, sugieren que su reino estaba en desarraigo en la época de Gabhrán, rey escoto. Pero rápidamente recuperaron su poderío y hacia el año 556, tomaron la decisión de escoger a un rey extranjero, aunque su madre era de una de las siete casas reales pictas. Este rey era Brude mac Maelchon, siendo su padre supuestamente el poderoso rey de Gwynedd Maelgwun. Brude derrotó y mató a Gabhrán en el 560, y recuperó algunos territorios de los escotos; quizá por eso, cuando Colum Cille llegó a Britania, la isla de Iona le fue dada por el rey Brude, en vez de por el rey Conall de los escotos».
—No lo sé —dijo Madara finalmente.
—¿No lo sabes? —Neji imitó su acento irlandés, consciente de que semejante admisión debía de haber tenido un sucio sabor en la lengua de Madara Uchiha. Nada estaba fuera del control del laird de Uchiha: reglas y más reglas gobernaban todo y a todos en el mundo de Madara—. ¿Una botella que contiene un sagrado elixir creado por mi raza, desaparece de tu vista y no sabes dónde está?
—La situación no es tan horrible, Neji. No está permanentemente perdida. Piensa en ella como... temporalmente cambiada de sitio, y pronta a ser recobrada.
Neji arqueó una ceja.
—Te cortas el cabello con un hacha de batalla. Los hábiles juegos de palabras son las artes de una mujer, Uchiha. ¿Qué pasó?
—Ian estaba llevando el cofre que guardaba la botella. Cuando el ataque llegó, yo estaba en el lado sur del puente, esperando a Ian para atravesarlo por el norte. Él recibió un golpe en la cabeza y cayó del puente, en el río de abajo. El cofre fue arrastrado lejos por la corriente.
—¿Y dices que eso no es tan terrible? Cualquiera podría tenerlo ahora. ¿Te gustaría ver al rey inglés poner sus manos en esa botella? ¿Entiendes el peligro que representa?
—Por supuesto que lo hago. No llegaremos a eso, Neji —dijo Madara—. Impuse un geas sobre la botella. No caerá en otras manos, porque en el momento en que sea descubierta volverá a mí.
—¿Un geas? —Neji resopló—. Magia endeble. Un hada medianamente decente simplemente la habría encantado de nuevo para sacarla fuera del río.
—Yo no soy ningún hada. Yo soy un Uchiha escocés y orgulloso de serlo. Considérate afortunado de que no los maldijera a todos. Sabes que no tengo afición por la magia druida. Las maldiciones son imprevisibles.
—¿Qué sabia invocación escogiste, Madara? —preguntó Neji sedosamente—. ¿Escogiste bien tus palabras, o no lo hiciste?
—Por supuesto que lo hice. ¿Piensas que no he aprendido nada de los errores del pasado? En el momento en el que el cofre se abra y la botella sea tocada por una mano humana, volverá a mí. Yo la hechicé muy específicamente.
—¿Especificaste si solamente vendría la botella? —preguntó Neji con súbita diversión.
—¿Qué? —Madara lo consideró inexpresivamente.
—La botella. ¿Consideraste que el mortal que la tocara podría transportarse con la botella, si usaste un hechizo de ligamiento?
Madara cerró sus ojos y frotó su frente.
—Usaste un hechizo de ligamiento —Neji suspiró.
—Usé un hechizo de ligamiento —admitió Madara—. Era el único que sabía —agregó defensivamente.
—¿Y de quién es la culpa? ¿Cuántas veces te has negado al honor de entrenarte con mi gente? Y la respuesta es sí, Madara, el hombre será traído por el hechizo de ligamiento. Ambos, hombre y botella, vendrán hacia ti.
Madara gruñó su frustración.
—¿Qué harás con ese hombre cuando llegue? —espetó Neji.
—Atraparlo; entonces lo devolveré a su casa a toda prisa.
—Lo matarás.
—Sabía que dirías eso. Neji, él ni siquiera puede entender lo que es. ¿Qué, si un hombre inocente encuentra un cofre mojado en alguna parte del cauce del río?
—Matarás al hombre inocente, entonces —dijo Neji sencillamente.
—No haré tal cosa.
Neji se irguió con la seguridad elegante de una serpiente que se desenrolla para herir de muerte. Cruzó el espacio entre ellos y se detuvo a una pulgada de Madara.
—Pero lo harás —dijo suavemente—, porque lo hechizaste sin reflexionar lo suficiente acerca del resultado, alocadamente. Quienquiera que venga con la botella llegará en medio de un santuario de Templarios. Tu maldición lo traerá, inocente o no, a un lugar donde ninguno de tus guerreros fugitivos puede ser visto. ¿Piensas que simplemente puedes enviarlo lejos con un todo-está-bien y nunca-hables-de-esto, extraño? ¿Y un adiós, por favor no menciones que los Templarios perdidos se encuentran dentro de mis paredes, y no te tientes por el precio en sus cabezas? —Neji hizo rodar sus ojos—. Así que lo matarás, porque comprometiste tu vida al poner a Robert Bruce firmemente en el trono, y para no tomar ningún riesgo innecesario.
—No mataré a un hombre inocente.
—Lo haces tú o lo hago yo. Y sabes que tengo el hábito de jugar con mi presa.
—Torturarías a un hombre inocente hasta la muerte —no era una pregunta.
—Ah, me entiendes. Tus opciones son simples: o lo haces tú, o lo hago yo. Escoge.
Madara escrutó los ojos del hombre-hada. No busques compasión, porque no la tengo, era el mensaje que leyó allí. Después de un prolongado momento, Madara inclinó su cabeza.
—Yo cuidaré del portador de la botella.
—Matarás al portador de la botella —Neji insistió—. O lo haré yo.
La voz de Madara era llana y furiosa.
—Mataré al hombre que trae la botella. Pero se hará a mi manera. Sin dolor y rápidamente, y tú no interferirás.
—Bueno, eso me basta —Neji dio un paso hacia atrás—. Júralo sobre mi raza. Júralo por el Tuatha de Danaan.
—Con una condición. A cambio del voto que yo te daré ahora, tú no cruzarás mi puerta de nuevo sin invitación, Neji Hyūga.
—¿Estás seguro de que eso es lo que quieres? —los labios de Neji se adelgazaron con disgusto. Madara se había descruzado de brazos, en una posición furiosa. Semejante a un guerrero glorioso, a un ángel oscuro. Podrías ser mi aliado más poderoso.
—Eso es lo que quiero.
Neji inclinó su cabeza oscura; una sonrisa burlona jugaba en las comisuras de sus labios.
—Será como quieres, Uchiha, hijo de los reyes de Brude. Ahora júralo.
Para salvar a un hombre de una muerte dolorosa a manos del hada, Madara Uchiha hincó sus rodillas y juró por la raza más vieja en Escocia, el Tuatha de Danaan, que él honraría su voto de matar al hombre que llegara con la botella. Entonces suspiró con alivio cuando Neji Hyūga, el pecador du siriche, el duende más negro, desapareció, para nunca oscurecer la puerta de Madara de nuevo, porque Madara ciertamente no extendería una invitación, aun cuando viviera mil años.
MadaSaku.
Esta historia es de Karen M. Moning. Y los personajes pertenecen a M. Kishimoto. Está siendo adaptada por NC41 en equipo con ACT y Eilean Donan.
