CAPÍTULO 6

Sakura se despertó dolorida, con los músculos agarrotados y una contractura en el cuello por dormir sin almohada; sensaciones tan tangibles que parecían gritarle: bienvenida a la realidad. Estaba sorprendida de haber podido dormir siquiera, pero el agotamiento había superado finalmente su paranoia. Había dormido con la ropa puesta y sus pantalones vaqueros se sentían rígidos e incómodos. Estaba helada, la camiseta retorcida alrededor del cuello, el sostén desabrochado, y le dolía la parte más baja de la espalda por los colchones aterronados.

Suspiró y rodó sobre su espalda, estirándose cautelosamente. Mientras dormía, había tenido sueños ansiosos, siniestros, pero había despertado en la misma cámara de piedra. Eso lo confirmó: no había sido un sueño. Si le quedaban algunas dudas, se desintegraron a la luz pálida de alba que delineaba los bordes de los tapices suavemente estremecidos. Ninguna pesadilla podría conjurar la comida nauseabunda con la que se había ahogado la noche anterior; en ningún sueño se habría rodeado subconscientemente con detalles tan primitivos. Fecunda como era su imaginación, no era sádica.

Aunque, reflexionó, Madara Uchiha era indiscutiblemente el material con que se construye los sueños.

Él la había besado. Había bajado su boca hasta la suya y el contacto de su lengua había enviado una ola de calor a través de su cuerpo, a pesar de su miedo. Ella había temblado, realmente estremecida desde la cabeza hasta los dedos de los pies, cuando sus labios habían aplastado los suyos. Había leído sobre cosas como esas pero nunca las había experimentado. Antes de dormirse la noche anterior, había archivado cada detalle del beso en su memoria, un tesoro sin precio en el museo yermo de su vida.

¿Por qué la había besado él? Había sido intencionado y controlado; había imaginado que si él tocaba así a una mujer en una caricia disciplinada, no podía imaginar el beso que le habría dado siendo más fiero, caliente y desinhibido. Orillando en lo salvaje, infinitamente seductor, hacía a una mujer querer echar la cabeza hacia atrás y gemir de placer mientras él la embriagaba. Era muy experimentado, y ella sabía que estaba fuera de la liga de Madara Uchiha.

Debe haber sido una estrategia, decidió; el hombre exhalaba estrategias. Quizás había pensado seducirla para obtener su consentimiento. Uniendo su apariencia con la sexualidad oscura que exudaba, controlaba probablemente a todas las mujeres de su vida de semejante manera.

—Alguien que por favor me ayude —susurró suavemente—. No puedo quitármelo de la cabeza.

Empujando el recuerdo del beso lejos de su mente, estiró sus brazos sobre su cabeza, comprobando los cardenales de su escaramuza de la noche anterior. Cuando de pronto oyó un escarbar en la puerta y un suave sonido de deslizamiento, mantuvo los ojos cerrados y pretendió estar dormida. No estaba lista para enfrentarlo esa mañana.

—¡Bueno, venga ya, muchachita! Quieres escapar fingiendo dormir para estar en cama todo el día —dijo una voz traviesa.

Los ojos de Sakura se abrieron enseguida. Un muchacho estaba de pie a su lado y se asomaba hacia ella.

—¡Och, es una muchachita muy hermosa! —exclamó él. El chico tenía el pelo castaño rojizo, una mueca graciosa, y los ojos y la piel extraordinariamente oscuros. Su barbilla era puntiaguda, sus pómulos altos. Un niño bastante real, pensó ella.

—¡Ven! ¡Sígueme! —gritó él. Cuando salió del cuarto, Sakura echó las mantas hacia atrás y salió por la puerta tras él sin pensarlo dos veces. ¡Cielos, el muchacho era rápido! Tenía que estirar sus largas piernas para mantenerle el paso cuando él se deslizó rápidamente por encima de las piedras hacia una puerta al final del oscuro corredor.

—¡Aquí, rápido! —gritó el chico, mientras atravesaba la puerta.

Si no hubiera sido un niño, ella nunca lo habría seguido ciegamente, pero al despertar y tener la oportunidad de escapar por medio de un crío inocente, hizo a un lado su sentido común, y se encontró siguiéndolo hacia un pequeño torreón. Cuando ella entró también, él cerró la puerta rápidamente. Se encontraron de pie en un cuarto redondo de piedra, con escaleras que se desplegaban hacia arriba y hacia abajo. Cuando él agarró su mano y empezó a tirar de ella hacia abajo por los escalones, los ojos de Sakura se entrecerraron sospechosamente. ¿Quién era ese niño y por qué intentaba ayudarla a huir? Ella se resistió a su apretón tan repentinamente que él tropezó hacia atrás.

—Espera un minuto —ella lo sostuvo por los hombros—. ¿Quién eres tú?

El muchacho se encogió de hombros inocentemente y se deshizo de sus manos.

—¿Yo? Simplemente un pequeño muchacho que anda por el torreón. Dinna fash yerself, muchachita, nadie me nota. He venido a ayudarte a escapar.

—¿Por qué?

El muchacho se encogió de hombros de nuevo, un apresurado arriba y abajo de sus hombros delgados.

—¿Importa? ¿Deseas huir?

—Pero ¿dónde iría? —Sakura hizo varias respiraciones profundas e intentó despejarse.

Necesitaba pensarlo bien. ¿Qué lograría escapando del torreón?

—Lejos de aquí —dijo el chico, irritado por su torpeza.

—¿Y a dónde? —repitió Sakura, cuando su mente soñolienta finalmente empezó a funcionar con algo de inteligencia—. ¿Para seguir los campamentos de Bruce? ¿Ir a charlar con el hijo de Longshank? —dijo secamente.

—¿Crees que soy un espía? —exclamó él indignado.

—¡No! ¿Pero dónde podría ir? Escapar del torreón es sólo el primero de mis problemas.

—¿No tienes casa, muchachita? —él preguntó, perplejo.

—No en este siglo —dijo Sakura dejándose caer al suelo con un suspiro. La adrenalina había inundado su cuerpo con la perspectiva del escape; vencida finalmente por la lógica, huyó de sus venas tan rápidamente como había llegado, y su súbita ausencia la hizo sentir débil. Juzgando la frialdad de la pared detrás de su espalda y el aire helado que circulaba a través de la torre, hacía frío afuera. Si escapara, ¿qué comería? ¿Dónde iría? ¿Por qué escapar cuando no tenía ningún lugar donde refugiarse? Miró al muchacho, que parecía cabizbajo.

—No sé lo que quieres decir, sólo pensé en ayudarte. Sé lo que esos hombres hacen a las muchachitas. No es agradable.

—Gracias por la seguridad que me das —dijo Sakura secamente. Estudió al chico por un momento. Su mirada era luminosa y directa, y sus ojos parecían viejos para una cara tan joven.

Él se hundió en el suelo al lado de ella.

—Así que, ¿qué puedo hacer yo por ti, muchachita —preguntó abatidamente— si no tienes casa y yo podría liberarte?

Había una cosa en que él podría ayudarla, comprendió la joven, porque ciertamente no le haría esa pregunta al ilustre Madara Uchiha.

—Yo necesito un... um... Bebí demasiada agua —informó cuidadosamente.

Una mueca de mercurio se encendió por su cara.

—Espera aquí —él bajó los escalones. Al regresar, llevaba una cubeta, un objeto de barro que parecía idéntico al que ella había estrellado en la cabeza de Madara la noche anterior.

Ella lo consideró, incierta.

—Y entonces, ¿eso qué es?

—Lo usas, y después lo descargas fuera de la ventana —dijo él como si ella fuera tonta.

Sakura hizo una mueca de dolor.

—No hay ninguna ventana en esta torre.

—Yo lo descargaré para ti —dijo él simplemente, y ella comprendió que esa era la manera en que se hacían las cosas allí. El niño habría descargado centenares de ellos probablemente en su corta vida.

—Och, pero te daré ahora un momento a solas —agregó, y bajó de nuevo los escalones.

Acorde a su palabra, él volvió en unos minutos y salió una tercera vez con la cubeta.

Sakura se sentó en los escalones y esperó el regreso del muchacho. Sus opciones eran limitadas: podría escapar del castillo tontamente y probablemente morir allí afuera, o volver a su cuarto y estar tan cerca de su enemigo como fuera posible, esperando encontrar la botella, que, quería creer, podría ser un boleto de ida y vuelta. O era eso o aceptar que estaba condenada para siempre a vivir en el siglo XIV, y con su madre agonizante en casa, moriría antes que aceptar ese destino.

—Háblame sobre Madara Uchiha —dijo cuando el muchacho volvió. Él se sentó en el escalón a su lado.

—¿Qué deseas saber?

¿Besa él a todas las chicas?

—¿Es un hombre justo?

—No hay ninguno más hermoso —le aseguró el muchacho.

—Como en "honorable", no como en "atractivo" —aclaró Sakura.

Él sonrió abiertamente.

—Sé lo que quisiste decir. El laird es un hombre justo, no es de los que hacen juicios apresurados.

—Entonces, ¿por qué estabas intentando ayudarme a escapar?

Otro encogimiento de hombros.

—Oí a sus hombres hablar anoche de matarte. Pensé que si todavía respirabas esta mañana, te ayudaría a liberarte —su cara delgada se calmó y sus ojos se hicieron distantes—. Mi ma fue asesinada cuando yo tenía cinco años. No me gusta ver a una muchachita sufrir. Podría ser la ma de alguien —los inocentes ojos castaños buscaron los suyos.

El corazón de Sakura sangró por el muchacho huérfano de madre. Ella entendía demasiado bien todo el dolor de perder a una madre. Ella esperaba que su "ma" no sufriera mucho tiempo, que encontrara una muerte veloz y misericordiosa. Llevó suavemente hacia atrás el pelo enredado de su frente. Él se apoyó en su mano como si estuviera hambriento de esas caricias.

—¿Cuál es tu nombre, muchacho?

—Puedes llamarme Eirren, si quieres algo de mí —dijo él con una mueca coqueta.

Ella agitó su cabeza en reproche simulado.

—¿Cuántos años tienes?

Él arqueó una ceja y sonrió abiertamente.

—Los bastantes para saber cuándo una muchacha es bonita. Puedo no ser todavía un hombre, pero un día lo seré, por lo que estoy practicando todo lo que puedo.

—Incorregible —murmuró ella.

—No, simplemente tengo trece años —él dijo fácilmente—. De la manera en que lo veo, un muchacho puede ir más lejos que un hombre, por lo que soy mejor que todos ahora. ¿Qué más deseas saber, muchacha?

¿Está casado?

—¿Qué tipo de esposa podría gustarle a un hombre como él?

Ella podría haberse dado de puntapiés en el momento que lo dijo, pero decidió que Eirren no entendería su interés.

—¿Quieres hacerlo con él? —preguntó Eirren curiosamente.

¿Hacerlo? Sakura se confundió por un momento.

—¡Oh! —dijo, cuando comprendió lo que él había querido decir—. ¡Detente! —exclamó—. ¡No puedes pensar en esas cosas! Eres demasiado joven.

Él sonrió abiertamente.

—Crecí rodeado de hombres, ¿cómo podría no hacerlo? No he tenido una ma en mucho tiempo.

—Bien, necesitas una —Sakura dijo suavemente—. Nadie debe estar sin una madre.

—¿Te ha besado?

—¡No! —mintió apresuradamente. Inclinó la cabeza y dejó que su cabello de color rosa escondiera el rubor ante ese muchacho demasiado perceptivo.

—Es un tonto, entonces —dijo Eirren con su mueca traviesa—. Bien, muchachita, no hay nadie mejor que tú para decidir qué deseas hacer. Si no te vas, es que te quedas, y si te quedas, lo mejor es que regreses al cuarto antes de que él descubra que te has ido. A él no le gusta que se rompan las reglas, y si te escapas de su cuarto lo más probable es que le dé un ataque —él se levantó y desempolvó sus sucias rodillas.

—Necesitas un baño —dijo Sakura y decidió que si ella tuviera algo que decir sobre eso mientras estuviera allí, él tendría una especie de madre.

—Sí, y hay algunas cosas que no extraño de mi ma en absoluto —dijo Eirren alegremente—. Anda, vete. Ya veo que has decidido quedarte en la cueva del oso, aunque no es del todo malo; su gruñido es peor que su mordida, una vez que consigas que se relaje.

Sakura sonrió cuando lo siguió afuera. El joven Eirren iba demasiado lejos con su consuelo, pero podría ser un aliado útil por esa misma razón. Corriendo precipitadamente como un ratón ocupado, el muchacho inquisitivo probablemente conocía cada rincón y grieta del castillo. Ella haría bien en cultivar su compañía, clandestinamente, por supuesto. Como si él leyera sus pensamientos, Eirren comentó, cuando la empujó suavemente de nuevo en el cuarto:

—No le hables al laird sobre mí, muchachita. No le gustará que hable contigo. Debe ser un secreto entre nosotros. Sé que tú no desearías meterme en problemas, ¿verdad? —él sostuvo su mirada.

—Será nuestro secreto —Sakura estaba de acuerdo.