CAPÍTULO 29

VOLANDO…

—No pienses que esto significa que te perdono por seducir a mi madre —dijo Madara después.

—No te lo he preguntado —dijo Neji reprendiéndolo, con una expresión paternal que hizo a sentir Madara incómodo—. Ella era irresistible, tú lo sabes. Raramente tiene alguien de nuestra raza éxito engendrando con un mortal, y especialmente que el niño sobreviva hasta la madurez. Pero tus Brudes tienen tanta fuerza vital que entonces era posible, como había sospechado cuando la seduje.

—Destruiste a mi padre.

—Sus propios celos lo destruyeron. Yo no levanté una mano contra él. Y ese hombre no tenía nada que ver con un siring como tú. Tú eres mi hijo, y sólo mío. Ninguna semilla suya te hizo. Cuando Morganna murió, me negué a perderte también.

—Así que me hiciste inmortal. Te odié por eso.

—Lo sé.

Los dos hombres permanecieron callados un tiempo.

—¿Es verdaderamente posible alterar el futuro de Sakura y devolverla a uno mejor? —preguntó Madara.

—Sí. Iremos a su futuro y lo cambiaremos dos veces. Realmente —enmendó— necesitaremos muchos viajes probablemente a su tiempo para tenerlo claro. Entonces iremos a Morar, y la enviaremos al nuevo futuro.

—Pero, ¿no habrá vivido ella dos veces las partes de él?

—Ella tendrá el equivalente de cinco años de memoria dual.

—¿Dañará su mente?

—¿A Sakura? ¿Necesitas preguntar eso? La mujer es casi Brude.

Madara sintió una llamarada de orgullo.

—Sí, lo es —permaneció callado un momento—. Pero no entiendo cómo hacerlo.

—Paciencia. Has hecho un rápido estudio de tu propio futuro, sabes. Te he visto. Sé que usaste demasiada velocidad, conozco tu scry, y sé que has alterado el espacio alrededor de ti sin incluso ser consciente de ello. Procederemos despacio.

—Despacio está bien —dijo Madara—. Mi cabeza está aporreada con demasiados conceptos extraños.

—Nos moveremos al paso de un caracol —aseguró Neji—. Hay mucho para aprender sobre nuestra raza, Madara, pero debes aprenderlo en fases. La locura no es el resultado de la inmortalidad. Es un molesto y temporal efecto residual de nuestra visión del más allá. Vemos cómo todo se interconecta, y si buscas ese conocimiento demasiado rápidamente, puede hacerte perder perspectiva, incluso causar la locura.

—¿Algún día podré ver esas cosas también?

—Sí. Yo aprendí demasiado rápidamente, arrogantemente seguro de que nada podía dañarme nunca. Cuando la comprensión llegó, me agobió tal como Mito había advertido que lo haría. Pero te llevaré despacio al conocimiento de nuestra raza, lo bastante para que puedas absorberlo mientras vas aprendiéndolo.

—Neji... la lanza —Madara dijo vacilantemente.

—¿Qué hay de ella? —contestó Neji, una mueca de diversión curvando sus labios.

—La lanza y la espada son las únicas armas que pueden matar inmortales. La lanza fue usada para herir a Cristo.

—Estás empezando a ver las conexiones. Sigue mirando.

—Pero eso es lo que...

—Encontrarás tu propia manera. Éstas son las cosas que deben venir despacio. No puedes esperar derrocar demasiado rápidamente todo lo que has pensado era verdad. Eres todavía un hombre del siglo IX de muchas maneras. Habrá tiempo suficiente para hablar después de estas cosas. Por ahora, concentrémonos en Sakura, y descubrirás quién y qué eres tú. Esto es todo lo que yo quería desde el principio para ti, Madara; aceptar que soy tu padre y que estoy deseoso de enseñarte sobre tu herencia. Yo soy el único Tuatha de Danaan que tiene un hijo maduro —agregó con orgullo—. Algunos de ellos están resentidos conmigo por eso.

Madara rodó sus ojos, y Neji, puesto al día adorándose, lo ignoró.

—Puedo enseñarte a cernir el tiempo, pero una comprensión más llena de tus habilidades no vendrá sino hasta dentro de muchos años. ¿Estás seguro de que deseas empezar? No quiero más tarde lamentos ni que estés de nuevo enfadado conmigo. Quinientos años de tu mal genio es todo lo que puedo soportar.

—Estoy seguro. Enséñame.

—Ven —Neji extendió su mano—. Empecemos y recobremos a tu compañera. Dale la bienvenida a mi mundo, hijo.

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La instrucción de Madara a manos de Neji comenzó la siguiente mañana, y el laird de Uchiha empezó a entender lentamente lo que siempre había percibido dentro de él, y temía: el potencial para el poder ilimitado. Empezó a ver por qué lo había asustado, a él, un guerrero que no temía a nada. Ese poder era aterrador porque la habilidad de usarlo conllevaba inmensas responsabilidades. Lo que había parecido un inmenso desierto inexplorado una vez, su país, Escocia, se ponía ahora en una perspectiva asombrosa.

Había otros mundos, más allá del que ellos habitaban. Comprendió por qué los Tuatha de Danaan parecía aislados de los mortales. El trozo diminuto de tierra llamada Escocia y su guerra diminuta por la independencia era uno de millones en el universo.

Durante los siguientes días de aprendizaje sobre sí mismo, empezó a desarrollar (aunque renuente a admitirlo) algún respeto por el hombre que tenía ante sí. Neji era dado a los entretenimientos extraños, pronto a entrometerse y ser demasiado franco. Sin embargo, considerando la magnitud de lo que su duende más negro realmente podría hacer, Madara comprendió que Neji generalmente ejercía un refrenamiento admirable. También empezó a comprender cómo los mortales, que no tenían tal magia, podían malinterpretar gravemente a aquéllos que lo manejaban.

Él miró a su padre, que estaba inclinado sobre un tomo antiguo del que había estado leyendo en alto, instruyendo a Madara sobre su raza. Era difícil de concebir a ese hombre exótico como su padre, porque Neji llevaba su glamour de costumbre que lo hacía parecer aun más joven que Madara.

—Neji, ¿qué es esta atadura que tengo con ella? Lo que pasó esa noche cuando ella y yo...

—¿Hicieron el amor? Ah, hacerlo, como diría Shisui —Neji levantó su cabeza del libro—. ¿Qué te dijo Morganna cuando eras un muchacho?

—¿Sobre que? Ella me dijo muchas cosas —Madara se encogió de hombros.

—¿Qué dijo sobre derramar tu semilla en una mujer? —preguntó Neji, intentando no reírse.

—Oh, eso. Me dijo que si lo hacía, se me caería —murmuró Madara oscuramente.

Neji echó su cabeza atrás y rió con alegría.

—Eso es exactamente algo que Morganna habría dicho. Ella sabía mejor cómo razonar con el muchacho terco que eras. ¿Y te derramaste alguna vez en una mujer?

—No. Al principio yo la creí y temí que se caería de verdad. Entonces, cuando ya era lo bastante mayor para comprender que ella había estado bromeando conmigo, no lo hice porque no deseaba esparcir mis bastardos por la tierra. Finalmente, cuando me casé con Naya y estaba listo para tener una familia, descubrí lo que habías hecho.

—Te lo dije el mismo día, ¿o no lo hice? Sabía que planeabas tener niños.

—¿Me lo dijiste para prevenirme? —dijo Madara, sobresaltado.

—Por supuesto. Yo sabía lo que pasaría si lo hicieras. Te habrías ligado a una mujer que no amabas, y ése es el más puro infierno para nosotros.

—¿Derramar mi semilla en una mujer nos une así?

—Parece ser un efecto colateral de nuestra inmortalidad. Nuestra fuerza de vida es tan fuerte, tan potente, que cuando encontramos nuestro descargo dentro de una mujer mortal, la unión que se forja nos conecta. Y ese eslabón incluirá a su niño pronto.

—Sakura no está embarazada —dijo Madara rápidamente.

Neji le echó una mirada burlona.

—Por supuesto que lo está. Tú, medio-hada y medio-mortal, eres mucho más viril de lo que nosotros somos. Podrías ser nuestra esperanza para el futuro.

—¿Está llevando Sakura a mi niño? —rugió Madara.

—Sí, desde el momento que derramaste tu semilla, la primera vez que le hiciste el amor.

Madara permaneció silencioso.

—Los primeros siete meses son espléndidos. Es asombroso cuando la fuerza del niño empieza a mezclarse con la tuya y la de ella. Sientes que el bebé está despertando, su excitación, y la vida que surge. Te maravillas de lo que has creado, tienes hambre por verlo llegar. Entonces los últimos dos meses son infernales. Tú, Madara, eras un dolor en el culo. Querías salir, diste de puntapiés y peleaste y pediste, y de repente desarrollé deseos por comidas ridículas que nunca quise antes, y ah, ¡el nacimiento, dulce Dagda! Yo sufrí su labor. Sentía el dolor, y la creación, la maravilla. Como en tu nacimiento, cuando nazca su primer niño, se ligarán tan profundamente con él, que tú y Sakura no podrán imaginarse respirando sin él.

Madara permaneció callado, intimidado por el pensamiento del embarazo de Sakura y quien habría de llegar. Entonces la enormidad de lo que Neji simplemente había admitido lo golpeó.

—¿Tenías tú semejante atadura con mi madre?

—Yo no estoy exento de emociones, Madara —contestó Neji rígidamente—. Me esfuerzo por guardar la calma.

—Pero ella murió.

—Sí —dijo Neji—. Y yo corrí a los extremos más lejanos de la tierra para intentar no sentir su muerte. Pero no podía escapar de ella. Incluso en Morar, incluso en otros mundos, yo la sentía morir.

—¿Por qué lo permitiste?

Neji le dirigió una oscura mirada.

—A lo mejor ahora que entiendes que lo que yo tenía con Morganna es lo que tú tienes con Sakura, imagines lo que soporté permitiendo que muriera. Quizás puede servir para hacer menos áspero tu juicio sobre mí.

—¿Pero por qué lo permitiste? —repitió Madara.

Neji sacudió la cabeza.

—Mi vida con Morganna es otra historia y no tenemos tiempo ahora para ella.

Madara estudió al hombre exótico que ya no encontraba su mirada. ¿Permitir que Sakura muriese? Nunca.

—Pero, ¿tú podrías haberla hecho inmortal? —presionó, con un sentimiento de desesperación.

La mandíbula de Neji estaba rígida. Él disparó a Madara una mirada furiosa.

—Ella no lo hubiera aceptado. Ahora déjalo.

Madara cerró los ojos. ¿Por qué se habría negado su madre a la poción si Neji se la hubiera ofrecido? ¿Se negaría Sakura?

Él no se lo permitiría, resolvió. Nunca le permitiría morir. Ya no existían los sentimientos vagos de culpa en sus pensamientos para hacerla inmortal. Después de lo que Neji le había dicho, él sabía que no podría soportar nunca perder la unión que ellos compartían. ¡Un niño! Ella llevaba a su bebé, y la atadura se expandiría para incluir a su hijo o hija.

¿Vivir después de la muerte de Sakura? No. Pero en recompensa por tomar su mortalidad, él le daría el futuro perfecto con su familia. Sería su manera de reparar lo que haría.

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Madara se materializó al alba en el día de la graduación de Sakura. Rápidamente escaló la pared que rodeaba la propiedad de los Iwa y pinchó las ruedas de la máquina pequeña para impedir que se moviera. Entonces consideró la máquina más grande, irritado. ¿Cuál es un Mercedes?, se preguntó con un ceño. Moviéndose rápidamente, pinchó esas ruedas también. ¿Pero qué sucedería si ellos cambiaban las ruedas? ¿Qué, si tuvieran nuevas ruedas en alguna parte en su torreón?

Observó el torreón; después miró ceñudo las máquinas por un momento largo, considerándolos personalmente responsables por herir a su mujer. Se esforzó contra un intenso deseo de arrastrarse a la casa y asomarse para ver a la durmiente Sakura de dieciocho años que no había conocido todavía.

—Todavía están allí. A veces eres tan denso, Madara —se mofó la voz sin cuerpo de Neji—. Todavía no entiendes el poder que tienes. ¿Por qué estás intentando dañar las máquinas, cuando puedes hacerlas simplemente desaparecer? Y ya que estamos hablando de ello, ¿por qué apareces fuera de la verja y subes la pared, cuando podrías haber aparecido dentro de las verjas?

Madara frunció el entrecejo.

—No estoy acostumbrado a este poder. ¿Y dónde los enviaría?

—Envíalos a Morar. Eso podría ser interesante —Neji se rió.

Madara se encogió de hombros y enfocó sus recientemente descubiertos poderes. Cerró los ojos y visualizó las arenas de sílice de Morar. Con un pequeño y ligero movimiento, las máquinas desaparecieron.

Si aterrizaran en la isla de Morar con un woosh suave en la arena de sílice blanca, sólo un mortal podría verlos allí, y realmente no se habría sorprendido por nada en algún tiempo.

—¡Nuestros automóviles han sido robados!— exclamó Tsunade.

Jiraiya se asomó encima de su periódico.

—¿Los has buscado? —preguntó ausente, como si pudieran pasarse por alto un Mercedes y un Jeep.

—Por supuesto que lo hice, Jiraiya —dijo Tsunade—. ¿Cómo iremos a la graduación de Sakura? ¡No podemos perdernos su gran día!

Madara bajó la gorra sobre la frente de Neji, caminó atrás y sonrió abiertamente.

—Perfecto.

—No veo por qué tengo que hacer esto.

—No deseo arriesgarme a que me vean, ni me atrevo a confiar en mí mismo al verla. No sé si podría refrenarme, por eso debes hacerlo.

—Este uniforme es ridículo —Neji sacudió la corbata—. Es demasiado pequeño.

—Entonces hazlo más grande, O poderoso —dijo Madara secamente—. Deja de demorarte y llama a su número. Diles que el taxi está en camino.

—Pero ellos no pidieron uno.

—Cuento con que quienquiera conteste piense que a alguien más se le habría ocurrido.

Neji arqueó una ceja.

—Eres bueno en esto.

—Llama.

Efectivamente, Tsunade asumió que Jiraiya había llamado y había pedido un taxi para llegar precisamente a las nueve de la mañana. Cuando apareció, Jiraiya asumió que Tsunade lo había llamado. En el alboroto producido por archivar informes de robo de automóviles con la policía y la compañía de seguro, ninguno pensó en preguntar al otro.

—¿Qué es lo siguiente? —preguntó Neji, frotando sus manos.

Madara le disparó una mirada oscura.

—Pareces estar disfrutando esto.

Neji se encogió de hombros.

—Nunca antes manipulé detalles tan finos. Es bastante fascinante.

—Cáncer. Ella dijo que su madre estaba muriendo de cáncer —dijo Madara—. Ni siquiera sabemos de qué tipo. Sospecho que esto no va a ser tan simple como hacer desaparecer dos máquinas. Debemos encontrar una manera de impedirle contraer esta enfermedad, y por lo que he leído, no parece saberse qué la causa. He estado hojeando estos libros toda la noche —él gesticuló a los libros médicos esparcidos por su escritorio en el estudio del Castillo Uchiha.

Neji recogió varios y los examinó. BIBLIOTECA PÚBLICA DE CINCINNATI era el sello que tenían en el lomo.

—¿Hurtaste esto de la biblioteca? —dijo Neji con desmayo simulado.

—Tuve que hacerlo. Intenté pedirlos prestados, pero quisieron papeles que yo no tenía. Por lo que regresé cuando estaba cerrado, y un guardia de seguridad que protege sus libros casi me atacó antes de que hubiera terminado de encontrar lo que quería —él suspiró—. Pero no estoy más cerca de descubrir cómo prevenir la enfermedad. Debo saber qué tipo de cáncer tenía ella.

Neji pensó por un momento.

—¿Qué me dices de hacer otro raid nocturno? No creo que haya más de media docena de hospitales en su ciudad.

—¿Hospitales? —la frente de Madara se arrugó.

—Realmente eres un bruto medieval. Los hospitales son donde ellos tratan a los enfermos. Iremos a su tiempo y robaremos sus archivos. Ven. Cierne el tiempo, y yo seré tu guía fiel.

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—Tiene cáncer de útero —dijo Madara suavemente, mirando por encima de su hombro a Neji, que estaba reclinado en el escritorio de una oficina privada en el Hospital Buen Samaritano—. Escucha esto: el diagnóstico es displasia severa. Con el tiempo avanzó a un cáncer invasivo. Ellos se refieren a algo llamado neoplasia del intraepitelio cervical —su lengua se sentía espesa al pronunciar las palabras extrañas, y las dijo muy despacio—. Las notas indican se podría haber diagnosticado a Tsunade a tiempo para prevenir el cáncer si se hubiera hecho algo llamado prueba de PAP. Las notas indican que Tsunade dijo al doctor que su última prueba de PAP había sido hecha ocho años antes de que le diagnosticaran el cáncer. Parece que el cáncer cervical es causado por un tipo de virus que se trata fácilmente en las fases tempranas.

Neji abanicó rápidamente a través del libro de texto que había tirado sobre el escritorio. Localizando una entrada aplicable, él leyó en alto:

—'Prueba de PAP: una prueba preventiva del cáncer desarrollada en 1943 por el Dr. George Papanicolaou. La prueba de PAP examina células de la cerviz, o la boca del útero, localizada en el extremo de la vagina.' —Neji permaneció callado un largo momento—. Dice que una mujer debe tener una prueba de PAP anualmente. ¿Por qué no lo hizo ella?

Madara se encogió de hombros.

—No sé. Pero parece que si nosotros regresamos unos años, deberíamos poder prevenirlo.

Neji arqueó una ceja.

—¿Cómo podemos arreglar eso? Simplemente, ¿cómo piensas conseguir que una mujer que obviamente odia ir al doctor vaya a ver al doctor?

Madara sonrió abiertamente.

—Una pequeña y gentil persuasión.

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Tsunade hojeó el correo, a la caza de una carta de su amiga Shizune, que estaba pasando el verano en Inglaterra. Echó dos volantes a un lado y resopló sin delicadeza. Recientemente había estado recibiendo una explosión de correo basura que trataba de ginecólogos y cáncer cervical.

¿Te has hecho la prueba de PAP este año?, gritaba un volante.

¡El cáncer cervical es evitable!, exclamaba un volante rosa luminoso.

Eran todos de una organización sin fines de lucro de la que nunca había oído hablar. Al parecer algunos donantes no tenían en qué gastar el dinero. Los echó en el canasto y siguió revisando el correo.

Pero algo reverberó en ella, y recuperó el último volante. Debía haber recibido cincuenta de esas cosas durante el último mes, y cada vez que tiraba uno, experimentaba un sentido peculiar de deja vu. También había recibido una llamada de la oficina de un doctor esa semana, ofreciéndole un examen libre. Nunca había oído hablar de algún doctor que ofreciera pruebas de PAP gratis antes.

¿Cuándo fue mi última comprobación?, se preguntó y tocó el volante. Casi en sus dieciséis, Sakura estaba lista para empezar a tener sus comprobaciones anuales. Podría ser un poco difícil persuadir a su hija tener que visitar primero al doctor cuando Tsunade no era demasiado fiel sobre hacer y mantener sus propias citas. Consideró el folleto pensativamente. Decía que el cáncer de la cerviz era evitable, que una prueba de PAP rutinaria podía descubrir muchas anormalidades. Y que las mujeres en todos los grupos de edad estaban en riesgo.

Decididamente, dobló el folleto y llamó a su ginecólogo para fijar citas para ella y Sakura. A veces ella y Jiraiya tendían a ser irresponsables sobre cosas como las comprobaciones, seguros de vida y el mantenimiento de los automóviles. Ella no visitaba a su ginecólogo porque se sentía absolutamente bien. Pero eso era como decir que el automóvil no necesitaba servicio porque estaba funcionando perfectamente. El mantenimiento era diferente de las reparaciones. La medicina preventiva puede salvar su vida, decía el folleto.

La vida era buena, y Tsunade no quería perderse un momento del crecimiento de Sakura. Quería ver a sus nietos algún día.

Quizás debía hacer que Jiraiya encontrara algún seguro de vida para ellos, mientras estaba en ese tema.