CAPÍTULO 30
—¿Estás seguro de que esto funcionará? —se preocupó Madara.
—Sí. Nos la llevaremos de Morar mientras duerme y la devolveremos a su nuevo futuro. He hecho esto antes; sin embargo, ésta es la única vez que he permitido a una persona retener recuerdos duales. ¿Estás seguro de que deseas que recuerde la otra realidad? ¿Esa donde su padre murió y su madre está enferma?
—Sí. Si se lo quitamos, ella no me conocerá. No tendrá ninguna memoria de nuestro tiempo juntos. Sin esos recuerdos ella sería una persona diferente, y yo la amo precisamente de la manera que es.
—Entonces hagámoslo —dijo Neji—. Estará al principio muy confundida. Necesitarás llegar rápidamente a ella, ayudarle a entender. Una vez que haya vuelto, corre a su lado. Ella te necesitará.
Sakura estaba flotando cuando oyó las voces.
—Debes hacerlo ahora, Madara.
Madara, mi amor, ronroneó su mente, soñando.
—Estoy llegando, Sakura.
Sakura se despertó de un sueño que parecía narcotizado. Su almohada olía cómica. Ella la olfateó: jazmín y sándalo. El olor trajo lágrimas a sus ojos; le recordó a Madara, el olor débil que siempre había parecido parte de su piel. Otro olor predominó rápidamente: tocino frito. Mantuvo los ojos cerrados y meditó sobre ese pensamiento. ¿Dónde estaba? ¿Había tropezado en la playa y en su delirio se encontraba en una casa y una cama?
Abrió los ojos cautamente.
Miró alrededor del cuarto, buscando rastros del siglo XIV, mientras su primer pensamiento decía que había regresado benditamente a Madara. Pero cuando su mirada se desgajó de nuevo sobre las pálidas paredes azules, su corazón hizo un ruido sordo; reconoció dolorosamente ese cuarto, que había pensado nunca volvería a ver.
Se dejó caer incrédulamente, mirando la cama en la que descansaba. Cuatro postes de madera clara con un dosel blanco espumoso, que ella había adorado... su cama en la casa en Indian Hill, hacía toda una vida.
Se levantó rápidamente de la cama, temblando violentamente.
¿Había al final, irrevocablemente, perdido el juicio?
—¿M-madre? —llamó, sabiendo demasiado bien que nadie iba a contestarle. Y porque nadie le contestaría, ella echó atrás su cabeza, lamentándolo.
—¡Mamá!
Ella oyó la prisa de pies en los escalones, y contuvo la respiración cuando se abrió la puerta. Parecía moverse poco a poco hacia el centro, en un movimiento lento, como si estuviera mirando una película y la puerta se abriera cuadro por cuadro. Su corazón se presionó dolorosamente cuando Tsunade caminó dentro, una espátula en su mano, sus cejas juntas en una expresión de preocupación.
—¿Qué es, Sakura? ¿Tenías una pesadilla, cariño?
Sakura tragó, incapaz de hablar. Su madre parecía precisamente como habría parecido si nunca hubiera tenido el accidente, nunca hubiera tenido cáncer. Con los ojos abiertos al máximo, Sakura se recreó en la visión imposible.
—Mamá —graznó.
Tsunade la miraba a la expectativa.
—¿Es... um... está p-papá aquí? —preguntó débilmente, esforzándose en comprender esa nueva realidad.
—Por supuesto que no, dormilona. Sabes que va a trabajar a las siete. ¿Estás hambrienta?
Sakura la miró fijamente. Por supuesto que no, dormilona. Tan normal, tan rutinario, como si Tsunade y Sakura nunca hubieran estado separadas. Como si papá siempre hubiera estado vivo y el pasado trágico que había destrozado su familia nunca hubiera pasado.
—¿Qué año es? —se las ingenió para decir.
Su madre se rió.
—¡Sakura! —extendió una mano y despeinó su pelo—. Debe de haber sido un sueño muy real.
Sakura estrechó sus ojos y trató de pensar.
En el piso inferior sonó el timbre, y Tsunade se volvió hacia el sonido.
—¿Quién podría ser tan temprano? —echó una mirada a Sakura—. Ven abajo para desayunar, querida. Hice tu desayuno favorito. Huevos escalfados, tocino y tostadas.
Sakura miró a su madre salir el cuarto, aturdida. Luchó contra el impulso de brincar de su cama, envolver en sus brazos las rodillas sanas, y proteger su amada vida. Las rodillas de su madre parecían intactas. La alegría la inundó. Ella debía haber muerto, decidió, en esa playa extraña en la tierra más extraña. ¿Era este el cielo?
Ella lo tomaría, cualquier cosa que fuera.
Fragmentos de conversación flotaron desde el foyer. Ella los ignoró y estudió su cuarto. Había guardado un calendario en su escritorio y ardía de impaciencia por saber "cuándo" estaba ahora, pero antes de que pudiera moverse, su madre la llamó.
—Sakura, querida, baja. Tienes un invitado. Dice que es un amigo tuyo de la universidad —la voz de su madre parecía excitada, y oh-tan-aprobadora.
¿Universidad? ¿Estaba ella en la universidad? Oh, ése era cielo. Ahora todo lo que necesitaba era a Madara para estar completa.
Sakura brincó de la cama, se envolvió en su bata favorita cubierta de pelusa blanca (¡asombrada de que estuviera colgando justo en el poste de la cama, donde ella siempre la colgaba!) y se dio prisa en bajar los escalones, preguntándose quién podría estar buscándola. Cuando bajó la escalera caracol, su corazón golpeó duro en su pecho.
Madara Uchiha arqueó una ceja y sonrió. Simultáneamente, una ola de amor la inundó, enviada a lo largo de su atadura especial.
Sakura casi sollozó, agobiada de placer, escepticismo y confusión. Él llevaba unos pantalones color carbón y una camisa polo de seda negra que ondearon por su pecho musculoso, del que estaba desempolvando unas gotas ligeras de lluvia. Su pelo estaba peinado y tirado hacia atrás, sujeto en una correa de cuero. Las caras botas italianas la hicieron pestañear y agitar su cabeza. Ella nunca lo había visto vistiendo ropas tan ajustadas y podía imaginar la sensación que debía haber causado paseándose en el siglo XXI. La ropa no hacía a ese hombre, él hacía la ropa y la amoldaba con su cuerpo poderoso; seis pies siete pulgadas de fuerza muscular. Lo imaginó brevemente en un par de pantalones vaqueros gastados y casi se desmayó.
—Señora Iwa, ¿le importaría terriblemente si yo sacara a su hija para desayunar? Tenemos algunas cosas que poner al día.
Tsunade miró al hombre magnífico que estaba de pie en la puerta.
—No, en absoluto. ¿Por qué no entra y toma un poco de café mientras Sakura se viste? —ella invitó cortésmente.
—Ponte pantalones vaqueros, muchacha —dijo Madara, su mirada intensa—. Y tu 'tú sabes' —agregó en una voz áspera por el deseo. Tsunade los contempló, tasando la tierna, apasionada mirada del hombre alto y elegante en la puerta, y aún así la sobresaltó la expresión soñadora en el rostro de Sakura. Se preguntó por qué Sakura había escondido el hecho de que estaba enamorada, y a su propia madre. Ni una vez le había mencionado a un novio, pero Tsunade decidió que quizás no había hablado de él porque era el "verdadero". Cuando Tsunade había conocido a Jiraiya, no había dicho nada sobre él; había sentido que hablar sobre eso podría rebajar la santidad privada de su unión de algún modo.
Sakura todavía no se había movido del pie de las escaleras. No podía respirar; agobiada por él. ¿Cómo había sucedido esto? ¿Cómo estaba hablando con Madara Uchiha en la puerta de su casa de Indian Hill, y con su madre viva y saludable, mientras su padre vivo y saludable estaba en el trabajo cuando ella lo había dejado setecientos años en el pasado?
El sueño la inundó de nuevo: Nosotros debemos hacerlo ahora.
—¿Qué hiciste? —preguntó ella débilmente.
—¿Qué hizo él sobre qué, Sakura? —preguntó Tsunade intrigada.
—Tenemos mucho que discutir, muchacha —dijo él tiernamente.
—¿De dónde es ese acento que detecto? —exclamó Tsunade—. Siempre he pensado que Escocia es un país tan romántico. Jiraiya y yo hemos estado discutiendo sobre ir en las vacaciones de verano de este año.
Madara se movió hasta Tsunade, levantó su mano a sus labios, y acarició sus nudillos con un beso.
—Quizás podrían visitar mi casa cuando vinieran —dijo él—. Me agradaría darle la bienvenida a los padres de Sakura en mi torreón.
Sakura nunca había visto a Tsunade tan agitada.
—¿Torreón? —exclamó ella—. No me diga que tiene un castillo. ¡Oh! Traeré enseguida ese café —dijo con una risa jadeante. Cuando se volvió hacia la cocina, echó una mirada a su hija que estaba aún helada al pie de los escalones.
—Sakura, ¿lo has oído? Él quiere llevarte a desayunar, aunque por la manera que está vestido, no creo que unos pantalones vaqueros sean apropiados, querida. Quizás el vestido crema con esas sandalias que me gusta tanto...
Sakura asintió con la cabeza estúpidamente, sólo para sacar a su madre del cuarto. Entonces comprendió que estaba animando a su madre saludable a que dejara el cuarto. Echó una mirada sobresaltada a Madara y habló con voz hueca:
—Sólo un minuto, no te muevas.
Entonces voló por el foyer y alcanzó a su madre cuando entraba al vestíbulo.
—¡Espera! —gritó.
Tsunade se dio la vuelta y la miró extrañada.
—Estás actuando muy raro hoy, Sakura —ella sonrió, se apoyó cerca de la oreja de Sakura, y susurró—. Me gusta él. ¡Oh, Dios mío...! ¿Por qué no me hablaste de él?
Sakura estiró sus brazos alrededor de Tsunade.
—Te amo, mamá —dijo ella furiosamente.
Tsunade soltó una pequeña risa sobresaltada y le agradó simplemente el sonido medio jadeante de alegría que Sakura recordaba de antes de que Jiraiya muriera, en la otra realidad.
—No sé de qué se trata todo esto, Sakura, pero yo te amo también, querida. Sólo dime que tus siguientes palabras no van a ser 'y lo siento pero estoy embarazada y corriendo para casarme' —bromeó—. No estoy preparada para ver el nido vacío.
La mano de Sakura voló a su abdomen y los ojos se ensancharon.
—¡Uh... Oh! Yo... debo vestirme.
Dejando a su madre con las cejas levantadas y la misma expresión intrigada en su cara, Sakura huyó del vestíbulo antes de que pudiera pensar muy más detenidamente sobre la posibilidad que su madre había despertado.
