CAPÍTULO 31

Sakura observó la suite, asombrada. Después de que se hubiera puesto un tú-sabes de encaje, pantalón vaquero y una blusa, Madara había conducido a través del tráfico eficazmente y habían ido al centro de la ciudad de Cincinnati, donde había reservado una suite. Estaba aturdida por lo capaz que era él, cuán rápidamente se había adaptado y había tomado el control de su mundo moderno. Pero entonces ella recordó que el hombre era un conquistador y un guerrero, y el siglo XXI, aunque agobiante, era un desafío más para él, y lo dominaría con el mismo aplomo con que había dominado su propio siglo.

Él había explicado un poco durante el viaje, y gravemente le informó que la había perdonado por dejarlo, aunque su labio inferior había estado fijo en tal ángulo que ella había sabido que sus sentimientos habían sido heridos.

También le había explicado que la habían mantenido en la isla de Morar mientras él y Neji habían cambiado su futuro, y le relató cómo ellos habían prevenido el choque y el cáncer.

—Pero yo pensé que odiabas a Neji.

Madara suspiró cuando hizo estallar una botella de champán y lo sirvió en dos copas. Dejándose caer en la cama, él le dirigió una mirada culpable y dio golpecitos en la cama junto a él.

Él abrió sus brazos.

—Ven. Te necesito, muchacha —susurró antes de cerrar su boca encima de la suya. Entonces procedió a demostrarle lo muchísimo que la necesitaba.

Las ropas fueron rápidamente descartadas cuando se desnudaron uno al otro urgentemente. Cuando ella estaba vestida con nada más que un sostén rosa pálido de encaje y las bragas, él la alzó alto en sus brazos y se retiró hacia la cama. Sakura se sentó a horcajadas sobre él y paseó sus manos encima de su pecho musculoso y siguió el sendero de pelo oscuro de seda con un dedo ligero como una pluma.

Resbalando la correa de su sostén, él gimió suavemente.

—Amo estas cosas de encaje.

Sakura se rió y dejó caer su cabeza hacia adelante para que su pelo encortinara su cara.

—Te amo.

—Lo sé —le dijo suavemente. Y en unos momentos ella estuvo perdida en una ola de pasión, ternura y amor que surgieron silenciosamente a lo largo de su singular lazo.

Nunca me dejes, muchacha, eres la única, para siempre.

—¿Qué?—exclamó ella.

—¿Me has oído? —con sensualidad perezosa, él arrastró su lengua sobre la cima de su pezón a través de la seda delgada de su sostén. Se endureció ansiosamente.

—¡Palabras! ¡Yo te oí en palabras!

Mmm —él murmuró y pellizcó suavemente los brotes que había provocado bajo la seda. Con un chasquido rápido su sostén estaba abierto, y él rodeó sus pechos en sus manos, acariciando con las yemas de sus pulgares sus pezones. ¿Me amarás para siempre? Él cogió un pezón entre su dedo pulgar y el dedo índice, halándolo suavemente.

Sakura sacudió la cabeza, intentando aclararla. Aun después de todas las veces que había hecho el amor con él, aún no podía pensar claramente cuando él estaba tocándola.

—¿Qué dices?

Que te necesito, Sakura Uchiha, para siempre. Casémonos, ten bebés conmigo y tómame para siempre.

—¿Sakura Uchiha? —ella susurró.

¿No creerás que te dejaría en vergüenza, verdad? Sé mi esposa. Prometo que no desearás nada más. Él resbaló sus manos dentro de sus bragas y rodeó sus nalgas. Su mirada estaba fija en su abdomen, como si estuviera intentando ver dentro de ella. La mano de Sakura voló a su estómago.

—¿Sabes algo que yo no sé? —preguntó ella sospechosamente.

Simplemente que ya has hecho una de las tres cosas que estoy pidiéndote que hagas.

—¿Estoy embarazada? ¿Voy a tener tu bebé? —exclamó, un escalofrío de deleite recorriendo su columna vertebral.

Nuestro bebé. Sí, muchacha, él ya crece dentro de ti y será muy... especial. Cásate conmigo, amor.

—Sí —ella dijo—. ¡Oh sí, sí, sí, Madara!

Soy el hombre más afortunado del mundo.

—Sí —estuvo de acuerdo Sakura, pero no pensó en nada más durante mucho tiempo.

Después se ducharon juntos, rodando y resbalando en la gran ducha de mármol que tenía seis expendedores, tres en cada pared. Madara disfrutó con el placer desherrado de un bárbaro del siglo XIV que nunca antes había visto una ducha, permaneciendo de pie en los arroyos de agua, agitando su cabeza y rociándola por todas partes. Hicieron el amor en el suelo jaspeado, en la esquina contra la pared, y en el jacuzzi. Sakura, envuelta en una esponjosa bata blanca, desenredaba su pelo ya seco cuando oyó a Madara que gritaba en la alcoba.

Sobresaltada, ella sólo salió del baño para descubrir a Madara desnudo delante de la televisión, rugiendo.

—¡William Wallace no se parecía a ese! —gesticuló irritado a la televisión.

Sakura se rió cuando comprendió que él estaba apuntando a un Mel Gibson pintado de azul, atacando en la batalla en "Braveheart".

—¡Y Robert no parece a ese tampoco! —se quejó.

—Quizás deberías probar escribiendo un sript tú mismo —lo provocó ella.

—Nunca lo creerían. Es obvio que tu tiempo no tiene ninguna idea de lo que mi tiempo era realmente.

—Hablando de tu tiempo y mi tiempo, ¿dónde... o debo decir cuándo viviremos nosotros, Madara?

Madara presionó el botón de apagado del control remoto como un profesional, y se volvió hacia ella.

—Cualquier lugar que tú desees, Sakura. Podemos pasarnos seis meses en mi tiempo y seis meses aquí, o ir semana a semana. Sé que deseas estar cerca de tu familia. Nosotros podríamos llevarlos también.

Los ojos de Sakura se agrandaron.

—¿Podemos... nosotros? ¿Podríamos llevar a mi mamá y mi papá a tu tiempo?

—¿Cómo si no podrías casarte en una ceremonia del siglo XIV con la asistencia de tu madre y tu padre? Tu padre debe entregarte, y yo le concederé a su vez un hermoso feudo, si tus padres escogen retirarse allí. Por supuesto Robert, Shisui y Obito insisten también en estar presentes, por lo que temo puede convertirse en un espectáculo real.

Sakura no podía dejar de sonreír.

—¡Me encantaría eso! Una boda de cuento de hadas.

—Con tal de que nosotros seamos cautos para no cambiar demasiadas cosas, no veo ningún problema. Estoy empezando a entender lo que Neji quiso decir cuando dijo que si uno mira hacia abajo la línea del tiempo, puede discernir qué cosas son irrevocables y no deben manipularse, y qué cosas representarán una pequeña diferencia.

—Neji —dijo Sakura vacilante. No había olvidado por un momento que Madara no le había contestado la pregunta más temprano.

—Sí —dijo una voz detrás de ella, cuando Neji se materializó en la suite. Él sonrió abiertamente a Madara.

—Así que conseguiste finalmente pedirle que se casara contigo. Estaba empezando a desesperar. Cada vez que yo intentaba hablar contigo, ustedes estaban...

Ella giró sobre sí misma.

—¡Tú!

Neji sonrió abierta, pícaramente, se convirtió en Eirren, y entonces volvió a ser Neji. Sakura se quedó muda. Pero sólo por un momento.

Ella se adelantó hacia él.

—¡Tú me viste en mi baño!

—¿Qué? —tronó Madara.

—Él me visitó todo el tiempo que estuve en tu siglo —aclaró ella.

Madara miró a su padre.

—¿Lo has hecho?

Neji se encogió de hombros, el camafeo de la inocencia.

—Me preocupaba que no pudieras tratarla lo bastante bien y de vez en cuando iba a comprobarlo. Debes agradecer que eligiera hacer la gran revelación, puesto que había considerado decirle simplemente que Eirren había escapado, si ella preguntaba por él. Pero he decidido intentar ser de aquí en adelante una nueva persona, por lo menos cerca de ti y de Sakura.

—¿Por qué lo aguantas? —dijo Sakura, agitando la cabeza.

—Sakura, está bien —dijo Madara yendo rápidamente a su lado—. Él no es lo que piensas —frunció el ceño a Neji—. No pienses que he olvidado que la viste mientras se bañaba. Hablaremos después de eso, los tres, y discutiremos la historia entera. ¿Pero cómo viniste aquí por ti mismo? ¿Te ha perdonado Mito?

Neji se acicaló, lanzando su sedoso pelo oscuro encima de su hombro.

—Por supuesto. Soy una vez más todopoderoso.

—¿Por qué estás siendo tan bueno con él? —espetó Sakura.

—Muchacha, él me ayudó a hacer todo lo que he hecho.

—¡Él te hizo inmortal!

—Y sin él, yo nunca te habría encontrado, porque habría muerto más de mil años antes de que tú nacieras. Él ayudó a salvar a tus padres. Y...Neji es... mi padre.

—¡Tu padre! —ella se quedó boquiabierta por un momento, mientras la información era asimilada. Cielos, pero había mucho que todavía no sabía de Madara Uchiha, obviamente. Pero iba a aprender.

Madara la guió a una silla y la sentó, entonces los dos hombres alternativamente rellenaron sus huecos de conocimiento con respecto al hombre que sería su marido. Y una vez que supo todo, tuvo un sentido perfecto, y a la vez lo explicó todo: sus poderes raros, su resentimiento hacia Neji, la renuencia de Neji para permitir que su hijo muriese.

Unos momentos de silencio pasaron mientras ponderó todo lo que le habían dicho, entonces comprendió que la estaban mirando intensamente, y parecía que estaban esperando algo.

Neji se movió a su lado y buscó en su bolsillo, y Sakura lo miró curiosamente, preguntándose qué nueva cosa iban a ver.

—Sabes ahora que soy medio-hada, Sakura —dijo Madara suavemente—. ¿Puedes aceptarlo?

Sakura se levantó en las puntas de los pies y lo besó de lleno en los labios. Sí, aseguró.

¿Ningún pesar?

Ningún pesar.

Cuando Neji retiró un botella brillando débilmente y un par de copas, y dejó caer tres gotas del líquido resplandeciente en uno de los vasos, Sakura respiró apenas.

Ella miró en silencio cómo Neji le pasó las copas de champán a Madara, que con gran deliberación, ofreció a Sakura la copa que contenía la poción.

Él la contempló gravemente, y después le dedicó una sonrisa tierna.

Ámame, muchacha, para siempre.

Sakura miró profundamente en sus ojos.

Vive para siempre conmigo. Cesa mi soledad interminable. Te amaré. Te mostraré mundos con los que tú sólo has soñado. Caminaré a tu lado, de la mano, hasta el fin de los días.

Sakura alcanzó la copa.

El champán nunca había sabido tan dulce.

FIN