"Tentando a la suerte"

Rin pasó los siguientes días saltando con cada pequeño sonido, asustada de que Hakudoshi se hubiera enterado de su visita al sótano. ¿Qué pasaría si se dieran cuenta de que alguien había usado un hemostático en el Youkai? Rin solo podía esperar que pensaran que había sido por la curación superior de Yako el que había actuado.

Pero como pasaron tres días sin ningún problema, Rin se relajó, lo suficiente como para comenzar a considerar regresar.

Sabía que era una locura. Fue un milagro que no la hubieran atrapado la última vez. No debería volver a tentar al destino.

Pero lo había prometido. Sin mencionar que su curiosidad no le permitiría olvidarse de Yako. ¿Quién era él? ¿Por qué estaba encerrado en su sótano? ¿Qué quería su hermanastro de él?

Bien, era momento de ponerse a Investigar. Necesitaba más información. O más bien, necesitaba que Kanna consiguiera la información por ella. Rin no era la hermana Higurashi inteligente, después de todo. Le gustaba pensar que era bastante lista, pero no le avergonzaba admitir que su hermana pequeña era la más prodigiosa en la casa... O en el país.

-¿Por qué te interesa? –Preguntó Kanna.

-Es una pregunta completamente hipotética. –Dijo Rin, poniendo su carita más inocente.

Kanna, bendita sea su preciosa alma, no sospechaba que estaba mintiendo, por supuesto. A pesar de su inteligencia, Kanna no era buena con la gente. O leyendo a la gente. O hablando con la gente. Rin temía un poco por el día en que fuese el Debut en sociedad de su pequeña hermana: Había pocas dudas acerca de que iba a ser un desastre, y Rin solo podía esperar a que algún imbécil no usara la total falta de habilidades sociales de su pequeña hermanita en su contra.

Kanna tarareó, y comenzó a escribir en su computadora.

-Normalmente te diría que es imposible el que un Daiyoukai cambie a menos que se sienta amenazado por algún enemigo especialmente poderoso, pero hay un rumor sobre algún conjuro que obliga a un Youkai a revelar su verdadera naturaleza. No estoy segura de cómo se llame.

Rin se animó.

-¿Conoces algún contra hechizo?

Kanna negó con la cabeza, apartando el flequillo de pálidos mechones blancos de sus ojos. Físicamente, no se parecía en nada a sus otros hermanos, ya que Sota, Kagome y Rin tenían la piel ligeramente bronceada y el largo cabello castaño o negro, y Hakudoshi lo tenía ligeramente de color lila; sin embargo si tenía los ojos Higurashi: Ojos marrones profundo, aunque los de Kanna parecían casi negros. No era tan hermosa como Kagome, nadie lo era, pero Kanna seguía siendo una muchacha encantadora. Definitivamente más linda que ella. Rin se alegró. Ella estaba bien con ser la simplona en la familia, y quería que Kanna lo tuviera más fácil. Porque por mucho que apestara, el valor de una mujer en la sociedad todavía estaba en sus perspectivas de matrimonio. Rin había escuchado que incluso en los Youkais eso era bastante ridículo, y las mujeres incluso podían llegar a gobernar en algunos casos, pero los humanos sufrieron alguna especie de retroceso social y habían regresado a la Edad Oscura cuando se trataba de problemas sociales como "Los Derechos de las Mujeres".

Rin esperaba que su hermanita pudiera encontrar una buena pareja. Dicho esto, todos sabían que Kagome era la hermana que se casaría: Probablemente con algún hombre rico, guapo e importante, tal vez incluso con uno de la alta de la sociedad. En cuanto a Rin... Hakudoshi dijo que Rin tendría suerte si ella llegaba a recibir alguna oferta de matrimonio. Rin no esperaba recibir ninguna oferta de matrimonio, pero obviamente no compartía "esa" opinión cuando su hermanastro estaba cerca.

En realidad, estaba empezando a pensar en unirse a una de esas asociaciones donde las mujeres solteras sin poderes espirituales vivían ayudando animales y a gente pobre. Seguro así podría irse de su hogar y podría mantener el honor de su familia: Una doncella virgen, pura e inocente trabajando a favor de los desvalidos era casi tan bien visto en la sociedad como el casarse con un buen partido.

-No es un hechizo sencillo. –Dijo Kanna, una pequeñísima arruga en su frente cuando leía algo en el espejo que estaba entre sus manos. –Al parecer es un hechizo muy complicado, y solo monjes y sacerdotisas sumamente experimentados pueden hacer un hechizo de esta magnitud. No existe ninguna opción o hechizo que pueda usarse, ni siquiera los monjes en entrenamiento pueden realizarla porque podrían terminar más dañados. –Kanna la miró de reojo. –Ahora que lo mencionas, es gracioso que preguntaras. Según puedo ver, muchas comunidades y templos han estado investigando aún más sobre este hechizo en específico. Algo está pasando. Si consideramos los rumores...

-¿Qué rumores? –Dijo Rin.

Kanna se encogió de hombros, con los ojos aún en su espejo.

-No sé si te enteraste, pero desde que termino la guerra por el casamiento del Comandante Perro y la princesa Izayoi del reino Humano, ha habido mucho descontento entre ambos reinos. Según supe, al parecer los monjes trataron de demostrar que los Youkais y los humanos debían seguir separados. No se sabe muy bien que fue lo que pasó, porque el Comandante utilizó una especie de Barrera que impidió cualquier tipo de espionaje en el evento, mis insectos ni siquiera fueron capaces de entrar en la barrera.

-¿De verdad? ¿Creí que esas cosas podían ir a cualquier lado sin problemas? –Ese Youkai debería ser increíblemente poderoso como para que ni los mejores espías de su casa, manejados por la mujer más inteligente del país, pudiera traspasarla y conseguir algo de información.

-Por eso sé que hubo un escándalo. –Dijo Kanna. –Los medios de comunicación solo informaron que la familia real se encuentra bien y como la Princesa Izayoi eligió a su esposo por sobre el Reino Humano. Hay informes de que un Youkai presente en la fiesta enloqueció y atacó a los invitados. Las pocas imágenes que pude conseguir son borrosas, y los informes que conseguí están escritos en varios lenguajes Youkai que no soy capaz de traducir ni con los mejores programas de Traducción que poseo. Interesante.

Rin frunció el seño.

-¿Por qué ocultarían esta información? Eso es raro.

Kanna se encogió de hombros.

-Si los rumores son correctos, el Youkai pudo atacar a alguien importante o incluso haberlo matado. O el Youkai era alguien importante. En cualquier caso, querrían proteger la identidad del Youkai. En realidad, es algo común con hechizos tan importantes y complicados, especialmente si pueden hacerle eso a un Youkai de tal nivel de poder. –Antes de que la imagen en el espejo desapareciera.

Maldición. Así que Rin estaba prácticamente de vuelta al punto de partida: No tenía pistas. Yako podría ser o no ser el mismo Youkai salvaje que atacó a las personas en ese evento político el mes pasado, pero como el evento estaba más protegido que los secretos de Estado, Rin no tenia forma de averiguarlo.

-Está bien, gracias. –Dijo, dejando un tierno beso en la mejilla de Kanna antes de alejarse.

Estaba decepcionada por lo poco que había aprendido, pero incluso si todavía no tenía ni la menor idea de la identidad de Yako o como ayudarlo, no significaba que no pudiera intentar ayudarlo.

Rin pasó el resto de la semana haciendo un plan. Esta vez sabía que esperar, y se preparó en consecuencia. Agarró una memoria USB, con la intención de copiar archivos de la computadora que había visto en el sótano, su botiquín de primeros auxilios, y algo de comida. Había notado lo delgado que Yako estaba. Rin no dudaba que el Youkai aun pudiera partirla en dos fácilmente, pero en realidad, era delgado, todo musculo y piel, sin grasa corporal en absoluto. Definitivamente le vendría bien algo de comida.

Cuando todo estuvo listo, Rin fue hacia Kagome e intentó convencerla de que volviera a distraer a los guardias.

Sin embargo, esta vez su hermana mayor no fue tan cooperativa.

-¿Por qué? –Dijo, mirándola con sospecha. Se veía ridículamente hermosa.

Rin le dio unas palmaditas en la cabeza.

-No preocupes tu linda mente, te puede doler la cabeza.

Recibió un golpe en la cabeza por insinuar que su hermana no era brillante, pero finalmente, Kagome acepto a regañadientes después de que Rin le prometiera contárselo todo más tarde. Estuvieron de acuerdo en que Rin le enviaría un mensaje cuando quisiera salir del sótano para que Kagome pudiera distraer a los guardias de nuevo.

Tan pronto como Kagome hizo su parte con éxito, Rin bajó corriendo las escaleras. Medio había tenido miedo de que alguien ya estuviera en el sótano a pesar de la hora avanzada, pero su preocupación resultó ser infundada.

Yako estaba solo. Todavía estaba encadenado a la mesa de metal, su cuerpo largo y poderoso cubierto de magulladuras y cortes. Rin hizo una mueca de preocupación. Se veía aun peor que la última vez.

-¿Quién eres? –Dijo una voz ronca.

Rin se quedó congelada.

Su mirada se posó en el rostro del Youkai. Lo encontró mirando a Rin con los ojos entrecerrados. Fue extraño. El rostro de Yako todavía era aterrador y feo como el pecado, sus rasgos duros y depredadores, pero había una sensibilidad real en sus ojos. ¿Cómo era posible? No pudo comunicarse con ella la semana pasada en lo absoluto.

-Hola. –Dijo Rin cuando se recuperó de la sorpresa. -¿No me recuerdas?

Las fosas nasales de Yako se ensancharon. Rin se dio cuenta de que estaba inhalando su perfume con mórbida fascinación. Parecía que era cierto que los Youkai tenían sentidos mucho mejores. Rin no podía olerlo en absoluto. Por supuesto, ella era humana.

-Hueles familiar. –Dijo Yako. Su voz era ronca y grave, y parecía que cada palabra requería un esfuerzo. La sospecha en esos brillantes ojos rojos no desapareció por completo, pero su cuerpo se relajó un poco.

No fue sorprendente, pensó Rin. Había oído que las mujeres puras e intactas, sin pareja, olían dulce y reconfortante a los Youkais machos, y parecía que Yako no era la excepción.

Los latidos de su corazón se volvieron más constantes, se acercó y soltó un jadeo cuando vio los cortes en el cuerpo del Youkai. Se veían peor de cerca.

-Estuve aquí la semana pasada. –Dijo Rin, sacando los suministros de su botiquín de primeros auxilios. –Te ayudé, ¿Recuerdas?

-No.

Los músculos de Yako se tensaron un poco, pero no emitió ningún sonido cuando Rin aplicó un antiséptico a las heridas más profundas, aunque tenía que ser doloroso.

-¿Qué estás haciendo?

-¿A ti que te parece? –Dijo Rin, aplicando el hemostático. –No deberías ser un gruñón tan desconfiado. Por cierto, es conveniente que de repente estés hablando, pero ¿No podrías haberme dicho algo la última vez que vine?

-No lo recuerdo. –Dijo Yako, haciendo un agujero en la cabeza de Rin con la mirada. -¿Quién eres? ¿Te enviaron ellos?

-Nadie me envió. –Dijo Rin, aplicando el hemostático al corte en el estomago de Yako, y tratando de no sonrojarse. Decididamente no miró por debajo de la cintura del Youkai, esta vez no había ninguna sábana con la que pudiera taparlo. Se aclaró la garganta. –En realidad, estaré en un mundo de problemas si descubren que estoy aquí. –Tocó las costillas del hombre. -¿Quieres comer? Traje comida.

Yako no dijo nada, todavía la miraba con recelo, pero su estomago gruñó.

Rin le sonrió.

-Lo tomaré como un sí. Déjame ver... –Sacó la comida que había traído, pollo, y luego se detuvo, mirando las esposas. –Oh, vaya. Tendré que darte de comer.

-Libérame. –Dijo Yako, flexionando sus manos con garras.

Rin se rió un poco nerviosa.

-¿Parezco alguien que tiene las llaves de esas cosas? Lo siento, pero tendré que darte de comer. Y me olvidé de traer un tenedor, me temo. ¿Prometes no morderme la mano?

El Youkai se quedó mirándola durante un largo momento antes de asentir con obvia desgana.

Dar de comer a un hombre adulto, especialmente a uno desnudo, era... extraño. Rin se ruborizó cuando llevó trozos de pollo a la boca de Yako. Observó su boca mientras masticaba, observó como trabajaba su musculosa garganta mientras tragaba.

Rin se encontró inhalando más profundamente, respirando el aroma de Yako. Él olía bien. Estaba algo perturbada por el repentino calor en su parte inferior. Bueno, esto era tan vergonzoso. Pero tal vez era una reacción normal. Nunca había estado tan cerca de un hombre, sin parentesco con ella, a su alrededor. Quizás era algo totalmente normal.

Excepto que su zona intima estaba pulsando y sintiéndose cada vez más húmeda.

Oh, mi dios.

Quizás todas las cosas degradantes que la gente decía sobre las mujeres eran ciertas. Rin siempre se había ofendido profundamente cuando alguien insinuaba sobre las mujeres de esa manera, pero por primera vez en su vida, se pregunto si las mujeres como ella, alejadas de cualquier otro varón que no sea familia o servidumbre, se abrirían de piernas con gusto por cualquier hombre viril. Porque no había otra explicación de porque de repente estaba así, solo por estar cerca de un Youkai. Un Daiyoukai muy feo. El cuerpo de Yako podría ser el de un hombre grande y musculoso, pero su rostro debería haber disuadido a Rin. No era así.

Con las mejillas encendidas, Rin no se atrevió a mirar a Yako a los ojos. ¿Podría haber olido su excitación? A juzgar por sus fosas nasales dilatadas, podría. Afortunadamente, el Youkai no hizo ningún comentario al respecto, comiendo vorazmente. Cuando terminó, lamió los dedos de Rin, y Rin tuvo que tragarse el gemido que amenazaba con salir de su boca. Maldición, ¿Qué le pasaba? Estaba temblando, le dolía la entrepierna.

Esos ojos brillantes se fijaron en ella. Los colmillos del Youkai pellizcaron el dedo de Rin.

Con la ropa interior incómodamente mojada, Rin aparto la mano y se aclaró la garganta, tratando de alejar la imagen mental de subir encima de ese gran hombre, lamerlo de la cabeza a los pies y dejar que enterrara sus filosos dientes en toda su piel.

Qué demonios... ¿De dónde venía esto?

¡Concéntrate, mujer!

Dándose la vuelta rápidamente para ocultar su rostro enrojecido, Rin caminó hacia la computadora y se puso los guantes; no quería dejar sus huellas dactilares en ninguna parte, por si acaso. Sus dedos aun temblaban cuando encendió la computadora. Había una contraseña, por supuesto, pero aún así le molestaba, eso le quitaría valiosos segundos. Hakudoshi no era muy imaginativo. Rin tardó varios intentos antes de adivinar la contraseña: el cumpleaños de su hermanastro, sencillo. Saco la memoria USB que Kanna le regalo y comenzó a copiar cualquier cosa que pareciera remotamente interesante.

-¿Qué estás haciendo? –Dijo la voz ronca detrás de ella.

-Quiero saber que está pasando aquí. –Dijo Rin, tratando de sonar casual y para nada como si no estuviera excitada. –Porque él te mantiene aquí.

-¿Él? ¿Te refieres a ese humano?

Rin no tenía que darse la vuelta para sentir el odio en la voz de Yako.

-Sí. Creo, ¿Lo conoces? –Casi se golpeó a su misma. ¿Por qué no lo había pensado? En su defensa, no había esperado que Yako le estuviera hablando. -¿Sabes porque te mantiene aquí?

-No. –Dijo Yako con brusquedad. –No lo recuerdo. No recuerdo nada hasta los últimos días.

-¿Pero? –Preguntó Rin.

-Los escuché hablar.

Rin asintió, alentándolo a continuar.

-Están buscando algún tipo de cura. –Dijo Yako.

Rin frunció el seño. ¿Hakudoshi estaba buscando algún tipo de cura médica? ¿Estaba literalmente usando a Yako como una rata de laboratorio?

-Tengo que irme. –Dijo cuando se completo la transferencia de datos. Apagó la computadora y dijo, sin mirar al Youkai. –Voy a revisar estos archivos y luego tal vez averigüe que está pasando aquí. Por favor, no le digas a nadie que estuve aquí o no podría volver para ayudarte...

-Ven aquí.

Rin se humedeció los labios.

-¿Por qué?

-Ven. Aquí. –Repitió Yako, su voz tan baja que casi era un gruñido.

¿Era la imaginación de Rin o podía sentir una energía extraña emanando de Yako? Rin no podía olerlo desde allí, y realmente no ayudaba en la situación bajo sus faldas.

Estaba segura de que el Youkai no tenía ninguna habilidad sobre natural que tuviera que ver con manipulación mental –porque fácilmente podría manipular a los que estuvieran haciéndole daño si ella estuviera equivocada–, y sin embargo, Rin se encontraba haciendo lo que le decían.

Se guardó la memoria USB en el bolsillo de su pantalón, y regreso hacia Yako con el corazón acelerado.

Los brillantes ojos rojos la miraron intensamente.

Cuanto más se acercaba Rin a él, más húmeda se encontraba. Dioses, esto era horrible. ¿Qué clase de mujerzuela era? Estaba goteando. Ya podía sentir el lubricante natural corriendo por su pierna.

Cuando se detuvó junto a Yako, las manos del Youkai se flexionaron, sus garras rasparon la mesa de metal a la que estaba encadenado.

-Hueles bien. –Dijo Yako, sus fosas nasales dilatadas. Se humedeció los labios. –Déjame probarte.

Rin se quedo sin habla, con el rostro enrojecido. No cavia duda de lo que quería decir.

-Tú... –Se las arregló decir. –Yo no... –Haciendo una mueca al Youkai, agarro sus cosas y casi se escapó.

Rin tuvo que detenerse en lo alto de las escaleras y enviarle un mensaje de texto a Kagome de que quería irse. Apoyada contra la pared, esperó el mensaje de "todo despejado" de su hermana, con los muslos apretados con fuerza y los dientes hundidos en el labio inferior. ¡Como se atrevía ese tonto, ese animal!

Cuando finalmente regreso a su habitación, Rin se dejó caer en su cama y miró al techo. Eso fue lo que conseguía por ser una buena persona: ¡Tratada como una puta por un Youkai! Agh. ¿Ese tonto había pensado que realmente Rin le dejaría... Probarla? Lamer entre sus muslos, lamer su entrada con su lengua...

Rin subió la falda y metió su mano entre las piernas con furia, imaginando a aquel Youkai feroz y sujetado, su suave lengua saboreando los pliegues de su calor.

Se vino con un débil gemido, avergonzada y asustada.

¿Qué demonios estaba mal con ella?