COMPLICES.
Rin estaba lo suficientemente enojada y avergonzada como para empujar al Youkai al fondo de su mente durante un par de días.
Pero al tercer día, su curiosidad, y su conciencia, finalmente superaron sus otros sentimientos y decidió revisar los archivos que había copiado en la USB.
Dos horas más tarde, Rin cerró los archivos, sintiéndose un poco mal del estomago. Y un poco asustada, si era honesta.
Los archivos eran un registro aparentemente mantenido por la Sacerdotisa y Doctora Tsubaki: Sus observaciones de los experimentos realizados en Yako. El registro era absolutamente repugnante por su falta de compasión. La Doctora Tsubaki trató a Yako como una cosa, describiendo desapasionadamente los conjuros avanzados, las drogas y los químicos tóxicos que se usaron en él y el efecto que tuvieron sobre el "sujeto".
Si Rin entendió el registro correctamente, el objetivo principal de esta mujer era el revertir el trabajo del conjuro anterior y devolverle al salvaje Youkai su racionalidad, pero sin que se transformara en su forma original. A juzgar por la nueva habilidad de hablar que había visto en Yako, los experimentos fueron claramente exitosos, al menos en parte. Lo que Rin no entendió fue el "porque" estaba haciendo todo esto, porque Hakudoshi estaba llevando a cabo estos experimentos ilegales. No tenía sentido.
Aunque los registros eran secos y prácticos, la creciente frustración de la mujer era obvia. Parecía que no estaba contenta con su progreso, frustrada por incapacidad para revertir la apariencia bestial y los instintos del Youkai.
Y luego estaba la otra parte de la "investigación": sus experimentos físicos para comprobar la capacidad de curación de un Youkai. Parecía que cada vez que probaban el nuevo conjuro en Yako, tenían que asegurarse de que el factor de curación de Yako no se viera afectado, parecía ser su prioridad. Había un registro que decía que habían probado una nueva droga y una variación del conjuro anterior, y juntos mostraban un gran potencial para revertir la apariencia bestial de Yako, pero aparentemente afectó negativamente a su factor de curación, por que tuvieron que dejar de administrarlos.
Fue extraño. Por un lado, intentar revertir los efectos del complicado conjuro anterior parecía una buena acción. Excepto que parecía que la investigación se estaba haciendo por alguna otra razón, menos que altruista. Sin mencionar que Yako claramente no había dado su consentimiento para estos experimentos, y seguro que no había dado su permiso para ser torturado físicamente por el bien de la ciencia.
Rin necesitaba sacarlo de allí. No tenía elección. Su conciencia no le permitiría ignorar el problema, sin importar cuán avergonzada e inquieta estuviera por su reacción a Yako. A veces una tenía que aguantar y dejar de lado los sentimientos personales, y este era uno de esos momentos.
Rin consideró sus opciones.
Parecía que el pensamiento racional de Yako se había restaurado lo suficiente; en su estado actual, era poco probable que fuera un peligro para los demás si Rin lo dejaba en libertad. Pero ¿Cómo se suponía que iba a hacer eso?
Necesitaba la llave de las esposas.
Más tarde esa noche, Rin se escabulló a la oficina de su hermanastro. La casa estaba en silencio. Era lo suficientemente tarde para que todos estuvieran en la cama. O eso había pensado.
Podía escuchar voces débiles provenientes de la oficina de su hermano.
Rin se quedó paralizada, mirando hacia la puerta. Luego se acercó, agradeciendo su costumbre de ir por ahí sin zapatos casi todo el tiempo, antes de presionar la oreja contra la puerta.
-¡Ha pasado más de un mes!
-Eso no es suficiente, señor Muso. –Dijo una voz femenina desconocida. -¡Estamos haciendo todo lo que podemos y el progreso que hemos logrado es francamente increíble! Si se me permitiera publicar los resultados de nuestra investigación hacia la salud y como alargaría la vida de los humanos, sería el mayor descubrimiento de...
-No me importa. –Gruñó Hakudoshi. –Se me acaba el tiempo.
-Señor, francamente hablando, no entiendo porque no nos permite utilizar el conjuro que ya tenemos preparado. No se convertirá en una criatura salvaje como la del sótano. Simplemente será algo más parecido a un Hanyou...
-No me hables como si eso fuera algo bueno. –Dijo Hakudoshi, con un tono lleno de desdén. -¡Nunca estaré de acuerdo en convertirme en uno! Son criaturas repugnantes, incluso más que los mismos Youkais.
Un suspiro.
-Estamos haciendo nuestro mejor esfuerzo, señor Muso. –Dijo la mujer, su voz casi suplicante. Rin pudo leer fácilmente que era falso. –Pero debe entender que nos está pidiendo que hagamos lo imposible en cuestión de semanas. ¡Este Conjuro es demasiado poderoso y peligroso! No puede esperar...
-Te estoy pagando una fortuna por hacer lo imposible, Tsubaki. –Le espetó Hakudoshi. –Trabaja más rápido. Me niego a convertirme en un asqueroso Hanyou o algo parecido, que se debilita una vez al mes.
-Muy bien. –Dijo Tsubaki con un suspiro. –Seguiremos intentándolo. Nuestro progreso ha sido increíble. Él ya puede hablar y pensar de manera algo racional, pero hasta ahora no hemos logrado arreglar su apariencia física y sus instintos bestiales.
-Esfuérzate más. –Dijo Hakudoshi mordazmente. Después de una pausa agregó. -¿Aún no recuerda quién es?
-No, señor.
-Hmm, avísame si lo hace. Tengo algo de curiosidad al respecto. Si el Reino del Oeste se molestó en ocultar toda la información de manera brillante, podría ser alguien importante. Quizás incluso alguien de la realeza.
-Señor, ¿No es...No es peligroso? ¿Si realmente es alguien importante?
-No tiene importancia. –La voz de Hakudoshi era plana. –Sabes que no la tiene.
El silencio resultante hizo que a Rin se le congelará el cuerpo.
¿Qué...? ¿Su hermano quiso decir que tenía la intención de matar a Yako?
-Además. –Dijo Hakudoshi. –Bien podría ser un Daiyoukai diferente, no el que causó un escándalo en la fiesta del mes pasado. No tenemos forma de saberlo.
-Bueno, este conjuro es especialmente difícil de realizar, y solo expertos en la materia altamente calificados podrían realizarlo. –Dijo Tsubaki, sonando escéptica. –Incluso yo apenas pude aprenderlo cuando mi maestro vivía, decía que podría matar al monstruo o matarme a mí en el proceso, así que realmente muy pocos se atreven a conocerlo y más aún a realizarlo. Las probabilidades de que otro Daiyoukai sea afectado por ese conjuro en el corto plazo parecen bastante escasas. Debe ser el mismo.
-No tiene importancia. –Repitió Hakudoshi, su voz más dura. –Lo importante es que hemos encontrado un sujeto para tus experimentos desesperados por encontrar la juventud eterna. Ahora debes hacer tu parte.
-¡Lo haré! Por supuesto que lo haré.
Las voces sonaron más cercanas, así que Rin se alejó apresuradamente, tratando de no hacer ningún ruido. Su corazón todavía latía con fuerza cuando regresó a su habitación, su mente dando vueltas por lo que había escuchado.
Está bien. PIENSA. Puede que no sea Kanna, pero no era estúpida. ¿Qué había aprendido?
La mujer, Tsubaki, quería usar el mismo conjuro que usaron con Yako. El Conjuro –que no tenía nada que ver con la película que vio el mes pasado–, era poderoso y extremadamente difícil de aprender, pero amplificaba los genes de designación inactivos de la persona y convertiría al hermanastro de Rin en un Hanyou. Lo que significaba...
Parecía que su hermanastro estaba enfermo. Gravemente enfermo. Con el disgusto bien documentado de Hakudoshi hacia las criaturas con capacidades superiores a las humanas, no había forma de que considerara convertirse en uno a menos que estuviera en su lecho de muerte. No fue difícil adivinar por que la tal Tsubaki le sugirió usar lo que ya tenían: Los Hanyou tenían un metabolismo y una regeneración elevados. No eran Youkais, pero sus cuerpos eran capaces de destruir células malas, razón por la cual nunca tuvieron cáncer.
¿Haku podría tener cáncer? Había varios tipos de cáncer que eran incurables incluso con la medicina moderna. En teoría, convertir a un humano común y corriente a un Hanyou con mayor regeneración probablemente debería ayudar.
Excepto que Hakudoshi claramente no estaba contento con la solución y no deseaba ser un mitad bestia. De ahí los experimentos con Yako. Intentaban revertir los efectos del Conjuro, para que obtuviera la curación, pero no el cambio de su biología.
Y cuando lograran hacerlo, iban a matar a Yako. Nunca lo dejarían ir.
Rin paseaba por su habitación, su ansiedad aumentaba. Ah-Un la seguían con la mirada desde su pequeña cama a los pies de su tocador.
¿Y si intentaba ponerse en contacto con el reino Youkai? Si Yako era un Youkai del Oeste, si era alguien lo suficientemente importante como para justificar la protección del mismísimo rey, era probable que lo ayudaran. Excepto que las relaciones entre demonios-humanos volvieron a tensarse. No había forma de que nadie en el Reino del Oeste estuviera dispuesto a escuchar a una chiquilla de otro país. Era poco probable que Rin pasara más allá de una secretaría de bajo nivel. Simplemente no parecía realista. Sin mencionar que Rin no quería que su familia se viera envuelta en ningún tipo de escándalo. Kagome la odiaría absolutamente si arruinara su próximo debut en la sociedad. Bueno, estrictamente hablando, era SU debut, pero Rin no era quien se iba a quedar con todos los pretendientes. Kagome y su madre habían estado soñando con su temporada social durante años; ya se había pospuesto dos veces debido a la muerte del abuelo y de su madre y padrastro. Su debut fue importante para ella. Rin podía burlarse de la vanidad de su hermana, pero aun así la amaba. No podía arruinar los sueños de Kagome.
Entonces, ¿Qué podía hacer ella?
Podría ayudar a Yako a escapar. En otras palabras, su plan no había cambiado.
Todavía necesitaba encontrar la llave de esas esposas.
. . .
Tuvo suerte dos días después.
Su hermano había dejado la finca por algún negocio. Al menos eso fue lo que dijo. Después de todo lo que había escuchado, Rin era escéptica de cualquier cosa que dijera Hakudoshi, pero ciertamente no se estaba quejando. Con su hermanastro fuera, podría registrar sus habitaciones y oficina sin temor a ser atrapada. Solo esperaba que Hakudoshi no se llevara la llave.
Su suerte duró. Rin encontró las llaves en el dormitorio de su hermano. Al menos esperaba que una de esas llaves fuera la correcta: algunas de ellas definitivamente parecían del tipo que abriría la cerradura electrónica de las esposas. Sonriendo aliviada, Rin puso las llaves en su bolsillo y casi corrió a la habitación de Kagome.
-¡Necesito tu ayuda!
Kagome levantó la vista de su libro y puso los ojos en blanco.
-No voy a coquetear con los guardias de nuevo.
Rin se dejó caer a su lado en la cama.
-¿Porfié, por favor, hermanita hermosa?
Resoplando, Kagome volvió su mirada a su libro.
-No.
-¡Vamos, Kag! –Rin se acercó. -¿Qué estás leyendo? No sabía que leías.
Se ganó un golpe en la cabeza por sus burlas.
¿Kagome estaba sonrojada?
-¿Te estás sonrojando? ¿Qué estás leyendo? –Rin agarró el libro y miró la portada antes de que Kagome pudiera detenerla. Se rió cuando vio el título. -¿La nobleza de la alta sociedad en el mundo Humano y Youkai?
-Cállate. –Kagome dijo a la defensiva. -¡Tu también deberías leerlo! Todas las doncellas casaderas adecuadas lo hacen.
-Es aburrido. –Dijo Rin, arrugando la nariz. -¿Por qué debería leerlo?
-Para hacer una búsqueda de un buen partido. –Dijo Kagome, como si Rin fuera la estúpida. Sus bonitos ojos castaños se fijaron en Rin con algo parecido al desconcierto. -¿No quieres casarte? ¿Tener una vida cómoda?
-¿Tener una vida cómoda? ¿Qué se supone que significa eso? Si te refieres a casarte con un hombre con un gran título, es muy poco probable. Los nobles de alto rango se casan con alguien por debajo de su posición solo si la chica es una belleza. Entonces... No es relevante para mí.
Kagome frunció el seño.
-Ojala no hablaras de ti de esa manera. Eres muy bonita.
Sintiendo una oleada de afecto, Rin pasó una mano por el cabello de Kagome.
-Eres parcial. –Dijo con una pequeña risa. –No soy nada especial. No soy fea ni nada por el estilo, pero parezco una criada algo agradable, no una hija de alta cuna. No hay nada extraordinario en mí. Los hombres, y mucho menos hombres tan poderosos, jamás miran a las mujeres como yo.
Kagome todavía tenía el ceño fruncido.
-Podrías casarte con un vizconde.
Rin se rió de nuevo.
-¡Podrías! –Kagome dijo obstinadamente. –Hay treinta y seis vizcondes solteros solo en los humanos...
-Tu conocimiento me aterroriza. –Dijo Rin con una sonrisa torcida. –Déjalo, Kag. No voy a convertir mi temporada social en un circo por conseguirme una pareja. No quiero eso, de todos modos. Todos sabemos que eres tu quien hará eso. ¿Con quién te quieres casar?
Kagome se sonrojó un poco.
-Yo no elegí a nadie. Sería muy inapropiado elegir a un hombre antes de conocerlos. Y sería muy vanidoso de mi parte...
-Oh, vamos. –Dijo Rin. –No te creo. Estoy segura de que has reducido los candidatos a dos o tres.
-Bien. Pero no se lo digas a nadie.
-Mis labios están sellados. –Prometió Rin, reprimiendo una risa y poniendo su rostro más serio.
-Ahí está el joven conde Houjo. –Dijo Kagome pensativa. –Sería un excelente marido para cualquier chica: Rico, bastante joven y guapo. También está el líder de la tribu de los lobos Koga, es uno de los youkai más apuestos que existen, sin duda.
-Pensé que preferías a los humanos que a los Youkai. –Dijo Rin, bostezando. Toda esta charla sobre posibles pretendientes era menos divertida de lo que esperaba.
Kagome se encogió de hombros.
-Lo hago, pero tienes que mantener abiertas tus opciones. Igual, a quien yo escoja, no es que vamos a jugar cartas precisamente todo el día.
Rin se sonrojó y le dio un puñetazo en el hombro. -¡Kagome! –Dijo, ahogándose con la risa.
Kagome sonrió.
-¡Vamos! ¡Como si nunca lo hubieras pensado! Obviamente, existen diferencias entre los humanos y los Youkais, pero ambos tienen sus propias ventajas.
La imagen de Yako desnudo en su sótano brilló en la mente de Rin. Con las mejillas calientes, Rin desvió la mirada.
-¿Hay...Hay algún Daiyoukai entre tus candidatos elegibles? –Rin dijo después de un momento. De hecho, no tenía idea de si Kagome compartía el prejuicio de Hakudoshi.
El rostro de Kagome hizo algo extraño.
-¿Qué? –Dijo Rin, su curiosidad aumentando.
-Sabes que Hakudoshi estaría en contra de que cualquiera de nosotras se casara con un Daiyoukai. –Dijo Kagome con cuidado, estudiando sus uñas. –Pero técnicamente, él no es nuestro jefe oficial hasta que Sota sea declarado muerto. Además, si un Daiyoukai rico y con título me ofrece matrimonio, no creo que a nuestro "amado hermano" le importe tanto...
Rin sonrió.
-¿Quiénes son? ¿A quién elegiste?
-No lo hice. –Dijo Kagome, sus dedos jugueteando con las sabanas. –Pero el príncipe Sesshomaru, el youkai más guapos del planeta. Sería ridículo rechazarlo porque es un Daiyoukai del más alto nivel registrado, según algunos artículos que encontré en Internet. Es rico, hermoso, tiene título y...
-¡Es el hijo mayor del rey del Oeste, Kagome! –Dijo Rin, escandalizada cuando logró levantar la mandíbula. No tenía idea de que las ambiciones de Kagome fueran TAN altas. –No solo es un príncipe. ¡Es EL príncipe de todo el Oeste, quien probablemente herede el trono algún día! Nuestra familia apenas y tiene el estatus necesario para asistir a los eventos importantes.
Kagome no parecía desconcertada.
-¿Y qué? ¿Crees qué le importe si se enamora? –Sonrió soñadoramente. –Es tan guapo, Rin.
Con eso Rin no podía discutir. Incluso ella a veces se detenía y miraba fijamente cuando mostraban a la familia real en las noticias. El rey Inu No Taisho al lado de su hermosa esposa humana Izayoi, y en medio de ellos su apuesto hijo Hanyou: Inuyasha; los dos varones eran increíblemente apuestos, pero palidecían por completo al lado del legitimo heredero del reino del Oeste, Sesshomaru. El hombre era alto y de cabello plateado, que hacía que todos los demás hombres palidecieran en comparación. Era más o menos el equivalente hombre de Kagome: De una belleza tan asombrosa que no parecía real. Quizás estaban bien emparejados, después de todo.
-Aún así. –Dijo Rin. –Por favor reduce tus expectativas, Kag. Se dice que tiene un gran prejuicio hacia los humanos. Y además, si apuntas al joven Taisho, cualquier otro hombre parecerá un premio de consolación en comparación.
-Lo sé. –Dijo Kagome, pero a juzgar por su expresión, no se estaba tomando en serio las palabras de Rin.
Rin negó con la cabeza con una pequeña sonrisa. Su hermana estaba acostumbrada a tener a todos envueltos alrededor de su dedo meñique. Su aspecto angelical generalmente dejaba que Kagome se saliera con la suya, por lo que Kagome probablemente no podía imaginar a alguien que no se enamorara de ella. No era realmente vanidad cuando era cierto, ¿Verdad? Por lo que Rin sabía, el príncipe Sesshomaru echaría un vistazo a Kagome y se enamoraría. Todos los demás lo hicieron, después de todo.
-Realmente necesito tu ayuda, Kag. –Dijo Rin, cambiando de tema. –Es importante. ¿Una última vez?
Kagome suspiró.
-No haré nada hasta que me digas porque te estás metiendo en el sótano. Creo que es una solicitud justa, considerando que si te atrapan, yo también me meteré en problemas.
Rin tuvo que admitir que su hermana tenía razón.
-Está bien. –Dijo con un suspiro y comenzó a hablar.
No le conto todo a Kagome, definitivamente no menciono la vergonzosa reacción de su cuerpo ante Yako, pero le conto las partes importantes.
Kagome pareció gratificantemente perturbada cuando terminó.
-¿Quieres ayudarlo a escapar? –Dijo, frunciendo el ceño. –Pero Hakudoshi sospechara de una de nosotras si alguien libera a ese Daiyoukai.
-Puede sospechar de nosotras todo lo que quiera, pero mientras no nos atrapen, no puede probar nada. Y no es que nos vaya a preguntar al respecto. ¡Lo que le está haciendo a Ya... a ese pobre Youkai es ilegal, Kag! Si sale a la luz, arrestaran a Hakudoshi.
-Pero si ayudas al Youkai, ¿No arrestaran a Hakudoshi de todos modos? –Dijo Kagome, mirándose las manos. Se mordió el labio. –No podemos permitirnos un escándalo. Nuestro debut en la sociedad está a solo dos meses, Rin.
Por supuesto que eso era lo que preocupaba a Kagome.
-¿Es tu debut en la preciosa sociedad más importante que alguien en quien se está experimentando y posiblemente será asesinado? –Rin dijo enojada.
Kagome la fulminó con la mirada.
-Lo siento si estoy pensando en nuestro futuro. –Dijo con la misma dureza. –Si Sota no regresa dentro de tres meses será declarado oficialmente muerto y nuestra casa pertenecerá a Hakudoshi. ¿Quieres depender de su caridad por el resto de tu vida? ¡Aquí no tendremos derechos, ni dinero! Cuando sea el cabecilla, Hakudoshi podrá hacernos lo que quiera: Casarnos con viejos pervertidos repugnantes o echarnos de la casa mientras él se queda solo con Kanna. ¡Tengo que casarme bien y rápido para estar segura de que nuestro futuro esté asegurado!
Oh.
Rin miró fijamente a su hermana, sin palabras. En realidad no lo había pensado de esta manera. No había pensado que Kagome pudiera sentirse tan presionada para casarse. A Kanna no le pasaría nada muy grave por ser hermana de sangre de Hakudoshi, pero era muy joven y no podría salir de su control, y Rin era... Rin, así que, por supuesto, la responsabilidad de casarse con un buen partido recaía sobre los hombros de Kagome; ella era la más hermosa, después de todo.
Arrojó una nueva luz sobre la obsesión de Kagome con su debut en la sociedad y sus pretendientes de alto rango. Su hermana se sentía responsable de ellas. Quería protegerlas.
Con la garganta un poco apretada, Rin abrazó a Kagome, presionando sus mejillas juntas.
-Lo siento. –Murmuró, inhalando el aroma familiar de su hermana, su perfume de rosas combinado con el shampoo de su cabello. Ella ya se había sacrificado abandonando sus estudios y teniendo que ocultar sus poderes espirituales de todo el mundo. Si alguien más lo descubría, seria aun peor, por que tratarían de mandarla a algún entrenamiento de sacerdotisa y perdería su oportunidad de conseguir un buen marido. –No sabía que estabas preocupada por eso.
Kagome suspiró y se apartó.
-Por supuesto que me preocupo. Alguien tiene que hacerlo. –Se frotó la frente con la punta de los dedos. –Ahora entiendes por qué nuestra familia no puede permitirse un escándalo en este momento, ¿Verdad? Primero tengo que casarme.
Rin lo consideró.
-¿Y si...? ¿Y si liberamos al Youkai y lo llevamos lejos de aquí para que no pueda atraer a las autoridades a nuestra casa? No creo que sepa el nombre de Hakudoshi. No es exactamente racional en este momento. Dudo que cosas como los nombres se le registre.
-Eso podría funcionar, tal vez. –Kagome sonaba escéptica. -¿Pero cómo lo llevaras lejos si no quiere ir? Los Youkais son mucho más fuertes que los humanos, por no hablar de las mujeres.
Rin arrugó la frente.
-¿Supongo que tendré que convencerlo de que es lo mejor? –Dijo haciendo una mueca. Sabía que había muchos agujeros en su plan, pero no podían hacer nada.
Al darse cuenta de que Kagome le estaba dando una mirada extraña, Rin dijo:
-¿Qué?
-¿Estas...? –Kagome sonrió torcidamente. -¿Estás segura de que no estás siendo influenciada por el Youkai?
Rin parpadeó.
-¿En qué manera?
Kagome miró alrededor de la habitación antes de finalmente mirarla. Un leve rubor en sus pómulos.
-Dicen que los Daiyoukai afectan a las mujeres con más facilidad. Como, combinar su Youki con feromonas animales y todo eso.
Rin farfulló.
-No seas tonta. Además, siempre uso mi amuleto contra hechizos que me dio el abuelo. –Dijo ella mostrando una pulsera que tenía un frasquito lleno de pequeños frutos secos. Su abuelo se lo entregó en su cumpleaños número 15 argumentando que supuestamente eran de la suerte, y que había pertenecido a su familia por generaciones.
-¿Sabes que todos los amuletos y chucherías que nos daba para la "buena fortuna" eran mentira, verdad? –Los ojos de Kagome entrecerrados a esa cosa.
-¿Eh? Ah... Si. –Rayos. Con cuidado, NO pensó en su reacción a Yako.
-Bien. –Dijo Kagome. –Como sea. Lo siento, fue una estupidez de mi parte. Probablemente sea realmente feo y asqueroso en su forma cambiada en este momento, ¿Verdad?
Rin asintió rápidamente, pero su mente estaba dando vueltas. ¿Kagome podría tener razón? ¿Podría su compasión por Yako deberse al hecho de que él era un Daiyoukai y ella era una mujer humana vulnerable? Supuestamente las mujeres que caían rendidas a los Youkais eran más fértiles, más cariñosas, y supuestamente más apasionadas.
Sintiéndose incomoda, Rin decidió cambiar de tema.
-De todos modos, ya encontré la llave de sus esposas. Todo lo que necesito de ti es distraer a los exterminadores de una manera que no haga que Hakudoshi sospeche de ti.
-Hmm... –Kagome sonrió de repente. –Podría "accidentalmente" prender fuego a la sala de estar más pequeña. Está lo suficientemente cerca del sótano como para que los guardias vengan corriendo si grito pidiendo ayuda.
-Inteligencia y belleza. –Dijo Rin, besando a Kagome en la mejilla. –Si el futuro Lord del Oeste no se enamora de ti a primera vista, es un idiota.
Kagome se rió y la empujó.
