MÍA.

Decidieron convertir el plan en acción esa misma noche. Kagome tenía dudas, pero Rin la convenció de que debían hacerlo mientras Hakudoshi no estuviera en casa. Era posible que no tuvieran otra oportunidad como esta en el corto plazo.

Así que Rin se acurrucó en el armario cerca del sótano, esperando a que Kagome hiciera su parte.

No tuvo que esperar mucho.

Muy pronto, se escucharon los gritos de pánico de Kagome y luego sonidos de personas con botas pesadas corriendo junto al armario.

Entonces todo se quedó en silencio.

Con el corazón latiendo con fuerza, Rin salió del armario y rápidamente se dirigió al sótano. No tenía idea de cuánto tiempo tenia: Probablemente diez minutos, si tenía suerte. Debería ser suficiente. Tenía que ser. Con suerte, a los guardias no se les ocurriría comprobar cómo estaba su prisionero (rara vez parecían hacerlo), así que Rin esperaba que no se enteraran de que Yako había desaparecido hasta la mañana. Y, con suerte, nadie se daría cuenta de que Rin también había desaparecido.

Rin sabía que había demasiadas variables en su plan. Tantas cosas podrían salir mal, y probablemente saldrían mal. Pero tenía pocas opciones. Hakudoshi iba a hacer que mataran a Yako después de que terminaran de experimentar con él. No podía simplemente no hacer nada. Tenía que ayudarlo.

Yako ya la estaba mirando cuando Rin entró al sótano, sus brillantes ojos rojos alerta y más que un poco desconcertantes. Su cuerpo alto y grande parecía tenso, sus músculos rígidos. No parecía haber nuevas heridas en su cuerpo, lo cual fue un alivio, no había tiempo para curarlo.

-Hola. –Dijo Rin, acercándose a la mesa de metal y sacando las llaves que había robado de la habitación de Hakudoshi. Sintió una sacudida de ansiedad, pero la tercera llave que probó funcionó.

Sonrió aliviada cuando las esposas se abrieron. Su sonrisa fue borrada cuando una mano con garras agarró su muñeca en un apretón castigador. Un segundo después, Rin se encontró de espaldas, con Yako asomándose sobre ella, sus brillantes ojos mirándola. Garras afiladas presionando contra su garganta.

Rin se humedeció los labios con la lengua, el corazón le latía con fuerza contra las costillas.

-Grosero. –Dijo con una sonrisa temblorosa. Se sintió acalorada. Y helada al mismo tiempo. En su defensa, nunca había tenido a un hombre desnudo encima de ella. –Estoy tratando de ayudarte, grandullón. ¿No te acuerdas de mí? Y realmente, realmente no tenemos tiempo para esto. Déjame ir.

Yako inhaló profundamente, sus fosas nasales dilatadas. ¿Medía la sinceridad de Rin? ¿Su sentido del olfato era tan bueno, incluso a pesar de los medicamentos que Rin tomaba para reducir su nivel de hormonas?

Rin obligó a su cuerpo a relajarse. Si parecía una chica indefensa y tranquila, no amenazadora, seguro Yako confiaría en ella. Parecía haber funcionado, porque el destello depredador se estaba desvaneciendo de esos ojos brillantes, algo de racionalidad regresando a ellos. Algo siendo la palabra clave. Todavía había algo claramente primitivo en la forma en que Yako la miraba. Un tipo diferente de primitivo.

Rin tragó, volviéndose cada vez más consciente del cuerpo pesado y desnudo encima de ella. De la dura cadera entre sus muslos. De un fuerte aroma que era a puro hombre, un aroma que empezaba a hacer cosas terribles en su cuerpo de nuevo. Olía tan bien. ¿Cómo podía oler tan bien alguien que probablemente no había tenido una ducha real, no más que cubetadas de agua fría, en eones? Fue jodidamente injusto. Rin prácticamente podía sentir que sus funciones cerebrales superiores se cerraban con cada inhalación codiciosa, sus pezones se ponían duros contra su ropa y su agujero se volvía vergonzosamente resbaladizo. Estaba mojada de nuevo, solo por tener a este extraño y feo hombre encima de ella. Fue jodidamente horrible, y sin embargo...

Y, sin embargo, se encontró a sí misma bajando los ojos tímidamente y descubriendo la garganta.

Yako gruñó y empujó su rostro contra su cuello, su aura demoniaca se espesó y se volvió tan abrumadora que Rin gimió y abrió las piernas, dolorida de necesidad entre ellas.

La excitación fue tan repentina como abrumadora. Rin gimió, su cuerpo temblaba por la impaciencia y el torrente de hormonas. Ella quería. Quería... algo duro dentro de ella. Quería una polla. Quería que este hombre, Yako, la follara con su polla.

Una parte de ella, la parte que todavía estaba tratando de pensar, gritaba: ¡Detente! ¿Qué estás haciendo?

Pero Rin no pudo. No tenía idea de que era posible desear tanto, tan rápido, sentirse tan desesperada por ello, como si fuera a morir si no metía a este hombre dentro de ella, ahora.

Como si escuchara sus pensamientos, Yako gruñó en su cuello, su poderoso cuerpo vibraba con tensión. Se escuchó el sonido de la tela rasgándose, y Rin se dio cuenta de que Yako debió rasgar sus pantalones deportivos y su ropa interior, dejándola desnuda debajo de la cintura.

Sí. Sí-

Yako abrió sus muslos y empujo su polla hacia ella.

Rin gritó, sus ojos se agrandaron y se desenfocaron. Dioses. Que apuro. ¿Acababa de correrse? No estaba segura. Pero se sintió tan bien. La gruesa longitud en ella probablemente le habría dolido si no estuviera tan mojada, tan lista para esto. Sus paredes apretaban la polla en su interior con avidez, y gimió, impaciente por más.

Y Yako le dio más. Comenzó a follarla, duro y rápido, gruñidos animales salían de su garganta mientras su polla entraba y salía del agujero de Rin. Oh, diablos, demonios, muy bueno. Rin gemía y gruñía con cada poderoso empujón. No podía tener suficiente, apretando alrededor de la polla en ella, sus uñas hundiéndose en la musculosa espalda de Yako, instándolo a seguir.

-Sí, sí, por favor, muy bien, más...

Parte de ella estaba mortificada por su propio comportamiento desvergonzado: Estaba dejando que un hombre extraño la follara, como si fuera algún animal en celo y no la doncella pura e intacta que se supone que era. No solo eso: El hombre en cuestión era un Daiyoukai en estado salvaje, todo garras y colmillos. Debería haberse sentido repugnante. No debería haber estado gimiendo y apretando alrededor de la polla de este extraño youkai, rogando por más. Pero no pudo detenerse. Sentía que moriría si Yako dejaba de follarla. Sentía que moriría felizmente con esa polla, amaba esto, necesitaba esto, quería esto más que nada...

Rin se arqueó, empujando hacia atrás sobre la polla que golpeaba en ella.

-¡Ah, más profundo! –Sabía que estaba siendo ilógica, no había forma posible de que Yako pudiera follarla más profundamente, podía sentir su polla prácticamente contra su vientre, pero de alguna manera no era suficiente. Necesitaba... necesitaba... -¡Más profundo!

Yako gruñó y hundió los dientes en su cuello, y el mundo explotó, sus sentidos se aceleraron, ola tras ola de placer la invadió. Rin se corrió con un sollozo, apretando la polla en su interior, con fuerza. Tan increíblemente bueno.

Yako se puso rígido, y luego Rin sintió que el grosor dentro de ella crecía, de manera alarmante. El líquido caliente la llenó.

Rin abrió los ojos aturdida y miró al techo al darse cuenta de lo que estaba sintiendo. Yako la había anudado, llenándola de su semen. La había marcado como su pareja.

Una risita salió de la boca de Rin, y luego otra, antes de convertirse en una risa. De alguna manera se las había arreglado para perder su virginidad con un Daiyoukai, y al parecer no era capaz de separarse, y aun no la habían besado. Fue algo gracioso, en cierto modo.

Yako, todavía encima de ella, hizo un sonido interrogativo, su rostro aún enterrado contra el cuello de Rin mientras la marcaba con su olor perezosamente. Sus dientes aun estaban...

La sonrisa de Rin se congeló en sus labios.

Oh, Dioses. Yako la había mordido. Y la anudó. ¿Eso significaba que... eso significaba que ahora estaban unidos?

Se concentró, y trató de enfocarse en si algo era diferente, pero fue difícil. Su cuerpo todavía se sentía demasiado suave y satisfecho, el nudo en ella la hacía sentir casi en lo alto de la sensación. No podía decir si la marca se había fijado. Pero el hecho de que todavía no tenía deseos de empujar a Yako a pesar de sentirse saciada probablemente, era preocupante. De hecho, la mera idea de estar separada de Yako le provocó una sensación de pánico en el pecho, y Rin descubrió que sus brazos se apretaban alrededor de la espalda de Yako.

Diablos.

Sí, estaban unidos.

¿Ahora qué?

Está bien. No había necesidad de entrar en pánico todavía.

Lo primero era lo primero, necesitaba sacar a Yako del sótano. Todavía tenía que ayudarlo a escapar.

¿Cuánto tiempo tardó en bajar un nudo? Probablemente más del que tenían. Debería moverse, debería alejarse...

Rin perdió el hilo de sus pensamientos, una ola de cálido placer se extendió por su cuerpo cuando tiró del nudo. Se sentía increíblemente bien, como si estuviera destinado a estar allí, dentro de ella. Fue un placer diferente del orgasmo alucinante que acababa de tener, más suave y satisfactorio, y al que era increíblemente difícil de renunciar.

Está bien. Tal vez no estaría de más yacer así por un momento. No era como si pudiera ayudar a Yako a escapar mientras estaban atrapados así.

Así que Rin se relajó y cerró los ojos, pensando que esperaría a que el nudo desapareciera. Se sentía demasiado bien para preocuparse por cualquier otra cosa.

Honestamente, no tenía idea de cuánto tiempo pasó. Podrían haber sido minutos y podrían haber sido horas. El nudo en ella se sintió increíble.

Por fin, Rin abrió los ojos, dándose cuenta de que Yako la estaba follando de nuevo, esta vez con menos urgencia, pero definitivamente follándola. El nudo se había ido. Pero la polla dentro de ella no lo hizo.

-Mira. –Dijo Rin con una risa que salió más como un gemido. –No tenemos tiempo para esto, tenemos que sacarte de... ¡Oh sí, ahí está!

Así que podría haber dejado que Yako la follara de nuevo o no.

Podría o no haberse deshecho de la polla de Yako con gemidos desvergonzados que habrían hecho sonrojar a una puta.

Al menos esta vez logró evitar que Yako la anudara.

-Todo esto es tú culpa. –Se quejó Rin cuando terminó, alejándose de Yako y casi cayendo al suelo, sus extremidades estaban temblorosas. Su cuerpo se sentía... bien usado, sus muslos temblaban y los músculos de los que ni siquiera estaba consiente estaban agradablemente adoloridos. –Vine aquí para ayudarte, ¡No para perder mi inocencia! –Sacó su teléfono del bolsillo y maldijo cuando vio cuanto tiempo había pasado. Más de una hora. Maldita sea. –No hay posibilidad de que los guardias no hayan regresado. ¿Qué vamos a hacer ahora? –Toda la planificación que había hecho, ahora no sirvió para nada. Tuvieron suerte de que los guardias no se hubieran dado cuenta de que la puerta estaba abierta, pero ¿Cuánto duraría su suerte? Seguramente lo notarían pronto.

Yako también se puso de pie. Él estiró sus músculos, haciendo una mueca, debían estar rígidos después de un mes de estar encadenado a esta tabla. De hecho, su regeneración sobrenatural era probablemente la única razón por la que no estaba sufriendo un dolor inmenso ahora.

Frotándose los labios, Rin se obligó a apartar los ojos del musculoso cuerpo de Yako y volvió a mirar su teléfono. Tenía cuatro mensajes de Kagome, cada uno más alarmado que el anterior.

"El fuego se apagó. ¡Están regresando! ¿Dónde estás?".

"¿Lograste sacarlo? Todo está tranquilo".

"¿RIN?".

"Si sigues ignorándome, ¡Te juro que te mataré la próxima vez que te vea!".

Rin suspiró, preguntándose qué debería hacer. Kagome estaría más que enojada si se enterara de que Rin había desperdiciado la oportunidad que Kagome le había dado.

Rin miró sus pantalones rotos. Afortunadamente su blusa holgada era lo suficientemente larga como para cubrirla bajo los muslos, pero nada más. Simplemente genial. Jodidamente fantástico.

Se acercó a su bolso y sacó la ropa que había encontrado para Yako.

-Ten, estas son para ti. –Dijo sin mirar a Yako, deseando haber dejado en el fondo alguna otra prenda. La ropa que le dio a Yako pertenecía a uno de sus sirvientes, un hombre alto y grande, por lo que de todos modos no le quedaría bien a Rin, pero a veces olvidaba algo en el fondo de la mochila. –Vístete.

Por un momento pensó que Yako no le entendía, pero luego Rin escuchó el susurro de la ropa y exhaló de alivio. Luego dio brincos de alegría cuando encontró unos shorts rosados, probablemente de cuando fueron a la playa hace ya más de un año. Se los puso rápidamente, agradeciendo que aun le quedaran y no tener que preocuparse de estar desnuda.

Luego volvió a preocuparse. ¿Qué iban a hacer ahora?

Rin salió de sus pensamientos cuando una mano la agarró del brazo y, sin demasiada suavidad, fue cargada en un par de fuertes brazos y se dirigían a las escaleras que conducían a la puerta de entrada.

-¿Qué estás haciendo? –Dijo Rin, abrazándolo del cuello, y mirando a Yako. Estaba vestido, gracias a los dioses, pero el efecto extraño y perturbador que tuvo en el cuerpo de Rin todavía estaba allí. Joder, olía increíble. Como todo lo bueno del mundo. Rin apenas pudo evitar meter la cara en el cuello de Yako y respirar.

Esperen... ¿Oler?

Olfateo de nuevo, y efectivamente, podía captar un olor potente en su nariz. También sus ojos podían ver un poco mejor en la oscuridad y podía escuchar los sonidos tras las puertas. ¿Qué demonios...?

¿Era algo así como un efecto secundario por emparejarse con un Youkai o algo así?

Negó con la cabeza. Necesitaba concentrarse. Necesitaba hacer que su cerebro se concentrara en su curso de acción, no seguir fijándose en sus deseos básicos y primitivos.

Los brillantes ojos de Yako la miraron por un momento, las fosas nasales del hombre se dilataron.

Rin se sonrojó y se aclaró la garganta.

-Hay guardias afuera. –Susurró con urgencia. –No podemos simplemente salir y...

Yako se inclino y chupó con fuerza su cuello, en su marca.

Rin jadeó, su cerebro se trasladó de nuevo a la parte inferior de su cuerpo. Le tomó una cantidad de tiempo vergonzosa recordar que no era el momento ni el lugar, ni el hombre correcto.

-Para con eso. –Dijo débilmente, a pesar de que su cuerpo se aferraba a el de Yako. –Necesitamos encontrar una solución: como sacarte de aquí. –Algo en su pecho dio una sacudida de inquietud al pensar en Yako escapando. Yéndose.

-"No seas ridícula". –Se dijo Rin molesta. Por supuesto que Yako se iría. Tenía que irse. Ese era el punto de todo esto. Tenía que irse o Hakudoshi se desharía de él después de que él dejara de ser útil. Su VIDA estaba en peligro. Rin no debería permitir que algunas... algunas feromonas afectaran su juicio. Esto era serio.

Salió de sus pensamientos cuando fue bajada con delicadeza.

-Quédate aquí. –Dijo Yako con voz ronca.

Rin parpadeó hacia él por un momento, confundida.

Antes de que las palabras se registraran por completo, Yako abrió la puerta. Luego hubo un ruido sordo, luego otro.

Los ojos de Rin se agrandaron. Salió corriendo por la puerta y miró fijamente a los tres cuerpos en el suelo.

-¿Los mataste? –Susurró, mirando a Yako, que estaba registrando en los bolsillos de los exterminadores.

-No. –Dijo Yako, con su voz grave, no del todo complacida.

Rin exhaló aliviada. Mirando ansiosamente por el pasillo, dijo:

-Hay un aerocoche estacionado en las puertas occidentales de la propiedad. No tiene mucho combustible, pero puedo dejarte lo suficientemente lejos de aquí para que estés a salvo.

Volvió a mirar a Yako, esperando ver confusión en su rostro, pero no había ninguno. O todavía tenía un conocimiento rudimentario de los aerocoches o no estaba escuchando las palabras de Rin en absoluto. Rin frunció el ceño. Era tan difícil medir el alcance de la capacidad de Yako para pensar racionalmente. Era obvio que Yako estaba lejos de ser racional, pero ¿Qué tan malo era? ¿La entendía perfectamente y simplemente no podía hablar mucho, o era peor?

A juzgar por el hecho de que Yako acababa de sacar dinero de los bolsillos de los exterminadores, claramente entendía algunos conceptos básicos de supervivencia en el mundo moderno.

También quitando los teléfonos de los exterminadores, Yako arrojó los cuerpos al sótano y cerró la puerta.

Rin asintió con aprobación. Les daría algo tiempo antes de que se dispararan las alarmas.

Entonces Yako se volvió y puso una mano sobre el hombro de Rin.

-Camina. –Dijo brevemente, su toque pesado y claramente propietario.

Rin hizo lo que le dijo, aunque se sintió un poco molesta. Había esperado que ella fuera quien dirigiera el rescate y mostrara el camino, en lugar de ser mangoneada y mandada. Tampoco ayudó que se sintiera cohibida y nerviosa por todo lo que había sucedido en el sótano. Uf, odiaba su estúpido cuerpo débil, odiaba cuanto la afectaba la presencia de este Youkai. Lo odio. Lo despreciaba por completo. ¿Por qué no pudo tener más autocontrol? De todos modos, ella no iba a conseguir pareja nunca, y ahora sus posibilidades se disminuyeron todavía más.

De alguna manera lograron salir del sótano sin encontrarse con nadie. Solo tenían como vigilancia a los insectos de Kanna, y ellos estaban de su lado. No por primera vez, Rin se sintió agradecida de que su madre se hubiera opuesto a instalar sistemas de vigilancia modernos en el hogar ancestral de la familia Higurashi. Reprimiendo la oleada de repentino anhelo –Dioses todavía la extrañaba tanto– Rin condujo a Yako hasta el aerocoche que Kagome había estacionado fuera de las puertas occidentales.

Lo abrió y le dijo a Yako:

-Súbete al asiento del pasajero.

Para su alivio, Yako hizo lo que le dijo.

Rin se sentó en el asiento del piloto y trató de recordar cómo conducirlo. Kagome era mucho mejor en eso que ella. Estrictamente hablando, los aerocoches todavía estaban prohibidos en el reino humano. Fueron considerados demasiado rápidos para el tráfico aéreo de los Youkai menores que rondaban por los cielos. Los helicópteros eran ampliamente utilizados por la mayoría de la población, pero los helicópteros eran demasiado ruidosos y lentos para los propósitos de Rin.

Ella preferiría montar a un dragón, pero los adultos no la obedecían, y los pocos que sabia conducir eran sacados con permiso del mozo de las cuadras, y no necesitaba más gente sabiendo de esto. El único Dragón con el que contaba era Ah-Un, pero era aún un bebé, nunca podría cargar a un niño, mucho menos a ella, ni que decir de Yako.

Este aerocoche era el orgullo y la alegría de su madre. Su padrastro lo había importado de alguna parte del reino del sur después de una negociación hace unos años, y se ofreció a enseñar a las chicas a pilotarlo. Kanna no estaba interesada, pero Kagome y Rin estaban felices de aprender. Bueno, Kagome lo había hecho; Rin había... intentado.

-Y allá vamos. –Murmuró en voz baja, puso en marcha el motor. Por favor.

Se las arregló para despegar.

El aerocoche no cayó como una piedra, lo que contó como una victoria.

La sonrisa tentativa de Rin se transformó en una sonrisa completa cuando se dio cuenta de que esta parte del plan había salido sin problemas. Finalmente algo había salido bien. Tenía la intención de sacar a Yako de la mansión al amparo de la noche, sin permitirle ver nada que pudiera identificar más tarde, antes de llevarlo lo más lejos posible de sus tierras, eligiendo rutas complicadas y tomando numerosos giros para confundir a Yako y cualquier perseguidor potencial. Parecía que su plan finalmente iba como se suponía.

Cuando Rin aterrizó el aerocoche en el bosque una hora más tarde, no había forma de que Yako pudiera identificar desde donde habían viajado. La casa Higurashi estaba a más de quinientos mil acres de distancia. Ahora estaban más cerca de las fronteras del reino Youkai, específicamente casi debajo del Reino del Oeste, que de cualquier ciudad humana. Estaban a salvo, en todos los sentidos de la palabra. Incluso Kagome estaría complacida, este debacle no debería arruinar su temporada social.

-Bueno. –Dijo Rin, apagando el motor. –Eso es todo. –Se quedó mirando el bosque oscuro fuera del aerocoche por un momento antes de finalmente volverse hacia a un silencioso Yako.

Encontró los ojos rojos brillantes fijos en ella con una intensidad desconcertante.

-Ve. –Dijo Rin. –Eres libre ahora.

Yako no se movió. Inclinó la cabeza hacia un lado, sus fosas nasales dilatadas. ¿Estaba oliendo las emociones de Rin de nuevo?

-Eres libre ahora. –Repitió Rin, ignorando la sensación de inquietud y opresión en su pecho. Estaba bien. Solo era un efecto secundario de una marca de apareamiento desaconsejada. Pasaría. No era un apego real. Estas... emociones... no eran reales. –Vete. Necesitas irte. Creo que este podrías ser tu lugar. El gobierno del oeste está buscando a un Daiyoukai salvaje. Quizás te ayuden. -"O tal vez no", Pensó Rin, con el estomagó encogido por el arrepentimiento. –Ten cuidado, ¿De acuerdo?

Yako finalmente se movió. Pero no hacia su libertad, hacia Rin. Fuertes brazos la arrastraron hasta el regazo del youkai y metieron la cabeza de Rin debajo de su barbilla. Un sonido gutural y bajo salió de la garganta de Yako, y Rin se encontró relajándose, su cuerpo respondiendo instintivamente al consuelo que se le ofrecía. Respiró con avidez, inhalando el rico aroma de su Yako. No, no SU Yako. ¿Qué estaba pensando? Estaba siendo estúpida, dejando que las hormonas y feromonas la dominaran. Malditos sentidos agudos.

Pero a su cuerpo no le importó, fundiéndose en el abrazo de Yako. No quería dejarlo ir. No podía imaginarse dejarlo ir, nunca. Era suyo. Suyo. Su Yako. Su hombre.

Rin hundió los dientes en el cuello de Yako, necesitando poner su marca en él, aunque racionalmente sabía lo inútil que era. Los humanos no podían marcar a los Youkais, y mucho menos a los Daiyoukai con su regeneración superior. Pero lo quería. Lo deseaba tanto que estaba temblando.

Había escuchado las historias de eso: De mujeres humanas siendo locamente posesivas con sus parejas youkai, pero Rin siempre se había burlado de esas historias, sin creer que las mujeres pudieran ser tan posesivas y ridículas como insinuaban. Bueno, la broma era para ella ahora. Se sentía casi salvaje con esa necesidad de marcar, de reclamar a su youkai como propio, para que cada mujer supiera a quien pertenecía. Tal vez fue un instinto despertado por la perspectiva de separarse de Yako. Quizás fue otra cosa. Pero no pudo controlarlo. No quería dejarlo ir.

Rin hundió la cara en el cuello de Yako y cerró los ojos adolorida.

Fue estúpido. No conocía a este hombre. Ni siquiera había visto su verdadero rostro, por el amor de Dios. Pero algo dentro de ella, probablemente algo en su naturaleza humana, estaba increíblemente triste de que nunca llegaría a conocerlo.

La gente ya no creía en el amor verdadero, y Rin no fue la excepción. Se había demostrado científicamente que la compatibilidad de apareamiento, por muy vulgar que sonara, era solo cuestión de atracción mezclada con la compatibilidad de carácter. Una persona podía tener hasta diez "compañeros" compatibles, en base a la apariencia física y gustos personales, lo suficiente como para fácilmente un vinculo de apareamiento. Este hombre era solo uno de ellos. No había ninguna razón para estar tan disgustada.

Excepto que encontrar incluso a una persona verdaderamente compatible era bastante rara. Rin en realidad no había pensado que le pasaría a ella. No era ya tan soñadora como cuando era niña, como lo era aún Kagome. Ella era pragmática. Cuando comenzara la temporada social, era poco probable que encontrara a un hombre compatible. Simplemente era estadísticamente improbable. Sabía que no era una belleza. Los hombres no se le acercarían lo suficiente para que Rin pudiera conocerlos adecuadamente. Rin se había dicho a sí misma que estaba bien. Se había dicho a sí misma que el matrimonio podría ser bueno incluso sin una compatibilidad perfecta. No es que hubiera esperado encontrar a alguien dispuesto a casarse con ella pronto.

Y aún tenía la posibilidad de entrar en alguna asociación para mujeres, donde podría ayudar a los desamparados con actividades como cocinar o curar heridas, en vez de pasar los días sin hacer nada en una gran casa aburrida y falta de amor.

Como ya se había resignado a eso, encontrar una pareja en un youkai salvaje que nunca volvería a ver parecía un mal giro del destino. Una broma de mal gusto a su costa.

O...

Por un momento salvaje, estuvo tentada a quedarse. Quedarse con este youkai, ayudarle a regresar a casa, donde sea que estuviera, y luego tal vez...

-¿Y luego qué? –Dijo su lado racional. El conjuro no tenía un contra hechizo. ¿Estaba realmente lista para unir su vida a la de un youkai salvaje que Rin nunca llegaría a conocer de verdad? ¿Un youkai que nunca la amaría de verdad, por la persona que era? Las feromonas y el buen sexo no creaban una relación; eso era lo que Rin sabía. Incluso si por algún milagro Yako se las arreglará para volver a ser un hombre, se sentiría decepcionado al encontrarse atado a una mujer poco atractiva como Rin. No tenían futuro de ninguna manera.

Así que esta... Esta sensación de opresión en su pecho era estúpida. Irracional. Fue obra de la marca de apareamiento. No fue real.

Pero se sintió TAN real.

Rin tragó saliva por la opresión en su garganta, tomó un último aliento del aroma de Yako y susurró:

-Ve.

Los brazos que la rodeaban no se aflojaron.

Rin se mordió el labio inferior con fuerza.

-Ve. –Repitió, mirando a los ojos brillantes de Yako.

Yako la miró fijamente.

-Mía. –Dijo con voz ronca, apretando los brazos alrededor de Rin. –Ven conmigo.

No. Solo ralentizaría a Yako. Y necesitaba volver a casa antes de que se notara su ausencia. Tenía que recuperar el aerocoche; borraría los rastros y ganaría más tiempo para Yako. Los hombres de Hakudoshi solo estarían registrando las tierras alrededor de su casa si no se enteraban de que Rin había usado el aerocoche para llevarse a Yako.

Tenía que volver.

Ella tenía que hacerlo.

Pero también sabía que Yako no la dejaría irse, a menos que Rin lo engañara.

Con el estómago hecho un nudo, Rin se inclinó y besó a Yako en su mejilla con marcas desiguales parecidas a un rayo. Cerró los ojos por un momento.

Adiós.

-Está bien. –Se las arregló para decir. –Vamos. Déjame agarrar mi bolso.

Esperó hasta que Yako salió del aerocoche.

Luego cerró la puerta.

Con las manos temblorosas, Rin encendió el motor y despegó, ganando altura rápidamente para que Yako no pudiera detenerla.

La marca quemó de manera espantosa, sintiendo algo parecido a la pérdida y traición, pero parecían los sentimientos de otra persona, no los suyos propios.

Rin tragó saliva, tratando de agarrar el volante con fuerza. Pudo escuchar un rugido feroz y por el retrovisor miró algo color rojo, azul y blanco. Tragó saliva aterrorizada, temor recorriendo su cuerpo entero, negándose a voltear.

De la nada, una gran cantidad de aves esqueléticas se dirigieron hacia lo que fuera que estuviera tras ella. No sabía que estaba ocurriendo, pero ella aceleró lo más rápido que pudo, aun con esa sensación horrible en su cuello y en su corazón.

-No es real. –Susurró con determinación. –Son solo hormonas. Pasará. No seas estúpida, Rin.

Si su visión era borrosa, y su garganta quemaba, no importaba: solo había nubes en los alrededores.