"Sessshomaru".
Territorio Neutro.
Torre principal.
-Era la única opción, Izayoi.
La princesa Izayoi, reina del territorio Oeste, frunció los labios, todavía mirando al hombre inconsciente en la camilla de la habitación.
-¿Lo era? –Dijo en voz baja. –Tuvimos que actuar sin su consentimiento.
-Porque no estaba en condiciones de darlo. –Dijo su esposo, tomando su mano y apretándola. –Mi hijo es fuerte y saldrá de esta.
Izayoi volvió la cabeza y sonrió débilmente a Touga, su sonrisa se volvió más genuina cuando la mirada de su esposo sostuvo la suya. No importaba cuanto tiempo ya hubiera pasado, todo se sentía mágicamente mejor cuando Touga estaba cerca y la miraba.
-Lo sé. –Dijo Izayoi con un suspiro, apoyando la cabeza en el hombro de su esposo e inhalando profundamente su aroma familiar. La consoló. –Pero la señorita Kikyo dijo que este contra hechizo era demasiado arriesgado. ¿Qué pasa si no recuerda nada cuando se despierte?
Touga le dio un beso en la cabeza.
-Entonces lo ayudaremos a recordar.
-Sí, madre. Recuerda que hierva mala nunca muere. Al menos ha vuelto a la normalidad ahora, ya no es una bestia sin sentido.
Izayoi frunció el ceño hacia su hijo.
-Estoy segura de que me informaron que no era una bestia sin sentido cuando lo encontraron.
Fue de lo más desconcertante. Aunque Sesshomaru no había reconocido a su padre, claramente era capaz de al menos algo de pensamiento cognitivo, que era un estado mucho mejor que el que tenía cuando escapó del Palacio Real, algunos meses atrás. Dioses, había tantas cosas que todavía ninguno entendía. Comenzando por el misterioso mensaje anónimo que ella había recibido con el paradero del Youkai salvaje (El mensaje que aún no habían podido rastrear hasta su origen, que sugería el trabajo de un hacker altamente calificado), y terminando con el hecho de que Sesshomaru tenía un olor diferente, según su esposo e hijo le habían dicho.
Izayoi miró a su hijastro inconsciente con el ceño fruncido. El olor de Sesshomaru era normal ahora después de las modificaciones a su organismo, causado por todos los potentes conjuros que usaron en él, y obligándolo a transformarse de nuevo en un hombre, pero aún era extraño que hubiera tenido un olor ligeramente diferente en el bosque.
Las sacerdotisas y monjes que consultaron, les habían dicho que parecía que habían experimentado con Sesshomaru, que probablemente era la razón por la que su olor había cambiado y la razón por la que era menos una bestia sin sentido de lo que había sido meses atrás. Todavía tenía poco sentido para ella.
-¿Qué creen que le pasó? –Dijo Izayoi. -¿Quién experimentaría con él? ¿Por qué?
Touga tatareó. –El Servicio especial lo está investigando. Ojalá lo averigüemos pronto.
Inuyasha hizo una mueca.
-Si la anciana se digna a decirnos algo. Sabes que ya no tienes autoridad sobre su brigada especial.
Su madre lo reprendió con la mirada. No necesitaba decir nada para que todos supieran el problema entre la reina Irasue y la familia de Touga.
-¿Va a venir aquí? –Dijo Izayoi, sintiendo la incomodidad formándose en su estomago.
-¿Irasue? Probablemente. –Los labios de Touga se torcieron en una sonrisa sin humor. –Sesshomaru es su único heredero, el siguiente en la fila para el trono, después de todo. Ella querrá asegurarse de que Sesshomaru ya no sea una bestia sin sentido antes de que pueda separarse por completo de nuestro reino.
Se oyeron pasos que se acercaban y todos volvieron la cabeza, preparándose para la aparición de la Dama de Hielo, como coloquialmente la llamaban los medios. No la habían visto en varios meses, desde la desaparición de Sesshomaru.
Pero no era ella.
Era la Sacerdotisa Kikyo, o solo Kikyo, como pidió que la llamaran cuando fueron presentados.
El personal médico en la habitación inmediatamente se inclino profundamente, recordándoles que esta joven muchacha era una de las miembros más importantes en el reino humano, y no solo una simple Sacerdotisa.
Izayoi miró de reojo a su hijo, que empezó a acomodarse el cabello alborotado y la ropa arrugada.
-¿Qué les parece nuestro humilde hogar? –Dijo la Señorita Kikyo, su tono frío en desacuerdo con su cortés pregunta.
-Es un lugar maravilloso. –Rápidamente dijo Inuyasha, adelantándose a sus padres.
-Gracias por su hospitalidad. –Dijo Touga. –Gracias a sus instalaciones. Ni siquiera en nuestro Reino habríamos podido ayudarlo tan rápido, sino fuera por usted.
La Señorita Kikyo solo asintió brevemente en reconocimiento antes de mirar la forma inmóvil de Sesshomaru.
-¿No se ha despertado todavía? Me han dicho que debería despertar hoy.
Izayoi miró a su hijastro inconsciente, con ansiedad.
-Se supone que debe hacerlo. Pero nos dijeron que es imposible predecir completamente cómo reaccionará su cuerpo a la reprogramación de su código genético.
-Físicamente parece normal. –Dijo Kikyo, sus ojos cafés recorrieron desapasionadamente la forma tendida de Sesshomaru. –Sin garras ni pelaje.
Inuyasha miró al que decían que era su hermano. Ciertamente se parecía a su yo estúpidamente "bonito" –Según las ciegas enfermeras que los rodeaban–, un hombre una vez más, en lugar del feo y bestial Youkai que había visto durante ese tiempo.
Si bien fue un alivio, Inuyasha no pudo evitar, aunque quisiera, pensar que podrían haber cometido un error al obligar a Sesshomaru a someterse a la torturante agonía del contra hechizo de una Sacerdotisa sumamente calificada.
Siempre habían tenido esta opción, pero todos decían que era demasiado arriesgado.
Desafortunadamente, no habían tenido otra opción: los monjes que habían examinado a Sesshomaru les informaron que después de algunos experimentos desconocidos con él, el Youki de Sesshomaru era extremadamente inestable y necesitaba una solución lo antes posible.
Touga había tenido que usar su posición como Rey del Oeste y exigir la asistencia de la mejor sacerdotisa para que aceptaran tener a Sesshomaru en el Santuario, con el fin de darle a su hijo mayor el tratamiento que necesitaba. Todo había sucedido tan rápido que ni ella ni la madre de Sesshomaru se habían enterado de lo que Touga hizo hasta que les dijo que el día de hoy despertaría. Y estaba seguro de que ahora su padre se preguntaba también si había hecho lo correcto. ¿Había hecho lo correcto?
La verdad era que Sesshomaru no había dado su consentimiento para este procedimiento. Es posible que Toga se hubiera preocupado por los mejores intereses de su hijo, pero aún así lo había obligado a someterse a un procedimiento increíblemente arriesgado, cuyo resultado no estaba garantizado. Sesshomaru podría despertar y ni siquiera recordar quién era. Podría despertar sin su cordura. Podría despertar y odiar aún más a su padre por su vínculo roto.
Izayoi se encogió al pensarlo. Honestamente, se sorprendió cuando su marido le dijo que Sesshomaru tenía un vínculo de apareamiento activo. No podía imaginar las circunstancias de un Youkai salvaje uniéndose a alguien. De hecho, se esforzó por no pensar en ello. Solo podía esperar que, quienquiera que fuera la desafortunada compañera de su hijastro, Sesshomaru no la hubiera lastimado inadvertidamente.
Pero ya no era relevante. El vínculo ahora se había ido. El conjuro que habían usado con el Daiyoukai provocó que el vínculo se rompiera inevitablemente.
Izayoi se preguntó si él recordaría siquiera que había estado unido a alguien. Si echaría de menos el vínculo. ¿Dolería? Las sacerdotisas del templo no tenían idea, porque nunca había habido un precedente de que los efectos del vínculo pudieran revertirse sin que un compañero muriera.
Ni el Árbol Sabio, al que le habían preguntado en casa, sabia de eso, porque nunca antes había sido posible una separación completa con una pareja enlazada. Todo fue muy experimental.
Joder, que lío. Incluso si el vínculo roto de Sesshomaru no tuviera consecuencias desagradables, todos solo podían encogerse al pensar en la reacción de Sesshomaru cuando descubriera que había sido una bestia salvaje durante meses y que había logrado vincularse con alguien, probablemente una mujer humana.
Sesshomaru siempre había sido... Frío y distante con todo el mundo. Izayoi sabía que odiaba a los humanos, y a los Hanyou con una intensidad abrumadora, y odiaba tener que convivir con ellos en los eventos sociales –aunque siempre sabia disimular las apariencias como para que su frialdad natural no fuera considerada una absoluta repulsión–, pero era una persona muy respetada aún teniendo esta personalidad. Puede que odiara a los humanos, pero siempre había sido políticamente inteligente, más inteligente incluso que su padre, a decir verdad, y Sesshomaru a menudo había utilizado la influencia que ejercía para hacer que al menos hubiera algo de armonía entre el Mundo Youkai y el Mundo Humano, ya que era prácticamente el único Daiyoukai con el poder suficiente para hacer que una guerra se evitara entre ambas especies, de nuevo. Pero ahora... Toda esta situación sería una pesadilla de relaciones públicas si alguna vez se hiciera de conocimiento público. Los oponentes políticos del Reino del Oeste disfrutarían de la oportunidad y la usarían como arma contra los Daiyoukai y contra Sesshomaru y su padre en particular.
Sin duda, todo el asunto sería humillante para su orgulloso hijastro. Izayoi sabia cuanto se había esforzado Sesshomaru para aparentar que aceptaba la relación de su padre con una humana y hacerle parecer a todo el mundo que este era un Acto de Paz que tenía como fin mostrar que los Youkais y Humanos podían vivir en armonía, sin necesidad de más muertes innecesarias. Izayoi, y sospechaba que incluso Inuyasha, admiraba la voluntad de hierro del hombre: Había hecho un trabajo tan bueno al fingir ser un político sensato y un miembro de la alta sociedad que a veces incluso Izayoi olvidaba que él la odiaba. Sesshomaru odiaría absolutamente su pérdida de control. Por eso su padre había insistido en traerlo a la Zona Neutral, para que ningún personal no autorizado pudiera saber lo que ocurría allí adentro. Para su alivio, no había habido filtraciones y la gente no había sospechado que el Daiyoukai salvaje en el evento era Sesshomaru. Gracias por las pequeñas misericordias.
Un suave gemido hizo que todos volvieran a mirar al hermoso hombre, su corazón latía más rápido de emoción y ansiedad.
-¿Hijo? –Touga murmuró.
Las pestañas platinadas revolotearon.
Sesshomaru Taisho, el futuro Lord de las Tierras del Oeste, abrió los ojos.
