BAILE.
Dos meses después.
La temporada social fue incluso peor de lo que Rin esperaba. Había pensado que estaba preparada para lo tedioso, pero diez días después de su llegada a Tokio, la cede de este año, Rin ya tenía ganas de golpear a alguien. Preferiblemente la cara estúpidamente bonita de Kagome.
-¿Tu hermana me ha mencionado? –Dijo el Humano rubio con el que estaba bailando actualmente, lanzando una mirada acalorada por encima del hombro de Rin.
Rin no necesitaba seguir su mirada para saber que estaba mirando a Kagome. Todos lo hacían.
Reprimiendo el impulso de poner los ojos en blanco, Rin estiró los labios en una sonrisa y soltó un: -No.
El hombre parecía decepcionado, pero no desanimado.
-¿Estás segura? ¿Quizás me mencionó por mi título? La mayoría de la gente me llama por mi título, no por mi nombre. ¿Freiherr Lambsdorff?
Rin sonrió más ampliamente.
-Estoy bastante segura, mi señor.
Tan pronto como terminó el baile, camino hacia Kagome, o lo intentó. Como siempre, Kagome estaba rodeada por una gran multitud de sus admiradores. Rin apartó a veinte hombres del camino a codazos y pisotones, y finalmente logró llegar hasta su hermana.
-Una palabra. –Dijo, pegando otra sonrisa por el bien de su audiencia cautiva. No es que ninguno de esos idiotas babeantes siquiera la mirara.
Kagome le dio a sus fans una sonrisa de disculpa.
-Lo siento, pero mi hermanita requiere mi atención. –Dijo, sus largas pestañas revoloteando hermosamente y un hoyuelo apareciendo en su mejilla. Aunque Rin ya no podía oler nada, casi podía sentir que el aire se llenaba de testosterona mientras los ojos de todos los hombres –Humanos o Youkais– se pegaban al rostro de Kagome. Asqueroso. ¿Cómo podía soportar Kagome estar todo el tiempo cerca de estos cabezas de chorlito?
-Por supuesto. –Corearon, al parecer, todos los hombres presentes, sus miradas en Kagome.
Rin tomó a Kagome de la mano, la arrastró un poco y siseó:
-Si me envías a tus fans otra vez, te juro que tu cara ya no será tan bonita del golpe que te daré. ¿Crees que no sé lo que estás haciendo? Para. Solo para. Entiendo que tienes una verdadera legión de pretendientes, pero no necesito tus sobras. ¿Lo entiendes?
Kagome suspiró, como si Rin fuera un ser irracional.
-No te los envié. Puede que les haya dicho que aprecio a los hombres que tratan a mi familia con amabilidad y respeto. ¡Eso es todo!
Rin se burló.
-Claro. Eso es absolutamente todo.
Suspirando de nuevo, Kagome la tomó del bazo y la acompañó hasta el balcón donde había menos posibilidad de que las escucharan por accidente.
-Mira. –Dijo en voz baja, su expresión seria. –Realmente, odio que no te estés divirtiendo. Solo quería ayudar, Rin. Odio que siempre parezcas querer estar en cualquier lugar menos aquí. Esta es NUESTRA temporada de debut, no solo la mía. Odio que te escondas en un rincón del salón de baile y luzcas miserable.
Rin frunció los labios y bajó la mirada.
-Me estoy divirtiendo. –Murmuró. –Simplemente no me gusta bailar. –Eso fue mentira. Le gustaba bailar, en teoría. Simplemente no le gustaba bailar con personas que lo hacían como un favor para su hermana.
-¿Te gustó el joven Kohaku? –Dijo Kagome.
Rin se encogió de hombros.
-Está bien, supongo. –Kohaku, el nuevo líder de los Exterminadores, y quien logró tratados de paz con importantes gobernantes del mundo Youkai, había sido un poco más tolerable que los otros pretendientes de Kagome. De hecho, había mirado a Rin cuando bailaban.
Kagome sonrió.
-¿Ves? ¡Creo que es perfecto para ti! ¿Le darías una oportunidad, tal vez?
Rin puso los ojos en blanco.
-Kag, bailó conmigo para impresionarte, no porque esté interesado en mí. Y no estoy buscando pareja. No quiero casarme. Quiero ser una Guardiana y aprender a cuidarme sola.
La sonrisa se desvaneció del rostro de Kagome, su expresión se volvió inquisitiva.
-¿Estás bien? –Dijo, bajando aún más la voz. -¿La marca todavía duele?
Rin se encogió un poco y desvió la mirada.
-Está bien. –Dijo brevemente.
Estaba bien. Gracias al aumento de la dosis de sus medicamentos y a las recomendaciones de sus mentoras, ahora apenas podía sentirlo. Todo lo que podía sentir era una leve cosa hueca en su pecho que podía ignorar la mayor parte del tiempo. Había otra ventaja en el aumento de la dosis de hierbas medicinales y tés: Sus sentidos había disminuido aún más, por lo que los diversos olores y feromonas en el salón de baile no la afectaron en lo absoluto, como había pasado en su casa cuando aún tenía esa habilidad. En cuanto a la desventaja... Sabía que ya no tenía ningún olor en particular, lo que probablemente contribuía a la falta de popularidad, junto a su apariencia sencilla. Al menos, los Youkais parecían mayormente curiosos al verla por no tener ningún aroma más que al de perfume que utilizaba para disimular.
-¿Estás segura?
Las palabras de Kagome fueron interrumpidas por un murmullo de emoción que repentinamente se oía desde dentro del salón de baile.
Ambas entraron nuevamente y se asomaron para ver de qué se trataba. Inspeccionaron el lugar hasta que escuchó a Kagome jadear.
-Ése es el Príncipe Taisho. –Susurró, apretando el brazo de Rin.
Rin podía ver eso.
Siempre había pensado que las fotos y videos del Príncipe tenían que haber sido manipuladas de alguna manera, porque había pensado que no era posible que un hombre mortal fuera tan guapo. Pero tenía que admitir que el Príncipe se veía aún mejor en la vida real. Los videos y las fotos no hacían justicia a la mera presencia y la seguridad en sí mismo que emanaba el alto y poderoso cuerpo de Taisho. Él era guapo como para hacer desmayar a cualquiera o hacerla salivar:
Su perfecta piel pálida, su cara simétrica de manera tan perfecta que podría haber sido esculpida por un artista, sus ojos dorados no natural brillantes, sus labios delgados y firmes a pesar de ser sensuales se curvaron en una sardónica sonrisa, su mandíbula fuerte y angular, su cabello largo y plateado sujeto en una coleta alta. Se veía elegante sin esfuerzo, con su traje oscuro, y la estola que colgaba de su brazo derecho.
-Oh Dioses, creo que se dirige hacia aquí, Rin. –Susurró Kagome, sonrojándose un poco.
Tenía razón: Aunque el Joven Taisho se detuvo aquí y allá para hablar con la gente, claramente se estaba moviendo en su dirección.
Rin resopló.
-Por supuesto. Habría tenido que estar ciego para no notarte.
Soltó el brazo de Kagome y dio unos pasos hacia atrás. No tenía ilusiones sobre el destino del príncipe.
Ella tenía razón, por supuesto.
Para cuando el Joven Taisho finalmente llegó a Kagome, su hermana ya tenía a su multitud de admiradores a su alrededor. Pero la multitud se separó para el príncipe sin que él ni siquiera dijera nada. Rin estaba casi impresionada.
Taisho se detuvo frente a Kagome y se inclinó levemente, más un asentimiento que una reverencia. Extendió una mano.
-¿Un baile?
Kagome ladeó levemente la cabeza.
-No bailo con hombres desconocidos, me temo. –Dijo, sus labios se curvaron en una pequeña sonrisa. Kagome se veía ridículamente encantadora cuando hizo eso, y lo sabía.
Rin negó con la cabeza con una sonrisa afectuosa.
Para su leve asombro, Taisho no pareció enamorarse instantáneamente. Enarcando una ceja plateada, simplemente dijo: -Sesshomaru Taisho. –Y luego tomó la mano de Kagome y la llevó a la pista de baile. Así sin más.
Rin cruzó los brazos sobre el pecho y trató de fingir que no podía oír a los pretendientes de Kagome chismorrear sobre el interés de Taisho. Parecían haber olvidado incluso que ella estaba allí.
-¿Crees que está realmente interesado? –Dijo un chico humano, bastante joven, luciendo positivamente aplastado. Rin podría simpatizar con él.
-Quién sabe. –Dijo esta vez un Youkai, con la mirada en la pareja de baile. –Pero Sesshomaru ya tiene como 400 años. No puede ser un soltero eterno. Probablemente esté pensando en establecerse pronto.
Otro Youkai se burló.
-Por favor. Tiene poco que ver con su edad. Si los rumores son ciertos, la reina querrá que se case y tenga un heredero.
El chico humano le lanzó una mirada de sorpresa.
-¿De verdad crees que los Reyes del Oeste van a separarse y elegirán cada uno a un heredero?
-No es solo un rumor. –Intervino una hermosa mujer de cabello plateado y ojos verdes vestida de manera algo lúgubre. –He escuchado de una fuente confiable que el papeleo ya está elaborado. Debería anunciarse en cualquier momento.
Un murmullo de inquietud recorrió al grupo.
-Pero el segundo hijo del Rey es un Hanyou. –Dijo Alguien. –Nunca hemos tenido un Hanyou en el trono. La gente no estará feliz.
-Lo que probablemente explica por qué Taisho de repente está expresando interés en una mujer humana joven, noble y hermosa. –Dijo otro Youkai, si no se equivocaba era el joven Koga. –Necesitará una compañera perfecta en su brazo para asegurarle a la gente común de que no hay nada de malo en que haya Hanyous en las familias reales, y no solo como sucios secretos. O para que se olviden de que una sucia bestia será el próximo gobernante.
-Cuidado con tus palabras, Koga. –Dijo alguien más. –Si es el próximo rey, tendrás que mostrar respeto.
Koga se burló.
-Vamos, solo digo en voz alta lo que todos los demás están pensando. Una bestia no tiene lugar en el trono.
-No, pero si Sesshomaru muestra su apoyo con esta tontería, es porque probablemente está de acuerdo.
La mujer se rió entre dientes.
-Chico tonto. –Dijo en voz baja, sus ojos penetrantes mirando a Taisho mientras guiaba a Kagome a través de los pasos del baile. –Sesshomaru es el mejor fingiendo sus emociones. No importa cuando los esconda, en el fondo todos sabemos que desprecia a los humanos casi tanto como su madre... Casi ciento lastima por la joven Higurashi.
Rin frunció el ceño y se volvió, tratando de digerir lo que acababa de escuchar.
Todavía lo estaba considerando cuando terminó el baile y Taisho acompañó a Kagome a su grupo de admiradores.
-Gracias por el baile, Kagome. –Dijo con una leve reverencia, sosteniendo la mirada de Kagome e ignorando a todos los demás. Él sonrió. –Fue un placer.
Kagome se sonrojó y asintió.
-El placer es mío, Su Excelencia.
Rin frunció los labios y miró la figura alta del Príncipe que se retiraba. Había algo en la interacción que la inquietaba. No podía señalarlo, pero junto con lo que acababa de escuchar, le inquietaba mucho.
Necesitaba averiguar si el Príncipe estaba realmente interesado en Kagome o si había algo más que lo motivara, si es que realmente odiaba a los humanos.
Lentamente, siguió a Taisho por el salón de baile mientras el Youkai se dirigía a la puerta, claramente con la intención de irse.
El Príncipe, sin embargo, fue detenido por otro Youkai.
-¿Una palabra? –Dijo el otro Youkai, dándole una palmada en la espalda a Taisho.
Rin tardó un momento en ubicar su rostro. Era el Rey del Este, Kirinmaru del Alba, uno de los Lores más antiguos y respetados, que también había estado mirando mucho a su hermana. La única razón por la que Rin recordaba su nombre era porque el Lord era extraordinariamente guapo, casi tan guapo como Taisho.
Bueno, y porque cuidar de su hermana y vigilar las actitudes de sus pretendientes era parte de sus nuevos deberes con su nuevo puesto.
Taisho asintió y le indico a Kirinmaru que lo siguiera. Salieron del salón de baile al jardín. Rin los siguió lo más discretamente posible, contenta de que la música fuerte ocultara sus pasos. En otras circunstancias, los Daiyoukai sin duda la habrían escuchado sin problemas. Su olor también la habría traicionado si no hubiera sido inexistente gracias a los medicamentos. Rin se agachó detrás de un gran árbol y agudizó su oído, odiando que ya no fuera tan agudo.
-¿Es genuino tu interés en Kagome Higurashi, Sesshomaru? –Dijo Kirinmaru.
Rin podría haberlo besado por abordar el tema.
Sonriendo, se inclinó hacia adelante y miró a través de los huecos entre las hojas.
-¿Por qué tu interés? –Taisho dijo con calma, encendiendo un cigarrillo. Su postura era relajada, casi perezosa, pero su rostro inexpresivo la contradecía. Fue como mirar a un hombre diferente. El encantador Príncipe que había estado sonriendo a Kagome hace unos minutos no estaba a la vista.
El señor Kirinmaru no parecía tan inquieto por el cambio de comportamiento como Rin. Probablemente conocía bastante bien a Taisho si se dirigía a él por su nombre de pila.
-Porque hay multitud de apuestas hacia a quien elegirá la señorita Kagome. –Dijo Kirinmaru. –Y quería saber cuáles son los candidatos más probables. No quiero dejar nada al azar.
Taisho soltó un suave bufido.
-Haz caído muy bajo, Kirinmaru.
Kirinmaru sonrió con ironía.
-No. Yo sé cuando entrar a un buen negocio. Y si se trata de ti, tengo que estar seguro de cuál será el caballo que elija. No quiero perder mi tiempo.
Taisho suspiró y dio una larga calada a su cigarrillo.
Rin miró fijamente el cigarrillo entre esos labios finamente formados, la mandíbula suave pero firme, y reflexionó cómo un hombre tan guapo podía verse tan insensible y frío.
-Voy enserio, me temo. –Dijo Taisho por fin, encogiéndose ligeramente de hombros. –Mi madre me está presionando para que me case, y me han dicho que Higurashi es la mujer más buscada del país, así que será una buena historia.
Rin casi jadeó de pura indignación. ¿UNA BUENA HISTORIA? ¿Taisho quería cortejar a Kagome porque sería una buena historia? Que idiota tan cínico y manipulador de...
-No me digas que no la encuentras atractiva. –Dijo Kirinmaru, sonando atónito.
Taisho se encogió de hombros de nuevo, algo de emoción parpadeó en sus ojos.
-Es hermosa. –Dijo sin ninguna inflexión. –Y es humana. Será una victoria de relaciones públicas, un truco para distraer a la gente de la desagradable noticia de que un Mitad bestia heredará la mitad del Reino. Ya sabes que a la gente común le gusta romantizar los noviazgos y bodas de la realeza. Es lo suficientemente hermosa como para ser una buena distracción de las malas noticias.
¿Distracción? ¿Un truco?
-"Sobre mi cadáver". –Pensó Rin con saña.
Debió haber hecho algo de ruido, porque Taisho de repente miró a la derecha en su dirección.
Rin se quedó helada.
Apagando con cuidado su cigarrillo con su zapato brillante, Taisho dijo:
-Puedes salir ahora, sea quien sea. No me hagas arrastrarte fuera de los arbustos.
Rin apretó los puños, considerando lanzarse hacia el salón de baile. Pero sería inútil. No era rival para un Daiyoukai, eran mucho más rápidos, incluso en su forma humana, que cualquier ser humano.
Rin salió lentamente de los arbustos.
Kirinmaru hizo un ruido de sorpresa, pero Rin no lo miró. No pudo. Estaba demasiado ocupada mirando al Príncipe.
-¿Y quién eres tú? –Dijo Taisho, sus ojos dorados mirándola sin mucho interés. Con desdén.
Rin se sonrojó.
-Es la acompañante de la señorita Kagome Higurashi. –Dijo Kirinmaru. -¿Rika, creo?
Rin le enseñó los dientes en una sonrisa.
-Lo suficientemente cerca. –Dijo, sin dejar de mirar a Taisho. –No usará a Kagome como un peón en su juego de relaciones públicas. –Espetó. –Encuentre a alguien más. Su Excelencia.
Taisho dio un paso más cerca, sus ojos finalmente perdieron su mirada de indiferencia. Ahora estaban más atentos. Afilados. Calculadores.
El corazón de Rin latía más rápido. Algo acerca de este Youkai la puso nerviosa, causando que su instinto de lucha o huida se activara. Era extraño, considerando que había estado con un Youkai más aterrador a su alrededor.
-No me entendiste. –Dijo Taisho, su voz profunda ahora significativamente más suave. –No tengo ninguna intención de usar a la señorita Kagome. Mis intenciones son honorables. El hecho de que cortejarla me ayudará a lograr mis objetivos políticos no quita mi genuina admiración por ella.
Rin se rió con fuerza.
-Debería ser actor, excelencia. Le habría creído si no le hubiera escuchado decir que ella le "Servirá". Encuentre. A. Alguien. Más. Kagome se merece algo mejor que a un idiota manipulador de dos caras como usted.
Taisho ladeó levemente la cabeza, estudiándola como se estudiaría a una criatura extraña. Ahora había un brillo diabólico en sus ojos.
-¿No sabes que nunca debes decirles a los Youkais que no pueden tener algo? Solo nos impulsa a demostrar lo contrario. Somos muy competitivos. Es nuestro instinto. –Sus labios firmes y finamente formados se curvaron condescendientemente. –Pero, de nuevo, no esperaría que una simple sirvienta lo entienda.
Rin se sonrojó, le ardían los ojos. La habían confundido con una simple dama de compañía antes, pero de alguna manera, viniendo de este Youkai ridículamente guapo, se sentía doblemente humillante.
-La señorita Rin no es una dama de compañía, Sesshomaru. –Intervino Kirinmaru, claramente divertido. –Es la hermana menor de la señorita Kagome.
Rin se estremeció, habiendo olvidado por completo que estaba allí.
Taisho arqueó las cejas levemente, sin dejar de mirar a Rin.
-Mis disculpas. –Dijo, sus ojos dorados recorrieron a Rin antes de detenerse en su cuello.
Rin tuvo que reprimir el impulso de comprobar que la marca, que se estaba desvaneciendo, estuviera cubierta por gargantilla de plata que cubría por completo su cuello, símbolo de sus nuevas responsabilidades. La marca era apenas visible ahora y seguramente pronto se desvanecería por completo, pero por ahora no podía quitarse el collar en ningún momento, ni siquiera en la soledad de su habitación. Probablemente eso causaba la confusión de todo el mundo con que ella era solo una parte de la servidumbre hasta que Kagome mencionaba su parentesco. Aún así no era algo agradable.
-Disculpa aceptada. –Dijo con rigidez. Y nada sincera.
-En mi defensa, no tienes la apariencia de una joven de la nobleza que busque ser cortejada. –Dijo Taisho, mirándola con el ceño fruncido.
Rin enseñó los dientes.
-Uno esperaría que un Príncipe tuviera mejores modales que el comentar sobre tales cosas. –Dijo mordazmente.
Taisho sonrió, como si Rin hubiera dicho algo divertido.
-Uno lo haría. –Estuvo de acuerdo y le ofreció un brazo. –Te acompañaré de regreso al salón de baile, Rika.
-Es Rini. –Apretó Rin, negándose deliberadamente a tomar el brazo ofrecido. –No es que le di permiso para usar mi nombre de pila. Es señorita Higurashi para usted.
-¿Me permite que la acompañe con su hermana, señorita Higurashi?
Rin lo miró a los ojos. ¡El imbécil se estaba burlando de ella!
-No. –Dijo. –Váyase al infierno, Excelencia. Y manténgase alejado de mi hermana.
Cubriendo su cabeza con la capucha de su saco, se alejó con toda la dignidad que pudo reunir.
No era mucha, porque su vínculo le dolía de nuevo y todo lo que quería era ir a casa y acurrucarse en su dragón.
