Aléjate.

-Rin, suficiente. Estás siendo ridícula.

Rin farfulló, mirando a su tonta hermana.

-¿Yo? ¿Te estoy diciendo que Taisho solo te está usando para su agenda política, y yo estoy siendo ridícula?

Kagome puso los ojos en blanco.

-Sí, estás siendo ridícula. Has estado despotricando sobre él durante una hora, pero no veo nada de malo en preocuparse por lo que la gente pensaría de nuestro noviazgo. Sería peor si no le importara. Después de todo, es un futuro rey. –Kagome sonrió soñadoramente. -¿Puedes imaginarme como la esposa de un rey?

-¡Agh! –Rin dijo con frustración, arrojando una almohada decorativa a la cabeza de Kagome. -¿Me estas escuchando siquiera? ¡No solo le importan las opiniones de la gente! ¡Esa es la única razón por la que te está cortejando!

-Estoy segura de que no lo es. Era muy encantador y atento cuando bailamos.

Rin se pellizcó el puente de la nariz y exhaló con fuerza.

-Estoy segura de que lo fue. –Gruñó. –Pero es falso, Kag. Mira... –Caminó hacia Kagome y se sentó a su lado. Tomando las manos de su hermana entre las suyas, Rin dijo, mirándola a los ojos: -Sé que lo que dijo no fue nada terrible, pero es con cómo lo dijo con lo que tengo un problema. Era como mirar a una persona diferente: fría, calculadora y desalmada. Dijo que tú "lo harías", como si estuviera comprando algo. ¿Cómo puedes estar de acuerdo con eso? ¿Estás tan cegada por su apariencia y título? Mereces más. ¿No quieres un esposo que te quiera?

Kagome sonrió un poco. Apretó las manos de Rin entre las suyas.

-Por supuesto que quiero ser amada. Pero creo que el amor llegará con el tiempo. Está perfectamente bien que no esté enamorado de mí todavía. Tampoco estoy enamorada de él. Pero estoy segura de que sucederá a medida que pasemos más tiempo juntos. El amor lleva tiempo, Rin. No podría soñar con un mejor pretendiente. Era perfectamente encantador, es el hombre más guapo que he visto en mi vida, y me pone la piel de gallina cada vez que tocaba mi mano.

Rin frunció el ceño. En momentos como este, odiaba que sus supresores y su marca le impidieran sentir una atracción física hacia nadie.

-¿Crees que son compatibles?

-Podríamos serlo. –Dijo Kagome. –Es guapo y caballeroso, y sus ojos parece que te atraviesan cuando te mira. –Ella se encogió de hombros. –No es que tenga experiencia con esas cosas. Claro, yo fui a una escuela normal por muchos años, pero nunca deje que ningún chico, humano o youkai, se me acercara lo suficiente como para que saliéramos. Y por supuesto, tampoco se parece en nada a esas novelas de mala calidad, no me pongo mojada instantáneamente cuando él está cerca, pero eso probablemente no suceda en la vida real.

Rin desvió la mirada.

-Espera. –Dijo Kagome. -¿Te pasó eso con tu...?

-No quiero hablar de eso. –Dijo Rin, cruzando los brazos sobre el pecho.

-Vamos, no seas mojigata.

-No estoy siendo mojigata. –Espetó Rin. –El vínculo duele cuando pienso en él, ¿De acuerdo?

El brillo curioso en los ojos de Kagome desapareció, reemplazado por lástima. Casi fue peor.

Frunciendo los labios, Rin se miró las manos.

-De todos modos. –Dijo. –El hecho de que te estremezcas cuando estés cerca de él no lo convierte en una buena persona. Él es un–

-Bastardo de dos caras, resbaladizo y sin corazón. –Dijo Kagome con una sonrisa de sufrimiento. –Ya lo dijiste. Diez veces.

Rin frunció el ceño.

-Bien, no me escuches y que te rompan el corazón.

Kagome palmeo la cabecita de Rin.

-Gracias por preocuparte por mí, de verdad. –Dijo. –Pero no deberías. No es tu trabajo. Eres mi hermanita, y es mi trabajo preocuparme por ti, no al revés.

-Eres sólo un año mayor que yo. –Dijo Rin, riendo.

-Aún mayor que tú. –Dijo Kagome. –Mira, te prometo que prestaré más atención a todo lo que diga el príncipe, pero realmente no tienes nada de qué preocuparte. –Ella sonrió. –Es perfecto, Rini.

Rin pensó en el hombre de ojos fríos que decía que Kagome "lo haría" y no pudo estar más en desacuerdo.

-Nadie es perfecto. –Murmuró. ¿Seguramente podría de alguna manera hacer que Taisho mostrara sus verdaderos colores frente a Kagome?

Muy bien, necesitaba un plan.

. . .

Dos días después, mientras veía a Taisho bailar con Kagome, de nuevo, Rin seguía sin un plan solido. En realidad, la situación era peor ahora, después de su intento equivocado de involucrar a Hakudoshi.

Rin hizo una mueca al pensarlo. Muy bien, no había sido su momento más brillante. En su defensa, había pensado que el odio de su hermanastro por los Youkais y Hanyou superaría el título y el dinero de Taisho. Pero aparentemente, Hakudoshi estaba perfectamente satisfecho con despreciar a Taisho y a otros Daiyoukai en silencio, y no tenía intención de poner fin a su noviazgo. Por mucho que Rin odiara a Hakudoshi y su intolerancia, lo habría respetado un poco más si tuviera los principios suficientes para ser coherente con su odio. Fue absolutamente repugnante ver a su hermanastro sonreír al príncipe Taisho como si no hubiera torturado y experimentado con su Yako. E irracionalmente, eso solo hizo que no le gustara más Taisho. ¿Por qué este hombre lo tenía todo mientras que Yako había sido asesinado como un animal?

Rin frunció el ceño a la pareja bailando.

Este complicado baile hizo evidente lo elegante y sofisticado que era Taisho. A pesar de su figura alta y musculosa, no parecía un patán, guiando a Kagome con facilidad y gracia a través de los intrincados pasos de baile.

Se veían maravillosos juntos: un hombre alto, rubio y sorprendentemente guapo y una mujer de cabello negro, y exquisitamente hermosa. Todos en el salón de baile parecían estar mirándolos. Rin podía escuchar a innumerables personas suspirar y comentar sobre la hermosa pareja que formaban.

La estrategia del odioso estaba funcionando absolutamente.

Rin miró a Taisho, odiando esa sonrisa encantadora de Príncipe Azul en su rostro, la forma en que hacia reír a Kagome y le sonreía. La vista era nauseabunda.

-Deja de mirar boquiabierta a Kagome y encuentra una pareja para ti.

Rin se estremeció y miró a su hermanastro.

Hakudoshi estaba muy pálido, más de lo habitual, su piel de un tono poco saludable y, sin embargo, se mantenía erguido y orgulloso, como si no pasara nada. Ciertamente parecía lo suficientemente sano como para meter la nariz donde no debía.

-Difícilmente puedo encontrar una pareja para mí, Haku. –Dijo Rin. –Voy a ser una Guardiana, así que no lo necesito. Además, la otra parte también debe mostrarse complaciente. Los hombres no se toman muy enserio que las mujeres los elijan como pareja sin pedirles su opinión al respecto.

-No te burles de mi, mocosa. –Gruño Hakudoshi, un indicio de su voz amenazante arrastrándose en sus palabras.

Rin se estremeció y cruzo los brazos sobre el pecho. Odiaba cuando Hakudoshi hacia eso. Odiaba que aún le afectara.

-No entiendo por qué usas tantas medicinas. –Dijo Hakudoshi con un claro desprecio en su voz. –Pareciera como si estuviera enferma y me hace quedar mal. Además, me han dicho que ya ni siquiera hueles como a una mujer, no es natural. Mis hombres decían que tu olor era lo único semi-atractivo de ti. Por supuesto que ahora nadie quiere bailar contigo.

Alguien se aclaró la garganta detrás de ellos.

-Señor Higurashi.

Con el estomago cayendo en picado, Rin se volvió y encontró a Sesshomaru y Kagome parados allí. A juzgar por la mirada comprensiva en el bonito rostro de Kagome, habían escuchado las palabras de Hakudoshi.

Rin miró a cualquier parte menos a Taisho y sonrió levemente mientras Hakudoshi y Taisho charlaban un poco. No le importaba. Ser humillada públicamente no era nada nuevo para ella. Le importaba un comino la opinión de Sesshomaru.

-¿Te importaría bailar?

Ante el repentino silencio, Rin frunció el ceño y miró a Taisho. Al darse cuenta de que la estaba mirando expectante, su mano extendida hacia ella, Rin se sonrojó. Al mirar a Kagome, la encontró mirando a Taisho con una sonrisa suave y agradecida, que solo humilló más a Rin. No necesitaba la compasión de nadie, mucho menos la de este hombre.

Rin miró a Taisho y dijo:

-No, gracias.

La expresión de sorpresa en el estúpidamente hermoso rostro de Taisho habría hecho reír a Rin en cualquier otra circunstancia. ¿Alguien le había dicho alguna vez "no" a este hombre? Parecía que nadie lo había hecho nunca.

-¡Rin! –Kagome siseo con reproche.

Rin sonrió, poniendo una mirada inocente.

-¿Qué? No tengo ganas de bailar.

-No seas idiota, mocosa. –Dijo Hakudoshi. –Si la gente ve que el Príncipe te presta atención, es posible que alguien se fije en ti.

Oh, vaya. Hakudoshi se estaba superando a sí mismo esta noche.

La sonrisa de Rin se volvió tensa, pero siguió sonriendo.

-No necesito que esos "alguien" hipotéticos se den cuenta de mí. Estoy bien sin ellos, pasando el mejor momento de mi vida con mi amada familia.

-¿Podría ser, que no sabes bailar? –Sesshomaru dijo en voz baja, aunque la mirada en sus ojos era cualquier cosa menos suave. Parecía divertido. Divertido.

-Bailo perfectamente bien, gracias. –Murmuró Rin.

Esos ojos dorados tenían un desafío en ellos.

-No hay nada de qué avergonzarse. –Dijo Taisho en el mismo tono suave.

Rin lo fulminó con la mirada.

-Sé bailar. –Dijo entre dientes. -¡Bien! –Agarró la muñeca de Sesshomaru y lo arrastró a la pista de baile.

-No hay necesidad de arrastrarme. –Dijo Taisho, lo que la obligó a reducir la velocidad de sus pasos. Maldición, era increíblemente fuerte.

Rin le dedicó una sonrisa falsa mientras ocupaban sus lugares en la línea junto a las otras parejas.

-Solo quiero terminar de una vez.

Con los ojos brillantes de diversión, Sesshomaru se inclino ante ella.

-Con una actitud como esa, no es de extrañar que nadie te invite a bailar. –Dijo en voz baja.

Rin resopló, aunque a decir verdad, se sintió un poco complacida. Era preferible que Sesshomaru fingiera que no había escuchado los humillantes comentarios de Hakudoshi. Y era... un poco menos humillante que Taisho hubiera dicho que la gente no la invitaba a bailar por su actitud más que por su falta de atractivo. Un poco menos.

-Eso fue inteligente, se lo concedo. –Dijo Rin, levantando su mano y alineándola con la de Sesshomaru a un cabello de distancia mientras se movían a través de los pasos de baile.

-¿El qué? –Taisho murmuró, apartando la mirada de Rin de sus fuertes y largos dedos. Su mano era mucho más grande que la de Rin.

Se encontró con la mirada del Youkai.

-Definitivamente ganó algunos puntos con mi hermana al ofrecerse a bailar conmigo.

Los labios sensuales de Taisho se curvaron en una sonrisa insufriblemente arrogante que hizo que Rin quisiera limpiarla... con una bofetada.

-Lo sé. –Dijo el príncipe. –Estoy bastante orgulloso de mí mismo por pensar en eso.

Rin le pisó el pie con fuerza.

El idiota sonrió más ampliamente y, poniendo una mano en la espalda baja de Rin, la hizo girar con una facilidad insultante, como si Rin no pesara nada.

Para cuando Taisho volvió a ponerla en pie, Rin estaba sonrojada y sin aliento.

-No vuelva a hacer eso. –Siseó, alejándose del ancho pecho del Youkai.

Taisho arqueó una ceja alvina, altivo.

-Es parte del baile. Es lo que hacen los varones en esta parte. Sé que eres del campo, pero seguro que lo has visto desde el inicio de la temporada.

Rin le dedicó su sonrisa más dulce.

-Puede que sea una campesina, pero he bailado antes, y sé con certeza que no todos los hombres lo hacen. No me tome por tonta, excelencia.

Al darse cuenta de la extraña expresión en el rostro del príncipe, Rin dijo: -¿Qué?

-Deberías sonreír más. –Dijo Taisho, su expresión aún extraña. –Eres bastante bonita cuando sonríes.

Rin odiaba el calor que se extendía por sus mejillas.

-Wow, ¿Bastante bonita? Estoy muy halagada. ¿También es tan amable con Kagome?

La parte horrible fue que se sintió halagada. Normalmente ignoraba todos los cumplidos vacios que le hacían los pretendientes de Kagome. Simplemente le hicieron poner los ojos en blanco. "Eres tan hermosa como tu hermana" era su favorito absoluto, porque simplemente no era cierto. Pero las palabras de Taisho si parecían genuinas, las había dicho casi a regañadientes.

-Con esa actitud, no es de extrañar que no tengas pretendientes. –Dijo Taisho, sonriendo un poco. -¿Has intentado ser amable con la gente? ¿O soy el único objetivo de tu pequeña lengua afilada?

-Usted no es especial, Su Gracia. –Dijo Rin, devolviéndole la sonrisa mientras alineaban sus manos de nuevo.

-No estoy seguro de si estoy aliviado o herido. –Dijo Taisho. –Tenerte viviendo bajo mi techo ciertamente no será aburrido.

Rin perdió un paso.

-¿Qué?

Taisho la corrigió suavemente, haciendo que su paso en falso pareciera un movimiento de baile planeado.

-Tu hermana me dijo que si nos casamos, sus hermanas menores también se mudarán a mi casa.

Rin perdió otro paso.

-¡¿Están hablando de matrimonio?! ¡La conoció hace dos días!

-¿Y?

-¡No se conocen!

Taisho le hizo girar.

-Difícilmente planeamos casarnos ahora. Pero tiene sentido hablar sobre las condiciones y consecuencias de nuestro matrimonio hipotético antes de que realmente ocurra.

-No puede simplemente... tratarla así. ¡No es una transacción comercial!

-¿No lo es? –Taisho dijo con una pequeña sonrisa absolutamente enloquecedora. –Pareces ser la única que no lo entiende.

Rin lo fulminó con la mirada.

-Mi hermana se merece algo mejor que eso.

-Ibas a decir "mejor que tú". Di lo que piensas, Rini.

Uf, Rin quería borrar esa sonrisita exasperante y superior del rostro de Taisho.

Volvió a pisotearle el pie.

El idiota ni siquiera hizo una mueca.

-¿Sus pies están hechos de acero? Y no me llamé Rini.

-No, solo eres una cosa diminuta, y tus pequeños pies difícilmente harían daño a un Dai- un hombre adulto.

-Quiso decir un Daiyoukai. –Dijo Rin, dándole una mirada curiosa.

Algo parpadeó en los ojos de Taisho.

-Eso también. –Dijo uniformemente, su rostro volviéndose ilegible de nuevo.

-No parece un Daiyoukai. –Dijo Rin.

Taisho fue el que perdió un paso esta vez.

-¿Perdón? –Su voz podría haber convertido el agua en hielo.

-No parece un Daiyoukai. –Repitió Rin, preguntándose si habría tocado un nervio. –No actúa como uno. Es tan civilizado y pragmático. Se supone que los Daiyoukai son los más poderosos y por eso suelen guiarse más por sus instintos.

Taisho se rió entre dientes, pero sus ojos permanecieron fríos y atentos.

-No debes creer en los estereotipos. ¿Cuántos Daiyoukai has conocido en tu vida?

Rin tragó.

-Los suficientes para saber que es muy diferente a ellos. –Dijo, su voz más tensa de lo que le hubiera gustado. –La gente dice que la compatibilidad de apareamiento es increíblemente importante para los Daiyoukai. Supuestamente se aparean de por vida.

Algo cambio en la expresión de Taisho.

-¿A dónde vas con esto? –Dijo, sosteniendo la mirada de Rin con tanta intensidad que la piel de Rin se puso de gallina.

Se humedeció los labios con la lengua.

-Me sorprende que pueda reprimir sus instintos y tomar una decisión tan pragmática y calculadora de casarse con una humana por el bien de la buena publicidad. Es tan poco parecido a un Daiyoukai. ¿Es usted un reprimido emocional o algo así?

-No somos animales. –Dijo Taisho. –Sería mejor que no creas todo lo que dice la gente. Puedo controlar mis instintos más básicos y pensar con la cabeza, y la mayoría de los Daiyoukai también son capaces de hacerlo, fuera de circunstancias fuera de nuestro control.

-¿Cómo la época de Celo? –Dijo Rin.

Taisho la miró fijamente.

Rin sonrió inocentemente.

-¿Qué? Mis mentoras me dijeron que debo alejarme de un Daiyoukai en temporada de celo lo más lejos que pueda. ¿Por qué no podemos hablar en torno al tema? ¿Solo porque soy una chica?

-Veo que vas a ser un dolor de cabeza después de que me case con tu hermana. –Murmuró Taisho, con los labios crispados.

-No se casará con Kagome. –Dijo Rin, levantando la barbilla. –Cuando, finalice mi entrenamiento y me convierta oficialmente en una Guardiana, tendré el poder suficiente para juzgar a los pretendientes de Kagome y evitar que gente como usted se le acerque. Así que no tiene que preocuparse de que yo sea un "dolor de cabeza", Su Alteza.

-Ya veremos.

Alguien tosió con torpeza, y Rin se estremeció y apartó los ojos de Taisho.

La gente los estaba mirando.

Rin tardó un momento en darse cuenta de por qué: la música se había detenido. Eran las únicas personas en la pista de baile, la mano grande de Taisho todavía estaba en su espalda baja. ¿Cuándo se detuvo la música?

Avergonzada y desconcertada, Rin dio un paso atrás y sonrió.

-Su Gracia. –Girándose, se alejó a grandes zancadas, sus pensamientos en desorden.

Antes de que pudiera recuperar el equilibrio, Taisho la alcanzó. Tocándola en el codo, la hizo más lenta.

-Deja de correr, Rini. –Dijo. –O la gente hablará.

Rin hizo una mueca sin mirarlo.

-¿Eso es todo lo que le importa? Y no estoy corriendo. Por favor, váyase.

-Déjame acompañarte con tu hermana.

Cierto. Su hermana.

-Si es necesario. –Dijo Rin. –Aunque estoy segura de que podré encontrar mi camino sin su ayuda superior.

Escuchó a Taisho exhalar.

-Eres imposible. ¿Debes siempre discutir conmigo?

Rin volvió la cabeza y le sonrió.

-¿Se siente exasperado, Su Excelencia?

La mirada que le lanzó Taisho fue bastante agria.

-Eres exasperante.

Con su sonrisa ensanchándose, Rin batió sus pestañas y dijo dulcemente. –Vaya, ese es el mejor cumplido que me pudo haber hecho. Mucho mejor que "Lo bastante bonita".

Un musculó salto en la mejilla de Taisho.

-No puedo creer que tú y Kagome sean hermanas. No es ni una decima parte de lo exasperante que eres tú, pequeña amenaza.

Rin resplandeció.

-Ahora imagínese casarse con Kagome y tener que aguantarme siempre cerca. ¡Qué horror! Así que debería encontrar otra marioneta para su campaña de relaciones públicas.

-No eres tan graciosa como crees.

-En realidad estoy hablando muy en serio...

-Rini.

Ambos miraron bruscamente hacia la voz.

Pertenecía a Hakudoshi, que los miraba de forma extraña.

Kagome también estaba cerca, rodeada por su habitual multitud de admiradores. Aunque estaba en medio de una conversación, los miraba con curiosidad.

Taisho soltó el brazo de Rin, se inclinó levemente ante Kagome con una sonrisa repugnantemente encantadora y asintió con frialdad hacia Hakudoshi, antes de volverse hacia Rin.

Inclinándose, dijo, en voz muy baja, solo para los oídos de Rin:

-No me asustas, mocosa. Acostúmbrate a la idea de que pronto vivirás en mi casa. Cuando sea el esposo de tu hermana, también seré el jefe de tu familia. Tendrás que escucharme. Tendrás que obedecerme. –Sus labios se curvaron, sus ojos atentos. –Tengo muchas ganas de que ese momento llegue.

-Nunca. –Dijo Rin, apretando los puños.

Taisho tomó uno de los puños de Rin, y le acarició los nudillos hasta que sus dedos se aflojaron.

Con la cara caliente y el pulso tronando en sus oídos, Rin observó como Taisho se llevaba la mano a los labios. Seguramente no lo haría...

Lo hizo.

Los cálidos labios rozaron los nudillos de Rin.

No fue nada fuera de lo común. Un gesto anticuado de respeto hacia las damas de buena familia, nada más.

No debería haber hecho que se le pusiera la piel de gallina. O le hiciera temblar los dedos.

Rin tiró de su mano y miró al Youkai.

¡Ese... Ese tonto manipulador! ¿Pensó que podía activar sus encantos y que Rin simplemente se olvidaría de lo idiota, cínico y dos caras que era?

-No malgaste su encanto conmigo, Su Gracia. –Dijo con su voz más encantadora. –No funciona conmigo.

El idiota se rió, como si Rin hubiera dicho algo muy gracioso.

-Valió la pena intentarlo. –Dijo, y se fue.

Rin no lo miró irse.

No lo hizo.

Miró su mano y frunció el ceño al ver sus dedos hormigueantes, antes de limpiarlos en la falda de su vestido.

No funcionó. Todavía podía sentir el toque de Taisho como si su carne se hubiera chamuscado.

Escuchó un fuerte rugido como si algún monstruo estuviera detrás de ella.

Se giró algo brusca, pero no se encontró a nadie tan cerca como para hacer ese ruido, y mucho menos que le prestara la atención suficiente.

Cerró los ojos, inhalando profundamente. –"Lo siento, Yako".

Escuchó otro rugido, pero esta vez menos amenazante, antes de sentir una oleada de protección a su alrededor, como si hubiera alguien cubriéndola. Se sintió mejor, tanto como para caminar hacia su hermana y alejar a los pretendientes de ella.

Curiosamente todos le hicieron caso al instante. Sonrió divertida. Ser guardiana era muy divertido.