"UNA VIEJA CIUDAD"
CAPITULO: 14 POR: YADIRA JIM (Yadira Kuran)
Terry manejaba frenéticamente el deportivo rojo que su madre había regalado en su cumpleaños pasado, la presencia de Susana en verdad cada vez era más irritante y asfixiante para el chico. El cual por más que intentaba soportar ya no podía con esa farsa, no la amaba y jamás lo haría. Hacia tanto que no pensaba de esa manera. Tan libre. Sorprendido con sus recientes actos recordó que no iba solo en el auto, miro de reojo a su acompañante y una suave sonrisa apareció, sin importar el dolor que sentía esa chiquilla lo aligeraba todo.
— Discúlpame Serena, jamás pensé que Susana reaccionaria de esta manera.
— No te preocupes Terry — sonrió — no fue tu culpa. En verdad. Aunque tu prometida es algo ¡mmm! Insegura, celosa y quizá psicótica — una risilla escapo de ambos — pero bueno yo en su lugar haría lo mismo, teniendo un novio tan guapo que siempre se ve rodeado por hermosas chicas. La entiendo.
— ¡Como Tú! — Interrumpió Terry notando que su cumplido puso tan colorada a su acompañante.
— Terry, que cosas dices — decía aun roja por el piropo — cambiando de tema. ¿Mina... que es lo que sabes de ella? Dime por favor Terry, está bien ¿cierto? Se supone que hoy llegaría a Nueva York, pero no fue así por el contrario esta indispuesta y tenemos que ir a buscarla. ¿Es porqué algo malo sucedió? — El llanto se hizo presente.
— No lo sé a ciencia cierta — todo era tan confuso para el chico — un amigo me faxeo y solo me dijo que mi padre había muerto...
— Lo lamento — Serena no supo que más decir como cualquiera en esta situación.
— Gracias — Terry sentía que se iba a volver loco — Lo que no entiendo es como murió y por qué Mina estaba con mi padre.
— Quizá tu padre conocía a Mina — Como siempre Serena intentaba ser optimista — Tengo entendido que su madre era inglesa, es por eso que Mina hizo esa parada en Londres. Para visitar la tumba de su madre.
— Puede que tengas razón, pero hay algo que me inquieta — esa punzada en el pecho se hacía presente como tantas veces lo había hecho. Esa agonía y dolor. Pero no solo eso, tenía miedo. ¿Miedo de que? Todas esas sensaciones lo hacían confundirse más — Hemos llegado, mi madre nos espera en la sala de espera.
— Es cierto. Tú madre también vendrá —decía mientras caminaban por el enorme pasillo del aeropuerto — dime Terry no crees que tome a mal mi presencia. Bueno tal vez ella desee estar a solas contigo.
— Claro que no, ella sabe que vas por Mina. Además eres una amiga muy querida para mí, yo le he platicado mucho de ustedes. Ella sabe que significan mucho para mí, ella jamás te haría un mal gesto. Al contrario. Está feliz, ya que siempre he sido muy sombrío y desde que volví de Japón dice que hay algo que en mí que cambio. Aunque yo creo que son puras imaginaciones de ella.
Serena no dijo más. Quedo convencida ante las palabras de su joven amigo, y tomando su equipaje avanzo del lado del chico sin decir más. Ambos absortos en sus ideas y sus preocupaciones. Llegaron a una inmensa sala la cual Serena no tenía mucho que había pisado pues ahí mismo fue donde acompaño a Karen un par de días atrás para su viaje de negocios a Paris. Pronto se hizo visible a tan solo un par de pasos de ellos la madre de Terry quien cubría muy bien su rostro, lentes oscuros y un sombrero. La mujer les ondeaba la mano para hacerse notar por ellos.
— Llegas un poco tarde Terry — Eleonor se abalanzo hacia su hijo.
— Lo siento madre — abrazo a la mayor y dio un ligero beso en la mejilla de la misma — tuve un contratiempo ¡oh! Se me olvidaba. Eleonor. Te presento a Serena — señalando a la rubia que se escondía un poco apenada tras el castaño — es la chica de la que te he platicado, bueno al menos una de las dos que te he platicado.
— Mucho gusto señora Bécquer. Tsu...Tsukino Serena — saludaba y se presentaba la chica.
— Mucho gusto señorita Serena — «En verdad es linda» — Vamos. El avión ya casi parte.
— Mamá es imposible, ya que viajaremos en el Jet privado de un amigo. Él cree que no debemos perder tiempo en un viaje normal. Tenemos que llegar a Londres a la voz de ya.
Al llegar a la zona de plataformas los tres se dirigieron a un área muy exclusiva, donde un lujoso avión privado los esperaba. Serena y Eleonor quedaron admiras por tanto lujo. Un lujo que ni en sus más fantasiosos sueños se hubiera imaginado. Un hombre que al parecer por su vestimenta daba a conocer su posición como empleado de los Andrey. Una cordialidad tan digna de la familia que los mismos trabajadores tenían que tener. Con amabilidad les dirigió al interior de la nave, mostrándoles sus lugares. Ya dentro la azafata les detallo las indicaciones y minutos despues despegaron. Dirigieron su vuelo a esa ciudad que tanto a madre e hijo les traía dolorosos recuerdos.
En otra parte de los EEUU, una chica de mirada alegre y penetrante laboraba arduamente, con una sonrisa dibujada en su blanco rostro miraba a su nuevo jefe. Así es Candy estaba absorta en ayudar a Darién en unas leves curaciones que practicaban a un niño que se había fracturado la pierna derecha al jugar con su bicicleta. Fue en ese instante que otra de sus compañeras le llamo.
— Candy. Tienes una llamada en la recepción, yo ayudare al doctor.
— ¿Quién es? — pregunto extrañada la pecosa. Ya que raramente o quizá nunca recibía llamadas en el trabajo.
— El Sr. Andrey, dice ser urgente — señalaba Johana una morena que acompaño a Candy en sus días de estudiante.
— Vaya Candy — Darién dijo comprensivo — hemos terminado.
— Gracias Doctor, en seguida vuelvo — Candy salió después de limpiar sus manos.
Ya habían pasado un par de semanas desde la llegada de Darién a Chicago, y su desempeño era por demás destacado, complementado con el apoyo de su rubia asistente que era más que eficiente. Hacían una gran pareja laboral, y hasta muchos compañeros de trabajo adulaban que se veían tan bien juntos, no solo como médico y enfermera, si no como una linda pareja de novios. Ambos chicos eran conscientes de los rumores que comenzaban a divulgarse de una supuesta relación amorosa entre ambos, pero tanto Candy como Darién descartaban una situación similar. Aunque cuando se les preguntaba ambos sonrojaban de manera qué evidenciaban lo contrario. Todo esto pasaba en la cabeza de Johana la buena amiga de Candy al ver el esmero y lo bien que se veían su amiga con el nuevo médico, en verdad nunca le había conocido algún novio, y en ocasiones la llego ver mirar el horizonte con una mirada que no reflejaba tristeza, más bien decepción.
— Bueno. Albert — tomaba el auricular.
— ¿Candy? — se oía del otro lado del aparato.
— ¿Qué pasa? ¿Te hice esperar mucho?
— No. Para nada y disculpa que te moleste en horario de trabajo pero quiero pedirte un favor.
— Claro Albert. Sabes que por ti haría todo lo posible en mis manos, no repararía en nada. Ahora dime que pasa te escucho algo tenso.
— Candy... — Albert Dudo en decir lo siguiente — es sobre Terry
— ¿Terry? — el solo oír su nombre la puso nerviosa— que sucede con él, ¿Está bien? ¿Qué le paso? ¿Albert? ¿Está bien cierto? — una lluvia de preguntas fue o que dejo salir Candy.
— Cálmate Terry está bien, bueno eso espero.
— Que sucedió y ese "eso espero" que significa.
— Candy el duque de Granchéster está muerto.
— ¿Cómo? — a su mente llego aquellas pocas imágenes que tenia del padre de Terry, esos recuerdos dolorosos de su separación en Londres. Aun recordaba cómo le había suplicado al duque de Granchéster dejarlo tomar su propio camino, y ahora estaba muerto. Al menos esperaba que en estos años ambos se hubieran perdonado y aceptado como padre e hijo.
— ¿Candy estas bien?
— Si. Si estoy bien es solo que me tomaste por sorpresa — La chica respiro profundo pero con disimulo y continuo — y Terry como reacciono.
—No lo sé, ha de estar por llegar a Londres. Pero en si este no es el asunto de mi llamada.
— ¿Como, hay más?
— Candy quiero pedirte un favor — La voz de Albert era opaca y desganada.
— Claro, dime que es y en lo que sea. Ya te lo había dicho.
— Candy...regresare pronto a Chicago. En cuanto pase lo del funeral del padre de Terry, y arreglo unos negocios. Regreso.
— Me alegra que vuelvas a casa Albert. Pero en que te puedo ayudar si solo vas a regresar.
— Candy...
— Dime. Te escucho. Algo pasa a parte de lo de la muerte del padre de Terry ¿Cierto?
— Candy no vuelvo solo. Es en eso en lo que necesito que me ayudes, definitivamente necesito tu completa ayuda en esto y se que nadie más que tú podría cumplir con esta tarea.
Candy sintió sofocarse, no sabía por qué pero aún no se sentía preparada para afrontarlo. No después de lo que vio en su visita a Nueva York — No estoy segura de que él se sienta a gusto aquí.
— ¿Él? Candy de que hablas, en ningún momento dije él sino te digo "ella" necesitará mucho de tú apoyo.
— ¡EH! Perdón Albert — una total confusión y vergüenza se apodero de Candy — ¿Cómo que ella? — Reacciono al instante — ¿Qué paso, la conozco? ¿Cuándo vuelves?
— Espero que no pase más de una semana. Tienes que ayudarla — Albert esta vez se oía desesperado y suplicante.
— ¿A quién? — Candy cada vez entendía menos — En verdad te oyes muy afligido.
— Pronto lo sabrás. En cuanto vuelva te doy todos los detalles, solo prepárate para ayudar a una chica que ha perdido su memoria por culpa de una agresión física.
— ¡Oh!... claro amigo cuenta con eso.
— ¿Candy? Terry te necesita en estos momentos.
Candy fue nuevamente tomada por sorpresa ante lo que su tutor y amigo pedía. Es verdad que el oír sobre la muerte del duque deseo estar junto a Terry pero el recuerdo de Susana la regreso a la realidad y más aún estaba esa chica del aeropuerto.
— Albert. Eso no sería correcto lo más probable es que su prometida lo acompañe.
—Candy. Ven por favor. Por Susana no te preocupes solo viene Terry y su madre.
— No lo puedo dejar el trabajo así nada más.
— Si te dan permiso vendrías ¿Cierto?
— Si tú eres el que pide el permiso, claro que lo harán. No te negarían nada a ti, como negarle algo al Sr. William Andrey — lo dijo con sarcasmo.
— Entonces cámbiate para partir en dos horas, un auto te está esperando fueras del hospital para llevarte a casa a traer tus pertenencias y de ahí te llevaran al aeropuerto donde un jet privado te traerá.
— ¿Albert?
— Sabia que dirías que sí. Te estaré esperando, cuelgo ya que tengo un asunto que arreglar. Buen viaje.
Candy paso por la dirección y tal como Albert dijo, el permiso estaba concedido. Se fue a los vestidores y cambio sus ropas e hizo todo tal y como su tutor lo indico, abordo el avión y con un poco de temor emprendió su viaje. El enfrentar su pasado le producía miedo. Aunque tenía la esperanza de que aquellos sentimientos y recuerdos estuviesen guardados en lo más profundo de su corazón.
Volviendo al hospital donde Mina era dada de alta y donde el medico daba ciertas recomendaciones a Albert ya que este sería como el tutor de Mina mientras esta se recuperaba totalmente. Obvio hasta volver sus recuerdos.
— No es justo, ese bastardo cree que porque es alguien influyente piensa que pueda hacer lo que le venga en gana — se quejaba Yaten.
— Tranquilízate Taiki intentaba calmar a su hermano — Tómalo por el lado bueno. En estos momentos no te recuerda y por lo mismo no es conveniente que estés cerca de ella, la presionarías y eso le puede afectar en vez de ayudar.
— Así es — segundaba Seiya — por eso no es conveniente que venga con nosotros. No por ahora.
— Pero a ustedes si los recuerda —protestaba el peigris.
— Por lo mismo, si no te recuerda es porque la heriste demasiado — Seiya seguía intentando que Yaten comprendiera — con lo del ataque que sufrió ella bloqueo todo lo que le causa dolor, y eso hermano te incluye.
Seiya había sido más que directo con el peli-plata, en esos momentos Mina salía de su habitación luciendo un hermoso vestido azul. Yaten quedo boquiabierta al verla pero no fue el único Albert que volvía de la oficina del doctor también quedo admirado ante tanta belleza.
— Mi... — Yaten no termino la frase debido a que el magnate le gano.
— Me permites — ofreciendo el brazo y ganándole la partida a su contrincante— Mina tenemos que irnos hay que ir a recibir a Terry llegara en cualquier momento.
— Es cierto. Chicos — refiriéndose a los hermanos Kou— los veo luego. Nos vamos Will.
— Mina paso por la noche a verte. También me gustaría acompañarte a recibir a "tu amigo" pero tenemos trabajo esta tarde.
— Gracias Yaten pero Will me acompañara. No hay de qué preocuparse.
— ¡Oh! Es cierto te quedaras en el mismo hotel que el Señor Andrey — señaló Seiya.
— Exactamente, así que vayan sin pendiente a cumplir sus compromisos que yo cuidare de ella. No hay de qué preocuparse.
— El estar contigo es lo que me preocupa — Yaten camino y al pasar al lado del rubio le susurro— Vámonos chicos.
— Nos vemos luego — se despidieron los otros dos.
Ya en el auto que esperaba a los hermanos Yaten seguía refunfuñando sobre el comportamiento del magnate, no se podía dar el lujo de ponerle las cosas tan fáciles. Es verdad que Mina lo había olvidado, pero al igual que el millonario comenzaría a conquistarla por si Albert estaba enamorado de ella — Comprendo la situación de Mina y miren que no quiero empeorar las cosas. Que puedo hacer a ese imbécil lo trata con demasiada confianza, y eso que lo acaba de conocer ¡Rayos!
Terry sentía los nervios de punta. Hacía tiempo desde que había pisado esa vieja ciudad en cuestión de no trabajo. El mismo lugar donde había vivido la mayoría de sus pesares. La separación del lado de su madre, la indiferencia de su padre al cual ya no vería más. A pesar de todos esos malos recuerdos también había buenos. Esa ciudad le ofreció los mejores momentos de su adolescencia. Feliz y enamorado. Hoy solo quedaban recuerdos de un amor que jamás regresaría.
— Terry ¿Estás bien? — Eleonor pregunto al ver la usencia de su hijo— ¿Terry? — repitió un par de veces más.
— Decías algo madre.
— No, solo decía que el equipaje ya fue enviado al hotel y creo que yo también iré directo allá, ¿Terry?
— Si.
— Se fuerte — la mujer sujeto con ternura las manos de su hijo y obsequio una suave sonrisa — No hagas aprecio a lo que digan. Estas aquí por tu padre. Recuérdalo.
— Lo se madre. ¿Serena? — giro en busca de su acompañante.
— Aquí estoy. No se preocupen los sigo.
Los tres se dirigieron a la salida, cada uno inmerso en sus pensamientos que no se percataron de esos ojos ambarinos que los observaban con una mezcla de odio y alegría fundidos en un mismo sentimiento. Aquella mirada fijo enseguida al chico de una manera desafiante y decidida.
