"Cercas y Lejos"
CAPITULO: 15 POR: YADIRA JIM (Yadira Kuran)
Los tres se dirigieron a la salida, cada uno inmerso en sus pensamientos que no se percataron de esos ojos ambarinos que los observaban con una mezcla de odio y alegría fundidos en un mismo sentimiento. Aquella mirada fijo enseguida al chico de una manera desafiante y decidida.
¡Mira que tenemos aquí! El hijo predilecto vuelve al hogar ¿Cierto Terrence? o prefiere que lo llame "Duque de Granchéster" — decía una voz demasiado sarcasmo.
El dueño de aquella voz y esos ojos ámbar pertenecían a una chica como de la edad de Serena, quizá unos tres o cuatro años más joven que el castaño. La larga y rizada cabellera marrón le llegaba casi a la cintura. Era una chica por demás bella e impactante, como arrogante y altanera. Su bien formado cuerpo detonaba elegancia y seducción por sí mismo con tan ligeros movimientos.
— ¿Perdón, la conozco señorita? — decía Terry con asombro.
— ¿En verdad no me reconoces? Claro. Ahora que mi padre ha muerto vienes creyéndote ¡El gran señor! Que ignorante estas de las cosas — con voz firme expresaba aquella chica — Deja decirte algo Terrence ¡Jamás aceptare esto!
— ¿Catherine? ¿Catherine Granchéster? — pregunto con incredulidad Terry.
— Vaya. Hasta que te dignas en reconocer lo puro de tu linaje. A tus superiores.
— Quizá quiso decir "a tu pequeña hermana" — interrumpió Albert quien iba llegando y escucho todo.
— ¡Jajaja! — Catherine no pudo carcajear con arrogancia — ¿Hermana? ¿Yo? Por favor señor no le enseñaron que es de mala educación interrumpir conversaciones ajenas y si fuera poco ofenderme al decir que soy hermana de un bastardo. Inadmisible. Jamás aceptare a "este" — señalando a Terry — como el heredero de mi padre. Así que ya los sabes Terrence, no será tan fácil quitarnos lo que nos pertenece.
— ¡Jajaja! — Ahora era Terry quien reía con el mismo sarcasmo que usara la chica antes — como si tuviera interés en eso.
— Ahora me dirás que es caridad tu presencia aquí. ¡Por favor! Sin duda las hienas aparecieron — dicho lo último miro a la madre de Terry.
— Señorita podría ser que ese es el lenguaje que usa hoy en día la nobleza. Si es así, la educación inglesa está en total decadencia y su padre debe estar retorciéndose en su ataúd y su madre dudo no avergonzarse de tales palabras — una vez más intervino Albert.
— Escuche señor... — Miro retadoramente al rubio y volvió la vista a su hermanastro— ya lo sabes Terrence. Es mejor que regreses por donde viniste y llévate a esa mujer lejos, es el colmo de su cinismo. Pero claro es lo menos que se esperaba de una mujerzuela b...
La ojimiel no termino de ofender a la madre de Terry ya que Mina al igual que Serena se habían limitaba a escuchar los insultos de aquella chiquilla hacia la madre de Terry. Más sin embargo el ver como trataba Catherine a la Sra. Bécquer rebaso los límites y su cuerpo por reflejo se movió dejando caer su blanca mano sobre el de la chica.
— ¡Cállate, ya fue suficiente!
La pelirroja miro amenazantemente a la rubia, pero paro en seco al observar la mirada de furia de aquella que se había osado ponerle un dedo encima. Era la misma que tantas veces vio en su padre, aquella que tanto miedo le provocaba. La misma que Terry le dirigió cientos de veces a su madre cuando él vivía aun con ellos en Londres.
— Esto me lo pagaran caro ¡Lo juro! nadie después de insultar de esta manera a un Granchéster sale ileso y se marcha sin recibir su merecido — Catherine dio media vuelta y se marchó con la cara tan roja por la ira y frustración.
Terry vio partir a su media hermana con una chispa de furia aun en sus ojos — Madre ¿Estas Bien?
— Querido te dije que no era buena idea que yo viniera.
— No te preocupes todo irá bien — el chico sonrió con ternura a su madre.
— Perdón. No sé qué me paso, solo vi injusto en como la trataban señora —se excusó Mina — solo sentí que no debía permitirlo.
— No tiene por qué disculparse. Al contario gracias — la mayor sonrió apenada — Eleonor Bécquer. Con quien tengo el gusto —ofreciendo su mano en señal de saludo.
En ese momento ambas mujeres se miraron fijamente a los ojos, ambas sintieron una corriente eléctrica recorrer todo su cuerpo y por un instante ambas creyeron verse en un espejo. Eleonor creyó verse a sí misma cuando era una adolecente y Mina imagino verse en un futuro tal y como esa hermosa mujer que parada frente a ella le ofrecía su mano para saludarla.
— Mucho gusto — acepto el gesto de la mayor — Mina Aino a sus órdenes.
El par de rubias sintió un extraño sentimiento al estrechar sus manos, fue como si un hueco que siempre estuvo allí hoy se llenara. Una incomprensible dicha invadió a ambas mujeres. Un sentimiento que ambas no comprendían.
— El gusto es mío. Así que tú eres esa chica extraordinaria y hermosa de la cual Terry y Serena no paran de hablar. Veo que ambos no se equivocaron.
— Gracias — respondió sonrojada Mina.
— Señor Andrey es un placer saludarlo — dirigiéndose al joven patriarca.
— El honor es para mí saludar a tan bella dama —depositando un amable beso en la mano de la señora Bécquer.
— Gracias Mina. Si no le hubieses puesto un alto a Catherine hubiera perdido los estribos y olvidado que soy un caballero — agradeció Terry — también gracias a ti Albert.
— No fue nada solo hice lo que creí mejor.
En ese momento Serena corrió al lado de su amiga y frenéticamente la abrazaba. Estaba feliz de ver a Mina bien — ¿Estas bien?
— Claro Serena. No te preocupes solo fueron algunos rasguños al caerme de las escaleras — dijo con toda la calma del mundo Mina.
Terry y Serena de inmediato se miraron confusos ya que lo sabido era que Mina había sido víctima de un intento de violación, además de testigo del asesinato del Duque o al menos eso es lo que Albert había dicho a Terry. El castaño volvió la vista a su amigo quien este a su vez y con un movimiento negativo le dio a saber que Mina no estaba enterada de lo sucedido.
— Terry. No me presentas a la señorita —refiriéndose a Serena— Al parecer todos los Granchéster son muy descorteces y maleducados.
Todos rieron al unísono.
— Claro — se acercó a Serena y la sujeto por los hombros — Ella es Serena Tsukino. Serena él es El señor "William Albert Andrey"
Ambos rubios se tomaron de las manos en forma de un agradable saludo y así quedaron todos presentados. De esta manera el líder de los Andrey los guio a un lujoso auto el cual les llevaría al mismo hotel en el que él y Mina se hospedaban. Al llegar al Savoy (el hotel) Eleonor se fue a su habitación y lo mismo hicieron las chicas. El par de varones se instaló y luego fueron al bar del hotel.
— Ahora si explícame que paso —Terry a bordo de inmediato el tema —
— Primero sentémonos y pidamos algo de beber —hizo una señal a uno de los camareros — dos whiskeys por favor o gustas otra cosa Terry.
— Así está bien. Ahora dime como es que Mina estaba con mi padre ¿Quién mato a mi padre? ¿Quién provoco esto a Mina? — decía desesperado y confuso.
— Cálmate solo sé que tu padre fue asesinado por un par de delincuentes. Uno fue detenido, al parecer es el principal autor de estos crímenes.
— Y el otro ¿escapo? ¡Maldita sea! — golpeo la barra.
— No. Está muerto. Es todo lo que se sabe ya que el tipo no ha querido declarar y sin testigos no se puede hacer, ni saber más ya que el único testigo es Mina pero hasta que no recupere la memoria no sabremos qué fue lo que realmente paso tenemos que tener fe de que su amnesia parcial pase pronto para que pueda declarar.
— Qué estaba haciendo mi padre en esa parte de la ciudad y más aún como conoce a Mina. Es algo que no entiendo.
— No desesperes, mientras no diga nada ese tipo no queda más que esperar que Mina recuerde. Y hablando de tu padre Terry, tienes que arreglarte para el velorio y con lo que sucedió en el aeropuerto no te será fácil despedir a tu padre.
— Ni me lo recuerdes, el solo recordar como Catherine trato a mi madre me enfurece. Quien hubiese imaginado que esa chiquilla gorda y sin gracia luciría hoy tan hermosa, pero frívola y despiadada.
— Eso sí. Sin duda corre por sus venas sangre de un Granchéster. En cierta forma es igual a ti en aquellos años cuando te conocí.
— ¿A mí? Yo no soy así, yo nunca me comporte tan insolente, grosero y malcriado.
— ¡Ja ja ja! Terry te acabas de describir a ti mismo — la estruendosa risa de Albert se oyó por todo el lugar.
— Yo no soy así — frunció la ceja derecha — bueno al menos ya no.
— En eso tienes razón. Hoy que te veo bien a pesar de lo sucedido — Albert palmeo la espalda del chico — La situación que vas a afrontar no será fácil. Pero tú mirada ha vuelto hacer casi la misma de antes. Nuevamente noto brillo en tus ojos. Valor amigo. Mucho valor.
— Tal vez porque estoy con mi madre. Además de un tiempo para acá siento que he recuperado algo que perdí, como si ese algo se acercara cada vez más. Sabes siempre sentí un vacío y había momentos en los que mi estado de ánimo era confuso. Aunque yo estuviera feliz sentía melancolía, si estaba furioso me invadía la alegría y así muchas veces. Siento que ese algo se acerca cada vez más para llenar ese vacío. Es extraño saber que esas sensaciones nos las provocaba la ausencia de mi madre o mi padre si no algo más. Algo que desconoces totalmente. A veces creo que todo esto comenzó o quizá se difumino desde el día en que conocí a Serena —su voz sonaba entre melancólica y optimista.
Albert al oír esas palabras de parte de su amigo sintió haber cometido un gran error. Ahora pensaba que el haber llamado y mandado traer a Candy no fue una buena estrategia. Imaginando que su amigo no había cambiado en estos cinco años de distanciamiento, al menos no en su corazón y más aún lo creyó al pasar del tiempo y no ver avance en su relación con su co-estrella. Nada oficial y mucho menos definitiva. Albert pensó que si el castaño aun llevaba tiempo dándole largas a Susana es porque aun amaba a su pequeña amiga. Ahora dudaba su teoría. Terminaron su trago y continuaron la charla en la habitación que ambos compartieron.
— ¿Terry? —hablo Albert con la vista en el gran ventanal.
— Dime — Respondió simple Terry mientras se ponía una camisa negra la cual solo usaba para ocasiones no muy agradables.
— Candy...ella — Albert quiso saber la reacción en el rostro de Terry pero este estaba a espaldas de él y dudo por un momento. Por otro lado Terry al escuchar el nombre de aquella chiquilla le puso nervioso al instante y sus manos que abotonaban la camisa comenzaron a temblar, no sabía que era lo que Albert le quería decir acerca de Candy o que era lo que pretendía en nombrarla justo en ese momento. En ese instante vinieron a su mente las palabras que Susana dijese antes de salir de su apartamento en Nueva York.
— Terry. Soy tu prometida, debes de ser más considerado conmigo. No es justo que me trates así. Me excluyes de todo.
— Susana por favor no es el momento. Te prometo que en cuanto vuelva hare lo que quieras. Por ahora déjame solo.
— Vas a buscarla ¿Cierto? ¿La viste? ¡Maldita! Me dijo que no te buscaría. En verdad a eso vino es... — fue interrumpida.
— Susana no la metas en esto. Como voy a verla si no he estado en Chicago solo. Siempre que he ido te has empeñado en ir conmigo, no me dejas ni a sol ni a sombra. Como podría yo verle. Te dije que no lo haría y no lo hecho ¿Susana? Como que vino Candy ¿estuvo en Nueva York?
— Claro y estaba muy bien acompañada por un joven demasiado apuesto. Ahora recuerdo dijeron ser novios.
... conociendo a su amigo y lo agudo que era ya se imaginaba lo que le diría y eso era algo que él no deseaba escuchar en esos momentos o más bien en ninguno. Que "su" pecosa le dejase de amar era lo que más temía. Tal vez la manera en la que se separaron y aun sabiendo lo dulce, hermosa y tierna que ella es. La dejo ir. Imposible que no hubiese nadie que se enamorara de ese ángel. Es más. Por mucho tiempo creyó a Albert enamorado de ella, como también creyó o intento creer que merecían estar juntos. Cuando se disponía a responder de manera fría e irritante sobre el tema, y justo cuando Albert pensó en continuar su confesión, ambos fueron interrumpidos por el sonido del teléfono
— Permíteme Albert — Tomo el auricular — Sí. Diga.
— Señor, la señorita Tsukino y la señorita Aino lo esperan en el lobby del hotel.
— Ok. Avíseles que en un momento estamos con ellas.
— Entendido y Buen Día
— ¿Las chicas?
— Si. Nos esperan abajo — termino de vestirse — vamos.
Albert no tuvo más oportunidad de decirle a Terry sobre la llegada de su pupila. Lo dejaría al destino esperando su forma de actuar no trajera consecuencias, quizá estaba pensando de más y las cosas no fuesen como el las creyó pero la charla de hace un par de minutos aun resonaban en su cabeza. Solo eso esperaba, que él fuese el confundido. Ambos chicos llegaron donde las rubias lucían encantadoras aun con esos vestidos de luto. Solo ellos tres acompañarían a Terry a la mansión Granchéster. Los cuatro salieron y abordaron un lujoso auto que Albert había alquilado y sin saber cómo los recibirían emprendieron su viaje rumbo al ex hogar del castaño.
Al mismo tiempo en que el joven ingles partía con sus amigos el avión donde Candy llegaba de América tocaba tierra en las pistas del aeropuerto de Londres. Pasado un par de minutos el aeroplano término sus maniobras de aterrizaje.
La rubia sigilosa y temerosa apareció por la puerta de salida. George se apresuró a saludar y a recibirla respetuosamente.
— Bienvenida Señorita Candice ¿Cómo estuvo el viaje?
— Algo pesado. Aun no me acostumbro a volar. El viaje aunque largo es más placentero en barco. Pero bueno ya estoy aquí — dijo temerosa y nerviosa — ¿Y Albert? — Lo busco con la mirada.
— El Señor William me pidió que la llevara directo a la casa de Duque de Granchéster. Ahí la espera él — pidiéndole la maleta — me permite.
— ¡Ahh! —Suspiro— Tan típico de él. Hacia tanto que estuvimos aquí ¿verdad?
— Así es señorita — abriéndole la puerta del auto — Ahora marchémonos.
— George... usted conoce a la chica que Albert está cuidando.
— ¿Cuidando? ¡Ah! se refiere a la señorita Aino — sentado en el lugar del piloto echo andar el auto—
— ¿Qué relación tienen? ¿Es bonita, cómo la conoció?
— Señorita Candy usted siempre tan curiosa.
Así fue la llegada de Candy a Inglaterra. Pasaron por el Big Ben, el palacio de Buckingham y el rio Támesis. Todos y cada uno de esos lugares le traían numerosos recuerdos. Recordó a Patty, Annie, Stear, Archie, Albert y él. Incluso a los terribles hermanos Legan. La añoranza la invadió y en menos tiempo del que ella hubiese imaginado llegaron a su destino. El lugar parecía algo sombrío su estructura al estilo Barroco era formidable. La mansión había sido construida a fines del siglo XVIII durante la era Victoriana. Las enormes paredes y columnas que adornaban la entrada eran completamente de mármol. Metros adelante de la entrada una enorme fuente hacia la glorieta para la entrada principal de la mansión. Candy creyó haberse equivocado de lugar, ya que más que un velorio parecía un desfile de moda. Aunque todos vestían el mismo oscuro destacaba la elegancia de los trajes y vestidos de los presentes, parecía más una fiesta en la que todos buscan sus mejores galas para presumir y que decir de la gran fila de autos lujosos de los modelos más recientes. Todos esperando su turno para llegar a la puerta principal. La pecosa vio al otro lado de la inmensa fuente estacionarse un auto el cual Albert conducía. Le vio descender y apresurar a la puerta contraria, para abrirla para después ver a una hermosa chica que se sujetaba del brazo que Albert galantemente ofrecía. Fue en ese instante que sus ojos se ancharon como grandes platos al ver salir por la puerta detrás del mismo lado que su tutor a Terry que al instante cerró la puerta e imito. Pero esta vez por el polarizado de los cristales no alcanzo a ver quién más venia. Justo en eso George avanzo un poco quedando con la vista bloqueada por la estatuilla al centro de la fuente. De ese modo no vio cuando Albert y Terry entraron a la mansión. Al cabo de un par de minutos el auto en el que Candy viajaba llego a la puerta principal y George se apresuró a ayudarle a bajar.
— Señorita. Hemos llegado.
— Gracias.
La chica dio un par de pasos fuera del auto y unas largas y marmoleadas escaleras adornaban la entrada de la casona. Sintió sus piernas flaquear y un sudor frio recorrió su espalda. Tanta elegancia la abrumaba, si la casa de Lakewood le dejo maravillada esta estaba más allá de su imaginación. Lo que la puso aún más nerviosa junto con saber que pronto estaría frente a frente. Pensó en cómo Terry tomaría su presencia o si la notaria.
Se armó de valor y firmemente se dirigió al interior. Al entrar al recinto no avanzó mucho cuando el cuchichear de los presentes llamo su atención, ya se imaginaba de lo que murmuraban y con todo y eso se mantuvo tras una gran columna para pronto encontrar el centro y motivo de los cuchicheos. Su respiración agito más de lo normal. En verdad que el color negro lo hacía lucir más gallardo, más elegante, más guapo, más maduro. Aislada avanzo un poco más esta vez quedando detrás de un enorme arreglo floral a no más de 5 metros de donde Terry hacia reverencia frente el ataúd de su padre. Viajando en sus pensamientos y temores no se percató de lo que enseguida ocurrió. Fue hasta que el grito de una mujer llamó su atención. Catherine eufórica se lanzaba sobre Terry.
— ¿Qué haces aquí? Eres un descarado. Como te has atrevido a pisar mi casa ¡Por favor! Saquen a este tipo — decía a los guardaespaldas— ¡Lárgate, no te quiero ver, no eres bienvenido!
La gente presente miraba sorprendida la escena, pero definitivamente nadie apoyaría a la joven Granchéster. No por que favorecieran a Terry era todo lo contrario veían con malos ojos al chico ya que toda la aristocracia inglesa sabia sus orígenes pero hoy o más bien a partir de este día no les convenía darle la contraria ya que de ante mano sabían lo importante y poderoso que era el título que recibiría al leerse el testamento y repartición de la herencia del finado Richard de Granchéster. Claro esto sería pasando los funerales y honores correspondientes.
