"FUNERALES"
CAPITULO: 17 POR: YADIRA JIM (Yadira Kuran)
La sala de estar en verdad era hermosa. Un estilo típico de tierras londinenses, Altos ventanales cubiertos por cortinas rojizas de seda importada Persia, el tapiz jugaba bien con los muros y las delicadas telas. Ese tapete del mismo estilo persa al centro y debajo de aquella mesilla al estilo Luis XIV, y que decir del hermoso jarrón oriental sobre ella repleto de tulipanes azules que daban el toque final de la habitación. No cabía duda alguna sobre el buen gusto de los O'Brien. Con solo mira esa habitación Candy ratificaba que los ingleses tenían ese exquisito gusto, aun recordaba lo bien decorada que era aquella villa Escocesa de los Granchéster.
El resaltar del color de aquellos tulipanes hizo recordar a Candy los azulinos ojos de Terry, aunque al instante lo llamativo y fuerte del color le recordaron a su superior. Pensar en él le hizo recordar lo atareado que estaría el Dr. Chiba y lo difícil que sería acoplarse a su suplente. No era por nada, pero por algo les llamaban "Goldencouple". Su buena fusión a la hora de laborar en verdad dejaba magníficos resultados y sus pacientes siempre quedaban complacidos con ambos. Darién en verdad era un excelente médico y por lo mismo siempre tenían las agendas llenas, al buen trabajo de este se le sumaba lo competente y buen carisma de Candy del cual todos quedaban maravillados. En ese momento las imágenes de ella y Darién, fueron interrumpidas por el rechinar de las altas puertas de la habitación. Tanta fue su alegría de ver a su vieja amiga que olvido por completo a cierto chico castaño. Bueno este ya se había disipado antes.
— ¡Candy! Bienvenida y perdona si te hice esperar — decía una mujer de baja estatura y cana cabellera — Pero mira cómo has cambiado estas realmente hermosa. Más de lo que te recuerdo.
— Abuela Martha. Ha mí igual me da un gusto enorme verle de nuevo, mire que conservada se encuentra, el tiempo no parece pasar en usted, es justo como la recuerdo, ¡ahhh! Hace tanto desde la primera vez que la vi y aún sigue igual.
— favor que me haces. Siéntate — ofreció — Dios mío has estado de pie tanto tiempo. Siéntate, siéntate. Vamos.
— Gracias — tomo asiento justo frente a la mayor — ¿Patty? ¿Está enferma? ¿No está en casa? Tal vez he sido algo inoportuna al presentarme tan tarde y sin previo aviso.
— No eres inoportuna. Al contrario eres bienvenida aunque temo decirte que Patty no se encuentra. Ella está de viaje por París que espero y se encuentre un lindo parisiense. No crees que ya guardó bastante luto por tu primo.
— ¡Oh! Abuela es soló que Patty le amo y aun le ama demasiado. Ya llegara el momento en que ella abra su corazón y se aventure de nuevo al amor.
— Eso también te incluye ¿No crees? Ya es tiempo que abras tu corazón nuevamente al amor — reía con malicia la anciana— pero dime estas aquí por los funerales del padre de Terry.
— Así es abuela. Como es que usted se enteró.
— En estos momentos toda Inglaterra lo sabe — el sarcasmo en sus palabras era notorio — Estamos hablando del honorablísimo Duque de Granchéster o como el pueblo le llama "El perro guardián de la reina"
— Abuela, no hable así y menos de un difunto. Si alguien más la escuchara diría que le guarda algún rencor añejo.
— Candy... eres muy perspicaz. Yo le debo mucho a ese "honorable Hombre" — el rencor se hacía presente en las palabras de la anciana — si no fuera que en mis tiempos se nos educó con honor y el juramento que le hice a mi difunto marido... ¡Ah! Lo único bueno es que Terry heredo los buenos sentimientos de su madre.
Candy escuchaba atentamente a la abuela de Patty. Era la primera vez que notaba tanto odio y tanto desprecio en las palabras de la anciana, no sabía de qué manera el duque de Granchéster actuara en sus años de juventud. De lo que si estaba segura era de la mala fe que la señora O'Brien le tenía. En verdad esas palabras la inquietaban pero más le producían curiosidad, si ella y su siempre hambrienta curiosidad que sin duda ya comenzaba a manifestarse. Algo turbio, algo... algo que en verdad tenia sed de saber. Tal vez no era lo más correcto y quizá si se hubiese tratado de otro asunto u otra situación escavaría pero esta vez retendría su curiosidad porque algo le decía que tenía que ver con Terry. Y si esa verdad lo lastimaba más de lo ya había sido lastimado por tantos años. Ella evitaría a toda costa. Haría todo lo que a su alcance estuviera para no verlo sufrir. Es verdad que Terry sabía lo que su padre era capaz de hacer por cuidar el linaje, nombre y posición. Pero lo que la abuela insinuaba hablaba de un pasado algo más bajo y terrible de lo imaginado. El haber abandonado a la mujer amada y sepárala de su hijo por el bien de un simple título nobiliario era nada. La chica salió de su perturbación al momento que la anciana recapacitaba y trataba de omitir ese fugaz momento de ira.
— Dime niña ¿Cómo has estado este tiempo? Aun no te has decidido a vivir con tu familia política ¿Annie, Archie y tu joven tutor?
— Vivir, vivir exactamente con ellos no. La relación con la Tía Elroy... este, podríamos decir que ya no se involucra tanto en mis asuntos. Archie se recibió como economista y probablemente pronto pida en mano a Annie y Albert llevando acabo su papel como líder de los Andrey, justo ahora está en Londres.
— Claro. Tengo entendido por mi nieta que es un buen amigo de Terry.
— Así es. Bueno en si él estaba en Londres por asuntos de negocios y por azares del destino se vio involucrado directamente con la muerte del duque y el ataque a esa chica.
— Hablemos de otra cosa. Cuéntame Candy estas con Terry.
— No abuela. Hoy fue la primera vez que nos vemos en cinco o más años.
— Señora la mesa esta lista — informaba una joven señorita que al parecer era del servicio.
— Gracias Jenny — agradeció la anciana — Candy pasemos al comedor. Hace tanto que no ceno acompañada.
— Eso quiere decir que Patty se fue hace tiempo — decía mientras se levantaba y con paso lento seguía a la dueña de la casa.
— La semana pasada — dijo triste — Parece que ya fue una eternidad.
— ¡Hay abuela! Usted en verdad que nunca cambiara — Candy rio.
Llegaban al comedor y la mujer mayor ofrecía el tercer asiento de su lado izquierdo a la joven mientras ella ocupaba el central. La enorme mesa tallada en cedro fino era cubierta por un hermoso mantel de seda árabe que hacía juego con el hermoso forro marrón de las sillas. Un hermoso florero con florecillas silvestres adornaban el centro de esta, mientras exóticas y frescas frutillas eran puestas sobre la mesa por los sirvientes. Una brillante e intacta vajilla de porcelana francesa y la bien trabajada cubertería de plata india. Las copas de lujosos cristales elaborada por alfareros y artesanos de tierras mexicanas. Todo daba una vista alegre y vivaz brindando un exquisito placer al disgustar la variedad de manjares. Desde simples tempuras hasta carnes de la mejor calidad que se pudiera encontrar en todo Londres. La basta variedad de platillos que ambas mujeres disfrutaron acompañadas de un buen vino tinto añejado desde 1765 en los viñeros escoceses. La cena fue muy amena y alegre, platicaron de trivialidades como del trabajo de la rubia y hazañas de la ausente y tímida Patty. El tiempo se les fue volando tanto que cuando la anciana miro el reloj de pared, el cual marcaba las 12:35 de la noche, ofreció a su huésped la mejor habitación para visitas que tenía su enorme mansión.
Candy se disculpó con ella por su visita inesperada y le hizo saber a la mujer que partiría apenas apareciera el alba ya que tenía que volver al hotel a cambiar sus ropas para después ir al sepelio del padre de Terry. De esta manera ambas se dieron las buenas noches y la mujer mayor rogo a Candy pasara despedirse de ella antes de su regreso a América.
A la mañana siguiente la joven se marchó al salir los primeros rayos de sol. Como lo prometió. Pasó a ver a la abuela en su habitación y aun la encontró durmiendo, retirándose del lugar y dejándole sus agradecimientos con la empleada.
La rubia entro con sigilo para que nadie notara su llegada al hotel y así poder cambiar sus ropas. Luego de un rato se dispuso a salir pero justo cuando lo hizo se topó de frente con Terry. Este al verla salir de su habitación le quedo más que claro que la rubia no quería verlo por eso se había negado la noche anterior. El y su supuesta razón lo orillaron a volver su rostro a otro lado ignorando por completo la presencia de Candy. Sabía lo doloroso que era para él hacer esto. Su corazón le pedía hablar, saber de ella pero su orgullo jamás se lo permitiría y rápidamente hecho su andar para detenerse frente a la puerta de la habitación contigua. Toco con suavidad y pregunto — Serena ya estas lista, se nos hace tarde — De reojo vio pasar a Candy a espaldas suya.
— Si ya estoy lista — Se oyó al abrir la puerta.
— Serena tonta — llevo su dedo índice a la frente de Serena — no vez que sin ti no podre afrontar esto. Eres muy mala chiquilla tonta. Anda vamos para que desayunes, Mina esta abajo con los demás esperando.
— ¿Terry?
— ¿Qué pasa?
— Nada, vamos.
Serena tomo el brazo que Terry le ofreció y así comenzaron su andar, Candy que se había detenido al dar vuelta por el pasillo y al notar que ambos chicos se dirigían hacia donde ella estaba se oculto tras una enorme columna y viéndoles pasar platicando muy amenamente. La mirada que noto en ambos chicos no era una simple mirada de amistad. En ese par de ojos había algo más que le causaba un enorme y profundo dolor. Candy decidió que lo mejor era regresar a América lo antes posible. La joven enfermera desistió de lo que planeo y aunque lo que quería era salir corriendo de ese lugar. No lo hizo, que más daba ya estaba allí ahora por lo menos asistiría al entierro del Duque y al terminar sin duda volvería a casa.
En el restaurant del hotel Albert y los demás terminaban su desayuno y se preparaban para salir en acompañamiento y apoyo de Terry. Eleonor con tristeza despedía con un beso lleno de ternura a su hijo, Candy al pasar cerca con un asentamiento de cabeza saludo a la madre del actor y la mirada de interrogación de Albert no se hizo esperar como también la mirada curiosa de las chicas presentes. Todos a su vez miraron a la ojiverde al momento que veían a Terry, el segundo como un tímpano de hielo esquivo la mirada de todos y comenzó su andar sin siquiera mirar a Candy. Así todos se retiraron y abordaron sus respectivos autos. En el lujoso auto que los Andrey ocupaba un silencio enorme y tenso se transpiraba. Albert recriminatoriamente miro a Candy que se sentó frente a él, pero no hizo preguntas inapropiadas.
— ¿Estás bien? ¿Cómo está Patty?
— Si estoy bien y Patty no estaba pero me perdí el tiempo en charlar con la abuela.
— Que lastima, me hubiera gustado saludar a Patty. Bueno será para otra ocasión.
Candy no respondió y mirando por la ventana del auto no se dio cuenta cuando llegaron a la mansión Granchéster. Carruajes adornados y un sin fin de arreglos florales aguardaban el momento para acompañar al Duque de Granchéster en su último recorrido por las calles londinenses tras la enorme carrosa negra que se encargaría de llevar al noble duque. El carruaje real seguido por los autos familiares que ocuparían Terry, sus hermanos y madrastra. Entre llantos y tensiones Richard de Granchéster cruzaba esa enorme puerta de mármol del que fuera su hogar.
Catherine y su madre cubrían su rostro con un tenue pero ligero velo de tul negro, el cual no permitía ver el llanto que recorría sus mejillas. Los gemelos caminaban detrás de su madre y hermana mientras murmuraban por el atrevimiento de su hermano mayor al estar ahí presente. Después de un recorrido por la ciudad llegaron al cementerio donde aguardarían los restos del duque en espera de sus seres queridos. El mismo sacerdote que se presento el día anterior hizo acto de presencia y después de su discurso eclesiástico cedió la palabra al Joven duque (Terry) quien se encargaría de dar el discurso de despedida en honor a su padre ante la sociedad inglesa y familia.
— Antes que nada... sé que no soy bien visto, ni bien recibido por esta sociedad. No tengo la aceptación de muchos de ustedes o quizá de nadie. Sé que no encajo en su habitad, ni en la de la familia de mi padre. Pero al menos solo por hoy o por estos momentos pido olvidemos todo en memoria o más bien por respeto a mi padre. Gracias a todos los presentes por acompañarnos a mis hermanos Aarón y Alexander, a mi pequeña hermana Catherine, a la esposa de mi padre la duquesa, a mi madre a la cual una vez amo — un susurro de los presentes se hizo claro al atrevimiento de Terry y miradas curiosas buscaban a Eleonor — a su majestad, amigos míos y de mi padre, parientes y a todo el pueblo londinense que hoy aquí reunido ante el féretro de mi padre nos acompaña en esta su última despedida. Gracias a todos. Yo Terrence Greum Granchéster les agradezco todo lo que hicieron y el tiempo que le dedicaron a mi padre y a su familia. Yo Terrence Greum Granchéster... no se qué es lo que seguirá a partir de hoy — su voz comenzaba a quebrantar y sus ojos comenzaban hacerse cristalinos — no sé si algún día pueda abrazar a mis hermanos sin un dejo de desprecio hacia mí. No sé si algún día saludaré a la esposa de mi padre sin ser rechazado pues así como ellos no me desean como hermano yo tampoco desee este destino. No puedo decir que fueron las circunstancias de la vida si no los errores de un amor de juventud, la sociedad, la cobardía. Ni mis hermanos ni yo somos culpables. Al menos yo he perdonado a todos aquellos que una vez me trataron con desprecio y hoy frente a mi padre ratifico mis sentimientos — inclinándose ante el féretro del duque comenzó a llorar — Padre quiero que sepas que hace tiempo perdone tus errores. Los mismos que me hirieron tanto por años. Richard Granchéster nunca pude decir Te Amo aunque mi corazón se sintiera herido yo en verdad amaba a mi padre. Gracias Serena por hacerme ver lo equivocado que estaba — alzo el rostro y vio a la rubia parada a escasos pasos de él — Quizá no pase mucho tiempo con él, quizá me olvide de la familia que me dio, quizá fui arrogante al no aceptar lo que me dio más sin embargo le ame hasta el último momento. Gracias a todos por estar presentes hoy.
De esta manera Terry agarro un hermoso y enorme ramo de rosas que Serena le entrego para colocarlos sobre el ataúd de su padre. En más de uno de los presentes las lagrimas se hicieron presentes ante el conmovedor discurso de Terry, todos menos la duquesa que con mirada fría veía a su hijastro y que decir de los gemelos. Ellos eran demasiado pequeños para tener siquiera un recuerdo de su hermano mayor pues siendo bebés no sabían nada. Esta era la razón quizá de que no quisieran a Terry eso y la manera en la que siempre se había expresado su madre de él. Por otro lado Catherine quien fue quizá la más conmovida de todos no pudo seguir ocultando su llanto y soltando el brazo de su madre corrió al lado de su hermano y rodeando su cintura con los brazos, hundiendo su rostro en el pecho de este para dar paso a un desgarrador y lastimero gemido que ahogo. Debajo de aquel velo que cubría el rostro de la reina una ligera sonrisa se hizo presente al ver tan conmovedora escena de los hermanos Granchéster. Terry enternecido al ver a su pequeña hermana sujetándose de él. Algo que no esperaba y simplemente comenzó a acariciar la cabeza de Catherine con una mano mientras que con la otra lo abrazaba, oculto su rostro en el abultado cabello de ella pues el llanto que desde momentos atrás amenazaba con salir no pudo retener mas su presencia. Ahí frente al cuerpo inerte de un padre dos hijos, dos hermanos se reconciliaban. No hubo necesidad de pronunciar una palabra, el sentimiento, el lazo de sangre que siempre los seguiría hoy más que nunca se hacía presente. Quizá no habían sido paridos por la misma mujer pero lo único que hoy sabían era que ambos se amaban y que a partir de ahora evitarían cometer el mismo error y desalojarían el fantasma de los pecados de su padre.
El abrazo entre los hermanos Granchéster termino y los ceremoniales a seguir fueron realizados hasta terminar.
Todos los presentes poco a poco se fueron alejando solo la duquesa e hijos, Terry y sus amigos quedaron al último.
Cuando se preparaban a retirar un hombre de edad media se acerco ante los dolientes.
— Damas y caballeros. Buenas tardes — saludo el recién llegado — Jeffrey Weber notario del quinto distrito de Londres, soy el notario a cargo del testamento del difunto Duque Richard de Granchéster y me veo en la necesidad a informarles que mañana se solicita la presencia de los familiares en la doceava avenida del quinto distrito en la notaria "Weber & Associations" a las diez de la mañana para llevar a cabo la lectura del testamento.
— Cuando fue que mi marido cambio de notaria. Cuando fue que cambio el testamento ¡Terry! Tú lo has hecho cierto. Incitaste a tú padre para que cambiara su testamento.
— Señora yo no sé nada, si usted que estuvo con él hasta sus últimos días no sabe nada menos yo que tenia años sin verlo.
— Yo me retiro y por favor sean puntuales ya que no espere un minuto para llevar acabo mi labor. Hasta mañana, que tengan un buen día.
Todos se retiraron.
Terry pensativo en el auto no se dio cuenta cuando el auto de los Andrey se desviaba hacia una dirección opuesta a la suya. Pensando en como afrontaría el día de mañana, aunque ya era ganancia lo sucedido con Catherine pero aún le producía temor que por un nuevo error de su padre volviese a distanciarse. Ya mañana vería y solo esperaba que no hubiera más complicaciones, después de que el testamento se leyera desecharía y abandonaría todo lo que su padre le llegase a dejar si es que lo había tomado en cuenta para después partir de nuevo a América.
VL*C
