"Comenzando una nueva vida"

Capitulo: 19 Por: Yadira Jim (Yadira Kuran)

Su frente se sentía tan cálida y la ternura que sentía en sus manos la hacían volar en un sueño entre las algodonadas nubes que poco a poco dejaron ver el hermoso cielo que se reflejaba en sus ojos.

Mina se sorprendió un poco al ver a tanta gente a su alrededor. Terry parado frente a ella, Eleonor sentada a su lado izquierdo tocando su frente, Serena a un lado de la madre de Terry, pero lo que más la sorprendió fue ver a esa chiquilla arrogante y caprichosa sentada a su lado derecho y agarrándole la mano. Entre la confusión su mirlada busco algo que no encontró y se decepciono.

—Por fin despiertas — sonrió Terry — ¿Cómo te sientes?

— ¿Estas mejor? — Cathy no dudo a mostrar su aflicción.

— Mucho mejor... ¿Pero tú? — Mirando a la pelirroja — ¿Que paso?

— Paso que te desmayaste ayer durante la cena — la cálida voz de Eleonor respondió — ¿No lo recuerdas?

— Ahora recuerdo, mi cabeza comenzó a doler por la insistencia de ese amigo de Seiya... después todo comenzó a dar vueltas y no recuerdo más — Mina aun confundida — perdón por preocuparlos. Perdón amiga — Miro a Serena.

— No te preocupes amiga — una tierna y comprensiva sonrisa obsequio Serena a su amiga — Ahora todo está bien, y ya que Terry a terminado sus asuntos aquí volvemos a EEUU. Solo esperaremos a que el Sr. Andrey arregle sus asuntos y mañana a primera hora partiremos.

— ¿En serio se tienen que ir tan pronto Terry? Me entristece que se marchen, si por mi fuera iría con ustedes pero mi madre tampoco está en las mejores condiciones — dijo con tristeza Catherine.

— Cathy no te preocupes — Terry abrazo a su pequeña hermana — Lo entiendo muy bien, deja todo en mis manos y cualquier cosa yo te avisare. Por ahora concéntrate en tus estudios y en cuidar de a tu madre pequeña traviesa — acaricio el cabello de su hermana con suavidad.

Mina al ver tal escena sintió celos, no se explicaba lo que pasaba pero esos celos no eran de amante, eran algo más que ella aun no comprendía.

De esta manera todos se retiraron a sus respectivos dormitorios dejando descansar a la rubia después de preparar sus cosas para emprender el viaje que realizarían por la mañana.

Ya en el vestíbulo del hotel Terry despedía a Catherine, esta lloraba a su vez por no poder decir la verdad a Mina — Terry en verdad fui feliz al verte y mas en reconciliarnos, pero esta mañana al enterarme que tengo una hermana mayor me hizo aún más feliz. No sabes cómo soñé tantas veces tener una hermana y ahora que la tengo mi corazón duele por no poderla abrazar. El saber que se alejara o se alejaran de mí, me rompe el corazón. Prometo que en cuanto la duquesa, mi madre este mejor iré a visitarlos — dijo con optimismo — me despido aquí de ti y tú a la vez despídeme de tú madre, de Mina ya que mañana no tendré ni la fuerza ni el valor para verlos partir. Te Quiero hermano.

— Yo también te quiero hermanita, cuídate y cuida mucho a los gemelos. Recuerda que eres la mayor y ellos necesitan de ti, veras que pronto esto acabara y todos juntos estaremos — Terry soñó despierto y se vio junto a todos sus hermanos — Mina, AarónMina, aaano despierto emelos. R, Christian, tú y yo sentados tomaremos el té riéndonos. Pronto. Ya lo veras, así que por ahora cuídate nena ¡Ah! y cuidadito me entere que ande de noviecilla. Porque antes de salir con alguien debes presentármelo así veré si le entrego a mi linda hermanita.

— ¡Terriuce! Deja las bromas. También me la debas presentar — Cath cambio su semblante — hermano no te aferres a un pasado que quizá ya no exista. Mira a tu alrededor y se muy atento a lo que te rodea.

— Catherine que cosas dices — la nostalgia lo invadió — anda el auto ya está aquí. Ve con cuidado. Te Amo — beso la frente de la chica — ¡Adiós!

Ambos chicos ondeaban su mano, Terry entro al hotel hasta perder de vista el auto donde partía Catherine.

Al otro lado del atlántico. En aquel país mezcla de ingleses y los nativos Candy llegaba a Chicago después de un largo vuelo. Al salir del aeropuerto Archie y Annie la esperaban alegres como siempre.

— Chicos no se hubieran molestado — expreso Candy sin disimular su alegría al ver a sus grandes amigos.

— No es una molestia Candy — Sonrió Archie con ese porte que siempre lo caracterizo — al contrario es un gusto para nosotros — es un gusto lo caracsiempre lo cacterizocogió las manos de la rubia con fraternidad.

— Así es hermanita — adjunto con ternura Annie — ¿Cómo estuvo el viaje? ¿Terry como se encuentra?

— Supongo que bien — expreso terminante la ojiverde haciendo saber a sus amigos que no quería tocar ese tema — ya han deber terminado sus deberes y Albert me llamo diciendo que llegan en dos días a América.

— ¿Entonces vienen a Chicago? Pregunto confusa Annie.

— No Annie. Solo Albert y una chica.

— ¿Una chica? — Dijo la joven pareja al unisonó.

— Vayamos a casa y durante el camino les cuento los detalles.

Los tres chicos subieron al lujoso auto. Aunque Archie y Annie estaban curiosos por la chica que el Tío William traería. Ya que él jamás había mostrado tanta generosidad por alguien más aparte de Candy. Asimismo sentían curiosidad por esa chica que Terry protegía aun olvidándose de Susana Marlowe.

A la mañana siguiente Candy despertó muy temprano para presentarse al hospital. En verdad que la pecosa ya extrañaba lo que más le gustaba hacer. Con demasiada energía terminaba de arreglarse, tomo su abrigo y salió de su habitación. Al pasar por el comedor se encontró con Archie quien ofreció tomar asiento frente a él para así juntos desayunar entre una charla muy alegre ambos terminaron y Archie ofreció llevar a Candy al hospital, ya que le quedaba de paso para ir a la oficina.

Candy entro al hospital después de ser llevada por su primo, checo lista y fue directo al vestidor de enfermería. Inmediatamente cambio sus ropas y salió con destino a la oficina del director para informar de su regreso y reincorporación laboral. Agradeció por los días dados. Arreglados los asuntos administrativos la chica se encamino por un enorme pasillo que llevaba al área de pediatría para comenzar su ronda. Casi al llegar a su destino Candy iba tan distraída leyendo el informe de algunos pacientes cuando tropezó con algo o alguien.

¡Auch! — La chica tiro las hojas que traía en mano creando un tapiz de papel en el piso — lo siento... —se disculpó a la vez que se rascaba la cabeza — ¡Dr. Chiba! Buenos días. Perdón por mi torpeza.

— Buenos días Srta. Andrey — sonriso divertido Darién — así que ya la tenemos de vuelta y como siempre causando alboroto — dijo a la vez que se inclinaba a recoger lo que la chica tiro — pero mire nada más. Ya nos hacía falta la alegre "enfermera pecosa" — expresaba con aquella naturalidad y confianza que se tienen los viejos amigos.

— Doctor ¿Desde cuándo soy " Enfermera pecosa"? — Candy llevo sus manos sobre su cintura y haciendo una pose de reclamo miraba la expresión de Darién. Si no sabía lo que el chico mostraba. Se estaba divirtiendo sin duda alguna a sus costillas.

— A partir de hoy será nuestra "enfermera pecosa" — farfullo Darién con aquella confianza y seguridad de no estar equivocado a la vez que reía tan natural y espontaneo.

— ¿Nuestra? — Candy arqueo la ceja derecha por las atrevidas palabras del doctor.

— Claro — respondió Darién con total seguridad — es mi asistente y enfermera de todos los pacientes en esta área.

— Que cosas dice Doctor — dijo algo avergonzada — mejor hay que apurarnos, si no esos pacientes se enojaran si llegamos tarde ¿No cree?

— Cierto ¿Candy? Puedo llamarla simplemente Candy — pregunto atrevido el pelinegro.

— Claro. Sí usted me permite llamarle sólo Darién — sonrió gustosa la rubia — de por sí a mí no me gustan tanto las formalidades con los que son de mi edad o un par de años mayores que yo. Además es bueno para hacer el trabajo más ameno.

— Estando de acuerdo... vayamos a trabajar.

Así el día pasó, sin más para esos dos amantes de la medicina. Rápidamente los días pasaron mientras Candy ardua pero radiante trabajaba feliz y contenta en lo que hacía. Era su vida ayudar a los demás y que mejor manera que esta.

En la punta norte del país los corazones se dividían. Sís los corazones se dividían. S amantes de la medicina yí, así era. Serena, Terry y la madre de este despedían con tristeza a Mina quien estaba a punto de emprender su vuelo a Chicago. A esa ciudad donde no conocía nada ni a nadie. Por otro lado Eleonor con el alma rota y sin poder decir nada veía marchar a su hija sin poder decirle ni una sola palabra de lo recién sabido. Eso partía y hería más su corazón.

— Mina... — sollozaba Serena — amiga cuídate y recupérate para que vuelvas pronto. Todos aquí estaremos esperándote — abrazaba con fuerza a su única amiga.

— Claro — Mina intentaba sonreír pues a pesar de las circunstancias ella siempre era la más fuerte de las dos — ¿Serena?

— Dime.

— ¿No piensas visitarme ni una sola vez? — cabizbaja pregunto Mina.

— Por supuesto... — Serena recapacito a su actuar débil. En realidad ahora la frágil era Mina y ella debía de ser más valiente. Tal y como lo había sido en Londres — ¡Tonta! — la abrazo con frenesí para después depositar un dulce beso en su mejilla izquierda.

— Terry, Sra. Bécquer — los ojos de Mina se cristalizaron sin razón alguna que ella pudiese comprender — hasta pronto y gracias por todo — su voz se quebró un poco, pero inmediatamente recobro la postura — en cuanto mi memoria vuelva regresar y entonces ¡Broadway prepárate! — hizo una reverencia de noventa grados.

— Por su puesto... «Lo traes en la sangre» — esto último Terry lo dijo para sí.

— ¿Cómo? — Mina solo oyó un susurro que no comprendió.

— Que serás la mejor actriz que jamás Broadway haya tenido.

— Bueno tenemos que partir —interrumpió Albert — nuestro vuelo está siendo anunciado.

— En verdad tienen que irse enseguida — ahora era Eleonor quien preguntaba con inmenso dolor — el viaje desde Londres ha sido tan largo y agotador. No deberían al menos descansar está noche aquí.

— Me encantaría Sra. Bécquer pero tengo asuntos que atender en Chicago. Prometo que mi próxima visita a Nueva York no será de negocios. Por el contrario será para traer a Mina de vuelta, sana y completamente recuperada. Y ustedes tampoco duden en ir a visitarla, serán bienvenidos en casa.

— Gracias amigo, gracias por todo — Terry abrazaba a Albert tal cual los dos amigos que se aprecian — ¡Cuídala, cuídala mucho! Te la encargó.

— ¡Terry tonto! — Mina dijo entre triste y alegre — No te preocupes estaré bien. Ya pareces el típico hermano sobre protector — s llevo una mano a la barbilla — que pensándolo bien sería genial que fuéramos hermanos ¿No lo crees? — sonrió con inocencia.

— ¡Ya lo creó! — uso ese tono sarcástico que sin duda distinguía a los Granchéster.

— Bueno ahora si nos vamos. Cualquier cosa les avisaré. Adiós.

Terry y sus acompañantes siguieron a la rubia pareja hasta perderse, por otro lado Mina y Albert abordarán nuevamente el jet privado de los Andrey. Ambos tomaron asiento, uno frente del otro, la moza daba instrucciones para el próximo vuelo.

— ¿Nerviosa? — preguntaba Albert mientras veía como Mina se perdía observando el extenso cielo.

— Un poco.

— No te preocupes. Todo irá bien — el rubio estrecho sus manos en medio de las suyas — ahora sólo descansa y no pienses en más — bajo la mirada — yo siempre te protegeré — beso con elegancia las blancas palmas que sujetaba — siempre estaré aquí para cuidarte y ayudarte... Mina — Albert se sentía nervioso con cada palabra que pronunciaba — siempre te protegeré no lo dudes Mina. Yo... creó que yo — realmente estaba nervioso — yo...

Albert sintió curiosidad por la reacción de Mina que al darse cuenta del silencio que los invadió agitaba más su ya acelerado corazón. Por lo visto la había pillado por sorpresa, repasó en lo bonita que se vería con esa expresión. Esto y más era lo que pensaba Albert sin soportar más alzó la mirada cuando la vio tan tierna, sí realmente se veía tierna cuando dormía. Albert sonrió para sí y pensó en lo ridículo que se veía justo ahora. Por lo visto Mina no escucho nada debido al cansancio del viaje anterior en cuanto tomo asiento y acomodó cayó profundamente dormida. Albert sólo sonrio, quito su cinturón y apresuró a reclinar el asiento de la chica, pidió un almohada y frazada acomodando de la mejor manera para que descansara. Al terminar tomo nuevamente asiento y por un largo rato sólo se limitó mirarle dormir «en verdad parecía una linda muñequita de porcelana, tan hermosa, tierna fuerte pero a la vez tan frágil» se dijo el chico y sonrió nuevamente para luego acompañarla en el mundo de Morfeo.

Ya habían pasado un par de horas cuando el estruendoso sonido de la bocina se oyó. Mina lentamente abrió los ojos al mismo tiempo que restiraba los brazos ahí fue cuando miro a Albert que la miraba tiernamente sonriendo.

— Perdón — sentándose lo más correctamente — me quedé dormida en cuanto subimos ¿No has dormido? — trato de evadir su pena.

— No. No he dormido — mintió — no te preocupes, que tu descanses es suficiente para mí.

— Gracias.

— ¿De qué?

— Por todo lo que hasta hoy has hecho por mí. Mil gracias — el rubor pronto se hicieron visible en los pómulos de Mina.

— No es nada en mi situación cualquiera hubiera hecho lo mismo — El joven líder está vez no se dio cuenta de la impresión que sus palabras en la oji-azul.

— Ya veo... es sólo eso — susurro.

— No, no es sólo eso — Albert escucho lo que ella dijo — sí le agregamos que eres la he... amiga de mi mejor amigo, además has llegado a ser tan... — fue interrumpido por la azafata.

— Señor. Podrían colocarse los cinturones y sentarse correctamente. Hemos llegado y en cuestión de minutos aterrizaremos.

Mina enseguida recorrió la pequeña cortina que cubría la ventanilla y la vista que encontró era realmente hermosa.

— Ese lago ¿Cómo se llama? — preguntaba maravillada.

— Es el lago Michigan, es el más grande de EEUU. Hermoso ¿verdad?

— Sí. Desde aquí se ve genial — decía Mina sin dejar de mirar por la ventanilla — ¿Albert?

— Dime.

— Algún día cuando recupere mi memoria y estemos seguros que no olvidare nada, — la chica esta vez miro a los ojos de su benefactor — haremos un Picnic a orillas de ese lago.

— Te lo prometo, eso definitivamente será muy pronto —dijo emocionado y positivo.

Ante las últimas palabras de la chica Albert reflexiono ante sus propios sentimientos.

Mientras tanto.

—Candy, apúrale se nos hace tarde —carrereaba Annie a su amiga.

— ¿Porque las mujeres tardan tanto? — Archie se veía desesperado.

— Archie las mujeres somos más...— intento explicar Annie — necesitamos de más tiempo que los varones.

— ¡Listo! — Salió Candy de su habitación — Perdón por la tardanza, es sólo que anoche termine tarde y me quedé dormida.

— Como que ese doctor te explota demasiado ¿No crees Annie? — protesto Archie.

— ¿Cómo es? ¿Es guapo? ¿Es joven? — un bombardeo de preguntas soltó Annie.

— ¡Annie! — Ahora fue Archie quien refunfuño — Crees que existe un hombre más guapo que yo. Lo dudo. Mira que soy guapo, sexy, caballeroso, tengo buen gusto por la moda. Joven, rico. Que más le puedes pedir a un hombre ¡Soy perfecto!

— ¡Ja, ja, ja! mira que humilde nos saliste Archie — se reía Candy — y sí Annie el Dr. Chiba es joven y guapo, pero no me explota, sólo hemos tenido demasiado trabajo, eso es todo.

— Así que te gusta pasar mucho tiempo con él — mascullo Archie.

— ¿Qué? — Candy se sorprendió.

— Tienes que presentármelo. Es más el sábado daremos una cena de bienvenida — dijo Archie — debes traerlo. Ok.

— Sí, debes presentárnoslo — Annie apoyo las palabras de su prometido.

— ¿Qué piensan comprometerme o qué? — dijo sonriendo Candy — Archie es solo un buen amigo, es mi jefe en turno, un buen colega. No figuren cosas, no estén liando un romance, así que no hay necesidad de una fiesta de bienvenida.

— La que está liando romance eres tú, yo jamás dije que la cena de bienvenida era para él.

—Candy, te sonrojaste — Annie no paraba de ver a su amiga — eso significa que te gusta.

— No estoy sonrojada. Es sólo que, yo creí... — apenada saco la lengua y guiñando un ojo pregunto cayendo en cuenta de sus palabras — ¿Entonces para quien es la cena?

— ¡Hay Candy! Para la futura tía — bromeo Annie — digo para la amiga del Tío William.

— ¡Eso es genial! ¿De quién fue la idea?

— "De los dos" — contesto la pareja al unisonó.

— Los futuros esposos siempre piensan igual — señaló Candy — Interesante.

— Señoritas hemos llegado.

— Bien ¡Oh, ya es tarde! Ya han de ver llegado — miraba Candy su reloj de mano.

— Hasta ahora te das cuenta de lo tarde que es — reto Archie.

Los tres chicos bajaron del auto y como alma que lleva el diablo se dirigieron hacia la salida VIP. Si esa donde llegan las grandes celebridades y personas realmente importantes, de ante mano sabían la actual posición de Albert. Ya casi sin aliento los chicos llegaron a su destino cuando la puerta de llegada abrió y por fin, por quienes esperaban y quienes satisficieran su curiosidad llegaba.

— ¡Bienvenidos!

— Bienvenido Albert, bienvenida Mina — Candy se arrimó a los recién llegados — es tu primera vez en América ¿Cierto?

—Gracias chicos — dijo conmovido Albert al ver a sus sobrinos.

— Si. Gracias Candy por venir a recibirnos — Mina hizo una reverencia de 90 grados.

— ¡Wow! En verdad es bonita — decía Archie en voz baja a su novia — y educada.

—Si. Se ven bien juntos — contestaba en el mismo tono Annie.

— Chicos ustedes que tanto murmuran — se acercaba Albert a la joven pareja.

—Nada — respondió traviesa Annie.

— De lo bien que se ven juntos — fue Archie quien se atrevía a decir.

— ¡Archie! — reto Annie.

— ¿Verdad que si? — sonreía Albert mientras veía a Mina bajar la cabeza apenada — Aunque no los he presentado. Mina Aino, este es Archivald Corvell y la señorita es su prometida Annie Brither que también es la mejor amiga de Candy.

— Mucho gusto — dijeron todos.

— Puedes llamarme solo Archie — mientras saludaba galantemente depositando un beso en la mano de Mina.

— De acuerdo — sonrió sutil Mina y hacia una leve inclinación con la cabeza — Archie es usted todo un caballero.

— Es la elegancia reencarnada en hombre — dijo sarcástica Candy.

— ¡Candy! — Reprocho Archie — Vayámonos.

Annie se asió del brazo derecho de Mina y Candy se limito a caminar del lado opuesto, Albert y Archie las miraron sonrientes mientras caminaron tras ellas platicando trivialidades de negocios y cosas por el estilo. Llegaron al auto y el camino a casa fue muy rápido debido a la plática de las chicas. Mina se sorprendió al ver los hermosos jardines que les recibían al cruzar la enorme reja que abría a su paso. Pero más sorprendida quedo cuando miro la enorme mansión blanca rodeada de bellos jardines, creyendo estar soñando.

— ¡WoW! Es realmente hermoso a comparación de la casa del padre de Terry. Es verdad que esa casa era enorme, hermosa, elegante y muy lujosa pero a comparación de está siendo más pequeña se nota más alegre, , esta es más acogedora en la cual se respira paz y tranquilidad y sin duda no deja de ser hermosa y elegante. Ahora entiendo porque Albert me invito a venir aquí, esta casa se siente asi por que de por si Albert inspira paz, tranquilidad, confianza y seguridad.

— ¿Y Amor? —Todos miraron a Archie — Él a todos nos inspira amor paternal, ya que siempre nos cuida y protege.

— ¡Oh! Ya veo —Mina por alguna razon se sintio contenta pero a la vez decepcionada por oír lo que el chico de ojos amielados dijo. Entraron a la casona y Albert mostró la que sería su habitación está se encontraba frente a la de Archie y en medio de la que fuera la habitación de Anthony y la de Candy, la chica al entrar quedó enamorada del lugar. Esa habitación anteriormente perteneció a su querida hermana cuando aún era soltera, una exquisita decoración además de una hermosa vista, el baño era amplio y el vestidor era gigantesco.

Como se dijo. Una modesta cena se preparó para la joven, sólo los habitantes del lugar participaron, incluyendo a la tía abuela que no muy a gusto accedió sólo por complacer a su sobrino, sólo ellos y Annie.