"Reencuentro"
Capítulo: 21 Por: Yadira Jim (Yadira Kuran)
Lujosos autos comenzaban a llenar los enormes y hermosos jardines de la mansión Andrey, la crema y nata de la sociedad Chicaguense. Vuitton, Chanel, Gucci y Prada. Lo más sofisticado, único y exclusivo de la moda se podía ver entre los presentes.
El enorme salón relucía, grandioso y glamuroso gracias al previo trabajo de los empleados del lugar. La gente tomaba asiento en el lugar asignado por los bien entrenados meseros. En las alturas de la casona el cielo era hermoso y el sol daba sus últimos rayos del día comenzando a ceder pasó a la noche.
Mientras tanto en la sala del lugar Albert recibía con alegría a su buen amigo y compañía.
—Terry amigo mío, bienvenido — saludaba Albert con un abrazo fraternal — Sra. Bécquer enhorabuena — besa la mano de está— gracias por ceder y esperar a mis caprichos egoístas.
— Gusto en saludarle señor William — sutil y con una inclinación Eleonor sonreía — por el contrario, gracias por cuidar tan bien de nuestra Mina.
— No debe agradecer, lo hice porque lo sentí desde el fondo de mi corazón —se sonrojo— Srta. Tsukino gracias por venir, Mina estará feliz al verle.
— Gracias por la invitación y como faltar a un día tan importante para mi amiga.
— Madre, Albert... basta de formalidades, pronto seremos familia — decía emocionado Terry.
— Terry primero hay que escuchar la respuesta de Mina — con preocupación Albert miraba a su talvez futuro cuñado.
— Claro que será un sí, quién no aceptaría aún chico tan buen mozo como usted, para mí sería una alegría el tener a alguien como usted cerca de Mina — aseguraba la Sra. Becquer.
Terry miraba de un lado a otro es verdad que deseaba ver a Mina y contar todo, pero su corazón buscaba algo más, aunque también tenía temor al recordar la actitud de Candy en Londres. Albert noto la ansiedad de su amigo, que se aventura a decir.
— Lo que buscas no está este momento en casa, llegara más tarde ya que le tocó guardia.
— Yo no la buscaba a ella — mintió al sentirse pillado — sólo veía lo enorme y hermosa que es tú casa.
Terry de repente fue ignorado por su amigo, el castaño sintió curiosidad por lo que provocaba tal expresión en Albert y al descubrirlo sonrío. Ahí estaba bajando las blancas escaleras Mina como una diosa griega lucía un vestido negro con azul resaltando más el color de sus ojos, el cabello recogido en una cola de lado, hermosa como una princesa tibetana. Albert se apresuró a esperarla al pie de las escaleras, ofreciendo su mano para ayudarla a descender el último escalón. Eleonor al verla sintió estallar su corazón, sin importar que corrió a abrazarle, tomo sus manos entre las suyas y una lágrima recorrió el rostro de la dama. Mina soltó las manos y la abrazo, un abrazo lleno de ternura, de desesperación, lleno de amor. Días anteriores cuando Albert noto la mejoría y estabilidad de la chica, pidió le acompañara a un lugar.
FLASH BACK*
Domingo muy temprano Albert tocó la puerta de la recámara de Mina, pidiéndole se arreglará no muy llamativa ya que saldrían fuera de casa a desayunar. No pasó mucho tiempo cuando la chica salió, Albert le esperaba en la sala. Tomando su mano se encamina hacia afuera donde George les esperaba ya con el auto encendido, abriendo la puerta. Pero Albert le dio el día, diciendo que el manejaría, sólo pregunto que sí estaba listo todo lo que pidió. George asintiendo la cabeza se retiraba. Con gentileza el líder de los Andrey abrió la puerta ayudando a Mina para que lo abordara, luego subió él y se fueron del lugar. El recorrido no fue muy largo al parecer sólo habían rodeado la propiedad de los Andrey. Albert bajo primero abriendo la cajuela del auto, sacando una enorme canasta y una pequeña sombrilla. Mina boquiabierta adivino la sorpresa del rubio. Albert le dio la sombrilla después de abrirla, camino a su derecha, llevando el canasto en la mano izquierda, con la otra que le quedaba librea sujeto la mano vacía de la chica. Un recorrido no muy extenso y en minutos se encontraban a orillas del lago Michigan, Albert soltó a la chica indicando esperará un momento para luego poner la canasta sobre el verde pasto, saco una enorme manta cuadrada extendiendo sobre el césped, invitando con una ligera sonrisa a Mina sentarse en una orilla para pronto el hacer lo mismo y tomar lugar frente a su acompañante. Saco todo lo restante de la canasta. Desde emparedados, leche, natillas, panecillos, mermelada y frutas.
— Albert, porque no me avisaste para ayudarte a preparar esto — decía apenada, pero emocionada Mina — ¿Lo hiciste tú?
— Algunas cosas — se sinceraba Albert mientras servía un vaso de leche — la mayoría lo hizo Dorothy. ¿Te gusto mi sorpresa?
— Claro que me gusto — se llevaba las manos al pecho — que digo me has impresionado, me siento tan feliz que podría hasta llorar.
— No exageres, no es nada comparado a lo que mereces — recargaba ambas manos hacia atrás con su mirada fijada al extenso cielo — no debes llorar, ni siquiera de felicidad.
— Desde que vi este lugar, siempre soñé con esto — rodeaba su mirada por todo el paisaje.
— Lo recuerdo perfectamente, prometí que cuando tus recuerdos volvieran, cuando estuviéramos seguros que no olvidaras. Tendríamos un pic-nic. Llevo días buscando la mejor vista y he aquí ¿Acaso no es hermosa?
— Claro que es hermosa. Mas no sé qué he hecho para estas atenciones, no lo merezco. Fue una bendición que Dios te pusiera en mi camino. Te amo —mientras llevaba un pedazo de emparedado a la boca del rubio.
— Yo también Te amo — agarro la que con la que lo alimentaba, para luego besarla — sabes Mina, hoy es un día muy especial y hay algo más aparte de cumplir mi promesa — la miro a los ojos — sé que este tiempo juntos nos ha servido para reafirmar lo que sentimos el uno por el otro ¿Cierto?
— Sí.
— ¿Confías en mí? — Mina asintió ligeramente — sabes que nunca haría o diría algo que te lastimara —la expresión de Albert era cada vez más seria a la vez que su voz se oía serena— presta mucha atención a lo que diré, sé que tú salud mental ya está bien y puede que lo que estoy a punto de contar te altere o sea muy duro aceptar — sujeto ambas manos de la chica — créeme no mentiría, ni bromearía con temas tan importantes como este.
— ¿Qué ocurre, me asusta tú forma de hablar?
— No ha pasado o más bien pasó desde el día que naciste.
— ¿Como?
—A si tal cual, ¿Sabes realmente donde naciste? ¿Sabes sí las personas que te criaron realmente son tú familia? ¿Sí realmente eres hija única?
— ¿Qué quieres decir? No entiendo nada de lo que dices ¿A qué te refieres? claro que lo recuerdo perfectamente, mi memoria ha vuelto totalmente. Nací en Tokio, Japón. A muy pequeña edad fui llevada a Londres para estudiar. Luego cuando tenía 9 años mi madre murió, fue cuando mi padre decidió volver a Japón para que un año después también lo perdiera. Me quede con mi única pariente, la hermana mayor de mi padre, ella me acogió por un tiempo. Luego me entrego todo lo referente a la herencia de mi madre, volví a Inglaterra estudié por un tiempo, aunque ya no en el mismo colegio que asistí casi toda mi infancia, a los 15 regresé a Japón. Fue cuando conocí a Serena y a las chicas a Terry, volví a Inglaterra y desafortunada o afortunada no sé pero gracias a ese incidente te conocí, a partir de ese momento conoces todo de mí. Las personas que me criaron son mis padres y no soy hija única tuve un hermano mayor que no conocí, el falleció a muy temprana edad.
— Sabes que tus gustos, actitud y educación destacan demasiado tú linaje inglés, para tener sangre oriental.
— Obvio, soy medio... mi madre es inglesa y mi padre es nipón.
— Pero te das cuenta que siempre vuelves a tus raíces, dices haber nacido en Japón y siempre terminas en Londres, nunca has pensado en eso.
— Jamás, sólo lo he atribuido a ese parte inglés en mi sangre ya que mi madre siempre gusto por su cultura y sociedad. Así que fui criada más como inglesa que como japonesa.
— Sabes por qué se aferraron a criarte de esa manera cuando tú padre o cualquier padre desea enseñar y criar a sus hijos con sus costumbres, prevalecer lo aprendido por generaciones y más en los países orientales donde su educación aún es muy conservadora.
— ¿Qué pasa Albert? Hay algo que tú sabes y yo no.
Albert saco un sobre que entrego a Mina.
— ¿Una carta?
— Sí, de tú padre.
— De mi padre... pero el sello dice Richard Granchester. No es el nombre del padre de Terry.
— Lo es, pero está carta es para ti, ábrela y sabrás de lo que se trata.
Mina con manos temblorosas abrió el sobre sacando varias hojas, temerosa las extendió antes de leer suspiro presintiendo un contenido inesperado, inicio la lectura, al comenzar a leer noto que quién narraba era el duque de Granchester, hablaba sobre su concubinato con la Sra. Becquer, extrañada por recibir una carta con tal contenido, pensó que era una equivocación, y a medida que fue avanzando su lectura su mirada, sus facciones se fueron transformando de asombro a dolor. Al terminar de leer el contenido de esas hojas su rostro trastornado demostraba su confusión, miles de lágrimas lo cubría. Albert no dijo nada sólo le abrazo atrayéndola a su pecho, así estuvieron por un largo tiempo, hasta que el rubio rompió el silencio.
— Lo siento, sé que quizá no me correspondía enterarte de esto, pero Mina —tomo su rostro en sus manos una vez más — pronto será tú cumpleaños, Terry y su madre vendrán al igual que tú amiga. Ese día será muy especial, no quiero que estas noticias te tomen por sorpresa es por eso que me tomé el atrevimiento de pedirle a Terry su permiso para confesar esto. De tal manera tendrás un poco de tiempo antes de su llegada a Chicago para asimilar las cosas, para aceptar a tú familia que al igual que tú fueron víctimas de la cobardía, circunstancias, el destino, que se yo.
FIN FLASH BACK*
— ¿Mina, sabes quién soy?
— Claro, Eleonor Becquer la madre de Terry... mi madre —una lágrima rodó su níveo rostro.
— Mina, hija mía... Dios, Richard, los Granchester me arrebataron un hijo por años y ahora me devuelven lo quitado con creses.
Terry al ver tan conmovedora escena se acercó a las mujeres, primero abrazando a la menor. Beso su frente con ojos amorosos, le miro tiernamente para luego abrazar a su madre, a su hermana a ambas las refugio en su ancho y firme pecho.
— Eleonor, Mina... madre, hermana, mi familia. Olvidemos lo desafortunado que fue el pasado para nosotros, vivamos a partir de hoy como lo que somos, una familia.
— Lo prometo ¿Mamá? —Miro con dulzura a la mujer a su lado.
Eleonor sonrío ligeramente, mientras lágrimas de felicidad recorrían su rostro. Albert sólo se limitó a ver tan conmovedor encuentro. El ver sonreír, feliz a la mujer que pronto propondría era más que suficiente para sentirse complacido.
— Perdón por interrumpir tan especial momento, pero los invitados comienzan a llegar, y como la anfitriona está noche —ofrecía el brazo a Mina— tiene que acompañarme.
Mina se aferró del brazo del rubio y con una linda sonrisa camino junto al hombre que amaba. Ahora con la memoria recuperada, el pasado superado y lo perdido encontrado, aún lo desconocido aceptado, Mina se sentía la mujer más dichosa sobre la faz de la tierra en estos momentos. Pronto llegaron al salón principal de la casona, tanto Mina como su "nueva" familia no paraban ante el asombro de aquella elegancia, sin duda obra y magnificencia de los Andrey.
Pronto el lugar se fue llenando por los invitados.
Sentados en una pieza redonda para diez personas, Terry y sus acompañantes compartían con la Tía Abuela, Albert y unos recién llegados Archie y Annie, quedando dos lugares desocupados.
— Tía abuela —saludo besando la mejilla de la anciana— un gusto volver a verla Sra. Becquer, Mina felicidades. Terry que bueno que nos acompañan, he oído de Mina que sois buenos amigos ha pasado un tiempo desde que nos vimos. Tengo el gusto con... —tomando la mano de Serena y depositado un ligero beso.
— Tsukino, Serena Tsukino — se levantaba la ojiazul.
— No es necesario — indicaba Archie a la reacción de Serena — Mucho gusto Srita. Tsukino, Archibarld Corvell a sus órdenes.
— Ella es mi mejor amiga y ella —refiriéndose a Annie— es una nueva gran amiga Annie Brither y es la prometida de Archie así la mejor amiga de Candy — presentaba Mina.
Las presentaciones terminaron y todo el ambiente estaba alterado en pláticas triviales donde Annie interroga sobre la línea de ropa donde Terry y Serena eran los modelos, cosas insignificantes de las chicas. La cena pronto sería servida y dos lugares aún seguían desocupados.
— William. Por qué siempre permites que esa niña haga lo que se le venga en gana, ve la hora y aún no ha llegado.
— No se preocupe tía, la anfitriona hoy es Mina nadie notara su ausencia.
— No ha de tardar en llegar — Archie también trataba de disculpar a su prima.
— Más le vale venir hoy, no le tolerare su ausencia en un día tan importante y como única heredera de los Andrey debe ser más comprometida — miro a su sobrino — al menos hasta que William decida tener hijos.
— Tía como puede decir tales cosas frente a otros —sonrojado.
Un bullicio hizo a todos voltear a la entrada.
— Ya llego, que linda se ve... ese es su jefe, en verdad que es apuesto — con emoción Annie hizo mirar a todos a su alrededor.
Terry y Serena casi se van de espaldas al ver, al reconocer el acompañante de Candy. No era verdad, sus ojos les estaban engañando, que broma les jugaba el destino ¿Cómo era posible? porque de los miles y miles de hombres sobre la faz de la tierra tenía que ser justo él. Terry detono furia a la vez que notó el nerviosismo y temblar de la chica a su lado. Sin mirarla sujeto su mano por debajo de la mesa.
Por otro lado, Candy no estaba sorprendida por el castaño, pues de antemano y enterada por su benefactor sabía de la llegada de los Granchester era necesaria. Como nunca antes había actuado y vestido está noche ella tomaba fuerte el brazo de su acompañante, caminando con altanería y ligera coquetería. Luciendo un corto, discreto y provocativo vestido morado, con un ligero escote en "U" que dejaba lucir parte de su espalda. Un vestido traído de una de las mejores boutiques de Milán, un obsequio de la Tía abuela. Por último, unos tacones que hacían lucir unas largas y torneadas piernas. Todos estaban mas que sorprendidos por ese cambio total, ya no se veía mas a esa chiquilla pueblerina jugando a ser una dama, una mujer hermosa en su lugar. Tan concentrada en su actuación no toto el furor en su acompañante.
Darien inmediatamente reconoció a esas dos chicas y con desprecio miro a Terry quién le sostuvo de igual manera la mirada. «Que pequeño es el mundo» pensó o pensaron aquellos que, con rabia, desprecio y un sin fin de emociones se miraban.
Albert se apresuró a recibir a su pupila y acompañante — Candy bienvenida — abría la silla ofreciéndole el lugar — lo ves Tía. — ahora ofreció el último lugar desocupado — Dr. Chiba bienvenido, es muy agradable haya decidido acompañarnos.
— Es lo menos que puedes hacer Candice — recorrió con la mirada a la ojiverde, sonriendo satisfecha — ¿Quién es tú acompañante? ¿A que se dedica? ¿A qué familia pertenece? — inmediatamente el bombardeo de la mayor se hizo presente.
— Perdone mi falta de cortesía Tía abuela — Candy miro al pelinegro — mi superior, el Dr. Darien Chiba. Quién está a cargo del área de pediatría en hospital, Sra. Becquer, Terry, señorita Serena es un placer verlos de nuevo.
Darién saludo caballerosamente a las damas, Archie se presentó por sí sólo y presentó a su novia, cuando llegó a Mina esta lo miro curiosa.
— Jamás creí encontrarte en un lugar como este "Darién". En verdad que el mundo es pequeño.
Todos o casi todos a excepción de Terry y Serena se sorprendieran por las palabras de Mina.
— Lo mismo opino... Serena, Terry —dijo con sarcasmo, mientras hacia una reverencia de 90 — que impredecible es el destino.
— Italia, América, África o cualquier lugar en el basto universo estará dispuesto a que nos encontraremos — contesto en el mismo tono que su interlocutor.
— Al parecer ya todos nos conocemos, aunque algunos desde antes de hoy —intervino al sentir la agresividad en las palabras de aquellos chicos— tomen asiento, han llegado justo a tiempo, la cena esta por ser servida.
— Gracias y perdón por la demora, pero tuvimos una gran carga de trabajo ¿Cierto, Darién? — se dirigió a su tutor.
— Sí, mucho trabajo y horas esperando en el salón de belleza — respondió en complicidad.
— Ya veo, además de médico, a que se dedica su familia — interrogo la señora Elroy.
— Es huérfano — instintiva contesto Serena.
— ¿Huérfano? — se oyó al unisonó.
— Tal y como dijo la "señorita" mis padres murieron en un accidente, aunque no me dejaron desamparado. Pertenecían a una familia noble de Kyoto, sí ese era su inquietud señora no soy un completo don nadie.
— Me deja más tranquila y disculpe mi atrevimiento, como sabrá Candice es la hija adoptiva de William y legalmente ella es hasta hoy la única heredera de los Andrey. Veo que ha hecho buena elección, estoy tranquila de que una persona como usted cuide de nuestra Candy.
— ¡Tía! Prometiste no molestar a Candy — reto Albert.
— Lo sé, lo sé, pero tú eres algo blando, sólo me aseguraba no cometiese alguna locura.
— ¿Asegurar? ¿Qué? Darién y yo... —Fue interrumpida—
— No se preocupe Madame, yo cuidaré de Candy —miro a la pecosa y le sonrió— es una chica excepcional y dedicada, que con su sola presencia ilumina todo a su alrededor. Una fantástica mujer.
Terry apretó los puños, quería romperle la cara a Darién en ese mismo momento. No sabía hasta cuando lo toleraría, por ahora lo soportaría ya que esa noche era especial para su hermana y amigo, no les arruinada la fiesta por ese tipejo, bebió el vino de su copa de un solo trago y se levantó. — Me disculpo, vuelvo en un momento.
Albert noto la furia en los ojos de su futuro cuñado. Ataba cabos «así que el Dr. Chiba era el ex novio de Serena, el mismo que la engañó y peleó con Terry durante su visita a Japón» a sus ojos no parecía tan despreciable como Mina lo había descrito, por el contrario, Candy hablaba maravillas de él y su amiga nunca erraba al elegir sus amistades. No es que no creyera en Mina, pero Candy tenía ese don, la muestra todos los sentados en su misma mesa, otra prueba era los de la mesa frente a ellos que no eran otros que los Legan, sí Darién fuera una mala persona, ni hubiera llegado de brazo de Candy y justo ahora estaría sentado con Elisa, Niel y su madre. Una ligera risilla se escapó de su boca llamando la atención de su novia.
— ¿Qué sucede? Que es tan gracioso para que estés riendo sólo —miraba alrededor— ¿Con quién coqueteas? —Fingió enojo.
— ¿Celosa? No debes, ya que sólo tengo ojos para ti, ya más tarde platicaremos.
Terry volvió y la cena se sirvió todos cenaron tranquilamente, aunque la incomodidad se podía sentir, bueno sólo la tía abuela omisa a las miradas de guerra disfrutaba la fiesta.
