Hola a todos buenas madrugadas... Después de mucho tiempo les traigo continuación a esta historia, esperando no me den de jitomatazos por no actualizarla hasta hoy. Espero contar todavía con su apoyo en este tiempo tan difícil que nos ha tocado vivir a todos y poder ayudarles a distraerse un poco de sus problemas. Muchas gracias a todos quien se han molestado por dejar un mensaje apoyando este loco sueño mío de la escritura, se los agradezco de todo corazón...
Espero que todos ustedes se encuentren con bien, les mando un gran abrazo...
Mi deseo es que vuelvas...
Capitulo 17
La luz cálida del atardecer iluminaba tenuemente la villa en Escocia.
Había sido un día difícil, por las varias visitas que tuvo que atender por negocios, sin embargo, por ello no se quejaba ya que los acuerdos que estaba logrando eran sobre todo muy provechosos para los Andley. En la Villa todo estaba en calma, al menos eso aparentaba, con su tía Emilia tan de buen humor, con la próxima llegada del nuevo integrante de la familia, al igual que se mantenía a gusto por el buen comportamiento que tenía el joven matrimonio Corwell, quienes llenaban de vida tan vasto lugar.
Sin embargo, su corazón y su mente estaba lejos de estar en calma, pero su preocupación, más bien residía al otro lado del océano, justamente en el pequeño apartamento en que vivió años atrás.
La última carta que había recibido de ella, fue poco antes de las fiestas de diciembre y aunque entendía que el correo tardará más de lo normal en esas fechas, más, no por saber ello bajaba su latente preocupación.
Todo ello debido a esa última carta que envió.
Seguramente, su pequeña Candy había ya leído esa carta.
Preguntándose internamente, el por qué había plasmado aquellas palabras en ese pedazo de papel, sobre aquellos sentimientos que desde hacía mucho tiempo había reprimido y escondido, inclusive de sí. ¿Cuál habría sido su reacción al leerla? -suspiró pesadamente dejándose caer en el mullido sillón de su oficina -No comprendía del todo los pensamientos que en ese momento cruzaban por su mente, de cómo había tenido el valor de haber escrito en esa carta nuevamente sobre él- Abriendo con ello viejas heridas.
Sin embargo, lo había hecho por el semblante que su pequeña tenía esa última ocasión en que se vieron. Estaba seguro de que Candy estaba enterada y había visto muy a su pesar, aquel anuncio en el obituario del diario. Su mirada en esa ocasión carente de brillo y esa sonrisa forzada que mantenía en su rostro, había delatado su corazón.
Fue por ello que nuevamente había caído en el error de años atrás. Cuando el mismo le decía en dónde buscarle, actuando al igual que aquellos días, alejándose, al no querer ver de cerca ese reencuentro.
Entendía perfectamente que ahora las cosas eran diferentes, no había nada que impidiera Candy alcanzar su felicidad, más aun sabiendo eso, no podía acallar su malestar o desazón, ni mucho menos acallar ese sentimiento, que mantiene ese sabor amargo en su boca, al igual que a momentos, dentro de sí bailaba esa pizca de esperanza de que ella no le buscará y tomará en cuenta el último de sus regalos.
Sintiéndose culpable ante aquellos sentimientos mezquinos, comprendiendo para sí su mayor deseo.
En que volvieran a él, esos días en magnolia, donde Candy era su compañera.
Extrañaba a la Candy que se preocupaba por él, quién sin saber nada de su persona había metido las manos al fuego para protegerle, a la Candy feliz, la que sonreía por todo y soñaba despierta, la Candy despistada, la Candy llorosa que siempre buscaba consuelo en su pecho.
Había cometido un gran error al enamorarse de ella, aun sabiendo que su amor no sería correspondido, ya que su corazón ya estaba ocupado por otro amor.
Más aun sabiendo esto prefirió permanecer cerca, en esos días ahora ya tan lejanos. -Suspiro pesado, al recordar esos días, justamente en ese momento.
Cuando de golpe sus recuerdos regresaron, se odio a sí mismo, al tener que engañarle. Comprendía el papel que correspondía en su vida, al ser consciente propiamente de todo el peso que conllevaba su nombre. -bendita ignorancia la que él había vivido-. De lo inevitable.
Era por demás decir que tenían que separarse, ya que eso era lo mejor, al menos en ese momento lo era para su corazón.
Atiborrándose de trabajo, trataba de no pensar mucho en ella. No de esa manera, no como mujer. No quería romper esa atmósfera que había creado, de esa confianza que ella le profesaba a manos llenas, mas siempre se preguntaba, ¿cuánto tiempo duraría así su cordura? El raciocinio o su buen corazón. Cuánto tiempo duraría estando cerca, sin que le traicionara. Sin tomar nada más de ella.
Su mirada viajó por el gran y desordenado escritorio. Buscando ese papel que le daría la respuesta. Si bien no había recibido carta alguna de su protegida, había otras que seguramente le brindarían la pista sobre lo que deseaba saber. sin embargo, no las había atendido ya que, si su corazón habría de ser desgarrado, prefería hacerlo al conocer su respuesta, de su puño y su letra. Por ello, pidió a George, que le protegiera en su ausencia.
Un estruendo fuerte se escuchó en la estancia, y los gritos y despóticos de la que antes era la cabeza de la familia se oyeron por toda la casa. Salió de su estudio buscando la causa, porque su tía Emilia estaba en ese estado tan alterado. Annie que estaba a su lado con su abultado vientre, no podía calmarla.
-Esa mujer desagradecida- Dijo de un tirón, apretando un puño sobre su pecho, como si con ello pudiera aminorar su malestar. -
-Por favor respire y cálmese. Tía abuela- Acotó Annie, que comenzaba a alterarse al ver el estado de la señora…
-Cómo puedes pedirme que me calme, cuando solamente ustedes han hecho de esta, mi familia un hazme reír. Enlodando el nombre de los Andley, es como agradece esa mujer, que ha sido protegida por el corazón de mi noble sobrino.
Annie palideció, más no podía comprender del todo las palabras de la señora.
-Ha ocurrido algo con Candice? - Preguntó de pronto un joven castaño que había sido alertado por los gritos-
-Que sí ha ocurrido algo? - Respondió de forma irónica la mujer de ya varios años - ¡ha ocurrido que esa huérfana, nos ha hecho el peor insulto de todos! ¡Ha metido a un hombre a vivir a su apartamento! No tiene un gramo de respeto o pudor, ¡estando revolcándose como una regalada!
-Pero ¡qué dice! - Agrego Archie, que arrebataba de manera hosca el papel arrugado que traía entre sus manos, para poder leerlo.
Era un telegrama de Elisa.
Las escasas letras de ese papel, desencajaron el rostro de Archie, que no podía creer lo descrito por su prima. Alzando la mirada, se encontró con otro azul cielo que miraba atónito la escena. -
...…..
…...
La luz cálida del atardecer, bañaba los altos edificios de New York.
El viaje había sido bastante agotador, al realizar el recorrido de un solo tirón. Su cuerpo pedía a gritos un buen descanso, al igual que estaba seguro que el de su esposa. Aun con el cansancio a cuestas, los ojos verdes de su amada, no perdían el brillo característico de su mirar. Según lo acordado, estaría un coche destinado a asistirlos su llegada, enviado por Robert, al confirmar su regreso.
El viaje al final, fue cambiado en ritmo, para confundir un poco a la prensa y esta no estuviera presente a su llegada. Más aún con todos sus esfuerzos, se vieron superados, al ver el tumulto de gente que esperaba su llegada.
Después de aquella discusión en Chicago, y de la larga plática que tuvo, las horas siguientes, reconoció que no estaba siendo cauto ante sus actos y se recrimino así mismo por su descuido, en la forma en que llevaba sus asuntos de pareja. Ahora más que nunca, debía proteger a Candice.
Tomo su mano firmemente, al momento que descendían del artefacto, cuidando que el tacón de sus zapatillas, no quedaran atorados en el escalón, mientras el brillo de los flashes en ese momento iluminaba la estación. El aire viciado por el humo y el estridente sonido de las calles, era algo que había extrañado un poco. Tenía tantas ganas de compartir ese mundo con ella.
Noto como el rostro de Candice, perdía momentáneamente el color y sus labios, levemente temblaban como si quisiera decir alguna palabra, ante el tumulto de flashes que cegaba a la pareja, más ni un sonido salieron de estos. Al recordar también, el clima que aconteció unos años atrás…
-No pasara nada, recuerda cariño que no estás sola… -Susurro a su oído, mientras la acercaba más a su cuerpo, para brindarle un poco de calor. El frío del viento calaba hasta los huesos, aun sin que este no estuviera cargado de nieve, haciéndole estremecer ante el delicado roce de su cuerpo.
-Gracias…- Ella soltó en un susurro, saliendo de aquellos dolorosos recuerdos, que encerraba esa ciudad. Mas, no era solo por ello, que había perdido el color. Estaba sorprendida… tan sorprendida de ver a esa persona, que, por un momento, pensó que era solo una ilusión, al desaparecer entre la gente, los sonidos de los flashes se escuchaban fuertemente, al igual de varios gritos de los reporteros, que trataban de no perder detalle del regreso del joven afamado actor de Broadway.
Todo era tan caótico, que apenas era consciente, del revuelo que había provocado al estar junto al actor.
-Sucede algo? —Pregunto al momento que levantaba la mirada Terry, un poco contrariado ante aquella reacción… - Te sientes mareada?...
-No... no es nada –apenas pudo contestar, mientras volvía nuevamente a sus cabales y continuaba su camino, dejando pasar el momento. No podía decirle en ese momento a su esposo, que la persona que le pareció ver, era su padre, al no estar completamente segura.
Aún con todo ese bullicio, Terry no perdió la compostura. Aun estando cansado, su rostro se mostraba afable, y sobre todo muy protector al acercarla con premura a su cuerpo, el despliegue de seguridad, que había montado el productor Hathaway, ayudó mucho a que pudieran llegar tranquilamente al vehículo que esperaba por ellos, mientras otras personas se encargaban de su equipaje.
Flash Back
El atardecer estaba cayendo en la ciudad, bajo los tenues tonos violáceos que le fueron envolviendo.
Dado a su abrupto estado de ánimo, había golpeado lo más fuerte que pudo el muro que sostenía la escalera del edificio, tratando con ello de sacar un poco su frustración. -Debía de salir de ahí… -Solo eso estaba en su mente en ese instante.
Se conocía muy bien, y sabía que en ese momento no era la mejor compañía. No quería herirla… ya no más con sus palabras ante aquel estúpido ataque de celos que tenía.
Sabía que todo eso era una treta de ese cobarde, que estaba dándole gusto al concederle un segundo de credibilidad…Más no podía contener aquellos sentimientos oscuros, siempre era así, siempre que trataba sobre ella, siempre resultaba de la misma manera.
Quería creer arduamente que no había nada entre Albert y su esposa… ni mucho menos ella tendría que ver con Neal, más no podía controlarse más, si seguía discutiendo con ella, seguramente diría algo más estúpido de lo cual se arrepentiría.
Más que nada, porque era consciente de ese temor que carcomía su alma…
Soltó un suspiro ahogado al momento que salía del edificio. Pensando en ese momento que tal vez caminar bajo la brisa helada le ayudaría a calmar aquellos sentimientos.
Al salir tan deprisa no miro bien por donde caminaba, chocando así mismo con otra persona…
-Disculpe… - soltó rápidamente sin mirar siquiera con quien choco.
-No hay problema—respondió el aludido, alzando en ese momento la mirada para poderle ver bien. – Por favor espere… ¿Es… es usted joven Grandchéster? – Dijo aquel hombre, el cual le hizo voltear ante la extrañeza de que le llamaran de nuevo por ese nombre.
-Por favor no se preocupe- añadió de pronto aquel hombre al momento que se detenía extrañado al no reconocerle -Mi nombre es George, George Johnson. Soy quien atiende todos los asuntos referentes a la familia Andley.
Dubitativo, había aceptado su mano, al momento que recordaba el haberle visto una que otra ocasión.
-Supe que esta mañana la señorita Candice estaba buscándome en mi oficina, por ello he venido en su busca, más antes de platicar con ella, me gustaría poder entablar una conversación con usted.
-Entiendo- Contestó aparentando tranquilidad, que lejos estaba de sentir.
Aun sabiendo que no era el mejor momento para tratar con extraños, el joven actor no tuvo opción más que aceptar la invitación. El hombre enfrente de él, era la mano derecha del sr. Williams, quien era el tutor de su esposa.
-Gusta acompañarme- George señaló en dirección de un auto el cual le estaba esperando.
Abordó el auto negro que esperaba por ellos, en completo silencio mientras esperaba que el mismo George comenzará la conversación. Sin embargo, aquello no sucedió. Seguramente la mano derecha de los Andley, no deseaba que terceras personas escucharan su conversación.
El auto se detuvo y ellos descendieron de este entrando en un pequeño bar que años atrás había visitado.
La escasa iluminación y el intenso humo de cigarrillo, hacían del sitio el lugar perfecto para su conversación. Ya que, aunque había varias personas, ninguna de ellas volteo a verlos.
ocupando así, la mesa más retirada del local.
Un mesero se acercó y el Sr. Johnson pidió una botella de Whisky, sin siquiera preguntarle si apetece un trago. Aunque no se sorprendió, ya que seguramente, era por el hecho de que no deseaba que rondaran por su mesa interrumpiendo su conversación. Cuando el mesero llegó con la bebida, rápidamente sirvió unos vasos retirándose nuevamente.
-Sinceramente- Dijo de repente la mano derecha de los Andley - No acostumbro a beber, sin embargo, estos días en especial han sido un tanto difíciles.
Tomó el vaso, dándole un pequeño sorbo, invitando al joven para que le acompañase.
-Creo comprenderlo - Agregó casi automático, tomando un pequeño sorbo también.
-Sin embargo, no vengo a relajarme- Agregó sin más el hombre mayor, fijando la mirada en el joven analizando.
-Sí, eso también lo se… - contesto enseguida, para que el hombre enfrente mío vea que no estoy dispuesto a dejarme amedrentar.
-A causa de que mi Cliente el señor Andley está ausente, soy yo quien se ocupa de los asuntos relacionados con la señorita Candice, como su tutor y apoderado legal en su ausencia, por ello debo preguntarle seriamente, señor Grandchéster, ¿qué tipo de relación, es la que tiene con la señorita? ¿Si sus intenciones, son serias para con ella? - Buscando en su mirada, un atisbo de vacilación o de mentira, más se sorprendió que lejos de ello, la mirada de aquel joven hombre le retara.
-Mis intenciones con Candice, son del todo serias- Agregó lo más solemne que puedo, mientras por dentro ardía en ira.
Cómo era posible que este hombre que tenía delante de mí, tratara de mantener este teatrito del buen tutor. preguntándome internamente donde había estado ese día que tanto alardeaba Leagan, y de todas esas veces en que ella había penado - Tanto es así, que me he casado con ella. -Termino por decir.
Los ojos de George, casi se desorbitaron, al momento que se pone en pie golpeando la mesa.
-Disculpe. ¿Qué es lo que ha dicho? –Respondió George con un semblante descompuesto que no pudo ocultar… -¿Que ha hecho que?!
-Lo que ha escuchado! - Soltó de manera mordaz Terry mientras le enfrentaba con la mirada—Le he dicho que he desposado a Candice y si se pregunta si esto es una broma o un matrimonio de mentira también debo confesarle que he consumado el matrimonio con mi esposa y no me arrepiento de ello.
-¿Acaso es usted un inconsciente?!.. –Grito el hombre mayor -¿Cree que puede venir aquí y hacer lo que le plazca? Sabe muy bien que la señorita, pertenece a una familia de renombre, que hay tratos y formas para que pueda formalizar su relación.
-Y usted cree que yo no lo sé? - Levantó la voz Terry que de igual manera se estaba alterando- Sin embargo, porque debería arriesgarme a esperar alguna negativa de su noble familia. No soy tonto. ¿Cree que no me doy cuenta de la situación que vive Candy? De los desaires y desdenes que esta familia propina a mi esposa. Y si la situación no es así, dígame ahora mismo, donde se encuentra ese cliente suyo y por qué mi esposa no está acompañándole. Por qué ella siempre se ha valido por sí misma, viviendo sola en ese apartamento, sin olvidar que debe de explicarme de la peor deshonra que pueden injuriarle a una mujer… Dígame usted, porque el mismo Neal Leagan alardea del más bajo perjurio, que un hombre puede alardear en contra de una mujer.
Los ojos de Johnson se abrieron como platos al escuchar tales palabras.
-No voy a dejar a Candy… - Acotó Terry levantándose de la mesa, dando por terminada la conversación- Así que por favor dígale al señor Williams, que Candy está muy agradecida con él, por el apoyo que ha recibido durante estos años, pero ya no es necesario que se preocupe por ella...porque yo mismo me ocuparé de la seguridad de mi esposa, de ahora en adelante.
-Fin del flash back-
El auto se detuvo en ese viejo edificio, donde años antes había llegado a visitar a Terry. En aquel pequeño departamento que años atrás había dejado sus sueños.
Confusión con las reglas del tiempo
Y el bullicio llena la ciudad
Mis pensamientos se ahogan por el ruido..
...
Como podría saberlo?
Porque deberías conocerme?
...
Tu gentileza nutre mi piel seca,
una gota de color me salva del destino al que me enfrento cada día.
una sola flor, perfora la nieve...
...
Como suavemente, la brisa de la primavera canta.. ?
Cuan profundamente, las distantes montañas respiran?
...
Hay tantas cosas que quiero mostrarte...
...
uno de estos dias...
Continuara...
Sakurai Alighieri
